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miércoles, 28 de octubre de 2015

La negación del papel y de la misión histórica del proletariado y su partido marxista-leninista; Nesti Karaguni, 1984

Chernenko y Mengistu Haile Mariam a mediados de los 80

«Marx y Lenin han afirmado que entre todas las clases que hoy se enfrentan a la burguesía, solo el proletariado, en tanto que clase más progresista y consecuentemente revolucionaria, puede y debe desempeñar sin titubeos su papel hegemónico en todos los actuales procesos revolucionarios que contribuyen a la destrucción del viejo régimen de opresión y explotación y a la transición de la sociedad al socialismo.

Los revisionistas soviéticos, en oposición al marxismo-leninismo y a la experiencia del desarrollo práctico de la revolución, por un lado tergiversan la realidad pretendiendo que en muchos países que acaban de proclamar la independencia nacional aún:

«No se ha creado la clase obrera nacional». (Voprosi fillosofi; Nº.3, 1983)

Lo que no es en absoluto verdad, mientras por otro lado, especulando con el hecho de que en muchos otros países como estos existe un proletariado poco numeroso y no organizado, extraen la conclusión antileninista de que el proletariado no puede:

«Asumir la misión hegemónica en la revolución democrático nacional». (Mezhdunarodnova zhizny; Nº.3, 1981)

Al mismo tiempo tratan de «probar» que la preparación de las premisas y la «transición gradual al socialismo» de los países, calificados de «orientación socialista» será obra no del proletariado y bajo su dirección, sino de aquellas fuerzas –frentes– que dirigieron la lucha por la liberación y la independencia nacionales, o de aquellas fuerzas que actualmente se encuentran en el poder, sin que sea necesario un nuevo alineamiento de las fuerzas de clase y sin dirigir el rigor del combate y los golpes revolucionarios contra la burguesía, porque, según los revisionistas soviéticos, una parte considerable de la burguesía de estos países habría asumido tendencias socialistas, habría abrazado la «vía del desarrollo socialista» y tendría la posibilidad de desempeñar también el papel dirigente en este importante proceso de desarrollo y progreso. A la par, los revisionistas soviéticos hacen hincapié en su propaganda de que la llamada «orientación socialista» no puede realizarse sin la «ayuda» ni la «experiencia» del socialimperialismo soviético. Afirman que la «orientación socialista» solo es real en aquellos países:

«Que aceptan y aprovechan la ayuda y la experiencia de los países socialistas [léase: de los países revisionistas - Anotación de N.K.]». (Voprosi fillozofií; Nº.10, 1981)

De donde resulta que si no reciben esta «ayuda» y esta «experiencia» los países no podrían marchar hacia el «socialismo». Así pues, la primera condición fundamental para que los países vayan al socialismo, según los revisionistas soviéticos, sería el factor externo.

También en estas prédicas relacionadas con una de las cuestiones más cardinales de la estrategia y de la táctica, de la teoría y de la práctica de la revolución, como es la de las fuerzas motrices de la revolución, de su situación, alineamiento y de su papel en ella, se descubren abiertamente las posiciones antimarxistas y neocolonialistas, enmascaradas con palabrería pseudomarxista una nueva campaña «civilizatoria» sobre los pueblos subdesarrollados como hacían los colonialistas de antaño y el imperialismo occidental hoy.

El marxismo-leninismo nos enseña y la práctica ha confirmado plenamente que la burguesía, al estar relacionada con la explotación capitalista y siendo la protagonista de esta explotación, no solo no puede tener ni tiene tendencia socialista alguna, por lo que no puede ser tratada como fuerza motriz del proceso de transición al socialismo y mucho menos como fuerza dirigente de este proceso, sino que además, objetivamente se alinea al frente de los enemigos de la revolución y del socialismo, inclusive a lo largo del desarrollo de la revolución de liberación, democrática y antiimperialista, debido a sus propias posiciones económicas y de clase. Se caracteriza por sus vacilaciones y sus compromisos con el imperialismo y la reacción interna, y por lo tanto no está en condiciones de llevarla hasta el fin. Tampoco pueden jugar el papel dirigente de la revolución las capas de la pequeña burguesía, puesto que tienen exigencias limitadas, individualistas, están bajo la influencia de la ideología anticientífica y dan bandazos ora a la «derecha», ora a la «izquierda», deslizándose hacia el oportunismo y el aventurerismo. Tampoco las capas de la intelectualidad pueden ser una fuerza independiente, porque proceden de diversas clases, por naturaleza son vacilantes política e ideológicamente y tampoco pueden desempeñar un papel dirigente en la revolución.

viernes, 23 de octubre de 2015

Apologistas y defensores del régimen explotador; Nesti Karaguni, 1984

Alexei Kosygin, Leonid Brezhnev y Nikolai Podgorny en 1972 

«La teoría marxista-leninista argumenta y la práctica ha probado que las transformaciones revolucionarias socialistas en la base económica, es decir en las relaciones de producción, y en numerosos campos de la superestructura, comienzan a operarse únicamente con la instauración de la dictadura del proletariado. Esta, de manera consciente y organizada, bajo la dirección del auténtico partido marxista-leninista de la clase obrera y apoyada en las leyes objetivas del desarrollo social, aplica profundas y amplias medidas revolucionarías para la liquidación del viejo régimen económico-social opresor y explotador y para la construcción de la sociedad socialista sin clases explotadoras, como primera fase de la construcción de la sociedad sin clases, el comunismo.

En oposición a estas enseñanzas sobre la dictadura del proletariado, como primer e imprescindible acto de la revolución socialista, así como sobre su papel determinante para la realización de transformaciones socialistas en la base económica y en la superestructura, los revisionistas soviéticos, en sus teorías sobre la «vía no capitalista de desarrollo» y de «orientación socialista» hacen hincapié principalmente en las reformas económicas.

Con la pretensión de que supuestamente «la lucha de los pueblos por la verdadera liberación social pasa cada vez más por la esfera de la economía», los revisionistas soviéticos tratan de crear una idea de que para pasar al socialismo debemos comenzar no con la instauración de la dictadura del proletariado, sino con transformaciones en el terreno económico, que realizaría gradualmente el Estado existente, a través de una infinita serie de fases o etapas de transición. Este Estado, al que califican de democrático revolucionario y en el que el poder está supuestamente en manos del pueblo trabajador, estaría dispuesto y en condiciones de realizar, según ellos, profundas transformaciones en todos los terrenos de la vida y de crear las premisas imprescindibles para realizar también la «transición al socialismo».

El modo en que tratan el problema del Estado los revisionistas soviéticos es enteramente antimarxista y burgués, tanto en la teoría, como en política. Son numerosos los hechos que demuestran que, independientemente de ciertas reformas de carácter democrático general realizadas en los países ex coloniales y en vías de desarrollo, en ellos predomina la propiedad privada sobre los medios de producción, tanto bajo la forma de propiedad de capitalistas particulares o de grupos de capitalistas, como bajo la forma del capitalismo monopolista de Estado. El poder político en estos países se halla en manos de las clases burguesas y feudales y en muchos de ellos incluso en las de las camarillas más reaccionarias, antes asociadas a los imperialistas, que oprimen y explotan al proletariado y a las masas trabajadoras. Las clases dominantes, en general, están estrechamente ligadas al imperialismo estadounidense, al socialimperialismo soviético o a otros imperialismos, cuyo capital, como evidencian los hechos, mantienen aún importantes posiciones en la economía de dichos países, y, de una u otra forma, se imponen incluso en su política. Es natural que este Estado y toda la superestructura erigida sobre la base económica y que es reflejo de ella, independientemente de los calificativos que puedan merecer, protegen la propiedad privada sobre los medios de producción, las relaciones económicas levantadas sobre aquéllas y está al completo servicio de las clases dominantes.

jueves, 7 de mayo de 2015

No puede autocalificarse de marxista-leninista un partido, cuando los líderes de su dirección apenas conocen su teoría

Fidel Castro, António Agostinho Neto y Leonid Brézhnev

«
Los hegemonistas soviéticos no escatiman los elogios más desenfrenados a los gobernantes de los nuevos Estados nacionales que de una u otra forma están atados al carro de la política de la Unión Soviética. Llegan al extremo de considerar a estos gobernantes como:

«Revolucionarios destacados». (Vaprosi fillosoti; Nº.2, 1983)


Que:

«Se esfuerzan por asimilar la teoría del socialismo científico». (Vaprosi fillosoti; Nº.2, 1983)

¡Como si la revolución pasara por enseñar el marxismo leninismo a su líder!; y añaden que gracias a esto es que sus países:

«Pueden integrarse en el sistema socialista mundial». (Vaprosi fillosoti; Nº.2, 1983)

La vida se ha encargado de probar que las presiones, la corrupción, las intervenciones y otras actividades del mismo estilo, a las que recurren los socialimperialistas soviéticos tienen por objetivo realizar sus fines neocolonialistas, hegemonistas y contrarrevolucionarios, en cualquier parte y en los países de pretendida «orientación socialista». Tratan de pasar por amigos y aliados de los pueblos, pero fraguan continuos complots a espaldas suyas. Cuando estos complots de los socialimperialistas soviéticos son descubiertos y desenmascarados y no se acepta su tutela, como ha ocurrido en algunos países africanos, acusan a estos países de desviarse del camino de la «orientación socialista» y a sus dirigentes de tomar decisiones apresuradas, de carácter subjetivo. Este hecho evidencia que tanto la teoría de la «vía no capitalista de desarrollo» como la de «orientación socialista» han sido inventadas y son propagadas por los revisionistas soviéticos en función de sus fines neocolonialistas y hegemonistas». (Nesti KaraguniLa esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984)

martes, 5 de mayo de 2015

¿Cuál es la única clase social que puede dirigir una transformación socialista de la sociedad?


«
El marxismo-leninismo nos enseña y la práctica ha confirmado plenamente que la burguesía, al estar relacionada con la explotación capitalista y siendo la protagonista de esta explotación, no sólo no puede tener ni tiene tendencia socialista alguna, por lo que no puede ser tratada como fuerza motriz del proceso de transición al socialismo y mucho menos como fuerza dirigente de este proceso, sino que además, objetivamente se alinea al frente de los enemigos de la revolución y del socialismo, inclusive a lo largo del desarrollo de la revolución de liberación, democrática y antiimperialista, debido a sus propias posiciones económicas y de clase. Se caracteriza por sus vacilaciones y sus compromisos con el imperialismo y la reacción interna, y por lo tanto no está en condiciones de llevarla hasta el fin. Tampoco pueden jugar el papel dirigente de la revolución las capas de la pequeña burguesía, puesto que tienen exigencias limitadas, individualistas, están bajo la influencia de la ideología anticientífica y dan bandazos ora a la «derecha», ora a la «izquierda», deslizándose hacia el oportunismo y el aventurerismo. Tampoco las capas de la intelectualidad pueden ser una fuerza independiente, porque proceden de diversas clases, por naturaleza son vacilantes política e ideológicamente y tampoco pueden desempeñar un papel dirigente en la revolución.

El papel hegemónico del proletariado en la revolución es insustituible, porque de todas las clases, capas y grupos sociales, en el capitalismo, es la, clase más progresista y consecuentemente revolucionaria. Y lo es porque no dispone de nada, excepto de su fuerza de trabajo, que para no morir de hambre se ve obligada a venderla a los patrones capitalistas, dueños de los medios de producción, siendo salvajemente explotada. La clase obrera realiza la producción material, soporta el peso de la existencia y del desarrollo social, pero sin embargo no goza de los frutos de su trabajo. De este modo, su situación material, política y la posición que ocupa en la sociedad burguesa la obligan a organizarse y a lanzarse a la resuelta lucha revolucionaría para destruir el viejo régimen y construir la sociedad socialista. El proletariado trabaja y está ligado al sector más avanzado de la economía, a la gran producción industrial y al estar compuesto por centenares y decenas de miles de personas, se convierte no solo en la clase más progresista que aspira y lucha por establecer el modo más avanzado de producción, el modo socialista, sino que dispone de grandes posibilidades y de mejor organización para emprender acciones revolucionarias. La conciencia para organizarse y realizar tales acciones se la da su teoría científica, el marxismo-leninismo que le aclara las condiciones de la lucha y de la victoria. Crea asimismo su estado mayor dirigente, su partido combativo marxista-leninista, que le inspira, le organiza y le dirige en la realización de su gran misión histórica.

Debido a todas estas circunstancias tomadas en su conjunto, es al proletariado al que le corresponde desempeñar su papel hegemónico en la revolución, y no solo en la etapa socialista, donde es indiscutible, sino también en la democrática de liberación. Lenin, refiriéndose a la revolución democrático-burguesa de Rusia de 1905-1907 subrayaba que el hecho:

«De que el contenido burgués de esta revolución no se puede extraer  la conclusión trivial de que la burguesía es el motor de la revolución, de que las tareas del proletariado en la misma son auxiliares, de que no es posible que la revolución la dirija el proletariado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Prefacio a la traducción rusa de las cartas de K. Marx a L. Kugelmann, 1907)

Demostró que el proletariado tiene la posibilidad y debe ser hegemónico en la revolución democrático popular, de carácter general antiimperialista y antifeudal, porque más que cualquier otra fuerza social está interesado y es capaz de llevarla hasta sus últimas consecuencias, a su triunfo definitivo y de crear las posibilidades para su transformación ininterrumpida y en un tiempo relativamente breve en revolución socialista. La fuerza y las posibilidades del proletariado para desempeñar su papel hegemónico y dirigente en la revolución y para cumplir su misión histórica no depende de su número. El camarada Enver Hoxha ha subrayado que:

«El papel dirigente de la clase obrera lo desempeña a través de su partido, que, tal como demuestra también el ejemplo de nuestro país, puede ser creado y encabezar la lucha revolucionaria incluso siendo la clase obrera poco numerosa y no estando organizada». (Enver Hoxha; Cuestiones de la revolución y de la construcción socialista, 1979)

La dirección exclusiva e incompartible del partido marxista-leninista en la dura lucha de clases contra la burguesía y la reacción, en la lucha de liberación nacional, en la revolución y en la construcción del socialismo, es una necesidad objetiva, de la que no puede ser excluido ningún país, desarrollado o no desde el punto de vista económico y cultural. Esta exigencia adquiere una importancia particular en nuestros días, cuando en diversos países del mundo han aparecido y aparecen situaciones revolucionarias. El partido marxista-leninista debe necesariamente hacer consciente al proletariado de su misión histórica, aclararle los objetivos de la lucha, así como las vías para su consecución. La revolución y la construcción del socialismo son procesos conscientes, que se realizan sobre la base de la ideología científica marxista-leninista, y es el partido proletario el que porta, elabora y transmite esta ideología a la clase obrera y a las masas trabajadoras. En la dura lucha de clases y en la revolución, el proletariado se enfrenta a numerosos y poderosos enemigos, a la burguesía y a las clases explotadoras, a la reacción y a los oportunistas y revisionistas, que están organizados en Estado y en partidos y que tienen experiencia de dominación y de represión de los movimientos revolucionarios. El proletariado no puede oponérseles, vencerlos y salir victorioso sobre ellos sino actúa como una clase compacta, con su propio partido, en sólida unidad de pensamiento y acción. La lucha del proletariado contra sus enemigos es compleja y multilateral. En esta lucha contrae alianzas con otras fuerzas sociales y arrastra tras de sí a éstas. Pero para el éxito de la revolución es necesario que todos los hilos del movimiento revolucionario se concentren en un único e incompartible centro dirigente, orientador y coordinador. Este único centro y fuerza lo es únicamente el partido marxista-leninista de la clase obrera, porque como ha señalado Stalin, solo él es el destacamento de vanguardia y organizado de la clase obrera, la más alta forma de organización de clase del proletariado y arma en manos de la clase obrera para la instauración de la dictadura del proletariado, para su continua consolidación y perfeccionamiento, es una unidad de voluntades incompatibles con la existencia de fracciones y que se fortalece depurándose de los elementos oportunistas, revisionistas y desviacionistas». (Nesti KaraguniLa esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984)

lunes, 4 de mayo de 2015

La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista»; Nesti Karaguni, 1984

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

El presente documento del albanés Nesti Karaguni analiza una de las teorías más descaradas que ha sumado el revisionismo moderno a su bagaje de teorías antimarxistas. Hablamos de la teoría de los países de «vía no capitalista» y «orientación socialista». Esta teoría soviética no tenía otro propósito que embellecer propagandísticamente al país que aceptaba ponerse bajo tutela del socialimperialismo soviético y aceptaba con ello otro puñado de teorías como la teoría de la «soberanía limitada» –que legitimaba la intervención soviética en cualquier país si la Unión Soviética creía que allí peligraba el «socialismo»–, o la «división socialista del trabajo» –que buscaba la especialización económica en cada país dentro del campo revisionista soviético, propiciando que estos países desarrollaran una extrema dependencia de la extensa gama de material industrial que ya había logrado obtener la Unión Soviética–, etc. Teorías unas y otras, que legitimaban, desde el punto de vista del revisionismo soviético, la explotación y sometimiento que ejercía la Unión Soviética revisionista y capitalista sobre estos otros países.

El autor identifica tres características claves para entender la teoría, y el significado de lo que conlleva el aceptar tal teoría de los países de «vía no capitalista» y «orientación socialista»:

1) «Defensismo» de las relaciones de producción capitalistas:

a) La creencia de que se puede transformar la sociedad desde el reformismo económico; por tanto usando el Estado burgués existente, y sin que presuntamente haya una necesidad imperiosa de establecer la dictadura del proletariado, por tanto tampoco la necesidad de acabar con la propiedad privada.

b) La creencia de que se puede reducir –que no acabar– con el papel de los monopolios extranjeros con la misma tibia fórmula, pese a ello, como en el revisionismo eurocomunista, el revisionismo chino, el revisionismo titoista, o el actual «socialismo del siglo XXI»; se da cabida, de modo supuestamente «limitado», al capital extranjero y al capital de la burguesía nacional local que supuestamente «no daña al pueblo».

c) La justificación de la propiedad privada en la economía a baja y gran escala, y la creencia de que con la extensión  del capitalismo monopolista de Estado se establece la propiedad socialista.

d) Confusión en las etapas de la revolución y el pronóstico de que se tardará mucho en pasar de la etapa antifeudal, anticolonial, a la etapa por la transformación económica del socialismo.

2) Negación del papel del proletariado y su partido:

a) La tendencia común a otros revisionismos como el chino, yugoslavo, eurocomunista, y otros a negar el papel del proletariado como fuerza motriz en el proceso –tanto en la etapa antifeudal, antiimperialista, anticolonial, antifascista, como en la socialista–, alegando falta de número o incluso la inexistencia del mismo en países poco desarrollados.

b) Rechazo o distorsión del papel del partido marxista-leninista, y la promoción en su detrimento de partidos burgueses y pequeño burgueses que lo suplen y se presentan, o lo presentan, desde el exterior como afines al socialismo –como el Partido Baath en Irak, Siria o Egipto–. También encontramos la aglomeración de varias organizaciones y clases en un frente, y el establecimiento de este frente como presunta plataforma desde la que nace el partido marxista-leninista o que asumirá el papel de vanguardia concerniente a un partido proletario –véase el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua o el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador–. Que la dirigencia de un partido que se considere marxista-leninista –como unión de los elementos más conscientes y avanzados del proletariado–, no puede tener en su máxima dirección a elementos que de la noche a la mañana dicen estudiar y aceptar el marxismo-leninismo –véase Fidel Castro en Cuba o António Agostinho Neto en Angola–. Añádase la variante de que, a partir de los golpes de Estado en el ejército –dejando a un lado que es una táctica antimarxista de toma de poder por su inconexión con las masas– se creaban de la nada partidos presuntamente marxista-leninistas –véase el  Partido de los Trabajadores de Etiopía, la Unión Socialista Árabe en Libia, el Partido Democrático Popular de Afganistán, o en el caso de Burkina Faso en donde nunca se llegó ni siquiera a fundar un partido, siendo comandado el proceso por una junta militar, que además comandaría la transición a su presunto socialismo.

c) Mala consideración del carácter de la burguesía nacional en la lucha de liberación nacional –no tomando en cuenta su dualidad y como posible su deserción–. Y una extensión de esta buena fe, creyendo que si ésta ha colaborado en la lucha anticolonial, antifeudal, antiimperialista, etc., por extensión, debe de aceptar la introducción del socialismo  –pese a que el verdadero socialismo signifique su extinción como clase social explotadora–.

3) Sobrestimación del papel exterior en la revolución:

a) Negar que son las fuerzas interiores las principales en el desenvolvimiento de la revolución del país, siendo la influencia exterior, positiva o negativa, un aspecto secundario.

b) Presentar la «ayuda» soviética como el principal factor para determinar si un país va en pro de la «orientación socialista» o no. Presentar así mismo, que sin esta ayuda, y la adecuación a otras teorías como la teoría de la «soberanía limitada» o su adhesión a los organismos militares como el Pacto de Varsovia o el Consejo de Ayuda Mutua Económica en lo económico, es imposible sobrevivir ante el cerco del imperialismo capitalista. Alegando que cuando un país niega dicha «ayuda» y «tutela» soviética ha traicionado al socialismo –véase el caso de la República Democrática de Somalia o Egipto y sus virajes de la Unión Soviética a los Estados Unidos–.

c) Negar el axioma marxista-leninista de que la verdadera ayuda de los países socialistas a otros países socialistas solo puede ser un auxiliar en la economía. El país que construye el socialismo debe valerse de sus propias fuerzas. El olvido de que el imperialismo no otorga créditos para ver la construcción del socialismo, sino que toda inversión está calculada de antemano para obtener suculentos beneficios, estableciendo en dicha relación unos lazos económicos, políticos y culturales para influir en el país deudor. En la mayoría de las ocasiones se ha comprobado –pues tampoco una dirección revisionista como desconocedores de la economía política marxista– que no pueden ni otorgar una economía sana y saneada a su país, ni controlar la deuda a que se encadenan a los diferentes imperialismos, por lo que deben de sacrificar el nivel de vida de las masas obreras para pagar las grandes deudas –véase el caso de la Polonia, Yugoslavia, o la Rumanía revisionista– que incluso lleva a la autodestrucción de tal régimen.


***

Por todo, al respecto de esto que se ha visto a lo largo de la historia, y sobre todos en los regímenes prosoviéticos de África, Asia y América, hay que recordar que:

«La claridad en esta cuestión y el establecimiento de una neta línea de demarcación entre el socialismo auténtico y el pseudosocialismo, revisten una importancia capital para el desarrollo con éxito de la lucha de la clase obrera y de las masas trabajadoras. Sin tener una clara imagen de la sociedad socialista y sin atenerse a sus principios y leyes generales, la revolución se queda a mitad de camino». (Enver Hoxha; Informe al VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1981)

El documento:

La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista»

Preámbulo

En su importante obra: «El Imperialismo y la revolución» de 1978, al desenmascarar la estrategia de los revisionistas y socialimperialistas soviéticos como la estrategia de un Estado saqueador que busca extender su hegemonía y dominación a escala mundial, el camarada Enver Hoxha subraya entre otras cosas, que:

«La Unión Soviética intenta abrirse paso para realizar sus planes expansionistas neocolonialistas, presentándose como un país que sigue una política leninista e internacionalista, como aliado, amigo y defensor de los nuevos Estados nacionales, de los países poco desarrollados, etc. Los revisionistas soviéticos preconizan que estos países, al ligarse a la Unión Soviética y a la llamada «comunidad socialista», que es proclamada como la «principal fuerza motriz de la actual evolución mundial», pueden avanzar con éxito por el camino de la libertad y la independencia, e incluso del socialismo. A tal efecto han inventado asimismo las teorías del «camino no capitalista de desarrollo», de la «orientación socialista», etc». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Son innumerables los hechos que arrojan luz sobre la esencia reaccionaría antimarxista, oportunista y contrarrevolucionaria de estas teorías, que reflejadas de manera sintética en los principales documentos del partido revisionista de la Unión Soviética y de manera particular de sus congresos, ocupan un lugar especial entre las publicaciones filosóficas revisionistas y en la actual propaganda socialimperialista soviética. Se trata de principio a fin de un cúmulo de tesis que tienden a perpetuar el régimen económico, social y político capitalista en una serie de países ex coloniales y poco desarrollados, embelleciéndolos con el calificativo de «vía no capitalista de desarrollo», incluso de «orientación socialista», por la que supuestamente habrían penetrado y avanzan algunos de estos países y a la que tenderían a penetrar y avanzar otros. Estas teorías preconizan la conciliación de clases y la vía reformista de transición al socialismo, lo que sería factible –según ellas– dentro del marco del propio Estado capitalista, en el marco de las estructuras y de la superestructura existentes, sin necesidad de revolución, de destruir la vieja máquina del Estado burgués ni de instaurar la dictadura del proletariado. En lo que se refiere a las fuerzas motrices, niegan la misión histórica y el papel hegemónico del proletariado y de su partido marxista-leninista, llegando al absurdo de conceder este papel a la burguesía y a sus partidos políticos. Simultáneamente, el apoyo de estos países en la experiencia y en la llamada «ayuda» de la Unión Soviética revisionista y socialimperialista y de la «comunidad socialista», así como la supeditación de su política a la de la Unión Soviética, es considerada una necesidad y la piedra de toque que determina el que estos países hayan entrado o no en «la vía no capitalista de desarrollo» y de «orientación socialista».

I
Apologistas y defensores del régimen explotador

La teoría marxista-leninista argumenta y la práctica ha probado que las transformaciones revolucionarias socialistas en la base económica, es decir en las relaciones de producción, y en numerosos campos de la superestructura, comienzan a operarse únicamente con la instauración de la dictadura del proletariado. Esta, de manera consciente y organizada, bajo la dirección del auténtico partido marxista-leninista de la clase obrera y apoyada en las leyes objetivas del desarrollo social, aplica profundas y amplias medidas revolucionarías para la liquidación del viejo régimen económico-social opresor y explotador y para la construcción de la sociedad socialista sin clases explotadoras, como primera fase de la construcción de la sociedad sin clases, el comunismo.

En oposición a estas enseñanzas sobre la dictadura del proletariado, como primer e imprescindible acto de la revolución socialista, así como sobre su papel determinante para la realización de transformaciones socialistas en la base económica y en la superestructura, los revisionistas soviéticos, en sus teorías sobre la «vía no capitalista de desarrollo» y de «orientación socialista» hacen hincapié principalmente en las reformas económicas.

lunes, 19 de mayo de 2014

La misión histórica del partido marxista-leninista y del proletariado


Leonid Ilich Brézhnev; uno de los máximos exponente del revisionismo soviético

«Marx y Lenin han afirmado que entre todas las clases que hoy se enfrentan a la burguesía, sólo el proletariado, en tanto que clase más progresista y consecuentemente revolucionaria, puede y debe desempeñar sin titubeos su papel hegemónico en todos los actuales procesos revolucionarios que contribuyen a la destrucción del viejo régimen de opresión y explotación y a la transición de la sociedad al socialismo.

Los revisionistas soviéticos, en oposición al marxismo-leninismo y a la experiencia del desarrollo práctico de la revolución, por un lado tergiversan la realidad pretendiendo que en muchos países que acaban de proclamar la independencia nacional aún:

«No se ha creado la clase obrera nacional». (15) (Voprosi fillosofi; Nº.3, 1983)

Lo que no es en absoluto verdad, mientras por otro lado, especulando con el hecho de que en muchos otros países como estos existe un proletariado poco numeroso y no organizado, extraen la conclusión antileninista de que el proletariado no puede:

«Asumir la misión hegemónica en la revolución democrático nacional». (16) (Mezhdunarodnova zhizny; Nº.3, 1981)

Al mismo tiempo tratan de «probar» que la preparación de las premisas y la «transición gradual al socialismo» de los países, calificados de «orientación socialista» será obra no del proletariado y bajo su dirección, sino de aquellas fuerzas –frentes– que dirigieron la lucha por la liberación y la independencia nacionales, o de aquellas fuerzas que actualmente se encuentran en el poder, sin que sea necesario un nuevo alineamiento de las fuerzas de clase y sin dirigir el rigor del combate y los golpes revolucionarios contra la burguesía, porque, según los revisionistas soviéticos, una parte considerable de la burguesía de estos países habría asumido tendencias socialistas, habría abrazado la «vía del desarrollo socialista» y tendría la posibilidad de desempeñar también el papel dirigente en este importante proceso de desarrollo y progreso. A la par, los revisionistas soviéticos hacen hincapié en su propaganda de que la llamada «orientación socialista» no puede realizarse sin la «ayuda» ni la «experiencia» del socialimperialismo soviético. Afirman que la «orientación socialista» sólo es real en aquellos países:

«Que aceptan y aprovechan la ayuda y la experiencia de los países socialistas [léase: de los países revisionistas - Anotación de N.K.]». (17) (Voprosi fillozofií; Nº.10, 1981)

De donde resulta que si no reciben esta «ayuda» y esta «experiencia» los países no podrían marchar hacia el «socialismo». Así pues, la primera condición fundamental para que los países vayan al socialismo, según los revisionistas soviéticos, sería el factor externo.

También en estas prédicas relacionadas con una de las cuestiones más cardinales de la estrategia y de la táctica, de la teoría y de la práctica de la revolución, como es la de las fuerzas motrices de la revolución, de su situación, alineamiento y de su papel en ella, se descubren abiertamente las posiciones antimarxistas y neocolonialistas, enmascaradas con palabrería pseudomarxista una nueva campaña «civilizatoria» sobre los pueblos subdesarrollados como hacían los colonialistas de antaño y el imperialismo occidental hoy.

El marxismo-leninismo nos enseña y la práctica ha confirmado plenamente que la burguesía, al estar relacionada con la explotación capitalista y siendo la protagonista de esta explotación, no sólo no puede tener ni tiene tendencia socialista alguna, por lo que no puede ser tratada como fuerza motriz del proceso de transición al socialismo y mucho menos como fuerza dirigente de este proceso, sino que además, objetivamente se alinea al frente de los enemigos de la revolución y del socialismo, inclusive a lo largo del desarrollo de la revolución de liberación, democrática y antiimperialista, debido a sus propias posiciones económicas y de clase. Se caracteriza por sus vacilaciones y sus compromisos con el imperialismo y la reacción interna, y por lo tanto no está en condiciones de llevarla hasta el fin. Tampoco pueden jugar el papel dirigente de la revolución las capas de la pequeña burguesía, puesto que tienen exigencias limitadas, individualistas, están bajo la influencia de la ideología anticientífica y dan bandazos ora a la «derecha», ora a la «izquierda», deslizándose hacia el oportunismo y el aventurerismo. Tampoco las capas de la intelectualidad pueden ser una fuerza independiente, porque proceden de diversas clases, por naturaleza son vacilantes política e ideológicamente y tampoco pueden desempeñar un papel dirigente en la revolución». (Nesti Karaguni; La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984)

sábado, 17 de mayo de 2014

Sobre el papel del partido marxista-leninista en la dirección del proletariado y el proceso al socialismo


«La dirección exclusiva e incompartible del partido marxista-leninista en la dura lucha de clases contra la burguesía y la reacción, en la lucha de liberación nacional, en la revolución y en la construcción del socialismo, es una necesidad objetiva, de la que no puede ser excluido ningún país, desarrollado o no desde el punto de vista económico y cultural. Esta exigencia adquiere una importancia particular en nuestros días, cuando en diversos países del mundo han aparecido y aparecen situaciones revolucionarias. El partido marxista-leninista debe necesariamente hacer consciente al proletariado de su misión histórica, aclararle los objetivos de la lucha, así como las vías para su consecución. La revolución y la construcción del socialismo son procesos conscientes, que se realizan sobre la base de la ideología científica marxista-leninista, y es el partido proletario el que porta, elabora y transmite esta ideología a la clase obrera y a las masas trabajadoras. En la dura lucha de clases y en la revolución, el proletariado se enfrenta a numerosos y poderosos enemigos, a la burguesía y a las clases explotadoras, a la reacción y a los oportunistas y revisionistas, que están organizados en Estado y en partidos y que tienen experiencia de dominación y de represión de los movimientos revolucionarios. El proletariado no puede oponérseles, vencerlos y salir victorioso sobre ellos sino actúa como una clase compacta, con su propio partido, en sólida unidad de pensamiento y acción. La lucha del proletariado contra sus enemigos es compleja y multilateral. En esta lucha contrae alianzas con otras fuerzas sociales y arrastra tras de sí a éstas. Pero para el éxito de la revolución es necesario que todos los hilos del movimiento revolucionario se concentren en un único e incompartible centro dirigente, orientador y coordinador. Este único centro y fuerza lo es únicamente el partido marxista-leninista de la clase obrera, porque como ha señalado Stalin, sólo él es el destacamento de vanguardia y organizado de la clase obrera, la más alta forma de organización de clase del proletariado y arma en manos de la clase obrera para la instauración de la dictadura del proletariado, para su continua consolidación y perfeccionamiento, es una unidad de voluntades incompatibles con la existencia de fracciones y que se fortalece depurándose de los elementos oportunistas, revisionistas y desviacionistas». (Nesti Karaguni; La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984)