sábado, 6 de septiembre de 2014

La federación eslava del sur y la cuestión macedonia; Georgi Dimitrov, 1948

El siguiente capítulo del informe de Georgi Dimitrov al Vº Congreso del Partido Obrero (comunista) Búlgaro, pronunciado el 15 de diciembre de 1948, se centra en la denuncia principal de los planes titoistas respecto a Bulgaria, en concreto de la famosa federación eslava del sur –un proyecto ya vislumbrado por la Komintern– y la cuestión de las minorías entre Yugoslavia y Bulgaria. Este extracto, es una nueva constatación de que la política burguesa chovinista y agresiva de los líderes titoistas yugoslavos, no tocó de lleno sólo a la pequeña Albania de Enver Hoxha, sino que influyó como denunciaron en su día a la Grecia de Nikos Zachariadis, a la Hungría de Mátyás Rákosi, o como veremos ahora, a la vecina Bulgaria de Georgi Dimitrov.

Las reivindicaciones de Bulgaria eran las normales, respecto a las fronteras y las minorías en cada país: la restitución de una zona con mayoría búlgara –de Tracia Occidental– para Bulgaria, y la restitución de la zona de mayoría de macedonios –Macedonia Pirin– a Yugoslavia, además, se tenía como intención hacer esta redefinición de territorios de estas dos repúblicas, bajo una federación, dónde como decimos, pese a ser una federación, cada república, tendría ahora ajustado el tema de las fronteras y las minorías. Yugoslavia finalmente no aceptó estos términos y pediría la incursión del territorio de Macedonia Pirin en Yugoslavia como requisito previo a la federación, algo a lo que los búlgaros obviamente se negaron. La propaganda antibúlgara en dichos territorios en disputa se intensificó, algo muy utilizado por los titoistas para agitar las diferencias étnicas y alcanzar mejor sus objetivos:

«El movimiento democrático-popular de nuestro país no tiene, desde el momento de la primera ocupación, ni ha conocido un enemigo tan astuto y repugnante como la camarilla de Tito. El chovinismo Gran Serbio de los titoistas en relación con el movimiento de resistencia en Grecia se puso de manifiesto ya en 1943, cuando la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia declaró que el pueblo de la Macedonia Egea –macedonios en tierra griega– sólo podían ganar su liberación en el marco de Yugoslavia. (...) En diciembre de 1944 Tito, que soñaba con arrebatar Salónica de la Grecia democrático-popular, no hizo nada para ayudarnos a luchar contra los británicos, a pesar de todas sus declaraciones pomposas anteriores. En todo caso, lo que sí hizo fue intensificar su campaña de calumnias contra el Partido Comunista de Grecia, especialmente en la Macedonia Egea. (...) Tito organizó la emigración masiva de los macedonios a Yugoslavia privando así a la Macedonia Egea de su población macedonia. Por cierto, los griegos monarco-fascistas han estado tratando de hacer lo mismo desde hace muchos años, con la esperanza de cambiar la composición étnica de la Macedonia Egea. Por otra parte, los titoistas están tratando de reclutar a agentes de estos refugiados que, después de la formación necesaria se envían a Grecia para operar contra el Partido Comunista de Grecia, el Frente de Liberación Nacional y el movimiento revolucionario de nuestro pueblo». (Nikos Zachariadis; La puñalada de Tito en la espalda de la democracia popular griega, 1 de agosto, 1949)

En especial este capítulo, fue censurado en las ediciones posteriores del presente informe Georgi Dimitrov. A partir de mediados de los 50, a los seguidores del revisionista Todor Zhivkov, ahora reconciliado con Tito, por influjo de Nikita Jruschov, les suponía un problema este tipo de denuncias de Georgi Dimitrov sobre el cariz y verdadero carácter de Tito. Hoy día, los autodenominados comunistas que se consideran dimitrovistas, zhivkovistas, titoistas, e incluso también stalinistas –el eclecticismo es una de las marcas de los revisionistas–, también se esfuerzan por esconder este tipo de textos, o de aminorar su contenido. Este capítulo concreto, ayudará a muchos marxista-leninistas a desmontar muchos mitos sobre la famosa federación eslava del sur que se intentó gestar a inicios de los 40, y sobre todo de la posición búlgara, ampliamente distorsionada en la historiografía burguesa por la propaganda de los revisionistas yugoslavos y búlgaros a la muerte de Georgi Dimitrov.

Para entender mejor la lucha de Georgi Dimitrov contra el revisionismo yugoslavo, véase el artículo de Vulko Chervenkov: «Georgi Dimitrov y la lucha contra el titoismo en Bulgaria» de 1950.

El documento:



«La traición del grupo de Tito hacia la Unión Soviética y al unido campo antiimperialista democrático, su inequívoco antimarxista y nacionalista alineamiento condenado por la Kominform y respaldado por todos los partidos comunistas y todas las verdaderas organizaciones democráticas, encontraron su expresión en su actitud hacia la federación eslava del sur y la cuestión macedonia.

Con el derrocamiento de la dictadura fascista en Bulgaria el 9 de septiembre de 1944, y el establecimiento en Bulgaria y Yugoslavia de un régimen democrático-popular bajo los liderazgos de los respectivos partidos comunistas crearon condiciones muy favorables para un establecimiento racional y democrático de la cuestión macedonia.

En las condiciones locales e internacionales recién creadas, los intereses vitales de los pueblos búlgaros y yugoslavos exigieron que ambas naciones buscaran el acercamiento más precoz que rápidamente condujera a su unificación económica y política –al establecimiento de una federación de eslavos del sur–. Tal federación, firmemente basada en la amistad con la Unión Soviética y en colaboración fraternal con otras nuevas democracias, satisfactoriamente podría haber defendido la libertad y la independencia de sus pueblos, asegurando su apropiado desarrollo hacia el socialismo. Dentro del marco de tal federación, allí satisfactoriamente se habrían solucionado todos los viejos problemas no resueltos dejados por los regímenes burgueses monárquicos en lo que concernía a la unificación de todos los macedonios del distrito Pirin con la República Popular de Macedonia en Yugoslavia, así como la vuelta a Bulgaria de la zona fronteriza Occidental puramente búlgara que Yugoslavia bajo reinado del Rey Alexander había arrebatado a Bulgaria después de la Primera Guerra Mundial –ratificado con el Tratado de Neuilly-sur-Seine de 1919–.

Nuestro partido firmemente escogió aquel curso, confiaba en la palabra de los comunistas yugoslavos a quienes nosotros mismos fuimos atados por el trabajo común y la asociación que cubrió un período de muchos años. Y esa sigue siendo la postura actual de nuestro partido. Pero los líderes nacionalistas de Yugoslavia abandonaron este único camino correcto. Después de que los dos gobiernos habían estado de acuerdo sobre una serie de medidas que se relacionan con el establecimiento próximo de la federación, el Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia informó a nuestro partido en marzo de 1948 que había cambiado de opinión, que nosotros no deberíamos apresurarnos en cuanto a la federación, y que rechazaban hablar de la materia más adelante. Lo curioso, es que al mismo tiempo, los líderes yugoslavos ponían como tarea central la transformación del distrito Pirin –en Bulgaria– en una región autónoma, con la idea de su próxima inclusión en Yugoslavia independientemente de la comprensión existente sobre la creación de una federación entre el Estado búlgaro y el Estado yugoslavo.

Evidentemente este cambio de parecer en Tito y su grupo estaba íntimamente ligado con su traición al marxismo-leninismo. Este grupo está patinando por el camino resbaladizo del nacionalismo y hoy toma la misma posición como en su día los chovinistas serbios solían hacer cuando luchaban por la hegemonía en los Balcanes y tentaban la anexión de Macedonia a Serbia y Yugoslavia.

Las revelaciones hechas y las tramas destapadas en el Iº Congreso del Partido Comunista de Albania –celebrado en noviembre de 1948–, pone de relieve una vez más las intenciones agresivas de Tito y su grupo, siendo esta vez Albania su objetivo y el marco donde resale su política hipócrita, su rancio nacionalismo y la muestra definitiva que se aleja del frente unido con la Unión Soviética y las demás democracias populares.

Antaño existían dos alternativas para la solución de la cuestión macedonia, que durante décadas estuvo en el centro de rivalidades balcánicas y sus guerras:

1. Una revolución democrática para la liberación de Macedonia del yugo turco. Este camino fue escogido por la Organización Interna Macedonia Revolucionaria –IMRO– de –Gotse Delchev, Sandansky y otros– así como por la Unión Socialdemócrata Revolucionaria de Macedonia –de Hadji Dirnov, Nicola Larez y otros–. Estas organizaciones macedonias disfrutaron del pleno apoyo de nuestro partido, muchos de cuyos miembros eran luchadores activos en el movimiento macedonio revolucionario.

2. El camino burgués nacionalista, pretendía la liberación de Macedonia del yugo turco por una guerra, y su anexión por uno o varios países de los Balcanes. Nuestro partido siempre se opuso firmemente al nacionalismo militar burgués y ha luchado categóricamente contra los proyectos de las monarquías balcánicas y las camarillas burguesas capitalistas que quisieron esclavizar y repartir Macedonia.

La segunda alternativa prevaleció, conduciendo a las dos guerras balcánicas –de 1912 a 1913–. Macedonia fue liberada del yugo turco, pero repartida entre Serbia, Grecia y Bulgaria.

Ante el peligro creciente de una agresión de los imperialistas sobre los Balcanes, los partidos balcánicos socialistas levantaron el lema de una federación balcánica democrática. Unidos en una poderosa federación, los pueblos balcánicos pudieron haber defendido más fácilmente su libertad e independencia contra cualquier movimiento agresivo que partiera de las fuerzas imperialistas extranjeras. Al mismo tiempo, la federación habría ayudado a solucionar todas las cuestiones nacionales de los Balcanes, incluyendo la de Macedonia. Dentro de una federación balcánica democrática, Macedonia, dividida en tres partes, podría haberse unido como un Estado con igualdad de derechos.

¿Cuál era la esencia del gran chovinismo búlgaro de la monarquía y burguesía búlgara?

Este consistió, primero, en una tentativa de ganar la hegemonía en los Balcanes y, segundo, en una tentativa de incorporar a Macedonia en el Estado búlgaro. Esta política, que durante la Segunda Guerra Mundial fue realizada bajo la tutela y aprobación de la Alemania nazi, era de hecho una política traidora, ocultaba las tentativas de la Alemania nazi de convertir la presunta «gran Bulgaria» en una colonia alemana.

Después de la revolución socialista de octubre de 1917, y el acceso de los partidos balcánicos socialistas al Komintern, la federación balcánica socialista se hizo una federación balcánica comunista, en la cual nuestro partido jugó un papel muy activo. La federación balcánica comunista vio la solución de todos los problemas balcánicos incluyendo el de Macedonia, en la creación de una federación balcánica democrática, capaz de defender la libertad y la independencia de todos los pueblos balcánicos.

Nuestro partido así, dio un soporte correcto y consagrado sobre la cuestión balcánica en general y también ofreció una solución realmente democrática de la cuestión Macedonia. El lema para realizar una república balcánica federativa estaba en la conformidad completa con las enseñanzas del marxismo-leninismo sobre el problema nacional.

He aquí lo que decía Lenin al respecto en 1912:

«Los trabajadores con conciencia de clase de los países balcánicos son los primeros en proponer el lema de una solución coherentemente democrática al problema nacional de los Balcanes. Aquel lema pide una república federal balcánica. La debilidad de las clases democráticas en los países de los Balcanes actuales –donde el proletariado es pequeño en número y el campesinado es  aún oprimido, desunido y analfabeto– ha dado como resultado una alianza económicamente y políticamente indispensable entre monarquías balcánicas». (7) (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Un nuevo capítulo en la historia del Mundo, 1912)

Antes de la Segunda Guerra Mundial había crecido un poderoso y progresista movimiento macedonio en Bulgaria que abogaba por la autodeterminación de los macedonios como una nación libre. Este movimiento fue totalmente apoyado por nuestro partido, que durante la guerra, trabajó en pleno acuerdo con los comunistas macedonios. Los partisanos búlgaros lucharon hombro con hombro con los partisanos macedonios contra las fuerzas de ocupación alemanas estacionadas en Bulgaria. Nuestro partido calurosamente dio la bienvenida al establecimiento de la República Popular Macedonia, dentro de la República Federativa Popular de Yugoslavia.

Todo el mundo debe conocer que nuestro partido hizo grandes sacrificios en la lucha para la defensa del derecho de los macedonios a la autodeterminación, y contra la agresiva política chovinista de la burguesía búlgara.

Tras el Acuerdo de Bled –de agosto de 1947–, y con el fin de ayudar a impulsar el proceso de la futura unificación de las regiones de Macedonia de ambos países, nuestro partido legitimó la introducción de la lengua oficial macedonia como asignatura obligatoria en todas las escuelas del distrito de Pirin, y admitió a muchos profesores macedonios de Skopie como instructores, así como que bibliotecarios macedonios hicieran circular libros macedonios. Esta fue una prueba de que nuestro partido sintió la mayor simpatía posible por la unificación del pueblo macedonio.

Pero los líderes de Belgrado y Skopie nos traicionaron a pesar de las nobles intenciones de nuestro partido. La mayor parte de los profesores y bibliotecarios enviados de Skopie, claramente bajo instrucciones de sus líderes yugoslavos, se hicieron agentes propagandísticos del gran chovinismo yugoslavo, por lo que difundieron constantemente propaganda antibúlgara; y más tarde, después de la traición del grupo de Tito hacia la propia Unión Soviética y el campo antiimperialista entero, estos mismos salieron abiertamente como agentes antisoviéticos.

Lo que los agentes de Kulishevsky hicieron en el distrito de Pirin no era más que un reflejo de lo que había sucedido ya dentro de la República Popular de Macedonia –en Yugoslavia–. Bajo el pretexto de la lucha contra gran chovinismo búlgaro y con la ayuda del aparato del Estado y todas las demás organizaciones públicas –políticas y culturales–, se llevó a cabo una sistemática campaña contra todo búlgaro, contra el pueblo búlgaro, su cultura, su democracia popular, la política de su Frente de la Patria y especialmente contra nuestro partido. No hay libros o periódicos búlgaros en dicha región, ni siquiera el «Rabotnichesko Delo» se permite en la República Popular de Macedonia. Todas las inscripciones en búlgaro de los edificios de vieja escuela así como otros monumentos fueron borradas meticulosamente. Nombres familiares, como por ejemplo Kulishev, Uzunov, Tsvetkov y otros, se convirtieron, como sabemos, en Kulishevsky, Uztunovsky, Tsvetkovsky, por lo que así no tendrían ya nada en común con los nombres búlgaros.

Los funcionarios públicos en la República Popular de Macedonia  tenían el descaro de hacer declaraciones insidiosas dirigidas contra los búlgaros y contra Bulgaria. En su discurso, entregado el 23 de marzo de 1948 ante el IIº Congreso del Frente Popular de los macedonios, Kulishevsky calumniosamente acusó sin ningún reparo a nuestro país y a nuestra autoridad popular de oprimir la población macedonia en el distrito Pirin.

El discurso provocativo de Kulishevsky fue reproducido con impaciencia por los periódicos, agencias de noticias y radio, de los imperialistas anglo-estadounidenses, que utilizaron dicha acusación gratuita de los yugoslavos para lanzar una dañina campaña contra la República Popular de Bulgaria y sobre todo para evitar la unificación de los macedonios.

El punto principal en los ataques contra las democracias populares hechas en julio de 1948 durante el Vº Congreso del Partido Comunista de Yugoslavia celebrado en Belgrado, fue dirigido contra nuestra nación. En sus discursos Tito, Djilas, Tempo, Kulishevsky, y Vlahov escupieron su veneno chovinista contra Bulgaria apuntando siempre concretamente y para que no hubiera dudas contra nuestro partido, cuyo defecto, según les parece, es nuestro rechazo de dejarles que se apoderen del distrito Pirin y que condenemos su traición. El general Tempo en un arrebato fue tan lejos en su autoengaño chovinista como para llegar a burlarse de la lucha antifascista del pueblo búlgaro y su movimiento partisano, aunque cada uno de los implicados en esta pugna sepa que nuestros partisanos lucharon juntos y de modo fraternal con partisanos yugoslavos, y es más, es de saber común también que nuestro ejército jugó parte activa bajo el mando del Marshal Tolbukhin en la guerra para la liberación final de Yugoslavia.

Hacia el final de septiembre de 1948 el primer ministro de la República Popular Serbia, Peter Stambolich desafió públicamente al difamar a nuestro país en la Skupstina de Belgrado, alegando que responsables políticos búlgaros extendían propaganda contra la integridad territorial de Yugoslavia y su soberanía.

Para nosotros estaba claro que tales difamaciones pueden tener sólo un objetivo: enojar a los pueblos yugoslavos contra el pueblo búlgaro, crear un abismo entre los dos pueblos vecinos y proporcionar propaganda gratuita a los imperialistas que se usaría como arma para amontonar un nuevo cúmulo de mentiras y difamaciones sobre Bulgaria.

A finales de noviembre de 1948 se realizó un juicio en Skopie para juzgar a ciertos fascistas búlgaros, agentes de policía y otros criminales de guerra que habían cometido atrocidades durante la ocupación de Macedonia. Este juicio, sin embargo, fue convertido en una viciosa campaña chovinista contra los búlgaros y contra nuestro país. El fiscal, los jueces y los propios criminales fascistas acusados estaban de acuerdo en difamar el buen nombre de nuestro país.

La política nacionalista y chovinista de Tito y Kulishevsky, que no es sino el otro lado de la moneda de su ya vista alineación antisoviética, no sólo es dirigida contra Bulgaria y los búlgaros, sino también contra los macedonios. Esta política ha tomado prestado los métodos de los nacionalistas búlgaros y serbios, la cual siembra el odio entre los macedonios, incitando a una parte contra la otra, recurriendo al terror y la persecución contra los que desaprueban del curso oficial de los presentes líderes yugoslavos. De este modo la realización del sueño histórico de los macedonios –su unificación nacional–, está siendo artificialmente retrasada.

La gente del distrito Pirin, sin embargo, rechaza enamorarse de esta propaganda antibúlgara que pretende quebrantar la unidad entre macedonios. Ellos se oponen a la inclusión de su tierra en Yugoslavia antes de la realización de una federación entre Yugoslavia y Bulgaria, porque a partir de tiempos inmemoriales ellos se han considerado económicamente, políticamente y culturalmente atados a los búlgaros y no desean por el momento que esto cambie. Además, entre ellos están todavía vivas las tradiciones del movimiento macedonio revolucionario y, en particular, de su ala en Serres, encabezada por Yane Sandansky, que siempre abogaba por la federación como la única solución correcta a la famosa cuestión macedonia.

Sabemos muy bien que la política nacionalista y chovinista de los líderes de Belgrado y Skopie del estilo de Tito y Kulishevsky no tienen la aprobación de la mayoría de los macedonios, que por el contrario están convencidos de que su unificación nacional será solventada bajo una comprensión entre Yugoslavia y Bulgaria, en la cooperación con estos pueblos y con la ayuda poderosa de la Unión Soviética.

Nuestro partido siempre decía y sigue diciendo que Macedonia debería pertenecer a los macedonios. Las increíbles tradiciones de los revolucionarios macedonios, juntos con todos los patriotas honestos macedonios, profundamente nos convence de que los macedonios traducirán su unidad nacional en una realidad y que asegurarán su futuro como una nación libre con la igualdad de derechos sólo dentro del marco de una federación eslava del sur.

En el pasado, la unificación de los eslavos del sur siempre encontraba la resistencia obstinada de imperialismo alemán. Hoy los nuevos pretendientes para la dominación mundial –los imperialistas estadounidenses y británicos– se oponen a la unificación y fusión de los eslavos del sur. Lo lamentable es que para su fortuna, ellos han encontrado a los más firmes colaboradores en esta labor en los presentes líderes yugoslavos.

Asegurado el apoyo de la Unión Soviética, de las democracias populares y de las fuerzas mundiales democráticas, los eslavos del sur serán capaces de romper la oposición de los imperialistas y realizarán su unidad sumamente necesaria. El obstáculo principal a la federación de los eslavos del sur es hoy el liderazgo nacionalista en Belgrado y Skopie, la gente como Tito, Djilas, Kulishevsky, Vlahov, y similares traidores al marxismo-leninismo. Pero la historia marcha inapelable y apartará todo lo que no esté a favor del camino de progreso. La causa de la unificación de los eslavos del sur, incluyendo a los macedonios, triunfará.
15 de diciembre, 1948

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