«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 11 de junio de 2015

La estupidez altiva de los pseudorevolucionarios cuando sacan pecho al decir que fueron instruidos en el «socialismo» cubano; Equipo de Bitácora (M-L), 2013

Daniel Ortega, Muamar el Gadafi y Fidel Castro durante los 80, conocidos antimarxistas sostenedores de la teoría de los «no alineados», los «tres mundos», la «división internacional del trabajo», y demás teorías burguesas

«
Un fenómeno no menos gracioso y curioso entre los líderes «socialistas del siglo XXI» y muchos de sus defensores; es que aluden como justificación para que no se les acuse de antimarxistas, al hecho de que son los hijos de fundadores, amigos de militantes históricos, o simplemente han militado desde la juventud en partidos comunistas –generalmente el partido comunista pionero del país, a posteriori caído en el browderismo, o el jruschovismo más feroz–; a esto respondemos: primero; que a no ser que estos idealistas demuestren que los conocimientos de la teoría marxistas se transmiten a través de los genes de padres a hijos, o por telepatía de amigo a amigo, no hay justificación para argumentar que estos individuos tienen conocimientos teóricos del socialismo científico; segundo, el hecho de militar durante poco o mucho tiempo en un partido comunista tampoco significa que se haya adquirido automáticamente un conocimiento básico del marxismo; grandes ejemplos de la historia, como el creador de la rama del fascismo francés Jacques Doriot, evidencian que precisamente los grandes traidores y opositores al comunismo han venido desde el interior, en este caso Doriot había militado durante mucho tiempo en el Partido Comunista Francés.

Existe otra variante: son los que autojustifican sus desviaciones diciendo que han combatido o que se han nutrido en otras «revoluciones socialistas» como la cubana. Es fácil de comprender que la revolución cubana de 1959 no ha pasado desapercibida para los «socialistas del siglo XXI», más si cabe, porque sus actores principales y su régimen en sí han sobrevivido hasta hoy en día, así como su influencia en los movimientos de liberación, especialmente Latinoamericanos. He aquí la cuestión que nos compete en esta relación; hemos de preguntarnos:

¿La revolución cubana desarrolló una revolución socialista? ¿Cuál es la muestra más palpable del oportunismo teórico del revisionismo cubano que lo invalida como pensamiento de la clase obrera? ¿Qué es lo que demuestra, que por mucho que aún perviva su régimen,  Cuba no tiene legitimidad moral para hablar de marxismo-leninismo ni para declarar a su país socialista? ¿Cuál es la prueba de su praxis que certifica que sus representantes nunca han sido ni son ni serán representantes del marxismo-leninismo?

Para empezar, lejos de existir un partido comunista en Cuba, se fusionaron distintos partidos antimarxistas para conformar un pseudopartido comunista. Veamos, oficialmente se fundó el actual Partido Comunista de Cuba en 1965, o lo que es lo mismo, seis años después de la toma de poder por la guerrilla del Movimiento 26 de julio; y éste partido vino a ser la unión del: Movimiento 26 de julio de Fidel, del Partido Socialista Popular de Blas Roca, y el Directorio Revolucionario 13 de marzo de Faure Chomón. Cierto es que de estas tres organizaciones, al triunfo de la revolución cubana de 1959, solo se reivindicaba como «comunista» el Partido Socialista Popular, quién había desarrollado una más que discutible «lucha» contra Fulgencio Batista, a quién coyunturalmente habían apoyado o combatido, tal partido ideológicamente naufragaba entre el revisionismo browderista y el revisionismo jruschovista en auge por entonces. Posteriormente, con el partido conformado y unificado, hubo una purga contra gran parte de los viejos elementos del Partido Socialista Popular pero no significaba que el partido de la nada se convirtiera por ello en marxista-leninista, ni siquiera que se deshiciera de la influencia jruschovista que el propio Fidel Castro llevaría a sus espaldas toda su vida. Queda claro por tanto, que no pudo existir ni existe una base marxista-leninista en tal partido; que bajo tal eclecticismo no ha existido ni existe una sólida unidad ideológica en el Partido Comunista de Cuba que además ha incubado múltiples tendencias de corte reformista-socialdemócrata, trotskista, anarquista, etc., facciones que se han permitido y permiten siempre que no cuestionen a la dirección en sí, una táctica muy clásica de los revisionistas que persigue obtener el apoyo de quién sea y como sea si tales individuos sirven para el propósito indicado.

Esa vacilación y oportunismo es lo que ha posibilitado, por ejemplo: que en la actualidad haya un grupo importante de trotskistas en la dirigencia; aunque no supone una sorpresa puesto que el Partido Comunista de Cuba ha estado dando cobertura a conocidos trotskistas desde ya hace mucho tiempo: Marta Harnecker, Eduardo Galeano, Ignacio Ramonet, Santiago Alba Rico –estos dos incluso son propagandistas de la OTAN–, etc. Tan bajo han caído que se han permitido aceptar la etiqueta de «marxistas» que los revisionistas del «socialistas del siglo XXI» se autocolocan.

El caso de Cuba, es similar al de otros muchos países –africanos, asiáticos y demás– en donde la dirigencia que obtiene el poder recibe tarde o temprano las «ayudas» de la Unión Soviética revisionista, y el país que da la «ayuda» como el que la recibe, asegura en su propaganda que el nuevo gobierno «va rumbo al socialismo», creando, si hace falta, un partido con nombres revolucionarios y declarando que sus líderes ahora aceptan el marxismo-leninismo, una estupidez supina ¡«como si la revolución pasara por enseñar marxismo-leninismo a sus líderes!»:

«Los hegemonistas soviéticos no escatiman los elogios más desenfrenados a los gobernantes de los nuevos Estados nacionales que de una u otra forma están atados al carro de la política de la Unión Soviética. Llegan al extremo de considerar a estos gobernantes como: «Revolucionarios destacados». (Vaprosi fillosoti; Nº.2, 1983) Que: «Se esfuerzan por asimilar la teoría del socialismo científico». (Vaprosi fillosoti; Nº.2, 1983) ¡Como si la revolución pasara por enseñar el marxismo-leninismo a su líder!; y añaden que gracias a esto es que sus países: «Pueden integrarse en el sistema socialista mundial».(Vaprosi fillosoti; Nº.2, 1983) La vida se ha encargado de probar que las presiones, la corrupción, las intervenciones y otras actividades del mismo estilo, a las que recurren los socialimperialistas soviéticos tienen por objetivo realizar sus fines neocolonialistas, hegemonistas y contrarrevolucionarios, en cualquier parte y en los países de pretendida «orientación socialista». Tratan de pasar por amigos y aliados de los pueblos, pero fraguan continuos complots a espaldas suyas. Cuando estos complots de los socialimperialistas soviéticos son descubiertos y desenmascarados y no se acepta su tutela, como ha ocurrido en algunos países africanos, acusan a estos países de desviarse del camino de la «orientación socialista» y a sus dirigentes de tomar decisiones apresuradas, de carácter subjetivo. Este hecho evidencia que tanto la teoría de la «vía no capitalista de desarrollo» como la de «orientación socialista» han sido inventadas y son propagadas por los revisionistas soviéticos en función de sus fines neocolonialistas y hegemonistas». (Nesti Karaguni; La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984)

El «Che» Guevara fue seguramente el principal defensor de que el líder del partido fuera Fidel Castro, quién como todos sabían y él mismo había declarado en Estados Unidos, no era comunista, recordemos que Fidel Castro, en su juventud, era enemigo ideológico de los estudiantes de izquierda, y que el propio Fidel solo se lanza en brazos del campo revisionista cuando su intento de aproximación al imperialismo estadounidense se quedo en eso. Guevara a su vez fue cabeza visible en la unificación mecánica de los partidos no comunistas en el resultante Partido Comunista de Cuba; y como reconocería, para forjar este nuevo partido se fijo en la experiencia de los manuales soviéticos revisionistas como los de Kuusinen, y en la experiencia de los otros partidos comunistas ya degenerados por el revisionismo:

«Este pequeño libro está destinado a iniciar a los militantes del Partido, en el amplio y riquísimo acervo de las ideas marxistas-leninistas. La elección de los temas es simple y efectiva. Se trata de un capítulo del Manual de marxismo-leninismo de Otto V. Kuusinen y de una serie de discursos de Fidel Castro. La selección es buena porque en el capítulo del Manual de marxismo-leninismo se sintetiza la experiencia de los partidos hermanos y se da un esquema general de lo que debe ser y cómo debe actuar un partido marxista-leninista, y en la sucesión de discursos del compañero Fidel se ve desfilar la historia política de nuestros país a través de las palabras en algunos casos autobiográficos, del dirigente de la revolución». (Ernesto «Che» Guevara; El partido marxista-leninista, 1963)

¡Nótese el detalle de que Guevara propone fijarse para conformar un partido marxista-leninista en los manuales jruschovistas de revisionistas como Otto Kuusinen!

En los desarrollo económico se realizaron nacionalizaciones que acabaron con la burguesía compradora y una reforma agraria que acabó con los terratenientes, pero no fue el fin de las relaciones de producción capitalistas pues se creó un tejido de variados tipos de propiedad con gran influencia de la propiedad capitalista de Estado a ejemplo del existía entonces en la Unión Soviética revisionista, pero sobre todo más parecida a la de los países del campo revisionista soviético: realmente la propiedad capitalista de Estado mayoritaria en las ciudades era combinada con la propiedad cooperativista-capitalista pero también con la abierta propiedad privada en el campo –debido a los problemas que tenían estas dirigencias para colectivizar la tierra–. En Cuba este desarrollo económico esta indudablemente influenciado por el bloqueo económico impuesto por el imperialismo estadounidense que ha tenido un efecto negativo sobre la economía cubana, no obstante, cuando analizamos ese aspecto olvidamos que el impacto enormemente negativo que este tiene sobre Cuba se debe en lo fundamental a que La Habana estuvo adherida –sin fisuras– a las teorías económicas y política económica desarrollada por el jruschovismo-brezhnevismo –sus teorías hoy prevalecen en el Partido Comunista de Cuba y no sólo en el ámbito económico–, pero la teoría y práctica que más le afectó por entonces para el desarrollo futuro sería la aceptación de la división internacional del trabajo –cuya máxima expresión fue la entrada de Cuba en la COMECOM en 1972–. En consecuencia, Cuba desatendió el desarrollo de su industria pesada, ley general del desarrollo del socialismo, hasta que finalmente rectificó parcialmente hacia la década de los 80 sin mayor éxito; por ello el hecho de que nunca haya logrado colectivizar el campo, y haya persistido la abierta propiedad privada en el campo; y dado que no alcanzó a desarrollar la industria pesada por el advenimiento de la disgregación de la Unión Soviética –y la propia tendencia revisionista de sus economistas hacía otras ramas–, no llegó a alcanzar la autosuficiencia, una de las aspiraciones económicas fundamentales de la economía socialista para que pueda ser considerado como tal, teniendo en cuenta que la industria pesada es la que permite desarrollar tanto la industria en general en la ciudad como la agricultura en el campo. De este aspecto se deriva el mayor impacto del bloqueo estadounidense.

Además, es de sobra conocido que actualmente los planteamientos sobre la búsqueda de la «rentabilidad económica» o la «descentralización» en la economía, son eslóganes que ya llevan presentando los economistas cubanos desde ni se sabe, y que ni siquiera se diferencian formalmente de los argumentos del revisionismo soviético o chino cuando han introducido reformas económicas similares. Estos eslóganes en realidad ya habían sido puestos en práctica muchas décadas antes, cuando las reformas económicas cubanas de los 70 fueron al son de las introducidas en la Unión Soviética de Leonid Brézhnev:

«El precio del renovado apoyo soviético fue una cierta descentralización de la toma de decisiones económicas y la introducción de una gama limitada de los mecanismos de mercado. Desde el comienzo de los años 70, los dirigentes cubanos trataron de reformar las estructuras económicas y políticas de Cuba para dar cabida al nuevo modelo. (...) Las reformas que siguieron en la primera mitad de la década los 70 en Cuba iban en consonancia con la línea de la Unión Soviética, bajo la cooperación de numerosos asesores soviéticos se reestructuraron los organismos y empresas económicas de Cuba. Una Comisión soviético-cubana se creó en diciembre de 1970 para coordinar el uso de la ayuda soviética, y dos años más tarde, Cuba se convirtió en un miembro de pleno del mercado común del bloque soviético, el CAME –Consejo de Ayuda Mutua Económica–. Un nuevo sistema de gestión económica se estableció progresivamente en los años 70, y estaba en pleno funcionamiento a finales de la década. Se introdujeron un cierto grado de responsabilidad financiera, la rentabilidad, así como la introducción de una amplia gama de incentivos materiales. (...) Fidel Castro no fue parco en sus ataques a la excesiva centralización en la planificación económica los administradores de la empresa se les dio mayor poder de toma de decisiones a nivel de las empresas individuales». (Sebastian Balfour; Castro, 1990)

Otro tema candente sería la cuestión de la entrada de capital extranjero a Cuba. La gente por un desconocimiento –que es del todo normal– cree que esta entrada se produjo en los noventa. Lo cierto es que el flujo de capital extranjero se inició en 1987 redoblando su ya de por sí dependencia económica de terceros países:

«Cuba ha manifestado en varias ocasiones su intereses por atraer inversiones extranjeras y ofrece a los inversores occidentales la oportunidad de participar en empresas conjuntas con el derecho de usar los beneficios y con atracciones tales como una legislación estable y garantías especiales contra la expropiación. Las leyes de inversión extranjera estipulan que el Estado mantiene el 51% del control en la participación». (Economist Intelligence Unit; El perfil del país: Cuba, 1988,1989)

¡Casualmente en el mismo año que la Unión Soviética de Gorbachov abría sus puertas a la creación de empresas mixtas! ¡Pero no señores, los revisionistas cubanos no han virado en torno a lo que decían los revisionistas soviéticos, esta nueva coincidencia es un mal pensar nuestro!

Recuérdese que para la actualización, Cuba si bien no está neocolonizada por el capital estadounidense sí lo está por otros imperialismos:

«A fines del año 2000 habían 392 asociaciones económicas con capital extranjero, ubicadas en su mayor parte en minería, prospección-extracción de petróleo, turismo, industria –ligera, alimentaria y sideromecánica– y construcción. En los últimos años se han incorporado nuevas ramas a la inversión extranjera, entre  las que se encuentran la industria energética, del gas, sector financiero, comercialización de tabacos y la gestión del suministro de agua a la ciudad, también se han aprobado importantes negocios para el desarrollo hotelero, la industria del cemento, la aviación civil e industrias para fabricación de pinturas y omnibus. Los capitales provienen de más de 46 países entre los que se resaltan, España, Canadá, Italia, Inglaterra y Francia. Alrededor del 50 % de los proyectos correspondes a Países de la Unión Europea». (Roberto Villas Bôas y Mário Sanchez; Tecnologías limpias en las industrias extractivas minero-metalúrgica y petrolera, 2006)

De hecho al progresar en este camino Cuba es hoy uno de los destinos preferidos de inversión de las grandes empresas privadas españolas, lo que denota las facilidades que da este régimen revisionista-capitalista a los capitalistas para sus inversiones en cuestión de inversión-riesgo-beneficio:

«España es un año más el país con más representación en la Feria Internacional de La Habana (FIHAV), la cita de negocios más importante que se celebra en la isla, con 132 empresas participantes, cincuenta de ellas agrupadas en el pabellón del Instituto de Comercio Exterior (ICEX). El diplomático subrayó la destacada presencia empresarial española en Cuba, con 220 sucursales establecidas y 32 firmas operando en empresas mixtas en la isla, al tiempo que resaltó la buena marcha del comercio bilateral, que en 2013 alcanzó una cifra récord al rozar un flujo cercano a los 1.000 millones de euros, unos 1.250 millones de dólares al cambio actual». (Agencia Efe; 3 de noviembre de 2014)

Hoy la defensa del revisionismo cubano deja en ridículo todavía más a sus tristes defensores. Los dominados por el falso mito de la «Cuba socialista» nos intentan argumentar que las reformas en Cuba, entre ellas la implementación del «cuentapropista» , la «autogestión» o la masiva entrada de capital extranjero en la economía son reformas «dentro del marco del socialismo» y reformas necesarias: cuando hasta los propios revisionistas cubanos argumentan que es un nuevo modelo económico –queriendo decir que rechazan todos los existentes previos y no se basan en un modelo socialista previo–, ¡y ningún abogado debería contradecir lo que su propio defensor confiesa! 

La verdad de todo esto es que la promoción del cuentapropismo –crear la pequeña propiedad privada y pequeño burgueses– es la receta desesperada capitalista dentro del mismo capitalismo de los regímenes revisionistas que andaban moribundos para intentar salir de los quebraderos de cabeza y pérdidas económicas que le creaban la propiedad capitalista monopolista de Estado en varias de sus ramas económicas por la naturaleza liberal y capitalista de actuación en su base, por ello buscaban el estímulo económico de los pequeño burgueses, véase sino las reformas económicas de János Kádár en Hungría en los 70, la única diferencia es que los revisionistas húngaros no lo llamaban «cuentapropismo». Por supuesto, todo defensor del revisionismo cubano es por extensión un pseudomarxistas defensor de la principal figura de la restauración del capitalismo en Hungría, y seguro que lo saludan como «un gran dirigente comunista» y a sus reformas como «ambiciosas reformas socialistas» pero eso nos da bastante igual, los hechos son los hechos, verdad científica solo hay una, y se quedaran solos defendiendo a estas figuras que han reptado a los pies de las clases explotadoras nacionales e internacionales.

Se puede decir que queda decididamente al descubierto que la pretendida economía «socialista» de Cuba no sólo no está construyendo socialismo sino que está permitiendo el avance del capitalismo extranjero en suelo cubano. Para ser exactos, la apertura descarada al capital extranjero es una técnica en la que todos los revisionismos han concluido; el otorgamiento de poderes a los inversores dentro del manejo de las empresas nacionales o bajo empresas mixtas, y la protección de los inversores bajo leyes a medidas del Estado revisionista deudor, fue un mismo y similar proceso que sufrió China, Vietnam, Polonia o Yugoslavia, en todos los casos fue aplaudido masivamente por la prensa extrajera como un socialismo beneficioso  y «antidogmático», que rompía con los esquemas «stalinistas»; una consigna arduamente recogida por los revisionistas y pseudomarxista de toda laya.

Si por algo no se caracterizó el Partido Comunista de Cuba es por mantener una lucha antirevisionista, no solo porque fuera uno más del bloque revisionista soviético, sino porque tampoco sabía refutar las teorías de otras corrientes antimarxistas. No intentaron ni tenían intención de explicar al proletariado mundial el peligro de otro tipo de revisionismos, como pudiera ser el revisionismo eurocomunista o trotskista. Lo cierto es que el revisionismo cubano siempre se ha limitado o bien a ignorar o bien a aplaudir a los distintos revisionistas. Ignorar, porque como decimos no ha tenido suficiente nivel teórico para criticar nada, o aplaudir, porque si el revisionismo que tenía en frente era favorable a su régimen o era simplemente prosoviético lo aplaudía si así se lo exigía el campo revisionista soviético.

En la actualidad esto se demuestra cuando ni siquiera son capaces de desmontar teóricamente al «socialismo del siglo XXI»; ¡es más, lejos de repudiarlo lo consideran como el heredero de sus luchas! Así se expresa uno de los más influyentes revisionistas cubanos, el antistalinista Armando Enrique Hart Dávalos, en el diario cubano «Granma»:

«Desde el balcón del Palacio de Miraflores, celebrando la contundente victoria electoral, Hugo Chávez Frías proclamó que los que habían votado por él lo habían hecho por el socialismo. También Chávez ha señalado la necesidad de avanzar hacia el socialismo del siglo XXI, un socialismo autóctono fundado en las realidades de nuestro tiempo y de nuestros pueblos. Va quedando atrás, para siempre, el «socialismo» del siglo XX europeo, aquel vencido «socialismo real» que no lo fue porque, precisamente, no fue socialismo. Recojamos las enseñanzas que de ello se derivan». (Armando Enrique Hart Dávalos; El «socialismo del siglo XXI», 8 de septiembre del 2007)

En lo referente al revisionismo soviético: precisamente Fidel Castro, y el Partido Comunista de Cuba, permitieron que Cuba se adhiriera a las teóricas revisionistas de los soviéticos de la «división socialista internacional del trabajo», la teoría imperialista de la «soberanía limitada» o la teoría de que en la revolución socialista el papel y asistencia del exterior es primordial, con fatídicas consecuencias para Cuba. Con la aceptación de estas teorías Cuba se convirtió en un Estado capitalista de tipo revisionista completamente subordinado al revisionismo soviético de Nikita Jruschov, Leonid Brézhnev y sucesores, como se comprenderá poca crítica iba a existir al revisionismo soviético, la verdad es que incluso cuando la propia Unión Soviética se derrumbó los líderes cubanos siguieron defendiendo a sus más pérfidas figuras:

«Tomas Borge: Usted hace poco dijo, no refiriéndose al socialismo en general sino al caso específico de la Unión Soviética, que había sido asesinada por la espalda. Le pregunto: en esta conjura de los puñales blancos, entre los asesinos de la Unión Soviética ¿está Mijaíl Gorbachov?

Fidel Castro: No, no podría calificar a Gorbachov de esa forma, porque tengo otro concepto de Gorbachov y no el concepto de un asesino que premeditó la destrucción de la Unión Soviética. (...) No puedo decir que Gorbachov haya realizado un papel consciente en la destrucción de la Unión Soviética, porque no tengo duda de que Gorbachov tenía la intención de lucha por un perfeccionamiento del socialismo [¿De qué socialismo habla? Se referirá en todo caso al capitalismo monopolista de Estado de la época post-brezhneviana de los 80 cuando llegó Gorbachov? - Anotación de Bitácora (M-L)], no tengo ninguna duda de eso; hablé con él; lo conocí, conversé con él varias veces y llegué a conocer un poco al hombre». (Tomás Borge; Un grano de Maíz, Entrevista a Fidel Castro, 1992)

Por supuesto, podríamos publicar miles de frases de Fidel Castro y el revisionismo cubano alabando a todos y cada uno de los líderes revisionistas soviéticos y del resto de países revisionistas desde los años 60 hasta hoy, pero no es necesario, creemos que al ver esta opinión sobre Gorbachov, los lectores pueden darnos un voto de confianza para creer que Fidel Castro alabó a Lê Duẩn, Jaruzelski, Mengistu, Kim Il Sung, Kádár, Neto, y cualquier otro líder en que confiara el socialimperialismo soviético.

Lo cierto es que el partido y Estado cubano siempre se ha subordinado a saludar a los distintos revisionismos por idéntico motivo: necesidad económica, simpatía entre revisionistas, exigencia de terceros o simple desconocimiento.

En el pasado esa sumisión y subordinación a los revisionismos mayores que se expresó en el encuadre dentro de la teoría de la «división socialista internacional del trabajo» desarrollada por el socialimperialismo soviético; y que significó que su economía jamás desarrollaría su industria pesada –pilar fundamental de la economía política marxista-leninista para lograr la autosuficiencia–, preponderando en cambio tanto la industria ligera como la agricultura, y dedicándose a la importación de medios de producción, en consecuencia creando dependencia del exterior, e incluyendo virar las reformas económicas cubanas de los 60 y 70 en conexión a las que se producían en la Unión Soviética revisionista-capitalista. Al mismo tiempo; estos erráticos desarrollos económicos hacen que cuando se da el colapso del campo revisionista soviética en los noventa pierda a los principales países que le dotaban de industria y tecnología, y así mismo los principales compradores de sus productos lo que llevó al agotamiento de su economía; y debido a que nunca buscó su autosuficiencia económica, como es regla en el socialismo, su economía se vio profundamente afectada por el bloqueo del imperialismo estadounidense. Por supuesto, el revisionismo cubano hoy carece de las fuerzas necesarias para criticar al que ahora resulta uno de sus pocos apoyos económicos, Rusia y sobre todo China, sabedor que de otro modo, denunciando su política antimarxista, los revisionistas chinos le cerrarían el «grifo de la asistencia»:

«Para cumplir ese propósito, afirmaron, China ya ha escogido su propia senda del desarrollo: el socialismo con peculiaridades chinas, en armonía con la naturaleza, con sus vecinos y con el mundo. (...) China ha adecuado con éxito las reglas del mercado a sus condiciones y necesidades concretas, sin abandonar el imperativo socialista de que nadie debe quedarse atrás». (Granma;  Claudia Fonseca Sosa; China y la materialización de un sueño, 26 de junio del 2014)

Como vemos la mezcla es llamativa; el revisionismo cubano acepta y defiende las desviaciones del revisionismo soviético, del revisionismo chino, y en la actualidad las del revisionismo del «socialismo del siglo XXI», etc. Es verdaderamente triste que los representantes de un supuesto partido de corte «marxista-leninista» en el poder –al menos en lo teórico–, no sólo no denuncien a estos enemigos del marxismo sino que lo colman de elogios; y que nosotros, humildes autodidactas, tengamos que realizar este esfuerzo material en exponer punto por punto las debilidades de todos estos revisionismos que el revisionismo cubano no ha querido exponer.

En cuanto a lucha en el campo ideológico, es comprensible que el revisionismo cubano no puede hablar de esto, no ha llevado a cabo una revolución proletaria, ya que no solo se parte del hecho de que no ha conformado un partido basado en el marxismo-leninismo desde el que conducir un proceso socialista e influir «sanos gustos» –proletarios–, costumbres e ideas en la conciencia de sus constructores, sino que lejos de todo eso no han hecho ningún esfuerzo por establecer el realismo socialismo como elemento clave de la cultura proletaria al cual califican de «dogma stalinista», tampoco se han propuesto acabar por ejemplo con las concepciones reaccionarias religiosas de la población, lejos de eso incluso lo han estimulado, y han utilizado las tesis titoistas, maoístas, eurocomunistas y juches de que no existe contradicción entre el materialismo-dialéctico y el idealismo religioso, ¡que es más, que son compatibles!, y que en este caso entre ser  «marxista-leninista y ser cristiano» es algo de lo más normal, que es posible. Este pensamiento en el campo de la lucha ideológica influiría profundamente en otras organizaciones como la argelina Frente de Liberación Nacional ó el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua. Actualmente sobra decir que los socialistas revisionistas del «socialismo del siglo XXI» copian tal postura oportunista.

Estos hechos dan respuesta a todas estas preguntas iniciales, pero de forma más resumida sería así: es indiscutible de que los revisionistas cubanos nunca construyeron un partido marxista-leninista, nunca colocaron a su economía en el camino socialista, nunca criticaron ni denunciaron al revisionismo soviético, ni siquiera al de Mijaíl Gorbachov. Es tiempo de que los marxista-leninistas –aquellos que pretendan serlo– se den cuenta de que Fidel Castro no es un pesador marxista-leninista, de hecho se convirtió en gramófono del socialimperialismo soviético, adoptaba sus teorías y cubría todas sus acciones internacionales a la vez que ha apoyado otras teorías imperialistas-revisionistas como el llamado no alineamiento y no ha desarrollado una revolución cultural, ni siquiera ha promovido el «ateísmo científico» inherente al materialismo dialéctico en su partido.

Por tanto, cuando los Tomas Borge, Carlos Fonseca Terán, Daniel Ortega, Hugo Chávez, Nicolás Maduro y similares, han querido hacerse pasar como «discípulos del castrismo-guevarismo» y «alumnos brillantes de la escuela cubana», no podemos más que asentir y reconocerles el diploma en dicha escuela teórica revisionista que tantos años lleva operando en Latinoamérica; pero jamás reconoceremos, a ellos o a sus mentores, como marxista-leninistas.

En cualquier caso, hemos de reconocer que la revolución cubana ha alcanzado notables logros y desarrollos en materia de salud y educación comparados con países capitalistas de su región o comparando con países capitalistas más desarrollados; pero estos logros están aislados de un auténtico desarrollo económico-político marxista-leninista y no significan socialismo, ya que de hacerlo tendríamos que considerar los grandes logros sociales de Suecia por ejemplo, u otro país, como socialismo. Que se desprende de esto, que el apoyo de todo marxista-leninista a Cuba debe de ser objetivo y estar provisto de la adecuada crítica, en tanto se ha de evitar el sentimentalismo que ha caracterizado a tal ejercicio.

Vincent Gouysse desmontó de forma clara los mitos que durante mucho tiempo los prorevisionistas cubanos han vertido sobre el tema de los logros sociales:

«Nos parece esencia aquí empezar con una digresión sobre los términos tan distorsionados como son las palabras «izquierda» y «socialismo». Para todo socialdemócrata como para todo revisionista y para todo pequeño burgués, estas palabras definen no una sociedad donde es abolida la esclavitud asalariada, sino una sociedad donde el bienestar material es asegurado a todos o casi todos y donde es garantizado una cierta seguridad sobre el plan social y de empleo. Para un no marxista se representa el socialismo como un simple asunto de redistribución de las riquezas o se manifiesta por la baja pobreza o de desigualdades, el socialismo es para él un índice de progresismos. Lo mismo que un pequeño burgués contempla los «logros sociales» solo en el estrecho marco nacional de su país, haciendo caso omiso del lugar que ocupan las relaciones de producción. Para todos aquellos que se horrorizaron por el análisis de las relaciones de producción, para aquellos que están tentados de continuar clamando que «a pesar de todo» es decir a pesar de la existencia de una burguesía monopolista de Estado, los países revisionistas permanecieron como países «socialistas», «más igualitarios», tomemos en serio sus enfoques por un momento. Si tomamos como indicador de socialismo el criterio de distribución menos desigual de la riqueza, solo tenemos que comparar a los países bajo el coeficiente de Gini. El coeficiente de Gini indica en qué medida se da la distribución del ingreso de los hogares y como se apartan de una igualdad perfecta. Varía de 0 a 100, presentando 0 la igualdad perfecta y 100 la desigualdad máxima. (...) En 2005 el indicie de Gini daba un 67 a la media mundial. Países como Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca poseen actualmente las disparidades más reducidas de renta, materializándose en un coeficiente superior a 20 pero inferior a 30 en tal índice». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Por eso, tras dar datos sobre el coeficiente de Gini en distintos países y donde Cuba obtiene un 41, diría irónicamente:

«De este cuadro, deberíamos concluir que Dinamarca es «la más socialista» de países presentados. Alemania sería «más socialista» que Francia, Cuba, Vietnam y China. ¡Rusia y la India serían «menos socialistas» que Albania, pero más que Cuba, China y los Estados Unidos! ¡Por fin, México sería «más socialista» que Brasil! Esto va en contra de muchos clichés que crea la burguesía: interpelamos a advertir a los admiradores del castrismo que la Rusia de Putin sería más socialista que Cuba. Estos indicios son pues, insuficientes para que se pueda hablar de socialismo». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007) (Equipo de Bitácora (M-L)El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

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