«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 25 de abril de 2015

La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo; Lenin, 1920

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«Los comunistas deben consagrar todos sus esfuerzos a orientar el movimiento obrero y el desarrollo social en general por el camino más recto y rápido hacia la victoria mundial del Poder Soviético y hacia la dictadura del proletariado. Es una verdad indiscutible. Pero basta con dar un pequeño paso más allá –aunque parezca dado en la misma dirección– para que esta verdad se transforme en un error. Basta con decir, como hacen los comunistas de izquierda alemanes e ingleses, que no aceptamos más que un camino, el camino recto, que no admitimos las maniobras, los acuerdos y los compromisos, para que eso sea un error que puede causar, y ha causado ya en parte y sigue causando, los más graves perjuicios al comunismo. El doctrinarismo de derecha se ha obstinado en no admitir más que las formas viejas y ha fracasado en toda la línea por no haber observado el nuevo contenido. El doctrinarismo de izquierda se obstina en rechazar en absoluto determinadas formas viejas, sin ver que el nuevo contenido se abre paso a través de todas y cada una de las formas y que nuestro deber de comunistas consiste en dominarlas todas, en aprender a completar unas con otras y a sustituir unas por otras con la máxima rapidez, en adaptar nuestra táctica a todo cambio de este género, suscitado por una clase que no sea la nuestra o por unos esfuerzos que no sean los nuestros». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)


Introducción de «Bitácora (M-L)»

Este documento ha de ser comprendido como una continuación del análisis y  crítica de las desviaciones ideológicas abordadas en la obra de Lenin: «La revolución proletaria y el renegado Kautsky» de 1918, con la salvedad de que en este se aborda las desviaciones «derechistas», mientras que en el documento en sus manos se toca lo referente a las desviaciones «izquierdistas»; ambas convertidas en obstáculos que han de ser superados por los partidos de vanguardia proletaria –los partidos comunistas– así como por sus militantes y ante lo cual ha de desarrollarse una actitud educativa –en lo ideológico– y vigilante para evitar su aparición, y erradicarlas en caso de que aparezcan dentro de la organización con el fin de evitar el desarrollo de facciones  y líneas ideológicas en el seno de la organización proletaria que entorpezcan, e incluso impidan, el desarrollo programático al socialismo y comunismo. Pese a esa tendencia veremos varias críticas al oportunismo de derecha sobre todo fijado en los representantes de la II Internacional, ya que en grandes momentos se recordara la lucha llevada por los comunistas rusos –bolcheviques– contra sus enemigos oportunistas.

Las desviacionistas de «izquierda» que se critican en esta obra generalmente son muy cercanas al anarquismo,  al trotskismo, al luxemburgismo  y al llamado «comunismo consejista. Reniegan y combaten el centralismo democrático por considerarlo autoritario, reclaman la posibilidad de formas tendencias en el partido –facciones– proclaman que el partido debe de sustituirse por una asociación gremialista debido a que este lleva a una «dictadura» del partido y no del proletariado, es decir, no reconocen a la organización de vanguardia proletaria, tampoco reconocen el papel de las masas ni el de las figuras importantes del partido del modo que lo hacen los marxista-leninistas, por ello una constante de estos grupos es renegar de cualquier liderazgo y proclamar la explosión espontánea de las masas en los procesos, esto también se refleja en ciertas posturas putchistas y aventureras en torno a la toma de poder, no reconociendo las condiciones objetivas ni subjetivas necesarias para una revolución. Lenin, en estas líneas, hace una crítica justa a las tesis izquierdistas, haciendo especialmente énfasis a la tendencia de esa desviación a saltarse etapas derivadas de su tendencia a un radicalismo «acientífico» y «antidialéctico»; o a su negativa a desarrollar acciones en parlamentos y organizaciones burguesas, e incluso contrarrevolucionarias, que permitan alejar a las masas de la influencia de las mismas y volverlas afines al partido de vanguardia. Ha de comprenderse que esto no significa en ningún caso que se pueden abandonar o cometer concesiones de principios al «enemigo de clase» en el desarrollo de determinadas acciones, sino a defender esos principios –los comunistas– en todos aquellos escenarios que posibiliten llegar a las masas y a elevar su conciencia de clase para prepararlas para el proceso revolucionario. Tomando en consideración la dificultad que plantea según la organización en la que se desarrollan esas acciones, es decir, no es lo mismo actuar dentro de un ejército que en un sindicato.

Recordar que la ciencia materialista dialéctica es una teoría «viva» que debe de desarrollarse sin perder de vista la realidad histórica y el desarrollo de las fuerzas productivas; elementos que son olvidados por los izquierdistas que termina confundiendo y sobreponiendo su propio desarrollo ideológico con el de las masas trabajadoras.

Finalmente a causa de una línea ideológica ecléctica si estos grupos logran tomar un partido comunista lo más seguro es que el partido termine con mil escisiones ya que no hay unidad organizativa ni ideológica entre sus miembros, o lo que es lo mismo la captura de estos grupos del partido significa la autoliquidación del mismo. Muchas de estas corrientes izquierdistas se adueñaron de gran parte de los partidos comunistas de la Komintern durante los años 20 y 30, o si no se adueñaron del partido si es cierto que todavía por esos años albergaban grandes reminiscencias de ellas al igual de las desviaciones derechistas. Poco a poco en un trabajo de bolchevización de los partidos comunistas de la Komintern, los diferentes partidos se fueron deshaciendo de estas reminiscencias y al superar sus desviaciones de «izquierda» y derecha pudieron lograr grandes logros en sus luchas e incluso llegar a la toma de poder y comenzar la construcción del socialismo, fue el caso del partido comunista en Bulgaria por citar un ejemplo el cual pese a tener grandes rasgos izquierdistas en los años 20 y 30 pudo superarlos y lograr tomar el poder y comenzar a construir el socialismo en los 40.

Notas

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