sábado, 6 de febrero de 2021

¿Cuál es realmente el «trabajo de masas» del revisionismo moderno?; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

Los dirigentes de las organizaciones revisionistas no dedican la mayor parte del tiempo a elevar el nivel de conciencia general del pueblo, sino que gastan las energías de la militancia en actos rutinarios, burocráticos, aburridos y carentes de sentido. Gran parte de ellos están destinados a favorecer ese espíritu endogámico, ese culto a la autosatisfacción dentro de su círculo de adeptos. Todo el que haya militado allí sabrá que la mayor parte del tiempo se dedica a cuestiones baladíes o mal enfocadas. Reconstrucción Comunista (RC) no es la excepción, por mucho que sus jefecillos vendan la idea contraria. 

El documento:


Las formas fundamentales de agitación y propaganda

«Las labores de Reconstrucción Comunista (RC)-Frente Obrero (FO) no terminan en sus famosos desfiles ni en perder el tiempo agrediendo a sus exmilitantes en Valencia (*). Bien conocidos son los titánicos esfuerzos de elaboración y propagación de propaganda impuestas a la militancia. Carteles con la intención de alertar de su presencia en la zona, para «marcar territorio», que tras ser colocados duran menos de un día, bien porque esa es la duración media de vida que tiene este tipo de propaganda primitiva, bien por el rechazo generalizado que sufren por parte de casi todas las organizaciones antifascistas. Otro activismo «rompedor» consiste en engalanar las paredes de universidades y barrios con pintadas sobre su línea, la cual cambia de posición como el sol. Para variar, constan de eslóganes que no corresponden a las tareas reales del momento o que, directamente, son ridículos en su esencia, pues lejos de remover conciencias instan a la mofa. Obviamente, esta agitación visual está tan inspirada como sus plagios, basándose en mensajes manidos y en una estética que, en el mejor de los casos, causa una profunda indiferencia entre los trabajadores; en el peor, logran transmitir la imagen de ser un puñado de fanáticos.

Entre tanto, y en lo que respecta a su trabajo con la militancia de otras organizaciones, parece que todo se centra en retirar pancartas de otros sindicatos –como ha ocurrido recientemente en Elche (*), amenazar a los militantes del PCE (m-l) para que no asistian al acto conmemorativo del 27S, hacer graffitis en los domicilios de sus enemigos políticos (*), y un largo y ruin etcétera. ¡Todo un alarde de su capacidad de persuasión! ¡Seguro que así se ganan el respeto y a los mejores elementos del campo antifascista! También les gusta hacer pintadas en las sedes de otros partidos, escribiendo, por ejemplo: «Por el verdadero poder obrrrero. Por la repúblka popular y federal. Juventud Frerte obrero (sic)» (*). Cuánto recuerda esto a los neonazis que aún no han aprendido siquiera a dibujar una esvástica. Como dijimos, RC cree que se combate al reformismo a base de pintura. Quizás piensan que solamente con los métodos gansteriles lograrán hegemonizar los espacios políticos, como si todas estas organizaciones no se cansasen de su actitud provocadora y acabasen rechazando y uniéndose cada vez más contra RC. Algunos dirán, ¿por qué RC tiene una política tan suicida entre la «izquierda»? ¿Por qué atacan de forma tan descarada si son minoría en comparación a otros grupos mucho más asentados? Porque la cúpula es sabedora de que por debates ideológicos y trabajo metódico nunca van a destacar más que el resto, por tanto, buscan darse publicidad. Además, tienen la misma mentalidad que la de los grupos nazis: presuponen que el resto de partidos y colectivos son solo morralla a barrer, «izquierda decadente» que solo cuenta con militantes pusilánimes en lo espiritual y físico, creyéndose que ellos son la «élite de la élite», unos «superhombres» que pueden aplastarlos como hormigas. A veces no son conscientes de que otros grupos nacionalistas, feministas, anarquistas y revisionistas, aunque efectivamente cuentan con muchos militantes pasivos y débiles de corazón, con otro puñado de equidistantes y gente que «no quiere problemas», también cuentan con militantes de «élite», gente abnegada que por mucho que esté tan engañada como ellos en muchas cuestiones, dan el todo por el todo, defienden con uñas y dientes su formación y su espacio, por lo que darán un escarmiento como RC saque los pies del tiesto. De hecho, no pocas veces sus jefes han tenido que retroceder y huir, empezando por su Secretario General y sus variadas mudanzas.

Para ellos es sumamente importante durante los días señalados hacer acto de presencia en las manifestaciones. No sin razón los jefes creen que «enseñar músculo» en público es una de las principales tareas del partido. Así, ordenan a la militancia publicar en sus perfiles personales en redes sociales las «labores de la militancia» realizadas, todo sin ningún tipo de preocupación por la seguridad de la organización y facilitando la identificación de sus integrantes a amigos y enemigos. Recordemos que esta fue la organización que tuvo la feliz idea de subir una foto de su Comité Central a su web.

¿Y quién puede negar el afán sermoneardor de sus pintorescos militantes? Cual siniestros testigos de Jehová, o como los pobres universitarios que tienen que sacarse un dinero extra trabajando para las hipócritas ONG's, sus militantes te esperarán apostados en la salida del metro o cualquier zona concurrida (*)si cualquier incauto muerde el anzuelo y reconoce sentir confusión ideológica, si su vida política hasta ahora no ha tenido sentido, todo responde a la falta de algo, a que no ha tenido el placer de experimentar la «imperdible experiencia» que es militar en la secta, RC-Frente Obrero o, como rezan sus carteles: «La esperanza obrera». ¿Difícil resistirse, verdad? Dependiendo del transeúnte, se suelta un poco de verborrea nacionalista o un par de eslóganes contra el posmodernismo para atraer su atención, se le invita a las próximas charlas, se le pide el número y a pastar. ¿Han descubierto la panacea o están más desfasados que la música disco? Estos métodos no se diferencian en nada de lo que lleva años haciendo la UCE y cualquier secta maoísta similar (*).

En cuanto a la cacareada «formación ideológica» consiste, generalmente, en charlas para su propia e insulsa parroquia. En lugar de tratar en profundidad las tareas importantes para el movimiento obrero, éstas giran entorno a obviedades que cualquiera puede saber (*), en repasar los supuestos «éxitos del partido», siempre adornados por las arengas de los líderes, como «¡Antes morir que claudicar!», «¡Cuanto más nos golpeen con más fuerza se lo devolveremos!», «¡Nos atacan porque somos los únicos que hablamos en consecuencia!», «¡¿Dónde se va a sentir un camarada mejor que aquí, entre nosotros?» Todas ellas frases vacías repetidas hasta la náusea y que son más cercanas a rituales de autoconvencimiento de una comunidad religiosa o a un taller de coaching motivacional. 

La cúpula del partido se esfuerza por organizar fiestas y vender merchandising entre conocidos y simpatizantes (*), supuestamente para «aumentar las arcas del partido», aunque en realidad lo recaudado se dilapide en tonterías o acabe en el bolsillo de los jefes (*).

En internet, las «arduas labores» a las que se enfrenta la radican en publicar –de vez en cuando, que tampoco quieren desgastarse– breves comunicados políticos que nada aportan en lo ideológico, pues no se diferencian en nada a los de la competencia. Mientras, la mayor ocupación de la plana mayor es ordenar a la militancia «responder en masa» a los «peligrosos ataques» que recibe el partido en redes sociales, iniciando grandes debates a base de memes o insultos, pero sin entrar nunca en la cuestión ideológica, ni mucho menos adjuntando documentación que argumente su apoyo a una línea determinada.

En todas estas tareas, incluso en cuestiones que podrían ser positivas si se les diera un enfoque serio y profesional, pierden todo valor cuando revisamos que la línea ideológica de estas organizaciones sobre las cuestiones fundamentales brilla por su ausencia, siendo altamente contradictoria, incumpliendo en la práctica lo anunciado en la teoría, o siendo abiertamente revisionistas hasta en sus planteamientos teóricos.

En sus discursos cínicos, Roberto Vaquero se hincha el pecho bramando que RC, a diferencia de otras organizaciones, se deja la piel en el contacto con las masas, acusando al resto de partidos y colectivos de lo contrario. Esto es una fachada más; pues de nuevo se trata de una postura barnizada de mucha verborrea, pero de poca verdad.

Alguna gente argumenta que RC sí ha «cambiado a mejor sus métodos de trabajo» y «está llegando a las masas», pero si realmente eso fuese así, no seguirían haciendo las marchas militares, no mantendría las tácticas como las que vimos en el escrache a Errejon, teniendo que engañar al dueño de un gimnasio popular –como éste denunció– para tener algo de publicidad. Tampoco se hubiera dado la bochornosa escena en la Universidad Complutense de Madrid, aquella en la que diversos militantes de RC irrumpieron en un acto contra el reformista Pablo Iglesias con la única intención de reventarlo. No nos sorprende la reacción cuando este último les ofreció el micrófono para debatir sus discrepancias: salir corriendo bajo los abucheos de los universitarios que les calificaron de fascistas. Esta actitud no sólo dejó al Vicepresidente del Gobierno como un político «cabal» y «abierto», sino que daba a entender claramente al público que el objetivo de RC era llamar la atención de forma oportunista, darse publicidad, no persuadir al público universitario de la nefasta política de Podemos o, peor aún, dieron la impresión de que aparte de gritar carecían de toda capacidad para exponer al político demagogo de turno. Ambas afirmaciones son tristemente ciertas.

Este tipo de formas de agitación tienen un aspecto positivo para la organización, pues logran centrar la atención en torno a RC y, así, atraer a gente cándida e impresionable. También tiene, claro está, otro negativo inmediato: se exponen al público como los hooligans que son, repeliendo a cualquier revolucionario serio. Esta práctica se da en combinación con otras triquiñuelas, como aprovecharse de la gente necesitada que está luchando y demandando apoyos con tal que esta misma envíe mensajes de agradecimiento al FO-RC por apoyar una causa determinada, creyendo, por puro desconocimiento, que FO-RC puede ser una organización honesta que se acerca por interés real, cuando lo cierto es que, como también hacen otros grupos revisionistas, el objetivo es salir en la foto para subirla a redes sociales y alardear de algo irreal. Como sabemos, esto no significa ni de lejos que estos grupos tengan una incidencia verdadera en el conflicto laboral o social en marcha, pues tras cada foto colgándose medallas hay un colectivo o grupo de trabajadores que, dicho llanamente, los ha mandado a paseo. A esta forma de agitación izquierdista y primitiva parece haberse añadido, en contrapartida, un componente derechista e igual de desesperado: hablamos de la creación de plataformas electorales-tapadera con una publicidad socialdemócrata en aquellos municipios en los que intentaron asaltar la alcaldía en las pasadas elecciones. 

Los militantes más inocentes de RC creen de buena fe que las actividades exclusivamente reservadas para los «revolucionarios» de verdad serían el colocar indiscriminadamente carteles del partido, vender bocadillos y camisetas en un mercadillo, hacer colectas para un concierto o un torneo «solidario» para financiar el partido, dar «charlas de formación» para la militancia y los simpatizantes donde se venden las obras del líder, repartir caritativamente la comida sobrante para ganar unos pocos votos, o desfilar banderas en fechas señaladas con antorchas e imágenes… pero deben saber, primero; que esos actos no son la principal característica de un partido comunista, sino más bien de un club de amigos del folclore «comunista», de un club de lectura o de una asociación religiosa, y segundo; que sus líderes no han inventado la pólvora, solo han tomado los mismos patrones de actuación que observaron dentro del PCPE y el PCE cuando militaron en estos partidos.  

Ni comentar las actividad ociosa de su Secretario General, que se reparte el tiempo entre plagiar libros (*), hacer reseñas apremiantes sobre las novedades de Netflix (*), libros de ciencia ficción (*), y por supuesto… ¡sin olvidarse de cobrar a su comunidad en Patreon por sus importantísimas charlas enseñando cómo ser un buen patriota (*)! Junto a su giro derechista en materia nacional y cuestión LGTB que luego abordaremos en profundidad, podemos decir que tenemos completada ya la metamorfosis de Vaquero en Armesilla.

Esto que venimos argumentando constata que, en pleno 2020, RC sigue utilizando los mismos métodos de siempre o, mejor dicho, que apenas ha evolucionado.

Si no conociésemos estas trampas nos podríamos dejar «impresionar» por el «crecimiento del FO-RC». Ahora bien, todo es puro marketing. ¿Qué podemos esperar un grupo que publicita su «nueva célula» que, tres meses después, está totalmente destruida? Pues que le importa más aparentar que otra cosa. Si no fuese así, si RC no necesitase ese relato ficticio, no caerían en el patetismo de publicar con asiduidad imágenes que rezan «¿Qué hemos hecho esta semana?», y todo consiste en una reunión de un puñado de militantes, o en carteles de FO-RC en farolas y muros de diferentes localidades (*), como si eso demostrase la «imparable expansión del partido» y «el aumento del apoyo popular». Insistimos, ¿en qué se diferencia esta mentalidad fantasiosa de la de otros grupúsculos maoístas (*)?

Es normal que un partido informe a las masas de su presencia en actos importantes y que se publicite, pero lo de RC excede todo lo visto. Además, como han expuesto varios exmilitantes, recurren demasiado al viejo truco de poner a todos sus militantes detrás de otras organizaciones en las manifestaciones y protestas para parecer más de los que realmente son, así como de intentar «copar» ciertos bloques espontáneamente en manifestaciones masivas, rellenando sus bloques con masivos despistados, técnicas muy viejas heredadas de otras formaciones que, a estas alturas, solo pueden engañar a los niños.

Si siguiésemos esa línea de dejarnos impresionar por el debate de los números e influencia, como acostumbran a hacer los oportunistas. Siguiendo está lógica, el PCE revisionista de Carrillo debería de ser nuestro referente ya que, en los años 60 y 70, tenía mayor peso que cualquier otra organización. Pero, repetimos, hay que distinguir muy claramente qué es eso de «trabajo de masas» en un sentido bolchevique, hay que entender la diferencia entre lo que es en un partido comunista y lo que hacen los revisionistas, puesto que los objetivos y los métodos son diferentes.

La principal forma de crecimiento que conoce RC no es en base a un trabajo serio y comunista, sino a seducir a la gente a través de una falsa imagen –cosa que ahora puede permitirse no solo por las cuotas de sus militantes, sino por las subvenciones públicas que recibe (*), las cuales permiten una mayor publicidad–. La mayoría de exmilitantes confiesan haber iniciado su militancia en RC por los desfiles –cosa que ya nos hace ver ante qué tipo de «comunistas» estamos–, otros aluden que lo hicieron debido a las recomendaciones de un amigo y, otros tantos, porque percibían inicialmente una apariencia de seriedad que pronto se tornó pura fachada. Lo dicho: publicidad engañosa vendida por gente cercana o externa a la organización, la cual puede hacer que el sujeto honesto sea retenido durante un tiempo. De hecho, a algunos les cuesta sangre, sudor y lágrimas abandonar RC –por intereses personales, miedo, chantajes emocionales o falta de autoestima–, pero los militantes válidos acaban huyendo de este tipo de sectas, aunque muchos otros tienen un nivel ideológico tan bajo y un nivel de sacrificio tan ínfimo que, aunque no posean conciencia real de lo que pasa a su alrededor, huyen al no encajar dentro de los amiguismos y la presión psicológica que se exige para adaptarse a estos círculos.

Tras el volantazo a la derecha en temas como cuestión nacional (*) o sus comentarios hacia el colectivo LGTB (*), RC se ha ganado la simpatía de los grupos cercanos a toda la calaña socialchovinista de la Escuela de Gustavo Bueno. Por contra, son cada vez más odiados a nivel general por todo el movimiento antifascista y los destacamentos más avanzados del marxismo, ya que han quedado destapados como una roja variante más del falangismo. Esto debería hacernos reflexionar sobre qué gente quiere entrar hoy a militar en RC, pues atrás han quedado los días en el que eran un grupo desconocido capaz de engatusar al militante medio. En la red, donde antes no existía información sobre la organización –salvo un par de comunicados breves de denuncia de grupos antifascistas y feministas–, ahora existe toda una serie de publicaciones que desenmascaran lo que ha sido y es RC, empezando por el presente documento, que ha sido fuente de criticismo para muchos exmilitantes que han abierto los ojos. 

Pero para no hablar por hablar, procedemos a documentar todo lo dicho en profundidad, desde sus inicios hasta la actualidad.

Los desfiles como ritual de socialización

Si hay una cuestión que identifica rápido a RC son sus desfiles engalanados con harta simbología, algo que practican con asiduidad todos y cada uno de sus homólogos. 

Hace años, una escisión del PCOE realizó una crítica breve pero que resume a la perfección el principal defecto de estos:

«Pronto nos sorprendéis con unos desfiles que, antes de ganarse el apoyo de las masas y antes de que éstas tengan un ápice de conciencia comunista, las asustan en lugar de atraerlas. «Pero lo hacían en la U.R.S.S. de cuando Stalin estaba vivo», decís. ¡Claro! ¡Con el socialismo triunfante no había que preocuparse de si las masas sabrían qué significaba todo aquello y de si ese despliegue de simbología les iba a reforzar un prejuicio negativo sobre el comunismo adquirido por la alienación capitalista en tanto que ésta había sido barrida del mapa junto a la burguesía como tal! A eso se le llama desviación izquierdista». (Comunicado para la escisión voluntaria de los camaradas del «Grupo de crítica» al Partido Comunista Obrero Español, 2015)

Evidentemente, realizar marchas con hoces y martillos, con caras de los íconos del comunismo, como si se tratase de Semana Santa y se sacasen a los santos a pasear, es, se quiera o no, una muestra de lo poco que han avanzado los grupos revisionistas en la cuestión agitativa, especialmente si se los compara a los antiguos partidos comunistas y sus formas rudimentarias. 

Estos desfiles intentan emular, suponemos, a aquellos que realizaban los brazos armados de los partidos comunistas durante la primera mitad del siglo XX. Ahora bien, nosotros nos preguntamos, ¿conocen la razón de estos desfiles? ¿El contexto histórico en el que se daban? Los desfiles paramilitares de los partidos comunistas se dieron en un momento histórico en el que un porcentaje elevadísimo de la población había participado en una guerra, bien fuera una guerra mundial, bien una guerra colonial, o había recibido instrucción militar como consecuencia del sistema de reclutamiento forzado. En este periodo, proliferaban el pistolerismo, la violencia política y la presencia de grupos paramilitares ultraderechistas –podríamos mencionar a los Freikorps o las Sturmabteilung como dos casos bien conocidos–. La existencia de grupos paramilitares comunistas no se daba por estética, sino por necesidad. Los desfiles, en aquél entonces, tenían sentido, en tanto que los comunistas gozaban de un amplio apoyo entre las masas trabajadoras que, de hecho, identificaban aquellos grupos como «sus soldados», y no como un grupúsculo de skinheads con ínfulas de grandeza. Cómo pensar que Vaquero y compañía iban a realizar un análisis histórico medianamente acertado. 

«Sus defensores dirán: «¿Acaso queréis que los comunistas renuncien a sus símbolos?» Para nada, pero es que esa ni siquiera es la cuestión. Claro está que los comunistas no deben renunciar a sus símbolos, ni deben dejar de reivindicar a sus figuras, pero hay una diferencia enorme entre el trabajo de cara a los militantes del partido y el trabajo de cara a las masas no convencidas, tanto en el lenguaje como en la estética que se debe adoptar y, obviamente, si hablamos de operar en una España alienada y todavía mayoritariamente anticomunista, utilizar esa simbología a mansalva supone, desde luego, una forma muy torpe de acercarse a los trabajadores. Este error sería algo secundario, algo que podría ser solventado en caso que los trabajadores, pese a sus prejuicios anticomunistas, se encontrasen frente a un verdadero partido comunista con una línea ideológica impecable y un trabajo de masas sensato. Pero no, estamos hablando de organizaciones revisionistas, señores, tal cosa nunca ocurrirá bajo su dirección y, por ende, este desfile de simbología solo choca frontalmente contra la gente que no sabe qué es realmente el comunismo ni conoce qué defendieron esas figuras icónicas, salvo por los cuentos de terror que aprendieron de la burguesía. En verdad, este tipo de desfiles solo atrae a aquellos que se dejan guiar por la estética, pero que eluden comprender y comprobar la línea política. Y es que, ¿a quién sino puede atraer este tipo de desfiles cuando en los análisis sobre las cuestiones de peso se incurre en un discurso vacío, cuando no contrarrevolucionario? A los formalistas, a los inmaduros, en resumen, a las capas atrasadas.

Es también válido decir que, entre el estilo militar, la vestimenta y el ver tanto «pelado» de por medio, estos desfiles nos recuerdan más a las muestras de poder de las SS por el toque paramilitar y la vestimenta, o al de los actuales grupos neonazis de Ucrania, que a una manifestación de presuntos comunistas. Para que el lector no crea que estamos de broma, véase (*) una imagen publicada en la web de RC de sus desfiles y compárese con un desfile de los grupos neonazis polacos (*).

Es una completa vergüenza que, en un burdo intento de aparentar seriedad, suplan un rol anticomunista; el de ayudar a relacionar, a ojos de las masas, que el comunismo es igual, en este caso en lo estético, al nazismo, el pandillerismo, los skinheads, y el paramilitarismo.

Salvo un par de detalles, las nuevas formaciones fascistas españolas como Bastión Frontal [*] son indistinguibles de RC [**]. Si el lema de RC es «Organización, formación y combate», para Bastión Frontal el lema es «Militancia, formación y combate». Los unos hacen el saludo romano y los otros levantan el puño; los primeros prefieren símbolos más novedosos y nacionales como un molino, mientras que los otros ensucian la hoz y el martillo para desgracia del comunismo. Pero, ¿en qué se «forman» y qué «combaten»? Bastión Frontal es honesto y se considera una organización nacionalista, su retórica es de sobra conocida. RC aunque no lo confiese todavía, sigue la misma estela de este nuevo falangismo. Esto se hace notar por un discurso basado cada vez más en el menosprecio de otras naciones, reivindicación del «orgullo de la conquista de América» del imperio español, comentarios fuera de torno sobre los inmigrantes, homofobia o transfobia generalizada, etc. No por casualidad las organizaciones de estos colectivos han sido el blanco de las huestes tanto de Bastión Frontal como RC. 

Véase el capítulo: «Los nuevos socialchovinistas: la postura de RC sobre la cuestión nacional» de 2020.  

Véase el capítulo: «La izquierda retrógrada y la izquierda posmoderna frente al colectivo LGTB» de 2020.

¿Participar en frentes donde solo está presente el propio partido?

¿Realiza dicha organización algún tipo de política de masas en frentes? ¡Sí por supuesto! Participan en aquellos «frentes de masas» donde solo militan sus propios militantes (¿?):

«Así mismo, esto provoca una errónea concepción de la separación partido-frentes, pretendiendo hegemonizar los frentes, principalmente de carácter económico, mediante la participación de gran número de camaradas en ellos. A su vez, unido a una mala práctica en el seno de los mismo, nos ha llevado no pocas veces a «sectarizarnos», a crear frentes en los que acabamos trabajando prácticamente con nosotros mismos, por lo que dejan de ser frentes «de masas» para convertirse, indirectamente, en apéndices bien del partido, bien de la juventud. No citaré ejemplos concretos por seguridad, pero basta pensar en los principales frentes donde se trabaja en Madrid, por ejemplo, para constatar esto claramente». (P. R., exmiembro de Reconstrucción Comunista; Carta de cese a la militancia, 29 de octubre de 2015)

Como vemos con el innovador y mejorado método de trabajo de masas «robertista», ahora los marxista-leninistas deberíamos fijarnos en sus métodos y trabajar en frentes donde nuestra labor es ir a convencernos a nosotros mismos (sic). ¿¿¡Se puede ser más estúpido!?? 

«Entrevistado: Ahora el programa del Frente Obrero lo han intentado maquillar, pero lo importante aquí es ver su praxis, y se está viendo que RC está tirando hacia un derechismo cada vez más evidente, que luego me gustaría comentar.

El asunto es que, como se puede deducir, es un frente creado por y para el partido –otro más, y he perdido la cuenta–, con lo cual se le incorporan las mismas deficiencias que al partido, sumado a las que puedan surgir nuevas propias de un pretendido «frente de masas». No sé hasta qué punto la creación de un frente compuesto por otras ramas del partido puede traducirse en una progresión a la hora de influencia, cohesión, organización y trabajo para con las masas. Vamos, la historia de siempre en RC, ser los mismos tanto en partido como en los «frentes» que dicen conformar.

Equipo de Bitácora (M-L): RC desde luego rompe moldes: monta un frente de masas sin que su partido tenga influencia, y trata de ganarse a la pequeña burguesía sin que tenga aún presencia entre la clase obrera. Empiezan la casa por el tejado. Quizás esto es lo que ellos consideran forjar el partido de «nuevo tipo», pero no el del leninismo, sino el del revisionismo maoísta.

Entrevistado: En el caso del FO, es innegable que el propósito político del FO es muy atractivo y sugerente –al menos en apariencia–, por un lado porque se camuflaban las siglas del partido en otro frente que todavía no está desgastado por los escándalos, ni demasiado vinculado a RC –aunque esto ha empezado a dejar de ser así–, lo cual implicaba –al menos en un inicio– el no espantar al noventa por ciento de la gente que se intenta atraer. Por otro lado, por el aspecto de amplitud ideológica que tiene, haciendo creer que es un frente político donde convergen distintas posturas con unos mínimos en común, pero lo que realmente pasa es que el partido está detrás de todo hasta en la sopa, porque no hay ninguna organización más, es decir, ajena a RC. Esto refleja que no hay una concepción sana en cuanto a la relación partido-frente ni vanguardia-masas.

Sólo hay que ver los discursos o vídeos públicos en que se dirigen a trabajadores para reafirmar que simplemente están «azuzando» el obrerismo, mas no una auténtica concienciación comunista, máxime cuando su programa es alcanzar una república interclasista.

Por lo tanto, si mañana abren FO en Ceuta o Melilla, eso no significaría nada, no implicaría que estén llevando un trabajo real. Yo recuerdo que a mi pueblo lo nombraban y ponían en carteles apenas me uní yo, y era surrealista hacer eso porque literalmente estaba yo solo; es la tónica de siempre, hinchar todo para que parezca que mañana toman la Moncloa, pero es irreal. Basta con que desde mi casa de Gibraltar diga que quiero unirme, imprimo dos carteles, los pego y mañana lo suben al instagram diciendo: «Frente Obrero llega al corazón de los obreros hispano-ingleses del peñón». Así de triste pero cierto». (Equipo de Bitácora (M-L); Conversación con un reciente exmilitante de RC de Llíria, sobre los últimos fenómenos de la organización, 2019)

Como dijimos, RC ha venido no para recuperar la savia revolucionaria de antiguas organizaciones, ¡sino para emular sus errores y sus peores defectos!:

«El PCE (m-l) tuvo este tipo de organizaciones satélite a su cargo, pero eso no solucionó automáticamente la falta de influencia entre las mujeres –ni qué hablar hacia los campesinos o los soldados–. Este «creacionismo», sobre todo para un partido que acaba de nacer, supone crear más trabas burocráticas que otra cosa, así como un desperdicio evidente de energías. Ciertamente debe de existir dentro del partido una sección específica, una secretaria –si se quiere decir así–, que se dedique a abordar los problemas de la juventud, pero no como para que exista en sí una rama segregada del partido, ni mucho menos autónoma, pues las ramas y frentes «tapadera» no hacen sino diluir la popularización del partido sobre cuestiones genéricas que enlazan los intereses comunes de todo el pueblo trabajador, entre ellos, crear una conciencia socialista generalizada. (...) Este defecto del «creacionismo» mecánico e indiscriminado de pequeñas ramas específicas del partido como sinónimo de «frente de masas», es un defecto ya clásico que es reproducido hoy por casi todas las organizaciones revisionistas, cualquiera que eche un vistazo al actual PCE (m-l), RC, PCPE, PCTE, PCE, etc. sabrá de lo que hablamos. En muchas ocasiones lo combinan con las alianzas con otros oportunistas sin principios. De este modo, creen estar solventando su estilo de trabajo desfasado. Aunque parezca una broma, con este tipo de formalismos que son estos frentes-fantasmas, unos piensan poder disimular estas carencias y otros creen que de verdad están creciendo en influencia». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2020)

En 2015, Felipe, ex Secretario de Organización, que nadie negará que algo debía saber del estado real de la organización en la cuestión del trabajo de masas, en su carta como todavía militante denunció los defectos de RC, dejando constancia de este penoso fenómeno, pero claro, esta carta jamás llegó a la militancia y el Comité Central se la guardó para que nadie viese sus defectos:

«La militancia no está preparada para llevar una estrategia clara en los distintos frentes, al menos fuera de Madrid. Esto tiene varios puntos, uno el anterior nombrado, la falta de aplicación de esa formación teórica, y el otro la falta de análisis de esta secretaría a la hora de hacer las estrategias en cada frente, esto es igual culpa del secretario por no plantearlo así, como de los militantes de base por no hacer los documentos como deberían hacerse, así entre el desconocimiento de cómo van los frentes en cada territorio como por la pasividad de los militantes que en ellos trabajan estamos cada vez con menos fuerza en los frentes, ya que a día de hoy y en esto igual me equivoco, pero hasta donde tengo constancia solo tenemos hegemonizados y ni eso y no todos, los frentes que nosotros mismos hemos creado. Con esto creo que deberíamos de empezar a trabajar en frentes más profesionalizados y ver la fuerza real que tenemos en ellos, donde los partidos reaccionarios tienen la hegemonía, perder el complejo, pero ir nosotros donde anden las masas y no esperar a que vengan». (Felipe; exmiembro de Reconstrucción Comunista; Carta de crítica al Comité Central, 16 de octubre de 2015)

Sin palabras. ¿No es este defecto una reminiscencia muy vieja que arrastra el movimiento marxista-leninista internacional?:

«¿En qué radica la fuerza de la socialdemocracia en los países occidentales? En qué se apoya en los sindicatos. ¿En qué radica la debilidad de nuestros partidos comunistas en los países occidentales? En que no se han compenetrado todavía íntimamente con los sindicatos y algunos elementos de estos partidos comunistas no quieren compenetrarse íntimamente con ellos. Por esta razón la tarea principal de los partidos comunistas de los países occidentales consiste, en el momento actual, en desarrollar y llevar a término la campaña por la unidad del movimiento sindical en hacer que todos los comunistas, sin excepción, entren en los sindicatos, en desplegar dentro de ellos una labor sistemática y paciente para lograr la cohesión de la clase obrera contra el capital, y en conseguir de este modo que los partidos comunistas puedan apoyarse en los sindicatos». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Balance de los trabajos de la IXVº Conferencia del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, 13 de mayo de 1925)

Entre la camarilla de Roberto, su mano derecha Adrián llegó a cocinar la teoría de que «No se puede trabajar en los sindicatos porque son muy reaccionarios y se niegan a seguir la línea del partido». De ahí que RC haya cesado todo intento de trabajo en los sindicatos obreros. Increíble pero cierto:

«Felipe: Al principio de entrar a Reconstrucción Comunista (RC) se trabajaba con el Coordinador Sindical de Clase (CSC), un sindicato residual sin ningún tipo de fuerza en Madrid más allá de aparecer en dos manifestaciones al año. Hubo un tiempo en que sí se trabajaba más activamente, pero por edad y situación solo podía trabajar en él Javier. Una vez que él dejó de acudir a las reuniones, se dejó de hacer cualquier tipo de trabajo sindical, algo lógico si planteamos que en lo que era la organización menos de un 5% sabía lo que era trabajar y ese mismo porcentaje aproximadamente sería el que estaba en edad activa. Cuando Javier se fue del partido ya se dejó directamente ni de plantearse trabajar en ningún sindicato. Digo que se dejó de plantear ya que todo se tenía que hacer exclusivamente en Madrid, donde el porcentaje de gente que diera un perfil mínimo para trabajar en un sindicato bajaba de ese ridículo 5%.

En mi última época solicité, por necesidad laboral, entrar en un sindicato. Después de estudiar los distintos sindicatos de Valencia, el único en el que se podía hacer trabajo político y social era la CGT, con lo cual pedí permiso al secretario de Frente de Masas y una hoja de ruta de cómo plantear el trabajo en dicho sindicato. La respuesta de Adrián, la persona supuestamente más cualificada para liderar el trabajo de frente de masas fue «No, no trabajamos en sindicatos porque ninguno sigue la línea de nuestro partido, espérate a que creemos nuestro propio sindicato». No es broma (Risas). Un grupo que no tenía más de 100 militantes y con una media de edad de 19 años, sin abogados y sin experiencia laboral, iba a formar un sindicato de clase y combativo, esta y muchas otras cosas las quería tratar en el central ampliado del 13 de febrero de 2016, donde iba a presentar mi dimisión de todos los cargos por diferentes motivos. Este central jamás se llegó a celebrar a causa de las detenciones del 27 de enero de 2016.

Todo esto puede parecer una locura a simple vista y visto desde fuera, pero no lo es. Era la forma de actuar de Roberto Vaquero –de ahí mismo nace RC, de no poder mandar ni en la UJCE [Juventudes del PCE] ni en CJC [Juventudes del PCPE]–. En RC, el trabajo de masas consistía en que si no puedes entrar en un frente porque estás vetado de dicho espacio –una realidad sobretodo palpable en Madrid– o no lo logras hegemonizar, crea el tuyo propio con tus propios militantes, de ahí que siempre sean los mismos colectivos los que firman los comunicados y manifestaciones marginales. Lenin decía que debía haber un militante delegado en cada frente. Quizá esa cita la copió al revés y entendió que era un frente –o más, pues casi todos militan en varios frentes– por militante.

En el ámbito universitario hubo una época en que sí se era fuerte en Madrid, mientras manejaba todo ello Rubén, el cual supo llevar lo que era el trabajo de masas dentro de los centros de estudio. En realidad, el secreto del éxito era que trabajaba como él veía sin hacer caso a Roberto, ya que Rubén sabía lo que era trabajar al pie del cañón, cosa que Roberto nunca supo. Al irse Rubén y quedarse en manos de Pablo el trabajo en la universidad fue aguantando ese éxito, pero todo se volvió de nuevo residual al encargarse Adrián, no porque el chaval no supiera manejar la situación ya que tenía buenas ideas, pero se fue todo al garete al ser un títere de Roberto y no confrontar con él para nada, gente así era la que quería Roberto para su dirección, pero esto lo trataremos más adelante. Desde entonces, entre intentos de «cacicadas» dentro de los sindicatos estudiantiles, robos de material a los mismos y conflictos de género, tengo entendido que ya no pueden ni aparecer por las universidades en Madrid. Donde ahora parece que están creciendo es en Valencia, pero muy a la cola de sindicatos universitarios realmente grandes, esto de Valencia es algo totalmente pasajero, ya que se han aprovechado de la falsa plataforma de apoyo a los detenidos del 27E y de su falsa concepción del conflicto de género, y todo esto tarde o temprano acaba saliendo. También influye el hecho de ser grupos –círculos de amistad– de chavales de entre 18 y 22 años, algunos de los cuales han entrado en masa y medianamente organizados a las mismas facultades y carreras, llevándose así consigo a chavales marginales hacia su terreno, todo esto cuando se empiecen a distanciar dentro de la misma universidad se verá el resultado, ya que técnicamente no tienen nada más que las directrices de Madrid». (Equipo de Bitácora (M-L); Entrevista a dos exmiembros del Comité Central de Reconstrucción Comunista sobre su experiencia en dicha organización, 2017)

Esto no es ninguna opinión subjetiva, es completamente la pura verdad como se puede ver en la documentación interna de dicha organización. En el apartado «Frente de masas» de los documentos al IIº Congreso de 2015 –que se negaron a enseñar al público y que nos ha sido facilitado gracias a los exmilitantes– se estableció como línea oficial la no participación tanto en los grandes como en los pequeños sindicatos de la actualidad:

«Debido a la actual situación de inexistencia de un sindicato estatal que represente los intereses de la clase obrera y descartada la participación en las empresas sindicales lacayas de la burguesía y su Estado –CC.OO. y UGT–, nos vimos obligados a emprender la búsqueda de un auténtico sindicato de clase y combativo. Hasta 2015 nuestra apuesta sindical ha sido la CSC (Coordinadora Sindical de Clase), en la que hemos tenido una mayor actividad a través de la CSM (Coordinadora Sindical de Madrid). Lamentablemente, tanto la CSM como la CSC están plagadas de elementos trotskistas y derechistas a todos los niveles que imposibilitan la correcta actuación de ambas coordinadoras.

Ante este panorama, urge que el Partido enfoque sus esfuerzos en el ámbito de la lucha sindical, en la toma de contactos con estructuras sindicales que defiendan los intereses del proletariado. Si estas estructuras no existen, el Partido deberá fomentar la creación de un nuevo sindicato que, siguiendo la línea del PML(RC), garantice la lucha en pro de los intereses de la clase obrera». (Reconstrucción Comunista; Documentos del IIº Congreso, 2015)

Como el actual PCE (m-l), RC tiene la casual «manía» de esconder la mayoría de informes de sus plenos o de sus congresos, así como sus resoluciones, existiendo solo contados documentos desde su fundación en 2006, aplicando la máxima cobarde de muchos partidos revisionistas de: «cuanto menos se publique menos podrán criticarnos». Esta política cobarde solamente lleva al autoaislamiento, a que solo se acerquen al partido por motivos de siglas y postureo folklórico.

¿Cómo no va a conducir esta línea política sectaria al aislacionismo? ¡¡¡He aquí nuestros líderes de Reconstrucción Comunista (RC), que no solo intentan emular a Tito, a Jruschov, a Mao, a Trotski, sino también a semianarquistas como Pannekoek!!! Venir a teorizar esto es volver a la época de las catacumbas, a las ideas del premarxismo, desviarse hacia el anarquismo que tanto confrontaron los revolucionarios de antaño:

«Pero la lucha contra «la aristocracia obrera» la sostenemos en nombre de las masas obreras y para ponerlas de nuestra parte; la lucha contra los jefes oportunistas y socialchovinistas la sostenemos para ganarnos a la clase obrera. Sería estúpido olvidar esta verdad elementalísima y más que evidente. Pero tal es, precisamente, la estupidez en que incurren los comunistas alemanes «de izquierda», los cuales deducen del carácter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas sindicales la conclusión de que es preciso ¡salir de los sindicatos!, ¡renunciar a actuar en ellos!, ¡crear formas de organización obrera nuevas, inventadas! Una estupidez tan imperdonable que equivale al mejor servicio que los comunistas pueden prestar a la burguesía. (...) No actuar en los sindicatos reaccionarios significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía, de los obreros aristócratas u «obreros aburguesados». (...) Precisamente la absurda «teoría» de la no participación de los comunistas en los sindicatos reaccionarios prueba del modo más patente con qué irreflexión abordan estos comunistas «de izquierda» el problema de la influencia entre «las masas» y cómo abusan de su griterío acerca de éstas. Para saber ayudar a «las masas» y conquistar su simpatía, su adhesión y su apoyo no hay que temer las dificultades, las cicaterías, las zancadillas, los insultos y las persecuciones por «los jefes» –que, siendo oportunistas y socialchovinistas, están en la mayor parte de los casos relacionados directa o indirectamente con la burguesía y la policía– y se debe actuar sin falta allá donde estén las masas. Hay que saber hacer toda clase de sacrificios y vencer los mayores obstáculos para efectuar una propaganda y una agitación sistemáticas, tenaces, perseverantes y pacientes precisamente en las instituciones, sociedades y asociaciones, por reaccionarias que sean, donde haya masas proletarias o semiproletarias. Y los sindicatos y las cooperativas obreras –estas últimas, por lo menos, en algunos casos– son cabalmente las organizaciones donde están las masas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

¿Es más, qué opinaba Stalin de las tesis sindicales de este tipo? ¿Son conjugables las tesis de Stalin con este tipo de maoístas occidentales?:

«Si se pregunta a las amplias masas de Alemania o del resto de Europa qué organización es para ellas más afín, el Partido o los sindicatos, responderán sin duda que los sindicatos les son más afines que el Partido. Bueno o malo, esto es un hecho: los trabajadores sin-partido de Europa ven en los sindicatos sus principales fortalezas, que les ayudan a luchar contra los capitalistas –salario, jornada, seguros, etc.–, mientras que el Partido es para ellos algo auxiliar y secundario, si bien preciso. Eso explica que las amplias masas obreras vean en la lucha directa que los «ultraizquierdistas» mantienen desde fuera contra los sindicatos actuales una lucha contra sus principales fortalezas, que ellos construyeron durante decenas de años y que ahora «los comunistas» quieren destruir. No tener en cuenta esta particularidad, significa hundir el movimiento comunista del Occidente. Pero de ahí se desprenden dos conclusiones: en primer lugar, en el Occidente es imposible conquistar las masas de millones de obreros sin conquistar previamente los sindicatos, y, en segundo lugar, es imposible conquistar los sindicatos sin trabajar dentro de ellos y sin fortalecer allí la influencia propia. Por eso se debe conceder especial atención al trabajo de nuestros camaradas en los sindicatos. Por ahora, nada más. No se enfade conmigo por mi sinceridad y aspereza. Hoy vamos a ver, con qué facilidad el oportunismo trotskizante le encanta inventar todo tipo de chismes y hacer revaluaciones históricas basadas en el único fundamento que la mente calenturienta de sus autores». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta al camarada Me-rt, 28 de noviembre de 1925)

He aquí por qué ninguna de estas organizaciones que tanto se las dan de superadores de «los errores del Ciclo de Octubre» no han podido hacer una quincuagésima parte de lo que hicieron los bolcheviques como Lenin y Stalin.

RC, en vez de seguir la línea sindical leninista, emula al PCE (r), ¡a los cuales tampoco les parece correcto que se deba participar en el trabajo sindical de las grandes centrales sindicales del país!

«¡Qué pinta una fracción roja o un círculo obrero dentro de CC.OO. o UGT? Los obreros más avanzados no se encuentran en CC.OO. y UGT por la sencilla tazón de que se han hecho incompatibles con esas centrales». (Partido Comunista de España (Reconstituido); Antorcha, número 6, 1999) 

Aquí se nos presenta la estúpida teoría espontaneista de que los obreros tienen la suficiente conciencia como para saber que Comisiones Obreras (CC.OO.) y la Unión General de Trabajadores (UGT) no los representan, entonces ya está caballeros, no hace falta realizar una labor de masas, ya que los obreros se organizan solos en sindicatos revolucionarios aparte, qué suerte, todo está hecho. Por esa regla de tres, los obreros también verían como incompatibles a los grandes partidos PP y PSOE, ¿no? 

Podemos ver registrado que los dos sindicatos reformistas más grandes, lejos de lo que pronosticaba el PCE (r) en 1999, han tenido un crecimiento exponencial: CC.OO. de 1976 a 2010, es decir desde la transición hasta el momento de la crisis económica nacional e internacional, ha tenido un crecimiento ininterrumpido llegando hasta el 1.200.000 de afiliados, a partir de entonces ha caído en 2015 a 909.052. Por otro lado, UGT en 2009 contaba con 1.151.451 personas, pero de nuevo por su política amarillista en medio de la crisis se fue reduciendo hasta que en 2013 rozaba los 1.110.000 afiliados, y en 2015 928.846. Pero no son los únicos, según otros datos, el tercer sindicato más grande, la Unión Sindical Obrera (USO) pasó de 121.165 en 2008 a 114.612 en 2015, del mismo modo la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) pierde de 175.200 afiliados a 174.848. Como se ve, es una bajada generalizada del sindicalismo principal en todas sus corrientes y no solo son por los niveles de paro como aluden, sino por la propia política de colaboración de clases. Véase la obra de Sandra Senin Otero: «Introducción a los sindicatos en España, financiación, afiliación y sindicatos más representativos» de 2014.

En 1977 había 1.606.600 afiliados en los sindicatos con una población asalariada del 8.705.200, lo que hace una tasa del 18,40%, para 2013 había evolucionado hacia los 2.434.803 afiliados con una población asalariada de un 15,90%. Sin duda la tasa ha bajado, no hay tampoco duda de que España es un país con baja afiliación sindical comparado con otros países, pero eso no importa siempre que sea para tener perfectamente alineada a la población. Estados Unidos o Polonia cuentan con tasas aún inferiores y no ha habido un cambio en la mentalidad de los trabajadores, siguen siendo bastiones donde la reacción ha embrutecido a las masas. 

Pero no nos engañemos con estos datos. La postura de contentarse con decir que los «sindicatos están en crisis» y quedarse de brazos cruzados porque su afiliación ha decaído, es un crimen imperdonable:

«Muchos de nuestros camaradas, pasando por alto la gravitación de los obreros hacia los sindicatos y ante las dificultades que ofrecía el trabajo de los sindicatos adheridos a Amsterdam, no se detenían en esta complicada tarea. Hablaban invariablemente de la crisis orgánica de los sindicatos de Amsterdam, de que los obreros abandonaban los sindicatos y perdían de vista cómo éstos, después de un cierto descenso al comienzo de la crisis económica mundial, empezaron a crecer de nuevo. (…) En los países, donde existen pequeños sindicatos rojos, les recomendamos que procuren ingresar en los grandes sindicatos reformistas, exigiendo la libertad para sostener sus opiniones propias, el ingreso de los miembros expulsados; y en los países, donde existen paralelamente grandes sindicatos rojos y reformistas, recomendamos que exijan la convocatoria de un Congreso de unificación sobre la plataforma de la lucha contra la ofensiva del capital y la salvaguardia de la democracia sindical. Hay que afirmar, del modo más categórico, que el obrero comunista, el obrero revolucionario, que no pertenece al sindicato de masas de su oficio, que no lucha por convertir este sindicato reformista en una verdadera organización sindical de clase, que no lucha por la unidad del movimiento sindical sobre la base de la lucha de clases, no cumple con su deber proletario primordial». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 2 de agosto de 1935)

Nótese como estas barbaridades que esgrime el PCE (r) sobre el sindicalismo coinciden justamente con la de otros grupos maoístas que también se encontraban encerrados en sus mundos de fantasías y con los que precisamente polemiza de vez en cuando, pero que hacer que dejen de ser primo-hermanos. Una de las variadas ramas del «reconstitucionalismo», opinaba en su sección «Documentos sobre los fundamentos de la táctica Comunista», desde el órgano escrito de su «partido» ya desaparecido:

«El sindicato sólo genera conciencia de clase burguesa; y sólo es posible combatirlo desde la conciencia comunista y desde el Partido Comunista. No hay terceras vías a lo Marta Harnecker, no existe la evolución natural del sindicalismo al comunismo, ni de la conciencia obrera a la conciencia revolucionaria. El comunismo es la única expresión revolucionaria y la única forma de conciencia verdaderamente proletaria, contraria a la forma burguesa que el obrero reproduce espontáneamente. El proletariado, o se incorpora a la revolución con el Partido Comunista, o se incorpora a la reacción desde alguno de sus organismos de masas, como el sindicato. (...) Es en estos términos que rechazamos la línea de masas sindicalista, la consigna de ir inmediatamente a los sindicatos para ganar a las masas frente al oportunismo de sus direcciones». (Partido Comunista Revolucionario (Estado Español); La Forja, Nº35, 2006)

Los nuevos grupúsculos «reconstitucionalistas» de la actualidad se atienen a estos principios anarcoides mientras a la vez, paradójicamente, se lamentan el hecho de que las masas prestan más atención a otros oportunistas que al menos sí hacen aunque sea un mínimo de trabajo sindical. Estos avestruces políticos creen que la lucha contra la burguesía y sus agencias revisionistas se hacen solo por medio de deseos.

La política de RC y otros grupos maoístas es una herencia de los métodos de trabajo premarxistas, que bajo el conformismo y la holgazanería justificaban su inoperancia, o más recientemente, es una copia de las ideas thälmmanianas, que justificaba el no trabajar en los sindicatos bajo la excusa de que son reaccionarios e inoculan ideas capitalistas en la mente de los trabajadores. ¡Normal! Es lo que ocurre cuando dejas que la burguesía hegemonice una organización de masas, un error que muchos marxistas aprendieron a la fuerza viendo sus nefastas consecuencias:

«En el otoño de 1932, el XIIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista condenó la idea bastante generalizada de que «los sindicatos son una escuela del capitalismo». Fue solo en el otoño de 1932 que el Partido Comunista de Alemania publicó a los comunistas el lema de la defensa de las organizaciones laborales y su propiedad, lo cual ayudó a despertar la fuerte simpatía por los comunistas entre todos los miembros de los sindicatos, las cooperativas operarios y el Partido Socialdemócrata». (Wilhelm Pieck; Las actividades del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista; Informe en el VIIº Congreso de la IC, 26 de julio de 1935)

Sobre el tema sindical hay que decir que básicamente más allá de las características del movimiento obrero de cada país, algunos no entienden o no quieren entender que los trabajadores salvo honrosas excepciones no se autoconciencian solos. La lucha económica del sindicalismo les da ciertamente una cierta conciencia que Lenin llamó conciencia tradeunionista, pero no toda la necesaria para asimilar la ciencia del proletariado que es el marxismo-leninismo, ya que no acaban de ser conscientes completamente de su rol como clase ni de las luchas más elevadas que pueden llevar fuera del ámbito sindical. De ahí la necesidad del factor subjetivo del partido comunista que da clarividencia en los sindicatos para que los trabajadores eleven la madurez de su conciencia. Pero, obviamente, si directamente el pretendido «partido comunista» abandona el trabajo en los sindicatos, los trabajadores por muy honestos y versados que estén en la lucha sindical caerán presos del anarco-sindicalismo, del reformismo socialdemócrata, del pragmatismo y el gremialismo, cuando no, degenerarán y pasarán a formar parte de los esquiroles y del peor amarillismo sindical.

En el PCE (r), como hemos visto, se preguntan todavía que qué pintaría un comunista en un sindicato de masas. Y RC le sigue en esta aventurera teorización, como así los reconstitucionalistas. Pues bien, en la historia de la Internacional Comunista (IC) se dejó más que patente la necesidad de luchar contra esta desviación, subrayando la necesidad de acabar de una vez por todas con:

«La oportunista o sectaria, subestimación o descuido del tremendamente importante trabajo con los sindicatos reformistas». (Internacional Comunista; Extractos de las tesis del XIº Pleno del Comité Ejecutivo de la IC sobre las tareas de las secciones de la IC, 1931)

Por ello instó siempre a:

«Una lucha decidida contra las desviaciones oportunistas de «izquierda» que se expresan en la «teoría» izquierdista de que los obreros organizados en los sindicatos reformistas representan una masa uniforme reaccionaria, contra la subestimación izquierdista-sectaria de la táctica del frente único, contra el establecimiento de la idea de que los sindicatos reformistas son «escuelas del capitalismo», contra la actitud sectaria al trabajo dentro de los sindicatos reformistas». (Internacional Comunista; Extractos de la resolución del XIIº Pleno del Comité Ejecutivo de la IC, 1932)

¿Esto fue exclusivo de la «IC después de Lenin» y es una «alteración del leninismo» como podría alegar algún trotskista-maoísta? Ni mucho menos, estas directrices estaban inspiradas por la IC de la época de Lenin. En el IIº Congreso de la IC de 1920 se decía: 

«En lo que respecta a los sindicatos, «los comunistas deben ingresar en ellos para convertirlos en formaciones de combate contra el capitalismo y escuelas de comunistas». La salida de los comunistas de los sindicatos tendría como resultado que las masas quedasen en manos de los jefes oportunistas que colaboran con la burguesía». (Internacional Comunista; Tesis, manifiestos y resoluciones adoptados por los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, 1919-1923)

La juventud como eje de su agitación

No es casualidad que cuando los marxista-leninistas albaneses analizaron el estado de los sindicatos de su época de otros países, notaron que especialmente entre los grupos trotskistas y anarquistas se justificaban este tipo de conceptos y teorías debido a que en realidad estos grupos estaban liderados y basaban su militancia en las capas del estudiantado y la intelectualidad, de ahí que para ellos el «trabajo sucio sindical» con los obreros fuese un quebradero de cabeza, les horrorizara, por lo que concluían simplemente que eran reaccionarios y que el movimiento revolucionario no debía ya prestarle demasiada atención:

«Los trotskistas y los anarquistas niegan también la función de la clase obrera y su capacidad. Consideran a los estudiantes y a los intelectuales como fuerza principal de la revolución. Al predicar la espontaneidad en el movimiento obrero, los trotskistas y los anarquistas no admiten la necesidad del partido del proletariado, de la organización de la clase obrera en sindicatos que consideran como «burocráticos», ellos ven la traición de los líderes sindicales revisionistas no como consecuencia de su línea oportunista y revisionista, sino como consecuencia de la organización misma. (...) Estas corrientes independientemente de las declaraciones de sus representantes, de su jerga de «izquierdas» y «revolucionaria», se alían con los objetivos principales de los revisionistas modernos». (Filip Kota; Dos líneas opuestas en el movimiento sindical mundial, 1974)

Algunos incluso han teorizado y llevado a la práctica que los únicos sindicatos en donde trabajar son los estudiantiles, otros que el trabajo determinante de la organización revolucionaria debe basarse en agrupar a los intelectuales de todo el país para que apoyen su plataforma, intentando reclutarlos para dar legitimidad al movimiento con cabezas ilustradas. Esta es una desviación maoísta europea muy común de la época de la «Revolución Cultural» que no merece ser comentada, en la mayoría de casos sus grupos no niegan el papel de la clase obrera en la teoría, pero se contradicen con sus teorías programáticas y la composición de sus organizaciones.

La forma en que RC utiliza a la juventud para sus actividades como carne de cañón para formas de agitación casi suicidas, es muy significativa:

«Equipo de Bitácora (M-L): ¿Querrías añadir algún ejemplo más significativo de la deficiencia en el trabajo?

Entrevistado: En un instituto de mi pueblo, Llíria, intentamos hacer la misma agitación estudiantil que se produjo en Madrid en la que los estudiantes consiguieron una serie de reivindicaciones importantes. Vino gente de las juventudes del FO –gente del FO a fin de cuentas– desde Valencia para ayudarnos. Por errores de precipitación y por no estar preparadas las condiciones subjetivas en el instituto –concienciación y apoyo del estudiantado, básicamente– la cosa salió mal, pudo ser peor ciertamente. El punto culmen fue una manifestación-huelga que no secundó ni un 5% del instituto. Lo importante de subrayar aquí es que a las estudiantes del instituto con las que se trabajó para que pudieran ser las que movieran el asunto, una vez encontrados todos –las chicas del instituto y la Juventud del FO– en la incertidumbre después del fracaso, se las ignoró y dejó a su suerte – a merced de las posibles expulsiones, amonestaciones, multas, etc. que, por cierto, se dieron–. Esto demuestra de nuevo el nivel de compromiso de RC con «la causa». Esto no es una exageración porque las chicas del instituto y nosotros –la gente que nos hemos salido– tenemos contacto aún y hemos organizado charlas dentro del instituto y otras actividades, tras los acontecimientos. Nadie del FO-RC les preguntó nada a partir de aquel bochorno, prometo que llegué a oír –por parte de un cargo responsable– que «La culpa era de ellas por no hacernos caso»; la culpa es de las masas, no de la vanguardia, vaya. O dicho con otras palabras: el izquierdismo echando la culpa a las masas por no «entender». 

Las muchachas nos llegaron a decir, posteriormente al saber que la gente de mi pueblo y yo no estábamos ya en el FO, que se habían sentido manipuladas y sobre todo usadas por la gente de Valencia, me recordó a la gente del gimnasio popular de Madrid con el asunto de Errejón. Se intentó usar a las chicas como meros instrumentos. No me escandalizo por el hecho de que si hubiera salido bien ello serviría para, además de organizar un instituto, propagar la existencia y trabajo del FO y sus juventudes; aquí el asunto es que se ignoró olímpicamente a las muchachas cuando unos días antes la gente de Valencia decía «sentir orgullo de ellas» e historias de este tipo que son clásicas para engatusar a las personas que todavía no se fían de RC. Apelar a las emociones para el convencimiento y luego, si sale mal, hasta luego, ya te apañas con la que te va a caer –posibles expulsiones, expedientes o lo que venga–». (Equipo de Bitácora (M-L); Conversación con un reciente exmilitante de RC de Llíria, sobre los últimos fenómenos de la organización, 2019)

De igual modo, Reconstrucción Comunista (RC) destaca por sus infantiles métodos de agitación y propaganda, siendo más similares a la parafernalia de los colectivos juveniles anarquistas:

«La responsabilidad de agitación y propaganda es de todo menos profesional, una responsabilidad donde todo se hace mecánicamente, solo se llevan a cabo acciones de agitación marcadas por fechas o eventos puntuales, obviando la seguridad muchas veces a la hora de llevarlas a cabo, por ejemplo, mandar agitaciones jueves y viernes de fechas señaladas las cuales se pueden hacer durante otros días, ya que en ciertas zonas y ciudades esto es un suicidio aunque se terminen haciendo. (…) Debería también de dejar de llevar la línea de hace 5 años y evolucionar, ya que el tema de pintadas es más un trabajo de juventud y el partido se debería de centrar en temas más profesionales como octavillas, encarteladas, videos, pancartadas, etc. ya que hay de sobra capacidades para hacer nuestro propio material». (Felipe; exmiembro de Reconstrucción Comunista; Carta de crítica al Comité Central, 16 de octubre de 2015)

Asistencialismo: imagen y negocio

El asistencialismo populista de RC no es un fenómeno novedoso, pues se ha dado en múltiples sociedades, tanto por parte de los gobiernos como de grupos disidentes al mismo:

«Es un término no reconocido por la Real Academia Española [RAE] –algo que seguramente se hará en próximos años debido a su extendido uso–. Tiene una definición difusa y confusa; en ocasiones positiva, en otras y más comúnmente, negativas. Si nos plegamos a sus raíces etimológicas tendríamos que comprenderlo como relativo a pueblo; pero resulta evidente que los términos evolucionan en su contenido y significado y se alejan de sus raíces. Dicho esto, y a efectos de este espacio, populismo es aquella «estrategia» en el marco del ejercicio del poder –como gobernante o como opositor– bajo la dictadura de la burguesía ya sea en su forma democrático burguesa o en su forma fascista que es indisoluble a la demagogia, el pragmatismo y el oportunismo. Su función principal es enmascarar el verdadero sentido de las políticas que tienen por objeto el fortalecimiento de la clase en el poder pero justificadas en un «pretendido bien superior»; por ejemplo y el más común: «el bien general del pueblo»; dicho de otro modo, su objetivo es la alienación de las masas.

Vale decir que el populismo no es una característica exclusiva de la izquierda burguesa –revisionista, reformista, etc.–, sino de todo el espectro político burgués, su cara visible es el asistencialismo-caritativo; por ejemplo: el ultraderechista Álvaro Uribe desarrolló en Colombia programas de asistencia escolar, merienda escolar, programas de vivienda, etc., al tiempo que profundizaba el vaciamiento de contenido de los derechos económico-políticos a través de la extinción de los derechos laborales, etc. El mismo procedimiento emplean los gobernantes de izquierda burguesa en Latinoamérica que engañan a los pueblos diciendo que ese asistencialismo es un embrión del socialismo, cuando se trata del capitalismo de siempre. Lo esencial a comprender es que esta estrategia, allá donde se ejerce, tiene como finalidad aminorar las «condiciones objetivas» que conduzcan a procesos revolucionarios proletarios; al tiempo que con la propaganda reducen las «condiciones subjetivas». Es decir, es un mecanismo destinado a prolongar artificialmente al capitalismo en crisis, no obstante, a veces se desarrolla con objetivos meramente cosméticos, los ejemplos más oportunos son los «programas sociales» de las entidades empresariales monopólicas. El fascismo también ha utilizado de forma constante el populismo, sobre todo desde la oposición política –a veces sirviendo como trampolín al poder–. Lo ha hecho apoyándose en casos de corruptelas del gobierno burgués de turno –jurando que ellos acabarían con esa corrupción–, de humillaciones nacionales de la Patria por otras potencias –jurando restablecer ante el pueblo el «honor nacional»–, pretendiendo sentir repulsa por los «abusos de las clases altas» –clamando su fin– y queriéndose proclamar siempre como una «tercera vía» entre los «abusos de las clases altas» hacia el pueblo y el radicalismo y ateísmo del marxismo que quiere destruir a las clases altas como tal –hablamos de «clases altas» y no de clases explotadoras, siguiendo el hilo de que los fascistas no reconocen los análisis marxistas sobre la plusvalía y no ven explotación en el sistema capitalista–, elementos que desembocan en engañar a las masas trabajadoras, distraerlas y desviarlas de la revolución». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2015)

En España varios grupos fascistas lo realizan todos los días, con fines propagandísticos evidentes. Véase el caso de Bastión Frontal con sus recogidas de alimentos [*y sus torneos solidarios [**]:

«Ni el confinamiento ni la cuarentena van a conseguir que dejemos de ayudar a aquellos españoles desamparados por las instituciones. Hechos, no palabras. #BastiónFrontal». (Twitter; Bastión Frontal, 2020)

Un fenómeno del cual se han hecho eco los medios:

«Juegan con la desinformación y la manipulación. Hacen una utilización discriminatoria del hambre para romper la armonía y la cohesión sociales. Ese es su primer objetivo, de carácter político. El segundo, la publicidad y la propaganda denominada «por la acción» para organizaciones que en sí mismas son repudiadas por la ciudadanía y no tienen respaldo electoral», relata Esteban Ibarra, presidente de Movimiento contra la Intolerancia. «El objetivo es captar gente. Hacen lo mismo que Amanecer Dorado, aunque por ahora son acciones simbólicas, porque no tienen su capacidad». (El Confidencial; La «solidaridad» –para españoles–, ¿la nueva táctica de la extrema derecha nacional?, 20 de septiembre de 2014)

Según sus exdirigentes, en el caso de RC ni siquiera se trata de un asistencialismo populista, sino de uno con fines publicitas y recaudatorios donde la dirección aprovecha para desfalcar parte del material solidario recaudado, sobre todo dinero:

«–Resto de frentes que usan para financiarse como el Banco Obrero Solidario de Alimentos (BOSA): este es un banco de alimentos que nació para albergar a distintas organizaciones y repartir alimentos en contra de otros proyectos fascistas como el Hogar Social Madrid (HSM). Esta plataforma al final solo sirve para pedir solidaridad para uso y disfrute de Roberto, Distritos son frentes juveniles del área metropolitana de Valencia y son usados por el partido en Valencia. Fermín, de Valencia, nos llegó a decir «a estos los tenemos en el bolsillo, todo el dinero va a ir a la plataforma, de momento ya les he sacado 600 euros», riéndose de ellos en uno de sus muchos alardes de chulería frente a quienes consideraba morralla inferior a él. Los distintos grupos feministas que utilizan como la asamblea de mujeres de la universidad también financian a Roberto. Quizá, cuando mediante las pruebas que irán llegando, se destape quien es Roberto y qué hace con las mujeres y el dinero, estos colectivos tomen cartas en el asunto y se les caiga el mundo encima. Puntualizamos, por último, que la mayoría de los frentes se encuentran en Valencia, ya que en esta ciudad han conseguido engañar a mucha gente. En Madrid todo el mundo les conoce y por eso han perdido todos los espacios y no pueden acudir a ninguno, nadie quiere trabajar con ellos ni quieren saber nada del farsante de Roberto. En Granada parece que se han ido al garete. Así que de momento perviven de Valencia». (Equipo de Bitácora (M-L); Entrevista a dos exmiembros del Comité Central de Reconstrucción Comunista sobre su experiencia en dicha organización, 2017)

Incluso otro exmilitante de Cataluña nos comentó:

«Acerca del Banco Obrero Solidario de Alimentos (BOSA), yo me hice cargo de las recogidas de alimentos de lo que considerábamos el núcleo de Sants durante un par de meses. Dejando de lado los objetivos irreales que nos imponían –recuerdo que la última «cuota» que tuve que suplir era de unos 120 kilos de comida en una semana con tal de abastecer el acto de presentación del Frente en el Distrito que, por cierto, y según lo que me comentaron diversos excamaradas, resultó en fracaso– no parece ser que la camarilla tuviera demasiado interés en «dar de comer a los trabajadores». Cuando se me reprendió por no asistir a un evento deportivo –que ni siquiera era una tarea de partido, pues se trataba de asistir como público a un torneo de Artes Marciales Mixtas en el que participaban algunos de los más destacados de Roberto– y se me acusó de desobediencia y tendencias personalistas (sic.), aduje, evidentemente, a las más de cuarenta horas que habíamos invertido como núcleo en cumplir las cuotas para la recogida de alimentos, siendo que, además, incidí en la futilidad de invertir toda la colecta en una comilona propagandística. Aitor, mi responsable político por aquel entonces, dijo algo tal que «Me la suda que la gente no coma, como si se mueren de hambre, lo que me importa es la foto, la propaganda, lo que podemos extraer de las recogidas y de los actos desde un plano propagandístico». Ojalá estuviera exagerando, pero no. A RC ni siquiera le importa el obrerismo que usan de fachada, sencillamente quieren atraer mayor militancia mediante una imagen de activismo obrero que, si bien puede resultar atractiva a ciertos sectores de la juventud –en el que yo mismo me encontraba– es absolutamente hueca, como todo lo que guarda relación con la organización.

Más aún, las actividades del BOSA que constituían el centro de la actividad del partido y el Frente en Barcelona a finales de 2018 e inicios de 2019 –más después de la expulsión de Estudiantes en Lucha de la mayoría de universidades de la ciudad– siempre se notaba un desinterés mayúsculo por la enorme cantidad de proletarios y lumpenproletarios que acudían al mismo. No existía una estrategia real para atraer a estas personas a las filas del partido, en las reuniones del Frente –que siempre se producían justo después de las de célula de Juventudes y en las que, pese a ser los mismos integrantes, estaba prohibido hablar de cuestiones de partido– nunca surgió el debate de qué hacer con la masa de beneficiados por el esfuerzo de la militancia. De nuevo, todo estaba enfocado a la imagen en redes sociales y, evidentemente, a atraer colegas a militar, llegando a existir una suerte de cuota de personas –Aitor siempre decía sin ápice de vergüenza «Bueno va, si cada uno trae a tres seremos casi veinte», menudos cuadros comunistas, ¿eh?. Respecto a los productos que recogíamos, mis dos «hombres fuertes» y yo tuvimos que batallar bastante tanto con Aitor como con Alicia –creo que era la segunda de Roberto en la ciudad, como mínimo llevaba el núcleo de Sant Andreu-Nou Barris– para que los productos que no eran de primera necesidad que logramos recoger durante las colectas navideñas –turrón, chocolate, dulces, frutos secos y demás– fueran repartidos entre los beneficiados por el BOSA en lugar de entre nosotros. Ellos siempre aducían a que es extremadamente difícil hacer un reparto equitativo de, por ejemplo, tres barras de turrón, dos paquetes de galletas y una chocolatina, pues distribuíamos los alimentos recogidos en bolsas con contenido más o menos equivalente para cada familia –tres kilos de arroz, dos de legumbres secas, dos de legumbres en conserva, etcétera– y añadíamos extras en función de las necesidades de cada una de ellas –champús, desodorantes, pañales, compresas, etc.–. Logramos convencerles para repartir los dulces de menor precio entre los niños que acudían a las recogidas, mientras que con los alimentos de mayor calidad –embutido, bombones, quesos y otros– logramos una suerte de solución intermedia: hacer un lote navideño que sorteamos en el local que regentaban miembros de la plana mayor en Sant Andreu, la Harmonía –aunque nunca llegué a conocer el resultado del sorteo, lo que sí sé es que recaudamos cerca de 120 euros con él–. En las recogidas posteriores a Navidad, y dado que se me otorgó una mayor independencia para organizar las recogidas y los repartos, aproveché el listado de miembros del BOSA para personalizar aún más los paquetes de comida, incluyendo los dulces en aquellas bolsas destinadas a las familias con niños. 

Sea como sea, la situación del BOSA era verdaderamente patética. Sin financiación por parte de la organización –los carteles y la propaganda salían del bolsillo de los militantes, teníamos dos mesas destrozadas a nuestra disposición, una de ellas del local de la Asamblea de Joves de Sants, y la carpa que empleábamos también estaba en un estado lamentable–, con una nula estrategia y un nivel de formación ideológica y política de la militancia verdaderamente miserable, y una masa ingente de lumpens que aprovechaban nuestros servicios como si fuéramos algún tipo de ONG. Aquello tenía muchísimo más que ver con un voluntariado mecánico y tedioso cuyo único fin era el de colgarse medallitas de militante del año y, evidentemente, la omnipresente propaganda en redes sociales». (Entrevista a Joan, exmilitante de Reconstrucción Comunista, 2019) 

Dejaremos otro informe de un simpatizante que visitó el BOSA en Granada:

«Mi conclusión es que, dado que el «B.O.S.A.» fue una iniciativa de los revisionistas de RC, se planteó mal desde el principio. Un Banco de Alimentos que no se liga a la lucha de las masas trabajadoras –sea la económica, espontánea, o la que se quiera–, que se centra sólo en repartos de comida, tiene el peligro de lumpenizarse –aún más de lo que lo está–. Ninguno de los presentes entendía la diferencia entre proletarios y lumpemproletarios en la práctica, pues confundían la caridad a los vagabundos con el apoyo logístico, alimentario, a las huelgas de masas, a las familias obreras para evitar que se lumpenicen gracias a la solidaridad de otras familias obreras. (...) ¿Un Banco Obrero de Alimentos para contrarrestar los bancos fascistas de alimentos? Esto es una solución [si hubiese un verdadero partido], pero una solución muy limitada. (...) La caridad no puede tener, para nosotros, más que un fin de preparar fuerzas para la revolución. Sólo haciendo que ese banco fuese sea la «caja roja» del movimiento del proletariado, de su partido, esa es podremos contrarrestar el populismo fascista de la entrega de alimentos a españoles, que culpabiliza de la crisis de los capitalistas a los trabajadores inmigrantes, desposeídos de los medios de producción como los trabajadores «nativos». Y además con semejante frente de masas, como hemos visto, podríamos comenzar a unificar la lucha sindical del proletariado y las masas trabajadoras». (Informe sobre el «B.O.S.A.», 18/V/2017)

Sobra comentar que este tipo de actos nada tienen que ver con una organización consciente o espontánea de los trabajadores. El modelo del BOSA es criticable no solo porque a los líderes de RC no les interese lo más mínimo la gente y sus problemas, sino porque como denunciaban detractores y exmilitantes, peca de asistencialismo. El resultado de esto es que la gente sigue sintiendo la misma indiferencia hacia la organización revisionista una vez recibe lo suyo, algo que sí, quizás es derivado del nulo trabajo ideológico de los líderes de RC, pero también de la esencia en sí de este tipo de proyectos caritativos, esto es, de la forma inicial de cómo se plantean.

Los comunistas decían lo siguiente de los servicios asistenciales y a las instituciones de ayuda de los sindicatos obreros:

«En relación a los servicios asistenciales y a las instituciones de ayuda de los sindicatos obreros. La colecta de fondos para el combate y la distribución de subsidios en época de huelga por parte de las cajas mutuales no son acciones perjudiciales en sí, y oponerse en principio a ese tipo de actividad sería mal visto. Solamente diremos que esas colectas de dinero y esa forma de gastarlo, recomendadas por los jefes de Ámsterdam, están en contradicción con los intereses de las clases revolucionarias. En relación con las cajas mutuales de los sindicatos, etc., es correcto que los comunistas reclamen la supresión de las cotizaciones especiales como así también de todas las medidas restrictivas en las cajas voluntarias. Pero si prohibiésemos a los afiliados, sin ningún tipo de explicación, el aporte de su dinero para ayudar a las organizaciones de auxilio a los enfermos, los afiliados que quieren continuar asegurando mediante estos aportes la ayuda prestada por esas instituciones no nos comprenderían. Primeramente es preciso liberar a estos afiliados, por medio de una propaganda personal intensiva, de su tendencia pequeño burguesa». (Internacional Comunista; Tesis sobre la estructura, métodos y acción de los partidos comunistas, 1921)

Hoy, algunos acostumbran a sacar una cita de Lenin sobre la «solidaridad obrera» con fines tergiversadores:

«Es hora de ocuparse también de crear fuertes puntos de apoyo locales de tipo económico, por así decir, para las organizaciones obreras socialdemócratas en forma de comedores, cafeterías, cervecerías, bibliotecas, salas de lectura, tiro al blanco, etc., sostenidas por los miembros del partido. No debe olvidarse que, además de ser perseguidos por la policía «autocrática» los obreros también lo serán por los patronos «autocráticos», que despedirán a los agitadores, y, por lo tanto, es de suma importancia crear bases lo más independientes posibles de la arbitrariedad de los empleadores». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La reorganización del partido, 1905)

Utilizar esta cita para ocultar los defectos en la forma y objetivos en que lo plantean los partidos revisionistas su activismo es de un filisteísmo enorme, es mantener ese espíritu de una falsa autosatisfacción. Otros pusilánimes acuden a esta cita para tratar de justificar su actitud inmadura de mostrar sus miserias privadas, sus «problemas del primer mundo» con el fin de reclamar atención, y es obvio que esto también supone descontextualizar algo serio. Basta leer este artículo para darnos cuenta de que Lenin planteaba esto para los «miembros del partido», y obviamente hablamos de un partido sólido con funciones serias y avanzadas, no la caricatura que nos ofrecen hoy los revisionistas con sus pequeñas sectas y su espontaneísmo. Por supuesto, Lenin tampoco lanzó estas palabras para tranquilizar los sollozos de solidaridad de los pequeño burgueses.

Esto que propone Lenin lo puede hacer un partido proletario y en algunos casos lo debe hacer de forma obligada si no quiere comprometer su imagen, pero tal acto no le distingue del resto de demagogos y oportunistas si no le da su «sello» –vinculándolo a la formación ideológica y la explicación de las tareas generales de la revolución–. Y pese a que así lo haga, esto siempre será una actividad sumamente secundaria y limitada en comparación a otras tareas más importantes que jamás repetimos, jamás– pueden ocupar el tiempo principal de los militantes.

Pondremos otro ejemplo para demostrar la ceguera que tienen los revisionistas sobre sus propios actos. RC decía en sus documentos internos del IIIº Congreso, nunca publicados oficialmente y que solo nos han sido conocidos por la facilitación de los mismos por sus exmilitantes:

«No se trata de caridad sino de solidaridad, por ello se pedirá ayuda de forma voluntaria a aquellos que reciben la solidaridad para poder hacerla llegar a más obreros que la necesiten». (Reconstrucción Comunista; IIIº Congreso, 2015)

Primero, sabemos de sobra que en RC las cosas no se hacen de forma «voluntaria», sino obligando a que todos los militantes y conocidos «contribuyan» forzados con el fin de hacerse la foto y darle publicidad en redes sociales, por lo que carece de todo sentido tomarlo como ejemplo. Segundo, dicen que no es «caridad» sino «solidaridad», pero, ¿qué es la caridad? Consultemos, de nuevo, la RAE, ya que algunos andan perdidos en cuanto a términos:

«1. f. Actitud solidaria con el sufrimiento ajeno. 2. f. Limosna que se da o auxilio que se presta a los necesitados». (RAE)

No hay diferencia fundamental entre ambos términos. Distintas son las motivaciones que hay detrás de la «solidaridad» o la «caridad»: aliviar la conciencia, oportunismo político, apoyo entre obreros... 

Uno puede echar ojo a esta descripción que hacían los grupos que le promocionaban:

«La premisa sobre la que trabajan todos los miembros del B.O.S.A. es que para recibir comida o cualquier tipo de ayuda en general, todos deben participar en el trabajo diario del Banco, es decir, son las propias familias que reciben comida las que se encargan de recogerla, almacenarla, transportarla… y lo más importante, son las que toman las decisiones sobre toda la actividad del Banco. Sobre este punto, el B.O.S.A. se sitúa a si mismo como alternativa a entidades como el Banco de Alimentos de España o Cáritas, agrupadas en la FESBAL (Federación Española de Bancos de Alimentos). Desde el B.O.S.A. denuncian la «caridad», entendida como dar migajas a quien no tiene, «mientras hay grandes ricos en nuestro país que acumulan miles de millones de euros». Por ello, buscan crear una nueva «vía» para quienes necesitan ayuda y no son escuchados por nadie. (…) Han llevado su proyecto a institutos mediante charlas y puestos de recogida, y ahora entre diciembre y enero, empieza su «campaña navideña» con recogidas de alimentos, ropa y juguetes cada día de la semana en el norte de Madrid y Puerta del Ángel». (Leganés activo, 2017)

Esto es sumamente curioso dado que desde RC se ridiculizaban en un tono jocoso los intentos del PCPE de realizar este tipo de actos hacia desempleados [*]:

«Magnífica la labor que hace el PCPE, labor social que antes solía ejercer la Iglesia directamente, o alguna de sus secto-filiales, normalmente con ex politoxicómanos en un intento de reinsertarles a la vida social y, de paso, que hagan un poco de publicidad al Lord Jesus Christ.

Por lo visto Carmelo Suárez ha sentido celos del tal Cristo ese, de sus acólitos, y ha iniciado una serie de cursos con los cuales comerle terreno a la Iglesia.

Bajo el llamativo lema de «Cursos Gratuitos para la Clase Obrera y Sectores Populares», el PCPE de Orihuela dio a finales del año pasado, una serie de cursos gratuitos a trabajadores en paro y con escasos recursos económicos. O, como ellos mismos dicen, es un curso destinado «a los trabajadores y trabajadores», por si no ha quedado claro. ¿Qué imprescindible labor llevó a cabo el PCPE en nombre del socialismo y el proletariado? El viernes 28 de septiembre impartía clases de iniciación… AL CAJÓN FLAMENCO. (…) Seguimos, al día siguiente, el sábado 29 de Septiembre, el PCPE de Orihuela daba un cursillo, insistimos, gratuito, de… ¡informática!». (RSA Madrid; El PCPE, la clase obrera y los sectores populares, 2013)

¿Pero en qué se diferencia hoy lo que hace RC de lo que hacía el PCPE o de lo que hace Caritas, la Iglesia de toda la vida? En absolutamente nada. Solo que en RC hay un discurso de idealización obrerista, aunque sus dirigentes disten de serlo o de vivir bajo su moral. ¿Qué significa este cambio de opinión? Significa que RC está cada día más cerca del PCPE.

Nuestra opinión es la misma que con la cuestión de la solidaridad: la lucha por la amnistía no es ninguna tontería ilegítima, como no lo es la lucha por la sanidad y la educación dignas. Lo que sí nos parece una tontería –ya que sacamos el tema– es que se use como eje central de la propaganda por la amnistía –e incluso como eje central de organizaciones políticas– la liberación de gente que en su actividad política o acciones no ha respondido a los intereses político-económicos del pueblo –ya sea habiendo hecho de su vida el terror individual, ya sea habiendo puesto el nacionalismo por delante de la clase obrera, ya sea habiendo hecho copias baratas del maoísmo en España–. Es totalmente ridículo para un grupo revolucionario, y más lo es para las masas, a las que se puede convencer de que una gente que cada vez ha estado más alejada de su realidad y de sus intereses político-económicos son la vanguardia de la clase obrera y encima «por ello están en prisión». Claro que hay cientos y cientos de presos que deberían ser liberados con una amnistía, claro que hay que denunciar la represión en prisiones, la incongruencia del Estado para saltarse sus propias leyes, etc. Pero a nosotros no nos van a hacer creer que gente como la mencionada arriba es la abanderada, ni la vanguardia de la lucha por la amnistía que ha de darse, ni de que la clase obrera se concienciará o avanzará hacia el socialismo gracias a su lucha.

Trasladándolo a este tema... pensamos que un partido comunista debe ser flexible pero inteligente en lo tocante a estas cuestiones, sin dejarse llevar por el sentimentalismo. Desde luego, a un partido comunista real no le sobran manos ni fondos –ya que no reciben subvenciones a mansalva del Estado–, por lo que no debe desperdiciar sus recursos repartiéndolos indiscriminadamente junto a su tiempo a cualquiera que «lo necesite». Primero, porque esta función sería imposible de cubrir. Segundo, porque, por ejemplo, en el tema de los alimentos, estos deben darse a trabajadores –y dependiendo de la ocasión específica– a conocidos de los mismos que tengan un compromiso mínimo con la causa. Por supuesto no tienen que ser estrictamente comunistas, pero se sobrentiende que las organizaciones que sin ninguna selección tratan de aliviar o solucionar el desempleo, la desnutrición o las hambrunas con sus escasos medios, o bien son utópicas o demagogas. Si el partido comunista sigue los pasos de estas organizaciones –las cuales, insistimos, muchas veces reciben miles o millones de donaciones de dinero–, simplemente estará desperdigando energías y material humano, todo para intentar aparentar que «se está» –en abstracto– «con la clase obrera», cuando, en realidad, se está a años luz de haber penetrado en su corazón y en sus cerebros. 

Veamos qué decía el PCPE de sus campañas de recogidas de alimentos:

«A continuación os informamos de la puesta en marcha de la campaña de recogida de alimentos «Ningún/a Trabajador/ra sin sustento» donde el objetivo es la creación de un banco de alimentos destinado sólo y exclusivamente a trabajadores y trabajadoras en situación de desempleo o en condiciones económicas que no alcanzan a cubrir sus necesidades más básicas, independientemente de su nacionalidad». (Partido Comunista de los Pueblos de España; ¡Ningún obrero/a sin sustento!, 2014)

Dejando a un lado el absurdo lenguaje inclusivo, este es un eslogan populista, no comunista. Los revisionistas invierten la ecuación: ellos hacen campañas para vestir y dar de comer a la gente, no porque sean sus fieles, sino porque buscan fidelizarlos a través de estos actos de «buen samaritano», e indirectamente ganarse el halo de «grupo solidario» para poder cosechar más donaciones para el erario personal de los jefes del partido o para seguir financiando las actividades de su partido revisionista. En cambio, para los comunistas, la llamada «red de solidaridad» entre los trabajadores deben de ser algo desarrollado con conocimiento preciso, donde los comunistas de cada zona seleccionen a la gente que realmente se le debe dar esa ayuda, quitándonos de paso el cliché de que somos y buscamos una sociedad asistencialista, cuando nuestra línea a seguir en el socialismo es «Quien no trabajaba no come», lo que adecuándolo al contexto de la sociedad capitalista en la que vivimos, significa que no vamos a regalar alimentos, dinero o alojamiento a elementos que objetivamente son proletarios pero que en el fondo no tienen que ver con el comunismo ni tienen una mínima conciencia de clase, incluso siendo abiertamente reaccionarios, o al menos no lo haremos si el partido comunista va a desperdiciar sus fuerzas en este tipo de actos en vez de en elevar la conciencia de clase de los sectores más susceptibles de ello a los que aún no ha llegado la organización comunista ; porque es obvio que para nosotros es indiferente un «proletario» fascista que apoya a Hogar Social y justifica su discurso fascista, vista con mono azul o con corbata, sea español o inmigrante, mucho menos después de haber intentado explicarle lo básico para desaferrarle de su rancio pensamiento. Lo mismo podemos decir que aquel intelectual que se dice «artista del pueblo» pero que se ha tirado media vida difamando al comunismo, si este, tras dilapidar su dinero en negocios turbios o tras tratar de mantener un alto tren de vida, se ha empobrecido. ¿Qué tipo de piedad podríamos tener con un sujeto así? Para nosotros, no se trata de piedad, sino de organizar a la gente para acabar con estas miserias.

El Partido Comunista de Alemania (PCA) como se criticaba en los informes de la Internacional Comunista (IC) dedicó mucho tiempo a los lumpens y desempleados. Esto no es del todo criticable en el contexto de crisis sin parangón que asistía a Alemania, pues de otro modo iba a ser un campo fácil de reclutamiento para el nazismo. Pero lo primordial aquí es que nunca logró sobrepasar al nazismo ni a la socialdemocracia en cuanto a proletarios inmersos en el mundo laboral, como indicaban los informes de la propia Internacional Comunista (IC). El PCA, por tanto, no se centró en los proletarios, ni siquiera en los trabajadores, en general, susceptibles de su discurso, sino que perdió gran parte del tiempo en sujetos que son vacilantes y alienados, cuando no contrarrevolucionarios –de ahí, que insistamos en el tema de analizar hacia quién dirigimos nuestro foco principal–. 

Para desarrollar esto de una especie de «caja roja» la organización debe contar con fondos y administrarlos con sumo cuidado, algo imposible si van destinados al hedonismo del líder de turno en el caso de las sectas revisionistas. Otro factor es que se debe contar con una solidaridad regular y muy alta entre conocidos, y se sobrentiende que para ello se debe contar con cuadros que sepan moverse con las masas y controlen determinados barrios para poner en pie y mantener este tipo de sistemas, y no que sea una campaña exprés. Actualmente cualquier autodenominado partido «comunista» carece de algo así. 

Por eso insistimos, se debe reevaluar lo que hasta ahora han hecho los comunistas, porque hay casos evidentemente erróneos, ni qué decir de que los revisionistas copian las peores desviaciones de este tipo.

Poco sentido tiene que las organizaciones revisionistas que, para empezar, no tienen ni siquiera definido y detallado un programa acorde a las necesidades del país, que no han analizado las recientes debacles del comunismo tanto a nivel nacional como internacional dediquen gran parte de su tiempo –en cualquier lugar– a hacer de «sermoneadores» o usar tácticas baratas de comercial tipo «puerta fría» como acostumbran a hacer, pues estas actividades son todo un rodeo para presentar la línea de la organización.  Aquellos que aborrecen esta línea –incluso siendo antagónica a ella sin todavía conocerla– cuando acaben por descubrir las «intenciones reales» acabarán rechazando esta línea antes, durante o después de la campaña o, a lo sumo, aceptarán participar en ella por presión social, pero no por convencimiento. El individuo estará «con ellos» –en este caso– por «humanismo», pero no porque comparta unos objetivos comunes más allá de la piedad cristiana. En efecto, es el mismo apego que puede sentir un ateo cuando da ropa, dinero o juguetes a una fundación benéfica de la Iglesia.

Los intentos de utilizar a los colectivos sociales

También es reseñable la forma en que RC entiende sus relaciones con las asociaciones vecinales y colectivos sociales, las cuales también empiezan a denunciar sus prácticas oportunistas:

«Entrevistado: Digo esto por el caso del escrache a Errejón, sobre el cual han circulado varios comunicados denunciando desde el gimnasio popular llamado Hortaleza Boxing Crew y por el hecho de que los medios de comunicación no han dicho toda la verdad de esta historia. En dichos comunicados se decía que desde el gimnasio se había planificado traer a varias personalidades públicas para concienciar y recaudar apoyos para que el local evite ser desalojado, uno que utilizaban junto al Banco Obrero Solidario de Alimentos (BOSA), la cara light y social de Reconstrucción Comunista (RC). Ante esto, el reformista Errejón fue a interesarse por la situación –muy posiblemente por la proximidad de las elecciones–. Como relata el responsable del gimnasio Julio Rubio, que dio su testimonio totalmente indignado [5], Errejón estuvo hablando con él junto gente del BOSA de puertas para dentro un buen rato, sin que nada extraño sucediese. Un rato después, y sin avisar, el Frente Obrero (FO), la cara más agresiva y general de RC y básicamente la misma gente del BOSA –todos de RC al fin y al cabo–, aprovechan la situación fuera del gimnasio para formar un escrache contra Errejón mientras se filma para la propaganda política de RC. ¿Cómo se sintió la gente del gimnasio? La palabra más acertada es «utilizados». El director del gimnasio dijo públicamente que él no lamenta el escrache, sino que no se consultase con las otras organizaciones, así como toda la pantomima de conversar con él tranquilamente de puertas para dentro y después esperar a que estuviese fuera para sobreactuar mostrándose «indignados» y grabarlo –y editarlo, pues hay cortes con las respuestas del líder reformista– para darse publicidad entre los medios de comunicación. Queriendo darse así una sensación de poder y compromiso que no existe, ya que durante el escrache se ignoró la problemática del local en todo momento. Esto fue de un oportunismo que solo es comparable con el del propio Errejón o el de los medios de comunicación, que acosaron al dueño del gimnasio días después cuando en cuatro años nunca se interesaron por la situación. Ante esta situación, el gimnasio popular, el barrio y el entorno de éste ya no confían en el FO y lo repudian, diciendo que detrás está RC y que solo quieren publicidad. Y a saber los casos concretos que no habrán podido conocerse porque los espacios utilizados no expusieron los hechos». (Equipo de Bitácora (M-L); Conversación con un reciente exmilitante de RC de Llíria, sobre los últimos fenómenos de la organización, 2019)

Los bandazos en la política electoral 

¿Y qué opinaba RC del deber de los comunistas en las elecciones? Acudía al mismo excusismo utilizado para su política sindical:

«No existe un partido con capacidad en el Estado –ya que el partido comunista no existe–, para realizar un trabajo que suponga un avance para la clase obrera». (Reconstrucción Comunista; De Acero Nº5, 2014)

Esto lo han seguido manteniendo desde 2015, fecha desde que se autodenominan «partido». Además, recuperan el argumento anarquista de que no se presentan porque:

«Tendría también, dicho todo esto, un papel de legitimación». (Reconstrucción Comunista; De Acero Nº5, 2014)

A lo que añaden que la utilización de las elecciones solo serviría para:

«Entendemos que presentarnos solo serviría para desgastarnos, debilitarnos, no sacar ningún rédito político o fortalecimiento». (Reconstrucción Comunista; De Acero Nº5, 2014)

Hace poco dijeron también:

«El PML(RC) no está en contra de participar en las elecciones, siempre teniendo en cuenta la función de estas como elemento secundario en el trabajo del Partido, usando estas para realizar agitación, difundir y dar a conocer las posiciones del partido y denunciar las elecciones burguesas como algo inservible a los obreros, concienciando a estos para la verdadera batalla, la toma de poder por parte del proletariado, que desde luego no vendrá del juego parlamentario ni de la presencia en instituciones como piensan los revisionistas que abogan por la vía democrática al socialismo, que no es otra cosa que la defensa y perpetuación del capitalismo. No hay ninguna opción obrera presente en estas elecciones, y los que podrían presentarse no tienen fuerza aún para ello. Ante esto, debemos apostar una vez más por el boicot a las elecciones del día 20, debemos promover la abstención activa como única opción realmente obrera. Los comunistas de España debemos centrarnos en construir el Partido como objetivo principal, un Partido fuerte, antes de poder hablar de presentarse a las elecciones». (Reconstrucción Comunista; Resolución del PML(RC) sobre las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015)

Aquí hablan de que RC «no está en contra de las elecciones», pero a continuación inexplicablemente se dice «no hay ninguna opción obrera presente en estas elecciones, y los que podrían presentarse no tienen fuerza aún para ello». ¿Entonces qué viene a decirnos RC? ¿Para qué anunciaron a bombo y platillo en su congreso de 2015 que ya se constituyeron como «partido» si no tiene fuerza ni siquiera para cumplir con lo que anuncian que debe ser la función de unos comunistas en unas elecciones: «agitación, difundir y dar a conocer las posiciones del partido y denunciar las elecciones burguesas como algo inservible a los obreros, concienciando a estos para la verdadera batalla, la toma de poder por parte del proletariado»? ¿Cuánto necesitan para esto, 50 militantes, 500, 5.000 para que se vean «capacitados» para cumplir con este deber? ¿O más bien será que prefieren no mover un dedo porque es más fácil no trabajar y emitir un comunicado abstencionista como el PCE (r) y los reconstitucionalistas? ¿Quizás tienen miedo de sacar menos votos que el PCPE y de que sus viejos camaradas se mofen de haberse ido de allí para ser el hijo menor del revisionismo? La respuesta es clara, y se reflejó en su «política de abstención activa» de aquel 2015, pues su trabajo fue subir a la web los carteles y pintadas que han hecho como acostumbran, como alarde de proeza. Su mayor agitación contra las ilusiones parlamentaristas fue romper los carteles del PCTE de Astor García (*). ¡Bravo valientes revolucionarios! Bien muchachos, ya podéis volver a casa tranquilos, habéis «creado conciencia», nadie puede deciros que no habéis hecho nada –nótese la ironía–.

Queda claro cristalino que esta escoria, no pueden calificarse de Estado Mayor del proletariado, y como organización deben ser barridos del movimiento con este tipo de críticas demostrativas que evidencian a la perfección que no están capacitados para lograr lo que dicen aspirar:

«La crítica –la más violenta, más implacable, más intransigente– debe dirigirse no contra el parlamentarismo o la acción parlamentaria, sino contra los jefes que no saben –y aún más contra los que no quieren– utilizar las elecciones parlamentarias y la tribuna parlamentaria a la manera revolucionaria, a la manera comunista. Sólo esta crítica –unida, naturalmente, a la expulsión de los jefes incapaces y a su sustitución por otros más capaces– constituirá un trabajo revolucionario útil y fecundo que educará a la vez a los «jefes» para que sean dignos de la clase obrera y de las masas trabajadoras, y a las masas para que aprendan a orientarse como es debido en la situación política y a comprender los problemas, a menudo sumamente complejos y embrollados, que resultan de semejante situación». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

En el caso del PCE (r) el nivel de excusas tan patético para no trabajar con las masas, las justificaciones para no participar en el uso del parlamento como instrumento de denuncia del régimen son tan pero tan burdas, que han llegado a proclamar la afirmación surrealista, de que no participan porque las masas tienen superado el parlamento (sic):

«Las masas hace tiempo que han perdido la fe, la esperanza y hasta la caridad en el sistema electoral y en el parlamentarismo burgués». (Partido Comunista de España (Reconstituido); Antorcha, número 6, 1999) 

¿Ha perdido el pueblo trabajador su fe y esperanza en el sistema electoral parlamentario actual? Centrémonos solo en los dos grandes partidos del capital y en la participación electoral de 2000-2016. 

En las elecciones del año 2000 participaron un 68,71% de la población lo que significaba una bajada del 6% respecto a las últimas elecciones generales, hubo el 44% de votos para el Partido Popular (PP) y un 34% para el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Ya entonces Don Quijote Arenas proclamaba orgulloso su épica victoria:

«Diez millones de trabajadores boicotean. (...) [Una] de las más importantes victorias, como la principal derrota que ha sufrido el régimen fascista español en muchos años». (Partido Comunista de España (Reconstituido); Resistencia, nº50, 2000)

Este personaje bañado en la metafísica más insultante a la inteligencia se adjudicaba poco menos que el mérito de esos 10 millones de votos, y como buen anarquista creía que esa parcial abstención electoral era una «victoria aplastante», abstrayéndose de la realidad y los factores de ese descenso, pensando que automáticamente toda abstención es un rechazo consciente y revolucionario al régimen cuando puede ser fruto de un electorado que sufre una simple indiferencia hacia la política o de un abstencionismo de castigo pero que sigue creyendo en la democracia burguesa. Comenta los resultados como si por sí mismos no demostrasen con ese más del 60% el alto grado de alineación de los trabajadores en torno a los dos grandes partidos y su confianza en el sistema político parlamentario para resolver sus problemas. Además, se clamaba tal tontería exageradamente optimista con un PCE (r)/GRAPO que llevaba años en decadencia y su cúpula escondida en el exilio, siendo en breve desmantelada de forma definitiva, lo cual lo hace todo más increíblemente ridículo. Pero después de descorchar las botellas de champagne francés tras los resultados electorales, la cúpula del PCE (r) se volvió a dar de frente con la realidad, demostrándose en las próximas elecciones que estos resultados solo eran un leve descenso, por una parte, normal dentro de las crisis pasajeras del sistema, pero por otra un dato sin demasiada importancia ya que no podían ser capitalizados por una organización revolucionaria con peso entre las masas, en breve palabras: que fue una ilusión.

En 2004 la participación en las elecciones generales fue del 75%, con un aumento del 7% respecto a las elecciones del año 2000, la distribución de votos fue del 42,59% hacia el PSOE y del 37,71% hacia el PP. La participación más baja hasta nuestros días fue en 2016 donde hay que entender que viene precedido de un período de votación en elecciones generales en 2015 y el hartazgo general a la incapacidad de los políticos de cerrar un nuevo gobierno aunque fuese de coalición entre las diferentes formaciones burguesas: pese a todo esto, se tuvo el 66,48% de participación, donde el PP mantuvo el 33% y el PSOE un 22,63%, Podemos/Izquierda Unida un 13,42% y Ciudadanos un 10,6%. Esto deja bastante claro, que tras la brutal crisis político-económica iniciada en 2008, los trabajadores ha repartido sus votos entre las dos nuevas formaciones con la esperanza de revertir la situación: el socialdemocratismo de Podemos y el neoliberal Ciudadanos, pero igualmente siguen teniendo grandes ilusiones en el parlamento y sobre todo en los partidos capitalistas de siempre los cuales todavía lideran las listas de votos; el que niegue esta evidencia es que es un iluso o un demagogo profesional.

Como se puede observar, Arenas hace las veces de Trotski, fallando en sus múltiples profecías, no importándole cuantas veces queda en ridículo. ¿No fue precisamente esta afirmación la misma que hicieron los ultraizquierdistas semianarquistas de los que Lenin tanto se mofaba?

«¿Ha «caducado políticamente» el parlamentarismo? Esto es ya otra cuestión. Si fuese cierto, la posición de los «izquierdistas» sería sólida. Pero hay que probarlo por medio de un análisis serio, y los «izquierdistas» ni siquiera saben abordarlo. (...) En primer lugar, los comunistas «de izquierda» alemanes, como se sabe, ya en enero de 1919 consideraban el parlamentarismo como «políticamente caduco». (...) Como es sabido, los «izquierdistas» se equivocaron. Este hecho basta para destruir de golpe y radicalmente la tesis según la cual el parlamentarismo «ha caducado políticamente». Los «izquierdistas» tienen el deber de demostrar por qué ese error indiscutible de entonces ha dejado de serlo hoy. Pero no aportan la menor sombra de prueba, ni pueden aportarla. La actitud de un partido político ante sus errores es una de las pruebas más importantes y más fieles de la seriedad de ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su clase y hacia las masas trabajadoras. Reconocer abiertamente los errores, poner al descubierto sus causas, analizar la situación que los ha engendrado y examinar atentamente los medios de corregirlos: esto es lo que caracteriza a un partido serio, en esto es en lo que consiste el cumplimiento de sus deberes, esto es educar e instruir a la clase, primero, y, después, a las masas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

¿Ha pedido el PCE (r) perdón por tratar de inocular estas teorías dañinas en el movimiento obrero? ¿Lo ha hecho RC o los reconstitucionalistas? No y nunca lo harán seguramente, porque jamás han sido ni serán comunistas, sino charlatanes que justifican su estupidez y miopía política bajo palabrería que solo aplaude su parroquia insulsa.

En realidad, esta postura sobre el parlamentarismo y las elecciones burguesas es un defecto hartamente conocido y sentenciado por el comunismo:

«La tribuna del parlamento burgués es uno de esos puntos de apoyo secundarios. No es posible invocar contra la acción parlamentaria la condición burguesa de esa institución. El partido comunista entra en ella no para dedicarse a una acción orgánica sino para sabotear desde adentro la maquinaria gubernamental y el parlamento. Ejemplo de ello son la acción de Liebknecht en Alemania, la de los bolcheviques en la Duma del zar, en la «Conferencia Democrática» y en el «preparlamento» de Kerensky, en la Asamblea Constituyente, en las municipalidades y también la acción de los comunistas búlgaros. Esta acción parlamentaria, que consiste sobre todo en usar la tribuna parlamentaria con fines de agitación revolucionaria, en denunciar las maniobras del adversario, en agrupar alrededor de determinadas ideas a las masas que, sobre todo en los países atrasados, consideran a la tribuna parlamentaria con grandes ilusiones democráticas, debe estar totalmente subordinada a los objetivos y a las tareas de la lucha extraparlamentaria de las masas. (…) El «antiparlamentarismo» de principios, concebido como el rechazo absoluto y categórico a participar en las elecciones y en la acción parlamentaria revolucionaria, es una doctrina infantil e ingenua que no resiste a la crítica, y muchas veces es el resultado de una sana aversión hacia los políticos parlamentarios pero que no percibe, por otra parte, la posibilidad del parlamentarismo revolucionario. Además, esta opinión se basa en una noción totalmente errónea del papel del partido, considerado no como la vanguardia obrera centralizada y organizada para el combate sino como un sistema descentralizado de grupos mal unidos entre sí». (Internacional Comunista; El partido comunista y el parlamentarismo; IIº Congreso de la IC, 1920)

¿Cuándo solamente es permisible la abstención de las elecciones y el parlamento?:

«Reconociendo de este modo, por regla general, la necesidad de participar en las elecciones parlamentarias y municipales y de trabajar en los parlamentos y en las municipalidades, el partido comunista debe resolver el problema según el caso concreto, inspirándose en las particularidades específicas de la situación. El boicot de las elecciones o del parlamento, así como el alejamiento del parlamento, son sobre todo admisibles en presencia de condiciones que permitan el pasaje inmediato a la lucha armada por la conquista del poder». (Internacional Comunista; El partido comunista y el parlamentarismo; IIº Congreso de la IC, 1920)

Esto demuestra que ni la política del PCE (r) ni de RC, ni de los «reconstitucionalistas» ni ninguna otra secta maoísta tiene justificación más allá de su ignorancia, complejo y oportunismo. Lenin precisamente propuso y consiguió expulsar en 1908 dentro del partido bolchevique a los izquierdistas que se oponían a este axioma, ellos querían impulsar la política del boicot al parlamento como una ley permanente para el partido:

«En 1908, los bolcheviques «de izquierda» fueron expulsados de nuestro Partido, por su obstinado empeño en no comprender la necesidad de la participación en un «parlamento» ultrarreaccionario. (...) Se apoyaban sobre todo en la experiencia favorable del boicot de 1905. Cuando el zar, en agosto de 1905, anunció la convocatoria de un «parlamento» consultivo, los bolcheviques, contra todos los partidos de oposición y contra los mencheviques, declararon el boicot a semejante parlamento, y la revolución de octubre de 1905 lo barrió en efecto. Entonces el boicot fue justo, no porque esté bien no participar en general en los parlamentos reaccionarios, sino porque fue acertadamente tomada en consideración la situación objetiva, que conducía a la rápida transformación de las huelgas de masas en huelga política y, sucesivamente, en huelga revolucionaria y en insurrección. Además, el objeto del debate era, a la sazón, saber si había que dejar en manos del zar la convocatoria de la primera institución representativa, o si debía intentarse arrancársela de las manos al antiguo régimen. Por cuanto no había ni podía haber la certeza plena de que la situación objetiva era análoga y de que su desenvolvimiento se había de realizar en el mismo sentido y con igual rapidez, el boicot dejaba de ser justo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

Marx describiría a la perfección estos grupos respecto a su política de elecciones y sindical:

«Los grupos sectarios. (…) Pensadores individuales hacen la crítica de los antagonismos sociales y dan para ellos soluciones fantásticas que la masa de los obreros no tiene más que aceptar, propagar y poner en práctica. Por naturaleza, las sectas formadas por estos iniciadores son abstencionistas, extrañas a todo movimiento real, a la política, a las huelgas, a las coaliciones; en una palabra, a todo movimiento de conjunto. La masa del proletariado se mantiene siempre indiferente o incluso hostil a su propaganda». (Karl Marx y Friedrich Engels; Las pretendidas escisiones en la Internacional; Circular reservada del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores, 1872)

Recintemente, RC ha vuelto ha cambiar de posición, esta vez sobre el tema electoral:

«Equipo de Bitácora (M-L): ¿Se puede explicar por qué desde RC tienen el eslogan del FO de abstenerse de votar «Contra la farsa electoral» (*) y después presentarse de nuevo con una tapadera, la Candidatura Popular Sedavi, bajo el eslogan por el «Voto útil» (*)?

Entrevistado: Históricamente la postura de RC sobre las elecciones ha ido cambiando dando bandazos, aquellos que ellos llaman «cambios dialécticos» aunque sus cambios no tengan una explicación lógica.

En principio RC ha argumentado, desde 2012, que boicoteaba todas las elecciones porque:

«No existe un partido con capacidad en el Estado –ya que el partido comunista no existe–, para realizar un trabajo que suponga un avance para la clase obrera». (Reconstrucción Comunista; De Acero, Nº5, 2014)

Poco después anunciaron que tras celebrarse el IIIº Congreso de RC de 2015 los militantes habían decidido que podían pasar a constituirse como «partido» –otro montaje pues se habían dado de alta en el registro de partidos desde 2014, como comento en otra parte de la entrevista (*)–, pero la línea electoral para las generales o municipales no cambió pese a que ahora se llamaban partido, se seguía apelando al boicot.

Además del argumento anarquista, repetían que no se presentaban porque:

«Tendría también, dicho todo esto, un papel de legitimación». (Reconstrucción Comunista; De Acero, Nº5, 2014)

A lo que añaden que la utilización de las elecciones solo serviría para:

«Entendemos que presentarnos solo serviría para desgastarnos, debilitarnos, no sacar ningún rédito político o fortalecimiento». (Reconstrucción Comunista; De Acero, Nº5, 2014)

Recomiendo que lean el artículo de Lenin: «Caricatura del bolchevismo» de 1909, para que se vea cuan falso es esta postura.

Ahora en 2019 RC cambia de parecer, aunque como siempre, mudando de posiciones gradualmente y sin hacer autocrítica. El caso de las elecciones en Sevadí parece surrealista. Por un lado RC mantiene desde el FO el eslogan de boicotear la farsa electoral, eslogan similar al que utilizaba el PCE (r) con su: «Boicot activo a la farsa electoral» (*). Dichos lemas dan a entender que las elecciones burguesas deben ser abandonadas por los comunistas y no participar en cualquier tipo de elecciones [6], aunque luego en sus comunicados sobre las elecciones den diversas excusas como la falta de fuerzas. En cambio desde la CPS (Candidatura Popular Sedaví), que es una creación de RC para dicha localidad, se anima a lo contrario, a saber: todo al voto útil, arreglar columpios, un bus, eliminar burocracia y demás propuestas que pueden ser vistas en su programa municipal «revolucionario». ¡Votadnos y confiar en las suculentas reformas que tenemos pensado para el pueblo de Sedaví!

Ya ni entrar en el hecho de que en la lista de la candidatura hay gente que ni es del pueblo y se ha tenido que empadronar meses antes de las elecciones municipales para poder estar en la lista.

El hecho de negar que la candidatura es el partido –véase las redes sociales de la candidatura– es muy descarado, no me veo yo defendiendo esa pantomima. Gente de la lista de la candidatura municipal que en sus redes sociales les falta un cartel poniendo «milito en RC» diciendo que la candidatura no tiene ligazón con RC porque en la lista hay gente del BOSA y «vecinos de Sedaví», que, curiosamente, son los últimos en la lista, dejando a los primeros que –extrañamente– llenan sus publicaciones e imágenes de perfil con propaganda de RC y el FO. Luego se dirá que este y aquél son chivatos y no sé qué. Sinceramente, hay que ser realista por favor, sólo hay que mirar tu perfil personal en las distintas redes sociales como Facebook unos minutos para constatar dónde te organizas.

Equipo de Bitácora (M-L): ¿Estás diciendo que se vendía la idea de que podían ganar la alcaldía en Sedaví?

Entrevistado: ¡Sí! ¡Y tanto que vendían que iba a ser un triunfo! Nada más hay que ver los comentarios que aún están en las redes sociales oficiales de la CPS (*)(**), que si alcalde que si concejales por doquier, etc. Me duele por la gente de base que se dejó horas en eso. De nuevo fue esperpéntico el discurso de que la Candidatura Popular de Sedaví no era RC, cuando todas sus listas indicaban lo contrario, lo cual fue motivo de mofa una vez más, por aquello que siempre se ha señalado: las mil tapaderas mal disfrazadas de RC. La realidad les ha golpeado, no solo no han ganado, sino que hasta la escoria de Vox ha sacado más votos». (Equipo de Bitácora (M-L); Conversación con un reciente exmilitante de RC de Llíria, sobre los últimos fenómenos de la organización, 2019)

La confusión entre trabajo de partido y trabajo de masas

El trabajo de partido serían todas aquellas funciones básicas que sus individuos deben realizan para mantener el funcionamiento de la estructura ya creada; tareas administrativas para la supervisión de tareas, control económico del tesoro del partido y asignación de fondos para diferentes cuestiones, planes de formación ideológica internos, evaluaciones sobre las tareas cumplidas y debates sobre los próximos objetivos a trazar, etc. Por cuestiones obvias de demanda y necesidades solo una parte del tiempo del mismo tiene directa relación con la agitación y propaganda hacia elementos externos, como podría ser la captación de nuevos miembros, etc. Por lo tanto, no se puede declarar que es lo mismo realizar ciertas tareas partidistas de esta índole –y con el equivocado enfoque se le da por lo general– que estar realizando un verdadero «trabajo» de cara a las vatas masas del país; esta última tarea implica que el partido salga de su zona de confort, que tenga capacidad no solo de llegar sino de convencer a las masas que están fuera de su área de influencia, incluyendo las no politizadas. Aceptar ambas tareas como sinónimos sería autoengañarse y de paso romper la relación entre vanguardia-masas. Nos explicaremos mejor.

Si repasamos los documentos de antiguas organizaciones revolucionarias como el PCE o el PCE (m-l), un partido, entre otras responsabilidades, se dispondría a hacer trabajo de calle para popularizar su línea, desplegaría a sus militantes yendo a las unidades de producción, montando de forma sistemática células en sus respectivos sitios de trabajo y estudio. En muchos casos eso no sería suficiente o eficiente, por lo que en muchos casos mandaría a los «revolucionarios profesionales» a suplir sus deficiencias, es decir, los especialistas en agitación y propaganda. 

Ningún partido revisionista actual ha demostrado estar en condiciones de tener un contacto directo con las unidades de producción del país y menos de forma sistemática. La mayoría también carecen de esos «revolucionarios profesionales» expertos en agitación y propaganda, ni hablemos ya de cuestiones de seguridad, donde el liberalismo es atroz. A lo que aspiran, como bien sabemos, es a «hacerse la foto», a publicitarse, como hacen otras cincuenta organizaciones cuando un conflicto laboral o vecinal sale a la luz, pero cuando las cámaras se van, ese conflicto deja de ser de su interés. La mayoría de veces ni siquiera diriguen los conflictos a los cuales dan publicidad, pero todos se hinclan el pecho con que «están con el pueblo». Por eso por lo general participan en aquellos «frentes de masas» donde solo militan sus propios militantes. Otras veces temiendo la competencia de otras marcas o por mero afán de aparentar, sí se atreven a mandar a algunos de sus militantes hacia los frentes de masas no conocidos y dominados por el partido, pero generalmente se hace sin un estudio cabal de los medios y las posibilidades, es así que son lanzados como cristianos a los leones, por lo que no es difícil ver aparecer a estos seres desorientados, los cuales confiesan estar ahí por dirección de arriba, pero no tienen preparación alguna para las tareas asignadas ni para reaccionar ante cualquier eventualidad, en otros casos, directamente no hay directrices salvo hacer acto de presencia, y tampoco es de extrañar que las perspectivas de la dirección fuesen irreales del todo desde un principio. Por estas y otras razones existe un trecho enorme entre la concepción de un partido revolucionario de verdad que mantenemos nosotros y la caricatura del mismo tan conformista que abanderan estos grupos. Véase la obra: «Fundamentos y propósitos» de 2021.

En su momento también criticamos en RC su falsa creencia de que el tener escuelas de formación es sinónimo de «trabajo de masas» que les distingue del resto de formaciones de nuestro país. Como si dar charlas junto a un pequeño grupo «reconstitucionalista» –para promocionar movimientos maoístas del extranjero– fuese novedoso o como si compartir espacio con el PCOE-PCTE para dar discursos insulsos y formales sobre Stalin, tuviese algo que ver con un trabajo revolucionario serio, en especial cuando se elude la crítica al revisionismo y el enemigo ideológico te felicita por ello. Véase el capítulo: «Dime con quién te juntas y te diré quién eres» de 2017.

En resumidas cuentas, no hay ni puede haber un trabajo de masas y un crecimiento exponencial de la organización bajo estas formas de actuación, pues a lo sumo solo se llegará a las masas ya politizadas, que las más de las veces ya están inmersas en la militancia o en la órbita de algún grupo de la sopa de letras existente. En todo caso, con esta metodología con suerte se logrará arrastrar a los elementos más atrasados, aquellos que puede que cambien de organización, pero por cuestiones de índole menor. Pero para la mayoría de trabajadores tu agrupación y su línea seguirá siendo una completa desconocida porque te falta una estructura sólida y unas formas de agitación y propaganda que vayan más allá de llamar la atención, cosa que pueden hacer –y de hecho copian– agrupaciones fascistas como Hogar Social Madrid o Bastión Frontal.

Así que, por favor, no nos pretendan hacer creer que los mismos genios que en el trabajo en los frentes de masas –como los sindicatos– se limitan a entrar en frentes creados por ellos mismos y salirse de ellos sino les siguen, están realizando una «labor de masas» por crear «escuelas de formación» por y para sus propios militantes o coloquios para acercar posturas con otras agrupaciones políticas. Esto es otro intento ridículo de tomarnos el pelo.

Hace no mucho pudimos tener constancia sobre cómo se desarrollan estas «charlas formativas» por medio de una de las militantes encargadas de las charlas en RC:

«Itxasne: No es la primera vez que Roberto pone de ponente en charlas y formaciones a alguien que no está aún capacitado para ello. Adrián, Secretario General (SG) de la Juventud de RC, llegó a explicar en una formación de cuestión nacional, que la ligazón territorial de una nación que tuviera territorio insular, se rompía en función de los km que separasen a la isla/archipiélago del territorio más grande, llegando a estar en verdaderos aprietos cuando los militantes de base le preguntaban ejemplos de islas japonesas y demás, ante tal barbaridad tuvimos que intervenir para detener tales descalabros teóricos. Esto es más grave siendo que Adrian, miembro permanente de la camarilla de Roberto, se nos presentó como el historiador del partido, pero se notaba que no tenía una concepción marxista de nación, sino una sacada de su mundo idealista y que era totalmente ridícula pues por esa regla de tres Ibiza es una nación. La capacidad de Roberto para aplicar la teoría que decía estudiar y saber era tan escasa que durante años explicó el materialismo dialéctico con los mismos ejemplos ridículos. Conocido por todos era el ejemplo único y absoluto del vaso de agua. Esto era: un vaso vacío al borde de una mesa que se iba llenando gota a gota hasta precipitarse y estrellarse contra el suelo por el peso del agua representaba según él que cada gota de agua añadida un cambio cuantitativo y que con la caída del vaso al suelo había sucedido un cambio cualitativo. O su ejemplo estrella para explicar la diferencia entre un cambio dialéctico y uno mecánico era su «ejemplo de la cucaracha». «Si una cucaracha muere por muerte natural es un cambio dialéctico, pero si ahora pasa por aquí una cucaracha y yo la piso [¡PAAAM!] –y daba un pisotón en el suelo–, es un cambio mecánico». (Risas). Como veis este es el nivel de sus afamadas «escuelas de formación». (Equipo de Bitácora (M-L); Entrevista a dos exmiembros del Comité Central de Reconstrucción Comunista sobre su experiencia en dicha organización, 2017)

Como ejemplo de «trabajo de masas» también hace poco han publicitado, pagando en redes sociales para que salga en forma de spam, sus videos sobre su «campamento de verano» (*). Nuestros afables «boy scouts» revisionistas nos brindaron unos breves videos que fueron el hazmerreir para todo el campo antifascista. Ejemplificante fue ver como en todos los fotogramas salían haciendo actividades físicas y de contacto excepto un individuo aislado que salía jugando al ajedrez, lo que viene a enseñar el tiempo de media que dedican los militantes de RC a la actividad física y a la mental. Pero esto no es algo que otros grupos como el PCE (m-l) o el PCE no hayan hecho mil veces antes de que ellos fundasen su Iglesia particular. ¿Y qué podemos esperar que los jóvenes aprendan en estos campamentos si ya conocemos el zafio contenido político de los libros de Roberto Vaquero, donde acude al plagio de otros para salir del paso o cambia de opinión tan rápida como cambian las mareas? Entonces, ¿qué sacan en claro? ¿planificar las próximas campañas de acoso a sus exmilitantes, hacia otros colectivos antifascistas?

¿Trabajo online de concienciación?

Una de las principales plataformas que utilizaban los militantes de Reconstrucción Comunista (RC) tras su salida del Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) y del Partido Comunista de España (PCE) en 2009 era la página de RSA Madrid creada en 2010 y activa hasta 2015:

«Itxasne: Anteriormente estaba RSA Madrid: una página política propiedad de El Negro, Roberto y otros creada para ser el altavoz de «forma sutil» de RC compartiendo todas sus publicaciones mientras que en el resto se dedicaban a insultar y jugar a hacer «memes» caricaturescos a las organizaciones políticas detractoras. Desde ahí también pedían la «solidaridad» hacía RC en todos los conflictos y peleas en que se metían. Tras la salida de El Negro fue Roberto se quedó con las contraseñas y el encargado las publicaciones junto a Adrian. Hacer de trolls de internet, a eso se dedicaban nuestros «héroes del proletariado». En el IIº Congreso de 2012 hubo una enmienda para hacerlo oficialmente vocero, poco después en 2015 debido a la bajada de visitas y debido a la imagen poco seria que se daba, y ya que «nos constituíamos como partido», se decidió dejar la página inactiva en 2015. Ahora parece que con La Revolu News, han vuelto a los inicios, pues es una página dedicada a lo mismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Entrevista a dos exmiembros del Comité Central de Reconstrucción Comunista sobre su experiencia en dicha organización, 2017)

Desde RSA Madrid hacían una apología constante del movimiento skinhead local (*) y se autoconsideraban como tal mientras se hacía propaganda descarada de RC como si sus autores no fuesen los mismos. En el último Congreso de RC de 2015 se decidió dejar la página inactiva. Allí presentaban sus comunicados, colgaban las fotos de sus pintadas, hacían «memes» –viñetas de sátira– e insultaban de forma grosera a diversos políticos del PCPE, PCOE o de la política española en general con un toque que denotaba una inmadurez clara (*), este es el testigo que recogió otras paginas como La Revolu News (*). 

Una de las pruebas de que efectivamente la gente de RC no se fue de sitios como el PCPE y del PCE por cuestiones ideológicas es esta forma de combatir a otros colectivos a base de insultos infantiles (*), cosa que hoy mantiene RC como bien se hace notar por redes sociales. Graciosamente este radicalismo verbal se queda en nada, puesto que hemos visto como después se han reconciliar con muchos de los partidos revisionistas como el PCOE-PCPE, siendo invitados a sus eventos, y felicitando a RC por el trato recibido como veremos más adelante

Recientemente, vimos más de lo mismo en el canal de Youtube de Roberto Vaquero, Formación Obrera, donde se pone peluca para intentar ridiculizar a su reaccionario oponente anarco-capitalista mientras defenestra el buen nombre del marxismo con sus pobres argumentaciones (*). Roberto Vaquero parece estar más pendiente de hablar en su canal de excentricidades, como hombres que se sienten perro (*), la extraña Woolman Family (*), que una vegana sea prostituta (*) o reírse de sujetos de First Dates, que dicen sentirse del «género fluido» −esto es, sentir que el género varía en función de su estado de ánimo (*)−.

Con esto se está certificando que, como el propio posmodernismo que tanto denuncian, RC está más pendiente de las idioteces anecdóticas que del trabajo literario serio y transcendente; las propias formas de agitación de RC/FO son una escenificación exagerada para llamar la atención del público, y precisamente sabemos que no hay nada más posmoderno que vivir en la performance permanente. Se suele decir que si hablas y actúas como un nazi eres un nazi, pues aquí deberíamos añadir que si hablas y actúas como un posmoderno eres un posmoderno. ¿Son unos «nazi-posmodernos»? Bien podría decirse, pero lo dejaremos en que son unos reaccionarios para no marear a la gente con el sincretismo de estos eclécticos, ya que se le podría añadir cincuenta etiquetas más. Precisemos que, sin estas cosas estrafalarias, el mismo show de Roberto Vaquero no existiría, pues no tiene absolutamente nada serio que presentar al público, pues en lo teórico es un cero a la izquierda y en lo práctico solo han copiado el modelo populista de CasaPound. En relación a esos casos peculiares y extraños que se tratan en sus shows-vídeos, ¿de verdad piensan que estos casos son comparables al de todos los transgénero? ¿Creen que todos los transgénero se levantan y «mudan de género» según su estado de humor, o que su caso es igual al de alguien que come tierra o se cree un perro? Pero qué atrevida es la ignorancia mezclada con ansias de destacar.

En el resto de videos ideológicos «serios» se invita a todo tipo de personajes extrafalarios para tener un coloquio agradable: así tenemos a «cristianos marxistas» como John Illescas, un defensor de la prostitución y un declarado enemigo del leninismo, al cual considera un «camino estéril»; pero también a un «buenista-marxista», Santiago Armesilla, cuyo eslogan es «¡Antes España facha que rota!». En una de las últimas colaboraciones con sus homólogos del campo reaccionario, Roberto Vaquero mantuvo una «interesante» intercambio de opiniones con el también chovinista Pedro Ínsua, otro ideólogo de la Escuela de Gustavo Bueno, creyendo ambos que uno de los grandes problemas del proletariado hispano era la «leyenda negra». Véase el capítulo: «De «leyenda negra» a «leyenda blanca» de 2021.

Por ir finalizando, Roberto Vaquero ha logrado el sueño de cualquier lumpen: se dedica a hacer vídeos en directo cuando le apetece sobre cualquier chorrada, mantiene charlas amistosas con reaccionarios en Youtube o TV para ganar popularidad, en sus grandes espacios de «ratos libres» puede mandar escribir libros a otros donde se plagia el material de terceros y donde además no se dice nada nuevo, pero ¡qué más da! Él sabe que venderá de forma obligada este «material de formación» entre sus «fieles». Lo mejor de todo para él es que mientras tanto está cobrando las rentas de su entramado económico creado gracias a la política y ya recibe subvenciones estatales para mantener el chiringuito, siendo sus militantes de base son quienes se parten el lomo y aportan la base económica para mantenerle a él y a su camarilla.

Todo es un chiringuito montado a través de los negocios personales que se edifican gracias a la aportación de sus militantes, gracias a las subvenciones estatales que piden a través de sus sindicatos estudiantiles y otras plataformas. Recientemente, este «encantador de serpientes» ha iniciado su carrera como «youtuber», vendiendo «sus» libros, e incluso pidiendo «la voluntad» de su «comunidad patreon», para de estar manera poder financiar mejor su estilo de vida decadente, mientras tanto al militante de base se le insiste en la compra-venta de merchandising del partido y se le exige pagar religiosamente las cuotas de militancia. Este diezmo que se pide a los fieles para mantener a la parroquia robertista es cuanto menos graciosa, dado que el señor obispo vive en el parasitismo a la par que predica una vida de lucha y sacrificio. Militantes de base de RC, ¿qué más hace falta para daros cuenta que sois parte de una farsa dirigida por un estafador con ínfulas de salvador del proletariado? Cuando se cierre el telón el único que habrá disfrutado con la actuación será vuestro líder, que se habrá llenado los bolsillos con vuestra candidez. ¡Despertad!». (Equipo de Bitácora (M-L)Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 2020)

1 comentario:

  1. "A veces no son conscientes de que otros grupos nacionalistas, feministas, anarquistas y revisionistas, aunque efectivamente cuentan con muchos militantes pasivos y débiles de corazón, con otro puñado de equidistantes y gente que no quiere problemas, también cuentan con militantes de élite, gente abnegada que por mucho que esté tan engañada como ellos en muchas cuestiones, defenderán con uñas y dientes su formación y su espacio, por lo que darán un escarmiento como RC saque los pies del tiesto. De hecho, no pocas veces sus jefes han tenido que retroceder y huir, empezando por su Secretario General y sus variadas mudanzas." Cuantas de sus gestas no se habran recogido. Recuerdo una particularmente lamentable: en un homenaje a los fusilados por el franquismo en Valencia, en esos momentos RC y Juventudes Libertarias formaban parte de la Plataforma por la Memoria Historica del Pais Valencià, organizadora del acto. RC avisó de que iban a venir a Valencia camaradas de Madrid en una clara advertencia a la gente de Juventudes. El dia del acto, a la salida del cementerio los militantes de RC echaron a andar detras de ços de juventudes hasta que estos se encontraron con un grupo de simpatizantes que habian acudido para la ocasion. Al ver los valientes de RC con quien se enfrentaban recularon pero el bochornoso espectaculo ya estaba servido. Las agresiones contra militantes no comunistas no estan tan documentadas por desgracia

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