«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 7 de abril de 2015

Carta del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia; Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 27 de marzo de 1948

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Tenéis en vuestras manos una de las tres famosas cartas emitidas por el Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia durante los meses de marzo y mayo de 1948. En este caso la del 27 de marzo de ese mismo año.

En esta carta, se hablan de los problemas de posguerra entre la Unión Soviética y Yugoslavia. El tema principal de la carta, era en lo referente a la retirada de los asesores civiles y militares soviéticos de Yugoslavia por la constante obstaculización de las autoridades yugoslavas en el desempeño de su trabajo. El propio gobierno yugoslavo había reconocido gran parte de los errores de estos procesos –que no todos–, e invitaba a la dirigencia soviética a explicarse sobre «otros temas» que eran insatisfactorios para el gobierno soviético en el ejercicio de las relaciones entre ambos países. Es ahí, donde inicia la valentía bolchevique de la dirigencia soviética, y a causa de dicha «invitación», analizaría y señalaría muchas de las cuestionables actuaciones de los dirigentes yugoslavos –incluidos sus máximos dirigentes–, y en especial se da una serie de pautas a seguir para corregir los errores antimarxistas que los propios yugoslavos estaban cometiendo en cuestiones como la democracia del partido, el status del partido, la relación del frente y el partido, la lucha de clases, la construcción del socialismo en el campo, las relaciones con los países socialistas y la diferencia de estas con la de otros países capitalistas, etc. Como se dice en la carta, dos veces, además: «estos hechos, como han sido mencionados, no tienen relación con la retirada de los especialistas militares y civiles».

Como se iría confirmando en las próximas cartas, los dirigentes yugoslavos no estaban dispuestos a reconocer ninguno de sus errores, de hecho, tanto antes de la actual carta como después de la expulsión del Partido Comunista de Yugoslavia de la Kominform en junio de 1948, muchas de las barbaridades teóricas antimarxistas, serían oficializadas y elevadas a axioma dentro del partido yugoslavo, formando el contenido teórico de lo que se conocería como revisionismo yugoslavo, o simplemente titoismo.

Sobra comentar que prácticamente todas las acusaciones del gobierno soviético realizadas al gobierno yugoslavo –incluyendo las más fuertes y sonadas–, se fueron cumpliendo. Un ejemplo sencillo; cuando en la carta se cita que los líderes soviéticos «están al tanto de rumores antisoviéticos que circulan entre los camaradas líderes en Yugoslavia» y cita entre ellos a Milovan Đilas, y se añade que estos bulos antisoviéticos están sacados del arsenal teórico del trotskismo, no se dice nada exagerado, ya que en los próximos años se encargarían de confirmar esto la propia prensa yugoslava al hablar de la Unión Soviética comparándola con la Alemania nazi, y a Stalin con Hitler.  Milovan Đilas calificaba en 1952 a la Unión Soviética como:

«Objetivamente la gran potencia más reaccionaria». (Agencia Yugoslava de Información; Directivas del Comité Central sobre las cuestiones actuales del socialismo, n°10, enero-febrero 1952)

A Stalin como:

«Un partidario del capitalismo de Estado y el jefe y guía espiritual y político de la dictadura burocrática». (Agencia Yugoslava de Información; Directivas del Comité Central sobre las cuestiones actuales del socialismo, n°10, enero-febrero 1952)

Y sobre sus políticas afirmaba:

«Encontramos entre los hitlerianos teorías que, tanto por su contenido como por la práctica social que suponían, se parecen como dos gotas de agua a las teorías de Stalin». (Agencia Yugoslava de Información; Directivas del Comité Central sobre las cuestiones actuales del socialismo, n°10, enero-febrero 1952)

Otro ejemplo; igualmente cuando se cita en la carta los casos de espionaje realizado por las autoridades yugoslavas sobre los especialistas civiles y militares soviéticos, no se dice nada que no se demostrara posteriormente en los casos de los juicios a Traicho Kostov en Bulgaria, Koçi Xoxe en Albania, o László Rajk en Hungría, y los casos de espionaje trazados por los yugoslavos.

Estos hechos como era normal, hacían imposible que la Unión Soviética mantuviera a ningún ciudadano suyo en Yugoslavia, bajo tales condiciones. Estas simples citas, confirman lo que el 27 de marzo de 1948 había afirmado el gobierno soviético sobre el tema principal de la carta; y daba la razón también, a la resolución de la Kominform del 28 de junio de 1948:

«Todos estos hechos y otros semejantes atestiguan que los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia han adoptado una posición indigna de comunistas; los dirigentes yugoslavos han comenzado a identificar la política exterior de la Unión Soviética con la de las potencias imperialistas y se conducen con respecto a la Unión Soviética como con respecto a los Estados burgueses. Como consecuencia de esta actitud antisoviética, se ha difundido en el Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia una propaganda calumniosa sobre la «degeneración» del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética sobre la «degeneración» de la Unión Soviética, etc, tomada del arsenal del trotskismo contrarrevolucionario». (Kominform; Sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia, 28 de junio, 1948)

Es por tanto –esta carta de 27 marzo de 1948– un primer contacto histórico del cual derivaría finalmente en el descubrimiento total del revisionismo en el Partido Comunista de Yugoslavia, finalizando en la abierta polémica del Partido Comunista de Yugoslavia con los partidos comunistas de la Kominform. Históricamente todos los revisionistas y apologistas del imperialismo posterior han apoyado siempre al revisionismo yugoslavo en detrimento del resto de los partidos comunistas de la Kominform en esta pugna; estos elementos siempre se han puesto de lado de los revisionistas yugoslavos bien por: 1) desconocimiento de los principios de esta polémica; 2) por «postureo» para afianzar posiciones frente al jruschovismo en los años de azote antistalinista; 3) para reconciliarse con el propio revisionismo yugoslavo. 

De ahí que desde los revisionistas soviéticos, chinos, eurocomunistas, rumanos, polacos, húngaros, y un largó etc. hayan aludido en este tema a apoyar a la Yugoslavia de Tito frente a lo que graciosamente calificaban de «los errores de la Kominform manejada por el tirano Stalin».

Hemos dejado, como nos es ya común, unas anotaciones, para orientar al lector sobre ciertas figuras.

El documento:


Carta del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al camarada Tito y otros miembros del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia; Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética

Hemos recibido vuestra respuesta del 18 y 20 de marzo.

Consideramos vuestra respuesta como incorrecta y por lo tanto completamente insatisfactoria.

1. En la cuestión de Gagarinov [1] podemos considerarla como cerrada, ya que habéis retirado vuestras acusaciones contra él, aunque seguimos considerando que eran calumniosas. La declaración atribuida al camarada Krutikov [2], de que el gobierno soviético presuntamente se niega a establecer relaciones comerciales este año, no es, como se ha podido ver, correspondido con los hechos, como Krutikov categóricamente ha negando.

2. En lo que respecta a la retirada de los asesores militares, las fuentes de nuestra información son las declaraciones de los representantes del Ministerio de las Fuerzas Armadas y los asesores militares mismos. Como es sabido, nuestros asesores militares fueron enviados a Yugoslavia bajo la petición reiterada del gobierno yugoslavo, y fueron enviados muchos menos asesores de los que habían sido solicitados. Es por lo tanto obvio que el gobierno soviético no desea forzar sus asesores sobre Yugoslavia.

Después, sin embargo, los líderes militares yugoslavos, entre ellos Koča Popović, pensaron que era posible anunciar que era necesario reducir el número de asesores en un 60%. Ellos dieron varias razones para esto: algunos mantenían que los asesores soviéticos eran demasiado caros para Yugoslavia; otros se apoyaron en que el Ejército Yugoslavo no necesitaba de la experiencia del Ejército Soviético; algunos dijeron que las normas del Ejército Soviético estaban anticuadas, estereotipadas y sin un valor para el Ejército Yugoslavo, y que no había ninguna razón para pagar a los asesores soviéticos ya que no había un beneficio derivado de ello.

A la luz de estos hechos podemos entender la bien conocida declaración insultante hecha por Milovan Đilas [3] acerca del Ejército Soviético en una sesión del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, a saber que los oficiales soviéticos eran, desde un punto de vista moral, inferiores a los oficiales del Ejército Británico. Y como es sabido, esta declaración antisoviética de Đilas no conoció oposición alguna de ningún otro miembro del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia.

También, en lugar de buscar un acuerdo amistoso con el gobierno soviético sobre la cuestión de los asesores militares soviéticos, los líderes militares yugoslavos comenzaron a abusar de los asesores militares soviéticos y a desacreditar al Ejército Soviético.

Es claro que en esta situación estaba destinada a crear una atmósfera de hostilidad sobre los consejos militares soviéticos. Sería ridículo pensar que el gobierno soviético quiere consentir dejar a sus consejeros en Yugoslavia bajo tales condiciones. Desde el gobierno yugoslavo no se tomaron medidas para contrarrestar estos intentos de desacreditar al Ejército Soviético, por lo que tiene responsabilidad de la situación creada.

3. Las fuentes de nuestra información principal que conducen a nuestra retirada de los especialistas civiles soviéticos son, en la mayor parte, las declaraciones del embajador soviético en Belgrado, Anatoly Lavrentiev, como también las propias declaraciones de los especialistas. Vuestra declaración, que Zrzentic hizo al representante de comercio, Ledebev, de que los especialistas soviéticos en su búsqueda de información económica deberían solicitar tal información a las altas autoridades, a saber el Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia y el gobierno yugoslavo, no corresponde con la verdad. He ahí el informe hecho por Lavrentiev durante el 9 de marzo:

«Srzentic, el asistente de Kidrič en el Consejo Económico, informó a Lebedev, el representante de comercio, de un decreto del gobierno que prohíbe a los órganos estatales dar información a quién sea. Por lo tanto, independientemente de promesas anteriores, él no dio a Lebedev las indicaciones requeridas. Fue tarea de los órganos de la seguridad estatal ejercer el control en esta materia. Srzentic también dijo que Kidrič personalmente intentó hablar sobre esto con Ledebev». (Anatoly Lavrentiev; Informe, 8 de marzo de 1948)

Como se puede ver en el informe de Lavrentivev, primero, Srzentic no hizo mención a la posibilidad de obtener información económica del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia o del gobierno yugoslavo. En cualquier caso, sería ridículo pensar que sea necesario acercarse al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia para toda la información económica mientras existe aún los apropiados ministerios a partir de los cuales los especialistas soviéticos habían obtenido la información necesaria directa.

Segundo, se desprende del informe de Lavrentiev que contrariamente a lo que vosotros nos escribíais es cierto, es decir que los órganos de seguridad estatales yugoslavos controlan y supervisan a los representantes soviéticos en Yugoslavia.

Uno podría hacer mención que nos hemos encontrado con la misma práctica de supervisión secreta sobre los representantes soviéticos en los Estados burgueses, aunque no en todos ellos. También debe ser enfatizado que los agentes de seguridad yugoslavos no sólo siguieron a los representantes soviéticos, sino también a los representantes del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética en la Kominform, como el camarada Pavel Yudin. Sería ridículo pues, pensar que el gobierno soviético dejaría a sus especialistas civiles en estas circunstancias. Como se puede ver en este caso, también la responsabilidad por las condiciones creadas reside en el gobierno yugoslavo.

4. En vuestra carta nos expresáis el deseo de ser informados de otros hechos que causen la insatisfacción soviética y traben las relaciones entre la Unión Soviética y Yugoslavia. Estos hechos actualmente existen, aunque estos no están conectados con la retirada de los asesores militares y civiles. Consideramos necesario informaros de ello.

a.- Estamos al tanto de los rumores antisoviéticos que circulan entre los camaradas líderes en Yugoslavia, por ejemplo sobre que «la Unión Soviética ha degenerado», que «un gran poder chovinista ha rampado en la Unión Soviética» que la «Unión Soviética está tratando de dominar económicamente a Yugoslavia» y que «la Kominform es un medio del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética para controlar a otros partidos» etc. Estas declaraciones antisoviéticas son normalmente camufladas bajo frases izquierdistas, como que «el socialismo en la Unión Soviética ha dejado de ser revolucionario». Fue naturalmente risible oír estas declaraciones sobre el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética de parte de cuestionables marxistas como Milovan Đilas, Svetozar Vukmanović [4], Aleksandar Ranković [5], Boris Kidrič y otros. Sin embargo, el hecho es que tales rumores han estado circulando un largo tiempo entre muchos oficiales de alto rango yugoslavos, que ellos aún están circulando, y que ellos naturalmente están creando una atmósfera antisoviética que está poniendo en peligro las relaciones entre el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética y el Partido Comunista de Yugoslavia.

Nosotros realmente admitimos que cada partido comunista, entre ellos el Partido Comunista de Yugoslavia, tenga derecho a criticar al Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, así como el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética tiene derecho a criticar a otros partidos comunistas. Pero el marxismo demanda que esa crítica sea puesta sobre la mesa, y no por debajo y calumniando, privándose así al criticado de la oportunidad de responder al crítico. Por lo tanto, las críticas de los oficiales yugoslavos nunca han sido abiertas ni honestas; han sido a la vez encubiertas y deshonestas y de una naturaleza hipócrita, porque, mientras se desacreditaba al Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética por las espaldas, la publicidad fariseamente lo elevaba a las estrellas. Así las críticas son transformadas en calumnias, en un intento de desacreditar al Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética y ennegrecer el sistema soviético.

No tenemos dudas que las masas del Partido Comunista de Yugoslavia querrían renegar de estas críticas como extrañas y hostiles, si fueran puestas al tanto de ellas. Pensamos que esta es la razón porque los oficiales yugoslavos hacen estas críticas en secreto, a espaldas de las masas.

Otra vez, uno podría hacer mención que, cuando declaró la guerra al Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, Trotski también lanzó la acusación al Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética de que había degenerado, como sufrimiento de la limitación inherente a su estrecho nacionalismo de gran potencia. Naturalmente él camufló todo esto con slogans de izquierda a cerca de la revolución mundial. Sin embargo, es bien sabido que Trotski fue quién acabó degenerándose, y que cuando fue expuesto, se pasó al campo de los jurados enemigos del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética y la Unión Soviética. Es por eso que pensamos que la carrear política de Trotski es bastante instructivo.

b.- Estamos preocupados por las condiciones presentes del Partido Comunista de Yugoslavia. Estamos asombrados por el hecho de que el Partido Comunista de Yugoslavia, el cual es el partido líder, no está aún completamente legalizado y todavía mantiene un status semilegal. Las decisiones de los órganos del partido nunca son publicados en la prensa, tampoco están los informes de las asambleas de partido.

La democracia no es evidente dentro del propio Partido Comunista de Yugoslavia. El Partido Comunista de Yugoslavia, en su mayoría, no ha sido electo sino cooptado. La crítica y la autocrítica dentro no existe o apenas existe. Es característico el hecho de que el Secretario de Organización del Comité Central del partido es el Ministro de Seguridad del Estado. En otros términos, los cuadros del partido se someten de hecho a la vigilancia del Ministro de Seguridad del Estado. Según la teoría marxista, el partido debe controlar todos los órganos del Estado, incluido también el Ministerio de Seguridad del Estado, mientras que en Yugoslavia ocurre lo contrario, siendo el partido controlado de hecho por el Ministerio de Seguridad del Estado. Como se ve, esto explica que la iniciativa de las masas del partido en Yugoslavia no esté al nivel requerido. Se comprende que no podemos considerar marxista-leninista y bolchevique tal forma de organización del partido comunista.

En el Partido Comunista de Yugoslavia el espíritu de la política de la lucha de clases está ausente. El aumento del número de los elementos capitalistas tanto en el campo como en la ciudad prosigue rápidamente, y la dirección del Partido no toma medidas para limitar a estos elementos. El Partido Comunista de Yugoslavia se adormece con la podrida teoría oportunista de la integración pacífica de los elementos capitalistas en el socialismo, tomada prestado de Bernstein, Vollmar, Bujarin [6].

Acorde con la teoría marxista-leninista el partido es considerado como la fuerza principal en el país, que tiene su programa específico y que no puede fundirse con las masas sin partido. En Yugoslavia por el contrario, el frente popular es considerado cabeza de fuerza principal y ahí una intención de disolver el partido dentro del frente. En su discurso a la IIº Conferencia del frente popular, el camarada Tito dijo:

«¿Tiene el Partido Comunista de Yugoslavia cualquier otro programa que el del frente popular? No, el partido no tiene ningún otro programa. El programa del frente popular es su programa». (Josip Broz «Tito»; Discurso en la IIº Conferencia del frente popular, 23 de septiembre de 1947)

Así pues, parece que en Yugoslavia esta increíble teoría de organización de partido es considerada una nueva teoría. En realidad, no es nada nuevo. En Rusia, hace cuarenta años, una parte de los mencheviques, propuso que el partido marxista se disolviera en un partido de organización de masas obreras sin partido y que el segundo debe suplantar al primero; la otra parte de los mencheviques proponían que el partido marxista se disolviera en un partido en las organizaciones de masas sin partido de obreros y campesinos, con esta última organización suplantando al primero. Como se sabe, Lenin describió a estos mencheviques como maliciosos oportunistas y liquidadores del partido.

c.- No entendemos porque el espía inglés, Vladimir Velebit [7], aún permanece en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Yugoslavia como Primer Adjunto. Los camaradas yugoslavos saben que Velebit es un espía inglés. Ellos también saben que los representantes del gobierno soviético consideran a Velebit un espía. Sin embargo, Velebit permanece en el puesto de Primer Adjunto del Ministerio de Asuntos Exteriores. Es posible que el gobierno yugoslavo tenga la intención de usar a Velebit como un espía inglés. Como es sabido, los gobiernos burgueses piensan que es permisible tener espías de grandes Estados imperialistas en su personal con miras a garantizar su buena voluntad, e incluso querrían aceptar para satisfacerles que sus pueblos estuvieran bajo el tutelaje de estos Estados para tal fin. Consideramos esta práctica como enteramente impermisible para marxistas. Sea como sea, el gobierno soviética no puede colocar su correspondencia con el gobierno yugoslavo bajo el control de un espía inglés. Es comprensible pues, que mientras Velebit sea mantenido en el Ministerio de Asuntos Exteriores, el gobierno soviético considere que se le coloca en una dificultosa situación y niegue la posibilidad de continuar la correspondencia abierta con el gobierno yugoslavo a través del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Estos son los hechos que están causando la insatisfacción del gobierno soviético y del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética que ponen en peligro las relaciones entre la Unión Soviética y Yugoslavia.

Estos hechos, como han sido mencionados, no tienen relación con la retirada de los especialistas militares y civiles. Sin embargo, ellos son un factor importante del empeoramiento de las relaciones entre los dos países.

Notas

[1] Miembro de la Misión Soviética de Comercio en Yugoslavia.

[2] Aleksei D. Krutikov, Diputado Soviético del Ministerio de Comercio Exterior.

[3] Milovan Đilas, cabeza del Departamento de Agitación y Propaganda del Partido Comunista de Yugoslavia. Ideólogo del revisionismo yugoslavo hasta mediados de los 50.

[4] General Vukmanovic, anteriormente Ministro Adjunto del Ministerio de Defensa, nombrado Ministro de Minas en agosto de 1948.

[5] Cor. General Aleksandar Ranković, Ministro del Interior, en agosto de 1948 nombrado Vice Primer ministro.

[6] Eduard Bernstein y Georg Vollmar era líderes del Partido Socialdemócrata de Alemania; Nikolái Bujarin fue miembro del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, más tarde, a finales de los años 20, líder de la oposición de derecha contrario a la línea del gobierno soviético encabezado por Stalin, autor de teorías sobre la integración de los concesionistas –la burguesía del capitalismo de Estado– y los kulaks en el socialismo gradualmente y de modo pacífico.

[7] Vladimir Velebit informó que ha renunciado del Ministerio de Asuntos Exteriores en junio de 1948, y fue nombrado para la presidencia del Comité Federal Yugoslavo de Bienestar Social.

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