«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Pérdida del poder y oposición de 1990 a 2006; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

Daniel Ortega entrega la presidencia a Violeta Barrios

«Mucho se ha dicho sobre que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) perdió las elecciones debido a la guerra, y no a sus decisiones político-económicas y a los efectos de sus desviaciones teórico-prácticas:

«Sin negar los errores que se cometieron, fue la guerra impuesta por el Imperio el factor determinante en la derrota electoral que sufrió el FSLN, en febrero de 1990, frente a una gran coalición de derecha». (Mónica Baltodano; Entrevista a Mónica Baltodano, de Nicaragua, comandante guerrillera del FSLN, 17 de junio de 2010)

Un ejercicio de volar toda crítica y autocrítica, y en resumen una ofensiva simplificación y respuesta nada sincera, diversionista, que no ahonda en las causas últimas que hicieron posible la salida del poder del FSLN. Se nos asemeja a las excusas de los revisionistas prosoviéticos que echan toda la culpa a los Estados Unidos y a Gorbachov para explicar el desmantelamiento anunciado de la Unión Soviética. Y es que como en el caso soviético, en la Nicaragua del FSLN: sus mayúsculas contradicciones en todos los campos son las causas fundamentales de la pérdida del poder aunque si bien la guerra jugaría un papel central, veamos:

1) Permisión al somocismo de crecer económicamente y políticamente: al establecer un régimen democrático burgués electoralista y renunciar de facto a la dictadura revolucionaria del proletariado en alianza con el campesinado, y en tanto al marxismo-leninismo, el FSLN creó las condiciones para que la burguesía nacional pudiera hegemonizar el triunfo revolucionario. Mientras en general todas las clases explotadoras mantuvieron el poder económico –a excepción de aquellas que estaba en poder de la familia Somoza y sus allegados– este proceso de acumulación de riqueza fue en aumento. Esas políticas se mantuvieron a pesar de que muchas de clases explotadoras estaban directamente relacionadas con la organización, financiamiento, entrenamiento, propaganda, etc., de la Contra en estrecha colaboración con el imperialismo estadounidense. La situación desastrosa económico-social de finales de los 80 dio como resultado las negociaciones con la Contra, a través de los Acuerdos de Esquipulas I y II y el Acuerdo de Sapoá, y su inclusión en la democracia burguesa para disputar el poder político, que se tradujeron en la participación legal de las organizadores somocistas en las elecciones de 1990.

2) Problemas económicos: la economía nunca se enderezó, y se tradujo en una económica incontrolable para los economistas del FSLN que minaba su influencia en la población poco a poco, y que hacía tambalear el ejercicio de su control político. Eso ya lo vimos al explicar los casos de endeudamiento, inflación, desempleo, falta de abastecimientos de alimentos básicos, racionamientos, etc.

Vale decir que fruto de la pérdida del poder, el patrimonio económico del FSLN –nunca se supo con certeza cuál era ese patrimonio–. Días después de la pérdida de las elecciones Daniel Ortega diría que se haría público en los días siguientes, pero como es habitual, era una mentira, aún estamos esperando que ocurra. En realidad este patrimonio fue objeto de repartición entre los dirigentes afectando incluso al Estado. Hubo una apropiación sistemática y sistematizada de medios de producción sin que hubiese ningún mecanismo para detenerlo, o que se alzara voz alguna entre la dirigencia en contra del mismo. Es decir el FSLN una vez perdidas las elecciones creó más burgueses o consolidó a otros existentes que se apropiaron de más patrimonio. Esto se justificó diciendo de que el FSLN requería de esa estrategia para mantener su financiación para que no colapsara; no obstante, este hecho fue otro salto en la degeneración ideológica partidaria, con el agregado de que el partido, ya sin patrimonio, pasaba a estar bajo dependencia económica directa de unos pocos dirigentes que imponían sus propios intereses al partido; es decir, la apropiación económica del patrimonio posibilitó que se centralizaran aún más los órganos de mando, aunque se mantuvo una suerte de «mecanismo electoral interno» bien controlado. Recuérdese que en una organización política quién tiene el poder económico tiene el poder político. Y este rasgo es otro que consolidó al FSLN como un partido socialdemócrata, ¡fuera por supuesto del hecho de su ya de por sí afiliación a la traidora Internacional Socialista!

Vale aclarar que este proceso de apropiación del patrimonio Estatal es tangencial a todos los gobiernos que ha sufrido el pueblo nicaragüense, y que el mismo fue especialmente crítico en la época neoliberal; no obstante no lo abordaremos por no ser el tema a tratar en este documento.

3) La falta de la creación de una extensión de la cultura proletaria: nunca se llevó a cabo la necesaria lucha de clases en el campo ideológico –tampoco en el campo económico, ni en el político– que posibilitara la extinción objetiva de todas las diversas clases explotadoras en Nicaragua. Por tanto el FSLN se dedicó a gestionar un Estado burgués y ha legarle una democracia burguesa consolidada a Violeta Chamorro y compañía, una política económica de economía mixta y de inversiones extranjeras, que solo sería retocada reduciendo el sector estatal. Eso como era de esperar se tradujo en otorgar una cultura que pese a sus avances respecto a la época somocista, no salía de los marcos de la cultura burguesa y degenerada del capitalismo, por tanto no había creado una educación ni consciencia justa en la población sobre la propiedad privada, la religión, la lucha de clases o la independencia y soberanía nacional.

4) La formación político ideológica entre los cuadros del FSLN: nunca fue una verdadera prioridad; se hablaba de marxismo-leninismo para justificar las desviaciones teórico-prácticas al tiempo que se daba cabida a tendencias como el liberalismo, el reformismo o el revisionismo, incluso algunas de carácter religiosas como la «teología de la liberación», algo que vemos presentes desde antes del triunfo y que originó la aparición de las tendencias ya mencionadas: así como la ruptura que originó al socialdemócrata Movimiento Renovador Sandinista.

5) La decepción en los derechos y libertades prometidos: el FSLN no llegó a resolver las aspiraciones que el pueblo en general depositó en el triunfo de la lucha armada antisomocista, sino que este además sufrió el agravamiento de la situación económica en general, y en particular las clases trabajadoras que pasaban, y pasan, por ser las más empobrecidas. Esto dio como resultado un agotamiento paulatino de la confianza de las masas populares –como era normal– en un partido que año tras año le decepcionaba, mientras ni los derechos, ni la economía, ni las libertades, se ampliaban a mejor. Es decir, no era únicamente que el FSLN incumplía su promesa de socialismo y de democracia proletaria para el pueblo nicaragüense, sino que incluso fue incapaz de llevar a máximos los derechos económico-políticos de la democracia burguesa que administró.

4) La pérdida paulatina de la militancia: muchos ex militantes del FSLN se acabarían yendo por los constantes fracasos del partido en varias materias. Algunos por la misma paupérrima formación ideológica serían aprovechados por las agrupaciones del viejo somocismo integradas en la Unión Nacional Opositora (UNO), otros simplemente preferían probar con el partido-alianza en el poder: «¡a ver qué tal iba la cosa con Violeta Chamorro!» o el opositor de turno. Otros cansados de la tomadura de pelo del FSLN se desengañaron dándose cuenta del carácter embaucador del FSLN para sus intereses, pero no vendían su apoyo político a los viejos somocistas porque conocía perfectamente quiénes eran y que supuso Somoza para Nicaragua y sus trabajadores, algunos de estos cayeron en el apoliticismo y en la apatía. Otros pese a una simpatía o militancia en el FSLN en sus inicios, efectivamente ahora renegaban abiertamente de los bandos de FSLN vs UNO, pero cayeron en el desánimo a causa, entre otras, de la deriva del Movimiento de Acción Popular Marxista-Leninista (MAP-ML); dicho de otro modo: capitularon debido a la ausencia de una organización proletaria beligerante en la que trabajar y tener como referente.» (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

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