«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 28 de noviembre de 2015

¿Qué representa la actual socialdemocracia?; Enver Hoxha, 1964

El socialdemócrata francés Guy Mollet (Flers, 31 de diciembre de 1905 – París, 3 de octubre de 1975)

«La socialdemocracia actual es la continuadora directa de la traidora II Internacional. Ha heredado todo el bagaje ideológico, organizativo y táctico de los partidos de la II internacional. Los socialdemócratas iniciaron su traición alejándose de las enseñanzas fundamentales del marxismo-leninismo, declarándolas caducas e inservibles, negando la lucha de clases y sustituyéndola por la «teoría» de la armonía y la reconciliación de clases, negando la revolución y sustituyéndola por reformas en el marco del orden capitalista, renunciando a la vía revolucionarla y reemplazándola por la vía «pacífica», «democrática» y parlamentaria, negando la necesidad indispensable de destruir el viejo aparato del Estado burgués y aceptando el Estado capitalista como medio para pasar al socialismo, negando la dictadura del proletariado y poniendo en su lugar a la «democracia pura y general», apartándose del internacionalismo proletario y deslizándose totalmente a las posiciones del nacional-chovinismo, de la abierta unidad con la burguesía imperialista.

Desenmascarando la traición de la vieja socialdemocracia, Lenin en su obra «¿Qué hacer?» de 1902, escribía:

«La socialdemocracia debe transformarse de partido de la revolución social, en un partido democrático de reformas sociales. Bernstein ha apoyado esta reivindicación política con toda una batería de «nuevos» argumentos y consideraciones armoniosamente bastante concordados. Ha sido negada la posibilidad de fundamentar científicamente al socialismo y de demostrar, desde el punto de vista de la concepción materialista de la historia, su necesidad e inevitabilidad; ha sido negado el hecho de la miseria creciente, de la proletarización y de la exacerbación de las contradicciones capitalistas; ha sido declarado inconsistente el concepto mismo del «objetivo final», rechazada en absoluto la idea de la dictadura del proletariado; ha sido negada la oposición de principios que existe entre el liberalismo y el socialismo, ha sido negada la teoría de la lucha de clases, pretendiendo que no es aplicable a una sociedad estrictamente democrática, gobernada conforme a la voluntad de la mayoría, etc». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

Alineándose en este camino la socialdemocracia se transformó en fiel defensora del orden capitalista, en servidora de la burguesía, en el más importante apoyo ideológico y político de la burguesía en el seno del movimiento obrero. Ha ayudado a la burguesía a oprimir y explotar a los obreros de su propio país y a los pueblos de los demás países, ahogar su movimiento revolucionario y de liberación.

«Se ha demostrado que los militantes del movimiento obrero, que pertenecen a la tendencia oportunista, son mejores defensores de la burguesía que los propios burgueses. Si ellos no dirigieran a los obreros, la burguesía no podría sostenerse». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informe sobre la situación internacional y las tareas fundamentales de la Komintern, 19 de julio de 1920)

Pero la socialdemocracia actual ha ido más lejos en su camino de traición que en el período de la II Internacional. Lo que hoy le caracteriza es su tendencia cada vez más acentuada hacia la derecha.

A partir de 1955, los partidos socialdemócratas de Europa Occidental, como el Partido Laborista Inglés, los partidos socialdemócratas de Francia, Austria, Suiza, Holanda, Luxemburgo, Alemania Occidental y de los países escandinavos, cambiaron sus programas, o se han dedicado a elaborar nuevas orientaciones programáticas. ¿Qué es lo que caracteriza estos programas y nuevas orientaciones programáticas? Es la unión ecléctica de las viejas teorías oportunistas con las teorías burguesas «modernas», la renuncia definitiva a todos los principios e ideales del socialismo, la abierta defensa del sistema de explotación capitalista y el anticomunismo furibundo.

Si los viejos reformistas aceptaban, aunque fuera solamente de palabra, la instauración del socialismo, como objetivo final, los socialdemócratas de hoy han renunciado abiertamente a este objetivo. Predican que están por el llamado «socialismo democrático», el cual nada tiene en común con el verdadero socialismo científico, es más, lo niega y lo substituye con algunas reformas liberales burguesas, que no afectan en absoluto las bases de la sociedad capitalista. ¿Cómo se puede hablar de socialismo, cuando en numerosos programas socialdemócratas se ha suprimido hasta el requisito elemental del socialismo que es la liquidación de la propiedad privada de los medios de producción?

Después de la conocida declaración de la Internacional Socialista «Los fines y las tareas del socialismo democrático» –publicada en 1951–, los nuevos programas orientan a la clase obrera, no contra el capitalismo, sino solamente contra el capitalismo «no controlado» [1]. La nacionalización parcial de las empresas por el Estado burgués, la creación del capitalismo monopolista de Estado, la injerencia del Estado capitalista en la vida económica del país, la introducción de algunas reformas democrático-burguesas, todas estas cuestiones, en los nuevos programas y declaraciones de los socialdemócratas, se presentan como pruebas que demuestran que, supuestamente, en algunos países capitalistas se han sentado las bases del socialismo [2]. Al mismo tiempo, niegan el carácter socialista de las transformaciones en los países socialistas. Repiten así, directa o indirectamente, las teorías burguesas en boga sobre el «capitalismo popular», «controlado», «organizado», «democrático», etc.

Este alejamiento de los socialdemócratas de los principios del socialismo y su respaldo al capitalismo lo ha saludado, en más de una ocasión, la prensa reaccionaria burguesa. En uno de sus editoriales titulado «La sepultura del marxismo», el periódico «Washington Post and Times Herald», escribía:

«84 años después de su fundación en el histórico congreso de Gotha, el Partido Socialdemócrata de Alemania, en su congreso de Bad-Godesberg, renunciaba a la ideología marxista y dejaba de ser socialista en el verdadero sentido de la palabra. Aceptaba el principio de la «libre iniciativa privada dondequiera que sea posible» en la vida económica». (Washington Post and Times Herald; La sepultura del marxismo, 1959)

Los nuevos programas de los partidos socialdemócratas han rechazado las ideas sobre las contradicciones, el antagonismo y la lucha de clases, han borrado los límites entre los oprimidos y los opresores, los explotados y los explotadores. En vez de la lucha de clases preconizan el «sentido de responsabilidad» del hombre «en general». Y así, en el programa del Partido Socialdemócrata de Alemania, se dice:

«La libertad y la democracia en la sociedad industrial, son posibles solamente si el mayor número de personas elevan su conciencia social y se muestran dispuestas a compartir la responsabilidad. Los socialdemócratas se expresan por la solidaridad y la armonía de todos los hombres», por lograr el objetivo que está «por encima de las clases», el «socialismo democrático». (Partido Socialdemócrata de Alemania; Programa, 1959)

Siendo que el «socialismo democrático» no afecta en lo más mínimo las bases del régimen capitalista, sino que es una forma de capitalismo «reformado», es natural que no haya necesidad de ninguna revolución socialista. Según los socialdemócratas el «socialismo democrático» se realizará mediante la «evolución económica, espontánea», la limitación de los derechos y del potencial de las uniones monopolistas y con la ayuda del mismo Estado capitalista. Sin embargo, para alcanzar ese ideal, es necesario que los socialdemócratas accedan al poder y el único camino para conseguirlo es la lucha electoral para obtener la mayoría en el parlamento burgués. Elogiando la declaración de la Internacional Socialista sobre: «Los fines y las tareas del socialismo democrático», uno de sus cabecillas, Brauntal, ha dicho que esta declaración «pone fin al debate sobre la dictadura del proletariado», «excluye la lucha revolucionaria de clases como método para la realización del socialismo», «rechaza la adhesión a cualquier teoría socialista».

Los partidos socialdemócratas han roto toda relación con el marxismo-leninismo, con la teoría del socialismo científico y la concepción materialista. En el programa del partido socialista austríaco, se dice que:

«El socialismo es un movimiento internacional, que no implica necesariamente unanimidad de puntos de vista. Independientemente del origen de sus puntos de vista, de si proceden del análisis marxista o de algún otro análisis social, de los principios religiosos o humanos, todos los socialistas tienden a un objetivo común». (Partido Socialdemócrata de Austria; Programa, 1958)

Hablando en el congreso del Partido Socialdemócrata de Alemania en Bad Godesberg, el ex presidente de este partido, Erich Ollenhauer, declaró que «la demanda de hacer del programa político de Karl Marx y Friedrich Engels el contenido del programa socialdemócrata de 1959, es inconcebiblemente antimarxista» [3], y agregó:

«No lograríamos hacernos comprender si hablásemos con el lenguaje del pasado, no lograríamos resolver los problemas actuales con nuestras viejas concepciones». (Erich Ollenhauer; Discurso en el Congreso de Bad Godesberg del Partido Socialdemócrata de Alemania, 1959)

La socialdemocracia actual, no solamente ha caído desde hace tiempo en las posiciones del idealismo filosófico, y ha asumido la defensa del idealismo, sino que se esfuerza por encontrar apoyo, e incluso por fundirse con su forma más extrema, la religión [4]. Así por ejemplo, en los programas de la socialdemocracia alemana, austriaca, suiza, etc., se subraya que el «socialismo democrático» tiene sus raíces en la ética y la doctrina cristiana, que socialismo y religión, lejos de excluirse concuerdan perfectamente. Hablando en el congreso del Partido Socialdemócrata de Austria, en 1958, el autor del nuevo programa, B. Kautsky, señaló:

«Nosotros quisiéramos elaborar un programa, al que pudieran subscribirse enteramente tanto los marxistas como los no marxistas, tanto los ateos como los socialistas creyentes». (B. Kautsky; Sobre el nuevo programa del Partido Socialdemócrata de Austria, 1958)

Una tentativa análoga de reconciliar el cristianismo con el socialismo, la concepción idealista religiosa y la concepción materialista científica, también se observa en la entrevista concedida al corresponsal del periódico italiano «l'Unitá» por el socialista francés Guy Mollet y que fue publicada en este periódico el 22 de febrero pasado.

Estos son en líneas generales los puntos de vista ideológicos de la socialdemocracia actual. Lo que aquí conviene acentuar, es que los programas, como siempre, son más izquierdistas que sus actos. Si de palabra, los socialistas de derecha tratan de hacerse, pasar todavía por verdaderos socialistas a fin desengañar a los obreros, con sus actos se han transformado, desde hace tiempo, en fieles defensores del régimen capitalista. Tanto si están a la oposición, a la cabeza de los gobiernos burgueses, o sean simples miembros de éstos, los cabecillas de la socialdemocracia, con todos sus puntos de vista y sus actos, sirven a la salvaguardia y al fortalecimiento del régimen burgués. Toda la demagogia socialista de la socialdemocracia actual, ha sido desenmascarada por la propia experiencia. Los socialistas han estado, más de una vez, a la cabeza del gobierno burgués, como en Inglaterra, Francia y otros Estados.

Todavía hoy, están a la cabeza de los gobiernos de numerosos países capitalistas, o forman parte de éstos. Pero, ¿qué han hecho por los obreros, por el socialismo? Nada más que llevar a la práctica las recomendaciones de Léon Blum, según las cuales, los socialistas en el poder deben ser los «gestores leales de la sociedad capitalista».

Detengámonos, aunque sea brevemente, para analizar la actividad del Partido Socialista Francés y de su dirigente, Guy Mollet, que más de una vez ha formado parte del gobierno francés, que incluso lo ha presidido y que ahora los revisionistas lo presentan como un elemento de izquierda con quien entablan conversaciones cordiales. Los socialistas franceses, cuando estaban a la cabeza del gobierno, han lanzado sus perros contra los obreros huelguistas, incitaron la infame guerra de Indochina, emprendieron represiones policíacas contra los pueblos de las demás colonias, desarrollaron e intensificaron la guerra contra el pueblo argelino, aprobaron el pacto del Atlántico Norte y el rearme de Alemania Occidental. El gobierno de Guy Mollet subscribió el acuerdo sobre el «Mercado Común» y el «Euratom», fue uno de los organizadores de la agresión militar contra Egipto, la traición de Guy Mollet abrió el camino a la instauración del poder personal en Francia, etc. Hablando sobre la actividad del gobierno de Guy Mollet, el propio semanario laborista «Tribune» escribía a comienzos del año 1957 que: «Mollet es una vergüenza tanto para Francia como para el socialismo».

Tal es la verdadera catadura traidora de la socialdemocracia actual. No en vano numerosos representantes de la burguesía han acentuado el gran papel de los partidos socialdemócratas en la represión del movimiento revolucionario de los trabajadores y en defensa del orden capitalista, y los han cubierto de elogios. Así por ejemplo, T. Junilla, director de un banco capitalista en Finlandia, declaraba:

«En la lucha por ganarse la conciencia de los obreros de la industria, sólo los socialdemócratas pueden servir como una poderosa fuerza, que pueda hacer frente a los comunistas. Si la socialdemocracia pierde esta batalla, esto podría ser, irremediablemente, el fin de la democracia en Finlandia. He aquí porque yo, siendo un conservador burgués, me veo obligado a decir que tenemos necesidad de un partido socialdemócrata unido, militante y que respalde resueltamente la democracia nórdica». (Declaración de T. Junilla)

Del mismo modo, el periódico burgués inglés «Financial Times», del 28 de junio de 1963, señalaba que:

«Los industriales van perdiendo el miedo a los laboristas, e incluso algunos de ellos son de la opinión de que el gobierno laborista abrirá mayores perspectivas de desarrollo que los tories». (Financial Times; 28 de junio de 1963)

Precisamente porque los socialdemócratas son agentes de la burguesía en el movimiento obrero, para los marxistas-leninistas ha estado siempre claro que, sin una lucha resuelta por el desenmascaramiento y la derrota ideológica y política de la socialdemocracia, la clase obrera no podrá desarrollar con éxito su lucha y lograr la victoria.

«El hecho es que los «partidos obreros burgueses», como fenómeno político ya han sido constituidos en todos los países capitalistas avanzados y que, sin una lucha enérgica y despiadada, en toda la línea, contra estos partidos –o, lo que es lo mismo, contra esos grupos, contra esas tendencias, etc.– no puede ni hablarse de lucha contra el imperialismo, ni de marxismo, ni de movimiento obrero socialista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El imperialismo y la escisión del socialismo, 1916)

También Iósif Stalin, como revolucionario y marxista consecuente, señalaba:

«La actual ideología socialdemócrata es el puntal ideológico del capitalismo. Lenin tenía mil veces razón al decir que los actuales políticos socialdemócratas son «verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero, lugartenientes obreros de la clase de los capitalistas» y que, en «la guerra civil entre el proletariado y la burguesía», se colocarán inevitablemente «al lado de los «versalleses» contra los «comuneros». No se puede acabar con el capitalismo sin acabar con la ideología socialdemócrata en él movimiento obrero. Por eso, la era de la agonía del capitalismo es, al mismo tiempo, la era de la agonía de la ideología socialdemócrata en el movimiento obrero». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El carácter internacional de la revolución de octubre, 1927)

Asimismo, en la Declaración de Moscú de 1960, se subraya que:

«Los cabecillas socialdemócratas de derecha han pasado abiertamente a las posiciones del imperialismo, que defienden el sistema capitalista, dividen a la clase obrera y son enemigos del comunismo». (Declaración de los partidos comunistas en la Conferencia de Moscú; 1960)

Se exige a los comunistas continuar la lucha para desenmascararlos.

Pero los revisionistas modernos con el grupo de Jruschov a la cabeza, como renegados y enemigos del marxismo, obran totalmente en contra de las enseñanzas de Lenin y de Stalin y de las directrices de la Declaración de Moscú, siguen el camino de la unidad y de la fusión con los cabecillas socialdemócratas de derecha. Y esto no es casual. La socialdemocracia actual y los revisionistas modernos tienen muchas cosas en común, avanzan en una misma dirección y hacia un mismo fin contrarrevolucionario». (Enver HoxhaLos revisionistas modernos en el camino de la degeneración socialdemócrata y su fusión con la socialdemocracia, 1964)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[1] Lo que aquí se llama, controlar los «desfases del capitalismo» y promover en cambio el «capitalismo controlado», sería una táctica adoptada no sólo por la socialdemocracia, sino también por todo tipo de revisionismos para implantar la «economía mixta» o dicho de otro modo: la existencia de la propiedad privada «ad infinitum» y por tanto la no eliminación de la explotación del hombre por el hombre. Esta una teoría económica utilizada siempre por los distintos revisionismos ya fuera el revisionismo yugoslavo, chino, eurocomunista, etc.:

«Para realizar una sociedad socialista –declaran los revisionistas italianos– no es necesaria una estatización integral de los medios de producción. Junto a un sector público actuará la iniciativa privada. Particular función desempeñarán la propiedad campesina libremente asociada; la artesanía; la pequeña y media industria; la iniciativa privada en el campo de las actividades terciarias. En esta concepción del proceso de transformación de la sociedad en sentido socialista, debe existir una articulación del sistema económico que asegure una integración entre la programación y el mercado, entre la iniciativa pública y privada». (La política y organización de los comunistas italianos; tesis y estatutos aprobados en el XVº Congreso del Partido Comunista de Italia, 1979)

Veamos otro ejemplo con el revisionismo chino:

«Mao Zedong era partidario de un desarrollo libre del capitalismo en China en el período del Estado de tipo de «nueva democracia», que es como denominaba al régimen que se establecería después de la retirada de los japoneses: «Hay quienes sospechan que los comunistas chinos nos oponemos al desarrollo de la iniciativa individual, al desarrollo del capital privado y a la protección de la propiedad privada; pero están equivocados. Son la opresión extranjera y la feudal las que obstaculizan sin piedad el desarrollo de la iniciativa individual del pueblo chino, obstruyen el desarrollo del capital privado y destruyen la propiedad de las amplias masas populares. La misión del sistema de nueva democracia, que preconizamos, consiste precisamente en eliminar esos obstáculos y detener esa destrucción, garantizar a las amplias masas populares la posibilidad de desarrollar libremente su iniciativa individual dentro de los marcos de la vida en la sociedad, garantizar el libre desarrollo de una economía privada capitalista». (Mao Zedong; Sobre el gobierno de coalición, 1945) De esta manera Mao Zedong hace suyo el concepto antimarxista de Kautsky, según el cual en los países atrasados no puede realizarse la transición al socialismo sin pasar por un largo período de libre desarrollo del capitalismo que prepare las condiciones para una transición posterior al socialismo. De hecho, el denominado régimen socialista que Mao Zedong y su grupo instauraron en China, era y continuó siendo un régimen democrático-burgués». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

[2] Enver Hoxha, tiene el conocimiento básico para saber diferenciar entre la expropiación y nacionalización total de los medios de producción bajo el liderazgo de un partido marxista-leninista, que implanta la dictadura del proletariado e inicia una campaña para que el obrero pueda aprender a manejar y participar en la empresa, y poniéndola en funcionamiento en consonancia con los intereses de la sociedad socialista bajo el conocimiento y puesta en práctica de las leyes económicas del socialismo. Diferenciar de las nacionalizaciones parciales que puede realizar el partido burgués de turno a fin de alcanzar una rentabilidad que le permita manejar más y mejores beneficios, y que no altera en absoluto la dictadura de la burguesía ni el papel del obrero en la empresa, ni mucho menos las relaciones de producción capitalistas que rigen en la empresa:

En cuanto al llamado «sector público», cuya existencia la prevé el «socialismo eurocomunista», nos encontramos ante una simple especulación en materia de terminología, ante un trivial intento de hacer pasar por sector socialista de la economía, el sector del capitalismo de Estado, que actualmente en una u otra medida existe en todos los países burgueses.

«El sector del capitalismo de Estado, o el «sector público», como lo llama la burguesía, es sabido cómo y por qué ha sido creado». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Aquí, se hace un inciso, para explicar, como adelantábamos, que estas políticas se habían incrementado tras la Segunda Guerra Mundial, de algún modo, como medio de engañar al simpatizante del comunismo, y a la clase obrera en general, y emular un cierto control en la economía como los países socialistas hacían:

«El capitalismo de Estado en los países industrializados de Europa ha existido ya con anterioridad, pero fue a partir de la Segunda Guerra Mundial cuando empezó a tomar un notable desarrollo. Su creación fue resultado de algunos factores. En Italia por ejemplo, fue instaurado por la burguesía como resultado de la agudización de la lucha de clases y de la gran presión de las masas trabajadoras que exigían la expropiación del gran capital, en especial del capital ligado con el fascismo y que era el responsable de la catástrofe que sufrió el país. Para evitar una radicalización ulterior de la lucha de las masas trabajadoras y los estallidos revolucionarios, la debilitada burguesía italiana procedió a estatizar algunas grandes industrias, estatización que satisfacía las exigencias mínimas de los partidos comunistas y socialistas, que salían fortalecidos de la guerra. En Inglaterra, la creación del «sector público», como el ferroviario o el del carbón, fue resultado del abandono por parte del gran capital de algunas ramas atrasadas y no rentables. Estas se las traspasó al Estado para que las subvencionara con los ingresos de su presupuesto, con las sumas aportadas por los contribuyentes, mientras que sus propios capitales los destinó a los sectores de las nuevas industrias dotadas de alta tecnología, donde se obtenían superganancias más jugosas y con mayor rapidez. Estatizaciones de este tipo se han hecho y siguen realizándose por una u otra razón en otros países, pero no han modificado ni jamás podrán modificar la naturaleza capitalista del sistema vigente, no podrán eliminar la explotación capitalista, el desempleo, la pobreza, la falta de libertades y de derechos democráticos. El capitalismo de Estado, tal como ya lo ha probado una larguísima experiencia, es mantenido e impulsado por la burguesía, no para crear las bases de la sociedad socialista, contrariamente a lo que sostienen los revisionistas, sino para reforzar las bases de la sociedad capitalista, de su Estado burgués, para explotar y oprimir aún más a los trabajadores. Quienes dirigen el «sector público» no son los representantes de los obreros, sino gente del gran capital, son los que manejan los hilos de toda la economía y del Estado. La posición social del obrero en las empresas del «sector público» no se diferencia en nada de la que tiene en el sector privado; su posición respecto a los medios de producción, a la gestión económica de la empresa, a la política inversionista, salarial, etc., es la misma. En estas empresas es el Estado burgués, es decir, la burguesía, quien se apropia de las ganancias. Únicamente los revisionistas pueden encontrar diferencias entre el carácter «socialista» de las empresas del IRI y el carácter «burgués» de la FIAT, entre los obreros «libres de la Renault y los «oprimidos» de la Citroën». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

[3] La negación de la socialdemocracia sobre la capacidad del marxismo para arreglar los problemas candentes de hoy, que como hemos visto es la retahíla típica de la socialdemocracia a la hora de excusarse cuando reniegan del marxismo, pero no es la única rama antimarxista que proclama dicha idea, el titoismo, por ejemplo, también veía oportuno dejar caer esa reflexión:

«Los diversos revisionistas dicen que el marxismo-leninismo «está anticuado», que no está en condiciones de resolver los problemas que plantea la sociedad desarrollada de hoy, que no puede acomodarse a la civilización actual. Según ellos, la sociedad actual ha absorbido del marxismo-leninismo todo lo que podía absorber y éste ha entrado en la fila de las viejas filosofías como el kantismo, el positivismo, el racionalismo bergsoniano y demás filosofías idealistas. El ultrarevisionista yugoslavo Milovan Đilas declara sin ambages que el marxismo-leninismo, una filosofía elaborada en el siglo XIX, ya no puede tener ningún valor desde el momento en que la ciencia actual está mucho más avanzada que la ciencia y la filosofía del siglo pasado». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Las teorizaciones de los opositores al marxismo-leninismo sobre los «cambios producidos en el seno de las sociedades actuales» por influjo de los avances científicos, son el puro reflejo y persiguen el mismo objetivo que el discurso oficial de la burguesía a escala mundial cuando ésta pretende edulcorar la lucha de clases a los niveles más ínfimos:

«La reacción mundial hace una bulliciosa propaganda pretendiendo que «no es en absoluto conservadora, sino progresista». Según ella, el capitalismo ya no es el que fue, ha cambiado, se ha hecho progresista, más liberal, más humano, ya no es el opresor y el vampiro de los pueblos ni enemigo del progreso, ya no es instigador de la guerra, ha dejado de ser asesino y de especular con el sudor y el trabajo de los hombres. Según ellos «los tiempos han cambiado, han cambiado también los hombres, el capitalismo ha desarrollado las fuerzas productivas, ha dado a los hombres mucha libertad, muchos derechos, incluso sobre las mismas empresas capitalistas; ha cambiado la estructura de clase, han disminuido los antagonismos de clase e incluso se están extinguiendo, la misma lucha de clases se está extinguiendo y ya no es la fuerza motriz de la historia. Nuevos factores han aparecido en el escenario social, tales como la revolución técnico-científica, etc. En otros términos, para ellos «la teoría de Marx y de Lenin ha envejecido, ha perdido su valor y no sólo esto, sino que como tal es una teoría que frena el progreso, el desarrollo y la elevación del bienestar, se ha transformado en una concepción teórica conservadora, anacrónica». Así pues, según ellos, «todos los que permanecen fieles a la teoría de Marx y de Lenin son conservadores». Según ellos, hay «comunistas conservadores dogmáticos», entre los cuales nos encontramos también nosotros que nos mantenemos fieles a la teoría del marxismo-leninismo y luchamos por su triunfo. Hay también «comunistas liberales de rostro humano», que son los traidores al marxismo- leninismo, de todo color y calaña, acaudillados por los revisionistas soviéticos, los titoistas, etc». (Enver Hoxha; Como se debe comprender y combatir el cerco imperialista-revisionista de nuestro país y el efecto de su presión sobre nosotros, 1973)

[4] Como todo el mundo sabe, esta tendencia de la socialdemocracia de tolerancia hacia la religión, e incluso de vender la fusión entre religión y marxismo-leninismo, entre materialismo marxista e idealismo religioso, es una tendencia que recogieron los distintos revisionismos como el cubano, coreano, etc. Hoy en día, las nuevas corrientes antimarxistas no ocultan declararse herederos de estas desviaciones, por eso los ideólogos y dirigentes del llamado «socialismo del siglo XXI» mantienen bien en alto la bandera de que por ejemplo «no hay contradicción entre ser marxista y cristiano» o «tomar el mundo desde la condición científica como hace el comunismo y aceptar el punto de vista idealista de la religión». Esto es lo que ha promovían los revisionistas italianos por ejemplo, los que a posteriori formaron el llamado eurocomunismo. Estos revisionistas no exigían lealtad ideológica a sus militantes, a una doctrina clara, no veían contradicción tampoco en que su partido anidaran militantes con concepciones religiosas:

«En las tesis del XVº Congreso del Partido Comunista Italiano de marzo-abril de 1979 se apunta que ahora se habría construido el «partido nuevo». ¿En qué consiste este «partido nuevo»?: «El Partido Comunista Italiano –se señala en sus estatutos– organiza a los obreros, los trabajadores, los intelectuales, los ciudadanos que luchan, en el marco de la constitución republicana, por el reforzamiento y desarrollo del régimen democrático antifascista, por la renovación socialista de la sociedad, por la independencia de los pueblos, por la distensión y la paz, por la cooperación de todas las naciones. En el Partido Comunista Italiano, –se dice más adelante– pueden ingresar los ciudadanos que han cumplido la edad de 18 años y que independientemente de la raza, de las convicciones filosóficas y del credo religioso, acepten su programa político y se entreguen a la acción para realizarlo militando en una organización del partidos». (La política y organización de los comunistas italianos; tesis y estatutos aprobados en el XVº Congreso del Partido Comunista de Italia, 1979) Hemos citado este extenso artículo de los estatutos del partido revisionista italiano, que son casi idénticos a los de los partidos revisionistas francés y español para que se vea hasta qué punto los revisionistas eurocomunistas se han alejado de los conceptos del partido leninista y se han aproximado a los modelos de los partidos socialistas y socialdemócratas. Al hablar de «partido nuevo», los revisionistas eurocomunistas tratan de diferenciarse del partido de tipo leninista, pero de hecho su partido, al que califican de nuevo, no es sino un «partido viejo» del tipo de los de la II Internacional, a los que Lenin combatió». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Por lo tanto, a este programa, como tantos otros que están en activo, no le importa la ideología de sus militantes, e incluso si éste tiene concepciones realmente retrógradas como las religiosas; a estos partidos sólo les importa el acatamiento del programa que la dirección del partido ha hecho y que quiere que el militante siga a ciegas.

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