«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 27 de octubre de 2015

La cuestión del Ejército Popular Sandinista, la «Contra» y la lucha armada contra ella; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


Humberto Ortega Saavedra –en el centro–; máximo líder de la Tendencia Tercerista, fungió de general del Ejército Popular Sandinista hasta 1995; actualmente multimillonario en retiro en el vecino país: Costa Rica.

La llamada «Contra» era el nombre popular con el que se conoció a los grupos contrarrevolucionarios hoy denominados «Resistencia Nicaragüense», estos eran los grupos que en conjunto formaban una oposición armada a la Revolución Sandinista de 1979 desde la óptica de la burguesía compradora, la burguesía «vendepatria» hacia otro imperialismo como se ha conocido coloquialmente.

Hay tres factores fundamentales que son interdependientes para entender su formación. El uno sin el otro no podría haber desembocado en la organización de esa fuerza:

1) Su estructura se formó a partir de los elementos de la derrotada Guardia Nacional, que era el cuerpo militar del gobierno Anastasio Somoza. Como ya expresamos: el ejército somocista no sufrió una guerra de desgaste sino que más bien fue su estructura de mando la que se vino abajo.

2) La burguesía compradora antisomocista aliada con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN): La oligarquía-burguesía compradora, es decir, la cual tenía vínculos y estaba dispuesta a seguir manteniéndolo con los imperialismos, y con el estadounidense en particular, tras el triunfo y después de haber ocupado algunos espacios políticos en el Estado se vuelve contra la Revolución Sandinista de 1979, y no por que vea peligrar el sistema capitalista como algunos han pretendido –y que se ha demostrado como falso con datos y declaraciones de los mismos dirigentes sandinistas–, sino porque el sistema en desarrollo suponía el campo propicio para la consolidación de una burguesía nacionalista más robusta que venía a desplazarla definitivamente del poder político que tradicionalmente había detentado. De hecho, Somoza García era un hombre al servicio de esa clase social que emerge desde la pequeña burguesía, y del liberalismo, para prolongar artificialmente el sistema cuasi feudal existente, pero ocurrió que la voracidad del dictador y de sus sucesores, fue ocupando todos los espacios económico-políticos y desplazando a todos los competidores-detractores; fruto de estas contradicciones de orden económico no antagónicas es que surge el antisomocismo de la burguesía-oligarquía compradora; con lo que finalmente, derrotada la dictadura, ya no había una causa que le aproximara al FSLN –algunos se mantuvieron dentro de las filas del FSLN–. Finalmente parte de esta clase social inicia la financiación de la contrarrevolución en contubernio con la Iglesia católica dirigida entonces por el Cardenal Miguel Obando y Bravo –destacado buscador de financiación nacional e internacional para los grupos armados–. Observemos que la financiación dada a la «Contra» por la burguesía-oligarquía y la Iglesia católica solo fue posible debido a que en ausencia de un verdadero proceso al socialismo se mantuvo la propiedad privada de estas capas sociales, en tanto que estos individuos mantuvieron su poder económico y político. En ese poder económico está la génesis de la contrarrevolución y este a su vez encuentra su origen en la política económica capitalista desarrollada por el FSLN en los 80.

3) El imperialismo estadounidense, en particular la administración de Ronald Reagan, inicia la financiación en los 80 –con apoyo logístico, diplomático y militar– a los grupos contrarrevolucionarios por intermediación de la burguesía-oligarquía. Pero no nos equivoquemos, el desempeño del imperialismo estadounidense no sucede para dar respuesta a la petición de un grupo de aliados «vende patria» porque sí –el imperialismo no ayuda a nadie sino calcula los riegos y posibles beneficios–, tampoco fueron contradicciones de orden ideológico –pues como ya hemos revelado la administración sandinista se mantuvo y operó dentro de los límites del capitalismo, es decir, dentro del mismo espectro de la administración estadounidense–. Por todo ello hay que decir en honor a la verdad que la ayuda de facto del imperialismo estadounidense a la llamada «Contra» responde a la defensa de sus propios intereses que se condensaban en la figura de Somoza, figura que aseguraba sin ningún género de dudas los intereses del imperialismo estadounidense en Nicaragua, mientras que no se tenía tal concepción del FSLN desde el gobierno estadounidense. Por otro lado el conflicto interimperialista por entonces en desarrollo, que la historiografía burguesa llama «Guerra Fría», que enfrentaba por intereses no antagónicos al imperialismo estadounidense con el socialimperialismo soviético, ambos expresiones de la burguesía global no es un aspecto despreciable, siendo finalmente el gobierno del FSLN favorable al campo del socialimperialismo soviético tras sus primeras dubitaciones, hay que recordar que como en el caso cubano, inicialmente, tras el triunfo de 1979, ciertos miembros del FSLN buscaban ayuda en los Estados Unidos para conformar el nuevo gobierno. Este posicionamiento prosoviético del FSLN pretendía ser la «justificación» del gobierno estadounidense de cara a los medios de comunicación ante un posible descubrimiento –como así fue– de la «turbia» ayuda suministrada a la Contra, y se llegó a afirmar que al dotar de armas a la Contra que combatía al FSLN se estaba combatiendo a la Unión Soviética, y que en definitiva iba en favor de los intereses estadounidenses.

En cuanto al Ejército Popular Sandinista, como los cuerpos policiales, y demás cuerpos de seguridad, se forman tomando como punto de partida a las fuerzas del FSLN. Pero no se trató de una Ejército nuevo, revolucionario, sino que se trató de la reconstrucción de un institución de carácter burgués, no podía ser de otro modo, pues el Estado construido tras el triunfo era una reconstrucción del Estado burgués adaptado a la democracia burguesa, en consecuencia su ejército estaba y siempre ha estado bajo la dictadura de la burguesía, operando para la satisfacción de sus intereses de clase. Ciertamente tenía un carácter más popular que el anterior ejército somocista, algo que fue alimentado por el «servicio militar obligatorio» y la incorporación masiva de jóvenes a las filas, y al hecho de que aparentemente se guiaba por las teorías más avanzadas de emancipación proletaria: el marxismo-leninismo; pero como casi todo en el campo ideológico revisionista del FSLN: solo era en apariencia. Todo ejército en los países burgueses está conformado por las clases trabajadoras, pero sus gerifaltes suelen ser parte de las clases explotadoras, y en este caso no era una excepción, si a eso le sumamos, el hecho de que no existía una organización ni una ideología en tal ejército reflejada en la fuerza de un partido comunista, no tenemos más que un ejército que cumpliría el mismo rol insuficiente con los intereses de las masas que históricamente había cumplido el FSLN, con el añadido de que las camarillas dirigentes del ejército también lo eran del partido.

Aunque es difícil diferenciar lo que era propaganda de lo que no lo era, lo cierto es que tanto la «Contra» como el Ejército Popular Sandinista cometieron actos criminales en contra de la población civil –dejar claro que los crímenes cometidos por la «Contra» fueron cualitativa y cuantitativamente mayores–, sobre todo en contra del campesinado al que ambos veían con recelo puesto que mayoritariamente se mostró renuente a tomar parte en el conflicto. También ocurrió que unos y otros lo veían como potencial aliado del respectivo enemigo.

La «Contra» hizo de su «modus operandi» la tortura, el secuestro, la violación, el asesinato de población civil, la destrucción de infraestructura, etc. Por el lado el Ejército Popular Sandinista –que es el que nos interesa a efectos de este documento–, además de las funciones de espionaje dentro de la población a través de los «orejas de turno» que en ocasiones demasiado frecuentes tenían como víctima a sujetos que tenían conflictos distintos al ideológico con el informante y que por tal causa eran tratados como agentes enemigos –«agentes de la CIA»–, se desarrolló una guerra encaminada a la eliminación física de un contrincante que empleaba la «guerrilla» como método de lucha, esto resultó en que no en pocas ocasiones se produjeran bajas civiles: un claro ejemplo que atestigua este hecho fue lo concerniente a los hechos posteriores a la toma de La Trinidad por la «Contra» en los 80, donde el ejército sandinista entró casa a casa buscando insurgentes y colaboradores –exactamente del mismo modo en que operaba la Guardia Nacional somocista–, y no son pocos los testimonios que los acusan del asesinato de civiles en tal acción, evidentemente que aquí hay una dosis de propaganda de parte de las fuerzas opositoras, pero del mismo modo es absolutamente racional asumir que esos asesinatos se produjeron al considerar la multiplicidad de las denuncias. De hecho, el FSLN perdió completamente el apoyo electoral de ese municipio hasta épocas recientes en que esa tendencia cambió. Otro caso cuestionable es la «Ofensiva Danto 88» que recogía entre sus tácticas el bombardeo indiscriminado de extensas zonas geográficas en donde se creía operaba la «Contra».

En época posterior, ya en los 90, bajo el gobierno de Violeta Barrios. El Ejército Popular Sandinista –entonces dirigido por Humberto Ortega, uno de los nueve comandantes de la Dirección Nacional del FSLN, y uno de los máximos exponentes de la vieja tendencia FSLN (Tercerista)– fue lanzado sobre las tropas del Frente Revolucionario de Obreros y Campesinos (FROC), formado por desmovilizados del Ejército Popular Sandinistas y dirigidos por el entonces ya ex Mayor del Ejército «Pedrito el hondureño» –Víctor Manuel Gallegos–, que se habían tomado la ciudad de Estelí. Los operativos militares del ejército se sucedieron en medio de la población civil: enfrentando al ex compañero sandinista y violando los tratados internacionales de la guerra dirigidos a la protección de civiles en zonas en conflicto.

Y en la actualidad reciente, en diciembre del 2014, el ejército, y los cuerpos policiales han sido utilizados por el gobierno de Daniel Ortega Saavedra contra la población civil nicaragüense que protestaba por la construcción del Canal Interoceánico: proyecto negociado con carácter de alto secreto y a espaldas del pueblo, con construcción de marcos jurídicos a medida de los intereses de la burguesía nacional e internacional implicadas en el proyecto, construcción que incluso contradice lo que proclama la constitución sandinista vigente de 1987, aunque reformada. Estas eran y son unas protestas que se dan por la amenaza de los modos de vida de las comunidades afectadas, de desplazamientos forzados, de expropiaciones masivas, etc., que por otro lado han venido a confirmar que los cuerpos de seguridad están al servicio de intereses burgueses concretos.

Además, se observan procedimientos altamente preocupantes que evidencian la patología del poder: los apresados en las manifestaciones, algunos estuvieron en paradero desconocido –secuestro–, otros fueron desplazados de sus lugares de origen para ser recluidos en «El Chipote»; ¡para quien no lo sepa o no lo recuerde o no lo quiera recordar!, ese era el agujero de las peores perversiones del somocismo, era donde terminaban los presos políticos metidos en pequeñas celdas en donde era reducidos a condiciones infrahumanas. También se da el caso reiterado de juicios entablados contra esos apresados fuera de jurisdicción ¡Curiosas formas tiene la historia de repetir algunas cuestiones!

Todos estos hechos vienen a demostrar nuevamente, que no había una teoría marxista-leninista, y acorde a ello el ejército no cambió los viejas formas de poder y proceder, sencillamente era un nuevo ejército al servicio de los intereses de la burguesía, que incluso estaba –y está– presto a aplicar los viejos métodos somocistas si sus máximos cargos lo consideraban necesario. Añadido al hecho de que en los 80 el ejército cobró una mayúscula relevancia, el partido y el Estado se volvieron subordinados del ejército y no al contrario; dicho de otro modo: el peso del ejército dentro de las esferas de poder creció exponencialmente; resultando en que el Estado se militarizara, incluso la educación sufrió los efectos de esa militarización como ya observamos. El ejército que debía de ser revolucionario no era más que un Estado dentro del Estado, y lo sigue siendo en gran medida. (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

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