«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 28 de octubre de 2015

La negación del papel y de la misión histórica del proletariado y su partido marxista-leninista; Nesti Karaguni, 1984

Chernenko y Mengistu Haile Mariam a mediados de los 80

«Marx y Lenin han afirmado que entre todas las clases que hoy se enfrentan a la burguesía, solo el proletariado, en tanto que clase más progresista y consecuentemente revolucionaria, puede y debe desempeñar sin titubeos su papel hegemónico en todos los actuales procesos revolucionarios que contribuyen a la destrucción del viejo régimen de opresión y explotación y a la transición de la sociedad al socialismo.

Los revisionistas soviéticos, en oposición al marxismo-leninismo y a la experiencia del desarrollo práctico de la revolución, por un lado tergiversan la realidad pretendiendo que en muchos países que acaban de proclamar la independencia nacional aún:

«No se ha creado la clase obrera nacional». (Voprosi fillosofi; Nº.3, 1983)

Lo que no es en absoluto verdad, mientras por otro lado, especulando con el hecho de que en muchos otros países como estos existe un proletariado poco numeroso y no organizado, extraen la conclusión antileninista de que el proletariado no puede:

«Asumir la misión hegemónica en la revolución democrático nacional». (Mezhdunarodnova zhizny; Nº.3, 1981)

Al mismo tiempo tratan de «probar» que la preparación de las premisas y la «transición gradual al socialismo» de los países, calificados de «orientación socialista» será obra no del proletariado y bajo su dirección, sino de aquellas fuerzas –frentes– que dirigieron la lucha por la liberación y la independencia nacionales, o de aquellas fuerzas que actualmente se encuentran en el poder, sin que sea necesario un nuevo alineamiento de las fuerzas de clase y sin dirigir el rigor del combate y los golpes revolucionarios contra la burguesía, porque, según los revisionistas soviéticos, una parte considerable de la burguesía de estos países habría asumido tendencias socialistas, habría abrazado la «vía del desarrollo socialista» y tendría la posibilidad de desempeñar también el papel dirigente en este importante proceso de desarrollo y progreso. A la par, los revisionistas soviéticos hacen hincapié en su propaganda de que la llamada «orientación socialista» no puede realizarse sin la «ayuda» ni la «experiencia» del socialimperialismo soviético. Afirman que la «orientación socialista» solo es real en aquellos países:

«Que aceptan y aprovechan la ayuda y la experiencia de los países socialistas [léase: de los países revisionistas - Anotación de N.K.]». (Voprosi fillozofií; Nº.10, 1981)

De donde resulta que si no reciben esta «ayuda» y esta «experiencia» los países no podrían marchar hacia el «socialismo». Así pues, la primera condición fundamental para que los países vayan al socialismo, según los revisionistas soviéticos, sería el factor externo.

También en estas prédicas relacionadas con una de las cuestiones más cardinales de la estrategia y de la táctica, de la teoría y de la práctica de la revolución, como es la de las fuerzas motrices de la revolución, de su situación, alineamiento y de su papel en ella, se descubren abiertamente las posiciones antimarxistas y neocolonialistas, enmascaradas con palabrería pseudomarxista una nueva campaña «civilizatoria» sobre los pueblos subdesarrollados como hacían los colonialistas de antaño y el imperialismo occidental hoy.

El marxismo-leninismo nos enseña y la práctica ha confirmado plenamente que la burguesía, al estar relacionada con la explotación capitalista y siendo la protagonista de esta explotación, no solo no puede tener ni tiene tendencia socialista alguna, por lo que no puede ser tratada como fuerza motriz del proceso de transición al socialismo y mucho menos como fuerza dirigente de este proceso, sino que además, objetivamente se alinea al frente de los enemigos de la revolución y del socialismo, inclusive a lo largo del desarrollo de la revolución de liberación, democrática y antiimperialista, debido a sus propias posiciones económicas y de clase. Se caracteriza por sus vacilaciones y sus compromisos con el imperialismo y la reacción interna, y por lo tanto no está en condiciones de llevarla hasta el fin. Tampoco pueden jugar el papel dirigente de la revolución las capas de la pequeña burguesía, puesto que tienen exigencias limitadas, individualistas, están bajo la influencia de la ideología anticientífica y dan bandazos ora a la «derecha», ora a la «izquierda», deslizándose hacia el oportunismo y el aventurerismo. Tampoco las capas de la intelectualidad pueden ser una fuerza independiente, porque proceden de diversas clases, por naturaleza son vacilantes política e ideológicamente y tampoco pueden desempeñar un papel dirigente en la revolución.

El papel hegemónico del proletariado en la revolución es insustituible, porque de todas las clases, capas y grupos sociales, en el capitalismo, es la, clase más progresista y consecuentemente revolucionaria. Y lo es porque no dispone de nada, excepto de su fuerza de trabajo, que para no morir de hambre se ve obligada a venderla a los patrones capitalistas, dueños de los medios de producción, siendo salvajemente explotada. La clase obrera realiza la producción material, soporta el peso de la existencia y del desarrollo social, pero sin embargo no goza de los frutos de su trabajo. De este modo, su situación material, política y la posición que ocupa en la sociedad burguesa la obligan a organizarse y a lanzarse a la resuelta lucha revolucionaría para destruir el viejo régimen y construir la sociedad socialista. El proletariado trabaja y está ligado al sector más avanzado de la economía, a la gran producción industrial y al estar compuesto por centenares y decenas de miles de personas, se convierte no solo en la clase más progresista que aspira y lucha por establecer el modo más avanzado de producción, el modo socialista, sino que dispone de grandes posibilidades y de mejor organización para emprender acciones revolucionarias. La conciencia para organizarse y realizar tales acciones se la da su teoría científica, el marxismo-leninismo que le aclara las condiciones de la lucha y de la victoria. Crea asimismo su estado mayor dirigente, su partido combativo marxista-leninista, que le inspira, le organiza y le dirige en la realización de su gran misión histórica.

Debido a todas estas circunstancias tomadas en su conjunto, es al proletariado al que le corresponde desempeñar su papel hegemónico en la revolución, y no solo en la etapa socialista, donde es indiscutible, sino también en la democrática de liberación. Lenin, refiriéndose a la revolución democrático-burguesa de Rusia de 1905-1907 subrayaba que el hecho:

«De que el contenido burgués de esta revolución no se puede extraer  la conclusión trivial de que la burguesía es el motor de la revolución, de que las tareas del proletariado en la misma son auxiliares, de que no es posible que la revolución la dirija el proletariado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Prefacio a la traducción rusa de las cartas de K. Marx a L. Kugelmann, 1907)

Demostró que el proletariado tiene la posibilidad y debe ser hegemónico en la revolución democrático popular, de carácter general antiimperialista y antifeudal, porque más que cualquier otra fuerza social está interesado y es capaz de llevarla hasta sus últimas consecuencias, a su triunfo definitivo y de crear las posibilidades para su transformación ininterrumpida y en un tiempo relativamente breve en revolución socialista. La fuerza y las posibilidades del proletariado para desempeñar su papel hegemónico y dirigente en la revolución y para cumplir su misión histórica no depende de su número. El camarada Enver Hoxha ha subrayado que:

«El papel dirigente de la clase obrera lo desempeña a través de su partido, que, tal como demuestra también el ejemplo de nuestro país, puede ser creado y encabezar la lucha revolucionaria incluso siendo la clase obrera poco numerosa y no estando organizada». (Enver Hoxha; Cuestiones de la revolución y de la construcción socialista, 1979)

La dirección exclusiva e incompartible del partido marxista-leninista en la dura lucha de clases contra la burguesía y la reacción, en la lucha de liberación nacional, en la revolución y en la construcción del socialismo, es una necesidad objetiva, de la que no puede ser excluido ningún país, desarrollado o no desde el punto de vista económico y cultural. Esta exigencia adquiere una importancia particular en nuestros días, cuando en diversos países del mundo han aparecido y aparecen situaciones revolucionarias. El partido marxista-leninista debe necesariamente hacer consciente al proletariado de su misión histórica, aclararle los objetivos de la lucha, así como las vías para su consecución. La revolución y la construcción del socialismo son procesos conscientes, que se realizan sobre la base de la ideología científica marxista-leninista, y es el partido proletario el que porta, elabora y transmite esta ideología a la clase obrera y a las masas trabajadoras. En la dura lucha de clases y en la revolución, el proletariado se enfrenta a numerosos y poderosos enemigos, a la burguesía y a las clases explotadoras, a la reacción y a los oportunistas y revisionistas, que están organizados en Estado y en partidos y que tienen experiencia de dominación y de represión de los movimientos revolucionarios. El proletariado no puede oponérseles, vencerlos y salir victorioso sobre ellos sino actúa como una clase compacta, con su propio partido, en sólida unidad de pensamiento y acción. La lucha del proletariado contra sus enemigos es compleja y multilateral. En esta lucha contrae alianzas con otras fuerzas sociales y arrastra tras de sí a éstas. Pero para el éxito de la revolución es necesario que todos los hilos del movimiento revolucionario se concentren en un único e incompartible centro dirigente, orientador y coordinador. Este único centro y fuerza lo es únicamente el partido marxista-leninista de la clase obrera, porque como ha señalado Stalin, solo él es el destacamento de vanguardia y organizado de la clase obrera, la más alta forma de organización de clase del proletariado y arma en manos de la clase obrera para la instauración de la dictadura del proletariado, para su continua consolidación y perfeccionamiento, es una unidad de voluntades incompatibles con la existencia de fracciones y que se fortalece depurándose de los elementos oportunistas, revisionistas y desviacionistas.

Los revisionistas soviéticos, a fin de sabotear la organización y el desarrollo revolucionario, niegan la dirección del partido marxista-leninista de la clase obrera y atribuyen este papel a las fuerzas políticas no proletarias, como los partidos de la burguesía nacional o de la pequeña burguesía, que actualmente están en el poder en los países que denominan de «orientación socialista». Con su sofística habitual pseudomarxista, considerando éstos como:

«Partidos de vanguardia de nuevo tipo, partidos de plataforma marxista-leninista». (Leninskaya teoriya socialisticheskoy revolucii i sovremyenost; Moskva 1980)

Como:

«Vanguardia marxista-leninista». (Mezhdunarodnaya zhizny; Nº.3, 1981)

 Denominados como:

«Partidos del socialismo científico». (Vaprosí tiüosofí; Nº.2, 1983)

Y:

«Que expresan los intereses de las amplias masas trabajadoras». (Vaprosí fillosofí; Nº.4, 1981)

Colocan a estos partidos no solo a la cabeza de la revolución democrática, sino que les encomiendan además la misión de conducir estas revoluciones hasta el fin, a la llamada transición gradual al socialismo.

¿Pero son realmente estos partidos marxista-leninistas y expresan los intereses de las amplias masas trabajadoras? Ni lo son, ni podrían serlo. Es sabido que los partidos expresan y defienden los intereses de determinadas clases y que son creados para dirigir su lucha. Son uniones conscientes de los hombres más leales de estas clases. No puede haber partidos políticos que se hallen al margen y por encima de las clases. Es imposible asimismo que un partido de una clase determinada represente al mismo tiempo los intereses de la clase adversaria.

Entonces, ¿cómo es posible que los partidos políticos de la burguesía nacional, que detentan el poder en una serie de nuevos Estados nacionales, estén al mismo tiempo «a la vanguardia de los trabajadores» y representen los «intereses de las amplias masas trabajadoras»? ¿Cómo es posible, pues, que organizaciones o partidos políticos que representan a fuerzas sociales no proletarias, como la burguesía nacional o la pequeña burguesía, estén pertrechados con las «ideas del socialismo científico», y tengan una «plataforma marxista-leninista»? Se trata de tentativas inútiles de los revisionistas soviéticos para ocultar la procedencia de clase de los partidos en el poder en los países llamados de «orientación socialista». Lenin ha puesto en claro que los partidos políticos no deben ser juzgados por los nombres o las etiquetas que lleven, sino por las obras, por los intereses de clase que representan o defienden.

Además, algunos partidos políticos de «orientación socialista» se han formado como resultado de la reorganización interna de los frentes antiimperialistas, otros sobre la base de la colaboración y los acuerdos entre los demócratas revolucionarios y los llamados comunistas, es decir que estos partidos se han formado como resultado de la transformación de los frentes antiimperialistas en partidos, o como resultado de la coalición de diversas corrientes. Es evidente, según esto, que ninguno de ellos se ha formado, constituido ni funciona sobre bases ideológicas y organizativas marxista-leninistas. Estos partidos como antes el frente antiimperialista, están integrados por individuos de diversas ideologías y que representan fuerzas políticas y sociales distintas.

El partido político no puede nacer en un comienzo como partido no proletario y después transformarse en partido marxista-leninista. Lenin ha explicado, y la experiencia demuestra que el auténtico partido proletario se crea desde un comienzo como tal. Si no se crea en un principio como verdadero partido marxista-leninista y si no se mantiene consecuentemente en las posiciones del marxismo-leninismo, no puede ser el partido de la clase obrera. En realidad, los partidos políticos que están en el poder en los países calificados de «orientación socialista» representan a otras clases y capas sociales pero no al proletariado y como tales no son marxista-leninistas». (Nesti KaraguniLa esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984)

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