«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 16 de junio de 2015

Desmontando la pseudoplanififación del revisionismo chino mediante los textos de sus propagandistas occidentales como Charles Bettelheim

Charles Bettelheim con Chou En-lai, en una visita del primero a China

«A las ilusiones sentimentales y a las lucubraciones antimaterialistas propagadas todavía actualmente por ciertos «marxistas-leninistas» respecto al «carácter socialista de China de Mao  Zedong» y del carácter «a pesar de todo socialista» y hasta «antiimperialista» de China actual, respondemos: ¿sobre qué criterios podemos afirmar que China mantiene los principios de una economía «planificada»? ¿Sobre los criterios que solamente ella ha aplicado? ¿Los ataques imperialistas son una manifestación del imperialismo de una oposición al «socialismo» en ese país o más bien una rivalidad interimperialista con él? ¿En efecto, para las potencias imperialistas, no es cierto que para ellos el carácter «socialista» de estos países «persiste» a la hora de referirse a ciertos rivales imperialistas hasta que éstos se hayan reducido al estado de una neocolonia, como fue el caso de la Unión Soviética socialimperialista?

En la obra de autoría múltiple: «La construcción del socialismo en China» de 1965, los revisionistas prochinos insisten en:

«La necesidad de la división socialista del trabajo»». (Charles Bettelheim, Jacques Charrière, Hélène Marchisio; La construcción del socialismo en China, 1965)

Rechazando el lema «basarse en las propias fuerzas».

En efecto para ellos, en este lema:

«Uno de los límites generalmente reconocidos de la validez de estas palabras y orden es la admisión explícita de la apelación al recurso necesario del comercio internacional, como un medio para obtener condiciones más favorables sí mismo cuando se producen productos específicos [dícese de: especialización, monocultivo, etc., ver la explicación siguiente de Vincent Gouysse - Anotación de Bitácora (M-L)]». (Charles Bettelheim, Jacques Charrière, Hélène Marchisio; La construcción del socialismo en China, 1965)

He aquí cómo bajo un disfraz de bajo un límite, se rechaza el axioma de «basarse en las propias fuerzas». Esta afirmación no tiene otro propósito que esconder el tomar prestado «los generalmente reconocidos» pensamientos del arsenal ideológico del libre comercio del siglo XIX, según la cuál la riqueza aumenta con la especialización. Si esta verdad es por alguien «generalmente reconocida» , es sólo por los economistas burgueses-revisionistas que tratan de eludir el hecho de que la división internacional del trabajo no debe influir en la esfera de producción de los medios de producción, de lo contrario perpetua las relaciones de explotación.

¡Convencidos de las virtudes de la libre operación de la ley del valor, al igual que sus homólogos revisionistas –titoistas, jruschovistas, cubanos, etc.– los revisionistas chinos y los elementos prochinos imaginan la economía «socialista» como una especie de «economía planificada», a la vez «descentralizada y autogestionada»! Los revisionistas prochinos estimando la «especificidad» del «socialismo chino» llegaron a la constatación de  que la economía planificada «ahogaba la iniciativa». Esta «especificidad» es común a muchos revisionistas. Los revisionistas prochinos, si hubieran querido ser honestos tendrían que haber admitido que esta fobia a la economía planificada no era precisamente una «especificidad» de los «comunistas chinos»: los ideólogos burgueses [véase la obra de Hedrick Smith: «Los rusos» de 1976, para entender esto que decimos - Anotación de V. G.] comúnmente equiparan el capitalismo de Estado monopolista de los países revisionistas-burgueses a una especie de «economía planificada». Para ellos la «economía planificada» es sinónimo de «excesivo centralismo» y «burocracia» que «ahoga la iniciativa» y «obstaculiza el progreso». Los revisionistas prochinos reconocieron abiertamente que en China:

«La empresa no recibe ya cifras de control moralmente imperativas». (Charles Bettelheim, Jacques Charrière, Hélène Marchisio; La construcción del socialismo en China, 1965)

Como sí lo era en la Unión Soviética bajo Stalin, dejando a las empresas una total:

«Autonomía de gestión». (Charles Bettelheim, Jacques Charrière, Hélène Marchisio; La construcción del socialismo en China, 1965)

Y una:

«Gran libertad en la puesta en ejecución de los medios de producción». (Charles Bettelheim, Jacques Charrière, Hélène Marchisio; La construcción del socialismo en China, 1965)

La falta de «control central» y la:

«Ausencia de publicación de estadísticas globales de producción e inversión». (Charles Bettelheim, Jacques Charrière, Hélène Marchisio; La construcción del socialismo en China, 1965)

También sería admitida por los partidarios del revisionismo chino, quienes confesarían a demás:

«En las condiciones actuales, la ausencia de un plan quinquenal». (Charles Bettelheim, Jacques Charrière, Hélène Marchisio; La construcción del socialismo en China, 1965)

¡Durante todo el período de 1949-1965!

En el compilado: «Cinco conversaciones con economistas soviéticos», Stalin hizo hincapié en la necesidad de la economía planificada como se refleja en el informe de discusión con los economistas del 29 de enero de 1941:

«Mientras que en nuestras empresas del sistema se unen sobre la base de la propiedad socialista. La economía planificada no es algo que queramos, es una obligación, de lo contrario todo se vendría abajo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Cinco conversaciones con economistas soviéticos, 1941-1952)

A esto, agregó que en cuanto a los principales objetivos de la planificación:

«El primer objetivo es planificar de una manera que se garantice la independencia de la economía socialista del cerco capitalista. Esto es obligatorio y es lo más importante». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Cinco conversaciones con economistas soviéticos; 1941-1952)

Marx, Engels y Lenin eran unos apologistas de la centralización para los cuales era evidente que la economía socialista debía de ser una economía planificada. Marx y Lenin combatieron por otra parte a los «autogestionarios» que eran los anarquistas y los partidarios de la «oposición obrera» [facción anarco-sindicalista eliminada en el Xº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia de 1921 - Anotación de Bitácora (M-L)]. Los planes quinquenales elaborados bajo la dirección de Stalin reflejaban esta necesidad de guiarse de un plan de desarrollo general para la economía, que no excluía de ninguna manera –como le gusta decir a los economistas revisionistas y burgueses–, sino que al contrario presuponía la amplia participación de los trabajadores en la base de todos los niveles de desarrollo y ejecución del plan. Por eso los marxista-leninistas albaneses denunciaron el carácter artificial y falsa de la planificación revisionista en el que veían confrontadas las contradicciones entre:

«El centralismo burocrático de tipo monopólico con el combinado junto al gran liberalismo económico de su base». (Hysen Xhaja; La descentralización anarquista y la supuesta planificación socialista en la economía capitalista soviética actual, 1989)

Donde se:

«Da una imagen de una gestión planificada de la economía, mientras que en la práctica las leyes y categorías económicas del capitalismo tienen un campo de acción libre en la producción». (Hysen Xhaja; La descentralización anarquista y la supuesta planificación socialista en la economía capitalista soviética actual, 1989)

Es por esto que bajo la «planificación» revisionista las cifras de control «no tienen un carácter obligatorio» como en una verdadera economía socialista. La conclusión de esta vía llevaba a:

«La desorganización en la producción, la aparición de desproporciones, a la baja de las rentas de la población, y a la polarización de clase, a la inestabilidad de los ritmos de desarrollo económico, etc». (Hysen Xhaja; La descentralización anarquista y la supuesta planificación socialista en la economía capitalista soviética actual, 1989)

Es obvio que hay una diferencia fundamental entre la economía socialista planificada y la planificación en los países burgueses-revisionistas. Ya en los años 20 Iósif Stalin denunció la pseudoplanificación en los países burgueses como:

«Planes-pronósticos, planes conjetura, que no son obligatorios para nadie y sobre cuya base no puede dirigirse la economía del país». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Informe en el XVº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1927) (Vincent Gouysse; El socialismo de características china: ¿socialismo o nacionalismo burgués; 2007)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

El conocido gurú para los maoístas europeos: Charles Bettelheim, después de un viaje a China en 1971, escribió uno de sus libros en apoyo al revisionismo chino, allí reconocía con orgullo que:

«La tendencia general desde 1957, y especialmente desde la Revolución Cultural, ha sido promover la iniciativa local con la descentralización de la gestión de las empresas y dando a los funcionarios locales mano libre para gestionar un número crecientes de unidades de producción. El valor agregado producido bajo este tipo de gestión en Shanghái ha sido el siguiente: en 1957 casi la mitad –casi el 46%– del valor de la producción industrial se originó en las empresas controladas directamente por el gobierno central. En 1970 solo el 6,8% por ciento del valor de la producción industrial se originó en las empresas controladas por el gobierno central, mientras que el 93,2% del valor de la producción industrial se originó en las empresas gestionadas localmente. Esta descentralización está motivada por lo que los chinos llaman la necesidad de luchar contra la «dictadura de gestión centralizada». Esta lucha tiene la intención de fomentar una «iniciativa doble»; la del gobierno central y la de los funcionarios locales. Con respecto al tamaño, las empresas son consideradas grandes, medianas y pequeñas. Las consideradas como medianas y pequeñas representan el grueso de la producción. De las 3.200 empresas del Estado en Shanghái, solo 90% pueden considerarse empresas grandes –la mayoría de ellas emplean a más de 3.200 trabajadores–, 300 son empresas de mediano tamaño y 2.810 son empresas pequeñas». (Charles Bettelheim, Revolución Cultural y Organización Industrial en China, 1974)

Estamos seguros de que muchos lectores influenciados por la propaganda de diversos revisionismos como el maoísmo dirán: «¡es que tal es el modelo del sistema económico socialista! ¿dónde está el problema?», por ello dejemos claro lo equivocado que están con este esquema titoista-maoísta de economía. Tanto en los primeros días de la revolución de octubre de 1917, como después en los años veinte con las desviaciones anarco-sindicalistas de su partido, Lenin combatió estas teorías antimarxistas:

«Toda legislación, ya sea directa o indirecta, sea de la posesión de su propia producción por los obreros de una fábrica o de una profesión tomada en particular, con derecho a moderar o impedir las órdenes del poder del Estado en general, es una burda distorsión de los principios fundamentales del poder soviético y la renuncia completa del socialismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre la democratización y el carácter socialista del poder soviético, 1918)

Marx y Engels, como Lenin y Stalin después, hablaron de la necesidad de acabar con el poder económico de las clases explotadoras y de centralizar esos medios de producción, no entregarlo a particulares, ni descentralizar nada:

«El proletariado se valdrá del poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas». (Marx y Engels; Manifiesto comunista, 1848)

Atomizar la producción en medianas y pequeñas empresas en detrimento de las grandes empresas industriales, solo está a la altura de los antimarxistas y antileninistas:

«La base material del socialismo no puede ser sino la gran industria mecanizada capaz de reorganizar también la agricultura. Pero no debemos limitarnos a este principio general. Hay que concretarlo. Una gran industria, a la altura de la técnica moderna y capaz de reorganizar la agricultura, supone la electrificación de todo el país». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informe al IIIº Congreso de la Komintern, 1921)

Por eso, siempre hemos insistido en nuestros documentos, e introducciones a terceros documentos que: el revisionismo chino, soviético, yugoslavo, cubano, coreano, etc., que ahora pretende rescatar el «socialismo del siglo XXI», comparten un paralelismo atroz con el anarquismo pequeño burgués:

«El socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista basada en la última palabra de la ciencia moderna, sin una organización estatal armónica que someta a decenas de millones de personas a las más rigurosa observancia de una norma única en la producción y distribución de los productos. Los marxistas hemos hablado siempre de eso, y no merece la pena gastar dos segundos en conversar con gentes que no han comprendido ni siquiera eso –los anarquistas y buena mitad de los eseristas de izquierda–». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre el impuesto en especie, 1921)

Los charlatanes como Charles Bettelheim han sido los principales exponentes del «maoísmo sin careta», es decir aquel maoísmo que no niega sus rechazo a la teoría y práctica de la Unión Soviética de Stalin, de su experiencia. Actualmente los neo-revisionistas maoístas están recogiendo sus tesis para concluir, como hacia este oportunista, que es necesario superar «las limitaciones y errores de Lenin y Stalin», lo que ellos llaman el «periodo de Octubre». Pero por supuesto cuando usan estos slogans no lo hacen porque busquen la verdad científica en las cosas, sino para imponer temas como la «división internacional del trabajo», la «agricultura como base de la economía», la teoría de los «tres mundos» y otras ideas imperialistas y revisionistas que Berttelheim compartía del revisionismo chino y propagaba en sus obras. A estos personajes como Kazimierz Mijal o Charles Bettelheim y otros contemporáneos hay no nos debe quedar duda como deben ser tratados:

«El Partido del Trabajo de Albania debe dar y dará pruebas de una gran paciencia para esclarecer a los que no ven claramente las cosas, porque no debemos subestimar la importancia del mito y del culto de Mao Zedong como «gran marxista-leninista» en el mundo. Pero abogados como Kazimierz Mijal no forman parte de los que no tienen las cosas claras, se trata de renegados lúcidos y peligrosos, así pues, ¡fuego sobre ellos para exterminarlos como ratas!». (Enver Hoxha; El «abogado» charlatán de la podrida línea china; Reflexiones sobre China, Tomo II, 14 de febrero de 1977)

Recomendamos un buen artículo de The Worker: La URSS en el espejo distorsionado de Charles Bettelheim de 1978, donde se refuta la crítica de Bettelheim a la Unión Soviética de Lenin e Stalin.

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