«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 29 de marzo de 2015

La teoría de los «tres mundos», teoría contrarrevolucionaria y chovinista; Enver Hoxha, 1978

«La teoría de los tres mundos, la muleta del imperialismo»; caricatura albanesa de 1978

«
En la actualidad han aparecido abiertamente y luchan en un vasto frente contra la teoría y la estrategia leninistas de la revolución y de la lucha de liberación de los pueblos también los revisionistas chinos. Tratan de contraponer a esta teoría y estrategia científicas y gloriosas su teoría de los «tres mundos», teoría falsa, contrarrevolucionaria y chovinista.

La teoría de los «tres mundos» está en oposición a la teoría de Marx, Engels, Lenin y Stalin, o más exactamente, es una negación de ésta. Lo de menos es saber quién fue el primero que inventó el término «tercer mundo», quién fue el primero que dividió el mundo en tres partes; lo cierto es que no fue Lenin quien hizo esta división, mientras que el Partido Comunista de China reivindica su paternidad y afirma que la teoría de los «tres mundos» ha sido inventada por Mao Zedong. Si éste es el autor que ha formulado por primera vez esta llamada teoría, se trata de otra confirmación de que Mao Zedong no es un marxista. Pero, también si esta teoría ha sido formulada por otros y él la ha adoptado, esto es suficiente para no ser un marxista.

El concepto de los «tres mundos», negación del marxismo-leninismo


La noción de la existencia de tres mundos o de la división del mundo en tres se funda en una comprensión racista y metafísica del mundo, comprensión que es engendro del capitalismo mundial y de la reacción.

Pero la tesis racista que encasilla a los países en tres grados o en tres «mundos», no se basa simplemente en el color de la piel. Hace una clasificación cimentada en el nivel de desarrollo económico de los países y tiende a determinar la «raza de los grandes señores», de una parte, y la «raza de los parias y de la plebe», de la otra; tiende a crear una división inmutable y metafísica, que concuerda con los intereses de la burguesía capitalista. Esta tesis considera a las distintas naciones y a los diferentes pueblos como un rebaño de ovejas, como un todo amorfo.

Los revisionistas chinos admiten y predican que la «raza de los señores» debe ser preservada y que la «raza de los parias y de la plebe» debe servir sumisa y devota a la primera.

La dialéctica marxista-leninista nos enseña que el desarrollo jamás tiene límites, que todo está en continua transformación. En éste proceso ininterrumpido de desarrollo hacia el futuro, se producen cambios cuantitativos y cualitativos. Nuestra época, al igual que cualquier otra, se caracteriza por la existencia de profundas contradicciones, que han sido definidas con suma claridad por Marx, Engels, Lenin y Stalin. Es la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias, por lo tanto, una época de grandes cambios cuantitativos y cualitativos, que conducen a la revolución y a la toma del poder por la clase obrera, para construir la nueva sociedad socialista. Toda la teoría de Karl Marx está basada en la lucha de clases y en el materialismo dialéctico e histórico. Marx ha probado que la sociedad capitalista es una sociedad con clases explotadoras y explotadas, que las clases desaparecerán sólo cuando se llegue a la sociedad sin clases, al comunismo.

Actualmente vivimos en el estadio del derrumbamiento del imperialismo y del triunfo de las revoluciones proletarias. Esto significa que en la sociedad capitalista de hoy existen dos clases principales, el proletariado y la burguesía, que están en lucha irreconciliable y a muerte. ¿Quién vencerá a quién? Marx y Lenin, la ciencia marxista-leninista, la teoría y la práctica de la revolución, nos prueban y convencen de que, en último término, el vencedor será el proletariado, el cual destruirá, derrocará el poder de la burguesía, al imperialismo; a todos los explotadores y construirá una sociedad nueva, la sociedad socialista. Nos enseñan igualmente que también en esta sociedad nueva existirán, durante un período de tiempo muy largo, las clases: la clase obrera y el campesinado trabajador, que están en estrecha alianza, pero también subsistirán los remanentes de las clases derrocadas y expropiadas. A lo largo de todo este período, estos remanentes, así como los elementos que degeneran y se oponen a la construcción socialista, harán esfuerzos por recuperar el poder perdido. Así pues, también en el socialismo existirá una enconada lucha de clases.

Los marxista-leninistas jamás pierden de vista que en todos los países, a excepción de aquellos en los cuales ha triunfado la revolución y se ha implantado el régimen socialista, existen las clases pobres, con el proletariado a la cabeza, y las clases ricas, encabezadas por la burguesía.

En todo Estado capitalista, dondequiera que esté situado, aunque sea democrático y progresista, hay oprimidos y opresores, explotados y explotadores, hay antagonismos, se libra una lucha de clases inexorable. El que la lucha tenga distinta intensidad no cambia esta realidad. Esta lucha pasa por zigzags, sin embargo existe y no puede ser extinguida. Existe en todas partes; existe en los Estados Unidos, entre el proletariado y la burguesía imperialista; existe asimismo en la Unión Soviética; donde fue traicionado el marxismo-leninismo y se creó una nueva clase burgués-capitalista, que oprime a los trabajadores de ese país. Las clases y la lucha de clases existen también en el «segundo mundo», en Francia, Inglaterra, Italia, Alemania Occidental, el Japón. Existen igualmente en el «tercer mundo», en la India, el Zaire, Burundi, Pakistán, Filipinas, etc. Sólo según la teoría de los «tres mundos» de Mao Zedong, en ningún país existen las clases y la lucha de clases. No las tiene en cuenta, porque considera los países y los pueblos según las concepciones geopolíticas burguesas y de acuerdo con su nivel de desarrollo económico.

Considerar el mundo dividido en tres, en «primer mundo», «segundo mundo» y «tercer mundo», como hacen los revisionistas chinos, no a través del prisma de clase, significa desviarse de la teoría marxista-leninista de la lucha de clases, significa negar la lucha del proletariado contra la burguesía, para pasar de una sociedad atrasada a una sociedad nueva; a la sociedad socialista y más tarde a la sociedad sin clases, a la sociedad comunista. Dividir el mundo en tres, significa desconocer los rasgos característicos de la época, impedir el avance del proletariado y de los pueblos hacia la revolución y la liberación nacional, impedir su lucha contra el imperialismo estadounidense, contra el socialimperialismo soviético, contra el capital y la reacción en cada país y en todos los confines del mundo. La teoría de los «tres mundos» predica la paz social, la reconciliación de clases, trata de crear alianzas entre enemigos irreconciliables, entre el proletariado y la burguesía, entre los oprimidos y los opresores, entre los pueblos y el imperialismo. Trata de prolongar los días del mundo viejo, del mundo capitalista, y mantenerlo vivo precisamente buscando la extinción de la lucha de clases.

Pero la lucha de clases, la lucha del proletariado y de sus aliados para tomar el poder y la lucha de la burguesía para conservarlo, jamás pueden ser apagadas. Esto es un hecho incontestable; esto no puede ser cambiado por las vanas teorizaciones sobre los «mundos» el «primer mundo», el «segundo mundo», el «tercer mundo», el «mundo no alineado» o el «vigésimo mundo». Aceptar tal división, quiere decir renunciar a la teoría de Marx, Engels, Lenin y Stalin sobre las clases y la lucha de clases, y abandonarla.


a) En nuestra época existen dos mundos: el mundo socialista y el mundo capitalista


Después del triunfo de la Revolución de Octubre de 1917, Lenin y Stalin han dicho que en nuestra época existen dos mundos: el mundo socialista y el mundo capitalista, a pesar de que en aquel entonces el socialismo había sido instaurado en un solo país:

«En la actualidad existen dos mundos: el viejo, el capitalismo, que se ha enredado, que nunca retrocederá, y el nuevo mundo en ascenso que, aunque todavía muy débil, crece porque es invencible». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informes al IXº Congreso de los soviets de toda Rusia; Informes del 23-28 de diciembre de 1921)

Este criterio de clase sobre la división del mundo es válido también hoy, independientemente de que el socialismo no haya triunfado en muchos países y de que la sociedad nueva no haya reemplazado a la vieja sociedad burgués-capitalista. Pero ineluctablemente esto se producirá mañana.

El hecho de que en la Unión Soviética y en los otros países ex socialistas fuese traicionado el socialismo, no cambia en lo más mínimo el criterio leninista sobre la división del mundo. Hoy, al igual que ayer, sólo existen dos mundos, y la lucha entre estos dos mundos, entre las dos clases antagónicas, entre el socialismo y el capitalismo, tiene lugar no sólo a escala nacional, sino también internacional.

Los revisionistas chinos no admiten la existencia del mundo socialista so pretexto de que ya no existe el campo socialista, debido a la traición de la Unión Soviética y los otros países ex socialistas. Intencionadamente ignoran que la aparición del revisionismo moderno no modifica en lo más mínimo la tendencia general de la historia hacia la revolución, hacia el derrumbamiento del imperialismo, aunque el capitalismo siga existiendo todavía. Al mismo tiempo desconocen la existencia, el desarrollo y el triunfo de las ideas inmortales del marxismo-leninismo, la existencia de los partidos marxista-leninistas, la existencia de Albania socialista, la existencia de los pueblos que luchan por su libertad, por su independencia y soberanía nacional, la existencia y la lucha del proletariado mundial.

La Comuna de París  de 1871 no triunfó, fue aplastada, pero dio al proletariado mundial un gran ejemplo. Karl Marx ha dicho que esta experiencia confirmó la debilidad temporal del proletariado francés, pero preparó al proletariado de todos los países para la revolución mundial y dio una gran lección mostrando cuáles son las condiciones que se precisan para conquistar la victoria. Marx elevó a teoría esta importante experiencia de los comuneros «que asaltaron el cielo» y enseñó al proletariado que debe hacer uso de su violencia revolucionaria para romper el aparato del Estado burgués y su dictadura.

Los revisionistas modernos son unos cobardes. Piensan que hoy las fuerzas contrarrevolucionarias son muy poderosas. Pero esto no es en absoluto verdad. Son más débiles que los pueblos. Estos, con el proletariado a la cabeza, son más fuertes. Ellos aplastarán a las fuerzas contrarrevolucionarias, a las fuerzas de la reacción, del imperialismo y del socialimperialismo. Esta es una concepción fundada en el análisis de clase del mundo. Cualquier otra concepción es errónea, independientemente de que los revisionistas disfracen su actividad y su miedo con frases revolucionarias.

Cuando los marxista-leninistas decimos que existen dos y no tres o cinco mundos, estamos en el justo camino y, sobre la base del marxismo-leninismo, debemos edificar nuestra lucha contra la burguesía capitalista, contra el imperialismo estadounidense y el socialimperialismo soviético, contra los otros imperialismos. Esta lucha debe llevar a la destrucción del mundo viejo burgués-capitalista y a la instauración de un nuevo orden, del orden socialista.


b) El proletariado es la fuerza motriz social de nuestra época


Lenin ha puntualizado que la fuerza motriz que lleva adelante la historia está representada por la clase que se sitúa:

«En el centro de tal o cual época, y determina su contenido fundamental, la tendencia principal de su desarrollo, las particularidades esenciales de su situación histórica, etc». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Bajo una falsa bandera, 1915)

Mientras que los revisionistas chinos, oponiéndose a esta tesis de Lenin, se afanan en presentar el «tercer mundo» como la «gran fuerza motriz que hace avanzar la rueda de la historia». Declarar semejante cosa significa dar en la teoría y en la práctica una definición errónea de la fuerza motriz. ¿Cómo es posible que en la época de la actual evolución social, en la época que tiene en su centro a la clase más revolucionaria, el proletariado, se califique de fuerza motriz a una agrupación de Estados dominados en su abrumadora mayoría por la burguesía y los feudales, incluso por reaccionarios y fascistas declarados? Se trata de una burda deformación de la teoría de Marx.

La dirección china no tiene presente que en el «tercer mundo» hay oprimidos y opresores, que existen el proletariado y el campesinado esclavizado, pobre y mísero, por un lado, y los capitalistas y los terratenientes, que explotan y esquilman al pueblo, por el otro. Pasar por alto esta situación de clase en el llamado «tercer mundo», pasar por alto los antagonismos existentes, significa revisar el marxismo-leninismo y defender el capitalismo. En general, en los países del llamado «tercer mundo» es la burguesía capitalista quien está en el poder. Esta burguesía explota al país, explota y oprime al pueblo pobre en interés de su propia clase, para asegurarse los mayores beneficios posibles y mantenerlo continuamente en la esclavitud y la miseria.

En muchos países del «tercer mundo», los gobiernos en el poder son gobiernos burgueses, capitalistas, naturalmente con distintos matices políticos; son gobiernos de la clase enemiga del proletariado y del campesinado pobre y oprimido, de la clase enemiga de la revolución y de las luchas de liberación. La burguesía, que es quien detenta el poder en estos países, protege precisamente esa sociedad capitalista que el proletariado, en alianza con las capas pobres del campo y de la ciudad, busca derrotar. Constituye esa clase alta que, en aras de sus mezquinos intereses, está dispuesta, en cualquier momento y ante cualquier contingencia, a entregar al capitalismo extranjero las riquezas del país, del suelo y del subsuelo, a enfeudar la libertad, la independencia y la soberanía de la patria. Esta clase, allí donde está en el poder, se opone a la lucha y a las aspiraciones del proletariado y de sus aliados, las clases y las capas oprimidas.

Muchos de los Estados, que la dirección china engloba en el «tercer mundo», no están en contra del imperialismo estadounidense y del socialimperialismo soviético. Calificar estos Estados de «fuerza motriz principal de la revolución y de la lucha contra el imperialismo», como predica Mao Zedong, es un error tan grande como el Himalaya. También existen otros pseudomarxistas; pero por lo menos saben ocultarse y enmascararse tras sus teorías burguesas. Para lo que llaman «segundo mundo», que está dominado por la gran burguesía capitalista, que está dominado por los grandes imperialistas que, al igual que ayer; siguen siendo imperialistas, los revisionistas chinos tienen la misma visión antimarxista que para el «tercer mundo». En los países del llamado «segundo mundo» existe un proletariado grande y poderoso que es explotado hasta la médula, que es oprimido por leyes agobiantes, por el ejército, la policía, los sindicatos, por todas estas armas de la dictadura de la burguesía. Tanto en los países del «tercer mundo» como en los del «segundo mundo», es la clase burguesa capitalista, son las mismas fuerzas sociales las que dominan al proletariado y a los pueblos y las que deben ser destruidas. También en estos últimos la fuerza motriz principal es el proletariado.

En cambio los revisionistas chinos, en los países del «tercer mundo» como en los del «segundo mundo», en los Estados Unidos como en la Unión Soviética; desconocen precisamente al proletariado, que representa el gran ejército de la revolución, niegan precisamente la principal fuerza motriz de la sociedad, la fuerza que debe golpear a la burguesía monopolista, a su enemiga de clase y enemiga de toda la revolución mundial.

La teoría de los «tres mundos» de Mao Zedong niega esta gran realidad y trata con desconsideración al proletariado europeo y de los otros países desarrollados. Es verdad que en las filas del proletariado, ya sea del llamado tercer mundo o del llamado segundo o primero, también hay degeneración, porque la burguesía no se cruza de brazos, combate a su enemigo recurriendo no sólo a las armas y a la opresión, sino también a la política y la ideología, al modo de vida que propaga, etc. Pero el que degenere alguna capa del proletariado, como es el caso de la aristocracia obrera, no significa que se tenga que renunciar al marxismo-leninismo y negar el papel determinante de la clase obrera en el proceso revolucionario mundial. Los verdaderos comunistas protegen de la degeneración al proletariado de cualquier país y de cualquier «mundo» mediante una correcta educación marxista-leninista y con su actividad revolucionaria cotidiana, y lo movilizan para combatir a sus opresores, sean éstos ingleses o franceses, italianos o alemanes, portugueses o españoles; estadounidenses o japoneses, etc.

También en los Estados Unidos, que son la cabeza del imperialismo mundial, existe un proletariado numeroso. Dado que son uno de los países más industrializados del mundo, al mismo tiempo son el país más rico, y así las migajas que concede el capital para engañar al proletariado, aquí son un poco más grandes que en los demás países burgueses. El modo de vida en los Estados Unidos ejerce una influencia más grande sobre el proletariado, pero nosotros no podemos desdeñar en lo más mínimo el papel del proletariado estadounidense en la revolución y su contribución a la misma en su propio país. En realidad, también en los Estados Unidos existe una opinión que se opone al imperialismo, a las guerras de rapiña, a la opresión de los capitalistas, de los trusts, de los bancos, etc. En este país, incluso en las capas de la pequeña burguesía, se observa una resistencia a la opresión del gran capital.


c) Negando la lucha de clases, la teoría china de los «tres mundos» niega también la lucha de los pueblos por liberarse de la dominación extranjera, por conquistar los derechos y las libertades democráticas, niega su lucha por el socialismo


Esta teoría contrarrevolucionaria y anticientífica hace cruz y raya de la lucha de los pueblos contra sus enemigos, que son el imperialismo, el socialimperialismo, toda la gran burguesía internacional.

Meter a los pueblos en «tres casillas» y predicar que sólo el «tercer mundo» aspira a liberarse del imperialismo; que sólo él sería «la principal fuerza motriz contra el imperialismo», es un engaño y una desviación flagrante del marxismo-leninismo. Si en el «primer mundo» y en el «segundo mundo» se incluye a los imperialistas y los capitalistas, entonces hay que hacerse la siguiente pregunta: ¿dónde se incluye a los pueblos de estos «dos mundos», que luchan, igualmente, por liberarse de los mismos opresores que subyugan también al «tercer mundo»? Los inventores y los partidarios de la división del mundo en tres no están en condiciones de responder a esta pregunta; porque, según su concepto antimarxista y antileninista, funden en un todo único a los imperialistas, a los gobernantes y a los pueblos.

Los marxista-leninistas no pueden identificar a los pueblos soviéticos con los estafadores antimarxistas, socialimperialistas y nuevos capitalistas que los avasallan. Del mismo modo, tampoco pueden mezclar y confundir al pueblo estadounidense con el imperialismo estadounidense. Si los revolucionarios actuaran como los revisionistas chinos, cometerían un grave error teórico y se opondrían a la revolución, respaldarían precisamente al imperialismo y al socialimperialismo, a las fuerzas del capital, contra las cuales combaten también el proletariado y el pueblo en la propia guarida de sus enemigos.

¿Qué significado tiene el llamamiento chino a que el «tercer mundo» se alíe con el «segundo mundo» para combatir a la mitad del «primer mundo», cuando tal división del mundo confunde la personalidad de los pueblos, que están en lucha con la oligarquía que los oprime, y cuyas aspiraciones y nivel de desarrollo son distintos? De igual modo, el grado de resistencia y la intensidad de la lucha revolucionaria de los pueblos son diferentes, pero su meta final, el comunismo, es la misma. En estas condiciones, los marxista-leninistas debemos hacer propaganda y movilizarnos para que, a través de las incesantes luchas de clase contra el imperialismo, el socialimperialismo, el capitalismo y sus ideologías engañosas, alcancemos el objetivo final.

Los revisionistas chinos, no sólo funden en un todo único a los pueblos y los gobernantes de los países capitalistas, sino que además quieren liquidar la personalidad de los países socialistas, cuando predican que también éstos pueden ser incluidos en el «tercer mundo».

¿Cómo se puede, según afirman los dirigentes chinos, identificar un país socialista con el «tercer mundo», donde existen las clases antagónicas, la opresión y la explotación, y alinearlo «con los reyes y los príncipes»? Los revisionistas chinos, que califican de socialista a su país, dicen que forman parte del «tercer mundo» para ayudar supuestamente a los pueblos de este «mundo». Se trata de una mentira con la que pretenden encubrir sus fines «expansionistas. Para ayudar y respaldar la lucha de los pueblos, un país verdaderamente socialista no necesita dividir el mundo en tres ni integrarse en el «tercer mundo».

Los marxista-leninistas, guiándonos por criterios de clase, con nuestras posiciones, ayudamos a los pueblos, al proletariado, la democracia, la soberanía y la libertad auténticas, y no al Estado en el que dominan los reyes, los shah y las camarillas reaccionarias. Ayudamos a los pueblos y a los Estados democráticos que quieren liberarse del yugo de las superpotencias, pero remarcamos que para hacerlo debidamente, en el camino correcto y con criterios de clase, hay que combatir también a los reyes y a los monopolios internacionales que están entrelazados con las superpotencias. Los dirigentes chinos pretenden haber solucionado este complejo problema de clase «fundiéndose» en ese imaginario «tercer mundo». Pero es una solución antimarxista. La mayoría de los Estados y los gobiernos del «tercer mundo», opuestamente a lo que pretenden los dirigentes chinos, no están por la lucha contra el «primer mundo», el imperialismo estadounidense y el socialimperialismo soviético, o contra el «segundo mundo».

La corriente de los pueblos del mundo avanza hacia la lucha por la liberación, por la revolución, por el socialismo, pero en esta corriente no están englobados los gobiernos de los reyes, de los emires y de las camarillas reaccionarias de la calaña de Mobutu y Pinochet que integran el «tercer mundo», en el que también China se ha autoincluido.

En lo que atañe a los Estados del llamado tercer mundo, la dirección china no hace una distinción de clase de acuerdo con los principios del internacionalismo proletario y los intereses de la revolución mundial. No tiene en cuenta que estos Estados nacionales, que en su mayoría están dirigidos por las capas de la alta burguesía, se encuentran no sólo bajo la influencia del imperialismo estadounidense, sino también del socialimperialismo soviético, y están estrechamente ligados a ellos por muchos hilos.

En estos Estados existen profundas contradicciones internas entre el proletariado y el campesinado pobre y oprimido, por una parte, y la burguesía y todos los esclavizadores, por la otra. La ayuda, de un país socialista a los pueblos de estos Estados, debe servir de gran estímulo para su marcha hacia adelante, para lograr crear un verdadero Estado democrático, sin ensombrecer la perspectiva, la cuestión del triunfo de la revolución proletaria y de la toma del poder por el proletariado. La revolución no se importa, será realizada por el proletariado y el pueblo de cada país. Naturalmente, la toma del poder no es cuestión de un día, sino que, como nos enseña Lenin, se deben crear las condiciones para que, ante cualquier viraje de la historia, el proletariado encabece la lucha para derrocar el poder degenerado de los dictadores y de la burguesía reaccionaria, e implantar el poder del pueblo.

La división que los comunistas hacemos del mundo actual, basándonos en el criterio de clase leninista, no nos impide combatir a las superpotencias y apoyar a todos los pueblos y los Estados que buscan liberarse y que tienen contradicciones con ellas. La Albania socialista ha respaldado poderosamente con todo su corazón la lucha de los pueblos de Asia, África y Latinoamérica, porque responde a los intereses de los mismos y está dirigida contra el imperialismo y la dominación colonial extranjera. Pero, no enunciar abiertamente los principios y tergiversar el marxismo-leninismo, la ideología y la política del partido del proletariado, como hacen los dirigentes chinos, es antimarxista, es un bluf, es un engaño. El Partido del Trabajo de Albania jamás ha hecho esto ni lo hará, porque sería un crimen imperdonable hacía su pueblo, hacia los otros pueblos, hacia el proletariado internacional y la revolución mundial.


d) Dividiendo el mundo en tres, el Partido Comunista de China predica de hecho la conciliación de clases


Los verdaderos marxista-leninistas jamás olvidan las enseñanzas de Lenin, que subraya que los oportunistas y los revisionistas hacen lo imposible por atenuar la lucha de clases, por engañar a la clase obrera y a los oprimidos con fórmulas «revolucionarias», privando la doctrina marxista-leninista de su contenido revolucionario. Esto es lo que hace la dirección revisionista china, cuando predica la conciliación y la convivencia pacífica de la clase obrera con la burguesía.

Como nos enseñan Engels y Lenin, las contradicciones entre las clases o las fuerzas sociales con intereses fundamentales opuestos, no sólo no pueden ser conciliadas, sino que se van exacerbando incesantemente hasta culminar en conflictos político-sociales. La propia existencia del Estado prueba que los antagonismos de clase son irreconciliables. Por ello, intentar atenuar estos antagonismos de clase, que se observan en los diversos países burgueses y revisionistas del «tercer mundo», del «segundo» del «primero», preconizando la unión carente de principios, significa negar el carácter objetivo de la existencia de las contradicciones, tratar este problema de una manera antimarxista.

Los «teóricos» chinos se esfuerzan por conciliar unas clases que jamás pueden ser conciliadas, lo cual significa que están en posiciones revisionistas, oportunistas. La deformación de la teoría de Marx por parte de los revisionistas chinos se ve claramente cuando consideran a los países que incluyen en el «tercer mundo», como lugares donde reina la paz de clases y a sus Estados como organismos de conciliación de clases.

Aceptar la noción de «tercer mundo», tal como es preconizada por los dirigentes chinos, significa trabajar por crear una opinión que sirva para defender los organismos estatales que necesita la burguesía para reprimir a la clase obrera y a las masas populares. La tesis de la atenuación de la lucha de clases, como decía Lenin cuando atacaba a los revisionistas, legaliza y afirma la opresión. Buscar la unidad en el interior del «tercer mundo», de hecho significa buscar la unidad de la clase oprimida con la clase opresora, es decir, hacer esfuerzos por atenuar los antagonismos entre las masas trabajadoras y la burguesía, entre el pueblo y los opresores extranjeros. Estas prédicas de los revisionistas chinos están en oposición a los intereses de la liberación nacional y social de los pueblos, a sus aspiraciones de libertad, independencia y justicia social.

La mayoría de los Estados, que supuestamente forman el «tercer mundo» o el «mundo no alineado», dependen del capital financiero extranjero, que es tan fuerte, tan vasto, que ejerce un peso decisivo en toda la vida de los mismos. Estos Estados no gozan de una independencia plena, por el contrario, dependen de ese gran capital financiero que es quien hace una política y difunde una ideología que justifica la explotación de los pueblos.

La burguesía y el imperialismo hacen grandes esfuerzos por ocultar esta realidad y, cuando son desenmascarados, inventan toda suerte de «teorías» en contra de la independencia y la soberanía de los Estados. Los teóricos burgueses y revisionistas, con el fin de sofocar las aspiraciones de los pueblos a la libertad, la independencia y la soberanía, califican estas aspiraciones de «anacrónicas», dándoles diversas interpretaciones metafísicas y contraponiéndoles la consigna de la «interdependencia mundial»; que supuestamente expresa las tendencias de la actual evolución de la sociedad humana, o la consigna de la «soberanía limitada» que pretendidamente expresa los intereses supremos de la llamada comunidad socialista, etc.

La realidad burgués-revisionista marcada por la violación de la libertad, la independencia y la soberanía de las naciones y los Estados, en todas sus formas y en todos los dominios, demuestra la putrefacción del sistema capitalista. Vivimos en una época en que la burguesía, como clase dominante, está perdiendo terreno, mientras que el proletariado mundial se ha convertido en una fuerza colosal y está empeñado en una lucha ininterrumpida y a ultranza para sacudirse el yugo de la clase que le explota. La burguesía, bajo los golpes de los pueblos y de la lucha de clases del proletariado, se ha visto obligada a renunciar de jure al colonialismo y a reconocer formalmente la libertad, la independencia y la soberanía a muchos países que, durante un largo tiempo, había mantenido ocupados y explotados de manera salvaje.

Pero la libertad, la independencia y la soberanía, reconocidas jurídicamente por los Estados capitalistas a sus antiguas colonias, hoy en muchos países se han quedado en el papel, porque siguen dominados bajo nuevas formas por los capitalistas y los imperialistas. Para prolongar su dominación en las ex colonias, estas fuerzas regresivas de nuestra época practican en grandes proporciones los complots y las intrigas, para lo cual encuentran aún terreno abonado en estos países, a fin de dividir y dominar a los pueblos, aprovechando su atraso económico, político e ideológico y la falta de organización de las fuerzas revolucionarias.

Al tratar este problema no debe pensarse que, dado que los países ex coloniales aún no han obtenido una independencia y soberanía completas, su lucha ha sido infructuosa. De ninguna manera. La lucha de los pueblos por emancipar sus pequeños países del dictado y la tutela de los grandes, del imperialismo y el socialimperialismo, no debe ser subestimada. Por el contrario, el Partido del Trabajo de Albania y el Estado albanés han apoyado y apoyarán sin reservas esta justa lucha: revolucionaria y de liberación, considerándola como una victoria de los pueblos que contribuye a reforzar la independencia política, a liberarse de la dominación colonial y neocolonial.

Pero estamos en contra de los teóricos revisionistas que predican que, ahora, toda la lucha revolucionaria debería ser reducida a la lucha por la independencia nacional, por conquistarla y defenderla frente a la agresión de las potencias imperialistas, negando la lucha por la liberación social. Sólo la victoria de esta última asegura al mismo tiempo la libertad, la independencia y la soberanía nacional verdaderas y completas. Estos abogados del régimen explotador «olvidan» que la lucha de clases entre el proletariado y sus aliados, por un lado, y la burguesía del país y sus aliados del exterior, por el otro, prosigue siempre de forma encarnizada y que un día conducirá a ese momento, a esa situación revolucionaria, como dice Lenin, en que la revolución estalla. Las condiciones cada vez más favorables que se crean en el mundo para el amplio desarrollo de las revoluciones antiimperialistas y democráticas y para que estén dirigidas por el proletariado, deben ser aprovechadas para pasar de la lucha por la independencia nacional a una fase más avanzada, a la lucha por el socialismo. Lenin nos enseña que la revolución debe ser llevada hasta el final, liquidando a la burguesía y su poder. Sólo sobre esta base se puede hablar de libertad, independencia y soberanía verdaderas.

Según nuestro concepto marxista-leninista; en una sociedad con clases antagónicas, que está dominada por la clase feudal o la burguesía, el pueblo no puede gozar de libertad y soberanía. La libertad, la independencia y la soberanía tienen un contenido político-social concreto. La libertad y la soberanía verdaderas y plenas son aseguradas en las condiciones de la dictadura del proletariado. Mientras que en aquellos lugares donde el Estado se encuentra en manos de las clases explotadoras, las relaciones económicas y políticas desiguales entre los explotadores y los explotados y entre los países, llevan a la pérdida o a la restricción de la libertad y de la soberanía del pueblo. Por consiguiente, no puede hablarse de una verdadera libertad y soberanía nacional, y mucho menos de soberanía del pueblo, en los países que se encuadran en el «mundo no alineado» o en el «tercer mundo». Sólo sobre la base de un análisis científico cimentado en la teoría marxista-leninista se puede definir correctamente qué pueblo es verdaderamente libre y cuál está subyugado, qué Estado es independiente y soberano y cuál es dependiente y oprimido. La teoría marxista-leninista explica claramente quiénes son los opresores y explotadores de los pueblos y qué camino deben seguir éstos para ser libres, independientes y soberanos. Los comunistas albaneses, a la luz del marxismo-leninismo, concebimos sólo de esta manera la libertad, la independencia y la soberanía de los Estados y de los pueblos.


La actitud de los revisionistas chinos respecto a las contradicciones, es una actitud idealista, revisionista y capitulacionista


La aplicación de una estrategia revolucionaria correcta, basada en las enseñanzas del marxismo-leninismo; no sólo requiere analizar y apreciar de forma multilateral y dialéctica las fuerzas motrices de la corriente revolucionaría y libertadora mundial y valorar correctamente las fuerzas del enemigo, con sus puntos fuertes y débiles, sino también una comprensión justa y científica de las contradicciones que caracterizan nuestra época.

Sólo si interpretamos las contradicciones según las enseñanzas de la teoría marxista-leninista, de conformidad con los hechos concretos y la verdadera evolución de las situaciones, entonces no nos equivocaremos.

En lo que se refiere a las contradicciones, los dirigentes chinos «teorizan», «interpretan», «filosofan», parafrasean y confunden numerosas tesis formuladas con claridad meridiana por los clásicos del marxismo-leninismo. Interpretando las contradicciones de una manera distinta a su verdadero significado, llegan a acuerdos y conciertan compromisos, no en favor de la lucha de liberación, de los pueblos, de la revolución, de la construcción del socialismo, sino en favor de la burguesía y del imperialismo. Estas gentes, que se las dan de filósofos marxista-leninistas, tienen dos máscaras: una para hacer creer que son fieles a la teoría marxista-leninista, y la otra para disimular su deformación en la práctica.

Su posición respecto a las contradicciones, las alianzas y los compromisos, es producto de un análisis deformado y pragmático de la situación internacional, de las contradicciones existentes en el mundo, de las contradicciones entre las potencias imperialistas, entre los diversos Estados capitalistas, entre el proletariado y la burguesía, etc. Esta posición tiene su origen en su concepción idealista y revisionista del mundo.

Pero, no es un hecho fortuito el que los dirigentes chinos pongan sobre el tapete precisamente el problema de las contradicciones, las alianzas y los compromisos. Ahora, la dirección revisionista china se ha quitado las máscaras y ha aparecido abiertamente contra la revolución, se ha convertido en abanderada del oportunismo de derecha, del revisionismo. Al igual que todos los revisionistas, los dirigentes del Partido Comunista de China se esfuerzan por «justificar» su alejamiento de la teoría marxista-leninista, su orientación revisionista, utilizando citas de Marx, Engels, Lenin y Stalin. Naturalmente, estas citas están amputadas, fraccionadas y sacadas de su contexto, y mutiladas de esta forma, las utilizan para hacer pasar por marxista-leninistas sus posiciones y sus tesis reaccionarias. Pero los revisionistas chinos no son ni los primeros ni los últimos que hacen estas deformaciones, que mutilan e interpretan de manera tendenciosa nuestra correcta teoría. Mucho antes que ellos han hecho cosas de esta índole los cabecillas de la socialdemocracia, los titoistas, los revisionistas soviéticos, italianos, franceses y otros, y hoy continúan haciéndolo.


a) Los revisionistas chinos intentan justificar su actitud hacia el imperialismo estadounidense, allanar el camino para acercarse y colaborar con él


Los revisionistas chinos pretenden que en el mundo de hoy sólo existe una contradicción, la que enfrenta al «tercer mundo», al «segundo mundo» y a la mitad del «primer mundo», con la Unión Soviética. Partiendo de esta tesis que une a los pueblos con una agrupación de imperialistas, predican que se deben dejar de lado todas las contradicciones de clase y luchar únicamente contra el socialimperialismo soviético.

Pero analicemos cómo es la cuestión de las contradicciones entre los pueblos y las superpotencias y las contradicciones entre las propias superpotencias.

En las condiciones actuales, para definir una estrategia y una táctica revolucionarias consecuentes, adquiere una importancia primordial la actitud de principios respecto a las dos superpotencias imperialistas, los Estados Unidos y la Unión Soviética, que constituyen la fuerza defensiva más grande del sistema de opresión y explotación capitalista, los principales reductos de la reacción mundial. Son los enemigos jurados más peligrosos de la revolución, del socialismo y de los pueblos del mundo entero, han asumido el odiado papel de gendarmes internacionales contra cualquier movimiento revolucionario y de liberación y representan las potencias más agresivas y belicistas que con su actuación llevan al mundo a una guerra devastadora.

Nadie, y mucho menos el Partido del Trabajo de Albania, puede negar la existencia de profundas contradicciones entre las dos más grandes potencias imperialistas de nuestro tiempo, el imperialismo estadounidense y el socialimperialismo soviético. Hemos acentuado continuamente que las contradicciones entre las dos superpotencias no sólo existen, sino que además se agudizan. Al mismo tiempo, las dos superpotencias hacen esfuerzos para llegar a componendas sobre algunas cuestiones. Este fenómeno se explica con lo que decía Lenin, sobre las dos tendencias del capital:

«Existen dos tendencias, una que hace inevitable la alianza de todos los imperialistas y otra que enfrenta a unos imperialistas con otros». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informe sobre la política exterior, 1918)

Pero, ¿por qué existen contradicciones y antagonismos irreconciliables entre las dos superpotencias? Porque, cada una de ellas, al ser una gran potencia imperialista, lucha por la hegemonía mundial, por crear nuevas esferas de influencia, por subyugar y explotar a los pueblos. La voracidad y la codicia de cada una de ellas les llevan a incomodarse mutuamente e incluso a tener graves fricciones. Estas fricciones pueden conducir a la guerra entre ellas, e incluso a una sangrienta guerra mundial.

Los marxista-leninistas debemos aprovechar las contradicciones que existen entre las superpotencias en interés de la revolución y de las luchas de liberación de los pueblos.

La explotación de las contradicciones existentes en el campo enemigo es parte constitutiva de la estrategia y la táctica revolucionarias. Iósif Stalin consideraba la utilización de las contradicciones y los conflictos existentes en las filas de los enemigos de la clase obrera, en el interior del país o entre los Estados imperialistas en la arena internacional, como reserva indirecta de la revolución proletaria. Es un hecho histórico conocido que el Estado socialista soviético, bajo la dirección de Lenin y Stalin, en el periodo posterior a la Revolución de Octubre de 1917, o durante la Segunda Guerra Mundial, supo tener en cuenta y aprovechar las contradicciones interimperialistas.

Pero, en cualquier caso, la apreciación y el aprovechamiento de las contradicciones existentes entre los enemigos por parte de las fuerzas revolucionarias y de los países socialistas, son resultado de un análisis marxista-leninista concreto de estas contradicciones y del grado de agravación de las mismas, de la correlación de fuerzas en un periodo o momento dados, para determinar por qué camino, en qué forma, y con qué medios serán explotadas estas contradicciones. Es conforme a los principios que las contradicciones sean siempre aprovechadas en beneficio de la revolución, en beneficio de los pueblos y de su libertad, en beneficio de la causa del socialismo. La utilización de las contradicciones existentes en las filas de los enemigos debe conducir a acrecentar y reforzar el movimiento revolucionario y de liberación, y no a debilitarlo y hacer que flaquee, debe conducir a una movilización cada vez más activa de las fuerzas revolucionarias en la lucha contra los enemigos, y sobre todo contra los principales, impidiendo que los pueblos se forjen ilusiones hacia ellos.

Las dos superpotencias, los Estados Unidos y la Unión Soviética revisionista; tienen como primer punto de su programa aplastar la revolución y el socialismo. Los dirigentes chinos, lejos de hacer hincapié en este hecho, que es expresión de la contradicción irreconciliable entre el socialismo y el capitalismo, en la práctica lo niegan. Naturalmente, a los marxista-leninistas no les está permitido olvidarse de que las superpotencias, pese a que pugnan por la hegemonía, pese a las contradicciones que tienen, no pierden de vista en lo más mínimo su objetivo común de aplastar a los pueblos que exigen la libertad, de sabotear la revolución, lo cual conduce de nuevo a guerras de carácter general o local. Al respecto, los revisionistas chinos siguen manteniendo sus conocidas posiciones de combatir únicamente contra el socialimperialismo soviético que, según ellos, es el más peligroso, el más agresivo y el más belicista. Ponen al imperialismo estadounidense en segundo plano y recalcan que los Estados Unidos «desean el statu quo, que están en decadencia». De ahí que los revisionistas chinos llegan a la conclusión de que puede y debe establecerse una alianza con el imperialismo estadounidense contra el socialimperialismo soviético.

El imperialismo estadounidense en absoluto es débil ni se ha amansado, como pretenden los dirigentes chinos; por el contrario, es agresivo, feroz y poderoso, al igual que el socialimperialismo soviético. El hecho de que el imperialismo estadounidense ya no tenga la posición dominante que tenía en el pasado, no cambia nada. Esta es la dialéctica del desarrollo del capitalismo y confirma la tesis de Lenin de que el imperialismo es capitalismo en declive, en decadencia. Pero es inadmisible que partiendo de esto se llegue a subestimar la actual fuerza económica, militar y agresiva de una u otra superpotencia. Es asimismo inadmisible afirmar que dado que el potencial de los imperialistas se ha debilitado y ha sufrido una decaída real, un imperialismo se ha hecho menos peligroso y el otro más peligroso. Ambas superpotencias imperialistas son peligrosas, porque ninguna de las dos se olvida de combatir contra aquellos que buscan enterrarlas, y los que quieren enterrar a las superpotencias son los pueblos.

Preconizar que sólo se debe luchar contra el socialimperialismo soviético y borrar, de hecho, la lucha contra el imperialismo estadounidense, como hacen los dirigentes chinos, significa no atenerse a las tesis fundamentales del marxismo-leninismo. No cabe la menor duda de que se debe luchar hasta el fin contra el socialimperialismo soviético. Pero no luchar con la misma fuerza contra el imperialismo estadounidense, es inadmisible, es una traición a la revolución. Si se sigue el camino chino, entonces no se tendrá una idea clara de lo que son el imperialismo estadounidense y el socialimperialismo soviético, por qué estas dos superpotencias tienen contradicciones y en qué consisten, dónde reside la pugna que tiene lugar entre ellas y que nosotros debemos profundizar, qué debemos hacer para impedir que estos dos Estados imperialistas desencadenen la guerra mundial, etc.

Si teóricamente comprendemos de manera justa estas cuestiones y si actuamos correctamente sobre la base de la teoría marxista-leninista, entonces aparece de forma clara la necesidad de respaldar y apoyar a los pueblos que luchan contra las dos superpotencias y las camarillas burguesas capitalistas que los dominan. Hoy el mundo capitalista pasa por una grave crisis. Pero esta crisis debe ser juzgada en toda su magnitud, Y las contradicciones existentes en el mundo capitalista asimismo deben ser juzgadas en toda su profundidad.

La lógica pragmática y antimarxista lleva a los revisionistas chinos a presentar a la Unión Soviética como un país que se desarrolla sin contradicciones, como un imperialismo que ejerce su dominio sin preocupaciones sobre los demás países revisionistas como Polonia, Alemania del Este, Hungría, Checoslovaquia, Rumanía y Bulgaria. Ellos presentan el bloque soviético como un bloque en ascenso y la Unión Soviética como el único imperialismo que ha quedado en el mundo y que busca sentar su hegemonía en todas partes.

Si consideramos la hegemonía de la Unión Soviética sobre los países revisionistas de Europa Oriental, vemos que se expresa, en primer lugar, mediante la ocupación militar de estos países por las fuerzas armadas soviéticas, mediante el saqueo inexorable y sin escrúpulos de sus riquezas por parte del socialimperialismo soviético, que incluso se esfuerza por integrarlos completamente en el sistema de las repúblicas soviéticas. Como es natural, la Unión Soviética revisionista encuentra resistencia a sus esfuerzos. Llegará el momento en que esta resistencia y estas contradicciones, que existen en forma latente en el redil revisionista, terminen por agravarse y estallar.

Hemos calificado de agresivo al socialimperialismo soviético porque agredió y ocupó Checoslovaquia, porque ha intervenido en África y otros lugares, porque proyecta llevar a cabo más agresiones y hace preparativos para realizarlas [a finales de diciembre de 1979 los socialimperialistas soviéticos emprendieron la agresión contra Afganistán - Anotación de E. H.]. Pero, ¿acaso el imperialismo estadounidense ha perpetrado menos agresiones o es menos agresivo que el socialimperialismo soviético?

La dirección china ha olvidado la agresión de los Estados Unidos contra Corea, ha olvidado su larga y bárbara guerra contra Vietnam, Camboya y Laos, ha olvidado su guerra en el Oriente Medio, su intervención en las repúblicas de Centroamérica, etc. ¡Ha borrado todo esto de su memoria y pretende que el imperialismo estadounidense se ha amansado! Olvida que el imperialismo estadounidense ha clavado sus garras en todas partes, en todo el mundo, que por doquier ha instalado sus bases militares, que amplia y refuerza. Esto fue olvidado por Mao Zedong y Chou En-lai, y lo olvida la dirección revisionista china, cuando dicen que el imperialismo estadounidense se ha debilitado y amansado, ¡y que por eso es posible aliarse con él! Actuar de esta manera equivale a querer sofocar la lucha contra el imperialismo en general y el imperialismo estadounidense en particular, incluso contra el socialimperialismo soviético, contra el cual China dice llevar a cabo una lucha tan grande.

Es verdad que el socialimperialismo soviético está ávido de expansión. Su intervención en Angola y Etiopía, los esfuerzos que hace por crear bases en el Mediterráneo y en algunos países árabes, por ocupar los estrechos del Mar Rojo o crear bases militares en el Océano Indico, son actos imperialistas declarados. Pero estas posiciones no están consolidadas en la misma medida que lo están las posiciones económicas neocolonialistas, estratégico-militares del imperialismo estadounidense en otros países. Precisamente esta situación es subestimada en apariencia por la dirección china, pero, en realidad, es reconocida y sustentada por ella.

Al mismo tiempo los revisionistas chinos no pueden pasar por alto que los Estados capitalistas de Europa Occidental y el imperialismo estadounidense, pese a las contradicciones que tienen, están estrechamente ligados, están vinculados a través de alianzas políticas, militares y económicas, como la OTAN, el Mercado Común Europeo, etc. Es imposible que la dirección china ignore que el capital estadounidense ha penetrado profundamente en las economías de los países de Europa Occidental y no sólo de ellos, sino también en los de Europa Oriental y la Unión Soviética. La dirección china sabe de sobra que los Estados Unidos han invertido y siguen invirtiendo decenas de miles de millones de dólares en diversos países del mundo. Entonces ¿qué es lo que espera? ¿Acaso espera que los países capitalistas occidentales –con todas las contradicciones que tienen con los Estados Unidos– se aparten de éstos para debilitar su propio campo, para renunciar al potencial militar común, a los lazos económicos, sociales y culturales que les unen a ellos, y, en nombre de los intereses de China, quedarse al descubierto frente al socialimperialismo soviético? Esta es una de las absurdidades de la política exterior china.

Como hemos puntualizado más arriba, no cabe la menor duda de que las contradicciones existentes entre las dos superpotencias y los otros países imperialistas y capitalista-revisionistas deben ser aprovechadas por las fuerzas revolucionarias y de liberación. Es importante que esto sea comprendido correctamente y considerado siempre a través del prisma de los intereses de la revolución y subordinándolo a ellos. El aprovechamiento de las contradicciones existentes entre las potencias y las agrupaciones imperialistas, los Estados capitalista-revisionistas y otros, jamás puede ser un objetivo en sí mismo para la clase obrera y los revolucionarios marxista-leninistas.
Explotar las contradicciones que existen entre los países imperialistas y las dos superpotencias significa profundizar las discrepancias que tienen entre sí, estimular a las fuerzas revolucionarias y patrióticas de estos países a oponerse al imperialismo estadounidense y al socialimperialismo soviético, los cuales buscan someterles económica, política y militarmente, explotarles, negarles su personalidad nacional, etc.


b) La política china predica la «santa alianza» de los países capitalistas occidentales con los Estados Unidos. Predica la alianza del proletariado de los países de Europa Occidental con la burguesía reaccionaria de estos países


Pero, ¿cómo actúa China?

La política china predica la «santa alianza» de los países capitalistas occidentales con los Estados Unidos. Incluso va más lejos. Predica la alianza del proletariado de los países de Europa Occidental con la burguesía reaccionaria de estos países.

¿Dónde está al respecto la línea marxista-leninista revolucionaria?

¿Dónde está la línea a seguir para aprovechar las contradicciones?

¿Es que los dirigentes chinos piensan que con tal política consolidarán este bloque conforme a sus deseos en contra de los soviéticos?

Sueñan con esta utopía, y se trata de un punto de vista metafísico.

Los Estados Unidos, los países capitalistas occidentales y, junto con ellos, también el Japón y Canadá, no son tan necios como piensan los dirigentes chinos, no hacen una política tan ingenua, como la que llevan a cabo los chinos. Por su parte saben aprovechar muy bien las contradicciones que existen entre China y la Unión Soviética. Saben cómo actuar para debilitar la gran potencia agresiva que es la Unión Soviética y hace tiempo que luchan en este sentido, y no podemos decir que no hayan obtenido resultados. Los Estados Unidos y todos los demás Estados capitalistas incitan las contradicciones entre los países revisionistas del Este y el Kremlin.

Ahora China también ha comenzado a aplicar esta vieja política estadounidense. La visita de Hua Kuo-feng a Rumanía y Yugoslavia era una continuación de esta política. Pero la apertura de China a Europa, el que incite las contradicciones y sobre todo sus esfuerzos por crearse un terreno favorable en los Balcanes, todo esto no va en interés de los pueblos y de la revolución. Forma parte de la política china de instigación de la guerra, política que tiene por objetivo que los pueblos de Europa se maten entre sí, convirtiéndose en carne de cañón de la guerra imperialista.

Hace tiempo que el diario soviético «Pravda» viene polemizando, naturalmente sin efecto, con los Estados Unidos, acusándoles de desarrollar el armamento con rapidez y en grandes cantidades. Su preocupación no es criticar este acto de los Estados Unidos, porque los socialimperialistas soviéticos hacen lo mismo. El problema reside en que el aumento del potencial de guerra estadounidense debilita relativamente el poderío militar soviético y obliga a la Unión Soviética a seguir paso a paso a los Estados Unidos para equilibrar su potencial militar y su potencia agresiva. Pero el seguir paso a paso al imperialismo estadounidense en la carrera armamentista, debilita la economía de la Unión Soviética, porque grandes fondos materiales, monetarios y humanos destinados a la economía pasan al ejército. Esto es lo que preocupa a los brezhnevianos.

Pero lo sorprendente es que los revisionistas chinos, a través de su diario «Renmin Ribao», se ponen sin reservas del lado de los estadounidenses, publican artículo tras artículo incitando a los Estados Unidos a no perder la superioridad en la carrera armamentista y a aumentar continuamente su potencial militar. Así pues, según «Renmin Ribao» no son los Estados Unidos los que se arman, sino que sólo lo hace la Unión Soviética. Mejor abogado de los estadounidenses, como lo está siendo la dirección revisionista china, no podría encontrarse en ninguna parte. La burguesía, por lo menos, se esfuerza por ser ponderada en sus críticas y en la interpretación de la realidad, por equilibrar, naturalmente de manera tendenciosa, las situaciones que se desarrollan. Pero nunca se había visto que se actúe como lo hacen los dirigentes chinos.

En su entrevista con Deng Xiaoping, el secretario del Departamento de Estado estadounidense, Vance, le explicó que «los Estados Unidos son militarmente superiores a la Unión Soviética». Pero Deng Xiaoping declaró ante un numeroso grupo de periodistas estadounidenses, de visita en aquellos momentos a China, que «Pekín no da crédito» a la declaración de Vance y que «la Unión Soviética es muy superior a los Estados Unidos». Esto es como decir: «el abogado niega lo que su cliente confiesa».

No se puede admitir la tesis china, presentada como una tesis supuestamente marxista, que pone en tela de juicio que son las dos superpotencias imperialistas, y no sólo una, las que quieren repartirse el mundo, crear nuevas colonias, oprimir a los pueblos, ampliar los mercados.


c) El mismo planteamiento de la cuestión de que un imperialismo es más fuerte y el otro menos fuerte, uno agresivo y el otro manso, no es marxista-leninista


Tal planteamiento de la cuestión refleja un punto de vista reaccionario que lleva a los revisionistas chinos a aliarse con los Estados Unidos, con la OTAN y el Mercado Común Europeo, con el rey de España, con el Shah de Irán, con Pinochet de Chile y con todos los dictadores fascistas. La política china, que no afecta al imperialismo estadounidense, que no vulnera el poder de los bancos y del capital más grande de nuestra época, es una política por completo reformista burguesa, pacifista y extraordinariamente torpe.

Es imposible que los dirigentes chinos no vean que el capital financiero, los trusts, los monopolios estadounidenses no disminuyen en absoluto sus inversiones en el extranjero, no renuncian a sus objetivos de explotación y esclavización, y que, por el contrario, se consolidan y se esfuerzan por cambiar a su favor la correlación de fuerzas existente en el mundo.

Lo mismo hacen los socialimperialistas soviéticos. Su política económica y los grandes trusts existentes en la Unión Soviética tienden igualmente a esquilmar por todos los medios a los satélites de éste y a otros países. Con un nuevo disfraz y con otro nombre, se esfuerzan, asimismo, en cambiar la correlación de fuerzas a su favor, en un principio supuestamente con acuerdos y negociaciones, y llegado el momento, recurriendo también a la fuerza, es decir, a la guerra.

Con sus elucubraciones de que los Estados Unidos «desean el statu quo», que «están en decadencia», que el socialimperialismo soviético es «el más peligroso, el más agresivo, el más belicista», etc., los revisionistas chinos quieren demostrar que los Estados Unidos pueden y deben hacerse aliados de China contra la Unión Soviética. Una prueba de esto es la ampliación de los diversos acuerdos, el apoyo abierto que prestan al aumento de los presupuestos de guerra y al mayor armamento de los Estados Unidos.

Los revisionistas chinos predican que en la situación actual los marxista-leninistas, los revolucionarios y los pueblos pueden hacer compromisos con el imperialismo estadounidense y apoyarse en él. Nuestro partido está en contra de cualquier compromiso con el feroz imperialismo estadounidense, porque esto no corresponde a los intereses de la revolución y de la liberación de los pueblos. Hemos combatido al imperialismo estadounidense, lo combatimos y lo combatiremos hasta su completa destrucción. Asimismo, estamos en lucha contra el socialimperialismo soviético y lo estaremos hasta el fin.

El apoyo que China presta al imperialismo estadounidense no favorece en absoluto a la revolución y a los pueblos, sino a la contrarrevolución. Con su línea política e ideológica reaccionaria, la dirección china deja a los pueblos del mundo a merced de las garras del imperialismo estadounidense. Esta dirección desea que los pueblos permanezcan quietos, que no se levanten, que incluso se unan con el imperialismo estadounidense contra la otra superpotencia, la cual quiere arrebatar a los Estados Unidos las riquezas que han creado con el esfuerzo y el sudor de los pueblos. La dirección china recomienda a los países capitalistas de Europa, agrupados en el Mercado Común Europeo, que se unan. Alinea también a los pueblos en la unión capitalista de Europa. Esta actitud significa: estaos quietos, no habléis más de revolución, no habléis más de dictadura del proletariado, al contrario, poneos al servicio de los trusts, de los capitalistas y, junto con ellos, cread una fuerza económica y militar aún más grande, para hacer frente al socialimperialismo soviético.

El Mercado Común Europeo, que es apoyado y potenciado económicamente por China, no es otra cosa que un medio para que los trusts monopolistas de Europa Occidental conserven el máximo de beneficios y para agrupar a los Estados industriales desarrollados, donde las clases ricas, como dice Lenin, obtienen un tributo colosal procedente de África, Asia, etc. Los dirigentes chinos, al apoyar a estos Estados capitalistas, de hecho apoyan el parasitismo de un puñado de capitalistas a costa de los mismos pueblos de estos países, y de los pueblos de los países en los cuales han clavado sus garras.

La teoría de los «tres mundos» de los revisionistas chinos, con la cual intentan legitimar sus posturas contrarrevolucionarias, no es más que una variante del oportunismo en las filas del movimiento obrero, que ayuda al imperialismo a crear mercados y a obtener ganancias en detrimento de los otros pueblos, con el objetivo de recibir su parte de las migajas que les dejarán los capitalistas.

Es un hecho innegable que la dirección china defiende a las fuerzas y los Estados capitalistas, y no a las fuerzas revolucionarias y al proletariado europeo para que se levanten y destruyan los planes del imperialismo estadounidense, del socialimperialismo soviético, de la «Europa Unida», del Mercado Común Europeo y del Consejo de Ayuda Económica Mutua –CAME–, en una palabra, de todos los puntales del sistema imperialista que, como una hidra, chupa la sangre a los pueblos.

No obstante introducir en el «segundo mundo» a los Estados capitalistas desarrollados, como Alemania Occidental, Inglaterra, Japón, Francia, Italia, etc., la dirección revisionista china no los considera como enemigos de la revolución, independientemente de sus fruslerías teóricas sobre su «doble» carácter. Por el contrario, los chinos han creído oportuno hacerse los ciegos y establecer compromisos abiertos con estos Estados, para servirse de ellos supuestamente contra el socialimperialismo soviético.

La dirección china que está ofuscada por su política pragmática y antimarxista, «olvida» que Estados como Alemania Occidental, Inglaterra, Japón, Francia, Italia y otros similares, siguen siendo imperialistas, que sus tendencias a subyugar y colonizar, que han sido sus características tradicionales, no han desaparecido y no pueden desaparecer. Es cierto que después de la Segunda Guerra Mundial estas potencias imperialista se han debilitado incluso mucho, y que sus posiciones anteriores han cambiado en beneficio del imperialismo estadounidense, sin embargo ni Francia, ni Inglaterra ni otros han renunciado a la lucha por defender sus mercados y conquistar otros en África, Asia y los países de Latinoamérica.

Entre todos estos Estados capitalistas e imperialistas, menos poderosos que el imperialismo estadounidense, existen contradicciones, pero al mismo tiempo existe también la tendencia a entenderse mutuamente.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo estadounidense ayudó a levantarse a sus ex aliados de Europa, y los monopolios estadounidenses se ligaron con los de éstos en un cúmulo de intereses comunes. Pero entre ellos han existido y existen contradicciones en los esfuerzos por tener cada uno las manos libres para acaparar mercados, importar materias primas y exportar sus productos industriales. La realidad internacional ha confirmado, y vuelve a confirmar en este caso, la justeza de la tesis de Lenin sobre las dos tendencias objetivas del capital.

Es cierto, asimismo, que estos Estados capitalistas tienen contradicciones no sólo con el imperialismo estadounidense, sino también con el socialimperialismo soviético. Se plantea el siguiente problema: ¿cómo deben aprovecharse estas contradicciones? Las contradicciones interimperialistas de ninguna manera pueden ser aprovechadas de la forma como predican los revisionistas chinos. Los marxista-leninistas no podemos defender por ejemplo a los diversos reaccionarios en Alemania y a los cabecillas conservadores o laboristas en Inglaterra, en función de que tienen contradicciones con el socialimperialismo soviético. Si hiciéramos esto y secundáramos las prédicas de los chinos de que «los Estados capitalistas de Europa deben unirse al Mercado Común», de que la «Europa Unida» debe fortalecerse para hacer frente al socialimperialismo soviético, significaría que aceptamos que el proletariado de estos países sacrifique su lucha y sus esfuerzos por romper las cadenas de la esclavitud, que se sabotee la perspectiva de la revolución en ellos.


d) Los marxista-leninistas interpretan la tesis de Marx, Engels, Lenin y Stalin sobre las contradicciones y sobre los compromisos en su verdadero espíritu


Los revisionistas chinos, contrayendo compromisos carentes de principios con el imperialismo estadounidense, han traicionado al marxismo-leninismo y a la revolución. Los marxista-leninistas interpretan la tesis de Marx, Engels, Lenin y Stalin sobre las contradicciones y sobre los compromisos en su verdadero espíritu. Los chinos interpretan esta tesis de una manera diametralmente opuesta a la verdad.

Nuestro partido, siguiendo el camino leninista, no está en contra de todo compromiso, sino que está en contra de los compromisos traidores. Cuando el compromiso es necesario y sirve a los intereses de la clase y de la revolución, entonces es posible concluirlo, pero teniendo siempre presente que no afecte a la estrategia, la fidelidad a los principios del marxismo-leninismo, que no afecte a los intereses de la clase y de la revolución. Respecto a la actitud hacia los compromisos, Lenin, entre otras cosas, dice:

«¿Puede un partidario de la revolución proletaria concertar compromisos con los capitalistas o con la clase capitalista? (...) En verdad, sería un evidente absurdo responder negativamente en general a esta cuestión. Es claro que un partidario de la revolución proletaria puede concertar compromisos o acuerdos con los capitalistas. Todo depende de qué acuerdos y en qué circunstancias se concierten. En esto y sólo en esto se puede y debe buscar la diferencia entre el acuerdo legítimo, desde el punto de vista de la revolución proletaria, y el acuerdo entreguista y traidor –desde el mismo punto de vista–». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre los compromisos, 1920)

Y más abajo Lenin continúa:

«La conclusión es evidente: tan absurdo es renunciar a todo acuerdo o compromiso con los bandidos, como justificar la complicidad en un acto de bandidaje partiendo de la tesis abstracta de que, en general, son admisibles y necesarios a veces los acuerdos con los bandidos». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre los compromisos, 1920)

Asimismo Lenin ha dicho:

«El deber de un partido auténticamente revolucionario no consiste en proclamar una renuncia imposible de todo compromiso, sino en saber cumplir, pese a todos los compromisos, puesto que son inevitables, fielmente con sus principios, su clase, su misión revolucionaria, su obra de preparar la revolución y de educar a las masas populares para triunfar en la revolución». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Acerca de los compromisos, 13 de septiembre de 1917)

Los compromisos están permitidos sólo cuando se parte de estas enseñanzas de Lenin. Pero ¿cómo puede estar en interés del socialismo y de la revolución mundial un compromiso con el imperialismo estadounidense o con el socialimperialismo soviético, cuando es sabido que estas dos superpotencias son los más feroces enemigos de los pueblos y de la revolución? Este compromiso no sólo no es necesario, sino que, por el contrario, es peligroso para los intereses de la revolución. Concertar compromisos o violar los principios en estos problemas de tanta importancia, significa traicionar al marxismo-leninismo.

Si Mao Zedong y los demás dirigentes chinos han hablado y hablan mucho «teóricamente» de las contradicciones, entonces deben hablar no sólo de aprovechar las contradicciones interimperialistas y los compromisos con los imperialistas, sino, en primer lugar, de las contradicciones que están en los cimientos de la época actual, de las contradicciones entre el proletariado y la burguesía, de las contradicciones que tienen los pueblos y los países oprimidos con las dos superpotencias y todo el imperialismo mundial, de las contradicciones entre el socialismo y el capitalismo. Pero de estas contradicciones, que existen objetivamente y que no pueden ser ocultadas, los dirigentes chinos no dicen nada. Hablan sólo de una contradicción que, según ellos, es la existente entre el mundo entero y el socialimperialismo soviético, queriendo justificar con esto sus compromisos sin principio con el imperialismo estadounidense y todo el capitalismo mundial.

El análisis de clase marxista-leninista y los hechos demuestran que la existencia de las contradicciones y las discrepancias entre las potencias y las agrupaciones imperialistas no elimina en absoluto ni relega a segundo plano las contradicciones entre el trabajo y el capital en los países capitalistas e imperialistas o las contradicciones entre los pueblos oprimidos y sus opresores imperialistas. Precisamente las contradicciones entre el proletariado y la burguesía, entre los pueblos oprimidos y el imperialismo, entre el socialismo y el capitalismo son las más profundas, son constantes, irreductibles. De ahí que el aprovechamiento de las contradicciones interimperialistas o entre los Estados capitalistas y revisionistas sólo tenga sentido cuando sirve para crear las condiciones lo más favorables posible para el poderoso desarrollo del movimiento revolucionario y de liberación contra la burguesía, el imperialismo y la reacción. Por eso, estas contradicciones deben ser explotadas sin crear ilusiones en el proletariado y los pueblos acerca del imperialismo y la burguesía. Es indispensable esclarecer las enseñanzas de Lenin a los trabajadores y a los pueblos, hacerles conscientes de que sólo una actitud intransigente hacia los opresores y los explotadores, de que sólo la lucha resuelta contra el imperialismo y la burguesía, de que sólo la revolución, les asegurará la verdadera liberación social y nacional.

La explotación de las contradicciones entre los enemigos no puede constituir la tarea fundamental de la revolución ni puede ser contrapuesta a la lucha por derrocar a la burguesía, a la dictadura reaccionaria fascista y a los opresores imperialistas.

La actitud de los marxista-leninistas en esta cuestión es clara. Ellos se dirigen a los pueblos, al proletariado, llaman a las masas a que se pongan en pie para destruir los planes hegemonistas, opresores, agresivos y belicistas de los imperialistas estadounidenses y de los socialimperialistas soviéticos, para derrocar a la burguesía reaccionaria y su dictadura, tanto en el Oeste como en el Este.

Nuestro Estado socialista, por su parte, ha aprovechado, y lo sigue haciendo, las contradicciones que existen en el campo adversario. Al explotarlas, nuestro partido parte de la justa valoración del carácter de las contradicciones que existen entre el país socialista y los países imperialistas y burgués-revisionistas, de la justa valoración de las contradicciones interimperialistas.

El marxismo-leninismo nos enseña que las contradicciones entre el país socialista y los países capitalistas y revisionistas, en tanto que expresión de las contradicciones entre dos clases con intereses diametralmente opuestos, la clase obrera y la burguesía, son permanentes, radicales, irreconciliables. Atraviesan como un hilo rojo toda la época histórica de la transición del capitalismo al socialismo a escala mundial. Mientras que las contradicciones entre las potencias imperialistas son expresión de las contradicciones en el seno de los explotadores, de las clases con intereses fundamentales comunes. Por eso, por agudas que sean las contradicciones y los conflictos entre las potencias imperialistas, el peligro real de los actos agresivos del imperialismo mundial o de sus diversos destacamentos contra el país socialista sigue siendo permanente y es siempre actual. La división entre los imperialistas, las riñas y los conflictos interimperialistas pueden, a lo sumo, debilitar y postergar temporalmente el peligro de las acciones del imperialismo contra el país socialista, por eso va en interés de éste el aprovechar estas contradicciones que hay en las filas de los enemigos, aunque no conjuren este peligro. Esto ha sido acentuado con energía por Lenin al decir que:

«Es inconcebible pensar que la República Soviética pueda existir durante mucho tiempo al lado de los Estados imperialistas. En último término tendrá que triunfar una de las dos partes. Y mientras ese desenlace no se produzca serán inevitables una serie de choques terribles entre la República Soviética y los Estados burgueses». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informe en el VIIIº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de toda Rusia, 1919)

Estas enseñanzas de Lenin conservan toda su actualidad. Han sido confirmadas perfectamente por una serie de acontecimientos históricos, como la agresión fascista contra la Unión Soviética en los años de la Segunda Guerra Mundial, la agresión del imperialismo estadounidense en Corea y posteriormente en Vietnam, la actividad hostil y los diversos complots imperialistas y socialimperialistas contra Albania, etc. Por eso, nuestro partido ha puntualizado y puntualiza que toda subestimación de las contradicciones del Estado socialista con las potencias imperialistas y los países capitalista-revisionistas, que toda subestimación del peligro de los actos agresivos de estos últimos contra Albania socialista, que todo relajamiento de la vigilancia, como consecuencia de la idea de que las contradicciones entre las propias potencias imperialistas son muy agudas, y que, por esta razón, no pueden emprender tales actos contra nuestra Patria, entrañaría consecuencias extremadamente peligrosas.

El Partido del Trabajo de Albania parte asimismo del hecho de que sólo las fuerzas revolucionarias, libertadoras, amantes de la libertad y del progreso, pueden ser aliados verdaderos y seguros de nuestro país en tanto que país socialista. Nuestro país tiene relaciones estatales con diversos países del mundo burgués-revisionista, aprovecha las contradicciones entre los países imperialistas, capitalistas y revisionistas y, al mismo tiempo, respalda poderosamente la lucha revolucionaria y de liberación de la clase obrera, de las masas trabajadoras y de los pueblos de cualquier país en que se desarrolla una lucha de este tipo, considerando este respaldo como su alta tarea internacionalista. El Partido del Trabajo de Albania se ha atenido y se atiene consecuentemente a este punto de vista, y también en su VIIº Congreso de 1976 recalcó que apoyará al proletariado y a los pueblos, a los partidos marxista-leninistas, a los revolucionarios y a los hombres progresistas, que luchan contra las superpotencias, contra la burguesía capitalista y revisionista y la reacción mundial por la liberación social y nacional.

En otro tiempo el Partido Comunista de China en relación con las contradicciones ha citado también conocidos principios y tesis marxista-leninistas. Así por ejemplo, los chinos, en el conocido documento titulado: «Proposición acerca de la línea general del movimiento comunista internacional» publicado por el Comité Central del Partido Comunista de China en 1963, escribían: «Los compromisos necesarios entre los países socialistas y los países imperialistas no exigen que los pueblos y las naciones oprimidas contraigan, a su vez, compromisos con el imperialismo y sus instrumentos». Y agregaban: «Nadie debe exigir, en ninguna circunstancia, so pretexto de la coexistencia pacífica, que los pueblos y naciones oprimidos renuncien a su lucha revolucionaria». La dirección china hablaba así en aquel entonces, porque en esa época era la dirección jruschovista la que exigía a los pueblos y a los partidos comunistas que admitiesen que el imperialismo estadounidense y sus cabecillas se habían vuelto pacíficos y se sometiesen a la política soviética de acercamiento al imperialismo estadounidense. Ahora es la dirección del Partido Comunista de China la que predica a los pueblos, a los revolucionarios, a los partidos marxista-leninistas y a todo el proletariado mundial que se alíen con los países imperialistas o capitalistas, que se unan con la burguesía y con todos los reaccionarios contra el socialimperialismo soviético. Y los chinos no expresan estas ideas con frases disimuladas, sino abiertamente. Estos bandazos y virajes de 180 grados no tienen nada en común con la política de principios marxista-leninista, son rasgos de la política pragmática que siguen todos los revisionistas, los cuales subordinan los principios a sus intereses burgueses e imperialistas.

Los dirigentes chinos y todos los partidarios de la teoría de los «tres mundos», para justificar sus compromisos sin principio con el imperialismo estadounidense y la burguesía internacional, especulan, tergiversando la verdad histórica, con el pacto de no agresión soviético-alemán de 1939, así como con la alianza anglo-soviético-estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial.

El pacto soviético-alemán de no agresión era una manera hábil de aprovechar las contradicciones interimperialistas por parte de Iósif Stalin. En esa época la agresión hitleriana contra la Unión Soviética era inminente. Era el periodo en que la Alemania nazi había invadido Austria y Checoslovaquia, y la Italia fascista Albania, en que se había realizado los Acuerdos de Múnich de 1938 y la máquina de guerra alemana avanzaba velozmente hacia el Este. La Unión Soviética concluyó con Alemania no una alianza sino un pacto de no agresión, después de que las potencias occidentales se negaran a responder al llamamiento de Stalin a actuar conjuntamente con el Estado soviético para frenar a los agresores nazifascistas, y cuando se vio claramente que estas potencias azuzaban a Hitler contra el país de los soviets. El pacto soviético-alemán de 1939 frustró estos planes y dio tiempo a que la Unión Soviética se preparase aún más en adelante para enfrentar la agresión nazi.

En lo referente a la alianza anglo-soviético-estadounidense, es sabido que fue concluida cuando la Alemania hitleriana, después que había ocupado Francia y estaba en guerra con Inglaterra, desencadenó su feroz agresión contra la Unión Soviética, cuando la lucha contra las potencias del Eje adquirió un claro y acentuado carácter antifascista y libertador. Hay que recalcar que en aquel tiempo, Iósif Stalin y la Unión Soviética nunca y en ningún caso preconizaron y llamaron al proletariado y a los partidos comunistas a que desistieran de la revolución y se unieran con la burguesía reaccionaria. Incluso cuando Earl Browder renunció a la lucha de clases y predicaba la conciliación de clases, porque supuestamente así lo exigían los intereses de la alianza anglo-soviético-estadounidense, fue estigmatizado por Stalin y el movimiento comunista como revisionista y renegado de la revolución [véase la obra de Enver Hoxha: «Eurocomunismo es anticomunismo» de 1980 - Anotación de E. H.].

Como se ve, nada justifica los compromisos y las alianzas sin principio de los chinos con el imperialismo estadounidense y con las diversas fuerzas reaccionarias. La analogía histórica que quieren hacer los revisionistas chinos es infundada.

Los dirigentes chinos en su propaganda intentan hacer creer que pretendidamente nosotros, los albaneses, somos adversarios de todo compromiso y que no luchamos por aprovechar debidamente las contradicciones. Como es natural, ellos saben que nuestra actitud respecto a estas cuestiones está en las posiciones del marxismo-leninismo, sin embargo siguen haciendo propaganda en esta línea errada para disimular su alejamiento de la teoría científica marxista-leninista y del camino de la revolución. Actúan así para denigrar la política y las actitudes justas del partido y del Estado proletarios. Sus acusaciones no tienen base de sustentación, pero refirámonos a los hechos.

Nuestro partido, en todo momento, ha defendido y defenderá enérgicamente y hasta el fin la justa causa de los pueblos árabes, sin excepción. Sostenemos la lucha del pueblo palestino contra Israel, que desde hace tiempo se ha convertido en un instrumento ciego, en un gendarme del imperialismo estadounidense en el Oriente Medio. Se le ha asignado la misión de proteger los ricos yacimientos de petróleo árabes en favor de las grandes compañías monopolistas de los Estados Unidos y conservar el statu quo, como dicen los revisionistas chinos.

Independientemente de que antes el presidente Anwar el-Sadat  y su gobierno estuviesen en alianza con la Unión Soviética, hemos sostenido la lucha del pueblo de Egipto por recuperar los territorios ocupados por Israel, pero hemos desenmascarado los designios de la Unión Soviética hacia Egipto y, en general, sus artimañas en el Oriente Medio. En ningún momento hemos permanecido callados ante los fines colonizadores de la Unión Soviética con respecto a Egipto. Lo mismo hemos hecho respaldando con igual consecuencia al pueblo egipcio en su lucha contra el imperialismo estadounidense e Israel.

Sosteniendo los intereses del pueblo egipcio y de los otros pueblos árabes, nuestro partido y nuestro pueblo desenmascaran también las maniobras que realiza actualmente el imperialismo estadounidense junto con Israel. No podemos aprobar ningún camino, ninguna línea que lleve a un compromiso con el Israel agresor, so pretexto de que esto se hace en favor del pueblo egipcio.

En cambio, la dirección china no desenmascara al imperialismo estadounidense, aplaude los acuerdos israelí-egipcios e impele a los pueblos árabes a pactar, a contraer compromisos con el imperialismo estadounidense e Israel, que están entre sus principales enemigos. Esta actitud no es marxista-leninista, este compromiso a lo chino no va en interés de los pueblos. Es absolutamente inadmisible la absurdidad china de que, precipitándose de un imperialismo a otro imperialismo, «se actúa en interés de la libertad de los pueblos». Estas maniobras e intrigas típicamente burguesas no pueden ser consideradas como actos marxista-leninistas que ayudan a profundizar las contradicciones entre las dos superpotencias imperialistas.

El partido y el pueblo albanés se oponen a las guerras imperialistas de rapiña y están decididamente al lado de las justas luchas de liberación nacional, que están y deben ir en todo momento en beneficio de los pueblos, en favor de la revolución. Ellos no están en contra de respaldar incluso a un Estado burgués, cuando ven que sus gobernantes son progresistas y combaten por los intereses de la liberación de su pueblo de la hegemonía imperialista. Pero nuestro país no puede hacer causa común o concertar compromisos, como los llaman los revisionistas chinos, con un Estado dominado por una camarilla reaccionaria, que en interés de su propia clase y en detrimento de los intereses del pueblo, se alía con una u otra superpotencia.

Albania socialista, asimismo, no está en contra de tener relaciones diplomáticas normales con los Estados del «tercer mundo» o del «segundo mundo». Está en contra de tales relaciones únicamente con las dos superpotencias y con los Estados fascistas. Pero también las relaciones diplomáticas, al igual que las relaciones comerciales, culturales, etc., las desarrollamos de conformidad con los principios, velando, en primer lugar, por los intereses de nuestro país y de la revolución, contra los cuales no hemos marchado ni jamás marcharemos.

Los marxista-leninistas que hemos llegado al poder, debemos establecer relaciones diplomáticas también con los Estados burgués-capitalistas, porque en esto estamos interesados tanto nosotros como ellos. Estos intereses son recíprocos.

Los marxista-leninistas siempre deben tener presentes los principios. No pueden pisotearlos en virtud de las coyunturas que se crean en uno u otro período. No hay que perder de vista que en los países dominados por las altas capas de la burguesía, éstas están en lucha permanente con el pueblo, con el proletariado y el campesinado pobre, con la pequeña burguesía urbana. Por eso, tanto en el caso en que el país socialista mantiene relaciones estatales con los países burgueses, como cuando no las tiene, debe dar a comprender a los pueblos que defiende su lucha, que no aprueba los actos reaccionarios y antipopulares de aquellos que los dominan.

Los marxista-leninistas debemos conocer y tener en cuenta no sólo las contradicciones que existen entre las clases oprimidas y sus opresores, sino también las contradicciones que surgen entre Estados, es decir, entre los gobiernos de dichos países con el imperialismo estadounidense, con el socialimperialismo soviético, con los otros países capitalistas, etc. Siempre debemos hacer una política tal que no nos lleve a defender un gobierno reaccionario que, en función de sus propios intereses y de la clase que detenta el poder, rompe momentáneamente con el imperialismo estadounidense para caer en el regazo de otro imperialismo, como por ejemplo, en el del imperialismo inglés, soviético, etc. Debemos aprovechar las contradicciones entre ellos teniendo en cuenta que nuestra actitud contribuya a reforzar la lucha del proletariado y de las masas oprimidas de ese país contra su gobierno reaccionario. Si entre el gobierno capitalista reaccionario y opresor de un país del «segundo mundo» o del «tercer mundo» y el gobierno de un país del «primer mundo», según la división que hacen los revisionistas chinos, han surgido contradicciones, no se puede decir que estas contradicciones estén siempre a favor de la liberación del pueblo de dicho país del yugo del capital, del yugo de la burguesía reaccionaria que impera en él. Aquí estamos principalmente ante intereses de clase, ante intereses de gobiernos burgueses que representan a las clases explotadoras, ante la cuestión de quién es el mejor postor, de quién defiende mejor su permanencia en el poder y de quién busca destronar a los otros para reemplazarlos por su propia gente.

Cuando se trata de la lucha del proletariado, no debe confundirse la actitud hacia la burguesía con las relaciones diplomáticas, comerciales, culturales y científicas entre el país socialista y los Estados de diferente sistema social. Estas relaciones interestatales deben existir y desarrollarse, pero al establecerlas el país socialista debe tener objetivos claros. La vida ideológica, política, moral, material del país socialista debe ser un ejemplo para los pueblos de los Estados con los cuales tiene relaciones, de modo que a través de estas relaciones, los pueblos de los Estados no socialistas vean los beneficios y las ventajas que aporta el sistema socialista. Seguir o no el camino socialista, naturalmente, es asunto de su incumbencia, pero el deber del país socialista es dar buen ejemplo.

Los dirigentes chinos no sólo no tienen claros todos estos problemas políticos, teóricos y organizativos y no desean esclarecerlos, sino que deliberadamente los enturbian aún más porque, como dice Mao Zedong, hay que enturbiar para esclarecer. Esta tesis no es justa. Por el contrario, debemos esclarecer y persuadir para hacer la revolución, porque la falta de claridad existe. Si se trata de enturbiar, entonces que se enturbie aún más al imperialismo que está en agonía, pero no debe ayudársele y ponerle muletas para prolongar sus días. Acortemos la vida del capitalismo para que los pueblos y el proletariado se liberen, para que se aproxime la perspectiva del socialismo y el comunismo. Este es nuestro camino revolucionario, el camino del marxismo-leninismo. No existe otro camino.

En el pasado, los dirigentes chinos utilizaban la expresión «lucha medida por medida» contra el imperialismo estadounidense, pero esta fórmula no la han aplicado ni mucho menos la aplican hoy. No llevan a cabo una lucha medida por medida porque se acercan al imperialismo estadounidense, porque se han aliado con los Estados Unidos.

Las relaciones diplomáticas, comerciales y culturales de China con los Estados imperialistas y los demás Estados del mundo están fundadas sobre bases capitalistas. Estos lazos tienen por objetivo reforzar las posiciones económicas y militares de China mediante las ayudas que busca obtener de los Estados imperialistas poderosos, para así poder competir también ella con las otras dos superpotencias. La propaganda que hace China por la radio y otros medios apunta a crear en el mundo la impresión de que China no sólo es un Estado grande, poderoso y con una cultura antigua, sino que además la actual política china es progresista, e incluso marxista-leninista. Pero esta actividad de los revisionistas chinos no sirve ni puede servir en absoluto como un ejemplo a seguir por los pueblos del mundo en su lucha por destruir el poder capitalista e imperialista.


La concepción china sobre la unidad del «tercer mundo» es reaccionaria


La dirección china busca la unión de todos los países del «tercer mundo», países heterogéneos desde cualquier punto de vista que se los mire: desde el punto de vista del desarrollo económico, social y cultural, del tiempo que ha requerido y del camino que ha recorrido cada uno para conquistar el grado de libertad e independencia de que goza hoy, etc.

Pero ¿cómo imagina esta unión que preconiza? La dirección china no la concibe en la vía marxista-leninista y en interés de la revolución y la liberación de los pueblos. La concibe desde el punto de vista burgués, es decir, como una unión realizada a través de tratados y acuerdos, que atan y desatan los gobernantes de estos países, los cuales hoy están ligados con una potencia imperialista, pero que mañana rompen los acuerdos establecidos para vincularse a otra.

La dirección revisionista china olvida que la unidad de estos Estados nacionales sólo se puede asegurar gracias a la lucha del proletariado y de las masas trabajadoras de cada país concreto, en primer lugar contra el imperialismo del exterior que ha penetrado en ese país, pero también contra el capitalismo y la reacción del interior. Únicamente sobre esta base se puede lograr la unión de estos países, sólo sobre esta base se puede constituir el frente único contra el imperialismo extranjero, así como contra los reyes, la burguesía reaccionaria, los feudales y los dictadores nativos.

En el capitalismo la unión es realizada sólo por arriba, en la cumbre, para salvaguardar las conquistas de la burguesía y defenderse de la revolución. Mientras que la verdadera unión, la unión popular, puede ser conseguida principalmente por abajo, teniendo al proletariado al frente.

Naturalmente no debe ser desechada la táctica de que puede valerse el proletariado de un país del llamado «tercer mundo» o el proletariado de todos estos países para unirse con otras fuerzas políticas contra el imperialismo. Tampoco puede descuidarse la unidad de las fuerzas revolucionarias con la dirección burguesa de un país, cuando, en un momento dado, se crea una contradicción profunda con un imperialismo extranjero o con una dirección reaccionaria de uno de los países del «tercer mundo».

Todas estas eventualidades y posibilidades deben ser estudiadas y aprovechadas por las fuerzas revolucionarias. Por esta razón Lenin dice que la ayuda del país socialista y del proletariado internacional debe ser diferenciada y condicionada.

Pero los dirigentes chinos predican precisamente una alianza incondicional entre los gobiernos reaccionarios, para supuestamente hacer frente al imperialismo. Y cuando hablan contra el imperialismo, no tienen en cuenta el imperialismo en general, sino sólo el socialimperialismo soviético.

El debilitamiento del imperialismo y del capitalismo es hoy la tendencia principal de la historia mundial. Los esfuerzos de los diversos Estados por liberarse de la influencia del imperialismo constituyen otra tendencia que conduce al debilitamiento del mismo. Pero esta segunda tendencia, a la que la dirección revisionista china da, de manera incondicional, un carácter absoluto, sin hacer ninguna diferenciación entre los países, sin estudiar las situaciones generales y particulares, no conduce al camino justo de unir a los pueblos en la lucha por liberarse de la injerencia y la dominación imperialistas. Tampoco puede conducir a un camino correcto el punto de vista de los revisionistas chinos que considera Europa como un continente con países del «segundo mundo», a los cuales alía con el «tercer mundo». Esta agrupación de Estados capitalistas jamás puede estar por el debilitamiento general del capitalismo mundial. Decir que tal cosa puede lograrse a través de la ayuda y la colaboración de la burguesía aristocrática de Inglaterra, de la burguesía revanchista de Alemania Occidental, de la astuta burguesía francesa y de otros grandes grupos capitalistas, es una ingenuidad lamentable.

Los sostenedores de la teoría de los «tres mundos» pueden pretender que, preconizando la unión de dichos países capitalistas, tienden a debilitar al imperialismo. Pero ¿a cuál de los imperialismos debilitará esta unión? ¿Al imperialismo con el que la teoría de los «tres mundos» llama a crear un frente único contra el socialimperialismo? ¿Al imperialismo con el cual los países capitalistas de Europa, pese a tener también contradicciones con él, están aliados? Está claro que la prédica llamando a reforzar esta agrupación de Estados, es una prédica tendente a consolidar las posiciones del imperialismo estadounidense, a fortalecer las posiciones de los Estados capitalistas de Europa Occidental.

Por otra parte, cuando la dirección china habla de crear una alianza de los Estados del «segundo mundo» con los Estados del llamado «tercer mundo», sobreentiende la alianza entre los círculos dominantes de dichos países. Pero pretender que estas alianzas contribuirán a liberar a los pueblos, es un punto de vista idealista, metafísico, antimarxista. Por lo tanto, engañar con tales teorías revisionistas a las amplias masas de los pueblos que reivindican la liberación, es un crimen contra los pueblos y la revolución.

El Partido Comunista de China opina que el imperialismo no sabe, no ve, no comprende y no aprovecha las contradicciones que existen entre los países que acaban de sacudirse el yugo del colonialismo y han caído bajo el yugo del neocolonialismo. Los hechos demuestran que estas contradicciones son explotadas por el imperialismo a diario y constantemente en beneficio propio. Este incita y empuja a dichos países y a sus pueblos a luchar el uno contra el otro, a escindirse, a reñir entre sí, de modo que no alcancen la unidad, aunque sea en algunos problemas particulares.

También el imperialismo lucha a vida o muerte, se esfuerza por prolongar sus días y, cuando ve que no puede lograr esto con los métodos corrientes, entonces desencadena guerras y agresiones abiertas para reconquistar su supremacía y su hegemonía.

Los dirigentes chinos anhelan unir a los países del «tercer mundo» no sólo entre sí, sino también con los Estados Unidos, contra el socialimperialismo soviético. En otras palabras, los revisionistas chinos dicen sin tapujos a los pueblos del «tercer mundo» que su enemigo principal es el socialimperialismo soviético y por eso actualmente no deben levantarse ni contra el imperialismo estadounidense ni contra su aliada, la burguesía reaccionaria, que impera en sus países. Según la «teoría» china, los Estados del «tercer mundo» deben luchar, no por consolidar su libertad, su independencia y su soberanía, ni por la revolución, que acaba con la dominación de la burguesía, sino por mantener el statu qua. Es comprensible que los revisionistas chinos, al predicar el acuerdo con los Estados Unidos, en oposición a los intereses de la revolución y de la causa de la liberación nacional, empujan a estos Estados a un compromiso de traición.

Los partidos verdaderamente marxista-leninistas tienen como tarea internacionalista estimular al proletariado y a los pueblos de todos estos países e inspirarles para que hagan la revolución, se levanten contra la opresión y la servidumbre externas e internas bajo cualquier forma que se presenten. Nuestro partido opina que sólo así pueden crearse las condiciones para que los pueblos combatan tanto al imperialismo como al socialimperialismo, con los cuales la burguesía capitalista de la mayoría de estos países del «tercer mundo» está unida de las más diversas formas.

Pero ¿qué hace China? China defiende a Mobutu y a su camarilla en el Zaire. Con su propaganda intenta crear la impresión de que está defendiendo al pueblo de este país frente a la invasión de mercenarios urdida por la Unión Soviética, pero en realidad protege al régimen reaccionario de Mobutu. La camarilla de Mobutu es una agencia al servicio del imperialismo estadounidense. Con su propaganda y su postura «pro Zaire», China defiende la alianza de Mobutu con el imperialismo estadounidense, con el neocolonialismo y lucha para que en este país no se modifique el statu quo establecido. El deber de los verdaderos revolucionarios no es defender a los gobernantes reaccionarios, instrumentos de los imperialistas, sino trabajar para alentar al pueblo del Zaire a que luche por su libertad y soberanía contra Mobutu, el capital local y el imperialismo estadounidense, francés, belga, etc.

Del mismo modo que estamos contra Mobutu en el Zaire, estamos contra Neto o sus acólitos en Angola, porque la Unión Soviética hace con Neto en Angola exactamente lo mismo que los Estados Unidos con Mobutu en el Zaire. Examinando la evolución de la situación en estos dos Estados mencionados, se observa claramente cómo en ellos se desarrolla la rivalidad entre las superpotencias por el reparto colonial, por la distribución de los mercados. Nosotros no defendemos ni a Neto, ni a la Unión Soviética, pero, al combatirlos, no podemos apoyar al imperialismo estadounidense y a sus mercenarios, enemigos del pueblo angoleño. En toda situación, en toda circunstancia y en todo momento debemos respaldar a los pueblos revolucionarios y, en el caso del Zaire y Angola, debemos apoyar únicamente a los pueblos de estos dos países para que se sacudan el yugo que están imponiéndoles las superpotencias.

¿Qué debe recomendarse a los revolucionarios del Zaire? ¿Establecer compromisos con Mobutu, como recomiendan los revisionistas chinos, para que el pueblo de este país sea oprimido aún más por el imperialismo? No, los marxista-leninistas no pueden recomendar este tipo de compromisos al pueblo del Zaire ni a ningún otro pueblo.

Tomemos como ejemplo la política de China en Pakistán. El Pakistán de los Khan, donde siempre han imperado la burguesía rica y los grandes latifundistas, ha sido supuestamente aliado de China. La ayuda de China a este país no ha tenido un sentido revolucionario. Ha ayudado a reforzar a la burguesía reaccionaria y latifundista de Pakistán, la cual oprime ferozmente al pueblo de este país, del mismo modo que las camarillas de Nehru, Gandhi y los demás magnates reaccionarios oprimen al pueblo hindú. El gobierno de Zulfikar Ali Bhutto era igual. Primero se produjo la separación de Pakistán Oriental del Occidental. La India supo aprovechar las grandes contradicciones que existían entre el pueblo de Pakistán Oriental y la burguesía reaccionaria que dominaba Pakistán Occidental. Fomentó estas contradicciones hasta llevar al pueblo de Pakistán Oriental a una insurrección contra el Pakistán de Ali Bhutto. En aquel entonces se formó en Pakistán Oriental, que tomó el nombre de Bangladés, el gobierno de Mujibur Rahman, que pretendidamente luchaba por la democracia y por los intereses del pueblo. Pero un buen día Mujibur Rahman fue asesinado por elementos estrechamente ligados al imperialismo estadounidense. Ahora Ali Bhutto también ha sido derrocado.

Así el amigo y aliado de China, el latifundista y el hombre más rico de Pakistán, ha sido derribado por otros reaccionarios a través de un golpe de Estado.

Pero, ¿qué es esta oposición que llegó al poder y quiénes son los que la integran? También se trata de una fuerza reaccionaria, integrada por militares, capitalistas y grandes terratenientes. Movidos por sus intereses de clase y por los lazos que asimismo mantienen con los Estados Unidos, con la Unión Soviética o con China, buscan mantener firmemente en sus manos el poder reaccionario. En estas condiciones hablar al pueblo de Pakistán de alianza estrecha con tal o cual fuerza política burguesa, y de respaldo a una de esas fuerzas, a fin de que substituya una camarilla dominante por otra, como hacen los dirigentes chinos, no es indicarle el camino justo de la revolución. El camino correcto consiste en pedir al pueblo que, entre los dos fuegos, el de Ali Bhutto y el de sus adversarios, encienda el poderoso fuego revolucionario que sofoque a los dos primeros, derribe a las dos camarillas que existen en Pakistán, y que son harina del mismo costal. En esta lucha en dos flancos el propio pueblo pakistaní debe saber aprovechar las contradicciones.

Lo mismo podemos decir de muchos países del llamado «tercer mundo» o «mundo no alineado».

Por lo tanto, la dirección china es desafortunada no sólo en las alianzas y en la amistad con los marxista-leninistas, sino también en las alianzas con los Estados burgués-capitalistas. Pero, ¿por qué es desafortunada? Es desafortunada porque su política no es marxista-leninista, porque sus análisis y las deducciones que saca de ellos, son erróneos. En estas condiciones, ¿acaso los pueblos del «tercer mundo» pueden confiar en China, cuya intención es poner estos países bajo su férula?

Sólo la dictadura del proletariado, sólo la ideología marxista-leninista, sólo el socialismo crean el cariño sincero, la amistad estrecha y la unidad de acero entre los pueblos, eliminando todo lo que los separa y divide. Para crear la unidad y la amistad entre los pueblos, para zanjar los problemas siguiendo el camino mejor y más adecuado a sus intereses, de ninguna manera debe ayudarse ni hacerse concesiones a burgueses degenerados como Mobutu, Bhutto, Gandhi y otros, en nombre de establecer un supuesto equilibrio político, que es una expresión de la teoría anticientífica, antipopular y oportunista del «equilibrio», la cual sirve para mantener el statu quo y la esclavitud.

Los marxista-leninistas luchamos contra el neocolonialismo, contra la burguesía capitalista opresora de cada país, es decir, contra los que oprimen a los pueblos. Esta lucha puede ser realizada si los verdaderos partidos comunistas inspiran, organizan y dirigen al proletariado y a las masas trabajadoras. El partido cumple con éxito su papel de dirección del proletariado y de las masas cuando su inspiración es marxista-leninista revolucionaria y no una inspiración equívoca a base de cien significados o de cien banderas. El partido marxista-leninista del país verdaderamente socialista no actúa partiendo únicamente de los intereses de su propio Estado, sino que, además, siempre tiene en cuenta el interés de la revolución mundial.


La teoría china del «tercer mundo» y la teoría yugoslava del «mundo no alineado» sabotean la lucha revolucionaria de los pueblos


Todos los renegados del marxismo-leninismo, los revisionistas modernos, soviéticos, titoistas, chinos, etc., hacen lo imposible para combatir al marxismo-leninismo, la teoría victoriosa del proletariado. La denuncia que hizo nuestro partido de la teoría de los «tres mundos», ha puesto en una situación difícil a los revisionistas chinos; debido a que no están en condiciones de responder teóricamente a nuestra oposición y desenmascaramiento, no porque nos teman, sino porque lo que temen es su falta de argumentos.

Mao Zedong y Deng Xiaoping, que han enunciado o han hecho suya la noción «tercer mundo», no han intentado, a propósito, y además son incapaces de ello, argumentada de manera teórica. Y ¿por qué no lo han hecho? Esta «negligencia» suya es una trampa y tiene por objetivo engañar a la gente, hacer admitir sin discusión una tesis absurda, por el solo hecho de que ha sido formulada por Mao Zedong. Mao Zedong no ha Estado en condiciones de explicar en qué consiste la base teórica de esta noción «filosófica» o «política», porque no tiene ninguna base. El y sus discípulos se limitan a proclamar su concepción de la división del mundo en tres, pero sin sustentarla con argumentos, porque ellos mismos saben bien que esta tesis es insostenible.

El «tercer mundo» chino y el «mundo no alineado» yugoslavo son casi la misma cosa. Estos dos «mundos» tienen por objetivo justificar teóricamente la extinción de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, y servir a las grandes potencias imperialistas y capitalistas a fin de conservar y perpetuar el sistema burgués de opresión y explotación.

El mito que han creado los revisionistas chinos en torno a la teoría del «tercer mundo», en tanto que teoría falsa, antimarxista, sin ninguna base teórica, no surte efecto no sólo entre las amplias masas del proletariado y de los pueblos que sufren en los países del «tercer mundo», sino tampoco entre dirigentes de estos países. Estos últimos, a los que la dirección china quiere poner bajo su paraguas, tienen sus propios puntos de vista arraigados en la cabeza, tienen su propia ideología y orientaciones determinadas, por eso no creen en los cuentos chinos. Los Deng Xiaoping y compañía se imaginan que China puede imponerse a estos países por su extensión territorial y por su población. Hasta cierto punto, y en la medida en que no le afecte, al imperialismo estadounidense le conviene la teoría china de los «tres mundos». Esta teoría fomenta la creación de situaciones confusas en el mundo, de las que se benefician tanto el imperialismo estadounidense como el socialimperialismo soviético para extender cada cual su propia hegemonía, para tramar de una manera aún más intensa alianzas y acuerdos con los cabecillas capitalistas y latifundista-burgueses de los países del llamado «tercer mundo». Esta situación también sirve a los fines socialimperialistas de los revisionistas chinos.

En cuanto a la teoría del «mundo no alineado» los revisionistas yugoslavos la elevan a teoría universal, que debe sustituir la teoría marxista-leninista, la cual, según ellos, «está anticuada», ha dejado de ser «actual», porque los pueblos y el mundo supuestamente han cambiado. No denuncian abiertamente el marxismo-leninismo como hace Santiago Carrillo, pero, con la defensa de su teoría del «mundo no alineado», lo combaten, mientras que los que defienden el marxismo-leninismo, según los revisionistas yugoslavos incurren siempre en la misma «falta», no aceptan que se corrijan los principios, las normas de esta doctrina revolucionaria, por lo tanto son «reincidentes». Según ellos, el Partido del Trabajo de Albania –que es el blanco de sus ataques– es un partido «reincidente», porque exige que se apliquen los principios, los métodos, la doctrina científica de Marx, Engels, Lenin y Stalin en «un mundo completamente distinto al de su época».

Los puntos de vista titoistas son totalmente antimarxistas. De estas posiciones parte también el análisis que hacen de la actual evolución mundial. El revisionismo moderno en general y el revisionismo yugoslavo y el chino en particular, están en contra de la revolución. Los revisionistas yugoslavos y chinos consideran que el imperialismo estadounidense es una fuerza poderosa capaz de tomar un camino más lógico, «ayudar» al mundo de nuestros días que, según ellos, está en vías de desarrollo, y no desea estar alineado. Pero la teoría yugoslava no logra dar la debida definición al término «no alineado». Los países que incluye en este mundo suyo, ¿desde qué punto de vista no están alineados? ¿Desde el punto de vista político, ideológico, económico o militar? La teoría pseudomarxista yugoslava no aborda ni menciona esta cuestión, porque todos estos países, que busca dirigir pretendidamente como un mundo nuevo, no pueden liberarse de su múltiple dependencia respecto al imperialismo estadounidense o al socialimperialismo soviético.

La «teoría» yugoslava especula con el hecho de que actualmente ha desaparecido en general el colonialismo de viejo tipo, pero no dice que muchos pueblos han caído en las garras del nuevo colonialismo. Los marxista-leninistas no negamos que el colonialismo de las viejas formas haya desaparecido, pero acentuamos que ha sido reemplazado por el neocolonialismo. Son los mismos colonizadores de ayer los que hoy siguen oprimiendo a los pueblos con su potencial económico y militar, los que los desorientan política e ideológicamente, propagando también su modo de vida corrompido. Los titoistas consideran que una situación de este tipo, es una gran transformación del mundo y añaden que dicha situación no fue conocida ni por Marx ni por Lenin ni menos aún por Stalin, a quien ignoran totalmente. Según ellos, ahora los pueblos son libres, independientes, su única aspiración es convertirse en no alineados, y que las riquezas del mundo sean distribuidas de manera más racional, más justa.

A fin de hacer realidad esta «aspiración», los «teóricos» yugoslavos piden que los imperialistas estadounidenses, los socialimperialistas soviéticos y los Estados capitalistas desarrollados se pongan la mano sobre el corazón y, bondadosamente, a través de conferencias internacionales, de debates, de cesiones y concesiones reciprocas, contribuyan a cambiar el mundo actual, el cual, según ellos, «ha adquirido el nivel de conciencia requerido para ir al socialismo».

Este es el «socialismo» que predican los revisionistas titoistas, y lo hacen con particular insistencia para apartar a los pueblos de la realidad. Puesto que no están por la revolución, están por la conservación de la paz social, para que la burguesía y el proletariado se entiendan «a fin de mejorar las condiciones de vida de las clases inferiores». Es decir, suplican humildemente a las clases altas, que se muestren «generosas» y que concedan parte de sus ganancias a los «pobres de la tierra».

Tito busca hacer de la teoría del «mundo no alineado» una «doctrina universal», que supuestamente se acomode, como hemos expuesto más arriba, a la «actual situación mundial». Los pueblos del mundo han despertado y quieren vivir libres, pero esta «libertad», según la teoría de Tito, actualmente es «incompleta» porque existen dos bloques, el bloque de la OTAN y el de Varsovia.

Tito se hace pasar por una personalidad y el abanderado de la política en contra de los bloques. Es verdad que su país no forma parte de la OTAN ni del Tratado de Varsovia, sin embargo está ligado a estas organizaciones militares por innumerables hilos. La economía y la política yugoslavas, no son independientes, están condicionadas por los créditos, las ayudas y los empréstitos de los países capitalistas, en primer lugar del imperialismo estadounidense, por eso se apoya más en este imperialismo. Pero Tito se apoya igualmente en el imperialismo soviético y en todas las otras grandes potencias capitalistas. Así Yugoslavia, que se hace pasar por no alineada, de facto, si no de jure, está alineada con las organizaciones agresivas de las superpotencias.

En diversos países del mundo hay muchos dirigentes como Tito, a los que pretende agrupar en el llamado mundo no alineado. En general, estas personalidades son burgueses, capitalistas, no marxistas, muchas de ellas combaten la revolución. Los apelativos socialista, demócrata, socialdemócrata, republicano, republicano independiente y otros, que se atribuyen a sí mismas algunas de ellas, en la mayoría de los casos sirven para engañar al proletariado y al pueblo oprimido, para mantenerlos subyugados, para jugar a sus espaldas.

En los Estados «no alineados» impera la ideología capitalista, antimarxista. Muchos de estos Estados están enredados con las superpotencias, y todos los países capitalistas desarrollados del mundo, por los mismos lazos que lo está la Yugoslavia titoista. La agrupación en el «mundo no alineado» que predica Tito para todos los países del mundo, bajo su dirección, tiene como única base el objetivo y la actividad tendentes a sofocar la revolución, a impedir que el proletariado y los pueblos se levanten y derrumben la vieja sociedad capitalista, e instauren la sociedad nueva, el socialismo.

Esta es la idea y éste es el principio fundamental por los que se orienta Tito para agrupar a estos países. El se jacta de haber logrado agruparlos y dirigirlos pero, de hecho, no hay nada de esto, porque nadie da a la teoría titoista del «mundo no alineado», ni tampoco a la teoría china de los «tres mundos», la importancia que sus abanderados desean y pretenden concederles. Cada uno anda a su manera por el camino que le asegure los más substanciales y los más inmediatos beneficios.

Según todos los síntomas, el imperialismo estadounidense y el capitalismo mundial prefieren el «mundo no alineado» de Tito al «tercer mundo» de los chinos. Los países capitalistas desarrollados y el imperialismo estadounidense, no obstante apoyar la teoría china de los «tres mundos», muestran respecto a ella un cierto miedo, una cierta vacilación, porque el fortalecimiento de China puede crear situaciones desagradables y constituir más tarde una amenaza también para los propios estadounidenses. En cambio, el «mundo no alineado» de Tito no representa ningún peligro para los Estados Unidos. Por eso Jimmy Carter, en el curso de la reciente visita de Tito a los Estados Unidos, puso por las nubes el papel de este último en la creación del «mundo no alineado», y calificó el movimiento de los «países no alineados» de «factor importantísimo para la solución de los grandes problemas del mundo actual».

Los «países no alineados», que en su mayoría son capitalistas, han echado su suerte. Saben maniobrar políticamente y están con las potencias imperialistas y capitalistas que les conceden más ayudas. Hacer política, según la concepción burguesa y capitalista, significa mentir, andar con rodeos, burlar a uno y a otro a más y mejor. Esta política es una política de prostitución, cuyo objetivo en determinados momentos y de acuerdo a las coyunturas, es beneficiarse por lo menos de algún plazo de un Estado más poderoso, en interés de su propia clase y de la gente gorda de la misma.

El titoismo, con la teoría del «mundo no alineado», preconiza precisamente esta política. Pero esta política no tiene en todas partes una orientación idéntica, como pregona Tito. Los Estados «no alineados» no preguntan a Tito lo que deben hacer y cómo deben actuar. Los gobernantes de estos Estados, con alguna excepción, se esfuerzan por reforzar su poder capitalista, por explotar a sus propios pueblos, por tener amistad con un gran país imperialista, por impedir el estallido de toda revuelta e insurrección popular, de toda revolución y sofocarlas si estallan. He aquí toda la política del «mundo no alineado» titoista.

También la teoría china del «tercer mundo» es partidaria del statu quo. El «mundo no alineado» titoista tiene como finalidad mendigar créditos al imperialismo estadounidense y a los otros países capitalistas para enriquecer y mantener en el poder a la clase burguesa. También China, con el «tercer mundo», pretende enriquecerse, potenciarse económica y militarmente para convertirse en la superpotencia que domine el mundo. Los objetivos de estos dos «mundos» son antimarxistas, son pro capital, pro imperialismo estadounidense.

Los revisionistas yugoslavos, tal como demostraron una vez más la visita de Tito a China [realizada el 30 de agosto de 1977, véase la obra de Enver Hoxha: «Los grandes honores rendidos a Tito en China son el colmo de la infamia»; Reflexiones sobre China, Tomo II, 30 de agosto de 1977 - Anotación de E. H.] y la de Hua Kuo-feng a Yugoslavia, dirigen muchos elogios y astutas adulaciones a China que se adecuan perfectamente al carácter de los revisionistas chinos, para arrastrados a sus posiciones, con el fin de que la teoría de los «países no alineados» encuentre no sólo buena comprensión, sino que además sea aceptada completamente por Pekín. Los dirigentes revisionistas chinos, con Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping a la cabeza, a pesar de que no renuncian a la teoría del «tercer mundo», se han expresado abiertamente en respaldo de la teoría titoista del «mundo no alineado». Dieron muestras de que desean trabajar estrechamente con los revisionistas yugoslavos, en una misma línea, en dos rieles paralelos, con un objetivo antimarxista común para engañar a los pueblos del «tercer mundo». Ahora los dirigentes yugoslavos están desarrollando estos puntos de vista en defensa de China. Tomándola bajo su defensa han planteado incluso algunos «argumentos», que son ofensivos para China, como Estado megalómano que es. Al afirmar que la política actual de China es realista, los titoistas se ponen de su lado y defienden a los dirigentes chinos del desenmascaramiento a que está sometiéndolos nuestro partido.

China, dicen los yugoslavos, es un gran país que, por su propia naturaleza, debe desarrollarse, porque aún está atrasada; es un país en vías de desarrollo. Los titoistas pretenden que los partidos marxista-leninistas, como el Partido del Trabajo de Albania, cometen un error al atacar a China por sus justas aspiraciones de desarrollo y de no alineamiento, por la ayuda que presta a las luchas de liberación nacional, etc., Yugoslavia tiene la pretensión de que China gire en torno a ella como un satélite. Para los revisionistas yugoslavos es importante que China adopte sin ninguna vacilación sus puntos de vista antimarxistas.

Con su teoría del «mundo no alineado», Yugoslavia con Tito al frente, ha servido siempre con fidelidad al imperialismo estadounidense. También ahora Tito y su grupo hacen el mismo tipo de servicio al esforzarse por llevar a China hacia un acercamiento y alianza con los Estados Unidos. Este era el objetivo principal del viaje de Tito a Pekín y de sus conversaciones que concluyeron con el establecimiento de una estrecha amistad, amistad que, con la visita de Hua Kuo-feng a Yugoslavia, adquirió la forma de una vasta colaboración no sólo entre Estados sino también a nivel de partidos. En el curso de la visita de Tito a Pekín, los dirigentes chinos admitieron a media voz que la Liga de los Comunistas de Yugoslavia es un partido marxista-leninista y que en Yugoslavia se construye el verdadero socialismo. Cuando Hua Kuo-feng llegó a Belgrado, esto fue admitido abierta y oficialmente.

En otras palabras, los maoístas hicieron lo mismo que Anastás Mikoyán y Nikita Jruschov en su tiempo, que reconocieron abiertamente que Tito es un «marxista», que «en Yugoslavia se está construyendo el socialismo», que «el Partido Comunista de Yugoslavia es un partido marxista-leninista».

Los Estados Unidos manipulan, a su antojo, tanto el hilo Tito, como los hilos Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping. Los dos últimos son muñecos que no aparecen abiertamente en el escenario de los teatros de marionetas, sino que son de esos personajes que se ocultan, que, cuando son atacadas sus teorías, cuando no encuentran argumentos para polemizar, declaran: ¡«no hacemos polémica»! ¿Por qué no hacen polémica con Albania socialista cuando ella y el Partido del Trabajo marxista-leninista los están desenmascarando tanto ante la opinión pública mundial? ¿A qué esperan? No quieren polemizar porque temen ver desenmascarado su juego traidor al marxismo-leninismo y a la revolución. Esta es la razón por la que los dirigentes chinos ocultan la verdad cuando, por medio de los yugoslavos y otros, dicen que China no responderá a la polémica albanesa.

Los Estados Unidos, la Unión Soviética y otros países capitalistas celebran reiteradas reuniones bilaterales y multilaterales, organizan conferencias de todo tipo, convocan congresos, adoptan resoluciones, pronuncian discursos y organizan conferencias de prensa, dicen multitud de mentiras y hacen promesas, amenazas y chantajes. Y todo esto con la finalidad de salir de la crisis que los tiene atenazados, de sofocar el sentimiento de venganza de los pueblos que sufren bajo la opresión, de engañar a las amplias masas trabajadoras y al proletariado, de engañar a los demócratas progresistas. En todo este juego, en este sucio laberinto, también los revisionistas yugoslavos y chinos juegan su carta.

De igual modo, la teoría del «mundo en vías de desarrollo» es otra carta de este juego, que persigue el mismo objetivo antimarxista, confundir a las gentes. Esta teoría no trata de cuestiones políticas, porque lo haría en vano. Para ella sólo existe la «cuestión económica» y la «cuestión del desarrollo» en general. Nadie determina qué desarrollo es el que busca la teoría del «mundo en vías de desarrollo». Naturalmente, los diversos países del mundo desean desarrollarse en todos los terrenos de la vida: económico, político, cultural, etc. Los pueblos del mundo, con el proletariado a la cabeza, aspiran a destruir el viejo y podrido mundo burgués-capitalista y edificar en su lugar el mundo nuevo, el socialismo. Pero, acerca de este mundo no se dice nada en la teoría del «mundo no alineado» ni en la del «mundo en vías de desarrollo».

Cuando los marxista-leninistas hablamos de los diversos países, también formulamos nuestras consideraciones respecto a ellos, evaluamos asimismo el nivel de desarrollo de uno u otro país, las posibilidades con que cuenta cada Estado en este sentido. Nosotros decimos que el pueblo de cada país debe hacer la revolución y construir la sociedad nueva con sus propias fuerzas. Decimos que todo Estado, para que sea libre, independiente y soberano, debe edificar una sociedad nueva, debe combatir y derrocar a sus opresores, batirse contra cualquier imperialismo que lo avasalle, conquistar y defender los derechos políticos, económicos y culturales, edificar una patria plenamente libre, plenamente independiente, donde domine la clase obrera en alianza con todas las masas trabajadoras. Nosotros declaramos esto y somos resueltos defensores de la tesis leninista de los dos mundos. Somos miembros del mundo nuevo, el mundo socialista, y combatimos a ultranza el viejo mundo capitalista.

Todas las demás «teorías» sobre la división del mundo en «primer mundo», «segundo mundo», «tercer mundo», «mundo no alineado», «mundo en vías de desarrollo» o en cualquier otro «mundo» que pueda ser inventado en el futuro, sirven al capitalismo; a la hegemonía de las grandes potencias, a sus designios de mantener subyugados a los pueblos. Por esta razón combatimos con todas nuestras fuerzas estas teorías reaccionarias y antimarxistas.

Esta lucha de nuestro partido es seguida con simpatía en todo el mundo, sobre todo en los países de los llamados «tercer mundo», mundo «no alineado» o «mundo en vías de desarrollo». Los pueblos de estos países, a los que las teorías revisionistas chinas, titoistas, soviéticas, las teorías del imperialismo estadounidense, etc., quieren engañar, ven en nuestras concepciones marxista-leninistas, en la posición ideológica y política de nuestro partido, una actitud correcta que responde a su justa aspiración de liberarse de una vez y para siempre de la opresión y la explotación.

Precisamente por eso los enemigos del marxismo-leninismo y de nuestro partido pretenden acusarnos de sectarios, ultraizquierdistas, blanquistas, de no hacer un análisis correcto de la situación internacional, sino de atenernos a algunos viejos esquemas, etc. Es fácil comprender que se refieren a nuestra doctrina revolucionaria, que califican de «esquematismo marxista-leninista», «esquematismo stalinista», etc.

Nos acusan de que llamamos a los países que se han liberado de la forma de explotación del viejo colonialismo y que han caído en la forma de explotación del nuevo colonialismo, a pasar de inmediato al socialismo, a realizar inmediatamente la revolución proletaria. Con esto creen atacarnos, presentándonos como aventureros. Pero nuestro partido se mantiene fiel a la teoría marxista-leninista, a la teoría que ha trazado de manera correcta el camino de la revolución, las etapas por las que debe pasar esta revolución y las condiciones que deben ser cumplidas para que la revolución, ya sea nacional-democrática y antiimperialista, o socialista, se realice con éxito. Hemos permanecido fieles a esta teoría en el curso de nuestra Lucha Antifascista de Liberación Nacional, ahora permanecemos fieles a ella en la construcción del socialismo, permanecemos fieles a ella en nuestra lucha ideológica y en nuestra política exterior. Nuestro análisis es justo, por eso ninguna calumnia puede alterarlo». (Enver HoxhaEl imperialismo y la revolución, 1978)

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  1. https://paginerosse.wordpress.com/2013/08/21/enver-hoxha-ancora-sullarticolo-cinese-riguardante-la-teoria-dei-tre-mondi/Jueves 03 de noviembre 1977 AÚN SOBRE EL ARTÍCULO CHINO

    LA TEORÍA DE "TRES MUNDOS '

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«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»