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| Hua Kuo-feng y Jacques Jurquet en 1976 |
«¿Quién fue Jacques Jurquet? Jacques Jurquet sería uno de los fundadores del Partido Comunista Francés Marxista-Leninista, un partido nacido en 1968.
Nacimiento del partido y contexto histórico
Con la presunta intención de separarse del revisionismo soviético que entonces inundaba la mayoría de viejos partidos comunistas los revolucionarios franceses fundaron el Partido Comunista Francés Marxista-Leninista (PCF-ML) bajo la influencia sino-albanesa. En sus documentos fundacionales de 1968 se puede ver su expresa adhesión al mito del maoísmo tan de moda en aquél entonces como ideología a seguir:
«El congreso afirmó la determinación de construir un partido de nuevo tipo como requirió el gran Lenin, un partido de tipo bolchevique basado su acción en la inmortal teoría del marxismo y el leninismo y el Pensamiento Mao Zedong, el gran maestro del mundo revolucionario». (Pekín Review; #3, 19 de enero de 1968)
Para inicios de los 60 el revisionismo chino no estaba desenmascarado tan abiertamente como se haría años después, y sus desviaciones sólo podían ser conocidas en base a una fina agudeza de los acontecimientos mundiales y a un gran esfuerzo por acceder a material de los revisionistas chinos que por entonces escaseaba y que en su mayoría eran viejas obras de hace años que incluso estaban cuidadosamente censuradas. Está claro que el PCF-ML cayó en la trampa como tantos otros.
Muchos antirevisionistas creyeron que estaban colaborando en un fundar un partido que tendría la intención de dar una herramienta a la clase obrera, donde poder agrupar a su destacamento más avanzado y donde poder dar combate al revisionismo moderno, pero lo cierto es que el PCF-ML no podría cumplir estos objetivos y eso sería debido desde sus inicios por elementos sin ningún espíritu científico de las cosas, bañados en un apego sentimental por los revisionistas chinos resistente incluso a la política china ridícula más extrema, lo que les llevaría a justificar los actos más infames de la dirigencia china en los años siguientes. Caer en esta línea como era normal dificultó los objetivos iniciales de refutar al revisionismo soviético ya que al seguir las directrices chinas perdían toda credibilidad ante las masas y al basarse fundamentalmente en otro revisionismo no se basaban en un cuerpo teórico sólido y científico:
Las vacilaciones chinas en la lucha contra el revisionismo soviético como es el caso de la aceptación de la rehabilitación de Tito impulsada por Jruschov en 1954, el saludo del XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética de 1956 y sus tesis, la posición jruschovista en la Conferencia de Moscú de 1957 contra el grupo antipartido de Molotov, la teoría china de crear el «frente antiimperialista» junto al revisionismo soviético de 1962, la constante postura china de «intentar hacer cesar la polémica» contra los revisionistas soviéticos hasta 1964, el intento de reconciliación chino con el revisionismo soviético tras la caída de Jruschov de 1964, o la cuestión de basar la lucha contra el revisionismo soviético en meras reivindicaciones territoriales como hacían otros revisionismos en 1964, son temas muy conocidos ahora pero no en los años 60 y 70. Unos y otros son hechos que los líderes del PCF-ML no conocieron muy posiblemente, a veces tapaban por miedo a derruir su mito en torno a China, y otras veces de saberlos los pasaron por alto como sino tuvieran la correspondiente importancia de ser analizados, cuando en realidad eran temas fundamentales para entender el desarrollo posterior del revisionismo chino.
Precisamente en Francia el desprecio por el conocimiento teórico fue algo común como lo es actualmente, ha de saberse que esto es una reminiscencia de corrientes como son el maoísmo que revisan el axioma marxista-leninista sobre la importancia de la teoría. El maoísmo siempre aboga por un pragmatismo debido a su espontaneísmo pequeño burgués:
«La concepción maoísta de las relaciones entre la teoría y la práctica consiste en un pragmatismo plano. Detrás del culto a la «práctica» se esconde de hecho, la incomprensión de la posición materialista del marxismo-leninismo sobre esta cuestión. El maoísmo es incapaz de concebir la teoría como la generalización científica de la multitud de los hechos económicos, sociales y políticos, etc., que libra la vida en todos los dominios, donde ella confirma o invalida a cambio las tesis y las concepciones, para su desarrollo ulterior y la acción que se puede tomar para la transformación. Si los hechos son la base de toda teoría, ésta es científica sólo en la medida que se eleva a la generalización y la abstracción, donde se separa del aspecto singular, particular y contingente, inherente de los hechos, para comprender la universalidad. La teoría es entonces, y sólo entonces, guía verdaderamente la acción revolucionaria, por su rectitud y su alcance, porque ésta se vuelve entonces capaz de guiar la puesta en ejecución de los medios que permiten influir en los factores determinantes –en Francia actualmente y estratégicamente los factores subjetivos de la revolución–, para hacer posible la maduración de las condiciones de la revolución y la victoria de esta última. Sin base teórica, sin concepciones teóricas, sin visión estratégica y táctica, no sólo la práctica es ciega sino que, a pesar de que tenga algún contenido positivo, ya que las contribuciones que se entregan ineluctablemente a la teoría –por la acumulación de experiencias directas a gran escala– no pueden ser a su vez generalizadas ni ser utilizadas para rectificar o enriquecer la teoría o la práctica. Por lo tanto, fuera del movimiento obrero, el movimiento maoísta se confina a un menú practicista y mantiene la ignorancia en cuanto a los métodos y el papel esencial del trabajo teórico comunista». (L’emancipation; La demarcación entre marxismo-leninismo y oportunismo, 1979)
Tras el inicio del fin del «cuento chino» el PCF-ML mantuvo su sumisión al mandato de Pekín
Para inicios de los 70 las relaciones entre China y Albania eran nulas, apenas manteniéndose relaciones diplomáticas y pocos formalismos más:
«Respecto a los partidos comunistas marxista-leninistas y los grupos revolucionarios, los chinos actúan de la misma manera que los soviéticos. Tienen miedo al «descrédito», a perder la «buena reputación» que han adquirido entre la burguesía norteamericana y la mundial. Por eso los chinos no pueden estar de acuerdo con la línea marxista-leninista revolucionaria de nuestro partido. Tampoco están de acuerdo con nuestra política interior y exterior. Y lo manifiestan. Chou En-lai, Li Sien-nien y Mao Zedong han roto los contactos con nosotros, y los existentes son puramente formales, diplomáticos. (...) ¿Cómo podría estar de acuerdo China con nuestra política exterior, cuando concluye acuerdos con los Estados Unidos de América, con Japón, con Alemania Federal, con la España de Franco, en unos momentos en que nosotros no sólo no los establecemos, sino que desenmascaramos de continuo su política imperialista y fascista?». (Enver Hoxha; Las «avispas» burguesas recogen la miel del jardín de las «cien flores»; Reflexiones sobre China, Tomo II, 20 de abril de 1973)
Incluso los círculos reaccionarios registraron para la posteridad las grandes divergencias sino-albanesas en temas como el acercamiento sino-estadounidense, la Comunidad Económica Europea, el trato con los nuevos partidos marxista-leninistas, y otros temas candentes:
«Durante 1972, las posiciones de los dos cercanos aliados sobre su actitud hacia los Estados Unidos tendieron a distanciarles aún más. Paralelo a los divergentes puntos de vista sobre esta cuestión política fundamental, Pekín y Tirana empezaron a reaccionar de forma diferente ante algunos acontecimientos y políticas importantes en el escenario internacional: la crisis de Malta, la consolidación del Mercado Común, la Ostpolitik de Alemania Occidental y la reelección de Brandt, y el movimiento «marxista-leninista», para mencionar unos cuantos. Mientras los albaneses han demostrado un inflexible apego a la teoría revolucionaria, los chinos –en línea con su giro en las prioridades de política exterior– han demostrado una predilección por la Realpolitik: un cambio de la raison d’ideologue a la raison d’état. Muchos discursos e informes publicados recientemente por Tirana y Pekín atestiguan el hecho de que no existe completa unanimidad de puntos de vista sobre diversos desarrollos políticos internacionales de importancia». (Radio Europea Libre; El camino albanés, 21 de diciembre de 1972)
A esto se le sumaban muchas otras divergencias sino-albanesas partían porque los marxista-leninistas albaneses no aceptaban varias de las teorías y prácticas de los revisionistas chinos concernientes tanto a la política interior como exterior china, algunas de ellas antiguas desviaciones y algunas de ellas recientes y nuevas, hablamos de la teoría china de que el «Pensamiento Mao Zedong era el «marxismo-leninismo de nuestra época» o incluso «superación de las limitaciones del marxismo-leninismo», la teoría de las dos líneas o incluso varias líneas en el partido, la teoría de que «las clases explotadoras persisten como clase en el socialismo», la teoría de la «alianza con la burguesía nacional y tomarla como parte del pueblo y contradicción no antagónica», la teoría de que «el campo debe cercar a la ciudad» y por extensión en el esquema mundial «los países subdesarrollados a los desarrollados», los métodos antimarxistas de la «Revolución Cultural» como hacer tabla rasa con toda cultura progresista anterior, la negación del rol dirigente del partido o la promoción del estudiantado como vanguardia de la revolución, el apoyo a todo régimen feudal-burgués proestadounidense del «tercer mundo», el constante coqueteo chino con los partidos y países revisionistas-capitalistas con contradicciones con los soviéticos, los rasgos de la teoría de que el «tercer mundo» es la «fuerza motriz de la humanidad», que el imperialismo estadounidense «está en decadencia y solo desea el status quo» o que «el socialimperialismo soviético era la superpotencia más agresiva», la cuestión de la negativa china a celebrar reuniones multilaterales con los partidos marxista-leninistas o la reducción del apoyo y ayuda a los mismos cuando se pretendía acercarse al gobierno y los partidos revisionistas locales de cada país, y muchísimas cuestiones más.
Es por tanto fácil de intuir que ya tanto desde el nacimiento en 1968 del Partido Comunista Francés Marxista-Leninista (PCF-ML) como bien entrados los 70, los elementos sanos del PCF-ML debían haber hecho una evaluación de estos temas donde a la fuerza tenían que ir dándose cuenta de las aberraciones chinas como hacia el Partido del Trabajo de Albania (PTA) y otros partidos. En tanto que se posicionaran del lado del marxismo-leninismo en todas y cada unas de estas cuestiones, tarde o temprano se debería de haber tenido que haber empezado a sacar lecciones y a plantearse las cuestiones necesarias sobre el revisionismo chino tanto de su política interior como exterior, para ver hasta qué punto pudo influirle en sus cuadros; o al menos eso es lo que tendrían que haber hecho:
