domingo, 18 de noviembre de 2018

Recordando algunos puntos sobre la unidad marxista-leninista


«Las conclusiones del V Pleno del Comité Central han reiterado su fidelidad al marxismo-leninismo y al internacionalismo proletario como parte de él, y el compromiso de redoblar sus esfuerzos para defender y aplicar con resolución este principio. La defensa de la teoría marxista no consiste sólo en difundirla y en esforzarse por aplicarla; también es indispensable luchar intransigentemente contra las posiciones y prácticas anticomunistas, oportunistas y contrarrevolucionarias. 

El V Pleno ha llamado la atención sobre las enormes exigencias que implican para los partidos marxista-leninista el desarrollo del movimiento revolucionario y los compromisos con las tareas comunes del Movimiento Comunista Internacional (MCI). Nuestro Partido ha tenido presente esta realidad y por eso ha reiterado su apoyo a la construcción del socialismo en Albania, su solidaridad con los partidos y organizaciones marxista-leninistas y con los movimientos revolucionarios que pugnan por el socialismo y al mismo tiempo ha insistido en la obligación de influir efectivamente en las luchas de liberación de los pueblos.

Del mismo modo el V Pleno del Comité Central, se preocupó por buscar una elevación en el nivel teórico y político de los análisis sobré los problemas que afectan al MCI.

La construcción y desarrollo del socialismo en un sólo país es un elemento importante de nuestras preocupaciones. El apoyo a Albania Socialista es un asunto de particular relieve y exige a todo el MCI un esfuerzo teórico y práctico para lograr su avance exitoso para bien de los comunistas del mundo.

Ha resaltado su compromiso con las tareas que se desarrollan en favor del fortalecimiento de la unidad fundamentada en los principios. La vinculación a la revista «Teoría y Práctica», las tareas de preparación y realización de reuniones multilaterales, la contribución al éxito de los Campamentos Internacionales de la Juventud, son tareas que asumimos en la plenitud de su significado político, con la trascendencia que tienen en favor de la unidad entre los partidos marxista-leninistas.

Estamos convencidos de que la unidad del MCI sólo podrá avanzar en lucha permanente contra las ideologías burguesa y revisionista, que no sólo ejercen una influencia extraña o externa, sino que están presentes en el seno del MCI y constituyen un peligro permanente dentro y fuera de los partidos marxista-leninistas.

La agudización de la lucha de clases a nivel mundial se refleja necesariamente en el MCI y se manifiesta tanto en los análisis de las situaciones complejas de esta lucha como en las respuestas que se requieren para enfrentar y combatir con éxito a los enemigos de la lucha revolucionaria del proletariado y de los pueblos, contra las fuerzas que se oponen violentamente al desarrollo de la sociedad.

No es correcto, desde nuestro punto de vista, pretender la búsqueda de la unidad conciliando con las tergiversaciones a la teoría marxista, con las violaciones a los principios o las políticas erróneas. Estas, cualquiera que sea su origen, deben ser desenmascaradas y repudiadas sin vacilación. Por supuesto, asumir una posición pasiva, indiferente o «neutral» es profundamente erróneo y nocivo para los partidos que adoptan tal actitud.

Consideramos que no es una conducta comunista guardar silencio ante los errores políticos, pues la experiencia nos enseña que tales errores no causan daño y tarde o temprano salen a la luz pública, ya sea en los documentos o en la práctica. En tales condiciones, ninguna consideración puede justificar la pasividad que, en tal caso, sena complicidad con los errores. No es aceptable recurrir a la «independencia» de cada partido o al respeto mutuo, porque no puede haber independencia para mantenerse en posturas incorrectas y además, nadie puede reclamar que se le respeten sus errores.

El V Pleno resaltó la validez de la lucha intransigente contra el oportunismo, basado en la realidad de que él es una punta de lanza en el seno del movimiento obrero y el principal peligro para nuestros partidos.

El V Pleno prestó particular atención al examen de los problemas que en su opinión obstaculizan la dinámica de la unidad entre los partidos y organizaciones marxista-leninistas. Resalta en este ámbito el hecho de que en la actualidad no sólo la burguesía, sino sus agentes y colaboradores, propagan la supuesta «crisis del marxismo», cuando en verdad lo que está en crisis no es el marxismo sino las teorías y divagaciones que se le oponen o lo tergiversan.

Otros no llegan a ese extremo pero dejan notar el pesimismo y la desconfianza en la validez del marxismo y con tales conductas alimentan el oportunismo y la búsqueda de «nuevas» teorías para responder al desenvolvimiento de la realidad política, con salidas diferentes a la revolución y al socialismo.

En ese cuadro, es conocido el efecto perjudicial de las posiciones que niegan o disminuyen el papel de vanguardia de la clase obrera y de su partido político, con lo cual se oscurece la perspectiva del socialismo y se reduce el objetivo de la lucha revolucionaria al nivel de las transformaciones democrático-burguesas. En ese orden de pensamiento, se pretende someter el destino de los pueblos a los intereses de la burguesía o de la pequeña burguesía. Lógicamente, en el fondo se reniega de la posibilidad de convertir en realidad la victoria del proletariado y la posibilidad de construir el socialismo». (Partido Comunista de Colombia Marxista-Leninista; Sobre las conclusiones del V Pleno del C.C.; Por nuevos niveles de unidad entre los partidos marxista-leninistas; Publicado en «Teoría y práctica», Nº 7, 1987)

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Para conocer la historia del origen, desarrollo y degeneración del 
Partido Comunista de Colombia Marxista-Leninista véase nuestro capítulo: «El contexto de creación y degeneración del PC de C-ML/EPL» de 2016.

Para ver la responsabilidad de los nuevos partidos marxista-leninistas de los 70 en la degeneración del socialismo albanés. Véase la obra: «Las relaciones entre el PCE (m-l) y el PTA y la caída del socialismo albanés» de 2020.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

El formalismo, el cosmopolitismo y sus raíces filosóficas


«El séptimo decenio del siglo XIX, iluminado por la Comuna de París, es el decenio en el que se agotaron las fuerzas creadoras del capitalismo. La burguesía vislumbró ya a su enterrador. Vislumbró el peligro que le amenazaba por parte de la clase obrera. Desde ese instante, la burguesía se vio obligada a abandonar sus posiciones de conocimiento por las de autoconservación, por posiciones de un estéril frenar los fenómenos del progreso. Los filósofos y pensadores del capitalismo comenzaron a perder su interés en la investigación de las relaciones humanas. Se inició el período de distanciamiento del hombre y de la realidad. Venció la posición de negación de las posibilidades cognoscentes de la inteligencia del hombre. 

El relativismo filosófico –la concepción de la relatividad de todo lo existente– ajeno a la percepción de los fenómenos en sus procesos de movimiento y considerado como piedra angular de toda la concepción del mundo, se convierte en filosofía oficial de la burguesía agonizante. Desde los empiriocriticistas Mach y Avenarius, que aceptaban como premisa del conocimiento, no el mundo existente objetivamente, sino nuestra impresión subjetiva como la única verdad cognoscible, a través de Bergson y Husserl con su teoría de la fenomenología, que considera el juicio subjetivo como único y definitivo sistema de investigación de un mundo en el fondo incognoscible, hasta los existencialistas, que proclaman la existencia solitaria del hombre, cuya impresión subjetiva e intuición son el principio y el fin de una existencia encerrada en sí misma, todo esto surge de la misma posición filosófica en cuya raíz se hallan la duda, el miedo, el desistir del conocimiento de la verdad objetiva y el intento desesperado de huir, ante la era del socialismo que avanza, hacia una esfera de mistificación irracional con un mundo propio de vivencias subjetivas. Es evidentemente necesario distinguir el fenómeno, no siempre consciente, del perderse filosóficamente de los artistas y su huida del mundo capitalista hacia la noche nihilista de la duda, de la activa y cínica política de los representantes del imperialismo y del fascismo, que con sus mendaces teorías presentadas con nombre cada vez distinto, procuran crear en los pueblos la trágica convicción de la catastrófica irrevocabilidad del destino del hombre, la fatalidad de la guerra, la explotación y la impotencia de la inteligencia humana, a fin de aplicar a las sociedades humanas, sobre ese fondo de duda y desesperación, el método de la fuerza y del terror fascista, como única salvación y solución. No es casual que los refinados estetas del fin de la noche. Celine, Gide, Malraux, Sartre y Orwell, terminen cantando loas al fascismo y a la guerra y a menudo a la vulgar colaboración. No es casual que el marqués de Sade, quien vivió y cometió sus crímenes en el siglo XVIII, y murió finalmente en un hospital para dementes en 1818, y quien proclamó abierta y cínicamente el derecho del hombre a atormentar al prójimo, como la única actitud que libera «al hombre integral», se haya convertido en héroe y oráculo del mundo agonizante. 

De este modo, el superhombre hitlerista halló a su continuador en el hombre integral del imperialismo norteamericano, que procura dignamente superar a su prototipo alemán. La literatura transfirió, ante todo, su interés a las decadentes especulaciones psicoanalíticas, desvinculadas del mundo objetivo. Liberó estados patológicos, el malsano errar en derredor de uno mismo, la concepción catastrófica del mundo, el odio hacia el hombre, el derecho cósmico al crimen, la degeneración y la unificación cosmopolita de los ciudadanos del mundo, perdidos en su propia duda e impotencia. Naturalmente que este proceso adquiere en distintos decenios un grado de intensidad diferente y diversas formas de soluciones formales. La descomposición del régimen intensifica cada vez más la descomposición de las concepciones estéticas de la burguesía, hasta que aparece la consigna: terminar con la dependencia esclavizadora de la naturaleza y del mundo real. La imagen la frase musical como combinación abstracta; los intentos de desintegrar el idioma artístico en elementos inconexos; el énfasis del absurdo; el snobismo de la ignorancia; la ofensiva de la banalidad cosmopolita; el ignorar al lector, el desvincular el arte del pueblo; el rendir pleitesía a la superstición y a la estupidez intuitiva, como emblema del futuro. El abstraccionismo en la pintura, la música dodecafónica, el balbuceo dadaista; he aquí los rasgos característicos del arte burgués en el período del imperialismo. 

El fascismo no se conforma sin embargo con el arte formalista, aunque sólo sea, porque éste no puede llegar a las masas. En los instantes de abiertos preparativos bélicos, el imperialismo unce el arte al carro de sus reaccionarios fines políticos, obligando a los artistas a proclamar el culto a la intuición del hombre integral y finalmente del sistema norteamericano de dominio del mundo. En política, ello significa la apoteosis de la guerra y del terror fascista, y en el arte –con frecuencia cada vez mayor– un naturalismo, biológico en su primitivismo, que propaga abiertamente el sadismo, el odio y las consignas políticas del campo de la guerra, y que al igual que el formalismo, es una deformación evidente del mundo existente objetivamente. ¿Cuál es por ejemplo, la teoría sostenida por el escritor norteamericano Orwell, uno de los técnicos del naturalismo patológico? Es necesario liberar al hombre de la mentira de la civilización liberal, liberar la intuición, el instinto creador. El hombre se libera con mayor intensidad en el sueño. En el sueño renace el hombre puro.. El mundo real es un sueño, un engaño; es necesario convertir el sueño en la medida de la realidad. Se ignora lo que existe en verdad; si la vida de ultratumba de la que somos el sueño, o la vida real y su sueño. 

martes, 13 de noviembre de 2018

Los neokantianos y su interpretación idealista de las matemáticas


«El apriorismo de Kant es la piedra angular de su filosofía idealista. Según él, la fuerza del apriorismo, su supuesta facultad de introducir la universalidad y la necesidad en el caos del mundo de los fenómenos, descansa sobre su pleno apartamiento, «despojándose» de la experiencia concreta. Para demostrar la posibilidad del apriorismo, Kant fundamenta la existencia de los llamados juicios sintéticos apriorísticos. Son juicios que amplían y enriquecen nuestro conocimiento; nos son suministrados, a juicio de Kant; no por la experiencia, sino independientemente de ella, como principios apriorísticos. Kant veía en la matemática «pura» el modelo de este apriorismo pretendidamente libre de toda experiencia sensible. Pero este concepto de la matemática fué el mayor error de Kant, puesto que la matemática, como las demás ciencias, nació de la práctica del hombre:

«Las nociones de número y figura, fueron tomadas precisamente del mundo real. (...) Antes de llegar a la idea de deducir la forma de un cilindro por la rotación de Un rectángulo en torno de uno de sus lados, hubo necesidad de investigar no pocos rectángulos y cilindros reales» (Friedrich Engels; Anti-Dühring, 1878)

Otro tanto se puede decir en cuanto a las ciencias naturales teóricas y a todos los dominios de la ciencia. Ironizando sobre las ciencias naturales «puras», Marx señaló que las ciencias, naturales:

«Consiguen su objetivo, igual que sus materiales, sólo gracias al comercio y a la industria, gracias a la actividad material de los hombres». (Karl Marx y Friedrich Engels; La Ideología Alemana, 1846)

(...) A fines del siglo xix había entre los neokantianós dos escuelas principales: la marbugiana y la friburgiana. Los representantes de la primera –Kohen, Natorp, Kassirer– dedicaron su principal atención a la interpretación –mejor dicho a la falsificación– idealista de las ciencias naturales –la matemática, la mecánica, la física, la biología–. A esta escuela perteneció la mayoría de los oportunistas de la Segunda Internacional –Bernstein, Fórlander y otros–, entre los cuales el neo- kantismo fué considerado durante mucho tiempo como su filosofía casi oficial. Los revisionistas sustituyeron el materialismo dialéctico por el neokantismo. Los representantes de la segunda escuela, la friburgiana –Vindelband, Rickeft–, se especializaron en los problemas de la historia. Trataban de crear una valla infranqueable entre las ciencias naturales y las sociales y, mediante la falsificación idealista de estas últimas, «demostrar» que en el campo de la historia no existen leyes objetivas algunas que la rijan.

Los neokantianos de la escuela marburgiana se «esforzaron» en fundamentar filosóficamente el idealismo físico desnaturalizando los progresos más recientes de ciencias como la física matemática. Trataban de presentar la cosa como si las ciencias naturales redujeran cada vez más la materia –los átomos, el éter, la energía material– a un solo nivel matemático. Desfiguraban la propia naturaleza de la matemática negando que esta última refleja también las leyes y las relaciones del mundo material. Los neokantianos reducen todas las formas cualitativas, múltiples y variadas, del mundo real a una cantidad abstracta, a una relación matemática. Niegan que las sensaciones sean la fuente del conocimiento: los marburgianos creen que todo conocimiento verdaderamente científico extrae su contenido sola , y exclusivamente del «pensar puro», supuestamente independiente de la experiencia.

(...) Los neokantianos de la escuela friburgiana adoptan una posición no menos reaccionaria; sostienen la lucha contra el materialismo valiéndose de los viejos sofismas idealistas de que «no hay objeto sin sujeto» y de la doctrina mística del reino de los valores ideales, o «normas» –el bien, la justicia, lo bello, la verdad, etc.– según las cuales el hombre crea los objetos del material que suministran las representaciones sensibles e introduce en el mundo el orden, las leyes, etc. Si los marburgianos establecían una separación de principió entre las ciencias naturales que reducían a la matemática y las ciencias sociales en las que según ellos impera la ética idealista de Kant, esta separación se ahonda aún más en los friburgianos. Rickert afirma que las ciencias naturales se interesan sólo por lo general y aspiran «a alejar los elementos históricos de sus conceptos», o sea que las ciencias naturales son antihistóricas –esto, claro está, no es justo en el fondo– y en cambio la historia se interesa sólo por lo individual, por lo que históricamente no se repite ni puede establecer leyes generales –tampoco esto es cierto–». (Profesor A. V. Shcheglov y un grupo de catedráticos de la Academia de Ciencias de la URSS; Historia general de la filosofía; de Sócrates a Scheler, 1942)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

«NEOKANTISMO. — El neokantismo es una de las corrientes filosóficas más importantes de la segunda mitad del siglo XIX que reproducía y elevaba a la categoría de sistema lodo lo peor, lo reaccionario, lo muerto y lo idealista-subjetivo que había en la filosofía de Kant. El neokantismo surgió como una reacción contra el materialismo científico-naturalista de Buchner, Moleschot y otros, que se había divulgado después de la Revolución de 1848; más tarde, el filo de la crítica del neokantismo fue dirigido contra el marxismo. El neokantismo se  divulgó en Alemania, Italia y Rusia. Su florecimiento corresponde a las décadas del 80 y 90. Después de la guerra imperialista mundial de 1914-1918, cedió su lugar a una corriente más reaccionaria aún; el neohegealismo. Los primeros lanceros del neokantismo en la década del 50 al 60, fueron el físico Helmholtz y los filósofos Liebman, Ziegler y Lange, que trataron de conciliar la ciencia con los aspectos idealistas de la doctrina kantiana. Así, Helmholtz destacaba en la doctrina de Kant la incognoscibilldad de las «cosas en sí»; Lange afirmaba que el materialismo, como principio y concepción del mundo, es estéril; sólo sirve como método de Investigación; Llebman veía en las «cosas en sí» restos de metafísica, una «gota de sangre extraña». Fue así como los neokantianos no sólo predicaron «un retorno a Kant», sino que criticaron a este filósofo por sus concesiones al materialismo. La revisión idealista de la doctrina de Kant alcanzó su culminación en las dos principales escuelas del neokantismo: la de Marburgo –Cohen, Natorp, Cassirer– y la de Freiburgo –Windelbond, Ricltert–. El neokantismo llegó rápidamente a ser la filosofía casi oficial de la Segunda Internacional. Bernstein, Kaútsky, M. Adler, Vorlaender y otros trataron de conciliar el neokantismo con el marxismo». (Mark Rosental y Pavel Yudin; Diccionario filosófico marxista, 1946)

lunes, 12 de noviembre de 2018

La lucha contra el imperialismo, si no se halla ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa


«La obtención de elevadas ganancias monopolistas por los capitalistas de una de las numerosas ramas de la industria de uno de los numerosos países, etc., da a los mismos la posibilidad económica de sobornar a ciertos sectores obreros y, temporalmente, a una minoría bastante considerable de los mismos, atrayéndolos al lado de la burguesía de una determinada rama industrial o de una determinada nación contra todas las demás. El antagonismo cada día más intenso de las naciones imperialistas, provocado por el reparto del mundo, refuerza esta tendencia. Es así como se crea el lazo entre el imperialismo y el oportunismo, el cual se ha manifestado, antes que en ninguna otra parte y de un modo más claro, en Inglaterra, debido a que varios de los rasgos imperialistas del desarrollo aparecieron en dicho país mucho antes que en otros. A algunos escritores, por ejemplo, a L. Mártov, les place esquivar el hecho de la relación entre el imperialismo y el oportunismo en el movimiento obrero –hecho que salta actualmente a la vista de un modo particularmente evidente– por medio de razonamientos llenos de «optimismo oficial» –en el espíritu de Kautsky y Huysmans– tales como: la causa de los adversarios del capitalismo sería una causa perdida si precisamente el capitalismo avanzado condujera al reforzamiento del oportunismo o si precisamente los obreros mejor retribuidos se inclinaran al oportunismo, etc. No hay que dejarse engañar sobre la significación de ese «optimismo»: es un optimismo con respecto al oportunismo, es un optimismo que sirve de tapadera al oportunismo. En realidad, la rapidez particular y el carácter singularmente repulsivo del desarrollo del oportunismo no sirve en modo alguno de garantía de su victoria sólida, del mismo modo que la rapidez de desarrollo de un tumor maligno en un cuerpo sano no puede hacer más que contribuir a que dicho tumor reviente más de prisa, a librar del mismo al organismo. Lo más peligroso en este sentido son las gentes que no desean comprender que la lucha contra el imperialismo, si no se halla ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

sábado, 10 de noviembre de 2018

¿Qué postura adopta el marxista frente a la cultura del pasado y la cultura del futuro?


«El  marxismo-leninismo enseña que en la cultura del pasado hay elementos y tradiciones avanzados, revolucionarios, democráticos y socialistas, pero que también hay elementos reaccionarios en esta cultura del pasado que podrían obstaculizar el progreso de la nueva sociedad socialista y su cultura. Es por esto que Lenin y Stalin siempre han advertido contra una actitud acrítica hacia el pasado y sus tradiciones. Exigieron un estudio crítico y el desarrollo de los elementos positivos y progresivos de la vieja cultura desde el punto de vista de los intereses y necesidades del nuevo régimen social socialista. (...) La ideología que domina sin oposición en la sociedad soviética es la ideología más avanzada del mundo, la ideología socialista. Pero todavía hay, en la conciencia de los hombres, reminiscencias del capitalismo debido al retraso de la conciencia sobre la situación económica de los hombres y también debido a la influencia del mundo capitalista que nos rodea. En sus decisiones sobre cuestiones ideológicas, el Comité Central de nuestro Partido Bolchevique ha dejado al descubierto las supervivencias del pasado en la actividad de ciertos trabajadores culturales: ausencia de ideología, apolitismo, formalismo, desdén sobre los intereses de la gente, servidumbre ante la cultura putrefacta burguesa. Nuestro Partido está luchando en una lucha inquebrantable contra la supervivencia del capitalismo en la conciencia de los hombres. «Las viejas prácticas y hábitos, tradiciones y prejuicios heredados de la sociedad antigua son el enemigo más peligroso del socialismo». (Stalin) La edificación victoriosa del comunismo es imposible sin una lucha intransigente contra estas tradiciones y prácticas. (...) En el campo de la literatura y el arte, la lucha por lo nuevo significa la aplicación del método del realismo socialista. El realismo socialista exige una representación veraz y profundamente artística de la realidad en su desarrollo revolucionario, de la grandeza del pueblo soviético que construye la sociedad comunista. La afirmación de lo nuevo en el campo de la cultura implica una actitud intransigente hacia las influencias reaccionarias burguesas de todo tipo, hacia el nacionalismo burgués y hacia el cosmopolitismo, esta arma ideológica del imperialismo angloamericano».  (I. Charikov; De la lucha entre lo nuevo y lo viejo en el desarrollo de la sociedad soviética; Publicado en la revista Bolchevique, Nº 9, 1950)

viernes, 9 de noviembre de 2018

El marxismo es claro respecto a los objetivos de la clase obrera, su fin es la toma de poder, pero mientras no se pueda lanzar a tal propósito tiene labores que cumplir


«El movimiento político de la clase obrera tiene como último objetivo, claro está, la conquista del poder político para la clase obrera y a este fin es necesario, naturalmente, que la organización previa de la clase obrera, nacida en su propia lucha económica, haya alcanzado cierto grado de desarrollo.

Pero, por otra parte, todo movimiento en el que la clase obrera actúa como clase contra las clases dominantes y trata de forzarlas «presionando desde fuera», es un movimiento político. Por ejemplo, la tentativa de obligar mediante huelgas a capitalistas aislados a reducir la jornada de trabajo en determinada fábrica o rama de la industria es un movimiento puramente económico; por el contrario, el movimiento con vistas a obligar a que se decrete la ley de la jornada de ocho horas, etc., es un movimiento político. Así pues, de los movimientos económicos separados de los obreros nace en todas partes un movimiento político, es decir, un movimiento de la clase, cuyo objeto es que se dé satisfacción a sus intereses en forma general, es decir, en forma que sea compulsoria para toda la sociedad. Si bien es cierto que estos movimientos presuponen cierta organización previa, no es menos cierto que representan un medio para desarrollar esta organización.

Allí donde la clase obrera no ha desarrollado su organización lo bastante para emprender una ofensiva resuelta contra el poder colectivo, es decir, contra el poder político de las clases dominantes, se debe, por lo menos, prepararla para ello mediante una agitación constante contra la política de las clases dominantes y adoptando una actitud hostil hacia ese poder. En caso contrario, la clase obrera será un juguete en sus manos». (Karl Marx; Carta a Friedrich Bolte, 23 de noviembre de 1871)

La importancia para los comunistas de desechar el seguidismo en los análisis históricos y presentes


«Hoy nos encontramos con que la mayoría de partidos y autodenominados partidos –que en realidad no pasan de ser muchas veces grupúsculos de clubs de amigos y/o nostálgicos de algunas siglas– no se interesan por analizar las causas del flujo descendente del movimiento marxista-leninista internacional.

1) A unos no les interesa el estudio las figuras y movimientos nacionales e internacionales marxista-leninistas, es más, generalmente se cubren falsamente bajo sus ideas y mitos, reivindicando su legado de manera formal pero sin ser fieles a sus lecciones, otras veces aceptando sus mismos errores por no analizarlos y en algunas ocasiones directamente adoptando como referentes a falsos marxistas y a experiencias revisionistas. No hablemos ya de cuestiones del movimiento marxista-leninista de un pasado lejano porque los ignoran absolutamente, a veces su indiferentismo es tal, que también alcanza hasta el punto de mirar hacia otro lado en torno a fenómenos recientes de mayor o menor calado.

2) Existen otros que incluso si centran aunque sea un breve tiempo de su actividad en analizar ciertos fenómenos sobre el revisionismo contemporáneo y las causas de su triunfo, pero ha de hacerse un apunte: al no tener interés en cómo se ha llegado a varios de los desastres que han posibilitado la hegemonía del revisionismo en el movimiento obrero, los análisis y las conclusiones sobre los grupos antimarxistas del presente tampoco son del todo correctos porque no saben detectar el origen de estas desviaciones.

3) Luego hay quienes realmente si tocan temas del pasado y presente movimiento marxista-leninista, pero muchos de estos se contentan con realizar breves análisis de denuncia de que este u otro partido es revisionista, o esta u otra figura es oportunista, pero sin explicar a sus militantes y simpatizantes el porqué de tal afirmación, cayendo en análisis reduccionistas, doctrinarios y esquemáticos, que poco menos que pretenden obligar a la militancia a seguir estas afirmaciones sin tener conciencia real de porqué se dice tal cosa, esa incapacidad creativa es lo que muchas veces lleva a copiar las opiniones de otros o directamente a caer en las mismas desviaciones de las que se quejan de algunas corrientes revisionistas que fustigan tales como el seguidismo a ciegas, el afirmar sin corroborar la veracidad de lo que se pone sobre la mesa confiando en que ya antes lo ha pronunciado alguien. Metodologías que nacen de la no comprensión real de lo que dicen denunciar y de los métodos de concienciación que propone el marxismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 25 de septiembre de 2017)