lunes, 31 de diciembre de 2018

El sabotaje de la revolución, línea general de los revisionistas; Agim Popa y Vangjel Mosiu, 1984


«Otra dirección que siguen los revisionistas modernos para negar la necesidad de la revolución, del derrocamiento revolucionario de la burguesía, de la destrucción de la máquina del estado burgués y de la instauración de la dictadura del proletariado es la prédica de las tesis del XX Congreso del PCUS y de los eurocomunistas sobre el llamado tránsito «pacífico» y «democrático» al socialismo, mediante la vía parlamentaria y reformista, en el marco del legalismo burgués y de las constituciones burguesas. Pero en estas tesis ya conocidas de los revisionistas se halan también nuevos matices.

En sus actuales prédicas ha cobrado una amplia difusión especialmente la idea de que en ningún país, incluyendo los países capitalistas desarrollados, se plantea directamente la tarea de derrocar a la burguesía y pasar al socialismo. Mientras que los revisionistas chinos difunden el punto de vista de que la cuestión de la revolución no se plantea en absoluto en nuestra época, porque, pretendidamente, no existe en el mundo una situación revolucionaria, los revisionistas soviéticos y sus adeptos, y también los eurocomunistas, se han presentado con la tesis de que el camino hacia el socialismo en los países capitalistas desarrollados pasaría por una fase intermedia, la denominada «democracia antimonopolista». 

«La perspectiva de una amplia ofensiva contra el poder del capital [escriben los «teóricos» soviéticos] ha encontrado expresión teórica en el concepto de la democracia antimonopolista, elaborado por el movimiento comunista». ( Problemi mira i socializma, N° 2, 1983, pág. 51) 

Los revisionistas germano occidentales han incluido en su programa la «democracia antimonopolista», entendiendo con ella:

«Un período de transformaciones radicales, cuando la clase obrera y las demás fuerzas democráticas tienen una fuerza política e influencia parlamentaria tan grande como para formar un gobierno de coalición que represente sus intereses comunes». (Ibídem, N° 2, 1983, pág. 53) 

Puntos de vista similares propagan los revisionistas también en Austria, Francia, España, Gran Bretaña, Canadá, Brasil, Grecia y otros países.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Dios es un ser misterioso e incomprensible solamente para el hombre religioso, para el cual la naturaleza es un ente incomprensible


«No es que la naturaleza sea sólo el primer y originario objeto de la religión sino que es su principio generador más seguro, su subsuelo permanente aun si no se hace obvio. La creencia de que Dios, presentado como un ser sobrenatural y distinto de la naturaleza, tenga una existencia independiente de la del hombre y de que sea, como dicen los filósofos, un ente objetivo tiene su raíz en el hecho de que originariamente el ente objetivo y que existe aparte del hombre, esto es, el mundo, la naturaleza, es considerado Dios. La existencia de la naturaleza no se basa de ninguna manera –como se engaña el teísmo– en la existencia de Dios, o mejor dicho, la creencia en su existencia tiene su único fundamento en la naturaleza. Tu estas obligado a creer que Dios es un ser existente porque te ves obligado por la naturaleza a reconocer que por encima de tu conciencia y de tu existencia está la suya, y el primero concepto base de Dios no es ningún otro sino este: el de que es un ser cuya existencia precede a la tuya; tu existencia presupone la suya. En otras palabras: cuando hablas de la existencia de Dios como algo ajeno al corazón y al raciocinio del hombre, como algo que existe y está independientemente de que exista o no el hombre, piense o no en Dios, sienta o no anhelos de él, en realidad no estás hablando de otra cosa que de la naturaleza, cuya existencia no se apoya en la del hombre y mucho menos en los racionamientos del ser humano. Los teólogos, especialmente los racionalistas, propugnan que el principal honor de Dios viene dado por el hecho de que tiene una existencia autónoma respecto del pensamiento humano, y además, reflexionando, llegan a al conclusión de que también las divinidades de los ciegos paganos –las estrellas, las piedras, los árboles, los animales– cuenta con una existencia de este tipo; por lo que en este sentido el Dios de los teólogos y el Apis de los egipcios no se diferenciarían: ambos cuentan con y una existencia independiente del pensamiento de sus cultores. (...) Dios es el ser no determinable según dimensiones humanas, es el ser inconmensurable, infinito, o al menos así se le aparece al hombre. La obra alaba a su autor: la gloria del creador tiene su raíz exclusivamente en la magnificencia de la criatura. «¡Qué grande es el sol, pero cuánto más grande es aquel que ha creado el sol!». Dios es el ser supraterrenal, sobrehumano, supremo; pero también este ente supremo, por su origen y principio, no es otro que el entre supremo desde el punto de vista espacial y óptico: el cielo, con todo el esplendor que aparece. Todas las religiones que tienen algo de ímpetu, por poco que sea, sitúan la sede de sus dioses en la región de las nubes, en el éter o en el sol, en la luna y en las estrellas y, finalmente, todos los dioses se pierden en la atmósfera azul del cielo. Y por cierto: el Dios de los cristianos tiene su sede, su base última, arriba, en el cielo.  Dios es el ser misterioso e incomprensible, pero solamente porque para el hombre, y particularmente para el hombre religioso, la naturaleza es un ente misterioso e incomprensible. «¿Sabes tu como se difunden las nubes –le pregunta Dios a Job–? ¿Has llegado hasta el fondo del mar? ¿Has averiguado la anchura de la tierra? ¿Acaso has visto de dónde proviene el granizo?». En fin: Dios es el ser superior al arbitrio humano, no perturbado por las necesidades y las pasiones de los hombres, eternamente igual a sí mismo, que actúa según leyes invariables, que mantiene de manera inalterable a través de todas las épocas. (...) A Dios entendido como el artífice de la naturaleza se le representa como un ente distinto de esta; pero lo que este ente contiene  expresa, el verdadero contenido del mismo, es únicamente la naturaleza». (Ludwig Feuerbach; La esencia de la religión, 1845)

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viernes, 28 de diciembre de 2018

Ranadive anticipando las desviaciones del temprano maoísmo


«Primeramente, debemos enfatizar que el Partido Comunista de la India ha aceptado a Marx, Engels, Lenin y Stalin como las fuentes autorizadas del marxismo. No ha descubierto nuevas fuentes del marxismo más allá de ellos. Ni se adhiere a la cuestión de algunos partidos comunistas que se declaran seguidores de la llamada teoría de nueva democracia pronunciada por Mao Zedong y dicen que es un nuevo aporte al marxismo. El Secretario de Andahra debería haber pensado diez veces antes de seguir tal formulación y tomar una posición original sobre la cuestión de las contribuciones. Es impermisible para los comunistas hablar ligeramente acerca de nuevos descubrimientos, enriquecimientos, porque tales reclamaciones han sido probadas de vez en cuando que han sido sacadas de las cloacas del revisionismo –Browder, Tito, etc.–. Se debe admitir que algunas de las formulaciones de Mao Zedong son tales que ningún partido comunista puede aceptarlas; entran en contradicción con lo que entiende el mundo de los partidos comunistas. (...) Los que contrastan el camino chino del ruso tienen varias cosas equivocadas en su mente. Primero, su idea acerca de la Revolución Rusa es equivocada. Ellos piensan que la Revolución Rusa fue lograda de repente el 7 de noviembre de 1917 –en el espectáculo de un día, en una suerte de golpe– y olvidan la obstinada lucha de tres décadas, el persistente esfuerzo para ganarse a la mayoría del pueblo durante la revolución y después. Olvidan la misma Guerra Civil Rusa. Segundo, cuando ellos contraponen el llamado camino chino, ellos buscan rechazar la hegemonía del proletariado en la revolución democrática y sienten que la Revolución China muestra que la hegemonía del proletariado no es necesaria. Aluden que todas las referencias indirectas sobre la huelga general y el levantamiento armado están caducas, la guerra de guerrillas en las áreas rurales, la guerra civil y la lucha prolongada realmente excusan la idea de que el liderazgo del proletariado es necesario. Esta tentativa se hace en el nombre de la revolución antifeudal, la revolución agraria, y demás, en resumen una teoría de liderazgo campesino. Esto expone el carácter antimarxista de esta tendencia». (Bhalchandra Trimbak Ranadive; Lucha por la democracia popular y el socialismo, 1949)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Ranadive pese a sus acertadas críticas al maoísmo en cambio no tomaba en cuenta la persistencia de restos de feudalismo en la India:

«La primera etapa; la revolución agraria o la reforma agraria, como quieran llamarla. Los países de democracia popular en Europa pasaron por esta etapa en el primer año después de la guerra. China está ahora en esta primera etapa. La India se está acercando a esta etapa. La segunda etapa de la revolución democrática popular como se muestra en la Europa del Este se caracteriza del paso de la revolución agraria a la expropiación de la burguesía nacional. Esto es ya el comienzo de la revolución socialista. En todos los países de democracia popular de Europa las plantas, fábricas y bancos se han nacionalizados y se entregaron al Estado. China se encuentra todavía lejos de esta segunda etapa. De esta etapa también la India también está muy lejos. Aquí se habla de la redacción del periódico de la Kominform en relación con la trayectoria de China de desarrollo de la revolución. Este editorial fue un reto para los artículos y discursos de Ranadive, que consideraba que la India estaba en el camino de la revolución socialista. Nosotros, los comunistas rusos, consideramos que esta es una tesis muy peligrosa y decidimos ir contra esto y señalar que la India está en el camino de China, es decir, la primera etapa de la revolución democrática popular». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Grabación de las Discusiones de Iósif Stalin con los Representantes del Comité Central del Partido Comunista de la India, Camaradas Rao, Dange, Ghosh y Punniaiah, 9 de Febrero de 1951)

La contestación china a Ranadive en la Kominform con el artículo de Liu Shao-chi instigando a los partidos comunistas asiáticos a seguir «el camino de Mao», sumado a los fracasos del Partido Comunista de la India (PCI) en la lucha guerrillera de 1951 y las presiones de las fracciones prochinas finalmente acabaron por relevar a Ranadive del puesto de Secretario General. 

El acierto de los soviéticos fue señalar las desviaciones de Ranadive en materia de las etapas de la revolución y sus alianzas, pero fue de la mano a la crítica a otros conceptos maoístas de sustancial importancia tanto para el futuro del PCI como de todo el movimiento comunista internacional. Sin embargo, el propio Ranadive claudicó en 1950 ante la presión de la fracción maoísta del partido y reconoció todo tipo de errores reales y ficticios, incluido su antigua desconfianza hacia el maoísmo:

«En el pasado también fui culpable de la peor clase de error izquierdista: el sectarismo de izquierda era algo natural para mí. (...) El arrogante y consagrado ataque sobre Mao fue parte de este repudio al marxismo-leninismo». (Bhalchandra Trimbak Ranadive; Informe autocrítico, 1950)

En cambio, el error de los marxista-leninistas de aquel entonces que asistieron a la polémica consistió en no indagar en la crítica acertada de Ranadive sobre el maoísmo. A su caída, tomó el poder en el partido la facción más prochina liderada por Rao, que intentaba implantar el maoísmo como ideología del partido, queriendo seguir su experiencia de forma mecánica. Los marxista-leninistas soviéticos se vieron pues esta vez, en la obligación de combatir estas ideas que se estaban popularizando en Asia como comentó a las delegaciones indias e indonesias. 

Si revisamos los artículos soviéticos de los años 50, observaremos ya una postura desconfiada hacia los dirigentes chinos y sus expresiones de intentar elevar a modelo universal su experiencia de dudosos resultados, en especial en los países de Asia como la India:

«Una vez más E.M. Zhukov se refirió a la cuestión de la importancia de la experiencia de la revolución china, señalando que sería absurdo menospreciar la experiencia china. Su importancia es muy grande, pero no se debe hacer un fetiche de él, considerándola como un «modelo» universal aplicable a los países de Asia. (...) El camarada Balabushevich, después de haber subrayado la enorme importancia de la experiencia china para los partidos comunistas de varios países de Oriente, estuvo de acuerdo con el orador principal de que sería muy arriesgado considerar a la revolución china y a sus formas de desarrollo como un punto de referencia obligado para las revoluciones democráticas populares en otros países de Asia. En el ejemplo concreto de la India, indicó lo erróneo de la extrapolación mecánica de la experiencia de la revolución china, que, por cierto, no se comprende profundamente, sin tener en cuenta las características específicas de la India. El camarada Nasenko también señaló lo erróneo del trasplante mecánico de la «experiencia china» a la India. Los camaradas Dyakov, Balabushevich y Levinson, en sus presentaciones, basadas en los documentos y los programas del Partido Comunista de la India y los países de Asia sudoriental, así como en los hechos concretos del movimiento revolucionario en esos países, hicieron especial énfasis en la lucha de los partidos comunistas y los pueblos de estos países por la democracia popular y por la formación de un amplio frente único antiimperialista y antifeudal». (Izvestiya; Sobre el carácter y las características específicas de la democracia popular en los países de Oriente, 1952) 

Véase también las carta de Stalin al Partido Comunista de la India o al PC de Indonesia criticando las deficiencias de la experiencia militar china, algo que también recomendaba a los camaradas indios en la conversación conjunta con los soviéticos. A esto sumese la crítica a la idea del «socialismo específico chino».

Enn resumen, críticas de Stalin al maoísmo muy similares a las esgrimidas por Ranadive.

Los errores en los próximos años del PCI, solo reflejaban el caos ideológico interno de estos años, y el no haber meditado bien la crítica necesaria que debía hacerse al maoísmo, y que ya adelantó Ranadive.

martes, 25 de diciembre de 2018

En realidad en un Estado democrático-burgués el orden represivo no se aplica solo a los verdaderos comunistas sino contra todo revolucionario o pretendido revolucionario


«En realidad, en un Estado democrático-burgués el orden represivo no se aplica solo a los verdaderos comunistas sino contra todo revolucionario o pretendido revolucionario. 

Se ha de hacer un esfuerzo para comprender que igual que existen autodenominados comunistas que no saben identificar a su enemigo, existen anticomunistas que tampoco saben identificar a sus verdaderos enemigos. Del mismo modo y dicho en términos más amplios: las clases explotadoras y todos sus miembros al estar educados en una filosofía idealista, aceptan que toda persona o grupo autodenominado anticapitalista lo es, y no entienden –o a veces les sale más rentable no molestarse en reflexionar en ello– el hecho de que para que un grupo o individuo sea comunista no basta con que se diga, sino que es algo que debe ser contrastado en la práctica. Pero ha de entenderse que muchos explotadores –demócratas burgueses o fascistas– prefieren barrer con escoba de hierro todo lo que se diga anticapitalista y así guardarse las espaldas, aunque muchos de los que se lleven por delante no sean peligrosos para su régimen e incluso de saberlos manejar les sean hasta de utilidad. He ahí porque los burgueses más inteligentes prefieren valerse de estos elementos e infiltrarse en sus grupos, manejándolos a su gusto para sus fines.

Añadir que se ha demostrado históricamente que el haber sufrido una represión directa, bien sea cierre de locales, retención ilegal, tortura, e incluso asesinato de militantes, no significa que las posiciones políticas del sujeto o grupo sean acertadas. A poco que se piense, el lector reconocerá que muchas de las pugnas entre los grupos burgueses han acabado con representantes de una de las partes en la cárcel o muertos, si se hace un esfuerzo ha de reconocerse que lo mismo puede suceder y sucede en las pugnas con los grupos pequeño burgueses radicalizados o capas de la intelectualidad progresistas cuando se oponen a la burguesía o dejan de ser válidos para sus intereses y la burguesía decide apartarlos, no hablemos ya de los grupos hegemonizados por lumpens, que suelen ser altamente inestables, y lo mismo son los matones de la burguesía, que acaban como cabeza de turco con sus huesos en la cárcel cuando algo sale mal». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

domingo, 23 de diciembre de 2018

El desarrollo de los partidos marxista-leninistas y el internacionalismo proletario; P. Azuaga, 1985


«En la Línea Política aprobada por nuestro IVº Congreso del Partido Comunista de España (marxista-leninista) de 1984 se señala que:

«En la actual situación mundial tiene particular importancia la aplicación del internacionalismo proletario activo. La solidaridad fraternal de la clase obrera de los diversos países es necesaria para que el proletariado en su lucha contra la explotación capitalista en cada país, alcance al victoria en su lucha revolucionaria». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

Y es que, en efecto, para los marxista-leninistas, existe una relación estrecha y dialéctica entre el desarrollo de cada partido comunista marxista-leninista y de sus tareas en su respectivo país, y el desarrollo del Movimiento Comunista Internacional Marxista-Leninista con las tareas que ello plantea, sobre la base de la correcta comprensión y aplicación práctica del internacionalismo proletario, pues no en vano éste es una base fundamental del marxismo-leninismo.

Sin embargo, esto no es comprendido así por algunos, quienes para justificar posiciones injustificables y oportunistas, apelan a las más variopintas teorías ya  las más peregrinas argumentaciones, nada nuevas por cierto, como son la de que cada partido es independiente, que cada uno debe dedicarse a los problemas de su partido y de su país, que cada partido sólo debe basarse en sus propias fuerzas, que cada cual debe apañárselas como pueda sin que los demás tengan derecho a criticar sus opciones, que cada partido tiene su  «propia vía». 

sábado, 22 de diciembre de 2018

Quién es Jomeini y a qué intereses sirve; Partido del Trabajo de Irán, 1985


«Jomeini es una antigua figura religiosa que en 1963 fue deportado a Irak por oponerse a la reforma agraria del Sha. El móvil opositor de Jomeini era su negativa a dar libertad a la mujer, a la reforma agraria y a limitar la autoridad del clero en el Gobierno del país, y creando la organización «Oghaf» (11), etc. La reforma agraria del Sha redujo el poder económico y político del clero que como respuesta provocó la oposición de este sector que tenía profundas raíces en el seno de la sociedad. Durante sus 15 años de exilio en Irak, Jomeini no desarrolló actividad política alguna pero se mantuvo en contacto con la vasta red del clero iraní a través de las tradicionales relaciones de los círculos religiosos de Qom, Mashad y Najaf, que son los centros religiosos chutas. Entre estos grupos se creó una reputación como símbolo de oposición al Sha. Entre 1976-1977, cuando se creó una atmósfera religiosa gracias al teórico neoislámico Dr. Al i Shariati, y gracias también a la relativa libertad para el clero e intelectualidad religiosa y los comerciantes, que habían convertido las mezquitas en bases de su propaganda, Jomeini se hizo famoso ante el resto del pueblo como el símbolo de la oposición al Sha. La juventud, que escuchaba por vez primera el nombre de esta «virtuosa» figura religiosa, encontró en Jomeini y sus discursos y artículos la expresión de oposición al podrido sistema monárquico, al imperialismo y relaciones retrógradas. En un breve período, Jomeini se convirtió en el símbolo de la unidad del pueblo iraní contra el sistema de dependencia y en un símbolo de la libertad. Cuando regresó a Irán, recibió una bienvenida que no tiene paralelismo en la historia de Irán. El pueblo dió la bienvenida a Jomeini no por su carácter religioso ni por el Islam, sino por haber dado los primeros pasos en acometer sus exigencias de independencia, libertad y bienestar social. Recordaban a Jomeini diciendo: «el clero no se interferirá en el Gobierno y sólo tendrá un papel directivo. El pueblo escogerá por sí mismo qué tipo de Gobierno quiere. Habrá mucha más libertad que en occidente».

Pero con su llegada al poder, todas estas promesas resultaron ser falsas. El clero, al igual que cualquier otro Gobierno, utilizó el poder político en interés de la clase dominante. Incluso aunque hoy no sirvan los intereses de una clase concreta como tal, en todos los aspectos continúan con el mismo fanatismo medieval de la época en que surgió el Islam hace 1.400 años y es así como se debe entender su oposición a los imperialistas y socialimperialistas, como símbolos profanos internacionales, prevaleciendo todos los rasgos de oposición al proletariado, el campesinado y las masas trabajadoras. El clero, junto con la burguesía iraní y todo su poder, estuvo en contra el pueblo desde el primer día de la victoria de la revolución, y luchó contra el desarrollo y profundización de la revolución. Pronto fueron suprimidos los movimientos obrero y campesino. La cuestión de las minorías nacionales en un país compuesto por varias nacionalidades, lejos de resolverse alcanzó su culminación con bombas de Napalm y otras armas heredadas del régimen del Sha, el régimen de Jomeini atacó salvajemente a las masas oprimidas de estas nacionalidades. La reaccionaria ley de prensa fue promulgada, preludio de los ataques venideros, y con objeto de llevar a cabo nuevas medidas de terror, se recurrió a una nueva argucia: la ocupación de la Embajada norteamericana». (Partido del Trabajo de Irán; Cómo fue traicionada la revolución; Publicado en Teoría y práctica,  Nº 7, 1985)

jueves, 20 de diciembre de 2018

El programa de los emigrados blanquistas de la comuna; Engels; 1874


«
Después de toda revolución o contrarrevolución abortada, los emigrados que se refugian en el extranjero despliegan una activad febril. Se forman grupos partidarios de diversos matices, cada uno de los cuales reprocha a los otros el haber llevado el carro al tremedal y los acusa de traición y de toda clase de pecados mortales. Mientras tanto conservan estrecho contacto con la patria, organizan, conspiran, publican octavillas y periódicos, juran que va a «recomenzar» dentro de veinticuatro horas, que la victoria es segura, en previsión de lo cual distribuyen desde ya los puestos gubernamentales. Como es lógico, se va de desilusión en desilusión, y como eso no se relaciona con las inevitables condiciones históricas, a las que no se quiere comprender, sino que se atribuye a errores fortuitos de unas u otras personas, las acusaciones recíprocas se acumulan y todo desemboca en una cizaña general. Tal es la historia de todas las emigraciones, desde los emigrados realistas de 1792 hasta nuestros días; y los emigrados que no pierden el sentido común y la razón procuran apartarse lo más posible de las riñas estériles en cuanto se presenta la menor posibilidad de hacerlo con tacto, y se ocupan de algo más útil.

La emigración francesa después de la Comuna tampoco ha evitado esa fatalidad. En virtud de la campaña europea de calumnias que ha afectado por igual a todos, más que nada en Londres, ya que se encuentra aquí el centro común, que la emigración francesa ha hallado en el Consejo General de la Internacional, ha debido contener por cierto tiempo, aunque no sea más que ante el mundo exterior, sus querellas intestinas, pero a lo largo de los dos años últimos ya no ha estado en condiciones de ocultar el proceso acelerado de disgregación. Una franca enemistad ha estallado por doquier. En Suiza, una parte de los emigrados, se adhirió a los bakuninistas particularmente bajo la influencia de Malón, que fue uno de los fundadores de la Alianza secreta. Después, en Londres, los llamados blanquistas se separaron de la Internacional para constituir un grupo autónomo llamado «La comuna revolucionaria». Luego han aparecido multitud de otros grupos que, no obstante, se han visto en estado de incesante transformación y reorganización y no han hecho nada que valga ni siquiera en materia de manifiestos; en cambio, los blanquistas, en su proclama a los «Communeux» [Confederados], han dado a conocer su programa al mundo entero.

No se llaman blanquistas por representar un grupo fundado por Blanqui –de los treinta y tres signatarios del programa, sólo dos o tres, todo lo más, habrán tenido alguna ocasión de hablar con él–, sino porque quieren actuar con arreglo a su espíritu y tradición. Blanqui es esencialmente un revolucionario político; no es socialista más que de sentimiento, por indignarse con los sufrimientos del pueblo, pero no posee teoría socialista ni propuestas prácticas definidas para la reorganización de la sociedad. En su actividad política no es sino un «hombre de acción» convencido de que una pequeña minoría bien organizada, al intentar en un momento oportuno efectuar un golpe de mano revolucionario, puede llevar a las masas del pueblo, tras de alcanzar algunos éxitos iniciales, a realizar una revolución victoriosa. Bajo Luis Felipe pudo organizar semejante núcleo, por supuesto, sólo como sociedad secreta, y ocurrió lo que suele ocurrir en las conspiraciones: los hombres, hartos de contenerse sin cesar y de escuchar promesas de que la cosa no tardaría en comenzar, terminaron por perder la paciencia, se rebelaron, y hubo de elegir una de dos: dejar que se disolviese la conspiración o comenzar la insurrección sin ningún motivo aparente. La insurrección estalló –el 12 de mayo de 1839– y fue aplastada en el acto. Por cierto, esta conspiración de Blanqui fue la única de la que la policía no consiguió hallar las huellas; la insurrección fue para ella como un rayo de un cielo sereno. De la idea blanquista de que toda revolución es obra de una pequeña minoría revolucionaria se desprende automáticamente la necesidad de una dictadura inmediatamente después del éxito de la insurrección, de una dictadura no de toda la clase revolucionaria, del proletariado, como es lógico, sino del contado número de personas que han llevado a cabo el golpe y que, a su vez, se hallan ya de antemano sometidas a la dictadura de una o de varias personas.