«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 20 de abril de 2015

La organización multiclasista; Equipo de Bitácora (M-L), 2013


«Una de las características fundamentales del «neo-revisionismo» del «socialismo del siglo XXI» es la idea de que una organización multiclasista en la que convergen explotados y explotadores; burgueses y proletarios, en la que el poder de dicho partido que no solamente no está en manos de la clase obrera sino que es parte elemental del poder que detenta la burguesía, puede superar las contradicciones de las clases a través de la «unidad nacional» y dirigir la construcción del «socialismo». El solo hecho de plantearse un partido como ese, aceptando esa composición con todas sus consecuencias para el «partido de vanguardia» de la revolución, es una negación explícita e implícita del marxismo-leninismo, pues es sobre el partido que ha de pivotar todo el proceso de transformación revolucionaria, el partido ha de estar compuesto por los elementos más avanzados del proletariado y sólo bajo esa condición puede constituirse en lo que está llamado a ser, el pilar fundamental de toda la teoría y práctica socialista.

«El partido como destacamento de vanguardia de la clase obrera. El partido tiene que ser, ante todo, el destacamento de vanguardia de la clase obrera. El partido tiene que incorporar a sus filas a todos los mejores elementos de la clase obrera, asimilar su experiencia, su espíritu revolucionario, su devoción infinita a la causa del proletariado». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Fundamentos del leninismo, 1924)

Veamos como el búlgaro marxista-leninista Georgi Dimitrov, dirigiendo la República Popular de Bulgaria, animaría al partido a mejorar al propio partido, tanto en composición social como en sus deberes ideológicos, estableciendo un recordatorio y reforzamiento de las reglas marxista-leninistas para evitar las desviaciones que hemos visto en los revisionismos:

«Para continua y firmemente reforzar nuestro partido, debemos hacer lo siguiente: 1) Purgar nuestras organizaciones de partido de todos los elementos hostiles, arribistas y en general que accidentalmente se haya infiltrado en nuestras filas. 2) Hacer una estricta selección entre los nuevos miembros y candidatos que desean entrar en el partido y regular su composición social por la adhesión estricta a las reglas e ir sistemáticamente aumentando la composición de obreros. 3) Desarrollar la democracia interna en el partido venciendo los viejos vestigios de liderazgo. Hablar y decidir problemas de partido en conjunto con los líderes de partido y organizaciones. Confiar a cada miembro del partido una tarea concreta y observar su cumplimiento. Animar la crítica sana y la autocrítica en el partido, aumentar la actividad general de sus miembros, apretar la disciplina de partido y la unidad en sus organizaciones. 4) Organizar la educación sistemática marxista-leninista colectiva e individual de cada miembro de partido y de los candidatos de base a integrarlo. Un miembro que no quiere aprender, educarse y avanzar no es y no puede ser un verdadero miembro de nuestro partido». (Georgi Dimitrov; Informe en el Vº Partido Obrero (comunista) Búlgaro, 18 de diciembre de 1948)

El partido se debe nutrir por tanto de las capas más concienciadas de las clases trabajadoras y educa al resto de elementos de esas clases trabajadoras en tal espíritu proletario. Por ello resulta indispensable desarrollar un buen plan de educación sobre la teoría revolucionaria del socialismo científico, estando entre sus objetivos la clarividencia ideológica a seguir, evitando la especulación sobre la línea ideológica del partido en materias fundamentales como el Estado, el partido, economía, religión, etc. El albergar dudas sobre el conocimiento de estos temas, o por otro lado, el permitir un partido no cohesionado ideológicamente sobre estos temas, dónde aniden diferentes puntos de vista de diferentes clases, sólo beneficiará al surgimiento de todo tipo de oportunismo independientemente de la forma en que se exprese y de donde proceda. Ante esto Lenin expresa:

«Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario. Nunca se insistirá lo bastante sobre esta idea en un tiempo en que a la prédica en boga del oportunismo va unido un apasionamiento por las formas más estrechas de la actividad práctica». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, ¿Qué hacer?, 1902)

En la práctica oportunista del revisionismo, en su desarrollo programático, se busca la desproletarización de los partidos comunistas, pues es la técnica más eficaz que emplea el revisionismo para combatir el noble espíritu revolucionario del partido:

«La degeneración de los partidos revisionistas en la ideología y la política condujo inevitablemente a la degeneración de la composición social de sus miembros, y esto es especialmente evidente en sus principales órganos y aparatos. Las puertas de estos partidos han sido abiertas a los elementos no proletarios. (...) Desde el arsenal revisionista del pasado, algunos de los partidos revisionistas sacaron la idea de un partido democrático amplio, abierto a todos, un partido de reformas y de colaboración de clases, y con el fin de ganar el máximo número de votos en las elecciones parlamentarias han admitido a cualquiera en sus filas». (Petro Ciruna y Pandi Tase; La degeneración organizativa de los partidos revisionistas y sus consecuencias, 1978)

Con dicha estrategia se introduce la ideología y los hábitos de las clases menos concienciadas como pueden ser el artesano o el campesino pequeño burgués o bien de un sector de los obreros no habituado a la política, e incluso de las clases explotadoras como el kulak del campo o el burgués industrial, no pudiendo un partido que se hace llamar marxista-leninista, correr mayor riesgo. Obsérvese que el partido multiclasista del «socialismo del siglo XXI», como ya hemos manifestado, no es un planteamiento «genuinamente nuevo», sino que es una recuperación de todas las tesis revisionistas precedentes, pero responde especialmente al carácter de una organización capitalista socialdemócrata, es decir reformista. En cualquier caso, el desplazar a la clase proletaria de la dirección del partido o a su bandera ideológica, el marxismo-leninismo, de la vanguardia de tal partido, significa tomar partido directamente por un partido burgués que responderá a alguna de sus variadas ideologías, y que por supuesto tarde o temprano demostrará una prosternación ante el capitalismo. Lenin expresó en su momento que sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario posible, y que para ello sólo un partido que haya asimilado la teoría marxista puede ser la vanguardia de ese movimiento, y no se puede estar más de acuerdo con esté básico eslogan ya convertido en axioma como se ha demostrado científicamente.

Durante el periodo de lucha de liberación nacional, tampoco hay que descuidar la necesidad de reclutar en el partido a los mejores elementos de las clases trabajadoras, en especial a los obreros industriales. Veamos que decía Georgi Dimitrov reprendiendo al revisionismo chino:

«Hacemos mención especial que la línea correcta en la creación del frente unido antijaponés significa el fortalecimiento general del partido y el ejército rojo. Por lo tanto, estamos muy preocupados por su decisión de que todo el que desee puede ser aceptado en el partido, sin ninguna consideración de su origen social, que el partido no tema que algunos arribistas busquen su camino en el partido, así como de su mensaje sobre las intenciones de aceptar incluso a Zhang Xueliang en el partido. En la actualidad, más que en cualquier otro momento, es necesario para mantener la pureza de las filas y el carácter monolítico del partido. Mientras conducimos el alistamiento sistemático de personas en el partido y así lo reforzamos, especialmente en el territorio del Kuomintang, es necesario que al mismo tiempo evitemos la inscripción masiva en el partido, aceptemos sólo a las mejores y probadas personas de entre los obreros, campesinos y estudiantes». (Georgi Dimitrov; Telegrama de la Secretaria del Comité Ejecutivo de la Komintern al Secretariado del Partido Comunista de China, 15 de agosto de 1936)

Fijémonos en otro marxista-leninista, el albanés Enver Hoxha, quién aceptaba de buen grado este principio:

«Para el partido es vital la ampliación de sus filas con elementos procedentes del seno de la clase obrera. Pero algunos comités y organizaciones del partido no abordan con la seriedad requerida el problema de la preparación de los miembros de la clase obrera para su admisión en el partido, sino que, por el contrario, muchas veces ceden a las presiones de los oficinistas y se dejan engañar por las apariencias y por su facilidad para las frases hechas en cuya rápida y correcta formulación son verdaderos profesionales. Las organizaciones del partido deben comprender bien que ha llegado el momento de aumentar de manera más notable el porcentaje de obreros en los efectivos del partido y preocuparse más de prepararles para una actividad concreta. Ciertamente esto no significa que no debamos abrir sin ningún requisito las puertas del partido a todos los obreros que deseen ingresar en él. Las admisiones en el partido se realizan siempre de manera individual y después de un cuidadoso análisis de la capacidad de cada persona». (Enver Hoxha; Informe presentado ante el IIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1956)

Preguntarán algunos: ¿por qué si la clase obrera es la clase social con la responsabilidad histórica de liderar el tránsito al socialismo es necesario testar las habilidades personales de cada obrero y probar su lealtad ideológica? Porque dejando a un lado las habilidades que pueda tener cada uno, como dice Stalin, dentro de la propia clase obrera existen capas con elementos que no están preparadas ideológicamente para entrar en el partido:

«A mi modo de ver, el proletariado, como clase, podría ser dividido en tres capas. Una capa la compone la masa fundamental del proletariado, su núcleo, su parte permanente; es la masa de proletarios «puros», que rompió hace ya mucho los lazos con la clase de los capitalistas. Esta capa del proletariado es el apoyo más seguro del marxismo. La segunda capa la componen gentes salidas hace poco de clases no proletarias, de los campesinos, de las filas pequeñoburguesas, de los intelectuales. Esas gentes proceden de otras clases, hace poco que han pasado a formar parte del proletariado y llevan a la clase obrera sus hábitos, sus costumbres, sus vacilaciones, sus titubeos. Esta capa ofrece el terreno más propicio para el surgimiento de grupos anarquistas, semianarquistas y «ultraizquierdistas» de toda índole. Finalmente, la tercera capa la compone la aristocracia obrera, la élite de la clase obrera, la parte más acomodada del proletariado, con sus tendencias al compromiso con la burguesía, con su aspiración predominante a adaptarse a los poderosos del mundo, con su afán de «hacer carrera». Esta capa ofrece el terreno más propicio para los reformistas y oportunistas declarados». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en nuestro partido, 1926)

Por ello, como recuerda también el albanés:

«Para ingresar en el partido, deben ser seleccionados fundamentalmente aquellos elementos de la clase obrera que con continuos esfuerzos y a través de un período de trabajo más o menos amplio en la industria, en la minería, unido esto a una labor educativa organizada, hayan tomado firme conciencia de ser la clase de vanguardia». (Enver Hoxha; Informe presentado ante el IIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1956)

Aunque sea elemental que el partido tenga un núcleo obrero, ¿significa eso excluir al resto de clases trabajadoras? No, sería un gravísimo error que crearía la sensación, sobre todo entre el campesinado, de que no se le toma en cuenta en la nueva sociedad, y quebraría la alianza obrero-campesina, tan necesaria además en países con poca clase obrera:

«No cabe la menor duda de que, al exigir que se atienda principalmente al problema de la admisión de obreros, el partido no debe echar al olvido el ingreso de los trabajadores de las restantes capas, particularmente de los miembros de las cooperativas agrícolas y de los procedentes de las capas pobres, aquellos que sean elementos resueltos y probados, con un pasado limpio y dispuestos a combatir abnegadamente por la causa del partido. Pero es necesario tener en cuenta que la inmensa mayoría de ingresos en el partido, la deben constituir los obreros y, con el fin de cortar el camino a la penetración de burócratas, las organizaciones del partido deben aumentar aún más las exigencias en relación a los empleados, los campesinos medios y demás que desean ser admitidos al partido». (Enver Hoxha; Informe presentado ante el IIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1956)

Resulta evidente pues lo lejos que están los actuales dirigentes del «socialismo del siglo XXI», y las organizaciones en su órbita, de conocer y comprender estos claros sencillos sobre lo que es y debe ser una organización que luche por la construcción del socialismo.

Actualmente tanto algunos revisionistas como los propios seguidores del «socialismo del siglo XXI» hablan de la utilización de frentes en sus estrategias y tácticas políticas, se llenan la boca hablando de la necesidad de apoyarse en frentes, aunque poco saben explicar que son o cuáles son sus objetivos. Cierto es que tanto para la lucha para la conquista de objetivos menores, como para objetivos máximos, es permisible la idea de un frente de lucha –sea de características y objetivos antiimperialistas, antifascistas, anticapitalistas, y otros– donde converja el partido comunista con otras organizaciones –teniendo estas una mayoría de elementos de las clases trabajadoras, sean obreros o elementos pequeño burgueses–, pero sólo tiene aplicación bajo determinadas condiciones, y el partido comunista siempre tendrá el deber de ser vanguardia de dicho frente si no quiere que fracasen los objetivos del frente y que esa alianza temporal caiga en manos burguesas para manejarla a su antojo [1]. Generalmente a este tipo de frente se ha llamado frente popular, con el calificativo de popular por el hecho de unir a obreros y el resto de clases trabajadoras para un fin concreto. También han existido históricamente los llamados frente único del proletariado, donde el partido comunista instaba al resto de organizaciones con gran afiliación de obreros, o de obreros sin partido, hacia un objetivo concreto. Este tipo de frente fueron comunes tras la Primera Guerra Mundial, y eran utilizados como métodos para frenar la ofensiva de la burguesía sobre los derechos laborales de los obreros y su nivel de vida, pues era común por entonces, que la burguesía intentara por ejemplo: pagar las reparaciones de guerra que debía a otros países cargando tal deuda a espaldas de las clases trabajadoras, por lo que muchas veces estos frentes, no eran sólo frente único del proletariado, sino que se extendían con las organizaciones no proletarias de artesanos, campesinos y demás, agraviados por la ofensiva de la burguesía; convirtiéndose en frente popular con diversos calificativos: frente del trabajo, frente de los trabajadores, frente anticapitalista etc., razón por la que en ocasiones estos dos tipos de frente se entrelazan. Los calificativos usados por cada frente no importan, lo importante, es comprender en cada experiencia de frente que alianza contraía el proletariado y con qué objetivo.

Erróneamente se ha creado el mito de que los frentes solo sirven para estrategias y tácticas de carácter defensivo, pero la historia ha demostrado que los frentes pueden tener dos funciones: tanto defensivo como ofensivo. Del mismo modo que un tipo de frente –uno anticapitalista por ejemplo– puede ser usado a veces como frente defensivo y otras como frente ofensivo El frente usado los comunistas en Bulgaria mismamente durante los años 20 fue un frente anticapitalista defensivo, después durante la Segunda Guerra Mundial se utilizó un frente defensivo antiimperialista y antifascista, pero poco después tras la finalización de la guerra se uso un frente ofensivo anticapitalista para la construcción del socialismo. Hay que tener en cuenta que los frentes no tienen la misma función antes que después de la toma de poder por el partido comunista, una vez instaurada la dictadura del proletariado el frente sirve como correa de transmisión entre el partido y las organizaciones de masas bajo la regla del centralismo democrático, mientras que en el periodo previo servía más bien como una coalición de capas populares donde sus organizaciones no estaban sujetos a normas tan claras, ha de comprenderse que el rol, las normas, y carácter del frente cambian de una etapa a otra.

Sobra comentar que tan inútil es el frente en el que el partido comunista no gane influencia y lo comande, como la teoría de construir un frente sin la existencia de un partido comunista. También es obvio que la crítica al reformismo, al anarquismo, y otras tendencias no puede cesar durante la estancia de los comunistas en estos frentes; de hecho, uno de los objetivo del partido comunista en los frentes es persuadir a su militancia, y a todo elemento revolucionario, de los errores de las dirigencia reaccionaria mediante las acciones conjuntas del día a día, demostrando que su dirigencia reaccionaria no tiene el arsenal teórico ni la valentía práctica de saber dirigir la lucha contra el fascismo, la burguesía, o el imperialismo:

«Las acciones conjuntas con los partidos y las organizaciones socialdemócratas no sólo no excluyen, sino que, por el contrario, hacen aún más necesaria la crítica seria y razonada del reformismo, del socialdemocratismo, como ideología y como práctica de la colaboración de clase, con la burguesía y la explicación paciente a los obreros socialdemócratas acerca de los principios del programa del comunismo. (...) Poniendo al desnudo ante las masas el sentido de los argumentos demagógicos de los jefes socialdemócratas derechistas contra el frente único; redoblando la lucha contra la parte reaccionaria de la socialdemocracia, los comunistas deben establecer la colaboración más estrecha con los obreros, militantes, responsables, y organizaciones socialdemócratas de izquierda que luchen contra la política reformista y aboguen por el frente único con el partido comunista». (Komintern; Resolución final emitida por el VIIº Congreso de la Komintern respecto al informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de 1935)

En lo referente a los países coloniales y semicoloniales y su etapa de liberación nacional; casi siempre se ha utilizado el frente popular por las condiciones de la etapa correspondiente en estos países, y por la debilidad del proletariado y su aún más necesario acercamiento a otras clases trabajadoras. En estos países los frentes tenían características antifascistas, antiimperialistas y anticoloniales, por lo que incluso la burguesía nacional podía ser de utilidad contra el imperialismo extranjero, dentro o fuera del frente, esto es factible en esta etapa aunque no es siempre necesaria la colaboración de la burguesía durante la misma. Pero si finalmente la burguesía nacional colabora con las fuerzas progresistas en esta primera etapa, no se debe prolongar su colaboración en la segunda etapa, la de construcción socialista, si se mantiene esa alianza interclasista pasado el periodo inicial, cuando ya se ha liberado a la nación del país que le oprimía por activo –a través fuerza militar de ocupación–, o por pasivo –cuando la «ocupación» se da a través de fuerzas autóctonas–, cuando la burguesía nacional no tiene más rol progresista que jugar, y continua siendo una clase explotadora, si estos síntomas de alianza con la burguesía nacional siguen en esta revolución, es indicativo de que esa revolución en marcha no concluirá en revolución proletaria y socialista, sino que se dirige a la simple realización de una revolución de carácter liberal burgués o pequeño burgués; de hecho, hemos sido testigos de múltiples «revoluciones» de este tipo a lo largo de la historia reciente, en donde se observa claramente que por no poder superar el amor a la burguesía nacional, a la intelectualidad burguesa y al capitalismo se quedan atrapadas en la lógica de producción capitalista.

Tampoco es raro ver las experiencias de la incorrecta puesta en práctica de un frente único proletariado –se presupone que con partidos con alta afiliación de obreros–, donde en vez de persuadir a la base socialdemócrata de lo erróneo de su dirigencia y la política de colaboración de clases con la burguesía, se finaliza en que el propio partido comunista postula pensamientos y acciones típicas del socialdemocratismo, incluyendo el colaboracionismo de clase con la burguesía. Es común observar estos mismos fallos en la distorsión de la práctica del frente –tanto a la hora de lidiar con las masas y organizaciones no obreras en un frente popular como con las masas y organizaciones obreras del frente único del proletariado–. Conocemos históricamente a partidos como el Partido Comunista Francés de Maurice Thorez y el Partido Comunista Italiano de Palmiro Togliatti, que temieron durante varios años «quebrar la alianza entre los partidos antifascistas» y dirigir al partido hacia una revolución socialista tras el fin del poder fascista pese a tener gran influencia y grandes posibilidades de éxito, pero ellos, abogaron en cambio por una «unión nacional» bajo una democracia burguesa y una etapa antifascista que en sus mentes se haría eterna, se empezaría a decir que era posible el «tránsito pacífico al socialismo» con el apoyo de todas las fuerzas que habían luchado contra el fascismo –incluido los partidos burgueses anti hitlerianos y anti mussolinianos–, y también se empezó a teorizar que no era necesario el partido comunista como tal para transitar al socialismo en cada país, que cualquier partido podía hacerlo. Años después se dijo que no eran necesarios los partidos para transitar al socialismo. Sobra decir que estas desviaciones serían criticadas como ilusiones reformistas por la Kominform durante 1947, y que la amplificación de estas ilusiones en estos y otros partidos años después daría pie a muchos revisionismos, y en particular en algunos de estos partidos occidentales como el italiano, español o el francés desembocarían en el revisionismo eurocomunista en los años 70. Esto, no tiene nada que ver con las tácticas marxista-leninistas de frente:

«Los comunistas deben incrementar su vigilancia y guardarse del peligro de del oportunismo de derecha, y deben continuar una determinada lucha contra todas estas concretas manifestaciones, teniendo en cuenta el peligro del oportunismo de derecha crecerá donde las tácticas del frente único sean aplicadas. La lucha por el establecimiento del frente único, de la acción conjunta de la clase obrera, alza como necesario que los obreros socialdemócratas se convenzan a través de las lecciones objetivas de la correcta política de los comunistas y la incorrecta política reformista, y que cada partido comunista prosiga una lucha irreconciliable contra cualquier tendencia que rebaje las diferencias entre de principio entre el comunismo y el reformismo, contra rebajar la crítica de la socialdemocracia como ideología y práctica de colaboración de clases con la burguesía, contra la ilusión de que es posible transitar al socialismo pacíficamente, por métodos legales, contra cualquier realización basada en el automatismo y la espontaneidad, en la organización de la liquidación del fascismo o en la realización del frente único, contra cualquier menosprecio del rol del partido y contra la vacilación en los momentos de decisiva acción». (Komintern; Resolución final emitida por el VIIº Congreso de la Komintern respecto al informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de 1935)

Todo este tipo de distorsiones de la correcta aplicación de la teoría y práctica de frente hará actualmente una vez más, que los partidos comunistas se queden estancados en el abismo de la vacilación, mientras que la burguesía corroe su poder y finalmente lo acaba recuperando.

Compréndase que la lucha de clases que debe desarrollar el partido no se puede detener a medio camino, si se hace, como hemos mencionado ahora mismo, la burguesía retomara su poder, pues esta nunca duda de cuáles son sus objetivos y qué acciones tienen que hacer para defender sus intereses de clase, pues sabe que en una sociedad realmente socialista jamás tendrá cabida ni su influencia económica ni política ni ideológica. Hay que medir las etapas, no caer en el aventurerismo, pero tampoco adormecerse en las tareas de cada etapa, siempre hay que intercalar lo antes posible las tareas de la etapa democrático-burguesa anticolonial, antiimperialista, antifeudal o antifascista con las de la etapa socialista, como dijo Lenin, lo que nunca se puede hacer es pretender que existe una «muralla china» entre la etapa democrático-burguesa y la etapa socialista y estancarse. No tendría que hacer falta decir que el deber de la organización proletaria es liderar el proceso en cualquiera de las etapas que se encuentre, nunca delegar a otra clase, mucho menos explotadora, el liderazgo. Entendido esto es fácil comprender que denunciemos que sea una utopía de meros pacifistas y reformistas demagogos el intentar hacer creer al pueblo llano que la burguesía cambiará de parecer ante la perspectiva del socialismo una vez acabadas las tareas iniciales antifeudales, anticoloniales o antifascistas; si el socialismo que se aplica es real y se lleva sus tareas hasta sus últimas consecuencias, no se harán concesiones que permitan la supervivencia de la burguesía como clase social, y entonces en esa sociedad en su desarrollo al socialismo, la burguesía huirá sí o sí del proyecto socialista.

El problema reside, al menos en el campo de la comprensión práctico-teórica, en que esas organizaciones a pesar de haberse apartado de los lineamientos generales del materialismo dialéctico e histórico, del marxismo-leninismo, insisten en la fraseología revolucionaria respecto a muchos conceptos y temas, dando lugar a una confusión reiterativa en una militancia con una pobre o nula preparación político-ideológica. Y al haber una integración del elemento burgués en las filas de estos partidos, la mayoría de los honestos revolucionarios habrán sido intoxicados por tales elementos. Por ello se debe hacer hincapié en la necesidad de desarrollar una educación político-ideológica integral al interior del partido para poder combatir las manifestaciones extrañas [2], pero dado que el «socialismo del siglo XXI», y el revisionismo en general, abre las puertas del partido a la entrada de elementos burgueses, kulaks, o a las masas trabajadoras influenciadas por éstos, estas organizaciones terminan por desarrollar simple y vulgar «liberalismo» y con ello se habrá procurado la destrucción de la base ideológica del partido más descarada que pueda concebirse en nombre de la «unidad», la «pluralidad», etc.

No se ha de menospreciarse dentro de esta confusión sobre las clases y la lucha de clases, la llamada «estética evolutiva» defendida por estas organizaciones, eso significa las teorías del estilo: «el poder no se toma se construye», por supuesto que se refieren a que este poder «se construye» bajo una democracia burguesa, y bajo el respeto a los lineamientos de una constitución burguesa como explicaremos más adelante, o sino la ya clásica idea de «transición pacífica» del capitalismo al socialismo sin necesidad de la lucha de clases entre las clases sociales de la sociedad afectada por ese supuesto magnífico cambio al socialismo, desarrollándose ese «socialismo» pues, en armonía con todo ser de dicha sociedad, las clases explotadoras «cediendo un poco» en sus reivindicaciones más revolucionarias, y las clases explotadoras «otro poco» en su explotación, puro reformismo. Estas teorías aunque necias, han tenido mucho calado.

La cuestión aquí se puede simplificar de un modo muy sencillo. ¿Puede una organización que se cree vanguardia del movimiento comunista, ser vanguardia sin una teoría marxista-leninista? ¿Puede una organización construir socialismo renegando del marxismo-leninismo? ¿Puede una organización multiclasista compartir el poder con otras clases y construir socialismo? No, no puede pues tarde o temprano colapsará ante el empuje de sus propias contradicciones; es una evidencia histórica que los partidos multiclasistas caen en manos de la burguesía sino se les imprime un carácter puramente proletario.

El tema de la vanguardia y la ideología fue plasmado así por Lenin:

«Por el momento, no queremos más que indicar que sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

Y por otro lado, haciendo referencia al tema de la vanguardia en el carácter social del partido y el carácter de la dictadura de clase, fue plasmado también así y de igual forma por Lenin al tratar estos temas:

«La clase que ha tomado en sus manos el poder político, lo ha tomado consciente de que es ella sola la que se hace cargo de él. Esto esta intrínseco en el concepto de dictadura del proletariado. Y este concepto sólo tiene sentido cuando una clase sabe que es ella sola la que toma en sus manos el poder político y no se engaña a si misma ni engaña a los demás hablando de un poder «de todo el pueblo», elegido por todos y refrendado por todo el pueblo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Congreso de los Trabajadores del Transporte de toda Rusia, 1921)

Han existido muchas tendencias, que abogaban por mantener a los partidos burgueses y pequeño burgueses para siempre en activo, lo que llamaron el «multipartidismo en el socialismo», otros promulgaron que no era la clase obrera quién debía tomar el papel de vanguardia en los procesos, sino que era la capa de la intelectualidad quién debía otorgar ese rol ya que eran los más cultos y adecuados a los cambios modernos de la sociedad como decían los revisionistas eurocomunistas, sin embargo otros comentaban que el campesinado debido a su número, sobre todo mayor en los países dependientes, y a su influencia en la lucha de liberación nacional en dichos países, debía albergar tal papel como decía el revisionismo yugoslavo, ¡o que incluso los estudiantes debían tener tal honor de ser la vanguardia del proceso! como proclamaba el revisionismo chino.

Como ya se ha expresado aquí, una de las prácticas comunes es negar la lucha de clases, con ello no solo cae en el campo de la revisión sino y más importante en el campo de la contrarrevolución –en nuestro tiempo y dado el momento del desarrollo histórico la revolución es proletaria o no lo es, y cualquier proceso que no aspire a ella como objetivo final deja de ser revolucionaria–. Vale apuntar que una vanguardia que renuncia a la lucha de clases es una vanguardia que se niega a sí misma, pues implícitamente niega que conozca las leyes del desarrollo histórico de las relaciones sociales, en tanto pierde su legitimada ante las masas que debía guiar y ayudar en el proceso al socialismo, no obstante seguirá manteniendo seguramente su influencia en ellas, pero desde el abultado uso y abuso de la propaganda y el discurso subjetivo.

Vale decir que una de la revisiones más recurrente –presente en todos los revisionismo– hecha por los teóricos del «socialismo del siglo XXI», es negar la lucha de clases y la dictadura del proletariado, y al hacerlo niegan todo el conjunto teórico-práctico del socialismo científico. En este punto es preciso aclarar y declarar que como marxistas-leninistas, no defendemos y asumimos la lucha de clases como una simple evidencia, sino como una realidad histórica cuya agudización ha de llevar a la construcción de la dictadura del proletariado por intermediación del partido de vanguardia. Lenin expresa al respecto:

«Lo fundamental en la doctrina de Marx es la lucha de clases. Así se dice y se escribe con mucha frecuencia. Pero esto no es exacto. De esta inexactitud se deriva con gran frecuencia la tergiversación oportunista del marxismo, su falseamiento en un sentido aceptable para la burguesía. En efecto, la doctrina de la lucha de clases no fue creada por Marx, sino por la burguesía, antes de Marx, y es, en términos generales, aceptable para la burguesía. Quien reconoce solamente la lucha de clases no es aún marxista, puede mantenerse todavía dentro del marco del pensamiento burgués y de la política burguesa. Circunscribir el marxismo a la doctrina de la lucha de clases es limitar el marxismo, bastardearlo, reducirlo a algo que la burguesía puede aceptar. Marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En esto es en lo que estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño –o un gran– burgués adocenado. En esta piedra de toque es en la que hay que contrastar la comprensión y el reconocimiento real del marxismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

Tampoco resulta prudente ni honesto considerar que una organización de carácter multiclasista es una vanguardia revolucionaria como algunos neo-ideólogos pretenden; sencillamente al tener esas características de inclusión de la burguesía nacionalista dentro de la estructura y de la dirigencia, la misma carecerá del interés en el desarrollo del socialismo, pues este es contrario a sus intereses de clases como hemos explicado; la vanguardia en términos de socialismo es una expresión de la clase, de la nueva clase social, el proletariado, y sus elementos más conscientes en ella. El elemento burgués en el partido y la vanguardia cumple una misión de «quintacolumnista» [3] que consiste en desactivar la vocación revolucionaria socialista de los sectores proletarios, o lo que es lo mismo, separan a la vanguardia obrera de las masas y asumen el papel de vanguardia desde donde se permitirán desactivar la ya referida lucha de clases como motor revolucionario, reemplazándola por la consigna de la unidad entre clases y la paz entre clases nacionales. De hecho se recurrirá a esta excusa de la «unidad» en varias ocasiones, si bien para combatir un enemigo local o foráneo, real o imaginario, pero, sin ninguna duda, es el discurso empleado para eludir las justas demandas de las masas más concienciadas que bregan por un cambio cualitativo en el proceso. Tenemos varias citas condenatorias contra los que claudican y establecen la «paz entre las clases», pero en este caso sólo dejaremos un ejemplo:

«En realidad, ignorar la lucha de clases evidencia la más burda incomprensión del marxismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Quiénes son los «amigos del pueblo», y como luchan contra los socialdemócratas?, 1894)

Es necesario expresar que estas organizaciones pretenden ver en la burguesía a un aliado fundamental en la construcción del socialismo, es decir, que la clase explotadora en algún momento «por propia voluntad» abandonarán sus propios interese de clases en favor del colectivo. Un axioma «voluntarista» presente en todos los revisionismo a la fecha». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Notas


[2] Enver Hoxha; Profundicemos la lucha ideológica contra las manifestaciones extrañas al socialismo y contra las actitudes liberales ante ellas, 1973.

[3] La expresión «quintacolumnista», se emplea para designar, en una situación de confrontación bélica o ideológica, a un sector de la población, generalmente minoritario, que mantiene lealtades hacia el bando enemigo, debido a motivos religiosos, económicos, ideológicos o étnicos. Tal característica hace que la «quintacolumna» sea un conjunto de personas desleales a la comunidad en la que viven y susceptibles de colaborar de distintas formas con el enemigo.

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