«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 17 de enero de 2017

Las esperanzas de la guerrilla de acceso del poder reciclándose en la democracia burguesa parlamentarista; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Las FARC-EP, como otras guerrillas de su país, han intentado desde hace décadas acercar posturas a los respectivos gobiernos colombianos a través de diversos medios. El más sonado fueron las negociaciones que llevaron a las promesas de reformas y al altos el fuego de 1984–, negociaciones para la dejada de armas y su integración política –que incluían la creación de la organización legal de la Unión Patriótica en 1985–, pero el resultado siempre ha sido el mismo:

«Las «buenas intenciones» de Belisario Betancur y su Comisión de Paz, no bastaron para que el Régimen adoptara una posición consecuente con lo pactado en La Uribe. La confabulación del militarismo con los sectores más regresivos del Establecimiento puso en marcha sin sonrojo la «guerra sucia» conjugada en una operación exterminio que apuntó contra la Unión Patriótica y el Partido Comunista Colombiano en principio, para luego extenderse a todos los sectores de izquierda, al movimiento sindical, a dirigentes liberales y conservadores progresistas, a defensores de derechos humanos y, en fin, a representantes y voceros populares, contando sin duda con la complicidad inocultable del Presiente Betancur Cuartas». (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP); El dialogo como alternativa de paz: una constante en la política de las FARC-EP, 29 de julio de 2007)

Llegados al siglo XXI dicha guerrilla inició una serie de negociaciones con el gobierno de Uribe en 2012 que se han prolongado hasta el actual gobierno de Santos. En los recientes comunicados de las negociaciones, se llegó al acuerdo de que:

«El Gobierno Nacional y las FARC-EP expresan su compromiso de contribuir al surgimiento de una nueva cultura que proscriba la utilización de las armas en el ejercicio de la política y de trabajar conjuntamente por lograr un consenso nacional en el que todos los sectores políticos, económicos y sociales, nos comprometamos con un ejercicio de la política en el que primen los valores de la democracia, el libre juego de las ideas y el debate civilizado; en el que no haya espacio para la intolerancia y la persecución por razones políticas. Dicho compromiso hace parte de las garantías de no repetición de los hechos que contribuyeron al enfrentamiento armado entre los colombianos por razones políticas. (...) Desarrollará un modelo de garantías de derechos ciudadanos y protección para los movimientos y partidos políticos, incluyendo el movimiento o partido político que surja del tránsito de las FARC-EP a la vida civil, organizaciones sociales, de derechos humanos y las comunidades en los territorios». (Acuerdo sobre cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y dejación de las armas entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP, 23 de junio de 2016)

La guerrilla insiste especialmente que «ahora las condiciones están dadas para dejar las armas y garantizar al pueblo un ejercicio libre para cumplir sus anhelos». La cantinela que estamos hartos de oír de este tipo de grupos en este tipo de negociaciones. ¿Acaso ha cambiado algo la «médula» del gobierno o del sistema político colombiano que indique que esas condiciones están dadas? ¿No son los «falsos positivos» y «fosas comunes» de la era Uribe-Santos la evidencia fehaciente de que tales condiciones son inexistentes? La realidad muestra que no hay nada de nuevo en Colombia, pero las FARC-EP no tienen otro remedio que seguir con este falso argumento para justificarse antes sus miembros y simpatizantes, tanto domésticos e internacionales. Lo cierto es que las únicas «condiciones dadas» que han visto los líderes del FARC-EP han sido que han visto la oportunidad de firmar un acuerdo lo suficientemente generoso como para salir de su difícil situación de estancamiento y recesión que vienen sufriendo los últimos años, un compromiso lo suficientemente bueno antes de que la situación empeore y fuese demasiado tarde para negociar y el gobierno exigiese una rendición incondicional.

En una de las declaraciones de su líder Timochenko, dicen que ya aceptan todas las «reglas» del régimen en cuanto a participación política:

«Tenemos claro algo: nosotros no nos vamos a desmovilizar, nos vamos a movilizar políticamente. Vamos a dejar las armas a un lado y vamos a meternos en la lucha política, en las reglas del juego que tiene el régimen, a partir de que se implemente lo que se ha acordado en la mesa, para que se abra un poco ese espacio». (Semana; Entrevista a Timochenko, 30 de enero de 2016)

Preciosas declaraciones. Eso incluye una aceptación tácita del legalismo burgués. Recordemos a los dirigentes de las FARC-EP unas palabras que demuestran una evidencia histórica en cuanto a las llamadas «libertades democráticas» de la democracia burguesa, a la posibilidad del «tránsito pacífico al socialismo» en ella, a las ilusiones parlamentaristas para tal camino y otras tesis que han manejado:

«La burguesía y, junto a ella, los revisionistas modernos, hablan y hacen cálculos sobre las llamadas «libertades democráticas». En efecto, en cada Estado burgués denominado democrático, existen algunas «libertades democráticas» relativas. Decimos relativas, porque no rebasan jamás el límite de la concepción burguesa de la «libertad» y de la «democracia», porque llegan precisamente hasta el punto de no perjudicar los intereses vitales de la burguesía en el poder. Naturalmente, la clase obrera y los hombres progresistas aprovechan estas condiciones para organizarse, para difundir sus concepciones y su ideología, y preparar el derrocamiento de las clases explotadoras y la toma del poder. (...) Pero, también en las condiciones de las «libertades democráticas», se desarrolla una aguda lucha de clases, una lucha a vida o muerte, entre la revolución y la reacción, entre el proletariado y la burguesía. Si el proletariado y su partido se esfuerzan por consolidar sus posiciones, por su parte, la reacción y la burguesía no duermen. Por el contrario, valiéndose del aparato estatal burgués, de la policía y las fuerzas armadas, practicando la corrupción y la subversión, alimentando el oportunismo y las ilusiones reformistas y pacifistas en el seno de la clase obrera, etc., se preparan seriamente para consolidar sus posiciones y desbaratar a las fuerzas revolucionarias. (…) Cuando la burguesía y la reacción constatan que su poder está amenazado por la fuerza y el prestigio crecientes del partido comunista y del movimiento revolucionario de las masas, juegan su última carta: ponen en acción a las fuerzas armadas, organizan pogromos para aplastar y liquidar al movimiento revolucionario y a los partidos comunistas, como sucedió en Irán e Irak, y, recientemente, con los trágicos acontecimientos de Indonesia. En tales casos la reacción y la burguesía de un país dado han aprovechado directamente también la ayuda de la reacción mundial, incluso el apoyo de sus fuerzas armadas como ha ocurrido en la República Dominicana y otros lugares». (Enver Hoxha; El golpe fascista en Indonesia y las enseñanzas que extraen de él los comunistas, 11 de mayo de 1966)

Entonces ha de entenderse estos axiomas sobre las llamadas «libertades» y «derechos» en una democracia burguesa, ponemos esto a vista a propósito para que el lector se familiarice con estos principios marxista-leninistas y los tenga presente en sus actividades, pero no guardamos esperanza en que los líderes de las FARC-EP rectifiquen, sabemos que a ellos estos principios les son indiferentes, ya hace décadas que nadan en la charca del reformismo y no van a salir de ella.

En relación con esto y las llamadas «reglas del régimen» en el sistema electoral y las herramientas del poder político burgués como el parlamento, debemos decir también que:

«El parlamento burgués y sus elecciones, responden como tal, a herramientas de defensa de los intereses de la burguesía, sus mecanismos están dispuestos para que los partidos burgueses y de otras clases explotadoras tengan ventaja en tales elecciones al parlamento, sus partidos son apoyados en sus medios de comunicación y financiados por ellos, esta todo conformado precisamente para limitar las posibilidades de victoria del proletariado y las masas populares, de los verdaderos partidos comunistas. Esto tiene su respaldo científico: históricamente se ha comprobado que cuando no ya un partido comunista, sino un partido con ciertas perspectivas progresistas antifeudales, antimonopólicas, anticoloniales en su programa, y este llega al poder a través de la vía pacífica y parlamentaria no significa con ello el fin automático del poder político de la burguesía en ese país, ya que la burguesía sigue teniendo grandes cotas de poder político, en los ministerios, en la policía, en el ejército, y los refuerza gracias al poder económico que todavía alberga así como con la superestructura burguesa existente. Cuando tal gobierno progresista perjudica ciertas cotas de poder sobre todo en lo económico de algunas capas de las clases explotadoras locales y extranjeras –desde la gran burguesía extranjera, pasando por los terratenientes, kulaks o la burguesía nacional–, éstas activan todo su poder en el Estado que aún mantiene en sus manos, introducen todo tipo de presiones, incluyendo como recurso el golpe de Estado para derribar a tal gobierno; de hecho, no pocas veces hemos visto fracasar sangrientamente a gobiernos progresistas que simplemente intentaban aplicar desde meras reformas agrarias hasta medidas de nacionalizaciones contra empresas nacionales o extranjeras. Es decir, en el momento en que ciertas clases explotadoras se sienten amenazadas con razón o sin ella, y sientan que está amenazado su poder económico –es el sostén de su poder político y cultural–, estás no vacilaran en romper cualquier legalidad de la sociedad burguesa. Es por ello que los partidos reformistas y revisionistas han ido rebajando cada vez más su programa electoral por miedo a molestar a las capas de la burguesía más reaccionaria, de tal modo que terminan haciendo todo tipo de concesiones; y esta es la razón de que todos estos partidos oportunistas que hablan de «socialismo» y vía parlamentaria, realmente en caso de llegar al poder por vía electoral, lo harían con gran beneplácito de la burguesía, y lo harán como administradores del Estado burgués y no llegarán a tocar realmente el poder económico de la burguesía». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer?, 2015)

Quién no entienda esto caerá tarde o temprano, como las FARC-EP, en una visión reformista del Estado, la lucha de clases, el socialismo etc. ¿Quiere decir esto que los marxista-leninistas negamos la lucha y participación en los parlamentos burgueses? Nadie que conozca algo de marxismo-leninismo diría tal cosa, seríamos izquierdistas sin cerebro como el holandés Anton Pannekoek y otros anarquistas que se disfrazaban de marxistas:

«Naturalmente, nosotros no estamos ni podemos estar en contra de la utilización del parlamento burgués a favor de los intereses de la clase obrera y su lucha. Sabemos que Lenin previno contra la «enfermedad infantil del comunismo», contra el extremismo «izquierdista» que negaba la imperiosa necesidad de la utilización del parlamento por los partidos comunistas para defender los intereses de la clase obrera, para desenmascarar a la burguesía y su poder, la falsedad de la democracia burguesa y para imponer a la burguesía medidas determinadas a favor de los trabajadores, etc. Sobre todo, en el periodo actual, cuando la burguesía ha rechazado la bandera de los derechos y libertades democráticas, esta bandera debe ser recogida por los comunistas. En las condiciones actuales de agravación excesiva de las contradicciones entre los grandes monopolios de una parte, y de todas las capas de la población, de otra parte, grandes posibilidades han sido creadas para la amplia utilización del Parlamento para llevar de manera vasta una lucha democrática y antimonopólica. Es por eso que, la lucha en el Parlamento y fuera de el, es sin duda, una tarea importante de los partidos comunistas en los países capitalistas de régimen democrático-burgués. Pero es indispensable, que luchando por la democracia y los derechos democráticos para los trabajadores, luchando por la utilización del Parlamento para los fines e intereses de la clase obrera, se realice entre las masas un trabajo de explicación contra la creación de ilusiones parlamentaristas peligrosas, para denunciar la falsedad de la misma democracia burguesa en las repúblicas burguesas más «democráticas», la falsedad del parlamentarismo burgués, para educar a las masas en un espíritu revolucionario de derogación de la falsa democracia burguesa y de su sustitución por la dictadura del proletariado, que es la verdadera democracia para las amplias masas del pueblo». (Zëri i Popullit; A propósito de las tesis concernientes al Xº Congreso del Partido Comunista Italiano, 18 de noviembre de 1962)

Este tipo de reivindicaciones ilusas que ahora vuelven a traer a escena las FARC-EP –y que en el pasado otras guerrillas protagonizaron– donde se olvidan el carácter de esa «democracia pura» que hablan y de ese Estado –creyendo que es neutral y está por encima de las clases–, es la clásica visión reformista y pacifista que ya hemos oído tantas veces. Pero es claro para cualquier marxista-leninista cuando ve este tipo de reivindicaciones reformistas:

1) El proletariado no puede dejar de tener su cuerpo militar bien para defenderse en las condiciones donde todavía no ha tomado el poder y porque debe ir curtiéndose en lo militar y preparar la toma de poder;

2) La participación dentro de los límites de la democracia burguesa no puede dar el anhelo al cambio político, económico y cultura que desea el proletariado, debe demoler toda la maquinaria del Estado burgués –el parlamento, los cuerpos represivos, las leyes burguesas, etc.– y crear un poder popular propio con su propio ejército popular, cambio al que la burguesía no estará dispuesta a contemplar de brazos cruzados ni de forma pacífica;

3) Cualquier reforma política que consiga el proletariado y las masas trabajadoras en el marco de la democracia burguesa debe ser una victoria de concienciación, un impulso para la revolución, que tomará en sus manos el poder político, y dependiendo del contexto y al ritmo debido todos los medios de producción acabando con el capitalismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016)

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