«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 4 de octubre de 2015

La no comprensión del cambio cualitativo tras el fin del somocismo, el punto del orden del día y la reorganización de las alianzas para avanzar al socialismo


«En este punto cabe responder a la pregunta formulada por otros actores y que no ha sido respondida satisfactoriamente, dejando de hecho la respuestas casi enteramente en órbita del azar, la casualidad, e incluso a la suerte: ¿cómo es que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) alcanza el triunfo sobre una fuerza técnica y materialmente superior, cuando ni siquiera se trataba de la guerrilla mejor organizada de la región? Sencillamente el FSLN hizo una lectura correcta del momento histórico, supo dar lectura a las convergencias de las condiciones objetivas y subjetivas y atraer a las masas a un proceso que debido a la necesidad de emancipación se tornó en irreversible a pesar de los costos humanos y materiales. Desde el punto de vista de la táctica; el triunfo se dio gracias a que la lucha se libro en todos los frentes: militar, propagandístico, social, internacional, económico, diplomático, etc.; y la insurrección empujaría las fichas del dominó que llevaron a la fractura total de la Guardia Nacional Somocista aún cuando estaba plenamente operativa, considerando que nunca se enfrentó a una guerra de desgaste que diezmara sus filas.

Inmediatamente tras el triunfo, el FSLN por el carácter de frente multiclasista y disperso ya referido, no llega a comprender que la lucha de clases ha dado un salto cualitativo, y que ya la lucha no se ubica entre somocistas proimperialistas contra antisomocistas «antiimperialistas». Es decir, la fisonomía de las fuerzas progresistas del país cambian con el triunfo, y la burguesía nacionalista deja de jugar todo rol revolucionario, en tanto ya no se le puede considerar aliada estratégica en esta nueva etapa en donde el enfrentamiento habría de desarrollarse entre explotados –obrero y campesinos– y explotadores –burguesía en general–, entre iniciar la construcción de un régimen de democracia popular socialista hegemonizado por el proletariado o hacia un régimen de democracia liberal capitalista hegemonizado por la burguesía.

Esto no quiere decir que lo ocurrido respondiera a un mero error de apreciación del momento histórico como ya hemos venido demostrando, sino y dadas las características burguesas y pequeño burguesas de la dirigencia, y a la ideología revisionista dominante en ella, la democracia burguesa era el único desenlace posible debido a que sus intereses de clases eran completamente diferentes a los intereses de la clase obrera y el resto de las clases trabajadoras; pues como ya expresamos el FSLN no podía reflejar los intereses de clases de obreros y campesinos trabajadores pues era una organización en la que cohabitaban explotadores con explotados y variadas ideologías. Sin lugar a dudas, esta desviación responde a la influencia del revisionismo chino muy presente en la estructura partidaria, en las tendencias, y en los miembros de éstas.

Jim Washington resume de esta manera la cuestión de la burguesía nacional y las relaciones que los comunistas deben mantener frente a ella:

«La razón por la que la Komintern consideró que era posible establecer acuerdos con los sectores de la burguesía en los países coloniales y semicoloniales era porque ciertos sectores de ella –la llamada comúnmente burguesía nacional–, en general, apoyaban al movimiento nacional. Por otro lado la misma razón de que estas alianzas fueran temporales y condicionadas era por la tendencia al compromiso y al reformismo de este mismo sector. Ellos no apoyarán la continuación de la revolución democrático-nacional hasta el final, esto significa que para lograr una ruptura total con el imperialismo sólo se puede tomando la senda del socialismo. Mientras el proletariado no establezca la dictadura del proletariado y se embarque en el socialismo, la burguesía «nacional» buscará por todos los medios establecer la dictadura burguesa, y buscará también consolidar las relaciones capitalistas e incluso manteniendo la dependencia del imperialismo para ello. Mientras los sectores de la burguesía nacional juegan un rol positivo durante la etapa democrático-nacional, ésta se rebelará contra la revolución, y el proletariado en alianza con el campesinado deberá continuar por el camino que la burguesía no quiso seguir. Las relaciones que fueron calificadas en un momento como alianzas, en ese momento serán transformadas en relaciones antagónicas desarrollándose una seria lucha a vida o muerte. El proletariado solo establece acuerdos temporales con la burguesía cuando esta puede ayudarle a lograr sus objetivos como en este caso con el movimiento nacional de liberación. Si el proletariado ve que es capaz perfectamente de derrotar al imperialismo y al feudalismo sin la necesidad de aliarse con la burguesía nacional, seguramente lo hará de ese modo, ya que de todos modos el objetivo final frente a la burguesía nacional siempre será el de aniquilarla como clase. Pero por otro lado, si el proletariado falla en establecer los compromisos y alianzas necesarios con la burguesía, puede quedarse aislado de sus aliados a largo plazo quedando rodeado por las clases explotadas, la revolución democrático-nacional podrá entonces ser rota, y los esfuerzos del proletariado para establecer su dominio pueden ser rotos por la reacción local y extranjera». (Jim Washington; El socialismo no se puede construir en alianza con la burguesía, 1980)

Vincent Gouysse nos daría en una de sus obras una brillante reflexión sobre los dos axiomas generales que hay que aplicar para que en todas las revoluciones desarrolladas en países dependientes sean tránsito al socialismo:

«La transformación de revolución anticolonial en verdadera revolución antiimperialista y revolución socialista, por tanto, requiere de varios factores: 1) en primer lugar la existencia de un partido comunista marxista-leninista capaz de movilizar a los trabajadores de la ciudad y el campo contra el poder imperialista comprador sin transferir la dirección de la lucha a la burguesía nacional interesada en el derrocamiento de los capitalistas y terratenientes compradores; 2) después, que el partido llegue a demostrar que las aspiraciones democráticas de las capas populares y de los trabajadores sólo pueden alcanzarse la política de liberación del yugo del imperialismo extranjero está ligada a la liberación del yugo social, ejercido no sólo por el capital extranjero, sino también por el desarrollo del capitalismo, incluso circunscrito dentro del mercado interior. De hecho Marx destacó que la explotación del trabajo asalariado condujo necesariamente a nivel nacional –a causa de la brecha entre la producción y el consumo en el mercado interno– a forzar grandes vínculos comerciales con otros países burgueses, y sobre la base de la teoría del valor-trabajo y la existencia de diferentes grados en la productividad del trabajo social, estas relaciones hasta estrictamente comerciales tornan en una relación de dependencia y sujeción económica de los países burgueses más débiles en provecho de los más poderosos, capaces de echar sobre el mercado cantidades importantes de mercancías a un precio de coste menor. Por lo tanto, si la revolución «antiimperialista» se detiene a mitad de camino y permanece entre las manos de los capitalistas «nacionales», la liberación política y económica conquista gracias a la revolución anticolonial necesariamente se convertirá en algo meramente formal y dará nacimiento a una nueva dependencia, primero económica, que crea así misma una dependencia política, incluso cuando la independencia política formal es reconocida». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialista, 2007)

A la luz de nuestros días, vemos que el FSLN en Nicaragua no cumplió con ninguno de estos requisitos:

a) El FSLN no se organizó como partido, y mucho menos como partido comunista, sino como una organización político-militar estructurada como un frente antisomocista liderado por la pequeña burguesía que paulatinamente dejo paso en el mando a la burguesía nacional, y;

b) lejos de suprimirse la propiedad privada de las clases explotadoras nacionales, se alentó la propiedad privada de la burguesía urbana y rural, sobre todo de la llamada antisomocista, la burguesía nacional pudo acumular riquezas y consolidarse como clase dirigente tras la revolución de 1979.

Esta delegación del liderazgo del FSLN en las clases explotadoras nacionales supuso además, en el contexto de Nicaragua, que el país continuara y aumentara la dependencia de los diferentes imperialismos en todos los campos». (Equipo de Bitácora (M-L)¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

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