«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 5 de junio de 2015

Cuba: En camino a la completa integración en la economía mundial; Bajo la Bandera del Marxismo, 2015

El siguiente artículo de «Bajo la bandera del marxismo», escrito por José Gabriel Roldán, nos sirve para corroborar una vez más no solo la actual tendencia del revisionismo cubano, sino también sus orígenes y los nexos entre el actual camino y el de hace unos años. En el artículo se destacan varias cuestiones que siempre hemos recalcado téngase en cuenta que como el mismo carácter del artículo a presentar, solo citaremos fenómenos económicos:

1) El subdesarrollo de la industria cubana debido a la adhesión a la teoría del revisionismo chino de la «agricultura como base de la economía», y a la vez a la teoría del revisionismo económica soviético de la «división internacional del trabajo», incapacitando al país para mantener su autosuficiencia, y para llevar a cabo la colectivización en el campo bajo la mecanización a gran escala:

«Partiendo de entender esto debemos entender que la teoría y práctica que más le afectó por entonces para el desarrollo futuro sería la aceptación de la «división socialista internacional del trabajo» –cuya máxima expresión fue la entrada de Cuba en el Consejo de Asistencia Económica Mutua (CAME) en 1972–, la cual plegaba a los países del campo revisionista soviética a una mera especialización económica mientras la Unión Soviética socialimperialista mantenía el monopolio industrial. En el caso cubano eso se tradujo en una especialización en la agricultura y en especial en el azúcar, en consecuencia, Cuba desatendió el desarrollo de su industria pesada, ley general del desarrollo del socialismo, y requisito indispensable para la independencia y autosuficiencia económica y por extensión política». (Equipo de Bitácora (M-L); Crítica al artículo: «La nueva Ley de Inversión Extranjera en Cuba romperá con el bloqueo fuera de EEUU», 30 de marzo de 2014)

2) Su evolución hacia el sector terciario y en especial al sector turístico:

«A partir de esos años 90 el sector turístico sustituye a la agricultura como pilar de la economía según los economistas cubanos. (...) Lo cierto era que la NEP cubana no era tal, pues la NEP soviética tenía como objetivo la extensión de la propiedad estatal y la centralización, y en cambio en el modelo económico cubano desde los 90 hasta hoy en día no existe plan real desde la dirección cubana para lograr la industrialización del país y su autosuficiencia, pues no hay avance en este campo, plegándose por otro lado, a estimular la economía privada a pequeña escala, la promoción de nuevas leyes para promover la inversión extranjera para cubrir sus carencias, y partiendo siempre del esquema de que el sector turístico como eje de la economía cubana para subsistir». (Equipo de Bitácora (M-L); Crítica al artículo: «La nueva Ley de Inversión Extranjera en Cuba romperá con el bloqueo fuera de EEUU», 30 de marzo de 2014)

3) El papel económico de otros imperialismos en  la economía de Cuba:

«Recuérdese que para la actualización, Cuba si bien no está neocolonizada por el capital estadounidense sí lo está por otros imperialismos. (...) Cuba es hoy uno de los destinos preferidos de inversión de las grandes empresas privadas españolas, lo que denota las facilidades que da este régimen revisionista-capitalista a los capitalistas para sus inversiones en cuestión de inversión-riesgo-beneficio». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre el acercamiento de Cuba y EEUU [Recopilación documental], 17 de diciembre de 2014)

4) La similitud de las reformas desesperadas de las últimas décadas en Cuba con las reformas de los regímenes capitalistas-revisionistas de los 70 y 80:

«La verdad de todo esto es que la promoción del cuentapropismo –crear la pequeña propiedad privada y pequeño burgueses– es la receta desesperada capitalista dentro del mismo capitalismo de los regímenes revisionistas que andaban moribundos para intentar salir de los quebraderos de cabeza y pérdidas económicas que le creaban la propiedad capitalista monopolista de Estado en varias de sus ramas económicas por la naturaleza liberal y capitalista de actuación en su base, por ello buscaban el estímulo económico de los pequeño burgueses, véase sino las reformas económicas de János Kádár en Hungría en los 70, la única diferencia es que los revisionistas húngaros no lo llamaban «cuentapropismo». Por supuesto, todo defensor del revisionismo cubano es por extensión un pseudomarxistas defensor de la principal figura de la restauración del capitalismo en Hungría, y seguro que lo saludan como «un gran dirigente comunista» y a sus reformas como «ambiciosas reformas socialistas» pero eso nos da bastante igual, los hechos son los hechos, verdad científica solo hay una, y se quedaran solos defendiendo a estas figuras que han reptado a los pies de las clases explotadoras nacionales e internacionales».  (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Se entiende pues que:

«Después del año 1991 bajo el agravamiento del déficit de la balanza comercial exterior y el aumento de las inversiones extranjeras directas, Cuba devino a ser un país comprador-burgués clásico donde una parte creciente de la economía es propiedad directa del capital extranjero. En estas condiciones, luchar por «salvaguadar» o «reforzar» el «socialismo cubano» es solamente una lucha vista a mistificar a los trabajadores cubanos sobre este «socialismo», que tan solo es un reformismo burgués en crisis bajo una apariencia de independencia cuando todo indica una dominación económica de tipo compradora». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)


5) La calcada táctica del revisionismo cubano y otros revisionismo del pasado, en cuanto a que cuando querían acercarse a su teórico enemigo para entablar entre otras cosas contacto económico, cambiaban de arriba a abajo todo el discurso:

«En el caso del discurso de Cuba en esta conferencia es de lo más lamentable y demuestra al nivel de oportunismo a que ha llegado el revisionismo isleño: un país que ayer basaba toda su política propagandística en torno a pedir la solidaridad con Cuba contra el imperialismo estadounidense, ahora ha pasado a embellecer al imperialismo estadounidense y de la mano de Raúl Castro presentan a su presidente Barack Obama como un progresista, casi un pacifista, como alguien a no comparar con los predecesores y como alguien que se eleva por encima de la estructura del sistema imperialista estadounidense y puede con su buena voluntad brindar a los países vecinos todo lo que anhelan sin ninguna intención de fondo, pronuncian lacónicamente sin sonrojarse. (...) Debemos añadir en torno a la táctica de los revisionistas cubanos del «lanzamiento de lisonjas varias» –y olvido del carácter mismo del imperialismo– que no es nueva, ya fue utilizada por otros revisionismos –como el soviético, rumano, yugoslavo o chino– cuando se querían acercar al imperialismo estadounidense de modo permanente o coyuntural». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas reflexiones sobre los discursos en la VII Cumbre de las Américas, 24 de abril de 2015)

6) Cual es el objetivo de estos acercamientos cubano-estadounidenses:

«¿Qué busca Cuba? Creemos que sencillamente la venia de los Estados Unidos para incorporarse a la economía global. La economía cubana tras las últimas reformas que dieron: total vigencia a la economía mixta, al cuentapropista –pequeña burguesía–, a la revitalización total de la «ley del valor», al desarrollo de la industria ligera, a la formación de empresas interestatales, etc.; lo que requiere del estímulo económico externos puesto que el mercado interno tiene una baja capacidad de consumo. Es decir, dado que toda la inversión que el Estado cubano en cooperación con capital privado es en la industria ligera, este requiere de eliminar las barreras comerciales existentes para poder mantener sus niveles productivos, así como sus beneficios. No olvidemos tampoco la última regeneración en la Ley de inversión extranjera cubana, que busca si cabe una mayor atracción de los imperialismos y su capital de inversión». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre el acercamiento de Cuba y EEUU [Recopilación documental], 17 de diciembre de 2014)

A respecto de algunos comentarios sobre Guevara de este documento, diremos: algunos revolucionarios, influidos por la propia propaganda que algunos sectores del castrismo inoculan en el pueblo cubano y al exterior, proclaman que lo que necesita cuba es una vuelta a los postulados guevaristas en economía para encauzar la vía al socialismo. Falso, el guevarismo, no es sino una variante del revisionismo cubano, y en la economía, pese a tener postulados más acertados que el castrismo, no deja de retomar un fuerte voluntarismo-practicismo que lo aparta sensiblemente del materialismo, algo que resulta evidente –por ejemplo en su teoría del «foquismo»– en sus planteamientos económicos en general –en donde se aprecia que lo fundamental, a pesar de su correcta posición en favor de la preponderancia de la industria pesada, se basa en la voluntad, la conciencia, es decir, subordina la transformación de la estructura económico-política a la transformación prima de la superestructura, y no al contrario–. Véase: «¿Por qué no puede considerarse al «Ché» Guevara como marxista-leninista?».

El documento:



Cuba: En camino a la completa integración en la economía mundial


El reciente acercamiento de Estados Unidos hacia Cuba es el reconocimiento oficial del absoluto fracaso de la política imperialista hacia el país caribeño. Una política reaccionaria de más de cincuenta años, producto natural de la Guerra Fría conducida por el capitalismo monopolista norteamericano contra la revolución, el socialismo y todo lo que supusiera el más mínimo progresismo en el mundo. Durante la era soviética, la nueva Cuba fue una especie de amenazante daga en las costillas de los Estados Unidos. Sólo después de la desintegración de la URSS, los gobernantes norteamericanos pudieron permitirse declarar que Cuba ya no era una prioridad para la seguridad estadounidense. No obstante eso, continuaron con el embargo económico y la política de aislamiento de Cuba, con el objetivo de que el régimen cubano se consumiera por la incapacidad de su economía para enfrentar sus contradicciones estructurales básicas, y con la esperanza puesta en un iluso levantamiento popular contra los gobernantes cubanos. Según una idea que durante la última década ha venido ganando aceptación en amplios círculos del capital monopolista norteamericano, Estados Unidos ha desperdiciado mucho tiempo en sus esfuerzos por ganar a Cuba a su esfera de influencia, incidiendo demasiado en el “garrote” y olvidando la “zanahoria”, que hoy consideran más efectiva en este caso particular. [1]

Para los dirigentes cubanos, este cambio en la política norteamericana es una oportunidad caída del cielo, considerando los posibles contratiempos económicos y sociales que se le pueden presentar en el corto plazo, como resultado de que Venezuela ya no pueda continuar subsidiando a Cuba. El fantasma de la amarga experiencia vivida como consecuencia de la desintegración de la URSS y el bloque soviético, recorre toda la Isla ante un eventual corte de la ayuda venezolana, y ha llevado a los gobernantes cubanos a buscar alternativas. A pesar de todas las protestas de no renunciar a los principios y defender su independencia, los dirigentes cubanos consideran que el restablecimiento de las relaciones económicas y comerciales con Estados Unidos constituye una luz al final del túnel. Esto es así, en primer lugar, porque su principal “benefactor”, el gobierno venezolano, enfrenta apremiantes problemas económicos y políticos que le van a obligar a centrar su atención y sus recursos en la solución de sus propios problemas internos. El desplome del precio del petróleo, la pérdida de reservas internacionales, la galopante inflación interna, y la crisis económica que golpea a los trabajadores, entre otras cosas, están creando dificultades para que el gobierno venezolano pueda continuar asistiendo a Cuba. Y como es sabido, Venezuela es el principal socio comercial de Cuba, representando el 35%-40% de su comercio exterior[2], y su principal fuente de divisas, divisas que Cuba necesita con apremio para adquirir los bienes básicos para el consumo de su población y para mantener en funcionamiento su economía.

Ante la posibilidad, bastante alta, de perder en el corto plazo esa fuente de ingresos, el gobierno cubano ha flexibilizado su ley de inversión extranjera[3] y ha ampliado su oferta de proyectos de inversión[4], con la mira puesta en cubrir el enorme vacío que puede dejar un sustancial recorte o una eventual finalización de sus ventajosos acuerdos con Venezuela. Desde que inició su apertura a la inversión extranjera, la economía cubana se ha diversificado notablemente, aunque con un alto sesgo hacia el sector servicios, particularmente servicios profesionales y turismo. No obstante el significativo avance, el desarrollo de la atrasada economía cubana requiere de mayores capitales que se destinen especialmente al sector productivo. Los actuales problemas económicos en Europa reducen las posibilidades de que capitales de esa región, incluida Rusia, puedan incrementar su presencia en Cuba, en los volúmenes que este país necesita con urgencia. Por su parte, China tiene opciones más atractivas en otras regiones del mundo, y, en estos momentos, con la desaceleración de su crecimiento, está siendo más selectiva en su búsqueda de oportunidades de inversión. Por otro lado, parece improbable un escenario donde otros capitales monopolistas compitan con denuedo con el norteamericano, por hacerse de Cuba; sólo basta ver que los niveles de inversión y comercio hasta la fecha han sido moderados, nada espectaculares.

El acercamiento entre Estados Unidos y Cuba es el preludio de la completa inserción del país caribeño en la economía capitalista mundial encabezada por el capital monopolista norteamericano. Y no es que Cuba no estuviera integrada al sistema económico capitalista. A pesar de ser una economía pequeña que algunos caracterizarían como semi-abierta, lo cierto es que Cuba siempre dependió –como depende en la actualidad– del exterior para cubrir sus necesidades básicas y para mantener su economía en marcha. Antes dependió de la Unión Soviética socialimperialista, como hoy depende de la ayuda de Venezuela y de sus tratos con China y España, y mañana dependerá nuevamente de Estados Unidos.

Cuba “socialista” nunca ha tenido una economía que se basara principalmente en sus propias fuerzas. Es más, de hecho, nunca lo pretendió, ni en los mejores tiempos del apoyo soviético, que subsidiaba al país, comprándole, por ejemplo, el azúcar a precios muy por encima de los precios internacionales y vendiéndole petróleo a precios muy por debajo de los precios internacionales (que el gobierno cubano revendió a precios ventajosos durante la crisis petrolera de la década de 1970). Contraviniendo las promesas de los momentos aurorales de la revolución –que declaraban la intención de lograr la diversificación de la economía de la Isla y acabar con su carácter monoproductor y monoexportador–, los dirigentes cubanos se embarcaron en grandes inversiones en la explotación de su producto estrella: el azúcar. Confiados en la seguridad de los subsidios soviéticos e integrados en la “división internacional del trabajo” preconizada por los socialimperialistas soviéticos, los dirigentes cubanos ampliaron y modernizaron el cultivo de la caña y la producción de azúcar que representó durante décadas la fuente principal de sus ingresos por exportaciones (75% de las exportaciones cubanas en 1990, ¡¡¡a pocos meses de la desintegración de la URSS y el bloque soviético, cuando las dificultades del gigante euroasiático eran evidentes!!!). Durante mucho tiempo, la economía y la sociedad cubanas virtualmente giraron en torno a la producción azucarera –base de su economía– como resultado de la errónea dirección política y económica de Fidel Castro y su círculo[5], que dieron por reales y duraderas las condiciones ficticias de una economía subsidiada. Los pies de barro de esta economía dependiente quedaron en evidencia cuando poco antes de la desintegración de la URSS, Gorbachov y compañía informaron al gobierno cubano que ya no podían seguir subsidiando a Cuba y que tampoco podían seguirle concediendo préstamos blandos (motivando el enojo de Castro, que los brezhnevistas de hoy quieren ver como una oposición “leninista” contra el revisionista Gorbachov). Con la retirada de su virtual único comprador de azúcar y sin las ventajas de los precios preferenciales, ese sector de la economía cubana cayó en picada: bajó el nivel de la producción y Cuba perdió su condición de principal país exportador, creándose una gran debacle en la economía cubana. Grandes extensiones de tierras se destinaron a otros cultivos de incierto resultado, muchos ingenios fueron abandonados, numerosos trabajadores quedaron sin ocupación[6], y los poblados aledaños que florecieron en torno a la industria azucarera, llegaron a parecerse a pueblos fantasmas.

En el recuerdo, como un eco lejano de la esperanza puesta en Cuba por el proletariado del mundo, quedaron estas palabras del Che Guevara, que hoy deben sonar como acusaciones lapidarias a los capitostes del régimen castrista:

“…todos estos conceptos de soberanía política, de soberanía nacional son ficticios si al lado de ellos no está la independencia económica.

“Los pilares de la soberanía política que se pusieron el 1 de enero de 1959 solamente estarán totalmente consolidados, cuando se logre una absoluta independencia económica. Y podemos decir que vamos por buen camino si cada día se toma una medida que asegure nuestra independencia económica. En el mismo momento en que medidas gubernamentales hagan que cese este camino o que se vuelva atrás, aunque sólo sea un paso, se ha perdido todo y se volverá efectivamente a los sistemas de colonización más o menos encubiertos de acuerdo con las características de cada país y de cada momento social.

“Nosotros hemos tomado el poder político, hemos iniciado nuestra lucha por la liberación con en este poder bien firme en las manos del pueblo… El poder revolucionario o la soberanía política es el instrumento para la conquista económica y para hacer realidad en toda su extensión la soberanía nacional… Todavía no podemos proclamar ante la tumba de nuestros mártires que Cuba es independiente económicamente. No lo puede ser cuando simplemente un barco detenido en Estados Unidos hace parar una fábrica en Cuba, cuando simplemente cualquier orden de alguno de los monopolios paraliza un centro de trabajo. Independiente será Cuba cuando haya desarrollado todos sus medios, todas sus riquezas naturales y cuando haya asegurado mediante tratados, mediante comercio con todo el mundo, que no puede haber acción unilateral de ninguna potencia extranjera que le impida mantener su ritmo de producción y mantener todas sus fábricas y todo su campo produciendo al máximo posible dentro de la planificación que estamos llevando a cabo.” (Ernesto Che Guevara, El socialismo y el hombre nuevo, Siglo XXI, 1998, pp. 98-100: “Soberanía política e independencia económica”, 20 de marzo de 1960. Subrayados nuestros)

Dejada a su propia suerte, la economía cubana tuvo que reajustarse, y, como todo reajuste en el mundo capitalista, éste se hizo a costa de la clase obrera y el pueblo trabajador. Para empezar a ordenar las cuentas fiscales, hicieron uso de los mecanismos y las formas típicos de todos los ajustes fiscales de tipo monetarista en el capitalismo[7]. Al más puro estilo neoliberal, Castro y su círculo hicieron caer sobre las espaldas del pueblo cubano, todo el peso de la crisis provocada por una política dependiente del socialimperialismo soviético y por el desarrollo deformado de la economía cubana, bastante alejado de la victoriosa experiencia socialista de la Unión Soviética encabezada por Stalin. El primer quinquenio del llamado “período especial” es una las épocas de más triste y dramática recordación para el pueblo cubano. Además de reducirles los salarios reales en un 70%, el gobierno cubano impuso al pueblo una severa política de austeridad, que nada tuvo que envidiar a las que impuso el FMI a los otros países de América Latina. En aquella época, la disponibilidad de productos de primera necesidad se redujo drásticamente[8], la canasta de productos incluidos en la “cartilla de abastecimiento” disminuyó en variedad y en cantidad; la ración mensual se consumía mucho antes de que acabara el mes, obligando a la población a buscar otros ingresos y recurrir al mercado negro donde los escasos productos de primera necesidad se vendían a precios inalcanzables para un pueblo cuyos limitados salarios ya se habían reducido a un tercio de su poder adquisitivo. Los niveles de pobreza aumentaron y en la actualidad abarcan a un 25% de la población, según cálculos de intelectuales afines al régimen[9]. El temor de posibles convulsiones sociales, obligó a los dirigentes cubanos a preservar en lo posible los servicios sociales –conquistas de la revolución de 1959–, que paulatinamente se han venido deteriorando en los últimos años y que actualmente, con la gradual apertura de la economía, se están reduciendo y corren el riesgo de incorporarse a las condiciones de “libre competencia” del mercado capitalista que va ganando terreno en la Isla.[10]

Cuba es un país que no ha logrado producir internamente lo suficiente para garantizar el consumo de su población; su atrasada economía no produce los bienes intermedios y bienes de capital que aseguren el funcionamiento de su economía, y tampoco tiene la capacidad para darle un mayor valor agregado a los pocos bienes que vende al exterior. Mientras muchos países dependientes latinoamericanos, en cierta etapa de su historia, adoptaron políticas de “sustitución de importaciones”, la Cuba “socialista” no realizó ningún esfuerzo notable en ese sentido. Actualmente, los discursos oficiales invocan a avanzar en la sustitución de importaciones[11], mas todo apunta a que este proceso estará principalmente en las manos del emergente sector privado (sector “no estatal” según la renuencia cubana a llamar las cosas por su nombre). Por esa razón, el comercio internacional es de vital importancia para Cuba, porque hasta el momento es el medio principal por el que puede adquirir productos para el consumo de su población, principalmente alimentos, y también adquirir los bienes necesarios para que su industria y agricultura puedan seguir produciendo[12]. Sin embargo, no tiene muchos productos para exportar y tampoco los tiene en la cantidad (para no hablar de la calidad) suficiente para poder financiar las importaciones o compras que realiza en el exterior. En la época soviética, este déficit crónico de la balanza comercial era cubierto mediante precios preferenciales (tanto en exportaciones como importaciones), créditos blandos, donaciones, etc. Con la desintegración de la URSS y el bloque soviético, y el colapso de su industria azucarera, Cuba se vio obligada a buscar distintas alternativas. La apertura a la inversión extranjera, el permiso a la actividad privada (extranjera y local) y la liberalización de la tenencia de moneda extranjera[13] crearon las condiciones para que emergieran nuevos agentes económicos que lograron parcialmente llenar el vacío dejado por la industria azucarera en la generación de divisas y en su impacto sobre la actividad económica. El turismo y las remesas enviadas por cubanos residentes en el exterior se fueron constituyendo en las principales fuentes de divisas. Esto ayudó a que se saliera del hoyo y se retomara el camino del crecimiento. Sin embargo, no podían ofrecer ni estabilidad ni equilibrio económicos.[14]

La llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela y su disposición a ayudar a Cuba fue providencial. Nuevamente Cuba encontraba un socio con poder económico suficiente para transferirle los recursos necesarios para sostener el consumo de su población y las necesidades de su actividad económica. Esta relación formalizada en el año 2000, alcanzó su momento decisivo en el año 2003, cuando ambos países acordaron un intercambio de servicios médicos por petróleo. Desde entonces, la relación comercial con Venezuela ha sido la tabla de salvación a la que Cuba se ha aferrado para no caer en el estancamiento o la contracción de su economía y para prolongar la dominación de la burguesía burocrática que se beneficia del capitalismo de Estado que existe en Cuba.

Desde 1965, Cuba presenta un déficit crónico en su balanza comercial[15], a pesar de los precios preferenciales que obtiene de algunos países. La diversidad de productos que exporta es bastante limitada y se concentra en unas pocas materias primas tradicionales y algunos productos básicos (azúcar, níquel, tabaco, ron y combustible), que en 2013, en conjunto, representaron el 80% de sus exportaciones[16]. Estas exportaciones de bienes generan un ingreso de divisas insuficiente para adquirir en el exterior productos alimenticios para la población y las materias primas y bienes intermedios necesarios para la producción. En el año 2013, las exportaciones de bienes apenas llegaron a cubrir el 35% de las importaciones de bienes, dejando una brecha comercial muy grande, al igual que en años anteriores. Cuba compra más de lo que vende en el mercado internacional. Y no puede prescindir de lo que compra en el exterior[17] sin afectar sensiblemente la marcha de su economía: cada vez que se ha visto obligada a recortar sus importaciones (por falta de divisas), el resultado ha sido una reducción de la producción y una menor disponibilidad de productos para el consumo de la población. El crecimiento de su economía depende del comercio exterior, porque la estructura de la economía cubana es dependiente de alimentos, insumos, bienes intermedios y bienes de capital producidos en el extranjero. De ahí que el gran problema de los dirigentes cubanos, en este sentido, ha sido siempre cómo financiar el déficit crónico de la balanza comercial, y en consecuencia reducir la presión sobre la cuenta corriente de su balanza de pagos. La URSS cumplió un papel fundamental en reducir esa brecha comercial y evitar la sangría de un déficit entonces crónico en la cuenta corriente de la balanza de pagos.

Luego de una década bastante difícil –la última del siglo pasado–, Venezuela apareció en la escena para cumplir, de alguna manera, ese rol dejado por el bloque soviético[18]. El gobierno de Chávez le permitió al gobierno cubano “solucionar” sus necesidades de petróleo (los cortes de energía eléctrica y la paralización de fábricas en Cuba están asociados a la falta de ese producto): en el 2003, el gobierno de Chávez creó lo que después se llamaría Misión Barrio Adentro para brindar servicio médico gratuito a la población venezolana, y con ese fin contrató los servicios médicos de Cuba, a cambio de un pago en petróleo. Esto, por un lado, le permitió a Cuba obtener petróleo a precio bajo y, por el otro, prácticamente de la nada, le abrió una sustancial fuente de ingresos de exportación[19]. De este modo obtuvo precios preferenciales por el petróleo y también precios preferenciales por servicios médicos en el exterior, que jamás pensó recibir. La importancia de este convenio consiste en que los voluminosos ingresos obtenidos por este negocio, le permiten a Cuba pagar en buena cuenta las compras de bienes que realiza en el mercado externo, especialmente el petróleo[20], tan vital para su economía. Los servicios médicos constituyen en la actualidad el principal sector de exportación de Cuba; y su principal comprador es el gobierno de Venezuela. La pérdida de esta fuente de ingresos (que va de la mano con el petróleo) significaría un gran golpe para la economía cubana; y el riesgo de perderlo es bastante alto considerando la situación actual en Venezuela. Los fundamentos de la exportación de los servicios medicos son frágiles, porque nacieron y están basados en la excepcional buena disposición de la parte contratante venezolana. La bondad de los servicios médicos cubanos en Venezuela es tangible y la urgente necesidad de servicios de salud por parte de la población pobre de Venezuela es secular; sin embargo, desde el punto de vista de las condiciones del mercado, la demanda venezolana de esos servicios cubanos es relativamente ficticia. Cuba difícilmente lograría vender esos servicios a otros países en la magnitud y en las condiciones ofrecidas por Venezuela[21].

En contraste, el turismo es la industria más estable y sólida de Cuba. Desde los tiempos de la desintegración de la URSS y la apertura inicial a la inversión extranjera durante el “Período Especial”, se perfiló como un sector con bastante proyección. Durante muchos años fue la principal fuente de ingresos de Cuba, y sólo ha sido relegada a un segundo lugar por la mayor participación de la exportación de los servicios médicos a Venezuela. Las facilidades y concesiones que el gobierno cubano ha otorgado y otorga a la inversión extranjera han permitido levantar una industria rentable que cubrió parcialmente el vacío dejado por la industria azucarera del período soviético. La participación de capitales monopolistas españoles en la década de 1990 del siglo pasado y en la primera década de ese siglo, fue de vital importancia para la edificación de esta industria que en la actualidad sirve a casi 3 millones de turistas al año y representa el 42% de la inversión extranjera en Cuba[22], ocupando actualmente el tercer lugar como destino turístico en el Caribe. La industria del turismo que comprende hotelería, restaurantes, servicios de transporte aéreo y terrestre, operadores de turismo, etc., dejó alrededor de 2.6 mil millones de dólares en 2013[23], superando a las exportaciones de níquel, azúcar, tabaco y ron, e igualando a la exportación de combustibles, la principal mercancía de exportación cubana. Esta importante contribución del sector turismo es casi equivalente a la mitad del valor total de las exportaciones de bienes de 2013. Aun cuando su crecimiento se ha estancado, el potencial de esta actividad económica es todavía grande si consideramos que la apertura y proximidad de Estados Unidos incrementará sustancialmente el flujo de turistas, demandando más hoteles, hospedajes, restaurantes, transporte, servicios turísticos. Si a esto le sumamos que Cuba aún no ha desarrollado otros tipos de turismo ni la recreación y entretenimiento vinculados a él (casinos, parques temáticos, bares, clubes nocturnos, reservas naturales, etc.), la proyección que deben estar haciendo los capitales monopolistas en ese sentido debe tenerlos con la boca haciéndose agua. Todo indica que Cuba volverá a ser para los norteamericanos una parte virtual de su territorio, como lo fue antes de la revolución; con mayor razón si tomamos en cuenta que ahora en el sur de la Florida, a poco más de 90 millas, reside la gran mayoría de los casi 2 millones de personas de origen cubano que viven en Estados Unidos[24].

Es evidente que el superávit de la balanza de servicios ha cumplido y cumple el papel principal en el financiamiento del déficit comercial cubano, mediante la exportación de sus dos principales componentes: los servicios médicos y el turismo [25]. Las cifras oficiales del sector externo no presentan la información en detalle de la balanza de servicios, por lo que los observadores tienen que recurrir a otras fuentes oficiales y no oficiales para llenar los espacios en blanco de la información estadística de la ONEI de Cuba. Se pueden estimar los ingresos dejados por el turismo, pero sólo se puede especular sobre los ingresos por los servicios médicos a partir de informes, estudios y noticias del exterior de Cuba. Sin embargo, este aparente equilibrio en las cuentas externas de Cuba es frágil, sus fundamentos son débiles, como los fueron también en el mejor momento de su pertenencia a la esfera de influencia soviética. Y por si fuera poco, tal como sostuvo un estudio del SELA, con sede en Caracas:

“el sector exportador tiene escasas conexiones con la producción interna y, además, las exportaciones de servicios no generan el efecto multiplicador de las exportaciones industriales y de azúcar… En el caso del turismo, sin lugar a dudas han habido algunos ejemplos que dan cuenta de un mayor potencial para encadenarse con la producción nacional… Sin embargo, son pocas las posibilidades reales en el corto plazo del turismo para cumplir con este necesario papel de “arrastre”, pues los ingresos por visitante se han desacelerado; y hay problemas en términos de la calidad de los servicios, una mayor competencia regional y se requiere avanzar hacia nichos más sofisticados del turismo internacional. Por otra parte, el níquel tiene un bajo efecto multiplicador porque se refina en el exterior, que además, es la etapa del proceso productivo con mayor capacidad para agregar valor y difundir progreso tecnológico…

“Entonces parte de las restricciones que enfrenta el comercio exterior cubano están relacionados con problemas en la estructura productiva del país, con la configuración sectorial de la economía nacional, con el proceso de descapitalización sufrida por la planta industrial del país en las dos últimas décadas y los consiguientes retrocesos en términos de innovación, productividad y competitividad…

“…habría que considerar el bajo impacto directo que se percibe entre dichos ingresos por servicios y el sector productivo cubano, así como los elementos que determinarían la sostenibilidad a largo plazo de tales exportaciones de servicios profesionales junto al hecho de que los mismos han estado excesivamente concentrados en muy pocos mercados.” [26]

Otra fuente importante de ingreso de divisas en Cuba lo constituyen las remesas de dinero a la Isla. Estas remesas corresponden a envíos de emigrados cubanos, a sus familiares. La mayor parte procede de Estados Unidos, que según las cifras conservadoras del Departamento de Estado norteamericano, alcanzan entre 1.4-2.0 mil millones de dólares al año[27]; mientras que algunos centros privados de investigación dan una cifra mucho más alta, situándola en 2.7 mil millones de dólares en efectivo en 2013[28]. El gobierno cubano no ofrece ninguna información al respecto. El Banco Mundial, por su parte, no registra información alguna sobre remesas a Cuba. Sin embargo, el impacto económico y social de esas remesas en Cuba es evidente y notable. Y fue Obama, precisamente, quien en 2009 facilitó el envío de remesas a Cuba, y ahora amplía sustancialmente el límite de los envíos, que seguramente se multiplicarán (pudiendo hacerlo hasta por cuatro).

El dinero de los “gusanos” de Miami[29] es uno de los pilares de la economía de la Isla, que en ese sentido se parece a los países de América Latina de mayor flujo emigrante: es una fuente de divisas constante y estable que no le representa ningún costo al gobierno cubano, supera individualmente a todas las exportaciones de bienes y al turismo, se suma a ellas en el financiamiento de las importaciones, estimula el consumo de la población, aporta capital para emprender pequeños negocios y contribuye a la creciente diferenciación social. La necesidad de divisas obligó en 1993 a Fidel Castro a atraer remesas del exterior para cubrir el espacio que dejó el colapso de la industria azucarera; con ese fin despenalizó la tenencia y circulación de moneda extranjera, creó las casas de cambio estatales, autorizó el trabajo por cuenta propia. Se dio un proceso de dolarización tan pronunciado que a fines del año 2000 la circulación del dólar superaba el 50% de la circulación del país[30]. Para no perder el control y mediatizar el efecto de la presencia del dólar en la economía cubana se introdujo en 2003 el peso convertible, la dualidad monetaria y la obligación de convertir moneda extranjera en pesos convertibles. En la actualidad, conscientes de la necesidad de mayores opciones y con la intención de atraer aún más a esa comunidad de cubanos que reside a poco más de 90 millas del país, el parlamento cubano tuvo en cuenta el mayor potencial de esas remesas y la capacidad inversora de los empresarios cubanos en Estados Unidos, al aprobar la nueva ley de inversión extranjera en marzo de 2014, que por primera vez no pone ninguna restricción a la participación de cubanos residentes en el exterior, en calidad de inversionistas extranjeros. Esto no es otra cosa que un claro llamado a los “gusanos” de Miami (“con excepción de la mafia terrorista”) para que inviertan en la Isla. El interés es mutuo. Contra la idea común, existe un alto porcentaje de norteamericanos, incluyendo “cubanoamericanos” (como se autodenominan los cubanos en Estados Unidos), que están a favor de terminar con el embargo[31] y dispuestos a tomar parte de la “recuperación” pacífica de Cuba, a punta de capitales[32]. La comunidad cubana en Miami es una comunidad sólidamente incorporada en la vida económica y política de Estados Unidos, con muchas ventajas y privilegios resultantes de la política norteamericana contra Cuba. Cuenta con muchas corporaciones industriales, comerciales, financieras y de servicios que le da, en términos relativos, un poder económico y político superior a otras comunidades de migrantes. La revista The Economist, citando fuentes en las altas esferas cubanas, informa que los gobernantes de la Isla buscan captar capitales de inversión entre 2.5 y 5.0 mil millones de dólares entre los cubanos en el exterior. En las altas esferas del país caribeño también hay muchos que abogan por “más mercado y menos socialismo” (como llaman al estatalismo).

Pero la importancia de las remesas del exterior no queda ahí. Dada su cercanía a la Isla, los cubanos de Miami también realizan envíos en especie: ropa, medicinas, computadoras personales, electrodomésticos, televisores, teléfonos móviles con señal desde Miami, herramientas y equipos pequeños, etc. Hay estimaciones de que el valor de estas “remesas en especie” alcanzó un total de 3.5 mil millones de dólares el año 2013[33]. De este modo, con la anuencia del gobierno cubano, también se están ingresando capitales y medios de producción necesarios, aunque aún incipientes, para seguir el camino del capitalismo abierto. Todo lo anterior, en conjunto, revela la gran influencia, el peso, que los cubanos norteamericanos tienen en la vida económica y social de la Isla. Incluso, algunos aprovechando las ventajas que tienen de hacerse rápidamente ciudadanos estadounidenses, regresan a vivir a Cuba o viven con su doble nacionalidad entre Estados Unidos y Cuba, que está a tiro de piedra.

Hasta antes del anuncio público del acercamiento EEUU-Cuba, el impacto económico y social de esas remesas ya era grande, aunado al tráfico comercial y humano entre la Isla y Miami, a pesar de todas las limitaciones del embargo. La primera apertura al capital extranjero y a las remesas del exterior, realizada por Fidel Castro en la década de 1990, empezó a manifestarse como una aceleración del proceso de diferenciación social[34] en el seno de la sociedad cubana. Las reformas introducidas en 2008, luego del ascenso al poder de Raúl Castro, agudizaron ese proceso y ampliaron el espectro de clases y capas sociales. Aparte de la burguesía burocrática que gobierna Cuba desde hace décadas, en los 1990s reemergió con protagonismo la pequeña burguesía urbana, fuerza motriz de la actividad mercantil y representante dinámico del sector privado en la economía cubana. Alimentado visiblemente por los receptores de remesas del exterior, se manifestó con anterioridad a través de la actividad empresarial en el sector informal de la economía, y ahora cubre además un amplio sector de los llamados “cuentapropistas”. Esta pequeña burguesía urbana es una de las principales beneficiarias de las reformas; y es estimulada por el gobierno cubano para tomar una mayor cuota del mercado y ampliar la oferta de bienes y servicios de consumo interno, así como para absorber los “excedentes” de mano de obra del sector estatal, que en el proceso de racionalización de las cuentas fiscales, ahora son una carga para el Estado. En el campo se ha producido un proceso similar con el crecimiento de los “parceleros” y los cooperativistas agrícolas que explotan la tierra de forma privada, constituyendo una pujante pequeña burguesía agrícola. Esta pequeña burguesía urbana y rural, en crecimiento, está sufriendo, a su vez, un proceso de diferenciación en su seno, cuyos extremos están creando las bases de un proletariado y una burguesía privados, hijos de las reformas, que más temprano que tarde se convertirán en fuerzas sociales y políticas a considerar. Así, las remesas han cumplido un papel catalizador de la diferenciación social y la reconfiguración de la estructura de clases de la sociedad cubana. Contribuyó a la creación de una capa social de ciudadanos cubanos, cambiándoles sus condiciones de vida y sus aspiraciones, constituyéndoles en otro sector privilegiado (además de los agentes del mercado informal), fuera de la burguesía burocrática. Por su parte, la penetración del capital monopolista extranjero a través de las inversiones extranjeras ha creado inevitablemente otro sector privilegiado, reducido en número (0.7% de la población) pero con un papel importante en la sociedad y en la economía cubana, que se revelará en toda su expresión cuando se profundice la liberalización de la economía, particularmente con el ingreso de los capitales norteamericanos: los directivos y altos cargos cubanos en las empresas mixtas y extranjeras que operan en Cuba[35]. Este sector por el momento depende de la burguesía burocrática cubana, que lo ubica en los puestos directivos y lo supervisa, pero sus condiciones de vida ya son totalmente diferentes a las del resto de la sociedad cubana, y naturalmente se constituirán en los “compradores” o representantes de los distintos imperialismos. Básicamente, los sectores beneficiados por las reformas están vinculados al comercio exterior, a la inversión extranjera y a los flujos de moneda extranjera (al “acceso a divisas”, como se dice en Cuba).

Estos “nuevos actores”, como los llama la sociología cubana (en la que se nota una ausencia casi total de análisis marxista), formarán la base social de lo que será la completa integración de Cuba en la economía capitalista norteamericana. No sólo por sus intereses de clase sino también por los vínculos familiares y económicos con residentes en Estados Unidos. Estos constituyen una cabeza de playa de los capitales norteamericanos, grandes y pequeños, sean de origen cubano o no. Cuando se levante el embargo y se permita el ingreso de capitales norteamericanos en Cuba, ellos estarán en mejores condiciones que la mayoría de la población cubana para sacar provecho de la vorágine capitalista que sacudirá la sociedad cubana hasta sus cimientos. Empresarios informales, cuentapropistas, directivos de empresas van fortaleciendo a una capa alta de la pequeña burguesía urbana, que nutrirá una burguesía media en desarrollo y con aspiraciones de convertirse en gran burguesía, cuando las condiciones, las leyes y su capital lo permitan.

“¿Y la clase obrera?”[36]. La clase obrera nunca ejerció el poder; la dictadura del proletariado no fue una realidad en Cuba. Con el abandono del camino de la revolución y el socialismo, la clase obrera fue golpeada de forma contundente. En la época de la artificial bonanza alimentada por los soviéticos, la clase obrera cubana alcanzó su máxima expresión y su mejor momento, como consecuencia directa del crecimiento de la industria azucarera. Los obreros azucareros eran la vanguardia de su clase, su contribución a la producción y al ingreso nacional era decisiva, por lo que –a pesar de la situación de explotación– sus condiciones de vida eran relativamente mejores que en la actualidad. Eran la vanguardia en su condición de clase productora, mas no en su condición de clase dirigente de la sociedad. Con la debacle de la industria azucarera, ese pilar de la clase obrera se redujo a la mitad, y, obligados por la crisis, muchos fueron a trabajar como campesinos, a vender su mano de obra en el sector informal, a dedicarse al cuentapropismo, a engrosar las filas de los trabajadores excedentes en la nómina de otras empresas estatales. Después de haber estado en la fila de los más productivos del país, muchos fueron conducidos por el camino de la desproletarización. Lo mismo ocurrió en otras industrias que tuvieron que reducirse o desaparecer en esa misma época, como repercusión de la crisis azucarera. La condición de la clase obrera nunca superó el divorcio entre el obrero y la propiedad sobre las condiciones de su trabajo. El obrero siguió siendo el trabajador asalariado de toda producción capitalista, pese a los bienintencionados intentos revolucionarios de cambiar las cosas durante la primera mitad de los 1960s. Esta situación se hizo patente con la apertura a la inversión extranjera, cuando los trabajadores cubanos fueron ofrecidos como mano de obra barata[37], en condiciones en que ni siquiera podían contratar directamente con sus empleadores y tampoco gozaban de derechos laborales en las empresas y asociaciones con capital extranjero que se constituían en el país. La clase obrera cubana no ha participado ni participa en las decisiones políticas y económicas que han tenido y tienen que ver con el destino de la nación; estas decisiones y el poder siempre han estado en manos de lo que hoy constituye la burguesía burocrática cubana en el poder.

La relativa independencia formal[38] que ha ostentado la dirigencia y el Estado cubanos con posterioridad a la desintegración de la URSS ha llegado a un momento decisivo. Conscientes de ello, la actual burguesía burocrática cubana encabezada por los Castro tiene como objetivo controlar el proceso de apertura, de liberalización del capitalismo en Cuba, de penetración y ampliación del capitalismo por acción del capital imperialista, principalmente norteamericano. Este proceso de apertura al capital norteamericano parece inevitable, y esa también parece ser la opinión de los dirigentes cubanos que lo han estado esperando desde que Raúl Castro asumió el gobierno. Su rapidez dependerá de la prontitud con que se levante el embargo. El futuro de la actual burguesía burocrática cubana dependerá de la forma en que se adapte a ese proceso y del papel que juegue en él: 1) como supuestos árbitros tratando de regular el proceso, o 2) tomando parte y aceptando como clientes a los diferentes capitales monopolistas, es decir, integrándose como intermediarios (“compradores”) de esos capitales. Esto tendrá que decidirse pronto, especialmente desde el lado cubano, donde los actuales gobernantes pertenecen a la primera generación, a la vieja guardia, de la revolución, con edades que en promedio superan los 80 años. Todos los intentos anteriores de realizar un relevo programado, incorporando a dirigentes jóvenes en los más altos cargos del gobierno y el Estado no dieron los resultados esperados [39]; mientras que Raúl Castro ha anunciado que se retirará el 2017. Sea como fuere, será la generación siguiente –situada en los puestos claves del Partido, el Estado, las Fuerzas Armadas y las empresas estatales– la que llevará las cosas hasta el fin. Ya saldrá alguno que se pondrá al frente del proceso de la integración completa en la economía capitalista mundial encabezada por Estados Unidos, ya saldrá aquel que servirá de chivo expiatorio a los revisionistas de toda laya por la supuesta traición al “socialismo” y por la “restauración” del capitalismo en Cuba. Ya tendrán un Gorbachov, a quien culpar: si no es Raúl Castro será el que lo suceda.

Como se dijo antes, después de la desintegración de la URSS, el Departamento de Estado norteamericano declaró que Cuba ya no era una prioridad para su sistema de seguridad. Sin embargo, nadie consideró necesario acabar con el ineficaz embargo. Reiteramos, Obama no ha hecho otra cosa que reconocer el fracaso de esa medida, no solo por su ineficacia sino también porque ha retrasado la incorporación de Cuba a su esfera de influencia. El fin del embargo será el principio del fin del seudo-socialismo cubano, si es que antes no lo precipitan otros factores, si las contradicciones de clase y la lucha de clases en Cuba no se agudizan hasta desencadenar una crisis política y social. Al igual que con la URSS y otros países del bloque soviético, el caso de Cuba no es el colapso del socialismo, sino el colapso del capitalismo restaurado, el colapso del capitalismo burocrático del revisionismo moderno.
Notas

[1] “En Cuba, estamos dando por concluida una política que ha excedido su fecha de expiración. Cuando lo que se está haciendo no funciona desde hace cincuenta años, es hora de intentar algo nuevo. Nuestro cambio en la política hacia Cuba tiene la posibilidad de poner fin a un legado de desconfianza en nuestro hemisferio, elimina una falsa excusa para las restricciones a Cuba, protege los valores democráticos, y extiende una mano de amistad al pueblo cubano. Y este año, el Congreso debe comenzar el trabajo de poner fin al embargo. Como Su Santidad, el Papa Francisco, ha dicho, la diplomacia es un trabajo de “pequeños pasos”. Estos pequeños pasos han sumado una nueva esperanza para el futuro de Cuba.” (Barack Obama, State of the Union 2015, 20 de enero de 2015)

“Creo que las empresas estadounidenses no deberían ponerse en desventaja y que un aumento en el comercio es bueno para los estadounidenses y para los cubanos. Por lo tanto, facilitaremos transacciones autorizadas entre Estados Unidos y Cuba. Se permitirá a las instituciones financieras de EE. UU. abrir cuentas en instituciones financieras cubanas. Y será más fácil para exportadores de EE. UU. vender productos en Cuba.” (Declaraciones del presidente de Estados Unidos sobre cambios en la política con Cuba, 19 de diciembre de 2014)

[2] ONEI, Anuario Estadístico de Cuba 2013 – Sector Externo, Edición 2014:

Cuadro 8.4 Intercambio comercial por países, en miles de pesos


En los últimos tiempos, los principales socios comerciales de Cuba han sido y son Venezuela, China y España. En el año 2013, sin embargo, se advierte un hecho atípico: el intercambio comercial con las Antillas Holandesas alcanzó el 6,7% del total, ubicándolo como el cuarto socio comercial de Cuba ese año, muy cerca de España, país que ha realizado inversiones y mantiene un comercio constante con la Isla. Más aún, en el 2013, las Antillas Holandesas ocuparon el tercer lugar como origen de las importaciones cubanas, en este caso, superando largamente a España. Dado que las estadísticas oficiales cubanas no desagregan las cifras y haciendo una breve revisión de la historia de las exportaciones de Antillas Holandesas, lo que se puede especular es que también se esté exportando petróleo venezolano a través de Curazao (véase Nota 14), donde PDVSA tiene arrendada la Refinería Isla para procesar crudo venezolano (Véase en el sitio web de PDVSA: Negocios y Filiales/Refinación/Refinación Internacional). En ese caso, al 35% de Venezuela habría que sumarle algunos puntos de ese 6,7% de las Antillas Holandesas; con lo que el peso de Venezuela en el comercio exterior de Cuba rondaría el 40%, un porcentaje excesivamente alto para cualquier país. Sin embargo, en caso de una interrupción de esas relaciones económicas y comerciales con Venezuela, el impacto será menor al que se dio después de la desintegración de la URSS, debido a que el peso de este país y el bloque soviético era el doble del de Venezuela. Además, en esta oportunidad, Cuba parece contar con algunas reservas internacionales que le permitirían amenguar las consecuencias de tamaña pérdida en su comercio exterior, aunque no lograría evitar una probable recesión.


Cuadro 8.5 Exportaciones según país de destino, miles de pesos


Cuadro 8.6 Importaciones según país de origen, miles de pesos



A pesar del embargo, desde el año 2001 Cuba tiene relaciones comerciales con Estados Unidos, a quien compra productos alimenticios, agropecuarios, equipos médicos y medicinas que necesita la Isla, representando el 2,73% de sus importaciones totales, esto es, alrededor de 400 millones de dólares al año. En determinado momento, Estados Unidos fue el principal proveedor de alimentos de Cuba. En los últimos años, sin embargo, las importaciones cubanas de productos de Estados Unidos se han venido reduciendo, después de haber alcanzado su nivel máximo en 2008 (más de US$700 millones), debido a la insuficiencia cubana de dinero en efectivo o crédito de terceros países, ya que estas operaciones comerciales se realizan estrictamente al contado. Esta última condición es la que limita que las importaciones cubanas de productos norteamericanos sean mayores. Estados Unidos, por su parte, no compra ningún producto o servicio a Cuba.

[3] Ley Nº 118 – Ley de la Inversión Extranjera, Granma, abril 2014. Cuando en diciembre de 2014, Estados y Cuba hicieron pública la intención de normalizar sus relaciones diplomáticas y comerciales, informaron también que llegaban a esa declaración pública luego de 18 meses de conversaciones y negociaciones, donde el intercambio de espías fue sólo el pretexto para algo más trascendente. Entonces, no es aventurado decir que, por ese motivo, la nueva ley cubana de inversión extranjera, aprobada en medio de ese proceso, contempla una apertura más amplia, anticipándose a lo que se puede venir con una reanudación de relaciones económicas y comerciales entre Cuba y Estados Unidos.

[4] Cuba – Cartera de Oportunidades de Inversión Extranjera, Granma, 2014.

[5] Una dramática evidencia de la falta de criterio político y económico del gobierno de Castro, fue su apuesta casi completa por la producción azucarera para aprovechar los precios preferenciales que los soviéticos les pagaban. Estudiosos del sector resaltan, por ejemplo, la flagrante contradicción entre los lineamientos al respecto establecidos por el III Congreso del PC de Cuba y la realidad del mercado mundial del azúcar en esa época. En su informe central al Congreso, en 1986, Fidel Castro establecía:

“La producción de azúcar deberá crecer en total un 15%. La capacidad potencial de molida diaria se incrementará en 5’700,000 arrobas, fundamentalmente por la ampliación de los actuales centrales, a los que se añadirán tres nuevos.

La agricultura cañera deberá alcanzar no menos de 75,000 arrobas por caballería; y un 28% del área contará con riego.

Se destinará el grueso de las inversiones para la producción de azúcar crudo en la reposición y ampliación de la industria existente, y, sobre todo, a la infraestructura agrícola que asegure la oferta cañera. Se contempla la terminación de más de 23,000 viviendas en el sector, sin contar la parte correspondiente a las cooperativas cañeras.”

(Fidel Castro, Informe Central al III Congreso del PCC, 1986, pp. 26-27)

En contraste con el optimismo castrista, los especialistas internacionales pintaban un panorama poco alentador del mercado en los años por venir. Un estudio del Banco Mundial señalaba, por ejemplo:

“…en el futuro inmediato, los precios del azúcar se mantendrán por debajo de los costos de producción de todos, menos de los productores más eficientes, y, por consiguiente, es poco probable que inversiones en nueva capacidad productiva resulten económicamente viables.” (Brown, James G., The International Sugar Industry. Developments and Prospects, World Bank, 1987, pág. 53)

Castro y su círculo vivieron de la inmediatez de las ventajas que los soviéticos les otorgaban; sin apego a la realidad; sin acumular y destinar utilidades a la diversificación de su economía y a inversiones que les ayudaran a salir de la dependencia económica; sin tener un plan para el peor escenario (que finalmente se dio en 1991, cuando ya habían apostado hasta la camisa a una sola industria). ¿Dónde estaba la planificación socialista?

Las publicaciones oficiales cubanas, como siempre, explican este suceso trágico como si fuera resultado de un factor externo, sin ninguna responsabilidad del círculo gobernante cubano:

“La industria azucarera ha tenido una tendencia decreciente en su producción, debido a la pérdida absoluta del mercado con precios preferenciales que existía con el antiguo campo socialista de Europa del Este, a los problemas relacionados con el financiamiento poco oportuno y el suministro deficiente de los recursos.

El sector agroazucarero fue sometido a un proceso de reestructuración, que incluyó el cierre definitivo de 70 centrales; más de 600,000 hectáreas de tierras dedicadas al cultivo de la caña de azúcar fueron utilizadas en la ganadería, en la producción de árboles maderables y frutales, viandas y otros cultivos, así como organopónicos y huertos intensivos, y más de 60,000 trabajadores se dedicaron al estudio y la capacitación, como una forma de empleo.” (Banco Central de Cuba, Economía cubana 1996-2006, s/f, p.39)

[6] Los gobiernos de muchos países disfrazan o encubren el desempleo abierto o visible de diversas formas. Cuba ha recurrido principalmente a dos formas para “combatir” el desempleo: primero, obligando a que otras empresas estatales contraten a trabajadores que han quedado sin empleo como resultado de reducciones de plantilla o cese de actividades de otras empresas estatales, y, segundo, incorporando regularmente a estos trabajadores sin empleo en cursos de capacitación laboral. Cierto es que esta última es transitoria, pero abarca períodos más largos que en otros países y es una forma recurrente que el gobierno cubano emplea para disfrazar estadísticamente el desempleo y el subempleo (En la última cita de la Nota 5 de este artículo, el Banco Central de Cuba lo dice sin rodeos, al referirse “al estudio y la capacitación, como una forma de empleo”). Lo cierto es que en la Isla no existe una mayor demanda de mano de obra que sea capaz de absorber a la gran cantidad de trabajadores excedentes en el sector estatal, a los que no tienen centro de trabajo y a aquellos que anualmente se suman a la fuerza laboral. Según las estadísticas oficiales, el desempleo se ha duplicado entre 2008 y 2013, subiendo de 1,6% a 3,3%. Por supuesto, esta tasa oficial desempleo es sumamente baja, de acuerdo a los estándares capitalistas. Sin embargo, el problema del empleo en Cuba se esconde en otra parte. El mayor empleador en Cuba sigue siendo el Estado, que todavía emplea a más del 78% de la población ocupada (ONEI, Anuario Estadístico de Cuba 2013 – Empleo y Salarios, Edición 2014, Cuadros 7.1 y 7.2). El resto corresponde a los trabajadores privados, es decir, aquellos trabajadores que decidieron dedicarse a la actividad privada, desligándose del Estado y renunciando a su salario estatal; entre éstos se encuentran los campesinos privados, los usufructuarios de tierras, los cooperativistas urbanos y agrarios, y los cuentapropistas. La realidad es que en el sector estatal existe un excedente de trabajadores que se estima alrededor del 25% de la población ocupada por el Estado. Estos trabajadores en exceso están en la nómina de muchas empresas estatales, y aun cuando los salarios son sumamente bajos, su inclusión en los costos de las empresas contribuye a las pérdidas que obtienen. A fin de neutralizar el efecto de este exceso de mano de obra empleada en los costos de la empresa, el presupuesto del Estado cubano incluye, desde hace muchos años, una cuenta de “subsidio por pérdidas a las empresas” estatales. De esta forma se sostiene la política de “pleno empleo” en Cuba. Y para financiar su presupuesto, incluido el mencionado subsidio, el gobierno cubano ha recurrido frecuentemente, desde hace décadas, a la emisión de moneda sin respaldo con efectos nocivos para la economía popular (véase la Nota 7). Es decir, lo que da por un lado, lo quita por el otro. Esta política de “protección” del empleo se realiza sacrificando mejores condiciones de trabajo y de vida de la mayoría de trabajadores, a los cuales se les chantajea con una supuesta “solidaridad” socialista que les obliga a aceptar salarios irrisorios, a fin de mantener empleados (también con sueldos irrisorios) a los llamados trabajadores excedentes. Se puede decir que, en cierta forma, el ejército industrial de reserva se encuentra incorporado bajo la condición de “trabajadores ocupados”. Consecuencias importantes e inevitables de esta política han sido la ineficiencia y la subutilización de la fuerza laboral, la baja productividad del trabajo, el ausentismo y la indisciplina laboral: males que en la actualidad son constantemente mencionados por los dirigentes cubanos. Sin embargo, todos los cubanos sabían a qué se refería el actual presidente de Cuba cuando dijo: “Hay que borrar para siempre la noción de que Cuba es el único país del mundo en que se puede vivir sin trabajar.” (Raúl Castro, Discurso en el Quinto Período Ordinario de Sesiones de la VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, Granma, 1 de agosto de 2010). Algunos se refieren a esta política de pleno empleo del gobierno cubano de la siguiente forma: “En Cuba, el Estado hace como que paga y los trabajadores hacen como que trabajan”. Por supuesto que esto no refleja la idiosincrasia del pueblo cubano, sino que grafica la situación de postración que la burguesía burocrática cubana le ha impuesto al pueblo de Cuba. Las reformas actuales tienen como uno de sus objetivos retirar de la nómina del Estado a esos trabajadores excedentes, y con ese propósito fomenta las formas privadas de explotación y ocupación: cuentapropismo, cooperativismo capitalista, parcelación de tierras, etc. Y lo hace gradualmente porque de otra forma provocaría una convulsión social y política. Los intelectuales oficialistas han tratado de maquillar este proceso con un discurso que resalta la solidaridad y la equidad de la política social; sin embargo, los hechos los desmienten a cada paso.

[7] Dos economistas de la Universidad de La Habana resumen el ajuste realizado por el gobierno cubano en los 1990s, de esta forma:

“El lado negativo de este tipo de ajuste fue un déficit fiscal que rebasó el 30 por ciento del PIB y una impresión excesiva de dinero para financiarlo. Como consecuencia, aumentaron los precios más de 9 veces y el salario real cayó más de un 70 por ciento; algo similar ocurrió con las pensiones. Así, los asalariados y pensionados pagaron indirectamente el déficit fiscal, es decir, financiaron las empresas en pérdida y el sector presupuestado…

Este tipo de ajuste en los 90 significó una distribución de los costos entre la mayoría de la sociedad por el mecanismo de transmisión déficit fiscal-emisión de dinero-inflación-disminución real de salarios y pensiones, lo que en teoría económica se conoce como impuesto inflacionario…”

(Pavel Vidal & Omar Pérez Villanueva, Entre el ajuste fiscal y los cambios estructurales. Se extiende el cuantapropismo en Cuba, Espacio Laical nº 24, octubre-diciembre de 2010, pág. 58)

Un manual de economía podría citar este ejemplo tomado de la realidad, como una muestra de un ajuste monetarista clásico: Para reducir el déficit fiscal, que en el caso de Cuba era y es vital por estar casi toda la economía en manos del Estado, el gobierno decidió realizar una “emisión inorgánica de dinero” (es decir, imprimir billetes sin respaldo) con el fin de financiar o cubrir el déficit fiscal. Un aumento de la cantidad de dinero sin base en un aumento de la actividad económica (que en Cuba, por el contrario se contrajo), conduce inevitablemente a la subida de los precios de los bienes y servicios, a la desvalorización de los activos monetarios (ahorros o tenencia de efectivo), a la reducción del salario real o la pérdida de su poder adquisitivo (que en el caso de Cuba de principios de los 1990s fue brutal: 70%). Esta es la forma más típica en que los gobiernos capitalistas hacen que los pobres paguen las crisis (aunque estas medidas opresoras se acompañen –¡casi nunca falta!– de un alza en el salario mínimo y los salarios nominales en un porcentaje “sustancial”, “nunca visto”, pero que nunca compensa el mayor aumento porcentual de los precios de los bienes y servicios). Este es el famoso “impuesto inflacionario” que recae principalmente sobre los pobres, sobre los que no tienen activos (propiedades, divisas, etc. o la posibilidad de meter la mano en los fondos del tesoro público) para protegerse de la inflación provocada, empobreciéndoles aún más. La inflación no es un fenómeno espontáneo, independiente de la voluntad de los hombres. Esa es la idea que la economía vulgar vende. La inflación es una política económica, tiene carácter de clase, responde a los intereses de la burguesía, y tiene como objetivo hacer pagar las crisis a los trabajadores. Los que aplican políticas inflacionarias lo saben y miden de antemano la magnitud de su efecto porque éste es parte de la “solución”; de esta forma transfieren o redistribuyen ingresos de unas clases sociales a otras: de los que menos tienen (pero que en conjunto representan una importante cantidad de dinero) hacia los que más tienen (representados y protegidos por el poder del Estado).

Hasta la actualidad, los gobernantes cubanos siguen recurriendo a la emisión inorgánica de dinero para financiar los déficits presupuestales en que han incurrido. Un conocido periodista económico de la Isla, ex Ministro de Economía, da cuenta de ello cuando dice: “cabe apuntar que este déficit ha comenzado a financiarse con deuda pública, sustituyéndose la emisión monetaria anterior y sus potenciales consecuencias inflacionarias.” (Rodríguez, José Luis, Cuba: algunos resultados macroeconómicos visibles de la política económica actual, Cuba Contemporánea, 4 de noviembre de 2014).

[8] La expresión aparente, visible, de la dependencia cubana se hizo patente de esta forma: “la extinción de la URSS y del resto de los países ex socialistas de Europa del Este significó la pérdida de más del 80,0% del comercio exterior de Cuba…” (Banco Central de Cuba, La Economía cubana en el Período Especial 1990-2000, s/f, p. 6)

En realidad, la dependencia no se reduce a eso, ni es principalmente eso. La economía cubana no siguió un proceso de desarrollo socialista, cuyas características principales de alcance universal se pueden observar en el curso seguido por la URSS bajo Stalin. Los dirigentes cubanos integraron a su país en la “división internacional del trabajo” (el maquillaje revisionista de la teoría burguesa de las “ventajas comparativas”) que tenía como centro industrial a la Unión Soviética de Brezhnev. Al dedicarse a producir aquello en lo que “naturalmente” tenía ventaja (el azúcar), Cuba no desarrolló su industria ni su agricultura bajo el principio de basarse en sus propias fuerzas, lo que hubiera llevado al desarrollo de industrias vitales que pueden garantizar la independencia económica de un país, particularmente la industria pesada.

Por esa razón, a cincuenta años de la revolución, el actual mandatario cubano no puede dejar de reconocer el carácter dependiente y deformado de su economía, cuando dice: “la alimentación de la población, que tanto depende todavía de importar productos que pueden cultivarse en Cuba.” (Raúl Castro, Discurso pronunciado en la clausura del IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, Cubadebate, 4 de abril de 2010). Obviamente, no se puede tapar el sol con un dedo, como lo hacen los áulicos y corifeos del revisionismo fuera de Cuba.

[9] La sociología cubana tiene una gran resistencia a llamar las cosas por su nombre, y utiliza eufemismos para referirse a la pobreza. Utilizando como argumento que el concepto de pobreza no es aplicable a Cuba, debido a que en la Isla toda la población tiene acceso a servicios de educación, salud y asistencia social, los intelectuales del régimen hablan de “población en estado de vulnerabilidad”, “población en riesgo”, “pobreza con amparo y protección”, y otros más. Según éstos no existe pobreza en Cuba, la cual ha sido oficialmente erradicada según un estudio realizado en 1983 (Rodríguez y Carriazo, La erradicación de la pobreza en Cuba). Sin embargo, los datos empíricos y la realidad cotidiana en la Isla demuestran lo contrario. Incluso los intelectuales resistentes a llamar las cosas por su nombre no son tan obtusos como para dejar de registrar que existe un gran porcentaje de la población cuyos ingresos no cubren la canasta básica familiar, aunque la llamen “población en pobreza de ingresos”, que de 1988 a 1999 subió de 6,3% a 20,0% de la población urbana (Angela Ferriol, Explorando nuevas estrategias para reducir la pobreza actual en el actual contexto internacional, La Habana, 2002, cuadro 24). En 1998, un estudio del INIE de Cuba y el PNUD (los mismos que introdujeron el famoso Índice de Desarrollo Humano) constataron que había “aparecido en el país una franja que incluye una proporción cercana del 15% de población en situación de vulnerabilidad, es decir, que sus ingresos mensuales per cápita no alcanzan para cubrir los requerimientos de la canasta básica o están muy próximos a ese límite.” (Mayra Espina, Panorama de los efectos de la reforma sobre la estructura social cubana. Grupos tradicionales y emergentes, XXI Congreso de LASA, septiembre de 1998, Cuba, pág. 17). Poco tiempo después por arte del nuevo concepto de Índice de Desarrollo Humano, la pobreza en Cuba virtualmente desapareció, y esos registros de “población en situación de vulnerabilidad” no los volvió a realizar el PNUD. En septiembre del 2014, sin embargo, un libro que compila trabajos sobre la pobreza realizado por jóvenes investigadores cubanos afirma que el 25% de la población están sumidos en la pobreza, que ese fenómeno se concentra fundamentalmente en zonas suburbanas y rurales, y que una parte significativa de la población permanece bajo el umbral de la subsistencia (María del Carmen Zabala, ed., “Algunas claves para pensar la pobreza en Cuba desde la mirada de jóvenes investigadores”, FLACSO, 2014). En ese mismo libro se reconoce que “una de las limitaciones para ahondar en la complejidad de la pobreza en Cuba está en la escasa información sobre estos temas y las resistencias dentro de algunas estructuras estatales a reconocer su persistencia”. Es preciso acotar que los datos que utiliza PNUD (para elaborar el IDH), CEPAL y otras instituciones son datos oficiales del gobierno cubano, a través de sus organismos especializados, que adolecen de las limitaciones que el libro resalta. Y precisamente una de las tareas de esos organismos oficiales es alimentar no sólo con datos sino también con propuestas que fortalezcan la posición cubana de desconocer la pobreza en su propio país, bajo el pretexto de que no se es pobre si se tiene escolaridad y estudios universitarios, y se cuenta con atención médica. La ponderación que se da a esas cualidades en el caso de Cuba, borra o reduce de un plumazo el hecho real de que parte importante de la población que no tiene recursos para cubrir sus necesidades básicas de alimentación, que en muchos casos empujan a los jóvenes a recurrir al “jineterismo” (prostitución) en el caso de las mujeres, para mantener a sus familias.

[10] En agosto de 2010, Raúl Castro anunció lo que se viene: “el sistema de asistencia social a aquellos que realmente no estén en capacidad de trabajar y sean el único sustento de sus familias.” (Raúl Castro, Discurso en el Quinto Período Ordinario de Sesiones de la VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, Granma, 1 de agosto de 2010). En el campo de la educación, aunque los niveles de escolaridad son altos, la calidad de la enseñanza se ha deteriorado en las dos últimas décadas. A nivel de educación superior, esto se ha visto reflejado en los servicios médicos que Cuba envía al exterior, donde las asociaciones profesionales médicas de los países receptores exigieron que se cumplan con los exámenes de revalidación de títulos para que los médicos cubanos puedan ejercer en dichos países. Los resultados no fueron nada favorables, particularmente en Brasil. Sólo la intervención de los gobiernos otorgando exoneraciones a esos exámenes permitió salvar ese escollo, argumentando que es mejor cualquier médico que ninguno. En el campo de la salud, el servicio en la Isla se ha deteriorado ostensiblemente: a la falta de medicinas, se ha sumado la reducción del servicio del médico de cabecera. Si bien el número de médicos por habitante es alto, como resultado de los servicios médicos en el exterior, Cuba tiene en el extranjero a más de 25,000 de sus 76,000 médicos, con lo cual en términos prácticos el ratio de médicos por habitante se ha reducido significativamente. La necesidad de destinar más médicos al exterior, ha llevado a la aceleración de la carrera profesional y al envío de recién graduados, con el impacto que esto tiene en la calidad de la formación y en el servicio que puede brindar un profesional sin experiencia.

[11] Hace poco, en su intervención en el IV Período Ordinario de Sesiones de la Octava Legislatura de la Asamblea Nacional Popular, el “zar de las reformas económicas”, Marino Murillo dijo: “crecer para Cuba significa sustituir importaciones, lo que implicará impulso a la producción nacional y el comercio interno”. (Cuenta la economía con reservas de eficiencia, 19 de diciembre de 2014, en http://www.opciones.cu/cuba/2014-12-19/cuenta-la-economia-con-reservas-de-eficiencia/)

[12] El propio portal del gobierno cubano admite esta realidad:

“Cuba posee una economía de naturaleza abierta, no solo a partir del indicador de participación de sus importaciones en el PIB, sino más aún por la dependencia que ella tiene del suministro externo de renglones vitales para su desenvolvimiento como los combustibles, alimentos y otras materias primas y productos intermedios.

“Cuba exporta fundamentalmente productos primarios.

“Cuba es un país importador de productos alimenticios, industriales y de materias primas esenciales para el consumo de la población y la producción nacional.”

(Portal del Gobierno Cubano: Comercio Exterior de Cuba, s/f, http://www.cubagob.cu/des_eco/com_ext.htm)

[13] Algunas medidas importantes que se adoptaron durante el “Período Especial”:

1992 Reforma Constitucional

1993 Se autoriza y amplía el trabajo por cuenta propia.

1993 Decreto-Ley 140 Despenalización de la tenencia de divisas.

1995 Apertura de las casas de cambio para compra y venta de divisas a la población.

1995 Ley 77 Nueva Ley de Inversión Extranjera.

1996 Decreto-Ley 165 Creación de Zonas Francas y Parques Industriales.

(Banco Central de Cuba, La Economía cubana en el Período Especial 1990-2000, s/f, pág. 9)

[14] Las autoridades cubanas con mucho entusiasmo publicitaron el notable crecimiento de su economía, aunque estuviera orientada fundamentalmente al sector servicios, muy lejos de los estándares de toda sociedad socialista que pone el acento en la industrialización y la cooperativización de la economía para garantizar su independencia económica:

“En 2006 la actividad económica experimentó una expansión del 12,5%, sustentada, fundamentalmente, por el crecimiento de la actividad constructiva y de los servicios sociales…” (Banco Central de Cuba, Economía cubana 1996-2006, s/f, pág. 4)

El resumen de sus principales logros destacaba principalmente el sesgo hacia la actividad de construcción:

“Entre las obras más importantes culminadas en la etapa 1996-2006 se encuentran:

La terminación de hoteles a lo largo del país, entre los que se destacan: hoteles Chateau Miramar, Occidental Miramar y Panorama, en la capital del país; hotel Playa Alameda en Varadero; Hotel Occidental Royal Ensenacho en Villa Clara; hotel Playa Coco y NH Krystal Laguna en Cayo Coco, en la provincia de Ciego de Avila, y la remodelación del hotel Parque Central en Ciudad de La Habana.” (Ibídem, pág. 55)

El nivel de la industria siderúrgica y metalmecánica nos da una idea del grado de desarrollo de una economía. Y a casi 50 años del triunfo de la revolución, en Cuba se observaba todavía un nivel incipiente de esta industria, que es la base para la producción de medios de producción:

“La industria sideromecánica ha tenido un notable desarrollo; en ella se destacan las ramas de la siderurgia, la mecánica y la de reciclaje.

“En los últimos tres años se aprecia un crecimiento sostenido en un grupo importante de productos, tales como barras corrugadas, palanquillas de acero al carbono, acero líquido al carbono y carpintería de aluminio, así como la recuperación de las producciones de acumuladores eléctricos, estructuras de acero, implementos agrícolas y piezas de repuesto automotores y para combinadas.” (Ibídem, pág. 34)

[15] ONEI, Anuario Estadístico de Cuba 2013 – Sector Externo (Edición 2014): Cuadro 8.3 Intercambio total y saldo comercial.

[16] ONEI, Anuario Estadístico de Cuba 2013 – Sector Externo (Edición 2014):

Cuadro 8.11 Exportaciones de productos seleccionados según secciones y capítulos de la CUCI*, en miles de pesos

* Clasificación Uniforme para el Comercio Internacional

Se han tomado los principales productos. Elaboración nuestra

El cuadro 8.11 del Anuario omite presentar las cifras correspondientes a las exportaciones comprendidas en la Sección 3 (Combustibles y lubricantes minerales y productos conexos) y la Sección 9 (Mercancías y operaciones no clasificadas en otro rubro) de la CUCI. Hemos calculado, por diferencia, el monto de las dos secciones omitidas: 2 612 990 miles de pesos, que representan la mitad (sic!, ¡Sólo el 50%!) de las exportaciones totales de productos cubanos. No es ninguna pequeñez; es una omisión deliberada y sumamente significativa. Por su contenido, la Sección 9 es “estadísticamente despreciable”, incluye “paquetes postales no clasificados según su naturaleza’, “operaciones y mercancías especiales no clasificadas según su naturaleza”, monedas (excepto de oro) que no tienen curso legal” y “oro monetario (excepto minerales y concentrados de oro)”. Podemos colegir, en consecuencia, que la casi totalidad de la cifra calculada corresponde a las exportaciones de combustibles y lubricantes que realiza Cuba. Dicho de forma simple y directa: todo indica que el principal producto de exportación de Cuba ha sido el petróleo (sic!) y los dirigentes cubanos tratan de ocultarlo. ¿De dónde salió ese petróleo que sobrepasan los niveles de producción y refinación de Cuba?

[17] ONEI, Anuario Estadístico de Cuba 2013 – Sector Externo (Edición 2014):

Cuadro 8.12 Importaciones de productos seleccionados según secciones de la CUCI, en miles de pesos

* de Cueros, Cauchos, Papel, Hilados, Tejidos, Confecciones, Hiero y acero, Metales.

Se han tomado los principales productos. Elaboración nuestra

En el caso de las importaciones, el Anuario sí incluye la Sección 3 (Combustibles y lubricantes minerales y productos conexos) de la CUCI, pero no la desagrega y deja en blanco la cifra correspondiente a 2013, la que hemos calculado también por diferencia. De este modo, podemos observar que el 43% de las importaciones de bienes se concentra en petróleo y derivados. Esa cifra debe corresponder casi en su totalidad al petróleo venezolano producto del pago de los servicios médicos que Cuba brinda a Venezuela en el marco de la Misión Barrio Adentro. Pero también incluye el petróleo que recibe a través de Antillas Holandesas, que todo indica es también venezolano. El petróleo importado le permite cubrir sus necesidades internas de combustible y de generación de energía eléctrica (que depende en un 96% del petróleo). Pero además, le ha permitido reexportar los excedentes (véase Notas 2 y 13). Después del petróleo, las importaciones cubanas se concentraron principalmente en bienes intermedios, necesarios para que su economía funcione; sin embargo, la cuantía es modesta, insuficiente para sostener el crecimiento de la economía, que además registra una formación bruta de capital inferior al 10% durante los últimos cinco años y que por añadidura está sesgada hacia la construcción, que representa el 65% del total (ONEI, Anuario Estadístico 2013 – Cuentas Nacionales. Cuadro 5.16). En este sentido, nuestro ex Ministro de Economía cubano, que es un comentarista económico reconocido, destacó recientemente que el crecimiento económico está limitado por –y depende de– las importaciones: “hay que tomar en cuenta que se requiere un crecimiento de 1,5% de las importaciones para un incremento de 1% en el PIB nacional, lo que somete a una fuerte dependencia externa el proceso de crecimiento. Si a esto se añade que las importaciones de bienes intermedios son solo alrededor del 29% del total y que el 60% de las compras externas sólo cubren el combustible y los alimentos, es factible suponer que la escasez de insumos y bienes de capital está frenando fuertemente el crecimiento.” (José Luis Rodríguez, Revisando estadísticas recientes de la economía cubana, Cuba Contemporánea, 6 de octubre de 2014)

[18] “En los últimos tres años las relaciones con la República Bolivariana de Venezuela y con la República Popular de China se han incrementado sustancialmente, habiéndose firmado importantes acuerdos para el desarrollo de sectores claves de la economía cubana.” (Banco Central de Cuba, Economía cubana 1996-2006, s/f, pág. 11)

Si, como parece, la publicación mencionada es de 2006, la cita hace referencia a 2003, precisamente cuando se inició el intercambio de servicios médicos por petróleo. En cuanto a China, su participación ha sido limitada a abastecer bienes, otorgar créditos favorables e intervenir en actividades de exploración petrolera, sin gran repercusión en la economía cubana. Por otro lado, fuera de la rimbombante propaganda y la publicidad, la relación económica y comercial con Rusia es poco significativa. Sólo la asociación con Venezuela es vital para Cuba.

[19] “Desde 2003, cuando se creó en Venezuela el programa que luego se llamó Misión Barrio Adentro, los profesionales médicos cubanos han llegado masivamente al país en el marco de dos acuerdos comerciales, el primero firmado en 2000 y el segundo en 2005. Estos acuerdos fijan un precio preferencial para la exportación de servicios profesionales cubanos a cambio de una provisión fija de petróleo venezolano, inversiones conjuntas en sectores estratégicos y la concesión de crédito. La parte fundamental de este acuerdo es el intercambio de médicos por petróleo.” (Julie M. Feinsilver, Médicos por petróleo. La diplomacia médica cubana, Nueva Sociedad nº 216, julio-agosto de 2008, págs. 110-111)

[20] Las estadísticas oficiales cubanas no desagregan la balanza de servicios. Se estima, sin embargo, que los ingresos por la exportación de servicios médicos alcanzan los US$ 6 mil millones al año. El grueso de esa cifra corresponde al convenio con Venezuela, que a la Misión Barrio Adentro ha sumado la Operación Milagro destinada a tratamiento oftalmológico. Cuba, además, tiene ingresos adicionales, en poca cuantía, por sus servicios médicos en otros países. Por su parte, la empresa petrolera estatal de Venezuela reconoce que “en el año 2013 se despachó un promedio de 98,8 MD de productos [98,8 mil barriles de petróleo diarios – Nota nuestra]”. (PDVSA, Informe de Gestión Anual 2013, pág. 149). A esto habría que sumarle, decimos nosotros, los envíos desde la refinería de Curazao, que parecen no ser parte de ese acuerdo.

[21] El “producto” servicios médicos según lo ofrecido por Cuba es interesante y vendible. En el mundo existe demanda por esos servicios, aunque no en las condiciones unilateralmente ventajosas, otorgadas por Venezuela. Sólo en este último sentido, la demanda venezolana es “relativamente” ficticia. Véase el artículo de BBC Mundo, “Médicos ‘todoterreno’”, del 29 de agosto de 2013.

[22] Cuba – Cartera de Oportunidades de Inversión Extranjera, Granma, 2014, pág. 9.

[23] José Luis Rodríguez, Revisando estadísticas recientes de la economía cubana, Cuba Contemporánea, 6 de octubre de 2014. Véase también ONEI, Panorama Económico y Social, Cuba 2013: Cuadro 28. Turismo Internacional. Vale la pena advertir que el autor del artículo, ex Ministro de Economía, no mencione en ningún momento la exportación de servicios médicos –el rubro más importante de la balanza de servicios de Cuba en los últimos años– en su revisión panorámica de la economía cubana. Es evidente que el gobierno cubano trata de ocultar que exporta una cantidad de petróleo que sobrepasa su capacidad de producción y refinación, y que recibe grandes cantidades de dinero por la exportación de servicios médicos.

En 2006, se reconocía: “A partir de 1990 el despegue del turismo ha devenido el motor de la economía cubana con un peso importante dentro de los ingresos en divisas que recibe el país, constituyendo uno de los elementos protagónicos del proceso de reanimación financiera de los últimos quince años.” (Banco Central de Cuba, Economía cubana 1996-2006, s/f, p.68)

[24] El Anuario Demográfico de Cuba 2103, Edición 2014, Cuadro I.2, informa que al cierre de 2013, Cuba tenía una población de 11’191,608 habitantes. En tanto que el portal del censo de los Estados Unidos registra 2’013,155 personas de origen cubano residiendo en ese país (factfinder.census.gov: Selected Social Characteristics in the United States. B03001 Hispanic or Latino Origin by Specific Origin 2013, 1-Year Estimates). Esto significa que en Estados Unidos reside una población de origen cubano equivalente al 18% de la población de la Isla; mientras que el Sur de la Florida (Miami y sus dos condados vecinos) es sólo segundo ante La Habana en cuanto al tamaño de población cubana, superando al resto de ciudades de la Isla, incluyendo las otras dos ciudades más pobladas: Santiago de Cuba (1’052,158 habitantes) y Holguín (1’037,192 habitantes).

[25] Las cifras del volumen “Sector Externo” del Anuario Estadístico 2013 son incompletas para la balanza comercial y de servicios, y no presentan la información para 2013. Estas cifras las podemos encontrar en otro volumen del Anuario, titulado “Cuentas Nacionales”.

 Cuadro 5.17 Saldo externo de bienes y servicios, en millones de pesos

Elaboración nuestra

Sin embargo, a precios constantes, el resultado fue negativo. Además, las cuentas de la balanza de pagos no se reducen a las balanzas comercial y de servicios. A éstas se suman (o sustraen) la Renta de los Factores (intereses, dividendos, regalías, etc.) y las Transferencias Corrientes (remesas, donaciones), y en conjunto constituyen la Balanza de Pagos en cuenta corriente. Es el resultado de la cuenta corriente la que determina la necesidad que tiene un país de préstamos del exterior e inversión extranjera. Por eso, al saldo de esta cuenta corriente se le suma (o resta) el saldo de la cuenta financiera que incluye los flujos de entrada y salida de inversiones y créditos, así como el financiamiento excepcional que se registre. El saldo de todas estas cuentas de la Balanza de Pagos va a aumentar o disminuir las Reservas Internacionales Netas del país. Cuba ha tenido siempre problemas de reservas internacionales, de disponibilidad de divisas para operar en el mercado exterior y ha tenido constantes dificultades para cumplir con el servicio de sus deudas con el exterior, refinanciándolas o reprogramándolas con sus acreedores. No obstante, en varios años, se registran superávits de la balanza de pagos de Cuba, que fueron el resultado de no cumplir con el pago de sus obligaciones con el exterior en esos ejercicios. Es decir, se debió pagar el servicio de la deuda y no se hizo; de haberse pagado, el saldo de la balanza hubiera sido negativo.

[26] SELA, Análisis y recomendaciones para fomentar el comercio entre la República de Cuba y los países de América Latina y el Caribe, agosto de 2013, págs. 19-20.

[27] U.S. Department of State, U.S. Relations with Cuba. Fact Sheet, August 30, 2013. http://www.state.gov/r/pa/ei/bgn/2886.htm

[28] La firma The Havana Consulting Group (en “Remesas a Cuba: el motor más potente de la economía cubana”, de junio de 2013) resume en el siguiente gráfico, la evolución de las remesas en efectivo enviadas por los cubanos residentes en Estados Unidos:

Remesas enviadas por cubanos residentes en Estados Unidos

(en millones de dólares)

“En 2012 las remesas en efectivo enviadas hacia Cuba desde el extran­jero, ascendieron a la cifra récord de $2,605 millones de dólares (Morales, 2013:2). Esta fuente de financia­miento supera en volumen y en ren­dimiento al turismo, y dan más dine­ro que la exportación de níquel y los medicamentos producidos por la in­dustria biotecnológica cubana. Esto demuestra la alta dependencia de la economía cubana de los envíos de los cubanos que viven en el exterior evi­denciando la deformación estructural del comercio exterior cubano.” (José Quintero Santos, Los giros del comercio exterior y la IED en Cuba, 2013)

 [29] El término “gusanos de Miami” debe ser explicado. La propaganda anticomunista trata de presentar a los “exiliados” en Miami como un grupo homogéneo, en el que todos comparten su aversión hacia el régimen político de la Isla. Lo cierto es que los propios cubanos emigrados hacen una distinción en el seno de la comunidad cubana en Miami. Básicamente, hay dos grandes grupos: los primeros exiliados, aquellos que salieron en los años siguientes al triunfo de la revolución, que se consideran a sí mismos exiliados políticos y constituyen la base social del anticastrismo recalcitrante, aunque sus americanizados descendientes no sean tan militantes; y los exiliados económicos, expulsados del país por la crisis económica, la carestía y la incertidumbre con respecto al porvenir. En este último grupo, a su vez, se pueden diferenciar tres subgrupos: los marielitos de 1980, los balseros del “Período Especial” y los emigrados posteriores a la aprobación de la política “pies secos, pies mojados” de 1994. Por cuestiones de inmigración, todos los cubanos que entran a los Estados Unidos lo hacen bajo la condición de “refugiados políticos”, lo que además les da ventajas de orden económico que no ha gozado ni goza ninguna otra comunidad de refugiados políticos. La minoría anticomunista, con el control de los medios de comunicación, pasa como el portavoz de toda la comunidad exiliada, tratando de presentarla como anticastrista. Los verdaderos “gusanos” se encuentran principalmente en este primer grupo. Sin embargo, casi la mitad de la población cubana en Miami se ha expresado soterradamente, desde hace muchos años, a favor del restablecimiento de relaciones con Cuba, del levantamiento del embargo y de libertades en el tráfico de personas y productos. Más aún, no son pocos los que tienen una buena opinión del régimen político y social de la Isla.

Por su parte, el gobierno y el Estado cubanos tratan de “gusanos” a todo emigrado, porque considera que el abandono del país es una traición a la “revolución”, especialmente si el destino es Estados Unidos. Esta tipificación de carácter político también esconde, por motivos distintos a los de los anticomunistas, la condición de exiliados económicos que realmente tiene la gran mayoría de residentes cubanos en Miami. Por supuesto, los dirigentes cubanos jamás van a reconocer su ineptitud en la dirección del país, su largo abandono del camino hacia el socialismo, y en consecuencia no van a admitir que, al igual que otros países agobiados por la crisis capitalista, en Cuba también se ha producido y se produce la expulsión de sectores de su población como parte de la destrucción de fuerzas productivas que la estructura económica del país es incapaz de retener productivamente.

[30] Juan Triana Cordovi, La economía cubana en el año 2000, La Habana, 2001 (Citado en Hiram Marquetti Nodarse, Cuba: Proceso de desdolarización de la economía. Impactos y perspectivas, 2006).

 Evolución de la dolarización en la circulación monetaria

La importancia de la moneda extranjera, principalmente el dólar estadounidense, en la economía cubana se refleja en la mayor emisión de pesos convertibles:

“El financiamiento interno en pesos convertibles otorgado por el Sistema Bancario Nacional cubano se ha incrementado notablemente. En 2006 este tipo de financiamiento ascendió a 2,5 miles de millones de pesos convertibles, resultado que casi cuadruplicó el monto del financiamiento concedido en 1997. Hasta mediados de la década de los 90 esta posibilidad de financiamiento era inexistente.” (Banco Central de Cuba, Economía cubana 1996-2006, s/f, p.11)

[31] Pew Research Center, Most Support Stronger U.S. Ties With Cuba, January 16, 2015.

[32] Este interés no es reciente, viene de hace varios años, y es precisamente un sector del empresariado cubanoamericano el que también ha influenciado para la adopción de las recientes medidas de la Administración Obama. Una de las muestras irrefutables de este interés y de lo avanzado que se están dando los pasos, entre bambalinas, es el caso de uno de los barones del azúcar de la Cuba prerrevolucionaria, cuya familia fue expropiada por la revolución cubana. Alfonso Fanjul, 76 años, que no se ha nacionalizado norteamericano, es uno de los hombres más ricos de Estados Unidos, con intereses en el mercado del azúcar, vinculado al Partido Demócrata (su hermano vinculado al Partido Republicano, siguiendo una política muy común en los grupos económicos), hombre cercano a los Clinton, contribuyente a las campañas de muchos congresistas. Ha visitado Cuba desde 2012 y sostenido conversaciones con funcionarios cubanos. Luego de haberse opuesto, durante muchos años, a todo trato con Cuba, cambió de opinión y viene trabajando por “reunir a la familia cubana”. No descarta invertir en la Cuba actual, si se dan las condiciones necesarias para todo inversionista; ya no pone como condición el cambio de régimen político y social. No está solo en ese camino, hay muchos hombres de negocios cubanoamericanos dispuestos a acompañarlo. Por coincidencia(?), el gobierno cubano ha permitido recientemente y por primera vez que una corporación extranjera (la Odebrecht de Brasil) invierta en la industria azucarera. (Véase “Sugar tycoon Alfonso Fanjul now open to investing in Cuba under ‘right circumstances’”, Washington Post, February 2, 2014).

[33] The Havana Consulting Group, Emigrados cubanos enviaron más de 3,500 millones de USD en remesas en especie en el año 2013, diciembre de 2013.

[34] Por lo menos, desde hace dos décadas, la intelectualidad cubana viene discutiendo el proceso de diferenciación social, la “reestratificación” como le llaman algunos a la nítida reconfiguración de la estructura de clases sociales propia del capitalismo en la sociedad cubana. Una de las especialistas cubanas, miembro del equipo editorial de la revista Temas, enumeraba en 1998, algunas “tendencias socioestructurales”, que ya se venían manifestando claramente en 1994:

a) Aparición de nuevas formaciones sociales. Puede notarse sin dificultad en el sector informal (propietarios, patronos, empleadores).

b) Fragmentación interior de los grandes componentes socioclasistas precedentes (“reestratificación intraclasista”).

c) Un verdadero proceso de “recampesinización del agro cubano”.

d) “Polarización de los ingresos”.

Aunque el análisis no es marxista, apuntaba algunos otros hechos importantes: una masa considerable de trabajadores que se “desalariza” o se convierte en asalariado o semiasalariado privado; aparición del desempleo; deterioro del salario real por la pérdida de su capacidad adquisitiva; ingresos en divisas y en especie y el acceso a tiendas especiales; acceso directo a divisas a través de remesas y del sistema de estimulación del trabajo; concentración de ingresos (en 1994, 70% de los depósitos bancarios correspondían a sólo el 6% de los ahorristas, y un 15% de familias controlaban el 70% del efectivo); aparición de franjas vulnerables (un 15% de la población cuyos ingresos mensuales per cápita no alcanzan para cubrir los requerimientos de la canasta básica).

(Mayra Espina Prieto, Panorama de los efectos de la reforma sobre la estructura social cubana: grupos tradicionales y emergentes, XXI Congreso de LASA, septiembre de 1998, págs. 15-17).

Diez años después, en 2008, cuando las reformas de Raúl Castro empezaban, la misma autora confirmaba su análisis anterior y constataba que “la creciente diferenciación social de Cuba no es un accidente sino un rasgo estructural derivado del funcionamiento de la economía”. (Mayra Espina, Viejas y nuevas desigualdades en Cuba, Nueva Sociedad, julio agosto de 2008, pág. 133).

[35] Esto no ha pasado desapercibido para la sociología cubana:

“Específicamente este nuevo actor social que nos ocupa (Directivos de Empresas Mixtas), surgido dentro de los marcos normativos de la Ley 77, que regula lo concerniente a la inversión extranjera en la Isla, independientemente que sea pequeño dentro de los grupos ocupacionales que forman la población económicamente activa del país, lo que hace que cuantitativamente no sea un sector relevante dentro de la estructura social cubana (La totalidad de los trabajadores de las Empresas Mixtas solo representan el 0.7%) (ONE, 2005) tiene importancia cualitativa, ya que comenzó a desempeñar sus actividades en un área de la economía del país que se rige por leyes del mercado, con criterios capitalistas de eficiencia y calidad en el producto final del trabajo, lo cual va a generar otros criterios de movilidad y prestigio social… La maximización de ganancias se convierte en el lema principal Esto nos lleva a pensar que este sector se caracteriza por una elevada capacidad y habilidad para accionar ante dos lógicas totalmente distintas y tener respuestas satisfactorias ante las dos…

“Este actor al estar insertado dentro de estrategias privadas de reproducción del capital, y estar dentro de sectores de gran dinamismo y altos niveles de gestión y eficiencia, comúnmente se traduce en ingresos y consumos por encima de la media de la población cubana, a pesar del control riguroso por parte del Estado, provocando una polarización más extrema de las diferencias entre los grupos sociales de la sociedad cubana.

“Este tipo de consumo diferenciado con el resto de la población posibilitado por los altos ingresos que perciben se expresa como una práctica constituyente y no solo como un epifenómeno construido a raíz de las nuevas relaciones de producción que se dan en la economía cubana.”

(Adrián Rodríguez Chailloux, Nuevos actores sociales: cambios en la estructura social de Cuba en los inicios del siglo XXI, XXVI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología, 2007).

[36] En julio de 2009, poco meses después del inicio de las reformas, se realizó en Cuba un panel de discusión que tenía como título “¿Y la clase obrera?”. Cuando se lee el contenido de las intervenciones de diversos intelectuales y miembros del público asistente, no se puede dejar de advertir una ausencia completa de análisis marxista. Y lo que es más dramático: la interrogante que presidía la discusión parecía no interesarse en la opinión y el papel de la clase obrera en este momento de la “revolución” cubana, sino en “constatar” su desaparición como protagonista en la vida política y económica del país. La pobreza de los argumentos y la incapacidad de interpretar la realidad cubana son características de la actual intelligentsia cubana. He aquí algunas frases antológicas que hablan por sí mismas:

“Quisimos traer a algún obrero para que participara en el panel, pero no lo logramos. ¿Hay algún obrero en la sala, hay alguien que pertenezca a la clase obrera en este auditorio? No. Ya me lo imaginaba, así de difícil ha sido traer un panelista obrero.” (Rafael Martínez, Moderador)

“Hablar de clase obrera en Cuba hoy es referirse, prácticamente, a una categoría ocupacional, lo cual no es una clase… ¿Quiénes están considerados como obreros en esa estadística? Personas más o menos vinculadas al trabajo manual, que actúan directamente sobre los objetos de producción. No conciben el proceso en que participan; ejecutan lo que otros idearon, y participan en una dinámica reproductiva; o sea, por lo general, sus hijos se mueven dentro de posiciones más o menos parecidas; la clase podrá no estar, pero los obreros están vivos y tienen un peso específico importante en la estructuración laboral cubana.” (José Luis Martín, Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana).

“Hay muchas teorías sobre cómo construir clases; no todo el mundo concuerda en cómo conformarlas, pero el paradigma tradicional marxista está siendo sumamente cuestionado, tanto desde la teoría como desde la evidencia empírica. Para Cuba necesitamos una definición de lo que vamos a considerar como clase social, que parta, por supuesto, de entender el espacio social como multidimensional; donde sus ejes estructuradores se originen, sobre todo, en la distribución desigual de propiedades que, por supuesto, generan ordenamientos y particiones diferentes. Este tipo de sistema mutidimensional permite trascender esquemas como el que comentaba del marxismo tradicional… La clase obrera, como tal, no tiene ningún fundamento ni asidero real que no sea una construcción, ni siquiera teórica, sino más bien movilizadora de la acción política.” (Boris Nerey Obregón, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social).

“En Cuba tenemos más tipos de obreros; en este momento ya hay jornaleros, es decir, personas que trabajan por un jornal diario, y que están desvinculados del empleo estatal. Tienen un empleo precario, aunque ganen más dinero que cualquiera de nosotros. Asimismo están los trabajadores «por la izquierda», por cuenta propia o en la economía informal; es decir, que existen incluso tipos de obreros que son víctimas de la explotación capitalista, igual que en cualquier país capitalista. Esto está sumergido por completo; no aparece en las estadísticas, ni en el discurso oficial, y muy poco en las investigaciones, porque tampoco hay mucho acceso a este tipo de personas, al asalariado privado ilegal, por esa misma condición. Por lo tanto, en Cuba, en la actualidad, hay rasgos típicos nuevos. Esto no se veía en los 80…” (Juan Carlos Campos, Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas).

“Hoy en día no es un secreto para nadie que la mayoría de los que ahora dirigen el movimiento sindical no son obreros.” (Silvio Jova, Departamento de Educación y Propaganda, Central de Trabajadores de Cuba, CTC).

“Yo encuentro muy sintomático, y al mismo tiempo muy triste, el hecho de que no solo no haya ningún obrero en el panel, sino que no lo haya entre los que nos encontramos en la sala. Eso demuestra que sobre los obreros decide todo el mundo excepto ellos. Creo que la definición que ha dado Martin es fundamental, obrero hoy en Cuba es una categoría ocupacional, dado que, como clase, se suicidó, con mucha ayuda de la clase dirigente, al tomar el poder. También se pudiera definir como el que trabaja aspirando a dejar de hacerlo, el que quisiera encontrar cualquier otra ocupación y trabaja porque no le queda más remedio. Creo que el obrero es una especie de víctima de este curioso contrato social que funciona en Cuba de que el obrero hace como que trabaja porque lo que produce durante su jornada laboral no mantiene el país, y el Estado hace como que le paga, porque el salario que recibe el obrero no le alcanza para vivir.” (Yoss, asistente)

“Cuando hablamos del poder que le falta a la clase obrera —o del poder que carece de sujeto, porque la clase obrera es la que falta—, lo principal que tenemos que traer a colación es precisamente la capacidad de crear un proyecto. Creo que esa falta de perspectivas, incluso esa ausencia de obreros aquí, se debe precisamente a una crisis en plantearnos los sueños, la utopía, la capacidad de todos los cubanos de construir un proyecto social.” (Dmitri Pietro Samsonov, asistente)

[37] La Ley de Inversión Extranjera estipula que la contratación de mano de obra cubana se debe realizar a través de empresas contratistas constituidas por el Estado cubano, que son las que aportan la mano de obra según los requerimientos de las empresas extranjeras. Estas empresas contratistas, denominadas “entidades empleadoras”, reciben el pago por el “servicio” que los trabajadores cubanos brindan a las empresas extranjeras, y de esa suma global, el Estado cubano paga los salarios a los trabajadores. De la misma forma ocurre en el caso de los servicios médicos, donde la “Comercializadora Servicios Médicos Cubanos S.A. del MINSAP” recibe el pago por los servicios médicos y a su vez paga a médicos, enfermeras y auxiliares. Obviamente, los contratos entre el Estado cubano y los trabajadores cubanos son contratos de sujeción, en los cuales los trabajadores sólo pueden aceptar sin poner condiciones. Además, es conocido que el Estado cubano cobra una cantidad mucho mayor a la que paga en definitiva al trabajador. Pese a ello, las empresas extranjeras encuentran que la mano de obra cubana es muy barata y permite niveles de rentabilidad bastante altos. El monopolio de la contratación de mano de obra y la prohibición del contrato directo entre empleador-empleado le permite al Estado cubano apropiarse de una parte sustancial de los salarios de los trabajadores. (En el caso de trabajadores calificados y profesionales, esta parte es mucho mayor). Aún así estos salarios son superiores a los que cualquier trabajador puede obtener trabajando para las empresas estatales.

[38] Lenin decía en “El imperialismo, fase superior del capitalismo”:

“Puesto que hablamos de la política colonial de la época del imperialismo capitalista, es necesario hacer notar que el capital financiero y la política internacional correspondiente, la cual se reduce a la lucha de las grandes potencias por el reparto económico y político del mundo, crean toda una serie de formas de transición de dependencia estatal. Para esta época son típicos no sólo los dos grupos fundamentales de países: los que poseen colonias y los países coloniales, sino también las formas variadas de países dependientes políticamente independientes, desde un punto de vista formal, pero, en realidad, envueltos por las redes de la dependencia financiera y diplomática. Una de estas formas, la semicolonia, la hemos indicado ya antes. Modelo de otra forma es, por ejemplo, la Argentina.” (La cursiva es de Lenin, los subrayados son nuestros).

La teoría leninista del imperialismo siempre ha reconocido la existencia de países económicamente dependientes que gozan de independencia política formal, en diversos grados que van desde la semicolonia hasta países que aparentemente no están bajo la esfera de influencia de ningún imperialismo, se conducen con autonomía política, pero tienen un alto grado de dependencia económica con un respecto a uno o más imperialismos. Ese grado de independencia política formal le permite cierta capacidad de maniobra que utiliza para mejorar sus condiciones de dependencia y obtener una mayor porción de la plusvalía extraída, aprovechando los intereses encontrados de los imperialismos en pugna.

[39] En su discurso ante el IX Congreso de las juventudes del partido revisionista cubano, Raúl Castro todavía insistía en que “la juventud cubana está llamada a tomar el relevo de la generación fundadora de la Revolución”, tratándolo como si este relevo fuera cosa de un futuro lejano, pese a que esa generación fundadora todavía en el gobierno ya sobrepasa los 80 años y no le queda mucho de vida política activa. (Véase: Raúl Castro, Discurso pronunciado en la clausura del IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, Cubadebate, 4 de abril de 2010)

Nota final

Hemos utilizado las estadísticas oficiales cubanas pese a que se discute su confiabilidad. Obligado por su deseo de integrarse a los organismos económicos mundiales, sus relaciones comerciales y su interés de atraer capitales extranjeros, el gobierno cubano ha uniformizado sus estadísticas, haciéndolas equivalentes y comparables con la mayoría de países del mundo. Sin embargo, al igual que muchos otros países, no deja de omitir información y a veces recurrir a maniobras conocidas a fin de presentar la información según su conveniencia. En ese sentido cabe recordar, por ejemplo, que Cuba introdujo su propio método para el cálculo del PIB, dándole un valor a los servicios sociales para reflejarlos en la producción total, sin explicar los criterios ni las especificaciones técnicas. El Banco Central informó brevemente:

“A partir del año 2005 se comenzó a medir el PIB con un método que utiliza tarifas que reconocen una rentabilidad por la calidad de los servicios (educación, salud pública, cultura, deporte y televisión), lo cual permite reflejar de manera más apropiada el valor adicional que se crea al computar los mismos en este indicador…” (Banco Central de Cuba, Economía cubana 1996-2006, s/f, pág. 5)

Los números de los cuadros publicados corresponden al que tienen en la fuente que se cita.

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