lunes, 9 de noviembre de 2020

¿Se le puede llamar socialismo a la nacionalización? Engels responde a esta broma

«No es más que una interesada falsa representación por parte de los burgueses de Manchester el describir como «socialismo» toda interferencia del Estado con la libre competencia: aranceles protectores, gremios, monopolio del tabaco, nacionalización de las ramas de la industria, compañías comerciales de ultramar, Fábrica Real de Porcelana. Eso es algo que debemos criticar, pero no creer. Si hacemos esto último y basamos un argumento teórico sobre ello, éste se colapsará junto con sus premisas; simplemente cuando se pruebe que este supuesto socialismo no es más que reacción feudal por un lado y, por otro, un pretexto para la extorsionar, su objetivo secundario siendo convertir al mayor número posible de proletarios en funcionarios y pensionistas dependientes del Estado, y organizar, junto al disciplinado ejército de oficiales y militares, un ejército similar de trabajadores. Sufragio obligatorio impuesto por altos funcionarios en vez de que éste sea impuesto por supervisores de fábrica, ¡un buen socialismo aquél! Aquí es donde se llega si se cree lo que el propio burgués no cree, pero sólo pretende hacerlo, a saber, que Estado=socialismo. (Friedrich Engels; Carta a Eduard Bernstein, 12 de marzo de 1881)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

«Bismarck declaró que la represión por sí sola no era suficiente para aplastar al socialismo; lo que se necesitaba, además, eran medidas para remediar los innegables males sociales, para asegurar la regularidad del trabajo, para prevenir las crisis industriales y lo que sea. Prometió introducir estas medidas «positivas» de bienestar social. (...) En 1873 llegó la crisis. Nuestros dos bancos se vieron cargados con sus montones de acciones ferroviarias que ya no podían hacer que tosieran los millones que se habían tragado. El plan de subyugar a las compañías ferroviarias había fracasado. Así que cambiaron su rumbo e intentaron venderlas al Estado. El plan de concentrar todos los ferrocarriles en manos del Gobierno Imperial no tiene su origen en el bienestar social del país, sino en el bienestar individual de dos bancos insolventes. La implementación del plan no fue demasiado difícil. Habían «interesado» a un buen número de parlamentarios en las nuevas empresas, dominando así a los partidos liberales nacionales y conservadores moderados, es decir, a la mayoría. Algunos altos funcionarios del Imperio, algunos ministros prusianos, habían participado en los turbios acuerdos por los que se fundaron estas empresas. En última instancia, Bleichroeder era el banquero y factótum financiero del Sr. Bismarck. Así que no les faltaron los medios. Mientras tanto, para que valiera la pena vender las acciones del ferrocarril al Imperio, era necesario subir el precio de las acciones. Entonces, en 1873, crearon una «oficina de ferrocarriles imperiales»; su jefe, un conocido especulador turbio, elevó de inmediato las tarifas de todos los ferrocarriles alemanes en un 20%, lo que supuestamente aumentaría los ingresos netos y, por tanto, también el valor de las acciones en aproximadamente un 35%. Este fue el único paso que dio este caballero; era la única razón por la que había aceptado sus deberes; por eso renunció poco después». (Friedrich Engels; El socialismo del señor Bismark, 1880)

«Si la nacionalización de la industria del tabaco fuese socialismo, habría que incluir entre los fundadores del socialismo a Napoleón y a Metternich. Cuando el Estado belga, por razones políticas y financieras perfectamente vulgares, decidió construir por su cuenta las principales líneas férreas del país, o cuando Bismarck, sin que ninguna necesidad económica le impulsase a ello, nacionalizó las líneas más importantes de la red ferroviaria de Prusia, pura y simplemente para así poder manejarlas y aprovecharlas mejor en caso de guerra, para convertir al personal de ferrocarriles en ganado electoral sumiso al gobierno y, sobre todo, para procurarse una nueva fuente de ingresos sustraída a la fiscalización del Parlamento, todas estas medidas no tenían, ni directa ni indirectamente, ni consciente ni inconscientemente nada de socialistas. De otro modo, habría que clasificar también entre las instituciones socialistas a la Real Compañía de Comercio Marítimo, la Real Manufactura de Porcelanas, y hasta los sastres de compañía del ejército, sin olvidar la nacionalización de los prostíbulos propuesta muy en serio, allá por el año treinta y tantos, bajo Federico Guillermo III, por un hombre muy listo». (Friedrich Engels; Del socialismo utópico al socialismo científico, 1880)

sábado, 7 de noviembre de 2020

El caso Beria; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«Revista teórica» de RC donde defienden a Beria en su última edición

[Post originalmente publicado en 2017]

«Muchos han creído durante años que Beria no solo fue un «gran marxista-leninista», sino que también «el más fiel sucesor de Stalin». Esto ha sido posible, en gran parte, gracias a los «estudios» de algunos historiadores revisionistas. En realidad, dado que nuestros amigos revisionistas no hacen el esfuerzo de investigar, desconocen que hoy, y en base a los últimos estudios –que recurren a las fuentes originales–, la mayoría de historiadores han descartado la visión de Beria el «estalinista», presentándole como lo que fue, un liberal que precedió a Jruschov en sus planes reformadores. Debemos añadir, por cierto, ¡que ya que la CIA ya registraba esto en sus informes de julio de 1953!

Otros, para justificar su filia subjetivista por Beria, hacen uso de verdaderas barbaridades, como la que presentamos a continuación. Roberto Vaquero, bajo el alias «Juan Mesana», decía en la revista de Reconstrucción Comunista (RC):

«Prácticamente no hay defensores de la figura de Beria, ya que poco se conoce de él debido al oscurantismo que se promueve desde el poder y a la destrucción y ocultamiento de pruebas. Es de destacar el trabajo de Bill Bland y Grover Furr, ya que, a pesar de ser una figura vilipendiada no defendida por nadie, han sido capaces de defender el marxismo-leninismo, la verdad sobre el caso de Beria y su gran papel como dirigente comunista y revolucionario ejemplar». (De acero; Nº10, 2017)

E insistía:

«No conozco apenas nadie, incluso a nivel histórico que hable bien de él, casi todo el mundo le pone de traidor, corrupto y personaje oscuro. En que se basan para decir esto, en lo que alguien me dijo antes, en testimonios –aunque sean supuestamente m-l– de gente que lo proclamó pactando con Jruschov y Zhúkov y en revisionistas de todos los colores. (...) Incluso la mayoría de partidos m-l se dejan llevar por estas tendencias, basándose en castillos en el aire, pues no hay nada. Yo no voy a criminalizar a alguien que murió en un complot en gran medida organizado por Jruschov». (Comentario en Facebook de Juan Lucarrelli –alias de Roberto Vaquero en esta red social–, 18 de abril de 2017)

Con este tipo de comentarios Roberto Vaquero demuestra el tipo mediocre que es, la podredumbre de su pensamiento oportunista, el cual pone de manifiesto la forma de analizar los eventos históricos desde la dirección de RC. 

Primero dice que no conoce a nadie a nivel histórico que hable bien de Beria. Bueno, efectivamente, si eres Roberto y tu lectura es equivalente a la de un avestruz, no poseerás los conocimientos y el hábito de documentarte. Es posible, no, seguro, que no encuentras seguidores de Beria, pero los hay. El historiador thälmanniano Bill Bland, o el maoísta Grover Furr, son ejemplos claros. Es más: de nuevo, Reconstrucción Comunista está al mismo lado que el Partido Comunista de España (reconstituido), pues en España no es otro, sino Juan Manuel Olarieta, el defensor de que Beria fue una víctima marxista-leninista, y no un revisionista víctima de otros revisionistas. Reconstrucción Comunista (RC) vuelve a coincidir, de nuevo, con el Partido Comunista de España (reconstituido). ¡Qué casualidad! Tan solo llevamos cien ejemplos de posturas en las que RC y el PCE (r) se encuentran y se diferencian de nosotros.

viernes, 6 de noviembre de 2020

¿Cuál debe de ser la forma y contenido crítico hacia los adversarios políticos?; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Un problema que puede parecer secundario también tiene su aquel. Hablemos de la forma y contenido de las críticas hacia los adversarios políticos.

No estamos diciendo, como han proclamado diversos renegados, que el Partido Comunista de España (marxista-leninista) debiese intentar ganarse a las cúpulas de las distintas organizaciones oportunistas o a los cabecillas de las fracciones que surgían en su seno:

«En lo ideológico (…) Ya estábamos enfrascados en una lucha a fondo contra el revisionismo de Carrillo. (…) Ya lanzados como estábamos, íbamos a por Don Santiago sin concesiones. Razón de más para tratar con miramiento y diplomacia a los disidentes del PCE y a otros grupos políticos que –procediendo de otros orígenes –por entonces revestían el ropaje comunista–con la radicalización subsiguiente a mayo de 1968. Había que cortejarlos con donaire, delicadeza, paciencia y suavidad. Como mínimo, tratarlos con neutralidad benévola; lo menos que podíamos hacer con respecto a ellos era guardar silencio, abstenernos de críticas públicas; y de hacer críticas, en plan amistoso, con amabilidad y espíritu de concordia. Eso se traducía en una política de acercamiento y buenas relaciones para con los camaradas pro-soviéticos –E. García, Enrique Líster–, los amigos catalanes de la OCE (Bandera Roja) y los de Komunistak (MCE)». (Lorenzo Peña; Amarga juventud: Un ensayo de egohistoria, 2010) 

Por supuesto, para renegados como Lorenzo Peña no había, o apenas había, diferencias entre estos grupos y el PCE (m-l), o más bien lo que él quería hacer del PCE (m-l). Es la clásica concepción que se utiliza una cabeza de turco –Carrillo en este caso– para justificar el revisionismo de toda una organización –el Partido Comunista de España (PCE)– e incluso de toda una generación del movimiento obrero. Esto también lo haría el renegado Raúl Marco pasado unos años cuando echase la vista atrás sobre la historia del PCE (m-l) y sus posiciones como veremos después en otro capítulo. Afirmar estas conclusiones es como creer que el revisionismo no engendrase nuevas variantes, como si no tuviese cada día nuevos jefes y adoptase otras particularidades. Como si el revisionismo no alcanzase a los viejos militantes comunistas, como si no alcanzase a las propias organizaciones antes revolucionarias. 

Salirse del PCE no era ni es sinónimo de no ser un revisionista, hay mil cuestiones por las que los militantes abandonan el partido: cobardía, rencillas personales, apatía por la política, quemazón por el activismo intenso, evolución ideológica, rivalidades ideológicas entre variantes revisionistas, etc. y como vemos no todas tienen que ver con romper en lo ideológico con el revisionismo. Esto lo vemos actualmente en las continuas fracciones y escisiones del mundo revisionista.

«Tratar con miramiento» a los jefes y representantes del revisionismo sea del color que sea ni es revolucionario ni ayuda en nada a los propios militantes honestos que estén bajo su influencia. 

Lenin sobre las guerras imperialistas...

«Es fundamentalmente erróneo, antimarxista y anticientífico, separar «la política exterior» de la política en general, ni qué hablar de oponer la política exterior a la interior. Tanto en política exterior como interior, el imperialismo tiende hacia la violación de la democracia, hacia la reacción. (...) Todas las frases sobre una guerra defensiva o sobre la defensa de la patria que provengan de las grandes potencias –léanse los grandes expoliadores– que combaten por la hegemonía mundial, por los mercados y «esferas de influencia» y por la esclavización de las naciones, ¡son frases mentirosas, absurdas e hipócritas! (...) Para el pequeñoburgués lo importante es dónde están apostados los ejércitos, quién está venciendo en él momento actual, Para un marxista lo importante es qué cuestiones están en juego en esa guerra, en el curso de la cual puede ir venciendo a veces un ejército, a veces el otro. (...) La verdadera esencia de la guerra actual no es nacional, sino imperialista. No se libra para que un bando pueda derrocar la opresión nacional, que el otro bando trata de mantener. Es una guerra entre dos grupos opresores, entre dos bandoleros, para determinar cómo repartir el botín, quién ha de saquear. (...) En síntesis: una guerra entre grandes potencias imperialistas –es decir, potencias que oprimen a toda una serie de pueblos y los tienen sometidos al capital financiero, etc.– o en alianza con las grandes potencias, es una guerra imperialista. Así es la guerra de 1914-1916. Y en esa guerra «la defensa de la patria» es un engaño, un intento de justificar la guerra. (...) Para hacer pasar esta guerra como una guerra nacional, los socialchovinistas invocan la autodeterminación. Hay una sola manera correcta de combatirlos: debemos demostrar que la guerra no se libra para liberar naciones, sino para determinar cuál de los grandes ladrones oprimirá mayor número de naciones. (...) Kautsky fue marxista hasta la guerra de 1914-1916, y muchas de sus principales obras y declaraciones serán siempre un modelo de marxismo. El 26 de agosto de 1910 escribió en Neue Zeit a propósito de la guerra inminente: «En una guerra entre Alemania e Inglaterra la cuestión no es la democracia, sino el dominio mundial, es decir, la explotación del mundo. No es esta una cuestión en la que los socialdemócratas puedan alinearse con los explotadores de su propia nación». He ahí una excelente formulación marxista, que coincide en todo con la nuestra, que desenmascara completamente al Kautsky de hoy, que del marxismo se pasó a la defensa del socialchovinismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Una caricatura del marxismo y el economicismo imperialista, 1916)

martes, 3 de noviembre de 2020

¿Es el Islam una religión «pacífica», de «amor» y «tolerancia»?


[Post originalmente publicado en 2017]

«Estos días los medios de comunicación en España –salvo los más fascistoides como 13TV o Intereconomía– han dado voz a ideólogos liberales que defienden la religión musulmana y califican el yihadismo y el Daesh, como «una mala interpretación del islam». Estos comentarios ya han venido abundando y propagándose desde los primeros brotes de atentados yihadistas en Europa:

«Son los primeros que no siguen los preceptos; entre otras cosas, las muertes», reprocha Javier Rosón, analista del islam en Europa de Casa Árabe. Sin embargo, los terroristas del grupo «Estado Islámico» (EI) invocan el nombre de Dios al cometer atentados y pretenden erigirse como principales valedores del islam. Por culpa de ello, comunidades musulmanas de todo el mundo se ven obligadas a recordar que no los representan. Así, «el Corán tiene una ciencia aprobada mundialmente por todos los científicos. Lo que los terroristas hacen es un corta y pega al gusto», lamenta Abdelaziz Hammaoui, uno de los mayores estudiosos del islam en España: imán, teólogo musulmán, profesor de la Cátedra de las Tres Religiones en la Universidad de Valencia y presidente del Centro Cultural Islámico de Valencia... (...) «El islam es una religión de paz. Lo primero y principal es no matar a otro», subraya Javier Rosón. (...) Otro referente en España es Mounir Benjelloun, presidente de la Comisión Islámica de España y de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas: «Someter el islam a interpretaciones literales del Corán, sería injusto y equivocado». (...) Las excepciones en las que el Corán sí justifica matar a otra persona se resumen en una motivación por defensa propia. Se producen en el contexto histórico bélico en los inicios del islam y hoy sólo podrían ser aplicables si lo ordenase una autoridad estatal, coinciden todos los expertos consultados». (El español; Estado Islámico contra el Corán: las pruebas de que no tiene nada que ver con el islam, 14 de diciembre de 2015)

El movimiento nacionalista kurdo, sus desviaciones anarco-feministas, sus vínculos con los imperialismos y el silencio cómplice de los oportunistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«La propaganda a favor del nacionalismo kurdo

¿Qué es actualmente el movimiento nacional kurdo? Más allá de hacer un repaso de la historia sobre la opresión nacional de los kurdos, de los planteamientos políticos de sus variados grupos y de lo que sostenían en el pasado, que sería un total enredo, centrémonos mejor en vislumbrar lo que Reconstrucción Comunista (RC) apoya en la actualidad.

Las desviaciones ideológicas del movimiento nacional kurdo se han agudizado en las últimas décadas sin lugar a dudas. Son ciertamente muy evidentes sus postulados anarco-ecologistas:

«El PKK ha declarado que no busca crear un Estado kurdo. En vez de eso, inspirado en parte por la visión de la ecologista social y anarquista Murray Bookchin, ha adoptado la visión del «municipalismo libertario», llamando a los kurdos crear comunidades libres y autogobernada, basadas en los principios de la democracia directa, que irían juntas más allá de las fronteras nacionales. (...) En este sentido, proponer, la lucha kurda podría convertirse en un modelo para un movimiento mundial hacia una democracia genuina, una economía cooperativa y la disolución gradual de la burocracia Estado-nación. Desde 2005 el PKK, inspirado en la estrategia de los rebeldes zapatistas en Chiapas, declaró el alto al fuego unilateral con el Estado turco y comenzó a concentrar sus esfuerzos en desarrollar estructuras democráticas en los territorios que ya controlaban. Algunos han cuestionado cómo de serio es realmente todo esto. Claramente, quedan elementos autoritarios». (Descontrol; La revolución ignorada, 2015)

¿No recuerda esto a las reivindicaciones de movimientos nacionalistas y anarcoides como las presentadas por la Candidatura de Unidad Popular (CUP) en Cataluña –aquella por la que el famoso ecléctico anarco-comunista Hasél pedía el voto–? Sea como sea, he aquí conceptos económicos como la autogestión, tan cacareados entre el revisionismo titoísta, castrista, sandinista o el actual socialismo del siglo XXI, un concepto anarco-sindicalista ampliamente refutado por el marxismo-leninismo:

miércoles, 28 de octubre de 2020

Los nuevos socialchovinistas: la postura de RC sobre la cuestión nacional; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Reconstrucción Comunista (RC) parece haber reconfigurado su rumbo sobre cuestión nacional, si antes reproducía los dogmas del nacionalismo periférico, hoy ha iniciado una carrera para intentar ocupar el espacio político de grupos y corrientes del nacionalismo español, como la ultrareaccionaria Escuela de Gustavo Bueno. Así, sin desligarse de su retórica «marxista», se ha adecuado a esta corriente nacionalista, que no patriótica, donde el aspecto de clase se difumina cada vez más y más.


Roberto distorsiona a Lenin y se vuelve constitucionalista

En la cuestión nacional, los revisionistas nos acostumbran a ridículas declaraciones. pero como se suele decir… «En el país de los ciegos, el tuerto es el rey»...

«Roberto Vaquero: Yo creo que España es una nación de naciones. (…) Esto está más que inventado no es una cosa mía. (…) [Lenin] habla de Rusia en el sentido de nación de naciones». (Formación obrera; Formación de cuestión nacional, 18 de marzo de 2020)

El término «nación de naciones» es un bluf que no explica nada, y que como veremos, es utilizado indistintamente para declarar según la ocasión, que en el Estado existe una única nación, como que a la vez existen varias naciones. Reconstrucción Comunista (RC) se apunta a este esperpento teórico. ¡Y para ello nuestro caricaturesco Roberto Vaquero se apoya en una cita de Lenin que en nada le sustenta!:

«El desarrollo económico de la sociedad capitalista nos muestra en todo el mundo ejemplos de movimientos nacionales que no han llegado a desarrollarse plenamente, ejemplos de grandes naciones formadas a partir de varias pequeñas o en detrimento de algunas pequeñas naciones, ejemplos de asimilación de naciones». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Notas críticas sobre la cuestión nacional, 1913)

Aquí lo único que Lenin está hablando, es que existen movimientos nacionales que no llegan a cuajar y desaparecen en la historia absorbidos por otros pueblos más fuertes. Efectivamente, el marxismo siempre explicó que unas naciones se forman llevando tras de sí una unión voluntaria o forzosa de otros pueblos, pero existen muchos otros paradigmas. En ocasiones ciertos pueblos sufren varios intentos de asimilación por la nación dominante, pero resisten y reafirman su identidad, llegando con el tiempo, incluso a alzarse como naciones. Por último, existen los pueblos que, pese a peculiaridades iniciales, a priori no se diferenciaban esencialmente del resto de habitantes del Estado, conformando la misma nación, pero en un lapso de tiempo se crearon unas diferencias notables que dieron luz a conformarse como una nación propia. 

Esto es algo que también explica Stalin dando varios casos históricos de este tipo de desarrollos: 

«En Austria, los más desarrollados en el sentido político resultaron ser los alemanes, y ellos asumieron la tarea de unificar las nacionalidades austriacas en un Estado. En Hungría, los más aptos para la organización estatal resultaron ser los magiares –el núcleo de las nacionalidades húngaras–, y ellos fueron los unificadores de Hungría. En Rusia, asumieron el papel de unificadores de las nacionalidades los grandes rusos, a cuyo frente estaba una potente y organizada burocracia militar aristocrática formada en el transcurso de la historia. (...) Las naciones postergadas que despiertan a una vida propia, ya no se constituyen en Estados nacionales independientes: tropiezan con la poderosísima resistencia que les oponen las capas dirigentes de las naciones dominantes. (…) Así se constituyeron como nación los checos, los polacos, etc. en Austria; los croatas, etc. en Hungría; los letones, los lituanos, los ucranianos, los georgianos, los armenios, etc. en Rusia. (...) Así fueron creándose las circunstancias que empujaron a la lucha a las naciones jóvenes». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El marxismo y la cuestión nacional, 1913)

¿Y cuál es el destino de estos pueblos que estaban subyugadas a inicios del siglo XX pero que reclamaban su derecho a autodeterminación? Absolutamente todos los pueblos aquí nombrados por Stalin en 1913 lograron el reconocimiento de sus derechos a existir como nación.