«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 13 de abril de 2015

Los trotskistas de hoy en día y el problema del partido de vanguardia

Imagen propagándística de la Cuarta Internacional trotskista fundada en 1938

«La hostilidad de los trotskistas tanto en el pasado como en el presente, hacia el movimiento obrero revolucionario, se ve claramente en torno con la posición que toman respeto al problema del partido proletario. El punto de vista trotskista sobre esta cuestión pude resumirse así:

Primero, de acuerdo a los trotskistas, la existencia y liderazgo del partido proletario marxista-leninista no es absolutamente necesario en la lucha para derrocar a la burguesía y el triunfo del socialismo. Como el trotskista Pierre Frank dice en su libro: «La Cuarta Internacional» de 1979, León Trotski mismo pronosticaba en sus escritos, aunque como una posibilidad poco frecuente y en circunstancias extraordinarias, que:

«La revolución podría ser victoriosa incluso bajo un liderazgo que no fuera marxista revolucionario». (Frank Pierre; La Cuarta Internacional; La larga marcha de los trotskistas, 1969)

A lo cual añaden que después de la Segunda Guerra Mundial casos de este tipo han tenido lugar. Es evidente que en esta cuestión no hay diferencia esencial entre el punto de vista entre los trotskistas y el que abogan los yugoslavos, italianos y otros revisionistas modernos. Es sabido por todos que tales argumentos apuntan a dejar a la clase obrera sin una verdadera dirección revolucionaria y solo sirven para socavar la revolución y a mantener a la clase obrera en la esclavitud capitalista.

Segundo, los trotskistas están en contra del liderazgo indivisible del partido proletario marxista-leninista después de la toma de poder de la clase obrera y, junto con distintos ideólogos revisionistas derechistas y burgueses abogan por el sistema multipartidista en el socialismo. Aquí está lo que el trotskista Pierre Frank escribe en conexión a esto mismo:

«En sociedad del periodo de transición al socialismo la clase obrera todavía se mantendrá diferenciada por un largo periodo en donde diferentes estratos tendrán diferentes puntos de vista concernientes a la relación entre sus necesidades cotidianas y sus intereses a largo plazo. Por lo tanto habrá espacio para los diferentes partidos en la sociedad de transición, algunos de más carácter reformista, otros de más carácter más revolucionario». (Frank Pierre; La Cuarta Internacional; La larga marcha de los trotskistas, 1969)

Así, que esto se resume en una cuestión de una existencia de varios partidos llamados obreros, los cuales excluyen el liderazgo de un solo partido de vanguardia de la clase obrera según la teoría marxista-leninista. Pero en estas circunstancias la existencia de una verdadera dictadura del proletariado es imposible, y este tipo de posibilidad solo entra en los cálculos de los trotskistas. De misma forma, el hecho de que ellos han llevado y continúan llevando una campaña contra el sistema soviético «stalinista», que encarna los principios fundamentales de la dictadura del proletariado, es el más evidente testimonio de su hostilidad hacia el Estado de dictadura del proletariado.

Tercero, mediante la promoción de la revolución mundial, y bajo una subestimación del rol internacional, factor en el movimiento revolucionario, los trotskistas consecuentemente subestiman el rol del partido proletario sobre una escala nacional y hablan de una necesidad de un partido mundial. Y dado que según ellos que:

«No existe el socialismo en un solo país, el instrumento de la revolución mundial no puede ser otro que el partido mundial». (Frank Pierre; La Cuarta Internacional; La larga marcha de los trotskistas, 1969)

Esto en esencia significa eliminar el verdadero papel del partido proletario, para el proceso revolucionario mundial que en las condiciones actuales no se puede concebir otro que un desarrollo y triunfo de la revolución en diferentes países: que se da por lo tanto a escala nacional, bajo el indispensable y completamente responsable liderazgo del partido proletario, en cada país.

Cuarto, los trotskistas, aunque en sus palabras se autoproclaman como consistentes  y de hecho los únicos, herederos de Lenin, en realidad son obstinados opositores de los principios leninistas concernientes a la vida interna del partido proletario. Bajo el pretexto de «democracia» y «libertad de pensamiento», ellos se oponen en particular al principio de centralismo y unidad de pensamiento y acción, a la disciplina de hierro en el partido; sin el cual de todo esto último es algo amorfo y desorganizado, un club de eternas discusiones, incapaz de emprender cualquier tipo de acciones revolucionarias, mientras la democracia interna se transforma en un medio para desintegrar y liquidar el partido. El partido de tipo leninista fue descrito por Trotski en sus tiempos como un «régimen cuartelero», y las normas leninistas como burocráticas y dictatoriales. De acuerdo con esto, el partido debe ser una unión sin principios de todas las facciones o tendencias que se autoproclaman así mismas como socialistas o comunistas como dice Jean-Jacques Marie en su libro: «El trotskismo» de 1970. A día de hoy los trotskistas también abogan por el faccionalismo y apoyan:

«La libre discusión y el derecho de formas tendencias, sin la cual es negada la verdadera actividad política». (Frank Pierre; La Cuarta Internacional; La larga marcha de los trotskistas, 1969)

También sobre esta cuestión la posición de los trotskistas es idéntica a la de los revisionistas de extrema derecha del tipo de Ernst Fischer o Roger Garaudy, o de los grupos de izquierda estilo Manifiesto que abiertamente y no en forma camuflada como los trotskistas se oponen a las enseñanzas leninistas sobre el partido». (Agim Popa; El movimiento revolucionario actual y el trotskismo, 1972)

Anotación de Bitácora (M-L):

Se ve claramente con esta exposición de las tesis trotskistas sobre el partido, que las ideas trotskistas se extendieron en otros revisionismos posteriores como el soviético (1), chino (2), yugoslavo (3) o eurocomunista (4). Esto se ve en conceptos como: (1) la negación de los principios elementales del Estado de la dictadura del proletariado; (2) la negación del centralismo democrático y la permisión e incluso teorización de la necesidad de promoción de diversas tendencias y plataformas en el partido; (3) la negación del rol del partido en la revolución socialista y hablar de la posibilidad de avanzar en la construcción socialista sin su partido marxista-leninista; o (4) la intención de dividir el poder del partido marxista-leninista y alentar el crear un multipartidismo en el socialismo. 

Sabemos que en la política contemporánea el revisionismo del socialismo del siglo XXI se declara heredero de toda esta coctelera de ideas antimarxistas: bien porque sus miembros se reconocen a título personal como trotskistas o bien porque siendo autoproclamados seguidores de otras corrientes con vestigios trotskistas como los revisionismos vistos, han hecho que de una forma u otra, siendo trotskistas conscientes o inconscientes hayan reclamado parte de estas tesis. Partidos como el PSUV en Venezuela, el PT en Brasil, el FSLN en Nicaragua, SYRIZA en Grecia o Podemos en España cuentan con varias caras importantes entre sus cabecillas que proceden del trotskismo o que incluso hoy día se reclaman como tal, y son parte fundamental para que estos partidos adopten tales tesis.

Lo que de paso nos muestra también, que la existencia de partidos trotskistas, de partidos herederos del trotskismo, o de otros partidos de corrientes revisionistas antes mencionadas con estas mismas tesis trotskistas certifica que lejos de estar ideológicamente enterrado, el trotskismo se encuentra vivo en el pensamiento de ciertos individuos y grupos colectivos de nuestra sociedad. De ahí lo chabacano e irónico que son muchas organizaciones revisionistas que hablan contra el trotskismo cuando alaban por otro lado a los revisionismos que tienen mil vestigios del mismo, estando conectado a él ideologicamente como hemos demostrado ya sobradamente por sus tesis recíprocas en un lado y otro. 

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