«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 23 de octubre de 2015

Resolución sobre la política del partido en el campo de la literatura; Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, 1925

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La cultura es un campo donde muchos autoproclamados marxistas hacen aguas. En ese sentido, el documento que presentamos es una liviana aproximación a ciertas cuestiones muy importantes a la hora de desarrollar la lucha de clases en el ámbito de la cultura, entre las que destaca la siguiente: ¿qué es el realismo socialista y cómo se aplica? La resolución –el documento– es previo al discurso de Andréi Zhdánov sobre el tema y, por ello, no contiene alusiones directas al término «realismo socialista», aunque sí que contiene claves fundamentales que nos hacen llegar a una comprensión de cuestiones derivadas de éste, como la lucha entre forma y contenido en el realismo socialista, la política sobre la libertad de expresión del pueblo trabajador y su creación artístico-literaria, el tema de las intelectualidades y la política a seguir para con éstas, etc.

En ésta introducción se resolverá otra cuestión fundamental: ¿qué es la cultura desde el análisis marxista? ¿Superestructura, infraestructura? ¿Cómo es la morfología de la cultura en sí; en qué partes se divide y a qué parte de la estructura corresponden?

A su vez, se presentarán ciertas tesis para comprender mejor qué es el realismo socialista, para poner en situación de comprender la totalidad del documento a aquéllos que investigan sobre el tema por vez primera.

Primero, la cultura. ¿Qué es la cultura?

La cultura es un conjunto de símbolos, prácticas y creencias basadas en unas determinadas condiciones materiales de vida de la sociedad, estando, por ende, basadas en los modos de producción y en sí, en la infraestructura.

Desde ésta definición podemos creer que la cultura es parte de la superestructura, pues, al igual que ésta, se asienta sobre la infraestructura y es determinada por ésta. Sin embargo, aspectos culturales como el lenguaje:

«En este sentido la lengua se diferencia esencialmente de la superestructura. Tomemos, por ejemplo, la sociedad rusa y la lengua rusa. En el curso de los 30 últimos años, en Rusia ha sido destruida la vieja base, la base capitalista, y construida una base nueva, una base socialista. En consonancia, ha sido destruida la superestructura de la base capitalista y creada una nueva superestructura, que corresponde a la base socialista. Por consiguiente, las viejas instituciones políticas, jurídicas y otras han sido reemplazadas por instituciones nuevas, socialistas. Sin embargo, la lengua rusa ha continuado siendo, por su esencia, la misma que era antes de la revolución de octubre de 1917. ¿Qué ha cambiado desde entonces en la lengua rusa? Ha cambiado en cierta medida el vocabulario de la lengua rusa, ha cambiado en el sentido de que se ha visto enriquecido con un considerable número de nuevas palabras y expresiones, nacidas con la nueva producción socialista, con el nuevo Estado, con la nueva cultura socialista, con las nuevas relaciones sociales, con la nueva moral y, finalmente, con el desarrollo de la técnica y de la ciencia; muchas palabras y expresiones han cambiado de sentido y adquirido una significación nueva; cierto número de palabras han caído en desuso, ha desaparecido del vocabulario. En lo que respecta al caudal de voces básico y a la estructura gramatical de la lengua rusa, que constituyen su fundamento, lejos de haber sido liquidados y sustituidos por un nuevo caudal básico y por una nueva estructura gramatical después de la destrucción de la base capitalista, se han conservado intactos y perviven sin ninguna modificación seria; se han conservado precisamente como fundamento de la lengua rusa contemporánea». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Acerca del marxismo y la lingüística, 1950)

Si la lengua es parte de la cultura pero no es parte de la superestructura, ¿qué ocurre con la cultura; es parte de la superestructura? Obviamente, no en su totalidad.

La cultura se divide en dos partes: el núcleo y el resto. El núcleo es todo aquello que varía dialécticamente, pues se halla fundamentalmente determinado por la infraestructura. Ahí podemos considerarlo como parte efectiva de la superestructura. Sin embargo, no ocurre lo mismo con el resto, el cuál corresponde a la parte «fija» de la cultura, la que está determinada por factores geográficos fundamentalmente, como la alimentación y el lenguaje. Mas, ¿es la parte fija realmente fija? No, no lo es. ¿Por qué? Porque igualmente se halla siempre determinada, aunque no directamente, por las relaciones de producción, la técnica; la infraestructura, resumiendo. Un ejemplo sería la alimentación: aunque no cambia en su morfología en determinadas zonas geográficas, sí que puede cambiar tanto su calidad como su cantidad según lo desarrollada que esté tanto la técnica como las relaciones de producción en la historia. Iósif Stalin ya mencionaba éste tipo de cambio para el lenguaje en la cita anterior, mencionando que, con el cambio social, el lenguaje puede acuñar expresiones nuevas para las nuevas condiciones materiales; para prácticas que no podían verse antes, mas, no cambiará en su morfología. Esto es lo que diferencia al resto del núcleo en la cultura: el núcleo, como las relaciones familiares, de producción, de sexos, etc. cambia no sólo sobre una base acumulativa que no perfore ni niegue su forma ni su estado de cosas, como ocurre con los cambios en el resto cultural, sino que ven cambios totales en su estado de cosas, lo niegan y vuelven a negar; lo superan y lo vuelven a superar: sigue el proceso exacto de la lucha de clases, que nos da los indicios suficientes como para comprenderlo maniatado a la infraestructura.

Stalin nos completa éste razonamiento:

«La superestructura es engendrada por la base; pero eso no significa, en modo alguno, que la superestructura se circunscriba a reflejar la base, que sea pasiva, neutral, que se muestre indiferente a la suerte de su base, a la suerte de las clases, al carácter del régimen. Por el contrario, al nacer, la superestructura se convierte en una fuerza activa inmensa, coadyuva activamente a que su base tome cuerpo y se afiance y adopta todas las medidas para ayudar al nuevo régimen a rematar y destruir la vieja base y las viejas clases. Y no puede ser de otra manera. La superestructura es creada por la base precisamente para que la sirva, para que la ayude activamente a tomar cuerpo y a afianzarse, para que luche activamente por la destrucción de la base vieja, caduca, y de su antigua superestructura. Basta que la superestructura renuncie a este su papel auxiliar, basta que pase de la posición de defensa activa de su base a la posición de indiferencia hacia ella, a una posición idéntica ante las distintas clases, para que pierda su calidad y deje de ser superestructura». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Acerca del marxismo y la lingüística, 1950)

Ahora que se ha comprendido esto, podemos comprobar cómo la cultura envuelve a la sociedad que la crea: cómo se determina no unidireccionalmente –como la superestructura– sino multidireccionalmente; es decir, que puede o no ser parte de la superestructura; situarse en ésta o no: determinarse directamente y dialécticamente por la infraestructura o bien presenciar meros cambios en su forma superflua.

Con esto se da por introducido el tema de la cultura.

Ahora bien, ¿qué es y qué no es el realismo socialista? Lo contestaremos en siete puntos:

1) No es una doctrina de la forma; no persigue una forma concreta que se ha de seguir y, sobre todo, no es impuesto por voluntad de nadie. El realismo socialista surge como expresión artística del interés de la clase proletaria al establecerse como dominante en su propio Estado –aparato de represión de una clase por su clase antagónica–; como reflejo asimismo de las condiciones de la lucha de clases vivida desde dentro de la clase proletaria.

2) Es una doctrina de la expresión de ése interés de clase del proletariado para armarlo contra la burguesía y sus reminiscencias en el campo de la cultura, que es el único en ultimarse para preparar el paso al comunismo y donde, en consecuencia, hay que hacer un fuerte hincapié sin descuidar los campos más importantes como son el de la infraestructura y superestructura.

3) Por eso no surge de manera espontánea una vez triunfe el proletariado: ha de ser buscado, ya que en la dictadura del proletariado aún conviven dos clases antagónicas: la burguesía que está siendo aislada y golpeada rápida y eficazmente con la colectivización de la propiedad sobre los medios de producción y la implantación del sistema de sóviets, el saneamiento del partido, etc. y el proletariado, que es clase dominante en ese momento.

4) Así, como con la dictadura del proletariado, éste tomó las armas socioeconómicas para acabar con las clases sociales, en el campo cultural ha de empuñar las armas que siguen de raíz las reminiscencias burguesas sobre la cultura.

5) Como decíamos, el realismo socialista es una doctrina del contenido, ya que ha de plasmar siempre todo aquello que al proletariado como clase dominante, única capaz de serlo y construir el socialismo que engendre al comunismo, le sean familiares en su lucha para alcanzar lo que acabamos de estipular. Pueden entrar dentro de esto representaciones artístico-literarias de la revolución, de la realidad propia que vive el proletariado, de un suceso meramente contemporáneo, etc. pero todo enfocado desde la lógica del proletariado.

6) La dictadura del proletariado no excluye la permanencia de obras anteriores, emanadas de la sociedad burguesa; al contrario, las promocionará. ¿Qué hace que esto no sobrepase los límites de la lucha contra las reminiscencias culturales burguesas? Acompañarlas de explicaciones comunistas: hacer que sean analizadas desde el marxismo-leninismo, la ciencia proletaria, para así seguir consiguiendo el objetivo anteriormente expuesto sin dejar de acumular todo el patrimonio artístico general que la historia de las sociedades ha ido acumulando.

7) El caso no es mostrar las obras burguesas como presente; sino como pasado: hacer ver al proletariado que el realismo socialista es el retrato de su futuro en formas y apariencias –representaciones– variables subjetivamente según el autor, pero con una misma idea: la dictadura del proletariado avanza en la destrucción de las clases sociales; en aplastar la resistencia burguesa –que para eso es concebida– y preparar las bases socialistas del salto hacia el comunismo. Se ha de hacer ver a los obreros y demás trabajadores que las obras burguesas son representaciones de otra época histórica –la dictadura de la burguesía; el capitalismo–, y mostrarlas así como hoy se muestran las obras clásicas griegas, romanas, cavernícolas, egipcias, etc. mas, con el uso de la más avanzada ciencia jamás provista al progreso de la historia humana: el marxismo-leninismo, que ha de abrazar cada aspecto de la sociedad para no verla caer hacia la contrarrevolución y la vuelta a la selva de la explotación.



Introducción de Alejo Sola
Colaborador de Bitácora de un Nicaragüense

El documento:


Resolución sobre la política del partido en el campo de la literatura

Ya que la lucha de clases en general no está acabada, tampoco puede haber acabado en el terreno de lo literario. En una sociedad de clases no hay ni puede haber un arte neutral; la naturaleza de clase del arte en general y de la literatura en particular se expresa en formas que son infinitamente más variadas que en, por ejemplo, la política.

Debemos recordar, sin embargo, que éste problema es infinitamente más complejo que cualquier otro que han sido solucionados por el proletariado. Incluso en las limitaciones de una sociedad capitalista, la clase obrera podría prepararse a sí misma para una revolución victoriosa, construir la espina dorsal de luchadores y líderes y producir una magnífica arma ideológica para la lucha política. Pero esto no podría funcionar ni en los problemas de las ciencias naturales ni en las tareas del desarrollo técnico y, por la misma regla de tres, el proletariado, la clase que está privada de los medios de producción en el capitalismo, no puede desarrollar entonces su propia literatura, sus propias características en las formas artísticas; su propio estilo [ya que se halla privado de los medios de producción intelectual. Marx decía que la clase que se halle privada de los medios de producción, también lo estarán en el ámbito de la producción intelectual – Anotación de A. S.] [1]. Aunque el proletariado ya posee un criterio infalible al analizar materiales y fenómenos de contenido sociopolítico, aún no posee respuestas tan desarrolladas a todas aquéllas cuestiones de carácter artístico.

En relación a todos aquéllos artistas [«fellow-travellers» en el original – Anotación de A. S.] que simpatizan con el partido bolchevique y con el proletariado en general, debemos tener en mente lo siguiente: 1) su diferenciación; 2) la importancia de muchos de ellos como calificados especialistas en la técnica literaria; 3) la presencia de elementos vacilantes y de vacilación en general en éste grupo de escritores. Las directivas generales deberían de hacer progresar una relación llena de tacto, así como sumamente cuidadosa con éste grupo, y para sublimar éste objetivo debemos de realizar dicho acercamiento mientras se garantiza el aprendizaje y la inmersión de éste grupo de escritores en la ideología comunista. Mientras se nadifican los elementos antiproletarios y contrarrevolucionarios –ahora bastante insignificantes–, y mientras se lucha por desenmascarar la ideología de la nueva burguesía, que está tomando arraigamiento en éste grupo de «escritores amigos» –cambiando así éstos de punto de referencia–, el partido debe de tener una actitud paciente ante las formaciones ideológicas intermedias entre dicha ideología burguesa y la ideología proletaria, ayudando paulatinamente a esos individuos a formarse y desarrollarse en el proceso de una cada vez más cercana cooperación camaraderil con las fuerzas culturales comunistas.

El criticismo comunista debería de luchar sin piedad contra el fenómeno contrarrevolucionario en la literatura, y al mismo tiempo mostrar el mejor gusto posible, la mejor atención y la máxima paciencia hacia todos esos grupos que pueden y de hecho se acabarán uniendo al proletariado. El criticismo comunista ha de expulsar de su lenguaje el tono del mandamiento literario. Tal criticismo ha de poseer una significación educacional sólo cuando ésta descansa en su superioridad ideológica. El criticismo marxista debe de una vez por todas quitarse de en medio toda la arrogancia pretenciosa, pseudoliteraria, y de «comunista para sí» [término que indica que sólo tú mismo eres capaz de entenderte; que puedes conocer la ciencia marxista-leninista pero que no sabes transmitirla – Anotación de A. S.]. El criticismo marxista debería de tener como eslogan el aprender, y debería de resistir y combatir toda aparición de juicios baratos y de arrogancia ignorante surgidas en su propio entorno.

Si bien posee un criterio infalible para este juicio, de observar y analizar el contenido de clase de la literatura, el partido no ha de amarrarse a tendencia alguna dentro del campo de la forma literaria. Liderando la literatura en general, el partido no puede apoyar a ninguna facción específica en la literatura –si entendemos facción en el sentido de las diferentes visiones sobre el estilo– así como tampoco puede resolver la cuestión de la morfología de la familia mediante simples decretos sino al desarrollar nuevas formas de vida material. Todo indica que una nueva forma literaria será creada, pero lo será mediante ciertos métodos sobre los que aún no tenemos conocimiento alguno. En la fase actual de desarrollo cultural, cualquier intentona de amarrar al partido a éstas cuestiones de la forma ha de ser repudiada. [2].

Así, el partido debe declararse en favor de la coexistencia de varios grupos y tendencias en ésta provincia. En el mismo sentido, sería inadmisible el legalizar por decreto el monopolio de la imprenta a cualquier grupo u organización literaria individual. Mientras que moral y materialmente se apoya a la literatura proletaria y al asistir a los artistas que simpaticen con el comunismo, el partido no puede ofrecer un monopolio a ninguno de éstos grupos individuales. Esto sería destruir la literatura proletaria [3].


Anotaciones de «Alejo Sola»


[1] «La historia de las ideas es una prueba palmaria de cómo cambia y se transforma la producción espiritual con la material. Las ideas imperantes en una época han sido siempre las ideas propias de la clase imperante». (Karl Marx y Friedrich Engels; Manifiesto del Partido Comunista, 1848)

[2] La forma literaria proletaria, su desarrollo, es una cuestión importante de contrastar con mi introducción. Cierto es que lo que prima es el contenido, pero al igual que ocurrió en la Unión Soviética, una forma tan recargada que disimula, esconde y dificulta la comprensión del contenido o lo abstrae de la visión del pueblo –aunque bien es cierto que con la mejora paulatina e inevitable de su formación cultural por las condiciones materiales del socialismo, el listón de la facilidad con que ocurra lo descrito va subiendo, convirtiendo ciertas capacidades antes consideradas inaccesibles a la media como un simple saber general–, como ocurría con las vanguardias de los años 20, van desapareciendo. En la música esto no ha de pasar más que con la lírica de las letras; observándose si trabajan demasiados simbolismos y carecen de mensaje sin ocultar –caso por el cual les ocurriría como a las vanguardias soviéticas de los años 20– o si bien ocurre al contrario, o usando símbolos pero también mensajes directos. El estilo musical, los instrumentos que intervengan, no corresponden unos sí, al realismo socialista, y otros, no: los instrumentos, la forma, ahí no importa. No como en el arte, donde resultan lo primero y casi único que salta a la vista.

[3] No hay que entender esto como la teoría liberal del maoísmo de «que compitan cien escuelas». Hay que tener en cuenta que el revisionismo chino deja en igual condición de existencia a la literatura «proletaria» y a la burguesa, ya que considera tanto a la clase obrera como a la burguesía nacional clases del «pueblo» –primer error, pues no se puede considerar a la burguesía nacional como una contradicción no antagónica, o como «antagónica que se puede transformar pacíficamente en no antagónica»–, y considera que tienen el mismo derecho la clase obrera como la clase burguesa a competir y lograr expresar su estilo en la sociedad –segundo error que iguala la ideología de otras clases en esta caso una clase explotadora, a la del proletariado, como si la ideología de la pequeña burguesía o la burguesía nacional tuvieran que competir con la del proletariado–.

En la Unión Soviética de esos años veinte, se veía ya el proceso de colectivización del campo justo en frente y por ende las ciudades deberían de haber avanzado ligeramente en la colectivización. Sabiendo que la Nueva Política Económica –conocida como NEP– se vio obligada a dar prioridad a la industria ligera y al campo para poder facilitar la posterior primacía de la industria pesada, dadas las condiciones de la Unión Soviética de entonces, podemos deducir que las imprentas ya estarían en manos de los sóviets y que, así, no habría lugar para la concurrencia de artículos directamente burgueses; a lo sumo, revisionistas emanados desde dentro de las organizaciones proletarias. Así, «libre concurrencia» de publicaciones no se refiere a publicaciones pro-proletarias y pro-burguesas, sino sólo del primer tipo. Ésta conclusión se ve venir cuando se afirma que se apoyaría materialmente a la literatura proletaria. Atrás se refiere múltiples veces al papel del partido de prohibir desde los sóviets la literatura emanada del interés de clase de los kulak y demás reductos burgueses que vinculaban su existencia con el campesinado individual, que aún resistía pues no se había iniciado sino sólo planteado el movimiento de koljoses –colectividades– y sovjoses –granjas estatales–.

Decir que el monopolio de un sólo grupo de escritores correspondería a asesinar a la literatura proletaria es correcto porque arrebataría a todos los sóviets su capacidad propia de publicar, así como a los miembros de la clase trabajadora, en pos de una oligarquización de la cultura.

Notas

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