viernes, 16 de octubre de 2020

¿Cómo pasará a la historia Raúl Marco? ¿Como un revolucionario consecuente o como un renegado?

«Un oportunista, es un oportunista, esté vivo, muerto o en coma, y así hay que decirlo.

A estos sujetos no hay que ensalzarlos, ni en vida ni en su muerte. Hay que señalar sus defectos, si queremos avanzar del atolladero actual donde el revisionismo hegemoniza todo. 

En cuanto a la demagogia de que «hay que estar con la familia y su dolor», insistimos, no era nuestro «camarada», y quien tiene que guardarle luto y beatificarlo como un mártir del movimiento ecléctico son otros. Esta excusa nos recuerda a cuando falleció Castro en 2016 y repasamos las amistades de este dinosaurio revisionista con la reacción –Franco, Jruschov, Fraga, Videla, entre otros–, pero algunos todavía pedían «comprensión» en «un día señalado». ¿Se imaginan a los revolucionarios pidiendo «respeto» ante el fallecimiento de Jruschov en 1971 o Alia en 2011? Ridículo. Palabrería sentimentalista.

Marx dijo: «La ignorancia nunca ha ayudado a nadie». Esto todavía retumba». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre la muerte del infame Martin Licata, 2018)

«En materia de militancia revolucionaria, no ignoramos que el principio de la unidad a todo precio, es uno de los argumentos que por lo general utilizan de manera deshonesta y cínica los revisionistas españoles para así retener bajo su influencia a no pocos honrados militantes que en el fondo están en desacuerdo con ellos. Ocurre además que esos mismos militantes honrados y algunas personas progresistas de tendencias marxistas, no pueden comprender como dirigentes que han tenido en el pasado una justa y revolucionaria actuación, hayan podido degenerar en revisionistas contrarrevolucionarios. Pero esto no tiene nada de extraño si examinamos el problema de manera científica dejando de lado todo subjetivismo y sentimentalismo acerca de las personas y su pasado, por muy prestigioso que sea». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Revolución Española, Nº1, 1966)

Muchos de los exmilitantes argumentan que los errores que pudiera cometer el viejo PCE (m-l) tienen que ser explicados por la fuerte presión que se ejerció sobre él. ¿Influyó la represión o la presión ideológica en el debilitamiento del partido? Cierto. ¿Puede un partido ampararse en esa excusa? No. Tenemos los ejemplos de represión que sufrió el partido, como vimos en el primer capítulo del presente documento. Claro que la represión influye, pero jamás es decisiva, al revés, debe ser un combustible para defender los principios con más ahínco. ¿Pero acaso estas experiencias les hicieron más consecuentes? Muchos líderes del PCE (m-l) acabaron viviendo de las rentas de un pasado honorable de lucha contra el franquismo y el carrillismo, como Raúl Marco, incluso del halo de haber sido blanco de la represión franquista en sus carnes, como Manuel Blanco Chivite o Pablo Mayoral. Pese a esto, todos ellos traicionaron los principios del partido, aun conociendo sobradamente los axiomas de la doctrina y pese a que fueron testigos de época sobre cómo habían acabado los oportunistas que tomaban tal camino, como Kautsky o el propio Carrillo. No hay excusas posibles.

La lucha entre Raúl Marco y Manuel Chivite a finales de los 80 [*], no fue una lucha entre un grupo de revolucionarios y otro de revisionistas, sino entre dos figuras igualmente oportunistas que usaron a sus fieles para imponer su propia línea revisionista, arrastrando a otra gran parte de la militancia a tomar partido a falta de una propuesta mejor. 

Las andanzas políticas posteriores de Raúl Marco, refundando en 2006 un PCE (m-l) artificial y desprovisto de todo espíritu revolucionario [**] y «sin apriorismos» ideológicos, como él decía, es otra prueba más de que no estamos ante traiciones accidentales.

En el caso de Marco, recuerda a lo que una vez jocosamente dijo Pléjanov de Bernstein, es totalmente inexplicable que alguien tan zafio llegase tan arriba, y dice algo muy malo del partido:

«Lo mismo podría decirse del libro del señor Bernstein: todo en él es disparate y sonido de palabras huecas, pero precisamente es esta variedad la que induce a melancólicas reflexiones en el atento lector. En todo lo referente a cuestiones teóricas, el señor Bernstein se muestra el más débil entre los débiles. ¿De qué manera ha podido ocupar en el curso de muchos años uno de los puestos teóricos más conspicuos dentro del partido? Habría que meditar sobre ello. Y no es fácil encontrar una respuesta que nos deje tranquilos». (Gueorgui Plejánov; El papel del individuo en la historia, 1898)

Algunos no aceptan como posible que un personaje veterano y experimentado acabe siendo un traidor, que acabe reconciliándose con los jefes e ideas de las corrientes revisionistas que antaño combatía. Estimulados por el clásico sentimentalismo, creen que estas figuras por tener un gran currículum revolucionario o por haber sufrido la represión de primera mano pueden ser exoneradas de todos los errores que cometieron. Sin duda, sus seguidores más fanáticos les han perdonado y les perdonan todo, pero nosotros no evaluamos a las figuras con ese baremo tan condescendiente. 

No vamos a detenernos a explicar las causas generales y específicas que hacen degenerar a una persona, pues depende tanto del ambiente como de la personalidad del sujeto. Solo queremos incidir en que hay varios casos históricos que confirman que este proceso de degeneración puede ocurrir perfectamente y tenemos diversos casos confirmados, como acabamos de ver. De modo que es necesario refutar de una vez por todas aquello de que «no se puede criticar a X dirigente porque es un viejo revolucionario» que «lleva luchando desde tiempos inmemorables», que si ha hecho esto, que si ha hecho lo otro. La existencia de una figura dirigente durante un período más o menos glorioso de un partido, sus habilidades personales puestas a favor de una causa en el pasado no le eximen de los errores de entonces ni de las presentes desviaciones políticas que pueda manifestar. 

Si siguiéramos esa máxima tan estúpidamente piadosa no podríamos criticar a Jruschov por haber militado en el Partido Bolchevique durante los años 30 y por haber criticado al trotskismo y al bujarinismo –que luego él mismo recuperaría–, ni a Ramiz Alia por haber militado en el Partido del Trabajo de Albania de los 70 y haber criticado al titoísmo y el maoísmo que él mismo haría suyos, y así podríamos citar una larga lista de ejemplos que todos conocemos o deberíamos conocer. 

Así, pues, que un elemento haya sido autor o coautor de artículos, tesis, programas de un partido que estaban dentro de los marcos del marxismo-leninismo no supone nada determinante para analizar sus posteriores acciones. 

Tampoco es determinante saber si sus posiciones pasadas fueron realizadas por una férrea convicción o por un oportunismo individual que simplemente se atenía a la línea general de entonces por conveniencia. Esto no influye demasiado a la hora de discutir y criticar los errores posteriores que esa figura encabezaría. 

Los grandes servicios prestados siempre deben ser encuadrados sobre la base del partido existente, y siendo conscientes de que la línea política no es obra de una individualidad buena o mala, sino ante todo de la dirección colectiva. Por tanto, habrá figuras que por más que hayan cosechado méritos gracias a algunas posturas correctas en el pasado, eso no le hace estar libre en modo alguno de la responsabilidad de haberse desviado políticamente después, mucho menos si ha ejercido altos cargos mientras ha llevado al partido al desfiladero del revisionismo. Al contrario, hay que buscar en los primeros errores del pasado el nexo para entender las desviaciones del futuro como lección que nos impida volver a permitirlas.

La extrema dependencia de una figura [Elena Ódena], nos hace darnos cuenta de la carencia de cuadros y falta de preparación teórico-práctica dentro del PCE (m-l). Para muestra, un botón: si observamos a Raúl Marco, el considerado como «número dos» del partido en cuanto a autoridad, siempre es descrito por casi todos los testigos [***] como un seguidista y adulador de ese «número uno» del partido, algo que con el tiempo se acabó confirmando sobradamente. De ahí que se diera el hecho de que cuando la figura de máxima autoridad faltó, el segundo de abordo se vio totalmente desorientado para tomar las riendas del partido. En consecuencia, trató de tirar de pragmatismo para intentar resolver la situación, pero el pragmatismo nunca conduce a nada bueno, es «pan para hoy y hambre para mañana». Se aplicaron medidas que iban en contra de los principios marxistas y la historia del partido –con las consecuencias que eso acarreaba a corto y largo plazo– y lejos de sacar al partido del estancamiento, lo acabó de hundir. En medio de esto, el resto de cuadros o no eran lo suficientemente válidos, o habían abandonado debido a este ambiente insano. Habría que ver qué actitud tomaron entonces este tipo de militantes de base y pedirles cuentas, ya que recordemos que el partido no es solo la dirigencia, sino también la base, más los cuadros medios.

En el descalabro del PCE (m-l) tampoco se puede restar responsabilidad a la propia actividad de Elena Ódena, ya que siendo considerada la figura de máximo liderazgo del partido no pudo revertir la situación de estancamiento en la que se encontró el partido. Desde la escisión sufrida en 1976 no fue capaz de levantar a la organización ni en cuanto a números ni en cuanto cuanto radio de influencia, siendo la escisión de 1981 la puntilla para el partido en términos morales y sobre todo cuantitativos. En el momento de su fallecimiento en 1985, el partido estaba muy lejos de los años de esplendor y popularidad de inicios de los 70. No asumir esto también es edulcorar la realidad.

Actualmente la figura de Raúl Marco solo es saludada con respeto por aquellos que el viejo revolucionario calificaría de «oportunistas sin principios» [****], maoístas, castristas, jruschovistas, etc.

Todo esto ocurrió porque en el PCE (m-l) había mucha ilusión, mucho trabajo hasta la extenuación, mucha pasión, pero faltaba una certera formación ideológica. Los medios a su disposición no eran los de hoy, que permiten un acceso fácil a una gran cantidad de información, pero eso no era excusable viendo otras experiencias partidistas que, con un menor acceso cultural de las masas, consiguieron mayores logros. El PCE (m-l) no parece que dispusiera de planes de estudios colectivos que fuesen serios y efectivos, que garantizasen crear al menos un núcleo sólido sobre el que regenerarse y seguir caminando y, por encima de todo, la falta del hábito individual de estudio como denunció Ódena en varias ocasiones, profundizaba esta carencia.

No había un apego consciente a los principios del partido, sino uno sentimental hacia unos símbolos y siglas, no hablemos ya hacia los líderes, puesto que muchos apoyaban no las ideas, sino las personas. El seguidismo y el sentimentalismo fueron la marca y seña de la militancia durante muchos momentos, militancia que iba a la zaga de los acontecimientos. Esto conduce a que cuando las figuras clave van cayendo, el partido sea manejado por elementos volubles, que claudican y cambian de línea política constantemente, traicionando los principios básicos del partido del proletariado. 

Otro problema clave es que lo que dominó el ambiente del PCE (m-l) posterior a 1985 y el fallecimiento de Ódena fue el culto a su recuerdo. En la propaganda se rememoraba una y otra vez los éxitos de otros «días mejores», como si el reloj se hubiera parado en algún momento del tardofranquismo. La cúpula no hizo esto por casualidad, instaba a la militancia de base a sumarse esta especie de «escapismo mental colectivo» con el fin de ignorar la difícil coyuntura en que se encontraba el partido en aquel momento. Esta devoción, estaba cada vez más vacía de contenido ideológico, era justo lo opuesto de lo que Ódena deseó siempre, ya que esperaba que el recuerdo de todos los que ya no estaban debía servir a los militantes para mantener una inquebrantable fidelidad a los principios de la causa, no una mera idolatría a las personas y símbolos, algo tan típico de los pusilánimes en todas las épocas. Y como bien somos conocedores, los oportunistas saben que la adoración de figuras y siglas siempre es la vía más corta para crear un rebaño de borregos, justo lo que ellos deseaban, la condición para que la mediocridad sea disimulada». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2020)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[*] Sobre las luchas del PCE (m-l) a finales de los 80:

«Tras la muerte de Ódena en 1985, el grupo de Raúl Marco y el grupo de Manuel Chivite cambiaron paulatinamente al PCE (m-l) hasta hacerlo degenerar en tiempo récord. Adoptaron por completo un proyecto basado en el republicanismo burgués que antaño criticaron. Acuñaron tesis y proclamas encaminadas a la reconciliación con figuras socialdemócratas como Olof Palme o Tierno Galván. En ese pragmatismo se llegó a pedir el voto por Herri Batasuna para buscar la influencia de la que carecían en estas regiones. A ello le sumaron en el plano nacional alianzas sin principios como la contraída con el brézhnevista Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) en 1989. Y en el exterior, hubo una rehabilitación de corrientes antes detestadas, como el revisionismo cubano. Todo un cúmulo de concesiones hasta verse envueltos en unas contradicciones que les llevarían a una crisis interna. A partir de ahí, dado que era «un todo vale» en lo ideológico, las fracciones empezaron a cristalizarse y acabaron «tirándose los trastos a la cabeza»: el grupo de Raúl Marco intentaría plantear una fusión con el PCPE y negaría asumir los errores de los últimos años que habían debilitado al partido hasta la completa extenuación, una lucha interna donde el grupo de Manuel Chivite aprovechaba los errores y sus consecuencias –de los cuales también habían sido partícipes– para negar los pocos axiomas básicos que mantenía el partido y plantear otro programa más derechista si cabe.

Chivite propuso abandonar el concepto de partido de vanguardia –que hacía años que no se respetaba– y planteó en cambio ideas más flexibles, llegando a poner sobre la mesa el entrismo en Izquierda Unida (IU) bajo el pretexto de que era el «contexto político» adecuado. Teorizó, como Otto Bauer, una vía basada en el «multipartidismo en el socialismo» y la construcción del «socialismo de mercado». Animó a explotar unas «nuevas pautas sindicales y las alianzas», y como el viejo Carrillo, defendió la permanencia y participación en la Unión Europea. Con el triunfo de Chivite y sus acólitos, se celebraría el infausto VIº Congreso de 1991, donde pese a jurar no ser socialdemócratas, las tesis liquidacionistas lo confirmaron en 1992 con la autodisolución de la organización. Pero no nos engañemos, el grupo de Chivite era liquidador como se demostró, en efecto, pero el grupo de Marco también lo era. De hecho, había ido llevando a la liquidación del partido desde 1985 de forma agonizante, desperdiciando el prestigio ganado, con razón, por el PCE (m-l). Su mala praxis condujo al abandono y desmoralización de la militancia, las propias propuestas de Raúl Marco de liquidar el partido fusionándose junto a los revisionistas brézhnevistas del PCPE fueron la gota que colmó el vaso y, así, bajo dicha política liquidacionista progresiva, perdió el timón del barco en favor de unos liquidacionistas meteóricos como el grupo de Chivite y compañía, que en un abrir y cerrar de ojos cogieron un cuerpo enfermo para terminar de hacerlo morir. Algunos defensores de Raúl Marco aludieron que no era cierto que quisiera fusionarse o disolverse en el PCPE, pero cuando Raúl Marco refundó, o mejor dicho, creó su propio PCE (m-l) en 2006, de nuevo volvió a intentar fusionarse con el ultraoportunista PCPE, lo que históricamente aleja cualquier duda de sus verdaderas intenciones liquidacionistas en 1989 e indica que, para él, lo prioritario ha sido siempre hacer piña con sus amigos brézhnevistas, bien como aliados, bien como «camaradas de partido». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2020)


[**] Sobre el nuevo PCE (m-l):

«Raúl Marco impulsó en 2006 la «refundación» del PCE (m-l) basándose en la rehabilitación del revisionismo interno y externo como ya había hecho a finales de los años 80. Desde entonces, hizo uso de la figura de Elena Ódena como medio para intentar mitigar las críticas hacia su vergonzante política, lo cual es imposible, pues nada tiene que ver la línea de Ódena con la del actual PCE (m-l). Esta actitud hipócrita solo causa la rabia de los militantes o simpatizantes del viejo y verdadero PCE (m-l) de 1964-1985. El nuevo PCE (m-l) ingresó en la CIPOML, una internacional que integraba a las dirigencias que habían hecho degenerar a los antiguos partidos marxista-leninistas de finales de los 80, y que, además, habían realizado un seguidismo a las políticas desviacionistas de Albania hasta el último minuto. Ninguno de estos partidos hizo autocrítica sobre a dónde estaban conduciendo su rehabilitación del revisionismo, sus alianzas oportunistas a nivel interno o su política exterior tercermundista. Nadie tuvo el arrojo de analizar su alarmante bajada en influencia, número de afiliados o votos. Simplemente «siguieron su camino» como si nada hubiera pasado». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2020)

Véase el capítulo: «De nuevo la importancia del concepto de «partido» en el siglo XXI» de 2020.

Véase el capítulo: «La tendencia a centrar los esfuerzos en la canonizada Asamblea Constituyente como reflejo del legalismo burgués
» de 2020.

Véase el capítulo: «El rescate de las figuras progresistas vs la mitificación y promoción de figuras revisionistas en el ámbito nacional
» de 2020.

Véase el capítulo: «¿No se ha aprendido nada del desastre de las alianzas oportunistas y de los intentos de fusionarse con otros revisionistas?
» de 2020.

Véase el capítulo: «La antigua lucha sin cuartel contra el revisionismo internacional no tiene nada que ver con el actual PCE (m-l)
» de 2020.

Véase el capítulo: ««Comunistas» subiéndose al carro de moda: el feminismo
» de 2020.

Véase el capítulo: «El republicanismo abstracto como bandera reconocible del oportunismo de nuestra época» de 2020.

Véase el capítulo: «Carta de Cese de militancia del Partido Comunista de España (marxista-leninista) en Elche; 2020

[***] La opinión de varios exmilitantes sobre Raúl Marco y su papel:

«Qué decir de todos los que manipulan su memoria y sus principios –empezando por el señor Marco–, arropándose como plañideras con los valores que aquellos valientes representaron y que todos estos niegan hoy». (Comentarios y reflexiones de José Luis López Omedes a Bitácora (M-L), 2019)

«La pluma de Elena era casi siempre acertada. Lo que no podemos hacer los «comunistas», es montar partidos con un gran dirigente formado y el resto seguidistas. Ese ha sido el error de siempre. Sobre Elena se han creado muchos mitos, era una gran camarada y una gran dirigente, pero si ella escuchase ahora ciertas cosas idolatrándola, el cabreo seria monumental». (Comentarios y reflexiones de R. a Bitácora (M-L), 2019)

«Solo diré que ni Chivite ni mucho menos Marco han podido aportar nada positivo al partido. (...) Me gustaría saber porque gente que formó parte del partido desde su fundación se fueron yendo, porque a algunos los conocía muy bien, pero nadie me dio una explicación ni la espero a estas alturas. De Raúl Marco no quiero ni los buenos días, jamás le voy a pedir una explicación de nada porque sé que no me la va a dar». (Comentarios y reflexiones de F. a Bitácora (M-L), 2019)

[****] El pésame de los jruschovistas, castristas y maoístas de todo el mundo:

«El PTE tuvo el placer de reunirse con él, en varias ocasiones, en las personas de nuestro Secretario General, Marcos Palomo y nuestro ex secretario de Organización, Antonio García –también fallecido hace menos de un año–, precisamente para tratar procesos de unidad comunista». (Partido de los Trabajadores de España; El PTE, muestra su pesar por el fallecimiento de Raúl Marco, 2020)

«Apreciados/as camaradas del CC del PCE(m-l): En nombre del CC del PCPE y del conjunto de la militancia del PCPE y de la JCPE, os pedimos trasladéis a la familia, camaradas y amigos del camarada Raúl Marco nuestro profundo pesar por su fallecimiento. Leal a su clase, a la República, al Socialismo y a su Partido, el camarada ha fallecido siendo toda su vida un ejemplo de ética revolucionaria que le trasciende y ya es patrimonio de todo el pueblo trabajador de España». (Partido Comunista de los Pueblos de España; Raúl Marco ha sido un ejemplo de ética revolucionaria, 2020)

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