«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 25 de octubre de 2015

¿Una línea o dos líneas?; Stalin, 1929


«El problema fundamental, camaradas, es si en nuestro partido existe una línea general común o si tenemos dos líneas.

Rýkov decía aquí, en su discurso, que tenemos una sola línea general, y que si existen ciertas discrepancias «de poca monta», es porque hay «matices» en la manera de concebir la línea general.

¿Es cierto eso? Por desgracia, no lo es. Y no sólo no es cierto, sino que es todo lo contrario de la verdad. En efecto, si tenemos una sola línea y entre nosotros existen únicamente cuestiones de matiz, ¿por qué Bujarin ha acudido a los trotskistas de ayer, que acaudilla Kámenev, tratando de formar con ellos un bloque fraccional contra el Comité Central y su Buró Político? ¿No es, acaso, un hecho que Bujarin dijo allí que la línea del Comité Central era «catastrófica» y habló de discrepancias de principio de Bujarin, Tomski y Rýkov con el Comité Central del partido y de la necesidad de cambiar radicalmente el Buró Político del Comité Central?

Si la línea es una, ¿por qué conspiraba Bujarin con los trotskistas de ayer contra el Comité Central y por qué Rýkov y Tomski le apoyaron en este asunto?

Si la línea general es una, ¿cómo se puede admitir que una parte del Buró Político, si se atiene a esa línea general común única, haga una labor de zapa contra otra parte del Buró Político, que se atiene a la misma línea general?

¿Acaso puede admitirse esa política de tránsfugas cuando existe una línea general común?

Si la línea es una, ¿cómo puede concebirse la declaración de Bujarin del 30 de enero, dirigida toda, ella contra el Comité Central y su línea general?

Si la línea es una, ¿cómo puede concebirse la declaración de los tres –Bujarin, Rýkov y Tomski– del 9 de febrero, acusando descarada, grosera y calumniosamente al partido:

a) de seguir una política de explotación militar-feudal del campesinado;

b) de seguir una política de fomento del burocratismo y;

c) de seguir una política de descomposición de la Komintern?

¿Han desaparecido, acaso, estas declaraciones? ¿Acaso se las considera ahora erróneas? ¿Acaso Rýkov, Bujarin y Tomski están conformes con retirar esas declaraciones, erróneas y antipartido a todas luces? Que nos lo digan, pues, sincera y honradamente. Todo el mundo verá entonces claro que nuestra línea es una y que entre nosotros no hay sino insignificantes diferencias de matiz. Pero no han querido hacerlo así, según se desprende de los discursos de Bujarin, Rýkov y Tomski. Y además denegarse a hacerlo, no tienen el propósito de renunciar en el futuro a esas declaraciones, pues insisten en que siguen manteniendo los puntos de vista expuestos en ellas.

¿Dónde está, pues, la línea general común?

Si la línea es una, y la línea del partido consiste, según el grupo de Bujarin, en seguir una política de explotación militar-feudal del campesinado, ¿acaso Bujarin, Rýkov y Tomski quieren aplicar juntamente con nosotros esa política catastrófica en vez de combatirla? Resulta una estupidez.

Si la línea es una, y la línea del partido consiste, según la oposición bujarinista, en fomentar el burocratismo, ¿acaso Rýkov, Bujarin y Tomski quieren fomentar con nosotros el burocratismo en el partido en vez de combatirlo? Resulta un despropósito.

Si la línea es una, y la línea del partido consiste, según la oposición bujarinista, en descomponer la Komintern, ¿acaso Rýkov, Bujarin y Tomski quieren descomponer con nosotros la Komintern en vez de luchar contra esa política? ¿Cómo es posible creer ese absurdo?

No, camaradas, hay algo anómalo en la afirmación de Rýkov de que nuestra línea es común. Como queráis, pero no resulta eso de la línea común y única, si se tiene en cuenta los hechos que acabo de exponer acerca de las declaraciones y la conducta del grupo de Bujarin.

Si la línea es una, ¿a qué obedece la política de dimisiones de Bujarin, Rýkov y Tomski? ¿Acaso es concebible que, existiendo una línea general común, cierta parte del Buró Político se niegue sistemáticamente a cumplir repetidas disposiciones del Comité Central y durante medio año venga saboteando el trabajo del partido? ¿A qué viene esta desorganizadora política de dimisiones, practicada concienzudamente por una parte del Buró Político, si es que, en efecto, tenemos una línea general común?

La historia de nuestro partido conoce casos de una política de dimisiones. Se sabe, por ejemplo, que, al día siguiente de la Revolución de Octubre, algunos camaradas, capitaneados por Kámenev y Zinóviev, se negaron a aceptar los puestos que se les ofrecían, planteando que se modificase la política del partido. Como es sabido, la política de dimisiones era explicada entonces con la exigencia de que se crease un gobierno de coalición con los mencheviques y los eseristas, contrariamente al Comité Central de nuestro partido, el cual mantenía la política de formación de un gobierno puramente bolchevique. Pero entonces la política de dimisiones tenía una explicación, pues se basaba en la existencia de dos líneas diferentes, una de las cuales consistía en formar un gobierno puramente bolchevique y la otra en formar un gobierno de coalición con los mencheviques y los eseristas. Eso era claro y comprensible. Pero no hay ninguna lógica, absolutamente ninguna, cuando la oposición bujarinista proclama, por una parte, la unidad de la línea general, mientras que, por otra parte, practica una política de dimisiones copiada de la de Zinóviev y Kámenev en el período de la Revolución de Octubre.

Una de dos: o la línea es una, y entonces la política de dimisiones de Bujarin y sus amigos no se comprende ni puede explicarse; o tenemos dos líneas, y entonces la política de dimisiones se puede comprender y explicar perfectamente.

Si la línea es una, ¿cómo es posible que tres miembros del Buró Político, Rýkov, Bujarin y Tomski, estimasen oportuno abstenerse al ser votadas en el Buró Político las tesis fundamentales relativas al plan quinquenal y a la cuestión campesina? ¿Acaso es corriente que la línea general sea una y que parte de los camaradas se abstenga al ponerse a votación cuestiones fundamentales de la política económica? No, camaradas, milagros como ése no se dan en el mundo.

Finalmente, si la línea es una y sólo se trata de cuestiones de matiz, ¿por qué los camaradas de la oposición bujarinista, Bujarin, Rýkov y Tomski, no aceptaron el compromiso que la comisión del Buró Político les proponía el 7 de febrero del año en curso? ¿No es, acaso, cierto que este compromiso brindaba al grupo de Bujarin una salida perfectamente aceptable del atolladero en que él mismo se había metido?

He aquí el compromiso que la mayoría del Comité Central propuso el 7 de febrero último:

«El cambio de impresiones en la comisión ha puesto de relieve que:

1) Bujarin reconoce que las negociaciones con Kámenev fueron un error político;

2) Bujarin reconoce que todas las afirmaciones de su «declaración» del 30 de enero de 1929 acerca de que el Comité Central sigue en la práctica una política de «explotación militar-feudal del campesinado», de que el Comité Central descompone la Komintern y de que fomenta el burocratismo en el partido, las hizo acaloradamente en el ardor de la polémica, asegura que no mantiene ya estas afirmaciones y considera que no tiene discrepancias con el Comité Central sobre este particular;

3) en virtud de ello, Bujarin reconoce que la labor acorde en el Buró Político es posible y necesaria;

4) Bujarin retira las dimisiones, tanto de su cargo en «Pravda» como en la Komintern;

5) Bujarin retira, en vista de ello, su declaración del 30 de enero.

Considerando lo expuesto, la comisión estima posible no presentar a la reunión conjunta del Buró Político y del Presídium de la Comisión de Control Central. su proyecto de resolución, en que se enjuicia políticamente los errores de Bujarin, y propone a la reunión conjunta del Buró Político y del Presídium de la Comisión de Control Central que se retire de la circulación todos los documentos existentes –el texto taquigráfico de los discursos, etc–.

La comisión invita al Buró Político y al Presídium de la Comisión de Control Central a garantizar a Bujarin todas las condiciones necesarias para la normalidad de su trabajo en los puestos de director de «Pravda» y de secretario del Comisión Ejecutiva de la Komintern». (Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética; Declaración del Comité Central, 7 de febrero de 1929)

¿Por qué Bujarin y sus amigos rechazaron este compromiso, si en efecto nuestra línea es una y entre nosotros no hay sino diferencias insignificantes de matiz? ¿Acaso es difícil comprender que Bujarin y sus amigos hubieran debido aferrarse con todas sus fuerzas a ese compromiso que les ofrecía el Buró Político, para acabar así con la tirante situación producida dentro del partido y crear una atmósfera de trabaja acorde y unánime en el Buró Político?

Se habla de unidad del partido, de trabajo colectivo en el Buró Político. Pero ¿acaso no está claro que quienes quieren una unidad efectiva y estiman el principio del trabajo colectivo deberían aceptar este compromiso? ¿Por qué, pues, lo rechazaron Bujarin y sus amigos?

¿Acaso no está clara que, de ser una la línea, no se habrían producido ni la declaración de los tres, del 9 de febrero, ni la negativa de Bujarin y sus amigos a aceptar el compromiso que les proponía el Buró Político del Comité Central?

No, camaradas, no resulta eso de la línea común, si se tienen en cuenta los hechos antes mencionados.
Lo que sí resulta es que, en realidad, no tenemos una línea, sino dos: una, la línea del Comité Central, y otra, la línea del grupo de Bujarin.

Rýkov faltaba a la verdad en su discurso al decir que tenemos una sola línea general. De ese modo quería enmascarar su propia línea, diferente de la línea del partido, a fin de sabotear solapadamente la línea del partido. La política del oportunismo consiste, precisamente, en ocultar las discrepancias, en velar la situación real dentro del partido, en enmascarar la posición propia y en impedir que en el partido reine una claridad completa.

¿Para qué necesita el oportunismo tal política? Para encubrirse con la palabrería de la unidad de línea y aplicar de hecho su línea propia, diferente de la línea del partido. Rýkov ha mantenido este punto de vista oportunista en su discurso en el presente Pleno del Comité Central y de la Comisión de Control Central.

¿Queréis escuchar cómo define al oportunista en general el camarada Lenin en uno de sus artículos? Es una definición importante para nosotros, no sólo por su significación general, sino porque le cuadra por entero a Rýkov.

He aquí lo que dice Lenin de las particularidades del oportunismo y de los oportunistas:

«Cuando se habla de lucha contra el oportunismo, no hay que olvidar nunca el rasgo característico de todo el oportunismo contemporáneo en todos los terrenos que se quiera: su carácter vago, difuso e inaprensible. El oportunista, por su misma naturaleza, esquiva siempre el planteamiento concreto y tajante de los problemas, busca la resultante, se retuerce como una culebra entre puntos de vista que se excluyen mutuamente, esforzándose por «estar de acuerdo» con el uno y con el otro, reduciendo sus discrepancias a pequeñas enmiendas, a dudas, a buenos deseos inocentes, etc., etc». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Un paso hacia adelante, dos hacia atrás, 1904)

Ahí tenéis la fisonomía del oportunista, temeroso de la claridad y de la precisión y siempre tratando de ocultar el verdadera estado de cosas, de velar las verdaderas discrepancias en el partido.

Sí, camaradas, hay que saber mirar de frente a la realidad, por desagradable que sea. Dios no quiera que nos contagiemos del miedo a la verdad. Entre otras cosas, los bolcheviques se distinguen de cualquier otro partido en que no temen la verdad, no temen mirar la verdad a la cara, por amarga que sea. Y la verdad es, en este caso, que de hecho no tenemos una línea común. Hay una línea, la línea del partido, línea revolucionaria, leninista. Pero, paralela a ella, hay otra línea, la línea del grupo de Bujarin, que lucha contra la primera mediante declaraciones antipartido, mediante dimisiones, mediante calumnias contra el partido, mediante una labor subrepticia enmascarada contra el partido, mediante cambalaches entre bastidores con los trotskistas de ayer al objeto de organizar un bloque antipartido. Esta segunda línea es una línea oportunista.

Este es un hecho que no podrá borrar ningún discurso diplomático, ninguna astuta declaración acerca de la existencia de una sola línea, etc., etc.» (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili‬, ‎Stalin‬; Sobre la desviación derechista en el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1929)

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