martes, 20 de febrero de 2018

La creencia de que en la etapa imperialista monopólica, la forma de dominación política es el fascismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«Algunos partidos con un mínimo de autocrítica empezaron a reconocer que no calcularon bien sus antiguas prediciones de que en España «el fascismo no se podía transitar ya obra a un régimen democrático-burgués», observando que eso no solo no se había cumplido en España, sino que había otros lugares del mundo donde había sucedido ese tránsito:

«El partido no pudo prever en todos sus aspectos la evolución del estado de ánimos de las masas tras cuarenta años de dictadura, ni la profundidad de la maniobra continuista monárquica, promovida y plenamente respaldada por la oligarquía y por los partidos revisionistas y socialistas, así como también por los Estados reaccionarios del mundo. (…) En este sentido cabe destacar la transcendencia que el imperialismo yanqui y la socialdemocracia de la RFA dieron a la maniobra internacionalmente y que le siguen dando como modelo de «salida sin traumas de una dictadura», evitando el peligro de una revolución popular y reforzando así, con formas pseudodemocratizantes el Estado capitalista. Para ilustrar esta trascendencia, ahí tenemos, salvando las distancias, las «salidas» que el imperialismo y la socialdemocracia han dado al caso de Argentina o Brasil». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del ºIV Congreso, 1984)

El PCE (r) en cambio declaraba todavía en los 80 a España como un país intactamente fascista, ignorando lo sucedido en casi una década porque:


«Nuestro Partido, señalaba entonces: «Del fascismo y del monopolismo no se puede ir a la democracia burguesa porque ésta corresponde a la etapa de libre competencia y de desarrollo del capitalismo; la historia no da marcha atrás». (Partido Comunista de España (Reconstituido); Declaración del Comité Central del PCE (r), 1984)

Esta declaración tiene menos sentido todavía cuando en las últimas décadas hemos visto varios casos de tránsitos «pacíficos» o relativamente «pacíficos» del fascismo a la democracia burguesa, unos más violentos que otros, pero consumándose igualmente, tanto de países con un notable grado de monopolización como sin tenerlo necesariamente. Siendo en la mayoría de casos, los fascistas en el poder los que estipulan el cambio desde sus instituciones, ocurriendo casi siempre –y esto es importante decirlo–, por las muestras de protesta espontaneas de las masas populares y ante la imposibilidad de seguir gobernando sin hacer concesiones. 

El proceso del fascismo a la democracia burguesa igual que de la democracia burguesa al fascismo, no es un camino recto, por tanto no dejan de representarse avances y retrocesos desde la casilla de salida hasta la meta; las cuales no son sino la vacilación de la propia burguesa al sopesar las ventajas y desventajas del paso que se está dando, así como las pugnas internas entre las fracciones de la burguesía. Por ello, muchas veces, hemos visto que la liberalización del régimen ha sido abortada durante un tiempo, para ponerse de nuevo en marcha y consumarse poco después, y en otros casos, la liberación se ha abolido definitivamente, y se vuelven a los métodos fascistas de dominación.

Los veraderos comunistas jamás negaron que la burguesía pudiera alternar a la hora utilizar ambos métodos de dominación, ni siquiera se afirmó lo contrario en los mayores momentos de crisis de la burguesía:

«Lo que caracteriza a la situación política internacional en el momento actual es el fascismo, el estado de sitio y la creciente ola de terror blanco desatada contra el proletariado. Pero esto no excluye la posibilidad de que, en un futuro bastante próximo, en países muy importantes la reacción burguesa abierta sea remplazada por una era «democrático-pacífica». (Komintern; Resolución sobre la táctica en el IVº Congreso de la Komintern, 1922)

Lo quieran o no los esquemáticos, la burguesía se decide a veces por el fascismo como forma de dominación y otras muchas se recicla así misma para reconvertirse bajo un régimen político de democracia burguesa parlamentaria. Por supuesto para que esto suceda influye el nivel de movilizaciones y presiones populares, del nivel de organización de la clase obrera, del contexto y apoyo internacional del régimen fascista, de la situación de la economía del país y mundial. Más allá de las figuras del régimen visibles, es la propia burguesía la que elije colectivamente renunciar a una forma de dominación política que no le está dejando gobernar con tranquilidad –incluso temiendo perder el poder–, por ello prefiere maniobrar y adaptarse a otra forma que precisamente sabe que es más aceptable a ojos de las masas populares aunque le suponga hacer mayores concesiones a sus derechos y libertades. Un cambio que permita volver a los trabajadores a la calma y permita que el sistema productivo siga adelante sin más sobresaltos. Cuando tenga la situación dominada, intentará volver a recortar parte de estos derechos y libertades, sobre todo vaciando los derechos laborales, de expresión y organización para desproteger a las masas de la posibilidad de rechazar los intentos burgueses de ampliar los réditos de explotación. Esta es la dinámica de la burguesía del capitalismo, y a algunos presuntos «eruditos» de la izquierda más les habría valido haberlo descubierto ya, pues es hora. 

Los países imperialistas de alto grado de monopolización sufren crisis de superproducción, la competencia con otros imperialismos que les arrebatan otros mercados, se suceden los altos costes para mantener el ejército y la carrera armamentística así como las propias guerras por mantener o ampliar esos mercados vitales; en los países capitalistas poco desarrollados o subdesarrollados, existen otros problemas a veces similares, a veces diferentes, hablamos de cuestiones como el pago de la deuda, la gran presencia y superexplotación de las multinacionales, las crisis alimenticias, guerras muchas veces provocadas por el exterior, etc. En realidad tanto los países dependientes del imperialismo –en mayor o menor grado– como los países imperialistas sufren estos sobresaltos y fricciones político-sociales de los que hablamos. Se entenderá el tránsito a una democracia burguesa o al fascismo y viceversa puede ser una de las salidas, una de las opciones pausibles de las clases explotadoras en el poder. Se ha dicho que el fenómeno del fascismo solo se da en países con un alto grado de monopolización, incluso algunos teorizaron que la burguesía solo se vale de él cuando alcanza un gran proceso de monopolización, pero esto es fictio, recordemos que en algunos países que han transitado al fascismo había marcados restos de feudalismo, una presencia de capital extranjero enorme y signos de atraso cultura y tecnológico respecto a los países vecinos punteros.

Analicemos rápidamente algunos casos de transición del fascismo a la democracia burguesa para que nuestros lectores estén al tanto de lo que hablamos. Centrémonos en los casos latinos más relevantes de los últimos años.

En Chile: desde el sangriento golpe militar de 1973 el régimen de Pinochet suprimió cualquier garantía constitucional y desató una fuerte represión. Intentó sin éxito aplicar una política económica eficiente, Chile fue publicitado en el mundo capitalista como ejemplo de las nuevas políticas del llamado neoliberalismo, en especial la llamada Escuela de Chicago de Milton Friedman. El propio Rockefeller alabaría a Chile como hizo con Argentina en los medios de comunicación de todo el mundo, un modelo económico que en sus palabras prometía grandes éxitos a largo plazo. Finalmente los frutos de la política del Fondo Monetario Internacional (FMI) nunca llegaron, desesperados por las crecientes protestas, el régimen fascista intentó legitimar su régimen con el Plebiscito Nacional de 1988 para decidir si Augusto Pinochet seguía o no en el poder hasta 1997. El pueblo respondió pese a la represión y amenazas, y votó NO con un 55,99 %, lo que supuso un hito en mitad de una represión evidente, estos resultados causaron la desmoralización de los militares fascistas y el abandono del gobierno por Pinochet. Para 1989 se celebrarían las primeras elecciones presidenciales que conformarían la llamada transición hacia una democracia burguesa con separación de poderes, pero la cual pese a todo, dejaría intactas muchas de las leyes del antiguo periodo. Tampoco se respetaron los derechos de los pueblos indígenas como el caso de los mapuches, los cuales serían reprimidos en años posteriores con las leyes antiterroristas de Pinochet.

En Brasil, después del golpe militar de 1964 se decidió al año siguiente suprimir todos los partidos excepto dos, el ARENA y el MDB, los detenidos y ejecutados eran el pan de cada día. Con el régimen acusado por la crisis Gesisel anuncia en 1974 la relajación del nivel de censura y represión del régimen para calmar a la oposición, lo que abrió una posibilidad de aprovechar los nuevos aunque pequeños cauces legales que se iban abriendo. En 1979 se permitió la participación electoral de nuevos partidos que empezarían a rivalizar por cuotas de poder. La oposición oficial y no oficial crecía exponencialmente pese al cambio de leyes electorales, y al terror en las calles. Aunque la economía se había modernizado y estabilizado comparado con los países de alrededor, las masas no veían reflejados esos avances en su nivel de vida. Las movilizaciones no cesaron por cuestiones salariales, precariedad laboral y falta de libertades políticas, famosas fueron las de 1984 bajo el grito «Elecciones directas ya» que pretendían reformar el sistema para conseguir unas elecciones presidenciales directas. Los militares atónitos no supieron reaccionar ni creyeron que se pudiera dar marcha atrás. En 1985 el Congreso Nacional aprueba la disolución del régimen militar creando la división de poderes, la legalización de todos los partidos y el voto directo como se reclamaba por entonces. El gobierno del liberal Serney tampoco logró controlar la inflación ni la deuda, continuando las huelgas y manifestaciones ya en etapa democrático-burguesa. 

En Argentina ya antes del golpe militar de 1976 el gobierno parlamentario de Juan Domingo Perón, y después el de Isabel Perón en el llamado tercer peronismo, se caracterizaron por ejercer una extrema represión sobre el movimiento sindicalista y partidista revolucionario llegando a utilizar grupos parapoliciales conocidos como la Triple A. Los militares se alzan en 1976 comenzando lo que se llamaría el Proceso de Reorganización Nacional, intentan justificar el golpe precisamente argumentando la «posibilidad de rectificaciones dentro del marco de las instituciones», con ello se suprimió cualquier mínima garantía democrático-burguesa y se agudizaron las detenciones y desaparecidos. Pero quizás lo que más destaca es que se establece una economía totalmente basada en la entrega del país a las multinacionales y la especulación financiera lo que agudizan los problemas internos. Ya en 1980-81 Viola planten la idea de una transición que Galtieri impide por un golpe de Estado interno. Eso no frenó el estado convulso del país. Para el 30 de marzo de 1982, los trabajadores protestaban bajo las consignas «Paz, Pan y Trabajo», «Abajo la dictadura militar» jornada que acabaría con más de 2.500 heridos y unos 4.000 detenidos en todo el país. En 1982 con la aventura en la guerra de las Malvinas para desviar los problemas nacionales, se agudizan más los problemas internos y asume Bignone. En la mayoría de los militares se da por hecho que es imposible seguir como hasta entonces y se presenta en agosto el Estatuto de los Partidos Políticos y se prometía elecciones multipartidistas para antes de 1984. Los militares ponen como condición para dejar el poder declarar una autoamnistía para sus crímenes. En las elecciones de 1983 gana el presidente Alfonsín del antes proscrito UCR. En 1984 se crea la CONADEP para investigar los crímenes y en 1985 se juzga a las Juntas Militares. En los gobiernos posteriores se indultó a los militares condenados a cambio de indultar a los montoneros, los famosos peronistas de izquierda enfocados al guerrillerismo urbano y al terrorismo individual. De nuevo una amnistía cerrada en la que los elementos del pueblo que habían estado en medio de estos actos de terror de forma indiscriminada no ganaba nada.

En España, después del golpe militar fascista de 1936 y al triunfo en la Guerra Civil en 1939, Franco se elevaría como figura indiscutible, decretando la unificación de las corrientes reaccionarias en un solo movimiento llamado «nacionalcatolicismo», se establece el poder político a imagen y semejanza del fascismo, con la libertad de Franco para poder intervenir en los tres poderes, con un marco legal provista de una retórica fascista que a finales de los 40 se le intentaría dar un toque «democrático» para acerarse a los imperialismos occidentales sin perder su esencia. En los primeros años de la posguerra el apoyo social del franquismo no era grande y la oposición continuaba su resistencia bajo una labor de trabajo de masas y de ejercicio de la guerra de guerrillas en la retaguardia liderada por los comunistas y otros antifascistas siendo el punto álgido la Invasión del Valle de Arán en 1944, pero finalmente tras el inicio de la Guerra Fría la lucha armada es abandonada en 1948 tras un entre otras causas por un claro reflujo desfavorable de los acontecimientos internacionales, la desmoralización progresiva de la población y por el avance de la visión pacifista de toma de poder de Carrillo-Ibárruri. Durante los años 50 Franco cuenta con las inversiones estadounidenses y la propia presencia de sus empresas, y el establecimiento de bases militares, que aunque no solventa los problemas internos de una economía ineficiente, ayuda a paliar ciertos problemas de la economía española y a crear un cierto auge. En su etapa final o tardofranquismo la oposición estaba más activa que nunca, contabilizándose durante esta época las mayores protestas, huelgas y los mayores choques violentos desde la posguerra, por otro lado, los casos de corrupción y la fuerte represión de los últimos años incluyendo ejecuciones de anarquistas, nacionalistas y comunistas hicieron el resto para encender los ánimos. Ya en los últimos gobiernos como el de la Presidencia de Arias Navarro en 1974 ya se hablan en las Cortes Franquistas el crear una libertad de asociación, aunque tras los acontecimientos de aquel año se echa a atrás el proyecto. Tras la muerte de Franco en 1975, pese a nivel de agudización de la lucha de clases, los revolucionarios no tienen fuerzas suficientes para contrarrestar la maniobra de los llamados aperturistas del franquismo que habían pactado hace tiempo una transición con la mayoría de la oposición moderada para concretar un régimen democrático-burgués tomando como condición y piedra angular olvidar del nuevo sistema el no juzgar el periodo franquista ni a sus responsables. Es más, la octava y última Ley Fundamental del franquismo fue la Ley para la Reforma Política aprobada desde las Cortes franquistas el 8 de noviembre de 1976, por tanto del propio franquismo nace el proyecto democrático-burgués. En el referéndum del 15 de noviembre de 1976 se votó aprobar o no esta reforma, por supuesto sin mención a si el pueblo deseaba una república o una monarquía parlamentaria, ni tampoco discutiéndose otras muchas cuestiones de enjundia por miedo a los resultados, como reconocería años después el propio Suarez en 1995 en una entrevista inédita en España hasta el siglo XXI. Hubo unas importantes amnistías políticas durante 1975 y 1976, pero la más famosa fue la Ley de Amnistía de 1977, ella fue aplicada incluso a quienes hubieran sido condenados con delitos de sangre, algo orientado especialmente para buscar desde el gobierno la inclusión en el nuevo sistema parlamentario democrático-burgués a las bandas en las cuales predominaba el uso del terrorismo como método de combate, algo que no tuvo éxito, pero a su vez fue la clásica ley cerrada para amnistiar tanto a represaliados políticos, los grupos que hicieran uso de la lucha armada de masas, los grupos meramente terroristas, como también una autoamnistía para los cuerpos y fuerzas de seguridad que habían ejercido la represión sistemática durante el fascismo, es decir, una ley que solo beneficiaba hasta cierto punto a los revolucionarios y las masas trabajadoras, pero que suponía no ajusticiar ni purgar ninguno de los estamentos gubernamentales ni sus miembros, con razón, con este panorama hubo toda una serie de atropellos contra los partidos que de una u otra forma se oponían a esta maniobra durante aquellos años y posteriores. Muchos de los derechos liberales democrático-burgueses se estipularon en la Constitución de 1978 inspirándose para tal carta magna en la existente en la República Federal Alemana de aquel entonces, pero como tantas otras constituciones democrático-burguesas, son derechos que no se cumplen en la práctica o que son efectivos hasta que quedan suprimidos en el momento en que así lo cree necesario la burguesía, por eso sus propios artículos están llenos de contradicciones, cinismo y ambigüedades. Como nota añadir que no hubo mecanismos para la participación de las masas en la configuración de dicha constitución, fue una carta hecha por las altas esferas a espaldas del pueblo, el pueblo sólo pudo ir a votar sí o no bajo un clima de presión propagandística y militar. Se constituyeron estatutos de autonomía para distintas zonas del territorio aunque no se permitía el derecho de autodeterminación como todos los regímenes existentes hasta entonces.

Todos estos países que estamos nombrando no eran países subdesarrollados, sino países de un importante desarrollo de las fuerzas productivas y un considerable desarrollo de los monopolios nacionales, sobre todo para principios de la década siguiente de los 90. 

También hay ejemplos de países con dictaduras militares de mayor o menor marcado carácter chovinista, populista, o directamente fascista: Paraguay durante 1954-1989, Bolivia entre 1971-1978, Perú entre 1968-1975 o Uruguay de 1973-1984 por citar algunos. Todos tránsitos hacia una democracia burguesa al final de estas etapas.

Así, hay infinidad de casos de transiciones de un régimen fuertemente autoritario a un régimen parlamentario multipartidista democrático-burgués de tipo liberal. Todo ellos tienen sus propias vicisitudes a la hora de resolver este proceso, pero eso es normal, ya queal desde el principio estos movimientos ttuvieron un carácter ideológico fascista más o menos marcado, con peculariedades intrínsecas. Esto es una prueba más de lo complejo e interesantes que son los procesos socio-históricos. 

A veces se desfascistizaron unas cosas y dejaron intactas otras. En España, Brasil o Chile, los viejos fascistas no fueron juzgados y gran parte de ellos siguieron en las instituciones políticas, también algunas de las instituciones anteriores se mantuvieron. En Argentina los militares dejaron el poder creyendo que se habían asegurado la inmunidad como hemos visto, pero a diferencia de cualquier país latinoamericano finalmente se les juzgó y condenó, aunque volvieron a ser amnistiados, dándose igualmente la particularidad de que algunas de las leyes emitidas por los militares han seguido siendo usadas por los políticos democrático-burgueses para sus fines económicos como veremos luego. Queda demostrado que dependiendo del proceso cambian algunas cosas, pero en todos ellos sí hubo una transición como tal del fascismo a la democracia burguesa, decir lo contrario es ser un thälmanniano que no distingue una cosa de otra.

La enunciación del PCE (r) de esta teoría de que «no hay posible retorno del fascismo a la democracia burguesa» es estúpida: sencillamente el fascismo y la democracia burguesa son transiciones que se dan dentro de la línea de la dictadura de la burguesía, es decir de la dominación de clase que la burguesía ejerce en el Estado, adoptando una u otra forma política. Ellas se dan en una dirección determinada según la coyuntura del momento.

Se ha visto en decénas y decénas de países, como el progresivo proceso de monopolización en el sistema productivo no ha hecho cambiar automaticamente las formas del régimen político imperante. Pensar eso sería lo que Marx y Engels llamaron materialismo vulgar, corriente que ignora todo proceso más allá de una óptica que contemple la economía, despreciando las ideas y su importancia, despreciando en concreto el nivel de concienciación de la clase obrera en estos procesos. Cuando la burguesía se ve ante una oposición débil de los trabajadores y se ve con fuerzas de manejarse dentro de los causes de la legalidad democrático-burguesa para resolver los pleitos, prefiere mantenerse dentro de sus límites para contrarrestar y asilar mejor a la débil oposición. En cambio cuando dentro de un régimen fascista ve que no puede gobernar sin ampliar la base de apoyo al sistema, «abre sus puertas» a la liberalización, para calmar los ánimos generales. De igual modo, como es lógico, cuando la demagogia y ciertas medidas no son suficientes para calmar los ánimos dentro de la democracia burguesa, se recurre al fascismo abierto para suprimir las protestas. Los factores políticos, económicos y culturales que se disputan y reflejan tanto en el ámbito nacional como internacional hacen muy variables las situaciones que se pueden dar.

Pese a las demostraciones en decenas de países, estos tozudos asnos lejos de rectificar han mantenido en sus documentos esta idea dogmática han seguido proclamando que:

«La implantación de formas de poder de tipo fascista y policíacas en la casi totalidad de los países capitalistas ha terminado por arruinar y hacer inútiles los viejos métodos de lucha pacífica y parlamentaria». (Partido Comunista de España (Reconstituido); Antorcha, número 6, 1999) 

Las luchas pacíficas y el uso del parlamento así como toda organización legal y de masas en el fascismo o en la democracia burguesa, no ha sido tachada como «inservible» ni por Marx, ni por Engels, Lenin, ni por Stalin, ni por Dimitrov, ni por ningún marxista, solamente estos charlatanes con ínfulas de teóricos han lanzado una teoría tan anarcoide que aleja a los comunistas de las masas y de la posibilidad del trabajo con ellas. Pero esto será analizado [aquí] más adelante en el capítulo referente sobre esta cuestión, así que sigamos.

Para mantener su estupidez de teoría, el PCE (r) tiene que presentarse ante las masas alegando que Italia, Países Bajos, Suecia, Francia, Bélgica, España, Estados Unidos, Alemania son fascistas por el mero hecho de ser países con un alto grado de concentración de monopolios, por ser países netamente imperialistas. ¿En serio se puede decir una tesis más ridícula sin pasar una pizca de vergüenza?

Actualmente el monaguillo Olarieta, nos vuelve a confirmar su fe en los postulados de su Dios el «camarada Arenas», que como tales, al ser textos sagrados son eternos en sus conclusiones y no se discuten aunque la praxis demuestre lo contrario:

«Sin embargo, para los marxistas la historia es sustancialmente irreversible. El fascismo no es, pues, el pasado sino el futuro del capitalismo». (Juan Manuel Olarieta; Las formas de dominación del Estado burgués, 12 de octubre de 2012)

No monaguillo de secta, la historia no ha mostrado tus profecías, las ha refutado una y otra vez.

Se ve a la legua que el objetivo de estos señores no es tomar el marxismo-leninismo como una verdadera ciencia, descubriendo la verdad investigando incluso detrás de una apariencia a priori correcta, sino que se dedican a la pseudociencia: a mantener su dogma teórico contra viento y marea, incluso cuando en la práctica se ha demostrado que su teoría es fallida con multitud de ejemplos históricos, esto no solo es extensible para el estudio de los fenómenos sociales, sino de la propia naturaleza. La intransigencia en el error que todo marxista debe evitar como la peste:

«Hemos visto que, para probar sus afirmaciones, los materialistas se sirven no sólo de la ciencia, sino también de la experiencia que permite comprobar las ciencias. «Con el criterio de la práctica» de puede saber, se pueden conocer las cosas. (...) Ahora bien, por la práctica, sabemos que el mundo y las cosas existen. Sabemos que las ideas que nos hacemos de las cosas son exactas, que las relaciones que hemos establecido entre las cosas y nosotros son reales. Desde el momento en que sometemos estos objetos a nuestro uso de acuerdo con las cualidades que advertimos en ellos, sometemos a una prueba infalible la corrección o la falsedad de nuestras percepciones sensibles. Si estas percepciones fueran falsas, nuestra apreciación del uso que se puede hacer de un objeto debería igualmente serlo y nuestro ensayo debería fracasar. Pero si logramos alcanzar nuestro objetivo, si advertimos que el objeto concuerda con la idea que teníamos de él y responde al destino que queríamos darle, ésta es una prueba positiva de que nuestras percepciones del objeto y de sus cualidades están de acuerdo con una realidad exterior a nosotros mismos, y cada vez que experimentamos un fracaso, dedicamos generalmente poco tiempo para descubrir la razón que nos ha hecho fracasar, advertimos que la percepción sobre la cual nos habíamos fundado para obrar era o incompleta y superficial, o combinada con los resultados de otras percepciones. De tal manera que no garantizaban lo que llamamos razonamiento verdadero. Mientras nos preocupamos por guiar y utilizar convenientemente nuestros sentidos y de mantener nuestra acción en los límites prescriptos por las percepciones convenientemente utilizadas, advertimos que el resultado de nuestra acción prueba la conformidad de nuestras percepciones con la naturaleza objetiva a de las cosas percibidas. En ningún caso hemos llegado aún a la conclusión de que nuestras percepciones sensibles científicamente comprobadas produzcan en nuestros espíritus ideas sobre el mundo exterior que estén, por su misma naturaleza, en desacuerdo con la realidad, o que haya una incompatibilidad inherente entre el mundo y las percepciones sensibles que nosotros tenemos de él». (Georges Politzer; Principios elementales de la filosofía, 1949)

Los ideólogos del PCE (r) muestran una vez más que no tienen conocimientos ni de historia ni de marxismo, y por supuesto que eso de la autocrítica no les suena más que de oídas. 

Estos individuos tratan de convencernos de que en la etapa imperialista, la forma política de dominación es el fascismo. Pero dejemos hablar a Lenin, el autor que mejor evidenció los cambios y trasformaciones político-económicos que sufrió el capitalismo en su etapa monopolística, imperialista:

«La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo, y por lo tanto el capital, al dominar –a través de los Pakhinski, los Chernov, los Tsereteli y Cía.– esta envoltura, que es la mejor de todas, cimenta su poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa, hace vacilar este poder». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

¡Vaya! ¿Acaso los señores del PCE (r) se pasaron tanto tiempo leyendo los panfletos de la Revolución Cultural de China que nunca tuvieron tiempo de leer esta obra cumbre de Lenin donde se expone los rasgos generales del capitalismo a inicios del siglo XX? 

Generalmente los dirigentes del PCE (r) han buscado y rebuscado textos de autores marxista-leninistas para justificar estas posiciones que concluyen que en nuestra época solo puede haber fascismo o un viraje hacia él. Igualmente más que buscar a los clásicos de hace 50 años para justificar todas y cada una de las cuestiones, deberían pensar si las conclusiones a las que presuntamente llegaron son correctas, o si al ser correctas en su época lo siguen teniendo en la actualidad; esto sería lo interesante, lo otro es doctrinarismo vacío, seguidismo mesiánico a las figuras históricas del marxismo. 

Olarieta en su artículo «Las formas de dominación del Estado burgués» de 2012, ante la falta de material que justificase eso, decidió manipular y descontextualizar ciertas citas:

«El fascismo no es un fenómeno local, temporal o transitorio, sino que representa un sistema de dominación de clase de la burguesía capitalista y de su dictadura en la época del imperialismo y de la revolución social». (Georgi Dimitrov; Acerca de las medidas de lucha contra el fascismo y los sindicatos amarillos, 1928)

Lo primero que hay que decir es que se ve harto gracioso que el PCE (r) utilice a Dimitrov como salvavidas, pues toda la obra del balcánico es una gran antalogía de crítica de las desviaciones que sufren estas personas. 

Con esta cita en realidad se refiere obviamente a que el fascismo no es un fenómeno esporádico y casual que surge sin más, sino un producto que tiene su explicación si analizamos los rasgos del capitalismo desde sus inicios; pero que aún se releja mejor en la época monopolista; en medio de un proceso de despertar de las colonias y por encima de todo habiendo sufrido una oleada de experiencias revolucionarias del proletariado. Es comprensible que en determinadas circunstancias de profunda crisis como ésta, las posibilidades de establecer el fascismo «crece», siendo dicha tendencia irreversible mientras una crisis general persista y no permita a la burguesía dominar como antaño, siendo el paso hacia el fascismo obligado para la burguesía en caso de no resolverse la crisis en el país determinado.

En realidad, el propio Dimitrov se encargó en su obra de dejar claro que esto sucedía en esta época debido a condiciones muy concretas:

«Todo eso es aún más valedero para el sudeste de Europa –los países balcánicos, Hungría y otros–, donde una serie de causas particulares de orden histórico, económico y político empujan inevitablemente a la burguesía por el camino del fascismo. Entre estas causas las principales son las siguientes:

En los Balcanes y en Hungría no ha habido aún una verdadera revolución democrático-burguesa. La burguesía no ha cumplido ninguna de las tareas revolucionarias que la hubieran destacado como dirigente de las masas populares contra el feudalismo y el absolutismo en el pasado y la hubieran ligado fuertemente tanto en lo ideológico, como también en lo político, con las masas. Los campesinos no han recibido tierra a través de una revolución democrática de la burguesía. Al contrario, ellos sólo fueron víctima de la más desenfrenada explotación y saqueo para la acumulación inicial de capitales. El feudalismo no está eliminado definitivamente. El problema nacional sigue sin resolver. En la mayoría de dichos países, el proletariado proviene del seno de las masas campesinas, está ligado a ellas y desde su germinación está compenetrado por su estado de ánimo de oposición anticapitalista.

Los países balcánicos y Hungría se encuentran en un estado de semicolonias del imperialismo. Son países primordialmente agrarios con una industria relativamente débil, que sufre la fuerte competencia del capitalismo altamente desarrollado de los Estados imperialistas. Se encuentran en una guerra económica intestina encubierta, en constantes conflictos nacionales y territoriales, atizados y aprovechados por los Estados imperialistas. Sus mercados internos están limitados hasta el extremo, debido a la capacidad adquisitiva monstruosamente baja de las amplias masas, mientras que los mercados exteriores en su mayor parte están cerrados para ellos. Sus propias posibilidades de estabilizar el capitalismo y racionalizar la producción son muy limitadas. Los estragos causados por la guerra imperialista, el peso de las reparaciones para algunos de ellos y las grandes deudas de guerra para todos dificultan aún más su situación económica y agudizan la crisis en sus economías.

La guerra imperialista y sus consecuencias desprestigiaron fuertemente a la burguesía ante las masas. El abismo entra la burguesía dominante y las masas explotadas y oprimidas se hizo aún más profundo. En dichos países, la burguesía, defendiéndose contra la competencia extranjera, explotaba sin límites al proletariado y saqueaba sin miramientos a las masas campesinas. Después de la guerra imperialista todo eso se practicaba en escala aún mayor. Incluso mediante una tenaz y prolongada lucha. Con esto se explica la intransigencia del proletariado hacia la burguesía y el espíritu revolucionario relativamente alto de las masas. De ahí proviene también la debilidad de la aristocracia obrera y del reformismo, a diferencia de los países imperialistas, en los cuales la burguesía, valiéndose de sus superganancias realizadas en las colonias, logró crear capas privilegiadas del proletariado y corromperlas, dándoles ciertas limosnas, y convertirlas en sus servidores directos o indirectos. La burguesía del Sudeste de Europa no está en condiciones, en este momento preciso, de hacer ninguna clase de concesiones económicas serias a los obreros y a las masas trabajadoras, para tender un puente sobre el hondo abismo abierto entre ambas clases.

Debido a la gran semejanza entre la estructura social de la vieja Rusia y la de la Europa del sudeste, aquí precisamente la influencia de la Revolución de Octubre fue y es la más fuerte y la simpatía de las masas hacia la Unión Soviética muy profunda». (Georgi Dimitrov; Acerca de las medidas de lucha contra el fascismo y los sindicatos amarillos, 1928)

Y finaliza:

«En tal situación aparece evidente que la dictadura de la burguesía no puede ser sostenida por medio de formas de democracia parlamentaria, y menos aún, cuando para la burguesía se hace inevitable e imprescindible tomar medidas extraordinarias para la estabilización del capitalismo, haciendo recaer el peso sobre la clase obrera y las masas campesinas.

Sólo valiéndose de la dictadura fascista la burguesía puede esperar mantener temporalmente su dominación, quebrantar la resistencia de las masas y conseguir la máxima estabilización y racionalización capitalista a expensas de dichas masas». (Georgi Dimitrov; Acerca de las medidas de lucha contra el fascismo y los sindicatos amarillos, 1928)

Aquí se deja claro que la tendencia de la burguesía de aquella época de hacer uso del fascismo tenía sus motivaciones y Dimitrov las fundamentó correctamente, algo que como se dirá en próximos años, los que quisieron entenderlo lo hicieron, los que quisieron manipularle también supieron «entenderle» a su forma.

Es más: veamos la definición del fascismo que hizo el congreso de la Komintern de 1928 para que veamos la visión de los marxista-leninistas:

«La época del imperialismo, la exacerbación de la lucha de clases y la acumulación, particularmente después de la guerra imperialista mundial, de los elementos de guerra civil, han determinado la quiebra del parlamentarismo. De aquí «nuevos» métodos y formas de gobierno –por ejemplo, el sistema de gabinetes poco numerosos, la creación de grupos oligárquicos que actúan tras cortina, la degeneración y la falsificación de las funciones de la «representación nacional», la limitación y la supresión de las «libertades democráticas», etcétera–. Este proceso de ofensiva de la reacción burguesa-imperialista adopta, en condiciones históricas determinadas, la forma del fascismo. Dichas condiciones son: la inestabilidad de las relaciones capitalistas; la existencia de un gran número de elementos sociales desplazados; la pauperización de grandes sectores de la pequeña burguesía urbana y de los intelectuales; el descontento de la pequeña burguesía agraria y finalmente, la amenaza constante de acciones de las masa proletarias». (Komintern; Programa y estatutos de la Komintern; Adoptados en el VIº Congreso de la Komintern, 1 de septiembre de 1928)

¿Acaso se dice aquí que el fascismo sea una etapa inevitable de la época monopolista, de la etapa imperialista del capitalismo? ¡No! Se deja bien claro que en condiciones del monopolismo, y bajo condiciones sociales, políticas, y económicas convulsas como es la etapa precedente al crac de la bolsa de 1929, la burguesía adopta unas formas de gobierno más autoritarias –y se citan unos casos–, y que «en condiciones históricas determinadas» llevan a la «la forma del fascismo».

El fascismo no es una forma política que la burguesía desea instalar en un país capitalista cuando la economía llega justo al estadio de los monopolios, no por favor, no seamos así de idealistas, ya hemos leído de la mano de Lenin que la burguesía se siente más cómoda con la democracia burguesa de tipo parlamentaria. El fascismo es una forma política a la que la burguesía recurre en casos muy concretos:

«Con objeto de asegurarse un poder más estable, más firme y más duradero, la burguesía se ve obligada cada día más a pasar del sistema parlamentario al método fascista, que no se halla sujeto a las relaciones y combinaciones entre partidos. Este método es el de la dictadura directa, cuya verdadera faz se halla ideológicamente cubierta por medio de «ideales nacionales», representaciones «profesionales» –es decir, grupos diversos de las clases dominantes–, y el método de utilización del descontento de la pequeña burguesía y de los intelectuales mediante una demagogia social particular –antisemitismo, ataques parciales al capital usurario, indignación ante el charlatanismo parlamentario– y la corrupción bajo la forma de creación de la milicia fascista, en el aparato del partido y entre los funcionarios de una jerarquía cohesionada y bien retribuida». (Komintern; Programa y estatutos de la Komintern; Adoptados en el VIº Congreso de la Komintern, 1 de septiembre de 1928)

El texto es muy claro, pero como ocurre hoy, ya en aquel entonces existían mecanicistas que dieron una interpretación esquemática y metafísica de este hecho, y que acabaron por calificar de fascista a casi cualquier régimen que impulsaba medidas antipopulares o reprimía sin investigar mucho más:

«Por otra parte, un error igualmente tan grave como la subestimación del peligro fascista fue el hecho de que el fascismo era discernido aun cuando no existiera. Este error fue debido al hecho de que una serie de escritores comunistas hicieron una interpretación mecanicista de la declaración del VIº Congreso de la Komintern de 1928 cuando se decía que la burguesía se vería obligada cada vez más a recurrir a métodos fascistas de gobierno». (Wilhelm Pieck; Las actividades del Comité Ejecutivo de la Komintern; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 26 de julio de 1935)

Pese a todo, se señaló que la burguesía utilizaba la forma política y de dominación que mejor le viniese para adaptarse a la coyuntura:

«Con objeto de adaptarse a las modificaciones de la coyuntura política, la burguesía utiliza alternativamente los métodos fascistas y los métodos de coalición con la socialdemocracia». (Komintern; Programa y estatutos de la Komintern; Adoptados en el VIº Congreso de la Komintern, 1 de septiembre de 1928) (Equipo de Bitácora (M-L)Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

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