jueves, 31 de diciembre de 2020

El feminismo gubernamental, la cuestión del pin parental y el seguidismo clásico; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«A los marxistas no les importa en absoluto las zarandajas del actual sistema legislativo burgués. Desconfían de sus bonitas declaraciones sobre la «defensa de los derechos humanos», la importancia de «educar en valores», etc. Todo radica en analizar los hechos claros, palpables. 

Es cómico el papel que algunos autodenominados «marxistas» están jugando, practicando el seguidismo clásico a la producción teórica de la pequeña burguesía radicalizada, más concretamente a la corriente del feminismo. 

El embelesamiento sobre el feminismo lleva hoy a la «izquierda» y los «revolucionarios» a que digan cosas tan sorprendentes como la que sigue a continuación:

«El 14 de enero se me impidió participar en un debate del PCPV sobre «Patriarcado», alegando que era exclusivamente para mujeres, cosa que se anunció a última hora. Por ello, expongo aquí las reflexiones que no pude exponer allí. (...) Propugnar un Feminismo «de clase» puede significar querer trazar una línea divisoria dentro del movimiento feminista que no ayudaría a su expansión. Pero lo más grave es que puede significar también pretender trazar una línea divisoria dentro de la clase trabajadora. Y es importante combatir cualquier intento de dividir a la clase trabajadora, sea por criterios nacionales, generacionales, de lugar de nacimiento o de género». (Rafael Pla López; ¿Feminismo de «clase» o «de la clase»? 2018)

Este «aliado» del feminismo que confiesa ser ninguneado por sus «compañeras» en los «espacios no mixtos», agradece tal trato mezclando feminismo con marxismo –eso sí, bajo el disfraz de que es un «feminismo de clase»–, pero además disuelve al proletariado entre las clases sociales en general llamándola a todas ellas como «clases trabajadoras». Para finalizar este despropósito, propone que el marxismo adopte este «feminismo de clase» pero que a su vez no se sea sectario y no exija que plante su propia visión y reivindicaciones sobre los problemas que aquejan a la «mujer trabajadora», porque eso puede «reducir su base social». En resumen: ¡«Que se abran cien flores y compitan cien escuelas de pensamiento»! ¿Se imaginan lo que podría salir de juntar esta novedosa «visión plural» e «interclasista» sobre la problemática ecológica o de género? Bueno, qué decir, ahí tenemos en Europa años de actividad de Los Verdes, Syriza o Unidas Podemos y las decepciones que causan su politiqueo. 

Trasladado esto al reciente debate sobre el pin parental en la educación –en torno a si la educación era cuestión del gobierno o de los padres–, este tipo de agrupaciones no dudaban, por supuesto, en defender a capa y espada al gobierno feminista. ¡Faltaría más!

«¿Cuál es el contenido real que se pretende censurar a través del modelo de control parental? Y este no es otro que una educación que nos ayuda a ser más libres y que nos impulsa a la igualdad en lo referente al feminismo y los derechos LGTBI. (...) Limitar el desarrollo del discurso igualitario que hay dentro del movimiento feminista». (República en Marcha; ¿Por qué la censura parental es contraria a los intereses de la clase obrera?, 2020)

Dejando de lado las cuestiones legales vigentes, los marxistas se oponen tajantemente a que el feminismo –o cualquier otra ideología anticientífica– tenga mano para introducir su ideología tanto en las actividades oficiales del centro como en las complementarias, tanto en educación sexual-afectiva como en lo tocante a la historia de la mujer. No hay más vuelta de hoja.

Hay que dejar claro que el feminismo no puede conjugarse con el marxismo, porque el segundo busca la abolición de clases mientras que el primero siempre ha sido un movimiento burgués –como denunciaban las propias marxistas–, uno que hoy cuenta con miles de ramificaciones y tendencias ideológicas, a cada cual más excéntrica y rimbombante. Véase el capítulo: «Comunistas» subiéndose al carro de moda: el feminismo» de 2020.

Incluso el vago concepto de «socialismo» que puedan tener las agrupaciones feministas o, en su defecto, las organizaciones influenciadas por el mismo, no dejará de ser un socialismo antagónico al marxista, exactamente como ocurre con los grupos revisionistas. 

«Las feministas declaran estar del lado de la reforma social, y algunas de ellas incluso dicen estar a favor del socialismo –en un futuro lejano, por supuesto– pero no tienen la intención de luchar entre las filas de la clase obrera para conseguir estos objetivos. Las mejores de ellas creen, con ingenua sinceridad, que una vez que los asientos de los diputados estén a su alcance serán capaces de curar las llagas sociales que se han formado, en su opinión, debido a que los hombres, con su egoísmo inherente, han sido los dueños de la situación. A pesar de las buenas intenciones de grupos individuales de feministas hacia el proletariado, siempre que se ha planteado la cuestión de la lucha de clases han dejado el campo de batalla con temor. Reconocen que no quieren interferir en causas ajenas, y prefieren retirarse a su liberalismo burgués que les es tan cómodamente familiar». (Aleksandra Kolontái; Los fundamentos sociales de la cuestión femenina, 1907)

Entender esto no significa que se deba refutar al feminismo en base al mero insulto ni tampoco con un lenguaje rebuscado que nada puede aclarar. Hay que aceptar el nivel ideológico generalizado y en consecuencia hablar de forma que la gente pueda entender el abismo que separa al feminismo del marxismo.

El «progresismo feminista» del PSOE en el poder ya nos «regaló» incomprensibles legislaciones, como la Ley integral de violencia de género o la introducción de las leyes de paridad en la época de Zapatero. Muy poco después, el feminismo se volvió «mainstream» entre la mayoría de las organizaciones políticas contemporáneas, y en nuestros días hasta la vieja y rancia derecha se ha adaptado al feminismo. El resultado de la penetración de esta ideología en grupos reformistas como Unidas Podemos, o anarcoides-nacionalistas, como la CUP, son bien palpables. Las ideas del feminismo son para ellos lo que para los cristianos son los salmos, textos sagrados que deben ser memorizados y recitados.

Bueno, dirá el lector, pero muchas de las ideas más fantasmagóricas del feminismo por suerte no se han materializado en las aulas e instituciones. Lo cierto es que ya ha habido leyes en el ámbito educativo que admitieron como verdades incontestables las ideas centrales del feminismo. En Navarra, el gobierno de Geroa Bai –formado por EH Bildu, Podemos, I-E–, implementó una polémica ley de educación que decía lo siguiente:

«La práctica coeducadora debe hacernos competentes tanto para el diagnóstico crítico de la realidad, desde un enfoque de género bien fundamentado, como para el diseño de nuestra implicación en construir nuevas identidades igualitarias, masculinas y femeninas, que se exigen y exigen una convivencia en igualdad y se implican en construir una sociedad en la que la igualdad sea una realidad y no una reivindicación. La estructura social actual niega a las mujeres la ciudadanía plena». (Gobierno de Navarra; El plan de coeducación 2017-2021 para los centros y comunidades educativas de Navarra)

Según la concepción del Gobierno de Navarra, las mujeres viven en la misma posición real que durante el franquismo, es decir, no tienen la ciudadanía plena. 

«Si es completamente estúpido proclamar, como hace el PCE (r), que la España actual, mediatizada sobre todo por los gobiernos del PSOE, tiene un corpus jurídico «fascista», igual de surrealista es ver a una feminista proclamar que la legislación y la justicia es «patriarcal».  El problema es que ni las feministas saben lo que es el patriarcado ni el PCE (r) lo que es el fascismo.

Hoy no vivimos en un «sistema patriarcal» como el descrito en la Biblia, como el de la época romana o la etapa medieval. El padre no tiene derecho de vida y muerte sobre sus hijas como en las leyes de Augusto, los padres no tienen la posibilidad legal ni se apoyan en el derecho de costumbre para casar a sus hijas en contra de su voluntad, no existe el derecho de pernada, etc. Hablar de «patriarcado» teniendo presente su auténtico significado histórico, su contenido real, es poco menos que una patada a los libros de historia y derecho.

Jurídicamente, en la mayoría de países capitalistas avanzados se derogaron las leyes consideradas herederas del patriarcado puro. En España se eliminaron como acabamos de ver las leyes del franquismo y anteriores que penaban el adulterio o la homosexualidad, se facilitó el divorcio, se despenalizó el aborto, etc. 

De hecho, se creó todo un corpus jurídico para perseguir la violencia contra la mujer, incluso existen actualmente leyes con penas asimétricas donde condenan al hombre con mayor severidad por el mismo acto que cuando lo comete una mujer –véase la Ley integral de violencia de género de 2004–. 

Lo cierto es que lejos de vivir en un sistema judicial patriarcal existen leyes que benefician a la mujer frente al hombre para, por ejemplo, optar a un trabajo público en caso de empate –Andalucía– o beneficios para empleos públicos con pocas cuotas femeninas –Galicia–, incluso se han adecuado las pruebas físicas para el sexo femenino en las instituciones y cuerpos de seguridad, Policía o Guardia Civil o Ejército. 

¿Acaso un sistema «patriarcal» –sobre todo en el sentido que el feminismo o los partidos revisionistas lo presentan, casi como un ente espiritual– permitiría esto? ¿Permitiría minar su propio poder de esa manera si su intención es perpetuar el poder de los hombres? Como se ve, al constatar un poco la realidad, esta teoría se cae por su propio peso». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

Es curiosa cuanto menos esa afirmación sobre esa «invisibilización» y «degradación» de las mujeres como sujeto social con los datos que hoy prevalecen en estos países:

«El desmantelamiento del patriarcado en Gran Bretaña comenzó en el siglo XIX, al final del cual las mujeres casadas comenzaron a ser capaces de poseer bienes y dinero y comenzaron a acceder a profesiones como la medicina y la contabilidad para poder vivir de manera independiente. A lo largo del siglo XX, los derechos y las libertades aumentaron hasta que las mujeres llegaron a conseguir el derecho a voto, el acceso a todas las profesiones y cualificaciones, el derecho a igual salario por igual trabajo y el derecho a rechazar el sexo dentro del matrimonio. (…) La mayoría de las personas apuntan a estadísticas que muestran que los hombres están muy sobrerrepresentados en la política y los negocios y dicen que esto es evidencia de una sociedad gobernada por hombres. Sin embargo, no hay ninguna ley que indique que solo los hombres pueden acceder a estas posiciones, y algunas son ocupadas por mujeres. Nuestra actual Primera Ministra es, después de todo, una mujer. Hay pocas pruebas de que el desequilibrio se deba a la discriminación contra las mujeres en lugar de a las diferentes elecciones hechas por hombres y mujeres. Dado que las mujeres han tenido acceso a todas las profesiones, han llegado rápidamente a dominar la educación, la salud, la publicación y la psicología. ¿Esto hace de estos campos fuertemente sociales, que guían cómo la sociedad piensa y siente, que sean matriarcales?». (Helen Pluckrose; Cómo saber si vivimos en un patriarcado, 2017)

Ignorando toda realidad... desde el gobierno de Navarra nos insistían en que:

«Debe potenciarse la investigación metodológica para lograr que todos los alumnos, no solo los previamente sensibilizados hacia la Igualdad, cuestionen el concepto de masculinidad hegemónica y sometan a crítica los privilegios de los que disfrutan». (Gobierno de Navarra; El plan de coeducación 2017-2021 para los centros y comunidades educativas de Navarra)

Esto parece sacado de cualquier «influencer» del feminismo actual, cosa que no nos sorprende en absoluto, dado que la influencia de estos sujetos es sumamente importante para apuntalar el discurso gubernamental:

«Un privilegio es una ventaja o una concesión especial que se tiene porque alguien la ha concedido o porque las circunstancias, el contexto, la hacen posible. Son exactamente lo contrario que a los derechos. Porque los privilegios siempre se tienen a costa de alguien (…) Los privilegios implican que tiene que haber un sistema que los hace posibles, que los legitima, que lo sostiene, y que lo reproduce. Significa que hay un conjunto de normas, de valores, de costumbres. (…) Incluso de políticas y de leyes». (Irantzu Varela; En la frontera, capítulo 451, 26 de noviembre de 2020)

Suponemos que cuando las feministas hablan de los «privilegios de los hombres» se refieren al trabajo cómodo, bien remunerado o incluso las corruptelas económicas de sus colegas de organización. ¿Qué privilegio patriarcal existe en la España del siglo XXI? Absolutamente ninguno en la ley, y culturalmente también está penado socialmente cualquier atisbo de machismo, como muestra tenemos las propias encuestas del Centro de Investigación Social (CIS) [*], que ninguna feminista se atreverá a negar que en todo caso está bajo influencia directa de sus amigos de gobierno.

Cuando el PSOE, en coalición con Unidas Podemos, recuperó el poder del gobierno nacional en 2019, según las palabras de Sánchez-Iglesias, una de sus máximas prioridades sería impulsar el feminismo y reformar el país en base a sus ideas, algo que rápidamente fue aplaudido por otros partidos de influencia feminista, como la organización nacionalista vasca EH Bildu. A la llamada de esta santa cruzada «contra el heteropatriarcado» acuden todo tipo de miniorganizaciones insulsas que marchan en procesión detrás de estos partidos tradicionales.

En Murcia pudimos ver cómo sin criticismo alguno hacia el «gobierno feminista», casi todas las organizaciones autodenominadas «marxistas» hicieron un seguidismo a las peticiones de estas organizaciones sobre el pin parental. Con mucha diligencia siguieron sus eslóganes y firmaron sus manifiestos sin ápice de desconfianza: Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), Partido Comunista España (PCE), Anticapitalistas, etc. 

«Con el PIN Parental, el gobierno de la Región de Murcia, auspiciado por los sectores más conservadores, pide a las familias consentimiento expreso para la participación de sus hijos e hijas en todas las actividades complementarias que se realicen en los centros educativos, en las que participen personas ajenas a los claustros de docentes, aunque estén organizadas por ellos. Esta medida contraviene la Constitución y las normas educativas, ataca la autonomía de los centros y la libertad de cátedra del profesorado y personal docente y, lo que es más importante, contradice el derecho fundamental y constitucional de los niños, niñas y adolescentes a recibir una formación integral basada en los principios y valores de nuestra democracia, como la igualdad entre hombres y mujeres, la tolerancia y el respeto a la diversidad, que no se constituyen como parte de la moral personal, sino de la ética que se emana de los principios comunitarios que venimos conformando como sociedad democrática». (Manifiesto por la eliminación del pin parental en la región de Murcia; Firman 103 colectivos, 17 de enero de 200)

¡Casi nos saltan las lágrimas de emoción al ver que vivimos prácticamente en el paraíso y no nos habíamos enterado! ¡Cuánta cantidad de fantoches nos toca aguantar en nombre del marxismo! 

Esto que acabamos de leer es el clásico pensamiento del republicano pequeño burgués:

«Si el señor Roberto Rovira piensa que porque en la Constitución de 1931 se alcanzó una «igualdad efectiva» porque se hablaba de «república de trabajadores» de toda clase, entonces tendríamos que decir que en la España de hoy también existe «igualdad» porque así lo designa la Carta Marga de 1978 en fragmentos que afirman que: «España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político»… o cuando afirma que «Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social». ¡¿Pero qué tipo de idealismo barato es este, señores?! Hablemos de la realidad material y no de bonitas frases como «democracia», «libertad» o «igualdad» que son, en la práctica, papel mojado que la dictadura del capital pisotea constantemente. ¿Cómo se puede declarar que existía igualdad entre los ciudadanos de la España Republicana de 1931-36 cuando fue uno de los periodos más convulsos en cuanto a agitación y reivindicación social con huelgas, manifestaciones o insurrecciones? Por favor, ¿realmente podemos tomar en serio a estos analfabetos históricos?». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2020)

Que presuntos «marxistas» y grupos autodenominados «anticapitalistas» firmen un documento que embellece la democracia burguesa y su propaganda produce vergüenza ajena. Pero todavía algunos justificarán esto con argumentos de «gran calidad teórica» como que «¡No podíamos quedarnos fuera de algo que era un reclamo popular de miles de personas!». Si esta «izquierda» seguidista obedece los reclamos populares por, bueno, ser mayoritarios, entonces deberían apoyar a la derecha cuando realiza convocatorias masivas; verán con buenos ojos los ánimos de sus partidarios a la policía que marcha a Cataluña para apalear a quienes desean ejercer el derecho de autodeterminación. Entendemos que, por esta regla de tres, esta «izquierda» habría hecho el saludo romano ante el Führer porque «así lo quiso la voluntad del pueblo alemán». ¡Y estos patanes son los que se consideran la «punta de lanza ideológica» que debe alumbrar al pueblo por la senda revolucionaria y progresista para conseguir un mundo del cual no avergonzarnos! ¡¿Pero cómo van a lograrlo si ya producen vergüenza ajena?! 

Dejaremos otra declaración del antiguo PCE (m-l) de Elena Ódena –por supuesto, del que había antes de caer en el lodazal de hoy que, por cierto, peca de lo que aquí estamos denunciando–:

«Condenamos rotundamente la unidad de acción bilateral y a nivel máximo con los revisionistas. Hoy por hoy no hay nada que justifique esa unidad de acción que algunos preconizan. (…) El negarnos a la unidad bilateral y por arriba con los revisionistas, no significa que no actuemos donde están ellos, por ejemplo, en huelgas, manifestaciones, etc. Lo hemos hecho siempre y lo seguiremos haciendo, pues nosotros vamos allá donde están las masas obreras y populares. Y esto tanto en la calle como en la fábrica, escuela, movimientos populares. Incluso aunque en estos movimientos no haya más fuerza que los revisionistas, nosotros participamos. (…) La diferencia entre los oportunistas y nosotros a la hora de hablar de «unidad de acción» es que para ellos esa unidad de acción conlleva el abandono de las propias consignas y banderas y se atiende sólo a las consignas generales del momento; mientras que nosotros, además de las consignas propias al caso en cuestión, ondeamos nuestras banderas, nuestras propias consignas y, en ningún caso, ocultamos nuestro partido. [Esta es una diferencia clara y neta entre los camaradas alemanes y nosotros. Ellos justifican su «Resolución sobre la unidad de acción» con los revisionistas, porque no hacerlo no hubieran podido participar en una gran manifestación en Bonn, convocada por ¡500 organizaciones! Y ellos, para acudir hacen una resolución completamente oportunista, y van a esta manifestación sin sus banderas ni consignas revolucionarias. ¿A quién quieren engañar? ¿Por qué mienten descaradamente?]». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Sobre algunas cuestiones del Movimiento Internacional; Documentos del Pleno ampliado del Comité Central, 1982)

He aquí por qué los marxistas insisten tanto en la importancia de no caer en el cómodo camino del espontaneísmo e ir a la zaga respecto a las capas atrasadas y las organizaciones pseudorrevolucionarias:

«No podemos colocar en el centro de nuestro trabajo de cara a las masas nuestra relación con esos grupos u organizaciones que representan la línea oportunista a la que hemos de esforzarnos por aislar y denunciar implacable y hábilmente ante las masas. (…) [El oportunismo consiste] en diluir la política del partido en el conjunto de la política de los grupos oportunistas, practicar la unidad sobre la base de mezclar y confundir posiciones, abandonando nuestra condición de partido dirigente en el actual proceso revolucionario que se desarrolla en el movimiento de masas. (...) ¿Basarse en la fuerza real o aparente de este o aquel partido y fijar una línea «que no cree» contradicciones, que «permita» la alianza con ese partido? ¿O basarse en los intereses del pueblo y de la revolución, fijar un programa que corresponda a los intereses populares y oponerse implacablemente a quienes de hecho actúan en el campo del pueblo al servicio del enemigo, por grandes y fuertes que sean –o aparenten ser–? Esta es la cuestión. Es bien sencilla, aunque algunos pretenden embrollarla. (...) Es posible que algunos obreros honrados no entiendan esta actitud, opinen que los dirigentes revisionistas no son todos unos canallas, que exageramos, etc. A veces se escuchan opiniones de ese tipo entre sectores atrasados de las masas. Pero la cuestión es: ¿nosotros debemos basar nuestra política en los principios y en el análisis político científico o en las opiniones de los sectores atrasados de las masas?». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Esta tendencia de seguir el guion de los partidos e intereses del gobierno de turno es sumamente normal, ya que estos partidos, colectivos y sindicatos solo reproducen y difunden los mitos clásicos del oportunismo más antiguo, siempre guardando esperanza en el «posibilismo». Era de esperar que hoy también se sumasen al movimiento de moda: el feminismo. 

Bajo argumentos infantiles y formales, muchos de estos colectivos firmantes se ponen a las órdenes del gobierno bisagra de PSOE-Unidas Podemos. Algunos tienen necias esperanzas en que el segundo controle al primero para «ejercer una presión» en cuestiones como el empleo, la salud o el tema que estamos tratando aquí: la educación. ¡Craso error!

«Es sencillo comprender que un sujeto o colectivo no puede ser garantía de controlar los defectos de otro cuando está manifestando y mutando, reproduciendo defectos análogos. Aunque no fuese así, Podemos tampoco está en una situación de fuerza para forzar ese «control» sobre el PSOE por motivos de caos organizativo e ideológico». (Equipo de Bitácora (M-L); Las elecciones, la amenaza del fascismo, y las posturas de los revisionistas, 2019) 

¿Y cuál ha sido el desarrollo político de Podemos desde que se formó en 2014? Fueron aquellos que predicaban día y noche en los platós de televisión contra la «casta» política-económica, el bipartidismo –materializado en el PP-PSOE– y contra el infame «régimen del 78», pero en menos que canta un gallo claudicaron ante estos colosos –como era de esperar–. No pueden, por tanto, ser referentes de los trabajadores y sus intereses. En cuanto al tema de la mujer, Podemos se ha plegado, desde sus inicios, ante todas las exigencias del feminismo, hasta las más ridículas. Recuérdese la esperpéntica polémica que obligó a Pablo Iglesias a retractarse en público por aceptar un cartel de propagada para su formación que ponía «VueÉlve» –en referencia a su vuelta tras estar unas semanas inactivo en la vida política–. No pensamos que, para los jefes de campaña de Podemos, les supusiese una vergüenza aupar el culto a su líder, ya que en las primeras elecciones de Podemos el rostro de Pablo Iglesias figuraba en las papeletas –claro que sí, ¡humildad ante todo!–. Tampoco vemos el problema en que, para la mayoría de sus votantes, sea un drama asumir que su Secretario General sea un hombre. Toda esta absurda polémica se resume en que la dirección se vio en una disyuntiva peliaguda; o se pegaba una patada a las feministas y se las expulsaba, perdiendo una cuantiosa cantidad votos y, de seguro, viéndose sometidos a su persecución, o aceptaban humillarse una vez más ante sus jefas. El resultado es bien conocido y puede decirse que todas las organizaciones reformistas han adoptado hacia el feminismo lo que en psicología se denomina «indefensión aprendida». Otra cosa es que una rama del feminismo se imponga a otra internamente, como ocurrió recientemente con Izquierda Unida (IU), expulsando al Partido Feminista de Lidia Falcón, por sus posturas transfóbicas, pero manteniendo la línea feminista sin alteración alguna. Pero no pasa nada, Reconstrucción Comunista (RC) ya ha mostrado su «solidaridad transfoba» con Falcón y las suyas, y en el futuro, quien sabe...

Bien, estos mismos líderes cobardes de la izquierda oficialista y todos sus palmeros son los que ahora, en la cuestión educativa, atacan «valientemente» a quien rechaza que sus ideas feministas sean introducidas, equiparando a sus opositores con Vox. Suponemos que, para aquellos de mente cuadriculada, este argumento puede resultar demoledor y sin posibilidad de réplica: «¡O estás conmigo o eres como la derecha!». Sofisma barato útil para convencer a aquellos que no tienen un pensamiento autónomo. 

El pistoletazo de salida para la actual polémica en la cuestión educativa se produjo cuando el gobierno de la Comunidad Autónoma de Andalucía, gobernado por PP-Ciudadanos-Vox, declaraba lo que sigue:

«En el acuerdo presupuestario, PP, Cs y Vox no hablan del «pin parental», sino que se recoge «el impulso a la igualdad de oportunidades en el sistema educativo que permita a las familias educar a sus hijos en libertad, sin imposiciones de ningún tipo, mediante el establecimiento de una autorización expresa de las familias para la participación de sus hijos en actividades complementarias, en base a los preceptos de la Constitución». (EFE, La Junta de Andalucía ve asumible lo acordado con Vox respecto al pin parental, 21 de enero de 2020)

El gobierno de la Comunidad Autónoma de Murcia, con el poder bajo la misma coalición –salvo por la ausencia de Vox–, enunciaba algo similar:

«En agosto, la Consejería de Educación, del PP, dictó una resolución con las instrucciones de comienzo de curso 2019/2020 en las que se establece que «se dará conocimiento a las familias» al comienzo de curso de «las actividades complementarias de las programaciones docentes que forman parte de la propuesta curricular» y son impartidas por personal ajeno al centro educativo «con objeto de que puedan manifestar su conformidad o disconformidad con la participación de sus hijos menores en dichas actividades». Esta resolución, según explican en la Consejería, fue uno de los requisitos para que Vox apoyara la investidura del PP». (El Mundo; Qué es el pin parental, la herramienta para que los padres puedan vetar contenidos en las aulas, 19 de febrero de 2020)

Imbuido en su clásico y vacío humanismo liberal, el PSOE contratacó. Retrotrayéndose a otras resoluciones y cartas magnas de la legislación burguesa, así como a las propias leyes aprobadas por su propia acción, proclamaba:

«La imposición del denominado 'pin parental' por parte de la Región de Murcia a sus centros educativos, con el que se pretende que los padres de los alumnos tengan que autorizar de manera previa y expresa la asistencia de sus hijos a cualquier tipo de actividad celebrada en el centro escolar, recibiendo una información anticipada de todas ellas, es contraria a la Ley Orgánica de Educación (LOE), las propias normas autonómicas de esta región, así como a la Ley Contra la Violencia de Género. Esta iniciativa ha generado, además, una gran controversia y rechazo por parte de la comunidad educativa. (...) «Cualquier norma que recogiera esta censura previa, este veto, vulneraría los derechos de los alumnos y alumnas a recibir una educación integral, para el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales», ha manifestado Isabel Celaá. Este veto colisiona con el derecho constitucional fundamental a la educación, además de contravenir diversos tratados internacionales ratificados por España –Convención sobre los Derechos del Niño, Declaración Universal de los Derechos Humanos–, así como el Memorándum de la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia, la normativa educativa, la legislación sobre la violencia y la normativa específica en materia LGTBI». (Moncloa; Educación y Formación Profesional recurrirá a los tribunales la decisión de la Región de Murcia de imponer un 'pin parental' a los centros educativos, 2019)

Pero como el lector ha leído anteriormente, la propuesta educativa del gobierno de Murcia no incluía la intervención del contenido curricular establecido en las materias clásicas como lengua, matemáticas, inglés, biología, historia, etc., sino en «las actividades complementarias de las programaciones docentes que forman parte de la propuesta curricular» y son impartidas por personal ajeno al centro educativo. 

Los medios de PSOE-Unidas Podemos advirtieron al gran público que el actual «pin parental» no se puede permitir, pues serviría en el futuro como caballo de Troya para el objetivo real de Vox: introducir como materia permanente de estudio la religión, o introducir en estas charlas y formaciones anexas a la «propuesta curricular» su visión retrógrada sobre el movimiento LGTB, entre otras. Ante esto los marxistas serían los primeros en oponerse. Pero lo cierto es que el llamado «pin parental» solo contemplaba –atendiendo a la propuesta oficial de Vox, que no descartamos que pueda variar– rehusar de la asistencia obligatoria de los alumnos en charlas sobre la «ideología de género», conocida como feminismo, y una educación sexual derivada de esta cosmovisión:

«Ante la posibilidad de que mi hijo/a pueda ser adoctrinado en ideología de género contra mi voluntad y contra mis principios y valores morales, a través de contenidos curriculares en asignaturas, actividades tutoriales, talleres y clases sobre ideología de género, así como una educación afectivo sexual que incumpla el artículo 27.3 de la Constitución Española y los derechos que me asisten como padre, para que nuestros menores sean educados de acuerdo con nuestra ideología, nuestras propias convicciones y en el respeto a las mismas. Por todo lo anterior, me dirijo a usted para solicitarle: Que el Centro que usted dirige nos informe previamente a través de una AUTORIZACIÓN EXPRESA sobre cualquier materia, charla, taller o actividad que afecte a cuestiones morales socialmente controvertidas o sobre la sexualidad, que puedan resultar intrusivos para la conciencia y la intimidad de mi hijo/a; de tal modo que como padre/madre pueda conocerlas y analizarlas de antemano, reflexionar sobre ellas y en base a ello dar mi consentimiento o no para que nuestro hijo/a asista a dicha formación». (Vox, Pin parental, 2019)

Suponemos que a la mayoría de la «izquierda» en España que está profundamente dominada y/o achantada por el feminismo, considerará tal afirmación como «absolutamente inaceptable» por convicción o miedo, pero para los marxistas no, porque tampoco comulgamos con el feminismo, como huelga aclarar que tampoco comulgamos con la visión de Vox sobre la mujer:

«En la cuestión de la mujer nos encontramos con la postura tanto del PSOE como de Podemos, que han copiado todos y cada una de las teorías, proclamas y eslóganes idealistas del actual feminismo hegemónico de corte posmoderno, incluso C’s y PP han intentado sumarse al carro del feminismo con el llamado feminismo liberal, coincidiendo las corrientes de unos y otros del llamado «feminismo». Esto ha dejado una puerta abierta a la demagogia en el sentido contrario. El hecho de que Vox sea el único partido que se oponga al feminismo, le ha hecho cosechar muchos votos del colectivo masculino cansado del seguidismo de la izquierda hacia estas teorías y medidas idealistas, que en muchas ocasiones sobrepasan el absurdo, y que no ayudan a los problemas que pretenden resolver. Véase la Ley Integral de Violencia de Género impulsada por el PSOE de Zapatero en 2004, que propone una asimetría legal entre los mismos delitos cometidos entre hombres y mujeres; la Ley Orgánica para la igualdad efectiva de mujeres de 2007, influenciada por las leyes de paridad y discriminación positiva; por no hablar de las demenciales propuestas de reforma del código penal como el «Sólo sí es sí», esto sin incluir toda una ristra de comentarios y teorías que abanderan fuera del ámbito legislativo. El triste hecho de que la lucha contra el feminismo parezca hoy capitaneada por una formación reaccionaria como Vox, que, entre otras cosas, considera aún la homosexualidad como una enfermedad o niega la posibilidad del aborto –considerándolo además pecado–, indica en qué lugar ha quedado hoy la izquierda y, sobre todo, el retraso de las fuerzas revolucionarias que antaño denunciaban al feminismo como un movimiento burgués. Dejar en manos de Vox un tema tan delicado e importante como la cuestión de la mujer significaría que se van a combatir unas ideas pseudocientíficas: las de las feministas –que no aciertan a adivinar las causas de la desigualdad entre hombres y mujeres y mucho menos en las recetas para su solución–, con otras todavía más idealistas y retrógradas: la de los fascistas –que están influidos entre otras cosas por una educación católica–». (Equipo de Bitácora (M-L); Las elecciones, la amenaza del fascismo, y las posturas de los revisionistas, 2019) 

Ni siquiera hace falta ser marxista para albergar algo de raciocinio en lo tocante al pin parental. Aunque los comentarios de los usuarios en los medios de comunicación no suelen ser una referencia de argumentación cabal, por una vez dejaremos un breve comentario que ilustra bien cual sería una postura lógica sobre el tema de las charlas impartidas por personal no docente en los centros educativos: 

«JUAN EIZAGUIRRE: El problema está en que una cosa es tratar la existencia de personas LGTBI de modo informativo y aséptico, reconociendo que tienen la misma dignidad y derechos como personas que cualquier otra y que tienen que ser respetadas por su mayor vulnerabilidad en la sociedad por motivos culturales, y otra muy distinta hacer adoctrinamiento y apología de la ideología de género, con la que se puede o no estar de acuerdo». (El Confidencial; ¿Qué es y en qué consiste el pin parental que Vox quiere implantar en Murcia?, 20 de enero de 2020)

Esto no excluye que miembros de Vox, como Rocío Monasterio –quizás en un desliz en el que dejó escapar sus verdaderas intenciones– hayan propuesto incluir el veto en las asignaturas curriculares:

«El pin parental es para que los padres puedan retirar a sus hijos de aquellos programas o asignaturas con las que no estén de acuerdo». (La sexta columna; Pin parental: La mala educación, 20 de enero de 2020)

Seguramente, si Vox estuviera a la cabeza de un gobierno con suficiente fuerza rechazaría de pleno la opción de un pin parental, pues intentaría hacer uso de su influencia sobre las competencias de educación y materia legislativa y judicial para programar una educación a su gusto. Entre tanto, Vox intentará ser pragmático y mantenerse a la defensiva, que se reduce a vetar el feminismo –sin introducir a cambio su mercancía más reaccionaria– con tal de reforzar así la confianza de su electorado más indeciso. Del mismo modo, si Vox estuviera en el poder, no dudamos que Podemos sería el primero en presentar una especie de pin parental. ¡Esto es lo que no entiende la izquierda domesticada y absorbida por el feminismo!

Si el artículo 27 de la Constitución de 1978 es usado como pretexto por Vox –o cualquier otro– para evitar la instauración de una visión ideológica feminista en los centros educativos no hay peros posibles, a no ser que alguien vea en el feminismo, una doctrina de mil corrientes, algo con suficiente rigor científico como para ocuparse de la cuestión de la mujer y de otros temas clave como la educación sexual. Ahora, en caso de que Vox, o cualquier otra organización, tratase de utilizar el artículo 27 de la Constitución para justificar una visión creacionista, homofóbica, apologista del franquismo, terraplanista, o negacionista del papel del hombre en el cambio climático, nadie en su sano juicio aceptaría seguir un plan así y, de nuevo, los verdaderos marxistas serán los primeros en oponerse. 

Finalmente, este es el estado del pin parental en Murcia, pidiendo la petición expresa de los padres para las actividades complementarias impartidas por profesional ajeno:

«Las actividades complementarias de las programaciones docentes que forman parte de la propuesta curricular, así como aquellas otras actividades incluidas en los planes de actuación que integran el proyecto educativo u otros planes aprobados y acordados por el centro, contendrán objetivos, contenidos, temporalización, personas, institución, asociación o colectivo que, en su caso, las vaya a desarrollar. De todas estas actividades, aquellas que vayan a ser impartidas por personas ajenas al claustro del centro educativo, se dará conocimiento a las familias, además de por la vía o vías que el centro utilice para dar a conocer los documentos institucionales, por medio de una relación detallada que los tutores de los distintos grupos de alumnos facilitarán a padres y madres al inicio del curso escolar con objeto de que puedan manifestar su conformidad o disconformidad con la participación de sus hijos menores en dichas actividades. Anexo 3.7.3 Cualquier otro tipo de actividad no incluida en los documentos institucionales indicados o en sus posteriores modificaciones se ajustará a lo estipulado en los anteriores apartados». (Consejería de educación y cultura; Normas de organización y funcionamiento, 2020)

Algunos, pese a todo, clamarán: «¡El veto parental solo es y puede ser una herramienta reaccionaria, nadie progresista lo apoyaría!». En la práctica, ya se ha demostrado que es y puede ser una herramienta progresista no solo para frenar el feminismo, sino también las charlas de la derecha más zafia:

«Una madre, María Martínez, ha utilizado la medida estrella de Vox aprobada por el Partido Popular en la Región de Murcia para que su hija no asista a un acto del presidente de la Comunidad, Fernando López Miras.

El jefe del ejecutivo murciano tenía previsto presentar en una charla las 20 medidas prioritarias de su Gobierno en materia de Formación Profesional en el Centro Integrado de Formación Profesional Carlos III, en Cartagena.

María ha tildado a la medida de «vergonzosa» y ha podido entregar en mano a López Miras la carta donde no autorizaba a su hija a participar en su presentación». (20 minutos; Una madre hace uso del 'pin parental' para que su hija no vaya a una visita del presidente de Murcia, 20 de febrero de 2020)

¿No podría servir este mismo pin parental para prohibir un discurso del falangista Ortega Smith en un colegio público? ¡Perfectamente!

Debe apuntarse que, efectivamente, Vox ha utilizado bulos de diversa índole para demonizar las charlas que se están impartiendo en los centros educativos. Véase la obra: «Qué es el «pin parental» y qué bulos y desinformaciones te están colando sobre él» de 2019. 

Bien, ¿y qué? ¿Acaso cambia el fondo y la verdad de la cuestión general? Que la mayoría de noticias de Vox sobre educación sean «fake news» no significa que no exista ya una predominancia del feminismo tanto en las asignaturas regulares como en las actividades anexas al centro educativo. El error equivalente sería que un marxista desatendiera las reminiscencias y manifestaciones del machismo porque las feministas exageran, manipulan y mienten constantemente sobre la cuestión de la mujer, hablándonos que viven en un horrendo patriarcado. ¿Exactamente qué nos puede importar lo que digan unos y otros salvo para señalar sus incongruencias? Nuestro deber es mirar a la realidad tal y como es, trazar nuestra crítica y planteamientos en base a cómo están las cosas, no a cómo las venden los trileros de turno.

Pongamos algunos casos donde el feminismo ha entrado de lleno en las escuelas públicas, y no precisamente para bien. 

«Es fundamental también conocer la lucha de las mujeres por la igualdad, la historia del sufragismo, los inicios del feminismo». (Gobierno de Navarra; El plan de coeducación 2017-2021 para los centros y comunidades educativas de Navarra)

El gobierno nacional y los regionales afirman que es importante que se enseñe en las escuelas qué ha sido el feminismo. Esto nos parece interesante. Seguro que hay temas muy curiosos donde aleccionar sobre qué ha sido el feminismo históricamente. Por ejemplo, en Gran Bretaña las honorables señoras feministas como Emmeline Pankhurst señalaban a los hombres que se negaban a ir al frente –por la razón o convicción ideológica que fuese– como cobardes, colocándoles una pluma blanca. 

«Lo menos que pueden hacer los hombres es que todo hombre en edad de luchar se prepare para redimir su palabra a las mujeres, y esté listo para dar lo mejor de sí, para salvar a las madres, las esposas e hijas de Gran Bretaña». (Evening Post, 5 de junio de 1916)

Estas señoras lucharon por la implantación del reclutamiento forzoso masculino en favor de los intereses de la corona británica, por lo que fue condecorada por el gobierno. En efecto, como se veía en los carteles de propaganda, exigían que ellos sacrificasen su juventud yendo a la divertida carnicería imperialista que fue la Primera Guerra Mundial (1914-1918) a morir por las ganancias y posesiones de los capitalistas. Entre tanto, las mujeres realmente revolucionarias, como Clara Zetkin, Inessa Armand, Nadezhda Krúpskaya o Aleksándra Kolontái, luchaban contra viento y marea por concienciar al pueblo del carácter pérfido de dicha guerra, votaban en contra de los presupuestos de guerra y movilizaban a la población contra sus propios gobiernos.

¿Enseñarán esta verdad histórica en las escuelas? Lo dudamos. Las feministas de los actuales grupos de «izquierda» reivindican sin ton ni son, por un lado, apropiándose de las dirigentes marxistas como iconos del feminismo histórico, y por el otro, blanqueando a reconocidas figuras reaccionarias. Así ocurre con la admiración hacia Concepción Arenal, ¿enseñarán a sus pupilas el fervoroso catolicismo que siempre apoyó esta mujer y su rechazo al movimiento antifascista de la época? Bueno para el gobierno del PSOE todo es posible, ya que Margarita Robles rinde homenaje a instituciones como la Legión Española, ese mismo cuerpo colonial que pasaba a punta de bayoneta a sus jefes y violaba a sus milicianas en el año 1936. Exigirles un mínimo de decoro sería algo en vano.

Cabe anotar que, en relación a la cuestión educativa, estamos de acuerdo –formalmente– con Podemos en su denuncia del objetivo real de Vox, que no es otro que querer acabando imponer su visión ideológica neofranquista en la educación. Pero, ojo, también estamos de acuerdo con Vox en que el objetivo real de Podemos es imponer su propia visión ideológica feminista y posmoderna en todos los ámbitos de la educación. La prueba está en sus propuestas:

«Isabel Serra ya ha dado el primer paso para oficializar su candidatura a las primarias de Podemos para la Comunidad de Madrid. Este lunes ha anunciado en un acto en Vallecas la primera medida de su campaña: la implantación de una asignatura de feminismo en todos los colegios públicos de la región. «Tenemos que echar a la derecha de las instituciones. Y, una vez que lo hagamos, la primera medida que pondremos en marcha será la implantación de una asignatura de feminismo para ofrecer una solución a la violencia machista. Necesitamos educación en igualdad», ha defendido la candidata a las primarias de Podemos». (Público; Isabel Serra inicia su campaña con la propuesta de una asignatura de feminismo en Madrid, 4 de marzo de 2019)

Algo de lo que ya se habían hecho eco anteriormente en las universidades, donde ya se puede cursar una carrera de feminismo (sic):

«Desde la psicología, la comunicación y la educación a la economía, el derecho y la antropología. Profesores de hasta ocho facultades distintas van a participar el próximo curso en el nuevo grado de Estudios de Género de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), una carrera que hasta ahora ha sido prácticamente ignorada en España». (El periódico; La UAB tendrá el curso próximo la única carrera sobre feminismo de España, 2018)

Entre otras novedades, la nueva ley de educación, la Ley Celaá, promoverá la famosa paridad en la adopción de las carreras:

«La ley hace hincapié en la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres, uno de los elementos transversales en todas las áreas de conocimiento. Las comunidades deberán impulsar la presencia de mujeres en las ramas formativas con menor presencia femenina y la masculina en aquellas con escaso número de hombres. Los colegios que segreguen por sexos no podrán ser concertados. Y desde el proyecto educativo con el que se presenten los aspirantes a dirigir un centro hasta los libros de texto, pasando por la formación del profesorado, deberán fomentar la igualdad». (El País; Estos son todos los cambios en la escuela que trae la nueva ley educativa, 19 de noviembre de 2020)

No nos explayaremos en esta cuestión de la paridad ya que la esencia de su falsedad fue criticada ampliamente en otras ocasiones. Véase la obra: «Sobre la teoría feminista de la paridad» de 2020.

Si uno observa el material oficial de los colegios e institutos, no se puede decir, ni mucho menos, que el feminismo sea desprestigiado u ocultado, sino que en los libros oficiales de educación se sigue el guion oficial del feminismo, genuflexionándose ante él y su revisionismo histórico sobre lo que ha sido y es. Véase como ejemplo el material curricular de bachillerato aprobado en su día por la Junta de Andalucía gobernada por el PSOE: «Abordaje del currículo de Filosofía y ciudadanía desde una perspectiva de género» de 2008. 

Podríamos seguir estudiando muchos de estos materiales, pero sería aburrido y sumamente tedioso. Analicemos mejor, casos más evidentes que nuestro querido lector entenderá ipso facto. 

Hace aproximadamente media década que diversas universidades del Estado incluyeron en sus itinerarios académicos las asignaturas «de género», especialmente en las carreras sociales y de humanidades –aunque se ha incluido esta «transversalidad» incluso en universidades que solo ofertan grados académicos de especificidad técnica, como es el caso de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC)–. Con estas «asignaturas de género» no nos referimos a los sonados «Estudios de Género», un máster universitario que: 

«El máster de Estudios de Mujeres, Género y Ciudadanía es un máster interdisciplinario que impulsa el Instituto Interuniversitario de Estudios de Mujeres y Género (IIEDG) y en el que participan, a través de un convenio, ocho universidades catalanas: la Universidad de Barcelona –coordinadora–, la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de Gerona, la Universidad Politécnica de Cataluña, la Universidad Rovira i Virgili, la Universidad de Vic, la Universidad de Lérida y la Universidad Pompeu Fabra. (…) El objetivo general de este máster es formar investigadores y profesionales capaces de introducir la perspectiva de género en la investigación, la docencia y la gobernanza, y así contribuir a desarrollar los valores de la igualdad y la mejora del bienestar de mujeres y hombres en una sociedad justa y equitativa. Los dos objetivos más concretos de este máster se desarrollarán a través de sus dos especialidades. El objetivo de la especialidad Teoría, Crítica y Cultura es formar investigadores y profesionales capaces de aplicar la transversalidad de género en la investigación, la docencia y la práctica profesional en todos los ámbitos del conocimiento científico y técnico, y en las ciencias sociales y humanas. El objetivo de la especialidad Mujeres, Trabajo y Políticas Públicas es formar profesionales que puedan intervenir en el diseño, la implementación y la evaluación de políticas públicas desde una perspectiva de género y feminista, y en el diseño, la implementación y la evaluación de planes de igualdad». (Página web de la Universidad de Barcelona; Máster de Estudios de Mujeres, Género y Ciudadanía)

Sino a la inclusión de asignaturas enteras, las más de las veces opcionales –como es el caso de «Historia de Género» en la Universidad Complutense de Madrid–, otras, obligatorias –como es el caso de «Història de gènere» en la Universidad de Barcelona– en multitud de grados universitarios. Y bien, uno podría pensar que quizá sí sea necesario ahondar más en el papel que las mujeres han tenido en todas y cada una de estas disciplinas. Sin embargo, aparece una duda, ¿no sería mejor implementar sus aportaciones en aquellas materias que traten sus campos de especialidad? ¿No sería mejor, por ejemplo, impartir el papel de la mujer romana –al igual que elevar la cantidad de temario enfocado a la materia socioeconómica del imperio– en la asignatura de Roma? Evidentemente, así es. La mujer no representa un ente disociado del resto de la existencia, no existe en el éter, y a lo largo de la historia, en el desarrollo de las ciencias, sociales o «exactas», ha existido en un contexto del que no es necesario –de hecho, es contraproducente– separarla. Es más, considerar que el papel de la mujer es ignorado en la academia es, como poco, absurdo. Esto es, claro está, siempre que no hablemos de aquellas impartidas por profesores con libertad de cátedra o con vocación por ignorar el temario de departamento.

Entonces, ¿en qué consisten estas nuevas «materias de género –femenino, deberíamos añadir–? ¿Qué temario se imparte en las asignaturas de «pensamiento de la mujer», «historia de género» o «antropología femenina»? Ideología feminista, evidentemente. Tomemos como ejemplo la asignatura de «Història de Gènere» de la Universidad de Barcelona, obligatoria para todos los estudiantes del segundo curso del grado de Historia. Para empezar, y siendo honestos, esta asignatura debería llamarse «historia del feminismo contemporáneo», pues ninguna de las profesoras –porque un historiador, en masculino, es incapaz de estudiar una materia tan «compleja», «indescifrable» y «sensible» como la mujer– se remonta a eventos anteriores a la Revolución Francesa. Suponemos que hablar de la reina esclavista Nzinga, Zenobia o Catalina la Grande no encaja con el contenido esencialista y, por qué no decirlo, sexista de su temario. También suponemos que la reivindicación de la socialdemocracia noruega como pionera en la consecución de los derechos de la mujer opaca sus políticas eugenésicas. En cualquier caso, y como decíamos, la asignatura no es más que una gran ovación al movimiento feminista, tal y como demuestran sus lecturas obligatorias –y recomendadas– fijadas por el departamento. Consideramos que las más relevantes serían «Calibán y la Bruja», de Silvia Federici, y «El género en disputa» y «Deshacer género», de Judith Butler.  

Ahora bien, en muchas otras ocasiones se esmeran por ocultar su desfachatez. Cuando alguna de estas «expertas en estudios de género» tiene otra especialidad, como historia de la América Precolombina, Sistemas Electorales o Estadística, y está al cargo de una de estas materias, no deberíamos descartar la opción de que esta asignatura esencial sea «impartida en clave de género», lo que, en la práctica, supone la sustitución del temario más básico por una prolongación de la propaganda feminista maquillada de ciencia social objetiva e irrefutable.

Para quien no vive en España puede ser difícil hacerse a la idea de qué supone la hegemonía del feminismo entre las figuras de formaciones políticas como el PSOE o Unidas Podemos, pero ahora no es momento de extendernos sobre en esta cuestión. Como muestra un botón, en España. Actualmente, se puede ver cómo –de forma sutil o abierta– las cabezas visibles del feminismo hegemónico abrazan el relato oficial en todos los campos posibles. Observamos a conocidas políticas, como Irene Montero, Anna Gabriel, Carmen Calvo, Clara e Isa Serra, Manuela Carmena; actrices feministas, como Anabel Alonso y Leticia Dolera; música feminista, con Bebe, Gata Cattana Aitana o Rosalía; medios de comunicación masivos, como Atresmedia, Mediaset, El Diario.es, El Público o El País; así como sus voceros, Irantzu Valera, Antonio Maestre, El Gran Wyoming, Ignacio Escolar, Marta Nebot, Cristina Fallarás o Marta Flich,; los principales sindicatos, como UGT, CCOO, CNT y CGT. Incluso, ¡contamos con el inestimable apoyo de grandes banqueras y empresarias como Ana Botín y Carmen Lomana! Tampoco podemos dejar de añadir a la larga lista el feminismo más conservador que los tradicionales y nuevos partidos de derecha promueven para cosechar votos entre las jóvenes más inocentes y carcomidas por la moda, teniendo a Inés Arrimadas o Andrea Levy sumadas a la causa. ¡Hasta las Casas Reales de Europa apoya el feminismo! El feminismo impregna ya todo el oficialismo, por lo que dudosamente puede ser progresista y mucho menos revolucionario.

«Uno debe preguntarse, como ya muchos hacen, que, si el feminismo es una necesidad con evidencias aplastantes en España, si «la revolución será feminista o no será», como juran algunos, ¿cómo es posible que esta «revolución» sea publicitada por los principales partidos, organismos y figuras del sistema capitalista? ¿Qué tipo de «revolución» es esta que es aplaudida por el mismo sistema que se pretende «derrocar bajo el feminismo»? Lo mismo cabe decir del movimiento LGTB. Esto no quiere decir, como hacen grupos como RC y la ultraderecha, que «todo se trata de un plan de Soros y Coca-Cola» y que el fin es «homosexualizar a la población» para «frenar la natalidad», como dicen los conspiranoicos… sino que, simple y llanamente, el feminismo, el ecologismo o el movimiento LGTB han sido absorbidos por los partidos tradicionales, porque sus lineamientos son perfectamente conjugables con la sociedad y los valores de la democracia burguesa moderna y, en ocasiones, se deforman sus peticiones más cabales para beneficiar las aspiraciones del capital, desviando la atención del problema principal. (...) A la burguesía no le perjudican estos movimientos, ha llegado a un punto en que puede adaptarse a ellos, e incluso los maneja para sus objetivos como clase». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 2020)

Por si alguien dudaba que el feminismo será la agenda del capitalismo político, Carmen Calvo, vicepresidenta primera del gobierno, dejó claro que:

«El movimiento feminista, es un movimiento que seguramente junto al ecologismo. (…) Van a conducir las agendas de las políticas del mundo en los próximos 50 años». (RTVE Noticias; La hora de la 1, 31 de diciembre de 2020)

Irene Montero dice que: 

«Ha sido emocionante ver a @KamalaHarris prometer su cargo, primera mujer afroasiática en llegar a la vicepresidencia de EEUU. Esperamos que el cambio, con el nuevo presidente @JoeBiden, abra una nueva etapa de tolerancia, justicia social e igualdad. #InaugurationDay». (Irene Montero; Twitter, 20 de enero de 2021)

Por «emocionante» se refiere a la incipiente militarización del teatro de operaciones del Pacífico. Desde luego que será «emocionante» ver al USPACOM recibir una nueva remesa de F-35, el novísimo caza de combate insignia del mantenimiento de «la paz, la prosperidad y la libertad». Sí, el contenido social del misil AGM-158 es transformador cuando sale despedido a las órdenes de una mujer «afroasiática». Esperamos que el lector perdone este pequeño paréntesis para repetir un chascarrillo tan manido, pero no podíamos desaprovechar la oportunidad.

Pero mejor repasemos las propuestas y presiones que, a nivel sindical, se han dado desde los últimos años en Comisiones Obreras (CCOO) sobre lo que, según ellos, debería ser una escuela feminista ejemplar:

«Como bien sabemos, las escuelas, los institutos... educan a los jóvenes que van a tener que pasar a alguna posición de los esquemas sociales de clase que impone el capitalismo, y por eso, tanto los agentes de la burguesía más reaccionarios como los más «progresistas» –reformistas–, coinciden en no dar una educación socialista a la juventud ¿Cómo se la van a dar? Eso significaría atacar al propio sistema que ellos tienen la función de sostener.

Veamos como el sindicato CC.OO presenta su «breve decálogo de ideas para una escuela feminista» una serie de propuestas para genuflexionar aún más al sistema educativo a teorías burguesas cada vez más fantasiosas.

«Creemos en el potencial revolucionario de la escuela, en su poder de transformación y subversión. En unas pedagogías radicales, feministas, queer, que vuelvan la escuela un lugar extraño, alejado de la normalidad en la que está inmersa». (CCOO; Breve decálogo de ideas para una escuela feminista, 2018)

Y más adelante del párrafo, nos anotan entre paréntesis lo siguiente:

«Si no entiendes alguna de estas propuestas o no estás de acuerdo con ellas, te sugerimos que leas autoras feministas que te ayudarán a entenderlas. Para empezar, te animamos a que leas a Remedios Zafra, Bell Hooks, Ángela Davis, Emma Goldman, Virgine Despentes, Chimamanda Ngozi Adichie, Judith Butler, Virginia Woolf, Gloria Anzaldúa, Valeria Flores, Audre Lorde, entre otras. Si después de leerlas sigues sin entenderlas, te animamos a que te centres en los propios prejuicios sexistas que te atraviesan, échalos fuera y empieza a pensar de otra manera». (Ídem.)

¡Qué casualidad que no recomienden ni a una sola autora socialista! ¿Verdad? Irónicamente hablando, claro, porque no tiene nada de casual... pero sí citan a Ángela Davis, autora históricamente ecléctica y que a día de hoy se la ha visto apoyando a Hillary Clinton. También, cómo no, citan a Virgine Despentes, defensora de teorías burguesas como el «Amor libre», la estúpida «teoría King Kong» –según la cual una buena feminista no debe ser atractiva para los hombres– y defensora, desde Francia, de la alcaldesa de Madrid Manuela Carmena.

«2. Emplear en el centro por el conjunto del profesorado un lenguaje no machista, usando el femenino para hablar o el género neutro con la «e», por ejemplo, «todes». (Ídem.)

¿Han leído ustedes bien esta barbaridad? Dediquemos unas palabras a desmontar tal estupidez.

Últimamente está cogiendo tendencia en círculos feministas el «lenguaje inclusivo» que defiende CC.OO en este segundo punto. Hasta nos molesta tener que desmontar esta estupidez, pero como decía Bertolt Brecht, hay que defender lo obvio.

Veamos brevemente qué es la lengua:

«La lengua es uno de los fenómenos sociales que actúan mientras existe la sociedad. Nace y se desarrolla con el nacimiento y el desarrollo de la sociedad. Muere cuando muere la sociedad. No hay lengua fuera de la sociedad. Por eso, la lengua y las leyes de su desarrollo solamente pueden ser comprendidas si se estudian en ligazón inseparable con la historia de la sociedad, con la historia del pueblo al que pertenece la lengua estudiada y que es su creador y portador. La lengua es el medio, el instrumento con el que los hombres se relacionan, intercambian ideas y logran entenderse unos a otros. Directamente ligada al pensamiento, la lengua registra y fija en palabras y en palabras combinadas en oraciones los resultados del trabajo del pensamiento, los progresos de la actividad cognoscitiva del hombre, y, de esta forma, hace posible el intercambio de ideas en la sociedad humana». (Iósif Stalin; El marxismo y los problemas de la lingüística, 1950)

Visto esto, entendemos que el lenguaje siempre es el reflejo de las condiciones materiales que se dan en la sociedad, de este modo, si cambiamos «todos» por «todxs» o por «todes» en las condiciones del capitalismo, y suponiendo que esta última forma sea aceptada por la mayoría de la población, ese «todxs» reflejaría igualmente unas condiciones materiales de vida en las que la mujer trabajadora se encuentra vejada.

Al contrario, en las condiciones del socialismo triunfante, donde la mujer y el hombre han acabado con la explotación capitalista y viven en completa igualdad y armonía, decir «todos» en masculino para indicar a mujeres y a hombres no está significando desigualdad alguna porque ésta ya no existe en la vida social.

Defender lo contrario sólo puede provenir de gentes que nieguen que la vida material preceda a la vida espiritual o intelectual. Y a esto se le llama idealismo, teoría oscurantista y reaccionaria que tiene un único lugar donde existir: el basurero de la Historia.

Sigamos con las ideas que tiene CC.OO para la escuela:

«3. Incluir, al menos, la misma cantidad de libros escritos por mujeres que por hombres en el currículum de Lengua y Literatura».

4.Incluir, al menos, la misma cantidad de mujeres filósofas que de hombres filósofos en el temario de Historia de la Filosofía». (Ídem.)

Poner el mismo número de mujeres que de hombres en los libros de filosofía y Literatura de los centros educativos –si es que eso es posible sin faltar a la realidad material de la historia la literatura y la filosofía– no acaba con ni una sola concepción ni pilar machista. Es solo una absurda propuesta fundamentada sobre el parismo, teoría burguesa que hemos desmontado anteriormente en este documento.

«12. Prohibir el fútbol en los patios de recreo». (Ídem.)

¿Nos hablaban de igualdad, pero el fútbol ha de ser prohibido? ¿Por qué? ¿Es excluyente de las mujeres? Solo de una mente metafísica y antiprogresista pueden salir estas propuestas. Bajo esta forma de pensar, ¿son acaso las jugadoras de fútbol unos vectores que reproducen «valores machistas» entre la sociedad y entre las niñas? ¡Vaya estupidez!

«15. Cambiar el currículum de Historia, que ha de contar la historia de las mujeres y los colectivos minorizados. ¿Dónde están esas otras historias que no nos cuentan?» (Ídem.)

Esto es directamente suceder lo que ha pasado fundamentalmente –sea desagradable o no– por el detallismo en la historia. Ya que, por supuesto, las mujeres han sido y son relevantes en la historia, –ya decía Marx que las revoluciones sociales son impensables sin el fermento femenino– pero si las mujeres han tenido menor oportunidad de destacar en un mundo de hombres, es imposible que surjan el mismo número de genios, el mismo número de personalidades influyentes o relevantes en deportes, política, economía, arte, etc. Es cuestión de estadística. Esta teoría está influenciada por una especie de bondad absurda que pretende sin sentido compensar algo que no se puede remediar, pues la historia es como es, no como nos gustaría que haya sido. De nuevo poniendo el mismo ejemplo anterior, sería como si para explicar «correctamente» la historia de EE.UU diésemos a los escolares en los libros de historia una bonita historia edulcorada e irreal, sobre que un colectivo históricamente oprimido como los negros de origen afroamericanos ha tenido «la misma importancia en el desarrollo de los sucesos y éxitos de la nación que los estadounidenses de origen europeo». Simplemente imposible por su especial condición de opresión y discriminación.

«17. Emplear música feminista en los centros de enseñanza». (Ídem.)

En otras palabras: emplear música en que se habla de «empoderar» a la mujer sin combatir al sistema económico que es el que «desempodera» a las mujeres en muchas cuestiones de la vida cotidiana. Por eso nos recomiendan en ese mismo punto a famosos grupos como Kumbia Queers, los cuales forman parte del engranaje cultural burgués degenerado, ocioso y con un nulo o inexistente contenido de clase. Estas son las soluciones tan «magníficas» que nos proponen. Habría que explicar ampliamente en otra ocasión porqué las feministas combaten tan poco en la cultura aquella música comercial tan popular en nuestros días de conocido carácter retrógrado y machista que todos tenemos en mente. Y es que, como sabemos, muchas de ellas son las principales consumidoras de este tipo de música, cayendo como en otros tantos campos, en un ejercicio de hipocresía, de sermonear a otras, mientras no se aplican lo mismo para su individuo, o como hacen los revisionistas: aplicar sus pretendidos principios «revolucionarios» en algunos campos, pero siendo especialmente dejados y condescendientes con hacer lo mismo en el campo cultural, sobre todo con el modo de vida liberal que profesan.

«18. Cambiar los nombres de los centros educativos. Eliminar todos aquellos nombres de centros que sean católicos o hagan referencias a militares, políticos o juristas y sustituirlos por nombres de mujeres». (Ídem.)

Está bien que a los centros educativos que tienen nombres de personajes reaccionarios, se les ponga el nombre de, por ejemplo, una mujer, pero como hemos venido viendo, a esta gente le es indiferente si esa mujer que pudiera remplazar el nombre de un centro educativo era defensora de la burguesía o de causas pudientes, lo que les importa es crear una sensación de falsa igualdad a través de leyes y reformas paristas, que lejos de combatir al problema, le ponen un parche estúpido». (Joseph Dz., Lev W., NG Ander y Jacques M.; Las tareas comunistas ante el movimiento de las mujeres y el día de la mujer trabajadora; Una reflexión marxista sobre el feminismo, 2019)

Pese a todo lo que acabamos de enseñar, a su vez la «izquierda» parlamentaria y extraparlamentaria feminista reinciden en que:

«El Pin Parental es un grave error, porque posibilita el veto en los centros educativos a formación fundamental para el desarrollo de la niños y niñas». (Manifiesto por la eliminación del pin parental en la región de Murcia; Firman 103 colectivos, 17 de enero de 2010)

Las pretensiones del feminismo, como de cualquier otra corriente política, es adoctrinar. Debido a su posición en las instituciones públicas bien se podría conformar por la «vía legal», exigiendo un adoctrinamiento cada vez mayor hacia los funcionarios públicos que vayan a dedicarse a la docencia. Pero el feminismo no se conforma con eso. Ahora también pretende rebajar el nivel de exigencia sobre quien puede dar charlas y formaciones a los alumnos, ¿con qué fin? Se entenderá rápido. Hoy en plena efervescencia de medios digitales como Youtube e Instagram, se ha permitido la entrada de «influencers» feministas que, sin acreditación de ningún tipo –salvo el «título acreditativo» que «constituye» su reconocimiento público– imparten charlas sobre temas de diversa índole con resultados vergonzantes. Recientemente se hizo viral un vídeo de una pareja lesbiana y «poliamorosa» de «youtubers» –y que ellas mismas publicaron– donde, en un instituto público, decían que, en España –y según las estadísticas oficiales–, ahora que las mujeres eran mayoría en múltiples campos, como en el número de jueces, tenían que pensar ya conquistar otros campos:

«Las mujeres hemos llegado a la universidad, y todo lo que es sector salud, es nuestro. (...) ¿Pero qué pasa con todo lo que son ingenierías, carreras técnicas?». (Instagram; Devermunt, 7 de febrero de 2020)

Reconocer que las mujeres deben optar por carreras como ingeniera o carreras técnicas implica reconocer, indirectamente, dos cuestiones. Primero, que la llamada «brecha salarial» no es causada por pagar a la mujer menos sueldo por el mismo trabajo que cuando lo desempeña un hombre, como se dice siempre en casi todos los medios de comunicación, sino que existe, entre otras cuestiones, porque los hombres ocupan puestos mejor remunerados, trabajan en otros de mayor peligrosidad, realizan más horas extras y realizan mayores turnos de nocturnidad –cosa que las feministas tienden a olvidar–. Segundo, implica que las feministas, lejos de venir a «liberar a la mujer», pretenden ganar una especie de carrera colectiva salarial de un sexo [mujeres] sobre el otro [hombre] –como si eso fuese a mejorar las condiciones de las mujeres en general–, y para ello exigen que otras mujeres estudien y trabajen de aquellos oficios que ellas mismas han desestimado. ¿Cómo era aquello? «Consejos vendo, pero para mí no tengo».

¿Qué hay de la cuestión escolar entre hombres y mujeres? De nuevo, basamos nuestra argumentación en estadísticas y no en percepciones subjetivas:

«Las tasas brutas de población que se gradúa en el curso 2015-2016 son superiores en las mujeres para todos los niveles educativos considerados excepto para Técnico / Técnico Auxiliar, Diplomado Universitario y Arquitecto e Ingeniero Técnico y Licenciado Universitario y Arquitecto e Ingeniero. La mayor diferencia en puntos porcentuales entre la tasa de mujeres y la de los hombres –18,8 puntos– corresponde al nivel educativo de Grado, con una tasa de 50,9% para las mujeres y de 32,1% para los hombres, seguido de la tasa bruta de población que se gradúa en estudios de Bachillerato / COU con una diferencia de 14,6 puntos entre hombres y mujeres. La tasa era de 65,0% en mujeres y de 50,4% en hombres.

En las convocatorias de las pruebas de acceso a la universidad del año 2018, fue mayor el porcentaje de mujeres aprobadas respecto al total de estudiantes aprobados en la convocatoria ordinaria, extraordinaria y mayores de 45 años.

Del total de alumnos matriculados en el sistema universitario –estudios universitarios de primer y segundo ciclo y de grado– en el curso 2017-2018, el 55,1% fueron mujeres. La participación femenina fue de un 55,1% en estudiantes de grado y de un 35,6% en primer y segundo ciclo.

Según la rama de enseñanza, el mayor porcentaje de mujeres matriculadas en el sistema universitario –estudios universitarios de primer y segundo ciclo y de grado– en el curso 2017-2018 corresponde a la rama de Ciencias de la Salud (70,0%), y el segundo lugar (61,6%) a la rama de Artes y Humanidades.

Del total de egresados en enseñanzas de grado y de primer y segundo ciclo correspondiente al curso 2017-2018, el 59,6% fueron mujeres. Según rama de enseñanza, el mayor porcentaje de mujeres egresadas (70,8%) corresponde a Ciencias de la Salud y el segundo lugar (65,5%) a la rama de Artes y Humanidades.

El 54,8% de los alumnos matriculados en estudios universitarios de máster oficial fueron mujeres en el curso 2017-2018. Y en el total de alumnos que terminan los estudios de másteres oficiales universitarios, el porcentaje de mujeres fue del 57,8%». (INE; Graduados según nivel educativo. Pruebas de acceso a la universidad. Estudiantes matriculados en educación universitaria, 2016)

En un nuevo vistazo a los datos revela que, a mayor igualdad de derechos económicos, jurídicos y sociales, menor elección de las mujeres de carreas científicas:

«En Argelia, un 40% de los graduados en STEM son mujeres, en Albania y Túnez representan el 39%, mientras que en Indonesia, Vietnam y los Emiratos Árabes siguen por encima del 35%. En Finlandia, Noruega o Suecia, el porcentaje es ligeramente superior al 20%. En España, por su parte, se supera por poco el 25%». (Libremercado; Las mujeres apenas eligen carreras científicas en los países con mayor igualdad de género, 11 de mayo de 2018)

Pese a todo esto, para rizar el rizo, estas pequeño burguesas justifican los reducidos porcentajes femeninos en ciertas carreras con teorías pseudocientíficas, como que:

«Las mujeres tenemos unas cosas que ellos no tienen que es ansiedad para las matemáticas. (...) Nos han educado para que le tengamos miedo a los números». (Instagram; Devermunt, 7 de febrero de 2020)

Esta majadería ni siquiera debe ser comentada, constituyendo una excelente radiografía de lo que las feministas entienden por «heteropatriarcado» –un ser cuasi espiritual– y cómo entienden ellas su opresión. 

¿Qué ocurre según los expertos en el campo de las matemáticas entre hombres y mujeres?:

«En los primeros años escolares no hay diferencias sexuales claras en la habilidad para las operaciones aritméticas. En los últimos años, sin embargo, está claro que los chicos son estadística mente superiores en dicha actividad, pero ambos tienen diversas ventajas. Dentro de las habilidades matemáticas hay muchas dimensiones, y las diferencias sexuales solo se manifiestan en algunas de ellas. Las mujeres puntúan significativamente mucho mejor que los varones en exámenes de razonamiento matemático –quizás debido al uso de estrategias verbales para la resolución de dichos problemas–, mientras que los varones, puntúan significativamente mucho mejor que las mujeres en geometría, probabilidad, y estadística, reflejando el uso de estrategias visuo-espaciales en estas áreas (Halpern, 2000). Es decir, las mujeres puntúan mejor que los varones en pruebas matemáticas que contienen oraciones y son mejores en el razonamiento matemático, mientras que los varones las suelen aventajar en todo lo demás». (Manuel Belman Jodar; Diferencias sexuales, dimorfismo sexual cerebral, determinismo biológico, discriminación sexual, evolucionismo, habilidades cognitivas, mente, 2014)

O, dicho de otro modo, solo puede decirse que hay una predisposición e inteligencia del hombre en unos campos, y de la mujer en otros, mientras el hombre suele alcanzar las mejores y peores calificaciones, la mujer suele tener una media más estable:

«Diane Halpern fue directora de la Asociación de Psicología Americana (APA) y es autora de «Sex Differences in Cognitive Habilities» [Diferencias sexuales en habilidades cognitivas]. Hoy es la experta más reconocida en diferencias sexuales en habilidades cognitivas. «Cuando empecé a escribir este libro -dice- era claro para mí que las diferencias cognitivas eran todas debidas a la socialización. Cuando consulté una pila de artículos académicos sobre el tema, cambié de idea».

No hay un sexo más inteligente que otro, pero cada sexo tiene en promedio particulares habilidades cognitivas. Las mujeres poseen en promedio más facilidad para la lectura y la escritura, para ciertas habilidades de la memoria, para el álgebra y son mejores alumnas incluso en carreras en las que predominan los hombres (Halpern, 2013) Las mujeres en promedio califican más alto en tests de reconocimiento de emociones (McClure, 2000), sensibilidad social (Baron-Cohen, 1999), empatía (Baron-Cohen, 2004) e inteligencia emocional (Brackett  & Salovey, 2006).

Los hombres tienen en promedio y en todo el mundo una mayor habilidad para la orientación en el espacio, expresada en la capacidad de rotación mental  –los gays en promedio tienen menos– y  están más presentes en los extremos positivo y negativo de la habilidad para las matemáticas (Halpern, 2013) y también en los extremos positivo y negativo de otras habilidades, algo que también había observado Darwin en otras especies animales. Dicho de otra manera, las mujeres en promedio no nos diferenciamos tanto unas de otras, aún cuando pueda haber muchas consideradas «genias», que en efecto tienen niveles mayores de rendimiento. Entre los hombres, también en promedio, en palabras de Steven Pinker, hay más genios y más estúpidos (Youtube: «The Truth Cannot Be Sexist»]. Es más probable encontrar un Jack «el Destripador» entre los varones que entre las mujeres». (Roxana Kreimer; ¿Existen diferencias cognitivas entre hombres y mujeres?, 2020)

¿Y qué propagan estas señoritas en sus redes sociales? Una bonita imagen que decía:

«Digamos la verdad: los hombres ejercen violencia contra las mujeres por el mero hecho de ser hombres». (Devermut; Instagram, 26 de noviembre de 2020)

Esto dejaría atónito a cualquiera. ¿En esto es en lo que desean aleccionar a las próximas generaciones, en presentar a sus propios hijos, primos y hermanos como maltratadores en potencia? 

Pero este no es el único caso, hay otros iguales o más gravosos. Existe el ejemplo de Pamela Palencia, una activista feminista promocionada por Unidas Podemos que se publicita en Internet por dar «Cursos de Prevención y Tratamiento de la Violencia de Género», ¿y de qué forma? Bien, pues durante un tiempo se dedicó a realizar el monólogo «No solo duelen los golpes», donde nos habla de que para ella la situación de la mujer España es parecido a los países donde llevan burka, solo que aquí «es invisible» –¡sí, seguramente como las «leyes desiguales» del patriarcado!–. Nos relata lo difícil que es ser mujer en la «Península Histérica», los famosos «privilegios» que tienen los hombres –que por lo visto no sufrirían ningún tipo de presión o discriminación en su rol de género, tendrían todo ventajas–. El caso, es que en su monologo intentaba «hacer reír» a los chicos y chicas del IES Rosales con situaciones tan «cómicas» como presentar que la sociedad educa al hombre como un cavernícola violento y a la mujer como un ser reprimido y frágil, todo, producto del patriarcado. Así, nos relata su primera experiencia amorosa, Antonio, con el cual estableció un vínculo totalmente tóxico desde el principio, le alejó de su familia y sus amigos, le presionó para tener relaciones sexuales, empezó a despreciarla, hasta que al final, hastiada de desprecios, escenifica «como se liaba a hostias para que le hablara», porque Antonio, mientras en privado le torturaba con el silencio en público la humillaba delante de todos. La siguiente anécdota cuenta como de su primera relación adoptó lo peor de su expareja y eso le repercutió con su siguiente pareja, Lolo, el cual le trataba genial, pero ella por celos paranoicos le rompió el móvil un par de veces y le montó todo tipo de escándalos, perdiéndole. Aquí hay un detalle que demuestra que su discurso no es nada sano; le reclamaba no saber «esperar» a que ella cambie como, según ella, el patriarcado enseña a todas las mujeres con los hombres difíciles, –¿pero quién enseña eso, Pamela? ¿El colegio, los dibujos animados, el gobierno? Porque constantemente hay mensajes en el sentido contrario–. 

Evidentemente, este tipo de mensajes y escenas causaron un escándalo sociopolítico, y la artista fue apartada de estos eventos. Pero claro, Clara Serra, Irene Montero y demás feministas decidieron no podían dejar pasar esta «injusticia del patriarcado», por lo que defendieron a capa y espada a la humorista bajo el alegato que es una «víctima de violencia de género». ¿Y? Si estas actuaciones son «autobiográficas» y «políticas», como ella misma afirma, solo podemos decir que no es el mejor ejemplo a seguir para los chavales sobre cómo se resuelven las discusiones de pareja: gritos, agresiones y rompiendo aparatos electrónicos. En otro de sus vídeos se reía con desprecio de los hombres maltratados ya que, según ella, «el hombre siempre está arriba» y «la mujer siempre está abajo», por lo que la violencia de la segunda hacia la primera siempre será «rebelión contra la opresión». Esto demuestra como el feminismo y sus asociaciones han manipulado una experiencia personal traumática hasta hacerla ver que la única violencia que importa es el maltrato psicológico o físico del hombre hacia la mujer. El feminismo enseña a las personas a no asumir su responsabilidad con cada decisión que van tomando y, por supuesto, a eludir toda culpa cuando bien por cuestiones de trauma o personalidad deficiente ejercen la violencia contra parejas que no les han hecho nada, como le ocurrió con el señor Lolo.

El gobierno de Navarra incluso llegó a decir que se debía educar a las niñas y adolescentes en contra de las:

«Ideas de feminidad que llevan a las chicas a asumir conductas de imitación de la agresividad masculina». (Gobierno de Navarra; El plan de coeducación 2017-2021 para los centros y comunidades educativas de Navarra)

¿Acaso la mujer no es violenta contra el hombre o contra otras mujeres? Se ve que no. Para ellas, todo –y cuando decimos todo es absolutamente todo–, es culpa del patriarcado, y no es broma.

Cuando aseveramos que las feministas nos recuerdan a los cristianos más intransigentes, no es una exageración. Sus disposiciones nos recuerdan en exceso al grado de estupidez, miedo y estigmatización hacia el sexo opuesto que tenían los primeros Padres de la Iglesia:

«La sentencia de Dios sobre este sexo tuyo vive en esta era: la culpa debe necesariamente vivir también. Tú eres la puerta del demonio». (Tertuliano; De Cultu Feminarum, Siglo III)

Como acabamos de cerciorarnos, desde las instituciones y centros educativos de España se permiten los discursos de todo tipo de personas, independientemente de la formación, sentido o utilidad de la ponencia. A día de hoy parece ser que la importancia del discurso radica en que este comulgue con los fundamentos aprendidos del feminismo gubernamental. Esto lo saben bien las escuelas, ya que hay llevarse bien con el oficialismo y sus cambiantes disfraces ideológicos, ¡que al final es el que otorga la financiación! Si bien los profesores de antaño sabían que debían parecer un buen católico, hoy tienen que fingir ser un buen feminista para que el Ministerio de Educación te preste su atención.

A fin de cuentas: 

1) El polémico «pin parental» no es nada novedoso en la educación española. Es un resquicio de la ley burguesa para aparentar que el Estado no adoctrina y que su educación es estrictamente «profesional». Es un acuerdo gubernamental con la oposición donde cede en algunos puntos anecdóticos; pero sigue siendo intransigente en lo fundamental, dominando los principales resortes educativos. Estos acuerdos entre grupos en pugna para limitar la influencia ideológica del grupo gobernante siempre serán propuestos por los que se encuentran en la oposición –sea esta del tipo que sea–, lo mismo que venía ocurriendo, por ejemplo, años atrás con la cuestión religiosa y su rol en la educación. 

2) El feminismo, ideología ajena desde sus inicios al marxismo, puede penetrar e imponerse en la enseñanza –y ya lo ha hecho– con o sin necesidad de un «pin parental». Este último puede ser empleado de forma útil por los revolucionarios para evadir la introducción de ideologías religiosas, fascistas, feministas y de otro tipo en el material extraescolar, pero no puede evadir ni el material de estudio ni la línea ideológica general de la educación, que corren a cuenta del gobierno, y que no solo tiene actualmente un carácter concretamente feminista, sino globalmente liberal y burgués.

3) Estamos a favor de cualquier tipo de medida que limite las pseudociencias que engañan al pueblo o lo desvían de la lucha de clases –en este caso, con el feminismo, hacia la lucha de sexos–, pero no nos limitaremos a aprovechar estos resquicios legales de acuerdo a nuestras intenciones, sino que debemos ubicar nuestro horizonte más allá. Arengamos, pues, a promover un nuevo modelo de educación que sirva como contrapunto al modelo actual y como base para exponer nuestros principios y objetivos. 

4) Una vez sabido esto, no puede quedar duda de que, mientras los marxistas no estén en el poder para llevar a cabo su proyecto educativo, deberán combatir las concepciones pseudocientíficas económicas, filosóficas y sociales, provengan de donde provengan, se digan de izquierda o de derecha. Se llame catolicismo, posmodernismo, nacionalismo, feminismo, liberalismo, positivismo, anarquismo, socialdemocracia y un largo etcétera. Quien falte a esto será preso de una o varias de estas corrientes, y más pronto que tarde será una pieza más del sistema capitalista». (Equipo de Bitácora (M-L); La cuestión educativa, el feminismo, y el clásico discurso liberal de la «izquierda» , 2020)

Anotación de Bitácora (M-L):

Según el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de junio de 2013: el 95,3% de los encuestados veía «totalmente inaceptable» que en pareja «se insulte o desprecie a la pareja». Según el CIS en su encuestra de febrero de 2020 en la que se insistió varias veces sobre su carácter confidencial: el 93% de las encuestadas respondieron negativamente a la pregunta sobre si su pareja en los últimos 12 meses le había «insultado o hecho sentirse mal con usted misma», mientras que el 99,1% respondió que su pareja no «le ha abofeteado o tirado algo que le pudiera hacer daño», el 97% respondió que nunca «tiene miedo de su pareja», el 97,2% nunca «le ha impedido ver a sus amigos o amigas» y el 95,3% nunca «insiste o ha insistido saber donde está en cada momento», el 99% nunca «le impide trabajar fuera del hogar», el 97,8% nunca «le impide o ha impedido tomar decisiones relacionadas con la economía familiar». Estos datos oficiales desmienten todas y cadas unas de las mentiras del feminismo. 

La mayoría de las mujeres trabjadores hace tiempo que se emanciparon del antiguo pensamiento patriarcal y son lo suficientemente autónomas económicamente y psicológicamente como para depender de nadie. A la mujer de hoy también le toca sortear este feminismo paternalista que abandera falsamente una causa en su nombre. La mujer trabajadora sabe que su lugar está junto a sus compañeros de clase, el hombre, su hermano, su pareja, su padre, su amigo, su camarada, no con la feminista burguesa a la cual no le debe nada. 

«La mujer trabajadora aceptó ingenuamente la mano que le tendió el feminismo burgués. Las sufragistas recurrieron a las mujeres trabajadoras esperando llevar a las mismas hacia su lado, obteniendo su apoyo y organizando a las mismas en un movimiento exclusivamente femenino, supuestamente sin clase pero esencialmente burgués. Sin embargo, el instinto de clase y la desconfianza hacia las «finas damas» salvó a las trabajadoras de ser atraídas al feminismo e impidió cualquier alianza larga o estable con las sufragistas burguesas. (...) Las obreras escucharon atentamente a las sufragistas burguesas pero lo que las mismas ofrecían no satisfacía sus necesidades más urgentes, ligadas a la esclavitud del capital, y no evocaban ninguna respuesta sincera. Las mujeres de la clase obrera estaban exhaustas por el peso de condiciones laborales intolerables, el hambre y la inseguridad material de sus familias; sus demandas inmediatas eran: jornadas laborales más cortas, mejores salarios, una actitud más humana de parte de las administraciones de las fábricas, menos control policial, más libertad de acción. Todo esto era ajeno al feminismo burgués». (Aleksandra Kolontái; Sobre la historia del movimiento de mujeres trabajadoras en Rusia, 1919)

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