«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 5 de noviembre de 2015

El ascenso con base mediática de Daniel Ortega en el FSLN; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


Daniel Ortega: campaña electoral de 1990

«En este periodo empieza a despuntar la creación, exaltación y consolidación de la figura de Daniel Ortega Saavedra sobre los demás comandantes, como dirigente máximo del partido; estrategia que se basó en la propaganda electoral y que se mantuvo hasta la pérdida del poder. Curiosamente de la misma tomaron parte activa los hoy opositores del Movimiento Renovador Sandinista –e incluso nos atreveríamos a afirmar que fueron ellos quienes la diseñaron en su etapa dentro del FSLN por ser estos miembros mayoritarios de las estructuras del Estado, del partido, y en su mayoría activos de la que fuera Tendencia Tercerista– del que añadiremos algunas líneas más adelante.

Toda la estrategia se basó íntegramente en el «culto a la personalidad»; ¿por qué culto a la personalidad? Veamos. Indudablemente Daniel Ortega gozaba de mucha autoridad entre la militancia y entre las masas por su condición de comandante y miembro de la Dirección Nacional, pero no mayor a la de los otros comandantes, así se exaltaron su «virtudes» y aminoraron su defectos, se creó una suerte de idea-doctrina popular no escrita de que los comandantes eran más o menos infalibles y que sus decisiones eran correctas y sus teorías acertadas –a pesar de que estaban en las antípodas del marxismo-leninismo–, y, sin contar con un fundamento teórico, objetivo, racional, que permitiera corroborarlo. Se podría decir aquí que el pueblo fue el que creo esa idea como tantas otras veces se ha manifestado, pero lo cierto es que de ser así, que no lo fue, nunca se corrigieron tales apreciaciones generales sino que se magnificaron, y tampoco se educó a la militancia y a la masa para que pudiera hacerlo. «Culto» pues porque el sustento fundamental sería una suerte de «fe» en el «líder mesiánico infalible»; de hecho se sigue reproduciendo y aceptando como un axioma que aproxima o personifica en el líder los «aciertos» y lo aparta de los «errores»; y los ideólogos postmodernos del actual proceso se concentran en estimular en la masa la «confianza en el Líder». No obstante los aciertos no pueden ser atribuido a un solo hombre, en cuanto a los errores: si el líder sabe de ellos y no los corrige entonces es un cómplice, si los desconoce es un inútil.

Seguramente el inflar a las figuras dirigentes hasta hacerlas infalibles a ojos de las masas fue una técnica que los dirigentes del FSLN incorporaron de sus ídolos: los revisionistas chinos:

«¿Qué resulta de la propaganda china en torno a este problema? «Mao Zedong es el sol que ilumina el mundo», «Mao Zedong es un gran genio sin parangón en la historia de la humanidad», «los pensamientos de Mao son el apogeo del marxismo», «Mao Zedong lo sabe todo», «Mao Zedong lo ha hecho todo», «quién quiera resolver cualquier problema, en cualquier momento y en cualquier lugar, que lea las obras de Mao Zedong, que se inspire en las ideas de Mao Zedong». Se trata de unos pocos calificativos que hemos anotado, pero en la prensa china se encuentran expresiones tan exaltantes y se mencionan tales gestos y sucesos que llevan a preguntarse: ¿estamos ante marxistas o ante creyentes? Por que en verdad, al juzgar por lo que vemos con ojos y escuchamos con oídos, en China se hace por Mao Zedong lo mismo que los cristianos hacen por Cristo». (Enver Hoxha; El culto a Mao Zedong; Reflexiones sobre China, Tomo I, 9 de agosto de 1966)

Lo que escondían los dirigentes del FSLN era el hecho de que la devoción a las personas significa la devoción a la variabilidad de una persona, dichos en otros términos, si uno pone fe ciega en una persona y sólo es fiel a ella y no a unos principios no sólo estará dejando a un lado cualquier método científico de ver el mundo, sino que se ata a la «suerte» de que esa persona degenere en un contrarrevolucionario y le vayas a seguir; considerando que no se haya convertido ya o que lo sea desde siempre. He aquí como los marxista-leninistas rechazan ese culto estúpido a las personas –que por supuesto puede surgir por las costumbres heredadas de la vieja sociedad capitalista-feudal–:

«Habla usted de su «devoción» hacia mí. Quizás se le haya escapado casualmente esta frase. Quizás, pero si no es una frase casual, le aconsejaría que desechara el «principio» de la devoción a las personas. Ese no es el camino bolchevique. Sed únicamente devotos de la clase obrera, de su partido, de su estado. Esta es una cosa buena y útil. Pero no la confundáis con la devoción a las personas, esa fruslería vana e inútil propia de intelectuales de escasa voluntad». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta al camarada Shatunovsky, agosto de 1930)

Esta desviación incluye identificar directamente a la figura mesiánica con el partido, y basan su unidad en la unidad del resto de miembros en torno al «Líder». El revisionismo coreano es experto en estas técnicas:

«La unidad y la cohesión de nuestro partido se convirtieron en la unidad de todo el partido en ideología y propósito, reforzado por la moral y la lealtad, basada en la idea del Líder y basada en el Líder. A día de hoy, nuestro miembros del partido están armados sólidamente con la ideología monolítica de nuestro partido, con las ideas del Camarada Kim Il Sung; ellos saben que no existen otras ideas revolucionarias que las suyas». (Kim Jong Il; El Partido del Trabajo de Corea del Gran Líder Kim Il Sung, 2 de octubre de 1995)

Eso llega hasta el punto que para medir las cualidades de un cuadro, no se evalúa su nivel de formación ideológica, si cumple las tareas que le asigna el partido, si sabe tratar con las masas, o si sabe realizar críticas y autocríticas entre los camaradas, sino que simplemente se observa su lealtad perruna hacia el «Líder»:

«La esencia de las cualidades ideológicas y espirituales de comunista, revolucionario, trabajador, es la verdadera lealtad y devoción al Líder, que nunca deben cambian, no importa cuáles sean las circunstancias». (Kim Jong Il; Mejoremos aún más el papel de los intelectuales en la revolución y la construcción, 20 de septiembre de 1990)

Este culto a la personalidad enfermizo interfiere en la dirección colectiva del partido y sus órganos. Cabe decir que esa forma de tratar a las figuras de modo irreal ha sido condenado históricamente por todas las figuras marxista-leninistas, ya que entre otras cosas crea entre las masas la idea anarquista de que la «historia la hacen los héroes»:

«Estoy absolutamente en contra de la publicación de las «Historias de la niñez de Stalin». El libro abunda en una masa de inexactitudes de hecho, de alteraciones, de exageraciones y de alabanzas inmerecidas. (...) Pero lo importante reside en el hecho de que el libro muestra una tendencia a grabar en las mentes de los niños soviéticos –y de la gente en general– el culto a la personalidad de los líderes, de los héroes infalibles. Esto es peligroso y perjudicial. La teoría de los héroes y la «multitud» no es bolchevique, sino una teoría socialrevolucionaria [eserista - Anotación del Bitácora (M-L)]». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta sobre las publicaciones para niños dirigida al Comité Central del Komsomol, 16 de febrero de 1938)

Así respondió Iósif Stalin en una entrevista al respecto de como comprenden los marxistas el papel de los hombres y mujeres en la historia cuando el entrevistador dijo que presuntamente el marxismo negaba el papel de los líderes:

«El marxismo no niega en modo alguno el papel de las personalidades eminentes, como tampoco niega que los hombres hacen La historia. En la «Miseria de la filosofía» y en otras obras de Marx puede usted hallar la afirmación de que son precisamente los hombres quienes hacen la historia. Pero, naturalmente, los hombres no hacen la historia obedeciendo a su fantasía, como les viene a la cabeza. Cada nueva generación encuentra condiciones determinadas, ya dadas cuando ella aparece. Y el valor que representan los grandes hombres depende de en qué medida saben comprender correctamente estas condiciones y cómo modificarlas. Si no comprenden estas condiciones y quieren modificarlas según les sugiere su fantasía, caen en la situación del Quijote. Así, pues, y exactamente según Marx, no se debe oponer los hombres a las condiciones. Son precisamente los hombres los que hacen la historia, pero sólo en la medida en que comprenden bien las condiciones dadas con que se encuentren y sólo en la medida en que comprenden cómo debe modificarlas. Así es, por lo menos, como comprendemos a Marx nosotros, los bolcheviques rusos. Y hemos estudiado a Marx durante decenios». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Entrevista con el escritor alemán Emilio Ludwig, 13 de diciembre de 1931)

¿Y por qué los revisionistas nicaragüenses eligieron a Daniel Ortega para conformar la figura de Líder supremo del FSLN? Entendemos que Daniel Ortega fue el sujeto de la Dirección Nacional –los nueve comandantes– elegido por tres motivos: 1) era un miembro de la tendencia del FSLN (Tercerista) que era la que tenía la hegemonía política del FSLN tras el triunfo; 2) era miembro cooptado de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional; 3) al parecer, todas las tendencias coincidieron en su cooptación al entender que era el menos peligroso para ellas: especialmente era la visión de la Tendencia FSLN (GPP) y FSLN (Proletaria).

Vale decir que la teoría marxista-leninista jamás crea líderes, en este caso más bien caudillos por las características cuasi religiosas que los encumbran a la sombra del revisionismo-reformismo. Lo que si se da es que en el transcurso de la lucha determinados sujetos adquieran una enorme autoridad ante la militancia y ante las masas. Pero jamás los juicios de un único sujeto, o de un pequeño grupo de ellos, se han de imponer a las mayorías, ni mucho menos prefabricar a que individuo se va a encumbrar en lo alto del partido y el gobierno como nuevo «Líder» intocable, esta es una enorme desviación que rompe con los procesos organizativos de una organización de vanguardia marxista-leninista». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

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