«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 13 de noviembre de 2015

El Iº Congreso del FSLN de 1991: el embuste, la manipulación y la incoherencia como rasgos generales; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«Ya hemos hecho mención al patético hecho de que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) no celebrara un solo congreso en tres décadas de existencia. Y que su primer congreso se vería en 1991 a causa de la pérdida del poder por vía electoral en 1990.

Bien, ¿y que encontramos en las declaraciones del primer congreso del FSLN respecto a la política pasada y presente en ese año? Una simple falta de autocrítica de Daniel Ortega en particular, y de la dirigencia en general, que nos permite comprender que los errores del FSLN no fueron casualidades sino que nacen de una dirigencia que jamás reconoció sus errores, y que incluso fracasando intenta justificar su posición a través de la manipulación ya sistemática llegando a declarar que ha triunfado como se proponía, veamos:

1) La declaración ideológica del partido sería:

«El FSLN logra sintetizar, en el proceso de lucha para derrocar a la dictadura somocista: a) Los presupuestos antiimperialistas, de recuperación de la soberanía nacional y de transformación política y social, que nos hereda la gesta y el programa del General Sandino. b) El pensamiento marxista-leninista. c) Las corrientes de liberación nacional del Tercer Mundo, que nacen de la lucha antiimperialista y anticolonialista. d) El pensamiento cristiano liberador, con su opción por los pobres. e) El sentimiento antidictatorial y antiyanqui del pueblo de Nicaragua, que ve en la dictadura la represión y la rapiña». (Daniel Ortega; Informe Central de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, 19 de julio de 1991)

En esta coctelera podemos ver la visión inicial del fundador del FSLN Carlos Fonseca Amador, cuando decía que en el seno del FSLN se buscaba juntar al marxismo, liberalismo, cristianismo, y toda corriente que se imaginase y hubiera tenido influencia en Nicaragua. Su hijo, Carlos Fonseca Terán, hoy declara que debemos ser seguidores de Marx, Engels, Lenin y Stalin, pero también de Luxemburgo, Trotski, Bujarin, Tito y Mao. Ambas expresiones no son más que intentos ecléctico absurdo que buscan borrar las diferencias irreconciliables entre el marxismo-leninismo y otras tendencias antimarxistas o premarxistas. Aunque en el caso de Carlos Fonseca Amador podemos intuir que viene condicionado por el periodo en el que se desarrolló donde entre otras cosas era muy difícil para los nicaragüenses encontrar material marxista-leninista –aunque eso no le justifica–; en cambio el caso del secretario internacional adjunto del FSLN, Carlos Fonseca Terán, no tiene ninguna justificación, y de hecho es un caso diferente porque su pensamiento no es más que la síntesis del oportunismo postmoderno que ha podido acceder a todo tipo material y que pese a todo mantiene un discurso ecléctico afín a la dirección del FSLN que pretende mantener contenta a la «parroquia insulsa». Los resultados de las premisas de Terán están contenido en el desastre ideológico que hoy arrastra el FSLN, donde entre sus ideólogos que van desde anarquistas hasta seguidores de la teología de la liberación en la búsqueda y defensa de «ideologías intermedias». Pero como decía Lenin en su obra: «¿Qué hacer?» de 1902, no hay ideología intermedia entre la ideología de la clase obrera y las ideologías de la burguesía y la pequeña burguesía: «no hay término medio –pues la humanidad no ha elaborado ninguna «tercera» ideología, además, en general, en la sociedad desgarrada por las contradicciones de clase nunca puede existir una ideología al margen de las clases ni por encima de las clases– y que por tanto «todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea separarse de ella significa fortalecer la ideología burguesa».

2) En materia económica:

«Nos planteamos asumir el control, directo o indirecto, sobre la producción de la riqueza, impulsando de esta manera la transformación en las relaciones sociales, potenciando el papel y la participación de los obreros. Con el control de la banca, el comercio exterior y la planificación, logramos contar con los instrumentos más importantes de la dirección económica del país. Definimos una estrategia basada en la industrialización de nuestros recursos naturales, para superar el papel tradicional de país exportador de materias primas; nos propusimos modernizar integralmente nuestra agricultura, de forma que la reactivación del campo nos permitiera impulsar la industrialización de nuestros recursos básicos. (...) Era importante dar pasos correspondientes para reorientar nuestras importaciones y exportaciones sobre todo hacia la comunidad de países socialistas. Ello iría acompañado de un programa de transformación tecnológica que permitiera insertarnos en el campo socialista». (Daniel Ortega; Informe Central de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, 19 de julio de 1991)

Esta declaración es un completo bluf, el gobierno sandinista durante los 80 como ha quedado demostrado no «asumió» nada, es decir no expropió ni confiscó mas allá de las propiedades de los somocistas, quedando un mar de explotadores activos, la burguesía «patriótica» o «sandinista» como se la llamaba, crecía exponencialmente como se reconocía en entrevistas de esos años, e incluso una cuestión sencilla a resolver como el latifundio se mantuvo intacto, por lo tanto no hubo un control ni «directo» ni «indirecto». Por otro lado como muestra el panorama nicaragüense de años sucesivos, y el actual, la Nicaragua en los 80 no intentó industrializarse, sino que siguió dependiendo del algodón, café, azuzar, es decir del campo, esto se aceptó bajo la teoría del socialimperialismo soviético de la «división «socialista» internacional del trabajo». Por último, la única tendencia que creemos que era cierta, es la de acercarse más en la exportación-importación de productos a los países del bloque revisionista soviética, y ni siquiera tal propósito fue conseguido, pues los países capitalistas occidentales y aliados de Estados Unidos, así como los países no autodenominados como socialistas, seguían manteniendo un mayor papel.

3) La cuestión del «no alineamiento» auto-desenmascarada:

«Afirmábamos que nuestra causa era la del socialismo y que fortalecer a la Revolución Popular Sandinista era nuestra mejor contribución al fortalecimiento de la causa del socialismo en el mundo. En las relaciones con los países socialistas destacamos la actitud solidaria de la Unión Soviética y de Cuba, como ejemplo de relaciones fraternas y respetuosas que había que cuidar y profundizar. Mantener relaciones con estos países fue cuestión de principios y resistimos todas las presiones y amenazas del gobierno norteamericano que intentaron romper esos vínculos. En esas circunstancias la Unión Soviética dio pasos para apoyar a la Revolución sandinista, una vez derrocada la dictadura, aportando incluso suministros militares. De hecho, el soporte de la Unión Soviética, Cuba, la RDA, la República Democrática de Corea, Bulgaria, Argelia, Libia, Vietnam, entre otros países socialistas y revolucionarios, llegaron a constituir una contribución vital a la defensa militar y económica del proyecto revolucionario de Nicaragua frente a la agresión que se iniciaba». (Daniel Ortega; Informe Central de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, 19 de julio de 1991)

No tenemos ninguna duda de que la intención de Daniel Ortega era construir el socialismo jruschovista-brezhnevista, no sin razón en los libros soviéticos Nicaragua aparecía como un país «no capitalista de orientación socialista». Tampoco nos queda duda de que Daniel Ortega, como nos decía al hablar de la economía, sinceramente quisiera integrar al gobierno de Nicaragua del FSLN en el «campo socialista», es decir en el bloque revisionista soviético junto a Cuba y otros. Pero ¿entonces eso no invalidaba la careta del «no alineamiento»? ¿Dónde quedaba tal principio? En el papel, como hicieron otros miembros de este movimiento del «no alineamiento» como Libia, Cuba, Argelia, o Vietnam, países claramente prosoviéticos, ligados por créditos, comercio, compra de armas, tratados militares, y demás a la Unión Soviética. Países que desde la propia caída de la Unión Soviética socialimperialista en 1991 han seguido estando dentro del Movimiento de los Países No Alineados pero que casualmente desde entonces se han ligado más y más a los imperialismos: China, Rusia, Francia, España, Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, etc. virando sus relaciones hacia ellos, algo que la propia Nicaragua haría también desde el retorno del FSLN al poder en 2006.

4) En la cuestión del FSLN instituido como partido:

«Definimos al FSLN como el destacamento de vanguardia, que aplica creadoramente los principios marxistas-leninistas. Señalamos que la militancia del FSLN debía estar estrechamente vinculada a las tareas de la defensa nacional. Enfatizamos desde un principio, que la unidad partidaria y la democracia interna debían ser mejoradas para fortalecer al FSLN». (Daniel Ortega; Informe Central de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, 19 de julio de 1991)

Simplemente todo lo dispuesto en capítulos anteriores o los últimos puntos del presente capítulo, refutan la afirmación de que el FSLN fuera «el destacamento de vanguardia, que aplica creadoramente los principios marxistas leninista», esta afirmación hoy, en 2015, no nos puede causar más que hondas carcajadas. Del mismo modo que cuando Ortega hace mención a la «democracia interna» tampoco puede uno dejar de esbozar una sonrisa, viendo las propias pugnas, humillaciones y venganzas entre las tendencias y fracciones del FSLN en toda su historia, y con el mero hecho de que cuando dice tal cosa habían transcurrido en torno a 30 años desde los inicios del FSLN sin que pasara un solo congreso que eligiera democráticamente a los cargos.

Como hemos visto en tan solo cinco puntos fundamentales el informe político de Daniel Ortega es un despropósito por lo que no merece la pena seguir indagando en el mismo y sus mentiras.» (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

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