miércoles, 16 de septiembre de 2015

Los tres factores claves que aprovecharían los diversos elementos no marxista-leninistas del FSLN para hacerse pasar por revolucionarios bajo la verborrea sobre el marxismo-leninismo y la construcción del socialismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«Los diversos elementos no marxista-leninistas dentro del FSLN aprovecharían tres factores claves para hacerse pasar por marxista-leninistas: 1) el influjo inicial de gran parte de los miembros del FSLN que sin serlo se decían simpatizantes y seguidores de las experiencias socialistas y de los autores marxista-leninistas; 2) la muerte de grandes figuras revolucionarias y honestas como Ricardo Morales y compañía que ya no podían oponerse a la distorsión de las tesis marxista-leninistas de la revolución o la marcha de la gran mayoría de marxista-leninistas al MAP-ML; 3) el conocimiento de la gran popularidad a nivel mundial de la doctrina marxista-leninista y la solidaridad que cosechaba a su paso. Por ello pese a no declararse en sus inicios como marxista-leninistas, en adelante muchos dirigentes en la propaganda se autoproclamarían como tales, y se decoraría al país que había descrito siempre como una democracia burguesa y capitalista como un país de democracia proletaria y «socialista» –de «orientación socialista» para ser exactos–.

Poco después del triunfo de 1979 muchos de los dirigentes dirían que eran marxista-leninistas, que el FSLN también lo era:

«Sin sandinismo no podemos ser marxistas-leninistas y el sandinismo sin marxismo-leninismo no puede ser revolucionario, por eso van indisolublemente unidos y por eso nuestra fuerza moral es el sandinismo, nuestra fuerza política es el sandinismo y nuestra doctrina es el marxismo-leninismo». (Humberto Ortega; Discurso Ministro de Defensa en la Clausura de Reunión de Especialistas, 25 de agosto de 1981)

Si para mediados de los 80 esta sería la pose natural, y para la entrada de los 90 algo consumado:

«Definimos al FSLN como el destacamento de vanguardia, que aplica creadoramente los principios marxistas-leninistas». (Daniel Ortega; Informe Central de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, 19 de julio de 1991)

Pero esto era una mentira enorme. El propio Tomas Borge contradice durante los 80 tal afirmación de Daniel Ortega, clamando que pese a que Carlos Fonseca Amador y otros pocos se declararan marxista-leninistas, no era lo común del FSLN a finales de los 70 y en los 80:

«AOM: Los nicaragüenses que no están de acuerdo con esta revolución dicen que el sandinismo no sacó a relucir sus ideas marxistas-leninistas en la lucha contra Somoza.

TB: Carlos Fonseca, y usted puede leerlo en sus escritos, se confesó siempre marxista-leninista y amigo del socialismo. Ha sido más bien el desarrollo del proceso lo que le ha dado un sello muy nacional a la lucha revolucionaria de nuestro país. Ningún dirigente del frente Sandinista, salvo algunas excepciones que se han hecho contrapelo de la verdad, han dicho que son marxistas-leninistas. Decimos que tenemos una revolución dentro de las condiciones particulares de nuestro país, con sus propias características, con su sello individual, pero teniendo en cuenta las experiencias revolucionarias de otros pueblos». (Tomas Borge; Entrevista con Álvaro Osorio Mejía para el Diario «Semana», 3 de julio de 1983)

¡Lo curioso, es que años después, los Daniel Ortega, Humberto Ortega, Tomas Borge, etc. se presentaban ante el pueblo como marxista-leninistas y declararían que su objetivo siempre fue construir el socialismo en los 80! Objetivo al que sin temor ni vergüenza alguna ligaron con su programa de siempre que era: el pluralismo político, la economía mixta y el no alineamiento:

«La propuesta de un proceso hacia el socialismo que tendría como punto de partida el pluralismo político, la economía mixta y el no alineamiento, fue el nuevo elemento que surgió en esa etapa de lucha y que acercaba a los revolucionarios a la raíz de nuestra historia y por lo tanto a la realidad política, económica y social en el contexto latinoamericano». (Daniel Ortega; Informe Central de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, 19 de julio de 1991)

¿Qué cambiaba entonces en el programa del FSLN para poder decir que era un partido que «luchaba por el socialismo»? ¡Nada! Solo que ahora, el viejo programa socialdemócrata del pluralismo político, la economía mixta y el no alineamiento tenía que ser proclamado como el programa «socialista» de un pretendido FSLN «marxista-leninista»!

Algunos inocentes preguntaran: ¿por qué esta fraseología marxista sino lo eran? Muy sencillo: el marxismo se englobó en el movimiento obrero con resultados tan vastos en tan poco tiempo, y con una teoría científica demostrada en la praxis, que ha gozado de rápida y amplia influencia en la masas trabajadoras, por ello las clases explotadoras han intentado aparentar imitarlo para seguidamente distorsionarlo y arrebatarles la influencia a los verdaderos marxistas para así desactivarlo completamente como teoría y práctica emancipadora:

«La dialéctica de la historia era tal, que el triunfo teórico del marxismo obligó a sus enemigos a disfrazarse de marxistas. El liberalismo, podrido por dentro, intentó renacer en forma de oportunismo socialista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Destino histórico de la doctrina de Karl Marx, 1913)

El FSLN se pasó gran parte de los 80 intentando convencer a la gente trabajadora que ellos «eran grandes marxista-leninistas»: cuando eran unos redomados revisionistas; que «el FSLN había sido siempre una organización marxista-leninista»: cuando no mantenía ningún rasgo del partido de nuevo tipo marxista-leninista; que ellos «seguían la estela de los muchísimos dirigentes iniciales que se declaraban marxistas y que eran grandes eruditos»: cuando en realidad habían pocos autodenominados marxistas, y como marxistas, sí es que puede llamárseles así, eran como mínimo «marxistas deficientes», que más bien estaban en formación; que ellos estaban «construyendo el socialismo»: cuando no estaban haciendo otra cosa que sentar las bases de la democracia burguesa nicaragüense que se extiende a nuestros días.

¿Era esta forma de actuar acaso un rasgo específico del revisionismo nicaragüense? ¿Es que ellos eran los únicos astutos y habían descubierto esta táctica? Como es obvio no, es la norma general de todos los revisionistas y oportunistas:

«Otro gran mal, pero no irremediable, es que los revisionistas modernos que tomaron el poder se aprovecharon del Estado de la revolución proletaria y la dictadura del proletariado y hay algunos que se los han convertido en superpotencias o grandes Estados, como es el caso de la Unión Soviética. Por otra parte, los partidos revisionistas, grandes o pequeños, abusivamente se apoyan en las luchas del pasado que el proletariado de su país encabezó bajo el camino marxista-leninista. Los revisionistas soviéticos siguen clamando a golpe de trompeta: «nosotros somos leninistas», «siempre querremos a Lenin», pero entonces ellos, y pese a estas consignas, pisotearon y traicionaron sus enseñanzas. Otros hacen lo mismo. Ellos buscan debilitar al proletariado buscando en el amor, el respeto y la confianza que tiene el proletariado en sus grandes líderes y en la doctrina revolucionaria pues, de Marx, Engels, Lenin y Stalin, y mediante esa táctica, intentan quitársela de encima». (Enver Hoxha; Informe al VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

Viendo esta cita se nos vienen a la mente muchas cuestiones. ¿No es cierto que el FSLN manipuló el pensamiento de Sandino y de Carlos Fonseca –que ni quiera pueden ser considerados marxista-leninistas– porque su legado entraba en contradicción con la política de sus sucesores como Ortega? ¿Acaso el FSLN no ha traicionado la lucha de Sandino contra el imperialismo estadounidense o la lucha contra el somocismo de Carlos Fonseca? Sabemos de sobra que el FSLN ha manipulado el pensamiento de sus inspiradores, que ha traicionado sus luchas, y que en realidad ni el nombre de sandinista debería llevar por simple vergüenza. La fraseología  bajo falsos tintes marxistas para la propaganda, para crear falsas esperanzas o calmar los ánimos, o la manipulación del pensamiento de viejos e históricos militantes ha sido nota común de los envilecedores y embaucadores.

Como se podrá concluir al final del documento, el FSLN se comportó como una guerrilla socialdemócrata y luego como un partido socialdemócrata pero manteniendo un discurso marxista-leninista que se agudizaba en según qué periodos. Es por este tipo de cosas que deben ser considerados como unos revisionistas más, ya que pese a haber sido siempre unos socialdemócratas, es decir, unos reformistas que quieren reformar el capitalismo y mejorarlo pero no destruir sus bases; por otro lado se relacionan y se proclaman oficialmente como marxista-leninistas afirmando que su proclama y su lucha es por el marxismo-leninismo, revisando en tal afirmación los principios del marxismo-leninismo. Este es un paralelismo común al de otros revisionismos. Es lo que ya quedó esclarecido cuando abordamos al «socialismo del siglo XXI», el cual es evolución en alguna medida del revisionismo nicaragüense del FSLN de los 80 y su ligazón con el revisionismo cubano, del que los revisionistas nicaragüenses del FSLN dicen que formar parte en la actualidad proclamándose como «socialistas del siglo XXI»:

«Seguramente a esta corriente se le podría denominar reformismo sin más, igual que a su «primo-hermano» el revisionismo eurocomunista, pero al igual que a este es justo denominarle «revisionismo», ya que utiliza todo el material teórico-práctico de éste, a la vez que el de los reformistas, intentando además posicionarse –como hacían los eurocomunistas– como continuador y superador del marxismo-leninismo, del socialismo científico. En ese sentido, no es difícil observar como entre sus conceptos surgen nuevamente el «socialismo» premarxista, el utópico, el idealista, el anarquista, el socialdemócrata, el de los Kautsky, y el de los Bujarin, el de los Tito y de los Mao Zedong, el de los Browder y de los Proudhon, el de los Togliatti y de los Berlinguer, también el de los Carrillo, e incluso el menchevismo trotskista, etc; al tiempo que niegan esencial y fundamentalmente al marxismo-leninismo». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013) (Equipo de Bitácora (M-L)¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

martes, 15 de septiembre de 2015

El deber de los revolucionarios es no agachar la cabeza cuando los revisionistas se han adueñado del partido


«
¿Quién realiza trabajo fraccional? Los miembros cooptados del ex-Secretariado hablan como si fuesen el partido desde su origen y ungidos por una especie de derecho divino, cuando no son otra cosa que una autoridad de hecho. Se han apoderado por la violencia del apartado del partido y pretenden imponer su autoridad ilegal al partido. Franco se apoderó por la violencia del Estado español y detiene, procesa, tortura y asesina como responsables de la «rebelión militar» a los patriotas que hemos defendido y defendemos la legalidad republicana. El traidor de Tito se ha apoderado por la violencia del Estado y del apartado del Partido Comunista de Yugoslavia y detiene, procesa, tortura y asesina a los heroicos militantes comunistas que luchan por reorganizar al verdadero Partido Comunista de Yugoslavia y por liberar Yugoslavia del dominio terrorista de la trepa titoista y reincorporación al campo antiimperialista, de la democracia y del socialismo: al campo de la paz dirigido por la Unión Soviética. Cuando una situación de hecho, criminal, es impuesta a la masa nacional o a la masa del partido, los verdaderos patriotas, los verdaderos revolucionarios, los verdaderos comunistas, no se plantean un problema de mayorías y minorías, no se plantean la tarea de dilucidar dónde se encuentra el «conducto regular»: se lanzan a la acción, a la batalla, con la voluntad inquebrantable de salvar la Patria de los tiranos y al partido de todo tipo de liquidadores. ¿O es que los miembros cooptados del ex-Secretariado podían esperar que el Secretario General del partido obedecería ordenes facciosas y se resignara a ser espectador y a lamentar la destrucción de una obra que es el honor y el orgullo de la clase obrera y de los trabajadores de Cataluña, que es la vanguardia dirigente de las luchas de hoy contra el franco-falangismo y que será mañana, conjuntamente con el Partido Comunista de España, la suprema garantía de una democracia auténtica en marcha hacia el socialismo? Si el Secretario General hubiera hecho eso, se habría deshonrado para siempre, habría merecido el reproche, el menosprecio de los obreros, de los trabajadores, de todo nuestro pueblo». (Joan Comorera; Declaración de Joan Comorera: Secretario General del Partido Socialista Unificado de Cataluña, 14 de noviembre de 1949)

domingo, 13 de septiembre de 2015

El programa: pluralismo político, economía mixta y no alineamiento; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«El programa del FSLN implantado a partir de la toma de poder en 1979, se basaría en estas tres máximas, las cuales serían repetidas una y otra vez en las entrevistas, escritos, discursos de sus dirigentes y por supuesto, en toda serie de propaganda oficial de la organización. Analicemos sin ninguna prisa cada una de ellas:

La idea del «pluralismo político»

El llamado «pluralismo político» no era más que la recuperación de vieja idea revisionista de establecer un nuevo Estado donde el poder sería compartido por diversas fuerzas de clase, incluyendo a las clases explotadoras que habían combatido a la dictadura somocista. Entre estas diversas fuerzas de explotados y explotadores, según el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), se disputarían las cuotas de poder en el sistema demócrata-burgués de elecciones parlamentarias, y que por tanto la dictadura del proletariado no era necesaria para la creación de un nuevo poder estatal. No se comprendía, o no se quiso comprender que el FSLN no podía lograr el tránsito al socialismo a través del sistema estatal y electoral burgués, que sin romper toda esta estructura de arriba abajo no se podía acabar con el poder económico de las clases explotadoras –incluida las antisomocistas–, que sin el establecimiento de la dictadura del proletariado no podría haber efectiva democracia para las masas: ¿por qué según los marxistas-leninistas es tan importante la dictadura del proletariado en el marxismo? Porque:

«La teoría de la dictadura del proletariado es la parte fundamental y central de la ciencia del marxismo-leninismo. Marx y Engels crearon la teoría de la dictadura del proletariado, establecieron teóricamente la necesidad de romper la máquina del Estado burgués y demostraron que, como resultado de la revolución proletaria, el contenido propio de la época de transición del capitalismo al comunismo sólo puede ser la dictadura del proletariado». (Hilary Minc; Las democracias populares en Europa del Este, 1949)

¿Qué función cumple la dictadura del proletariado en la revolución proletaria y en relación a la búsqueda del comunismo?:

«La dictadura del proletariado es el instrumento de la revolución proletaria, un organismo suyo, su punto de apoyo más importante, llamado a la vida, primero, para aplastar la resistencia de los explotadores derribados y consolidar las conquistas logradas y, segundo, para llevar a término la revolución proletaria, para llevarla hasta el triunfo completo del socialismo. Vencer a la burguesía y derrocar su poder es cosa que la revolución podría hacer también sin la dictadura del proletariado. Pero aplastar la resistencia de la burguesía, sostener la victoria y seguir avanzando hasta el triunfo definitivo del socialismo, la revolución ya no puede si no crea, al llegar a una determinada fase de su desarrollo, un organismo especial, la dictadura del proletariado, que sea su principal apoyo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Fundamentos del leninismo, 1924)

La dictadura del proletariado, como vemos, es «el punto más importante de la revolución proletaria», la misma «permite aplastar la resistencia de los explotadores derribados y consolidar las conquistas logradas» durante la revolución, y después nos posibilitará poder extender mayores logros derivados de la construcción económica del socialismo. Pero es normal que para unos dirigentes que buscaban el clásico régimen parlamentario burgués no se hablara si quiera de esto:

«La constitución del Consejo de Estado recogió por primera vez en la historia del parlamentarismo en Nicaragua, una representatividad de todos los sectores de la nación. El pluralismo político está hoy expresado en la existencia de 24 partidos políticos de todas las tendencias ideológicas». (Daniel Ortega; Informe Central de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, 19 de julio de 1991)

Es normal que estos dirigentes queriendo establecer el parlamentarismo burgués no tuvieran la intención de «aplastar la resistencia de los explotadores», sino que por el contrario, buscaron aliarse «con todos los sectores de la nación» incluyendo a los explotadores nacionales, promocionar su actividad económica; en tanto, para ellos no era necesario introducir tal «organismo» –la dictadura del proletariado– en su «revolución», lo que además viene a demostrar su descarado oportunismo:

«El Estado es una organización especial de la fuerza, es una organización de la violencia para la represión de una clase cualquiera. ¿Qué clase es la que el proletariado tiene que reprimir? Sólo es, naturalmente, la clase explotadora, es decir, la burguesía. Los trabajadores sólo necesitan el Estado para aplastar la resistencia de los explotadores, y este aplastamiento sólo puede dirigirlo, sólo puede llevarlo a la práctica el proletariado, como la única clase consecuentemente revolucionaria, como la única clase capaz de unir a todos los trabajadores y explotados en la lucha contra la burguesía, por la completa eliminación de ésta. Las clases explotadoras necesitan la dominación política para mantener la explotación, es decir, en interés egoísta de una minoría insignificante contra la mayoría inmensa del pueblo. Las clases explotadas necesitan la dominación política para destruir completamente toda explotación, es decir, en interés de la mayoría inmensa del pueblo contra la minoría insignificante de los esclavistas modernos, es decir, los terratenientes y capitalistas. (…) Circunscribir el marxismo a la doctrina de la lucha de clases es limitar el marxismo, bastardearlo, reducirlo a algo que la burguesía puede aceptar. Marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En esto es en lo que estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño –o un gran– burgués adocenado. En esta piedra de toque es en la que hay que contrastar la comprensión y el reconocimiento real del marxismo. Y no tiene nada de sorprendente que cuando la historia de Europa ha colocado prácticamente a la clase obrera ante esta cuestión, no sólo todos los oportunistas y reformistas, sino también todos los «kautskianos» –gentes que vacilan entre el reformismo y el marxismo– hayan resultado ser miserables filisteos y demócratas pequeño burgueses, que niegan la dictadura del proletariado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Bertolt Brecht hablando del realismo socialista


«El concepto de realismo socialista no es algo que debiera sacarse de las obras y estilos existentes. El criterio no debería ser si una obra o una descripción se parecen a otras obras y otras descripciones que se incluyen en el realismo socialista, sino si es socialista y realista.

1. El arte realista es arte combativo. Lucha contra visiones erróneas de la realidad e impulsos que se oponen a los intereses reales de la humanidad. Hace posibles formas correctas de pensar y potencia los impulsos productivos.

2. Los artistas realistas enfatizan lo sensitivo, lo «terrenal», lo típico, entendido en sentido amplio –lo importante en términos históricos–.

3. Los artistas realistas hacen hincapié en el momento de formación y extinción. En todas sus obras piensan históricamente.

4. Los artistas realistas muestran sus contradicciones entre el ser humano y sus relaciones, y muestran las condiciones bajo las cuales aquellas se desarrollan.

5. Los artistas realistas están interesados en las transformaciones que se dan en las personas y en las circunstancias, tanto en los cambios constantes como en los repentinos, en que se convierten los constantes.

6. Los artistas realistas reflejan el poder de las ideas y el fundamento material de las ideas.

7. Los artistas del realismo socialista son humanos, es decir, filantrópicos, y muestran las relaciones entre las personas de tal manera que se fortalecen los impulsos socialistas. Se fortalecen mediante análisis útiles de la maquinaria social y por el hecho de que los impulsos se convierten en disfrute.

8. Los artistas del realismo socialista no sólo tienen una visión realista de sus temas, sino también de su público.

9. Los artistas del realismo socialista tienen en cuenta el grado de formación y la pertenencia social de su público, así como el estado de la lucha de clases.

10. Los artistas del realismo socialista tratan la realidad desde el punto de vista de la población trabajadora y de los intelectuales aliados con ella y que están a favor del socialismo». (Bertolt Brecht; Sobre el socialismo, 1954; Extraído del libro de Juan José Gómez; Crítica, tendencia y propaganda; Textos sobre arte y comunismo, 1917-1954, 2004)

martes, 1 de septiembre de 2015

La indecisión de algunos, mal generalizado de nuestros días y de las luchas revolucionarias; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«
Causa todavía asombro, la vacilación y las posiciones negacionistas de algunos (1), las fluctuaciones de personas que actúan en sus posiciones como «hombre-veleta» (2) y los simples «enamorados de las siglas» y sus posiciones seguidistas (3). En realidad, lo raro es que estas posturas causen sorpresa hoy en día, pues a la vista está el bajo nivel de formación ideológica no solo de las masas, sino de los miembros con claras inclinaciones revolucionarias, e incluso entre los abundantes autodenominados «marxista-leninistas», un triste hecho objetivo que irremediable ayuda a alimentar estas posturas antimarxistas aunque no explica todo pues también influyen la psicología de cada individuo, el factor del ambiente en que se rodea, etc. 

Expliquemos un poco cada una de esas tres posiciones...

Primer caso: resulta fácil ser testigo de como gente que condena unas tesis o actuaciones oportunistas de un revisionismo o un individuo en particular, pero no se hace lo propio con otra rama revisionista u otro individuo diferente.

Segundo caso: otro tipo de gente mantiene una correcta posición sobre X tema, y al poco tiempo, al conectar con cualquier charlatán barato «de tres al cuarto», este es capaz de voltear su correcta posición; «de jure» se acepta algo o a alguien como contrarrevolucionario pero en la praxis no se lucha contra él e incluso se llevan a cabo las mismas teorizaciones y prácticas contrarrevolucionarias que se perjura combatir.

Tercer caso: otros, con tal de «salvar los muebles» llegan a formular todo tipo de patéticas excusas, e incluso se llega a perdonar a sus organizaciones las mismas actuaciones que se señalan en otras y por las que se escandalizan.

Generalmente estas tres posturas, casos o tendencias, por llamarlas de alguna manera, tienen sus particulares para intentar afrontar los problemas de sus contradicciones:

El revisionista del tipo (1) argumenta que las tesis y acciones del hipotético revisionismo (A) y del hipotético revisionismo (B) no pueden ser comparados ni son de la misma naturaleza –cuando la aplastante evidencia demuestra lo contrario: sus conexiones y similitudes–. Con ello intenta cerrar la crítica al revisionismo (B) sin mucho más debate, o en su defecto se pide paciencia para evitar condenar las ultraevidentes desviaciones. Aquí se forma un curioso panorama: las mismas desviaciones del revisionismo (A), suponen, según él, un oprobio para el comunismo, una traición y dichas distorsiones deben ser combatidas, mientras que las mismas o parecidas aplicadas en el caso del revisionismo (B), son desviaciones que piden que sean entendidas en el contexto, y que se defienden como poco importantes pese a todo, subsanables y temporales, eso si, jamás se produce una iniciativa en subsanarlas. Esto recuerda al nacionalista que ve un peligroso nacionalismo en las actuaciones ajenas, pero considera su chovinismo de referencia como sano patriotismo.

Es bastante normal que los revisionistas tengan que defender a otra corriente revisionista y la colmen de flores y la tomen como una corriente revolucionaria, esto se hace porque: (a) generalmente los revisionistas simplemente buscan defender a todo aquél que también acepte su línea; (b) porque se depende de la financiación de esa otra rama revisionista; (c) porque las desviaciones del otro revisionismo se comparten y apoyan; (d) porque se cree que si se hace bandera del otro revisionismo puede ser un buen «gancho» para engañar a las masas, porque en este caso en lo fundamental está muy asentado en gran parte del público revisionista. Como se ve aquí, para el revisionismo no priman los principios, sino el pragmatismo y el qué dirán.

El revisionista del tipo (2) lo mismo se solidariza con las críticas al oportunismo que participa en la propagación del mismo oportunismo, e incluso puede realizar las dos actividades a la vez, triste pero cierto. Estos elementos pese a tener a su alcance el material disponible de estudio, incluso pese a haberse formado lo suficiente como para no cometer errores de bulto, son de espíritu voluble y realmente deberíamos preguntarnos si realmente beneficia o perjudica que estas personas pasen por nuestras filas y sean representantes de nuestros movimientos. 

El revisionista de este tipo practica por naturaleza lo que Enver Hoxha denominaba la «lucha desde el seto», esto es, que de vez en cuando lanza un par de «flechas» desde el «seto» a los oportunistas –una crítica incompleta y a veces incluso indirecta–, pero luego sale del «seto» manda sus mejores deseos a los revisionistas mientras los llama «camaradas». Estos se suelen caracterizar con frases vacuas para justificar su no combate al revisionismo como «ellos no son el enemigo real» o su variante más audaz «ahora no hay que criticarlos». ¡Preciosos sofismas! Temen la exposición de ideas, les entra pánico por el debate puro y duro, y también se preocupan por el qué dirán sus amistades políticas si se posiciona demasiado a un lado u otro. Incluso piensan que es preferible evitar el debate ya que de exponer según que opiniones se perderían militantes y simpatizantes. Como se ve, este elemento opera como si la revolución en vez de necesitar un partido pertrechado de una unidad de pensamiento y acción, necesitara de un club de amigos, y en lugar de la clarificación ideológica la «paz y armonía de diferentes ideas».

El revisionista de tipo (3) se vanagloria de militar o simpatizar con una organización con supuestamente «más años en la lucha» que ninguna, algunos incluso sacan pecho de haber participado en enfrentamientos armados. Pero salta a la vista que no puede realizar análisis propios, sino solo reproducir la burda propaganda que le inyecta ese partido y que le anima a propagar sin reflexión, pero se evade el hecho de que su organización o nunca tuvo un carácter marxista-leninista, o si lo tuvo, «hace largo tiempo que ese barco zarpó», habiendo degenerado y siendo una caricatura de lo que en un día fue. En este último caso, a estos revisionistas les gusta «vivir de las rentas», es decir, vivir de los logros históricos del partido como si esos logros –en los que muchas veces ni siquiera estaban presentes–, equilibraran las presentes desviaciones y actos traicioneros de la organización y les eximiera de toda responsabilidad. Para estos tipos toda exposición y crítica de la teoría y práctica revisionista de la organización presente, siempre es desechada por un «amor ciego» hacia las siglas, una mezcolanza de folclorismo y sentimentalismo casi religioso, aunque tampoco se debe dejar de prestar atención al hecho de que muchos elementos burocratizados de estas organizaciones incluso sacan beneficio económico de estas organizaciones o su situación personal depende de mantener el chiringuito, por lo que bajo este cóctel, no solo es normal su estoica defensa de una mentira, sino que se ven abocados a ello, pero en el caso de sus militantes de base y simpatizantes es más dramático, llegando a pedir «respeto por la trayectoria de sus líderes». Un verdadero comunista, si de verdad respetara las siglas, si quisiera defender el partido de la clase obrera de su patria, a su líder proletario predilecto o a su sindicato de clase, no ocultaría sino que expondría y espolearía toda desviación y vicio de su organización y figuras para procurar ayudarle, en cambio le entraría una repulsa casi violenta al ver como se intenta bajo fraseología y simbología traficar con los intereses de clase bajo monsergas pequeño burguesas sentimentales. 

En todos estos casos vemos más una dolencia clara que estriba en la falta de voluntad para buscar la verdad científica de los hechos, en un rechazo a toda lógica, aunque sin duda, como hemos dicho la misma carencia de formación ideológica alimentan la falta de comprensión ante lo que se tiene delante.

Nuestra posición ante estos fenómenos pues, es clara:

«Nuestro partido opina que la situación es de tal naturaleza que ningún partido ni persona que se llame comunista o revolucionario, puede permanecer indiferente, esperando el ataque revisionista y limitándose exclusivamente a saludar la lucha que los demás libran contra el revisionismo. El tiempo no espera. Los marxista-leninistas deben estar a la ofensiva y no a la defensiva, al ataque y no en retirada. No han temido ni temen a los revisionistas, a sus amenazas ni a sus presiones. El temor es ajeno a los marxista-leninistas, tanto en la lucha contra el imperialismo como en la lucha contra el revisionismo. Sólo los revisionistas le tienen miedo al imperialismo y al marxismo-leninismo. Tener miedo a los revisionistas significa temer aún más al imperialismo y no confiar en la fuerza ni en el triunfo del marxismo-leninismo. (...) En la lucha contra el revisionismo moderno, al igual que frente a todos los demás problemas, la única posición correcta es la posición de principios. Con los principios no se puede traficar, cuando se trata de la defensa de los principios no hay que detenerse a mitad del camino, no hay que mantener jamás una actitud vacilante y oportunista. La lucha entre el marxismo-leninismo y el revisionismo es una manifestación de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, entre el socialismo y el capitalismo. En esta lucha no puede haber una línea intermedia. La línea del «término medio», como ha demostrado durante largos años la experiencia histórica, es la línea de la conciliación de los contrarios, que jamás pueden conciliarse, es una posición inestable y momentánea. La línea intermedia no puede servir ni siquiera para enmascarar la desviación de los principios marxista-leninistas, puesto que la lucha contra el revisionismo, si no se inspira en motivos ideológicos, sino únicamente en ciertas contradicciones económicas o políticas, sobre bases nacionalistas y chovinistas, es un bluff y no llegará muy lejos. Quién se atiene a esta línea en su actitud hacia los renegados del marxismo-leninismo, tarde o temprano, corre el peligro de caer, él mismo, en las posiciones de éstos». (Enver Hoxha; Informe en el Vº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1966) 

Es más, si repasamos la historia del movimiento obrero, observaremos  una de las razones por las que el nuevo movimiento marxista-leninista de los 60 acabaría degenerando a finales de los 80, es por culpa de no aplicar esta máxima sin sentimentalismos. Véase: «Las relaciones entre el PCE (m-l) y el PTA y la caída del socialismo albanés» de 2020.

Finalizamos con estas viejas palabras:

«Normalmente la escoria revisionista se ofende al leer nuestras críticas, y aunque no la puede refutar, como último recurso, espeta: «¡Estáis obsesionados con X!», como queriendo decir que debemos repartir nuestra crítica a todos. Y así lo hacemos, no hacemos excepciones. No estamos obsesionados con nada ni nadie, la crítica a tu partido, a tu ídolo de barro, a tu corriente, no es personal, es una cuestión de principios, del desarrollo de la lucha de clases, es una necesidad histórica y presente, la cual implica la apremiante tarea de barrer con los falsos ídolos, con los elementos corruptos, con los traidores, los vividores, los burócratas, teniendo que derribar el muro de las idealizaciones y las mistificaciones construidas por la actual hegemonía del revisionismo, la cual domina tanto a nivel nacional como internacional. El revisionismo ha construido una imagen distorsionada en torno a nociones como el «socialismo», el «centralismo democrático» o el «antiimperialismo» desviando a muchos revolucionarios honestos, la tarea pues, es proporcionarles material formativo para ahorrarles tiempo, para que reflexionen, para que finalmente salgan del error y no se arrepientan de haber formado parte de algo tan mediocre y sin perspectiva como son los movimientos eclécticos, algo de lo que es bien seguro que la mayoría de ellos muchos años después sentirán vergüenza de haber formado parte. Se trata de aportar el granito de arena para construir un movimiento comunista que más allá de sus posibles defectos, que tenga coherencia, con principios que no se queden en la enunciación teórica sino que se apliquen sin miramientos, del cual  uno pueda sentirse orgulloso al luchar a su lado, no como ocurre en los partidos revisionistas, donde militar supone dudar a cada paso con lo que constatas en su seno, donde uno se pregunta continuamente si sirve para algo estar perdiendo el tiempo ahí. Quién no entienda de la imperiosa necesidad de la lucha contra el oportunismo en todo momento, es que no se puede considerar marxista-leninista, quién no comprenda el problema que ha supuesto el oportunismo en estos crudos días, directamente vive en el limbo o forma parte del problema». (Equipo de Bitácora (M-L); Diferencias entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o simpatizantes de dicha doctrina, 2013)

Esto debe de quedar claro». (Equipo de Bitácora (M-L)La indecisión de algunos, mal generalizado de nuestros días y de las luchas revolucionarias, 1 de enero de 2015)

El fraccionalismo y el divisionismo del movimiento obrero; características fundamentales del trotskismo

Caricatura del trotskismo con varias citas de trotskistas incitando al fraccionalismo y el entrismo

«La división del movimiento revolucionario de la clase obrera constituye uno de los objetivos y rasgos distintivos más característicos del actual trotskismo. Objetivamente, el trotskismo de nuestros días puede ser descrito como un organismo especial en el servicio de la burguesía para la división del movimiento obrero, división que los trotskistas buscan elevar como principio, expresándose abiertamente ellos mismos contra la unidad en sus filas. Uno de los líderes e ideólogos presentes de trotskismo, Pierre Frank, escribe:

«De hecho, lo que es verdaderamente anormal en el movimiento obrero es el monolitismo, esta «unidad» que estrangula cada pensamiento político independiente en las filas de las organizaciones autodenominadas marxistas. (...) En lo referente a la historia del movimiento obrero se puede ver que esto está presente con frecuencia, como su historia está llena de luchas de tendencias y corrientes, en oposición teórica y política entre ellas. Esto era normal, para el progreso de la acción revolucionaria y el pensamiento no puede concebirse fuera de una confrontación incesante de teorías, situado y orientado a la realidad, y más aún en un mundo que está en un estado de convulsiones ininterrumpidas, en la que «algo nuevo» aparecer y surge cada día». (Frank Pierre; La Cuarta Internacional; La larga marcha de los trotskistas, 1969)

Por lo tanto, según él, no puede haber una cuestión de unidad en el movimiento obrero, su situación normal sería la división continua (!). De ello se desprende claramente en el concepto de constante división en muchas de las filas del movimiento trotskista, su continuo desmembramiento en una larga lista de grupos y fracciones en donde se desarman los unos a los otros entre sí, siendo esto no solo una expresión de debilidad y naturaleza pequeño burguesa, sino también una táctica para crear discordia y desintegrar las filas del movimiento obrero revolucionario». (Agim Popa; El movimiento revolucionario actual y el trotskismo, 1972)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

¿Cómo podríamos explicar al lector que es una fracción en un partido? Con las palabras del magnífico marxista-leninista español Pedro Checa:

«¿Qué es una fracción? Una fracción es un grupo que se organiza o funciona al margen de las normas establecidas en los estatutos del partido –célula, radio, asamblea, conferencia, etc.– a base de una plataforma propia y de una disciplina interior. Claro, que las fracciones no nacen como tales ya hechas. Se crean a través de los grupos, los núcleos militantes amigos, las tertulias, etc., que a través de coincidencias en la crítica o en la lucha contra determinados camaradas u organismos del partido van tomando forma y desarrollo». (Pedro Checa; Qué es y cómo funciona el partido comunista, 1937)

Una de las diferencias entre el trotskismo y el leninismo en el concepto organizativo de partido, era la cuestión de la permisión o no de fracciones en el partido, es de decir de plataformas paralelas al liderazgo legítimo y elegido por los órganos del propio partido como hemos visto en la definición anterior. Ante ello Lenin explica su posición frente a este fenómeno:

«Es necesario que todo obrero consciente comprenda con claridad el carácter pernicioso e inadmisible de todo fraccionalismo, el cual, pese a todo el deseo de los representantes de algunos grupos de mantener la unidad del partido, conduce sin falta en la práctica al debilitamiento de la labor aunada y a los intentos acentuados y repetidos de los enemigos del partido gubernamental, que se infiltran en sus filas, de ahondar las disensiones en su seno y utilizarlas para los fines de la contrarrevolución. (...) Por las razones expuestas, el congreso declara disueltos y prescribe disolver inmediatamente todos los grupos, sin excepción, que se hayan formado con tal o cual plataforma –a saber: «oposición obrera», «centralismo democrático», etc.–. El incumplimiento de este acuerdo del congreso acarreara la inmediata e incondicional expulsión del partido». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Informes en el Xº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, del 8 al 16 de marzo de 1921)

El trotskismo por medio de su líder declaraba sin embargo:

«La Cuarta Internacional nunca ha prohibido las facciones y no tienen intención de hacerlo. Las facciones han existido y seguirán existiendo entre nosotros». (Lev Trotski; Trotskismo y el PSOP, julio de 1939)

Y ello no fue un giro del trotskismo, ha sido la esencia de su principal líder desde sus inicios:

«Trotski, por un lado, representa solamente sus vacilaciones personales y nada más. En 1903, fue menchevique; en 1904, abandonó el menchevismo; en 1905 regresó al menchevismo haciendo gala de frases ultrarevolucionarias; en 1906 los dejó nuevamente; a fines de 1906 abogó por acuerdos electorales con los Kadetes –estando una vez más con los mencheviques–; y en la primavera de 1907, en el Congreso de Londres, dijo que difería de Rosa Luxemburgo en «matices específicos de ideas en vez de líneas políticas». Un día Trotski plagia del acervo ideológico de una facción, al siguiente día plagia de la otra, y después se declara por encima de las facciones». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Significado histórico de la lucha interna en el partido en Rusia, 1910)

La unificación de las tres tendencias; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«En marzo de 1979 se dio la llamada «unificación de las tendencias». Un acto que se llevó de forma mecánica pues no hubo ningún pleno o congreso que debatiera las diferencias ideológico-prácticas que cada tendencia tenía sobre la revolución, las etapas y las fuerzas motrices de ellas, o las alianzas que debían contraerse con otras clases y organizaciones, y si en cada caso eran temporales o no. Esto estaba dentro de lo normal del desarrollo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN): y es que si cuando el FSLN apareció en escena no hubo una clarificación ideológica y organizativa previa, entonces por qué habría de haberla después; y aunque es factible pensar que en el desarrollo de la lucha, muchos de los autodenominados «marxista-leninistas» se tenían que dar cuenta de que era necesario barrer las concepciones ideológicas militares y organizativas antimarxistas, se demostró que para 1979 los autodenominados marxista-leninistas que militaban en el FSLN no eran tales, por lo que tampoco se dio tal cosa. Dicho de otro modo: en los 80, y con la sumisión consumada de los líderes del FSLN (GPP) y del FSLN (Proletaria) a la línea y dominio de la tendencia del FSLN (Tercerista) dominada por los hermanos Ortega, dentro del FSLN se intentó disminuir, disimular, ocultar, las no tan pasadas diferencias así como el fraccionalismo existente, fruto de ellos se pasó a considerar públicamente a las tendencias de los 70 como algo «pasajero», «banal», e incluso los más desvergonzados y patéticos decían que no había habido fraccionalismo sino que realmente todos respondían a los  mismos lineamientos y que cada tendencia cumplía un «trabajo específico».

La unificación por tanto fue una unificación mecánica como ya expresamos, y los líderes de las tendencias escogieron eslóganes formalistas como: «¡Por la unidad sandinista!» «¡Contra el somocismo, unidad sandinista!», etc. Pero incluso los que argumentaron a posteriori que no había diferencias ideológicas, reconocieron tiempo después que estas sí estaban presentes, y reconocieron también algo si cabe más importante: confesaron que la posibilidad de que existieran estas tres tendencias fue debido a que el FSLN desde su nacimiento permitió el fraccionalismo y el arribismo, y no existía un ejercicio de crítica y autocrítica bajo la base de una misma línea de unidad ideológica y organizativa:

«Debido a la represión, debido a que nos manteníamos mucho tiempo sin vernos, al faltar una línea común, un compromiso político materializado en un estatuto, cada quien organizaba de hecho su trabajo a su manera. Y empezaban los choques. La división no nace de una profunda discusión ideológica y política, aunque de hecho existían este tipo de problemas. Si hubiera existido un marco de organización menos artesanal quizás hubiésemos podido resolver las contradicciones, que son propias al desarrollo de todo movimiento, de manera positiva, atendiendo a la crítica, unidad y crítica. La no existencia de este marco de discusión adecuado sumado a nuestra inmadurez como hombre, como revolucionarios, y a la situación represiva llevó a que nos fuéramos separando, fraccionando en la práctica en las tres tendencias que se conocen». (Marta Harnecker; Entrevista a Humberto Ortega, 1993)

En adelante iremos viendo como los líderes del FSLN (GPP) y del FSLN (Proletaria) se adaptarían a la tendencia del FSLN (Tercerista), demostrando con ello que ninguna de las tres tendencias era una tendencia marxista-leninista. La prueba firme está en el programa elaborado tras la reunificación y tras la toma de poder»(Equipo de Bitácora (M-L)¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)