«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 13 de enero de 2015

La teoría del «Chajusong» y la teoría de los «países no alineados»; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

Josip Broz Tito y Kim Il Sung durante los 1977

«
Los norcoreanos, eran alumnos aventajados del pragmatismo maoísta si cabe, porque en el caso del revisionismo coreano, los lazos con el revisionismo yugoslavo fueron muy fuertes, y los lazos con los revisionistas yugoslavos fueron establecidos antes que lo hicieran los revisionistas chinos, ya que los líderes respectivos de Corea del Norte y Yugoslavia, cada revisionismo se complementaban y apoyaban en sus teorías sobre el ámbito internacional de forma natural: el «Chajusong y la teoría de los «no alineados, se entendían mejor, ya que eran esquemas sumamente parecidos, mientras que los países del «tercer mundo» y los «no alineados» encajaban pero de forma más forzada. Expliquemos esto.

La teoría del revisionismo yugoslavo era la teoría de los «Países No Alineados», teoría promocionada tras la ruptura de Yugoslavia con el campo socialista en los años 40. El esquema de esta teoría, era que cada nación debía buscar su vía «independiente» a la soberanía e independencia, «fuera de cualquier bloque»; del bloque imperialista encabezado por los Estados Unidos y del bloque del campo socialista encabezado por la Unión Soviética en los 40 y 50, fórmula que después sería libre del bloque imperialista occidental liderado por los Estados Unidos imperialista y del bloque del revisionismo soviético encabezado por la Unión Soviética socialimperialista a partir de los años 60. Esta teoría si se analiza fríamente, no tenía consistencia ninguna, y sus participantes daban ejemplo de aquella poca seriedad: la propia Yugoslavia, que era líder de este movimiento, como demostró la Primera Conferencia Cumbre del Movimiento de los Países No Alineados que se celebró en 1961 en Belgrado, tenía serios vínculos económicos de dependencia con los imperialismos occidentales, en especial con el imperialismo estadounidense del que dependía totalmente y con el que estaba altamente endeudado, con el que también estaba ligado a pactos militares: es el caso del Pacto de los Balcanes de 1953 que ligaba a Yugoslavia a la Turquía reaccionaria y a la Grecia monarco-fascista, ambos miembros de facto de la OTAN y conocidos regímenes pro estadounidenses.

Esta teoría, inconsistente, pretendía además pasar a países que habían adquirido la independencia estatal recientemente, como regímenes revolucionarios, aunque sus dirigencias siguieran manteniendo la dependencia de los imperialismos bajo el neocolonialismo, lo que hacía imposible su no alineamiento de facto. Estas contradicciones aparecían de forma nítida, e incluso eran reconocidas por figuras afines a la teoría como Tito o Kim Il Sung:

«Refiriéndose a la situación en África, Tito mencionó que las fuerzas reaccionarias de los Estados Unidos, Latinoamérica, Europa, Inglaterra, y la Alemania Occidental, están buscando activamente movilizarse para derrocar regímenes progresistas en países como Libia, Angola, Zambia, Tanzania, y derrotar los movimientos democráticos y progresistas en toda África. Las fuerzas reaccionarias están muy bien organizadas, han calculado sus estrategias. Hostiles reacciones desde ciertos países, incluidos de algunos del Movimiento de los Países No Alineados como son Egipto, Marruecos, Zaire, están amenazando encarecidamente tanto la paz en la región como la unidad del Movimiento de los Países No Alineados. Las fuerzas estadounidenses en represaría, en conjunto con los movimientos reaccionarios en África han orquestado y logrado derrocar algunos regímenes progresistas. Según Tito, dada la situación, es nuestra obligación alentar y apoyar a todos los movimientos antiimperialistas y progresistas de todo el mundo. Kim Il Sung está plenamente de acuerdo, proponiendo mantener un contacto directo y permanente con todos los Estados con el fin de explicar la actual situación mundial y movilizar a todos los países no alineados a defender y fortalecer la solidez del movimiento». (Dimitru Popa; Telegrama de la embajada de Rumanía en Pyongyang al Ministerio de Relaciones Exterior de Rumanía, a los camaradas Constantin Oancea y Ion Ciubotaru, 4 de septiembre de 1977)

Aquí observamos como los revisionistas y sostenedores de la teoría de los países «no alineados», como Tito y Kim Il Sung, se sorprendían porque países como Marruecos, Zaire –quizás los regímenes más pro estadounidenses de África junto a Sudáfrica en el momento– y Egipto –pro soviética hasta los 70, y después descaradamente pro estadounidense–, miembros participantes en el Movimiento de los Países no Alineados, no se mantuvieran «neutrales», «no alineadas»! No sabríamos llamar a estas afirmaciones como inocencia, estupidez o demagogia.

¿Cómo definían los marxista-leninistas, que llevaban décadas luchando contra estas teorizaciones burguesas, a los «Países No Alineados»?

«Esta política, si es que la podemos llamar así, era una ficción, un castillo edificado sobre arena, pero con objetivos precisos. Era un modus vivendi fabricado por el capitalismo mundial para conservar su imperio neocolonialista, haciendo creer a los pueblos que la política que seguían los dirigentes de estos países «no alineados», que de hecho, quien más quien menos, unos sin querer y otros queriendo, son satélites del imperialismo estadounidense y de las demás potencias capitalistas, era una política «independiente» y al margen de los bloques». (Enver Hoxha; La política del «no alineamiento», una política construida sobre un castillo de arena; Las superpotencias, 16 de marzo de 1980)

Hay que decir, siendo del todo sinceros, que ni los propios creadores de las teorías de los «tres mundos», los «países no alineados» y otras, no se aclaran en delimitar que países pertenecen a cada teoría, pero más o menos se intuían:

«Es difícil discernir qué Estados son del «tercer mundo» y qué los distingue de los «países no alineados», qué Estados forman parte de los «no alineados» y qué los distingue de los del «tercer mundo». Así pues, cualquiera que sea el nombre que se les dé, se trata de los mismos Estados». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Para los «hooligans» de la teoría de los «países no alineados», países claramente ligados al imperialismo estadounidense como Yugoslavia, Zaire o Marruecos eran países propiamente «no alineados»:

«Así pues, Tito, con su política «no alineada», fabricada por el imperialismo estadounidense, llegaría junto con los demás líderes de esta política, que mencionamos antes y que ahora están muertos, a crear un rebaño de ovejas, sin pies ni cabeza, pero con un cartel donde se leyera países «no alineados», con una política específica, que supuestamente se diferenciaba de la política de bloques y estaba en oposición a ella. Todos estos países, llamados no alineados, pero que de hecho estaban bajo la influencia económica y política y bajo la defensa del imperialismo y el capitalismo, alimentaban la ilusión de manifestar en sus periódicas reuniones su pretendida «gran» voluntad y su oposición a la política de las grandes potencias y de los bloques». (Enver Hoxha; La política del «no alineamiento», una política construida sobre un castillo de arena; Las superpotencias, 16 de marzo de 1980)

Que países alineados al socialimperialismo soviético como Cuba, Angola o Libia, eran «no alineados»:

«Ahora bien, en este juego político internacional, la Unión Soviética no se quedó a la zaga de los Estados Unidos. Tenía sus zonas de influencia compuestas por Estados supuestamente independientes de ella en los diversos continentes, donde no sólo la política de la Unión Soviética, sino también sus inversiones económicas, jugaban un papel importante». (Enver Hoxha; La política del «no alineamiento», una política construida sobre un castillo de arena; Las superpotencias, 16 de marzo de 1980)

E incluso países vacilantes que se pasaban de un lado a otro de los bloques imperialistas en disputa, como Egipto o Somalia, también eran países «no alineados»:

«Cada uno de estos Estados, cada una de las camarillas dominantes en ellos hacía, en relación con el país del cual dependían, la política que le aseguraba mayores beneficios y, a la primera oportunidad podía pasar de una dependencia a otra, es decir, de una zona de influencia a otra». (Enver Hoxha; La política del «no alineamiento», una política construida sobre un castillo de arena; Las superpotencias, 16 de marzo de 1980)

Es lícito concluir pues, que:

«El imperialismo estimuló e instigó el surgimiento de diversos movimientos y teorías que creaban esta impresión. Tal es el movimiento de los «no alineados». Su base ha consistido en la prédica de la no participación en los bloques políticos y militares y de la defensa de los intereses de los países no desarrollados económicamente frente a la política de las superpotencias. Pero ahora que ha aumentado la rivalidad entre las superpotencias, que la crisis ha reducido el campo de maniobra, se observa claramente que la mayoría de los países «no alineados» se unen a una o a la otra superpotencia. Junto a la división del movimiento y el surgimiento de numerosos conflictos entre los diversos países denominados no alineados, se vinieron abajo también las teorías demagógicas montadas con gran esfuerzo por los diversos líderes que han aspirado a constituirse en dirigentes e ideólogos de este movimiento». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

Ello vislumbra que los partidos marxista-leninistas y los países socialistas no pueden contraer alianzas con cualquier clase, cualquier país, en cualquier situación:

«Los campeones de las teorías» antimarxistas que ahora adornan en lo que se refiere a las alianzas, tratan de presentar sus prédicas como «marxista-leninistas» que el proletariado y los pueblos deben introducir en su lucha, pero en realidad estos puntos de vista de ellos están lejos de ser marxista-leninistas. Podemos ver la convocatoria de los revisionistas modernos a las «alianzas» entre los diferentes «mundos» –o sea países–, pero se «olvidan» que en los llamados «mundos» y países hay pueblos, clases e intereses de clase diametralmente opuestas entre sí. Por lo tanto, en primer lugar los oportunistas liquidan de un plumazo la contradicción entre el proletariado y la burguesía, desvían la atención del proletariado de su preparación para la revolución –sea para la lucha por la liberación nacional, democrática, o socialista– con estos pactos absurdos que buscan el statu quo de la situación. En segundo lugar, en las llamadas «alianzas» que los oportunistas recomiendan, el papel hegemónico y de liderazgo que deben desempeñar el proletariado y su partido marxista-leninista no se tiene en cuenta, por el contrario este papel bien no permanece totalmente definido o se divide entre diferentes clases y partidos. Las posiciones del marxismo-leninismo en relación con este problema son todo lo contrario. El marxismo-leninismo nos enseña en su teoría y en su experiencia de largo trecho que, para la consecución de sus objetivos estratégicos, el verdadero partido marxista-leninista debe emplear tácticas revolucionarias hábiles para poder lograr ganarse a su lado a los aliados naturales del proletariado y asegurarse su apoyo en momentos clave, deben aprovechar las contradicciones que surgen entre los potencias imperialistas, y establecer alianzas con las fuerzas o clases que, aunque sea por un tiempo limitado y para un contexto limitado, estén interesados en la revolución». (Nexhmije Hoxha; Algunas cuestiones fundamentales de la política revolucionaria el Partido del Trabajo de Albania sobre el desarrollo de la lucha de clases, 1977)

Y era claro, que países anticomunistas, que asesinaban a comunistas como en los regímenes pro estadounidenses como Marruecos del rey Hassan II o los regímenes pro soviéticos como la Libia de Muamar el Gadafi, no estaban «interesados» en la revolución ni en casa ni fuera.

Como en los países del «tercer mundo», al respecto de los cuales Enver Hoxha declaró con exactitud que dichos Estados estaban: «dominados en su abrumadora mayoría por la burguesía y los feudales, incluso por reaccionarios y fascistas declarados», en los países de los «no alineados», las clases gobernantes también eran explotadoras. Las personas que dirigían estos países del «tercer mundo», los «países no alineados», los «países en vías de desarrollo» y demás, en su mayoría eran nacionalistas-burgueses de dudoso compromiso no ya con la revolución socialista, sino de las tareas antiimperialistas, anticolonialistas, y antifeudales:

«En diversos países del mundo hay muchos dirigentes como Tito, a los que pretende agrupar en el llamado «mundo no alineado». En general, estas personalidades son burgueses, capitalistas, no marxistas, muchas de ellas combaten abierta y orgullosamente la revolución. Los apelativos socialista, demócrata, socialdemócrata, republicano, republicano independiente y otros, que se atribuyen a sí mismas algunas de ellas, en la mayoría de los casos sirven para engañar al proletariado y al pueblo oprimido, para mantenerlos subyugados, para jugar a sus espaldas. En los Estados «no alineados» impera la ideología capitalista, antimarxista. Muchos de estos Estados están enredados con las superpotencias y todos los países capitalistas desarrollados del mundo por los mismos lazos que lo está la Yugoslavia titoista. La agrupación en el «mundo no alineado» que predica Tito para todos los países del mundo, bajo su dirección, tiene como única base el objetivo y la actividad tendentes a sofocar la revolución, a impedir que el proletariado y los pueblos se levanten y derrumben la vieja sociedad capitalista, e instauren la sociedad nueva, el socialismo». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Como hemos analizamos la «teoría del Chajusong» de los revisionistas coreanos, los propósitos de la teoría sin duda eran similares: desean la alianza de todos los países subdesarrollados o dependientes económicamente hablando, del mundo, sin importar el régimen político y económico del mismo, sin importar la clase que está en el poder, y que clase detenta los medios de producción, ignorando los lazos que efectivamente guardaban dichos regímenes con los imperialismos  aunque se suponía que esta teoría precisamente fue creada y promulgada para desligar a estos países de la subyugación de todo imperialismo:

«Según Tito, dada la situación, es nuestra obligación de alentar y apoyar a todos los movimientos antiimperialistas y progresistas de todo el mundo. Kim Il Sung está plenamente de acuerdo, proponiendo además de mantener un contacto directo y permanente con todos los Estados con el fin de explicar la actual situación mundial y movilizar a todos los países no alineados a fin de defender y fortalecer la solidez del movimiento». (Dimitru Popa; Telegrama de la embajada de Rumanía en Pyongyang al Ministerio de Relaciones Exterior de Rumanía, a los camaradas Constantin Oancea y Ion Ciubotaru, 4 de septiembre de 1977)

Claro es, que era normal que los revisionistas coreanos y yugoslavos pidieran la colaboración, apoyo y unión a Estados donde existían clases explotadoras y explotadas, sus regímenes tenían esa misma estructura, por lo tanto no podíamos pedirles lo contrario de cara al exterior. Creemos que ellos comprendían perfectamente las aspiraciones nacionalistas de todos estos líderes, sobre todo de los líderes disfrazados bajo «rojos ropajes»:

«Tito califica a su teoría, una «teoría universal», alrededor de la cual deben agruparse todos los Estados «no alineados», con sus contradicciones, con sus diferentes gobiernos de no importa que tipo y con sus distintos regímenes; alrededor de ella se deben unir para afrontar las cuestiones políticas urgentes e instaurar un nuevo orden económico mundial. En otras palabras, deben vivir en paz, en coexistencia pacífica, y según Tito, es conveniente hacer una repartición más equitativa de las riquezas mundiales». (Enver Hoxha; Tito «saluda» a Mao Zedong en el mausoleo; Reflexiones sobre China, Tomo II, 30 de agosto de 1977)

También esta reivindicación de un mundo donde «se repartan mejor las riquezas», sin más, sin hacer alusión a remplazar al régimen de producción capitalista en sí, es un slogan que la burguesía a nivel mundial recuperó en su día con el fenómeno de la llamada «globalización», y muchas teorías «tercermundistas» comprimidas en el «socialismo del siglo XXI»:

«El Movimiento de Países No Alineados debe concentrar sus esfuerzos en empacar el establecimiento de una estrategia conjunta en un intento de contrarrestar los desafíos de la «globalización». Esto deberá levantar una estrategia básica para hacer frente a los efectos negativos de la «globalización», para fortalecer las relaciones económicas entre los países en vía de desarrollo, organizando las acciones de cooperación entre sur-sur de acuerdo con las cambiadas circunstancias,  desarrollarlas más ampliamente y vigorosamente. El gobierno de la República Popular Democrática de Corea va en el futuro a permanecer fiel a la idea básica y objetivo del Movimiento de Países No Alineados, y realizar contribuciones activas al logro de la causa humana de la independencia bajo la dirección sabia del Secretario General Kim Jong Il». (Agencia Telegráfica Central de Corea, Pyongyang, 9 de mayo de 1998)

Como vemos, los revisionistas coreanos no llegaron a entender nunca, o bien disimulaban no haber entendido la máxima de que en el caso, sobre todo, de países dependientes la política de:

«Cada Estado capitalista, grande o pequeño, que forma parte del mundo de los «no alineados», aplica una política exterior acorde con lo que recibe del que le financia, del que le apoya y al que ha atado sus destinos». (Enver Hoxha; La política del «no alineamiento», una política construida sobre un castillo de arena; Las superpotencias, 16 de marzo de 1980)

Vincent Gouysse atizaría así además, estas especulaciones sobre la búsqueda de la «independencia»:

«La revolución antiimperialista –socialista– se centra en la independencia económica como condición para mantener la independencia política y se caracteriza por la prioridad dada a los medios de la industria de producción de medios de producción, mientras que la revolución anticolonial –democrático-burguesa– espera disfrutar de una mayor –o más «justa»– integración en la división internacional del trabajo». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Entonces, se comprende, que cuando estos países capitalistas hablaban de los países a los que maniataban económicamente de la búsqueda de un «nuevo orden económico», lo hacían para tranquilizar a los pueblos de estos países cansados de su explotación en beneficio de las camarillas locales y los países del extranjero, del mismo modo que cuando estos países capitalistas dependientes de las grandes potencias imperialistas declaraban abogaban por efectivamente un «nuevo orden económico», se entiende que se referían, a que o bien exigían que los imperialismos que aflojaran el nudo que les subyugaba pidiendo un mejor reparto de los mercados o más ayudas económicas, bien adoptaban esta postura de cara al pueblo para calmar los ánimos de las masas trabajadoras y posar como antiimperialistas que buscaban soluciones a su crisis económica interna, o simplemente lanzaban tal consigna como representantes burgueses de un país capitalista en alza que buscaba convertirse en potencia y directora del dichoso nuevo orden económico en su región o a nivel mundial. Pero este eslogan era falso, que como los marxistas saben, el único «nuevo orden económico» posible que dará solución a los problemas intrínsecos del capitalismo es el sistema económico socialista:

«Los representantes del gran capital mundial hablan mucho sobre la necesidad de cambiar el actual sistema de relaciones económicas internacionales y de crear un «nuevo orden económico mundial», que también es respaldado por los dirigentes chinos. Según ellos, este «nuevo orden económico» servirá de «base para la estabilidad global». Por su parte, los revisionistas soviéticos hablan de crear una pretendida estructura nueva en las relaciones económicas internacionales. Todo esto son esfuerzos y planes de las potencias imperialistas y neocolonialistas, las cuales quieren mantener vivo y prolongar el neocolonialismo, y conservar la opresión y la expoliación de los pueblos. Pero, las leyes de desarrollo del capitalismo y del imperialismo no obedecen a los deseos ni a las invenciones teóricas de la burguesía y de los revisionistas. Como Lenin ha señalado, para resolver estas contradicciones es necesaria la lucha consecuente contra el colonialismo y el neocolonialismo, la revolución». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Esta amalgama de alianzas de «no alineados» que apoyaba y apoya Corea del Norte, incluye desde países «socialistas», «países no alienados», «países del tercer mundo». Partamos de las declaraciones del propio Kim Il Sung con su buen amigo el revisionista alemán Erich Honecker:

«En sus observaciones sobre la situación internacional, el camarada Kim Il Sung hizo hincapié en que el Partido del Trabajo de Corea aboga por unir todas las fuerzas revolucionarias, especialmente aquellos países socialistas, los países del «tercer mundo», los países «no alineados», el movimiento obrero internacional, y el movimiento nacional de liberación. (...) La República Popular Democrática de Corea participa en el Movimiento de Países No Alineados, por su carácter altamente antiimperialista. Las relaciones entre la República Popular Democrática de Corea y los países no alineados son buenas». (Memorándum de la amistosa visita a la República Popular Democrática de Corea por el partido y el Estado de la República Democrática Alemana, liderada por el Camarada Erich Honecker, 13 de diciembre de 1977)

En resumen, según lo pintaron en su momento los revisionistas coreanos, se podría resumir en breves palabras que la idea del «Chajusong» es la búsqueda de la independencia y soberanía. Esto además lo proponían como orden del día, como algo que Kim Il Sung había descubierto para el bien de los pueblos, siendo una nueva etapa histórica como vimos anteriormente:

«La nuestra es una época de Chajusong. Hoy muchos pueblos de todo el mundo están pidiendo Chajusong y están luchando contra todo tipo de subordinación». (Kim Il Sung; Con motivo del 30º aniversario de la fundación del Partido del Trabajo de Corea, 09 de octubre de 1975)

Es normal entonces, que los revisionistas coreanos se sintieran muy a gusto con la promoción de la teoría de los «países no alineados» en el mundo. Kim Il Sung fue en base a sus intereses, un gran defensor de la teoría de los «países no alineados», llegando incluso a proclamarlo como una poderosa fuerza antiimperialista:

«El movimiento actual de los no alineados es una poderosa fuerza antiimperialista que refleja la principal tendencia de la era actual». (Kim Il Sung; El movimiento de países no alienados es una poderosa fuerza antiimperialista revolucionaria de nuestro tiempo, 16 de diciembre de 1975)

¿Notan la ironía? ¡Resulta que países miembros del Movimiento de los Países No Alineados como la India de Nehru, el Egipto de Mubarak, la Arabia Saudí de Faisal, la Chile de Pinochet, la Cuba de Fidel Castro o el Zaire de Mobutu; países maniatados de pies y manos por el imperialismo y el socialimperialismo eran las fuerzas motrices del antiimperialismo de aquellos años!

Era del todo lógico y normal, que los revisionistas coreanos se desvivieran por colmar de elogios la política yugoslava internacional, y la teoría del «no alineamiento» de cara al público internacional:

«Las relaciones de amistad y cooperación entre Corea y Yugoslavia constituyen una relación de camaradería con base en las nobles ideas del socialismo y el no alineamiento, una relación que hace una valiosa contribución a la aceleración de los trabajos de la construcción socialista en los dos países, el fortalecimiento de las fuerzas del socialismo en su conjunto, y la expansión y desarrollo del movimiento no alineado». (Kim Il Sung; Respuestas a las preguntas formuladas por el Director y Editor en Jefe de la revista de Asuntos Internacionales de Yugoslavia, 28 de diciembre de 1984)

Ya que como sabemos y vemos, dicha teoría de los «países no alineados» servía de complemento a su propia teoría del «Chajusong», que era de un corte similar y fácilmente aceptable para los que ya habían aceptado  la teoría de los «países no alineados». De ahí la participación de Corea del Norte en el Movimiento de los Países No Alineados como miembro oficial para promover de paso la idea propia del «Chajusong». En este apoyo de los revisionistas soviéticos, chinos, eurocomunistas, y demás revisionismos menores, a la infame teoría de los «no alineados», se sumaban los revisionistas coreanos.

Los frecuentes encuentros entre Tito y Kim Il Sung a partir de los 70:

«El liderazgo del partido y el Estado de Corea del Norte prestó una atención excepcional a los preparativos para la visita oficial del Presidente Tito a la República Popular Democrática de Corea. En cuanto al número de participantes, decoraciones, la pomposa presentación de los sitios visitados, de los habitantes –trajes, bailes, cantos, flores–, se puede decir que ha sido una acogida sin precedentes en la República Popular Democrática de Corea». (Dimitru Popa; Telegrama de la embajada de Rumanía en Pyongyang al Ministerio de Relaciones Exterior de Rumanía, a los camaradas Constantin Oancea y Ion Ciubotaru, 4 de septiembre de 1977)

No tenían otros fines que los más sencillos y lógicos para las partes: de la parte yugoslava, hacer de intermediario del imperialismo estadounidense en la cuestión de Corea, conseguir el apoyo de Corea del Norte –que posaba como país socialista– para la teoría de los «no alienados» sin dejar que este nuevo adepto quitara a Yugoslavia su rol dentro del movimiento; y de la parte norcoreana utilizar a Tito de puente entre Corea del Norte y Estados para la reunificación de Corea, adoptar y aceptar la teoría de los no alineados para difundir en sus países y conferencias del mismo movimiento la idea del «Chajusong» y el «Juche», y en medida de lo posible lograr liderar tal movimiento:

«Mientras tanto, Kim Il Sung piensa que la visita a Corea de Tito, a quién considera un gran hombre, dará un mayor crédito a su imagen ante los ojos de su pueblo y le permitirán consolidar su propio culto. Kim Il Sung funda grandes esperanzas en Tito y le acogerá calurosamente y con gran pompa, porque él sabe que Tito es el enviado de Jimmy Carter, de los estadounidenses. Kim Il Sung desea establecer contactos con los Estados Unidos, establecer relaciones diplomáticas con ese país, a fin de que ablande su actitud hacia Corea. (…) Tito va a ir a Corea para llevar a cabo transacciones entre el imperialismo estadounidense y Kim Il Sung, porque recibir créditos de Corea, toda vez que este país no tiene cajas fuertes en las que Tito pueda pensar. La propia Corea está metida hasta el cuello de deudas y es insolvente. Por lo que se refiere al «tercer mundo», Kim Il Sung pretende no sólo ser miembro de él, sino en la medida de lo posible su líder. Asimismo, pretende que en todo el mundo se difundan con gran rapidez las ideas del «Juche», es decir, las ideas kimilsungistas. Todas estas pretensiones no alteran en absoluto la labor de Tito que, como se sabe, posa de líder del «mundo no alineado», de los Estados «no alineados». En Pyongyang los dos «líderes» se abrazarán, al igual que están acoplados sus dos mundos. Ambas partes tendrán la bendición principalmente del imperialismo estadounidense, pero, en ciertos aspectos, también del socialimperialismo soviético y del chino». (Enver Hoxha; ¿Por qué Tito va a China?; Reflexiones sobre China, Tomo II, 7 de junio de 1977)

Pero como todos los imperialismos, socialimperialismos y corrientes revisionistas, los norcoreanos no lo hacían por gusto, sino como decimos con la intención de ganarse en ese mundo «no alineado» a cuantos más países mejor para su causa del «Chajusong» y el «Juche», chocando en tal intento y en esas pretensiones quiérase o no, con los que competían ya antes para atraerse a su causa a los «países no alineados»:

«Los coreanos, que quieren formar parte del mundo no alineado, tienen el mismo punto de vista que los chinos, porque desean jugar un papel dirigente con su teoría «juche», pero los yugoslavos rechazan los esfuerzos que hacen en este sentido». De hecho, asistimos al desarrollo de una tragicomedia a costa de los pueblos, a costa del proletariado, que es interpretada por una banda de traidores, de revisionistas, de fascistas, que han llegado al poder por medio de complots y gracias a la subversión, que se disfrazan de representantes de los pueblos y del proletariado, y que llevan a cabo una actividad de zapa contra la liberación de los pueblos y la revolución». (Enver Hoxha; Los chinos desarrollan una labor de agentes de espionaje; Reflexiones sobre China, 18 de junio de 1977)

Llegar a comprender en todo su esplendor los daños que han supuesto a las luchas de liberación nacional y a la revolución proletaria la teoría de los «no alineados», es una actividad que todo marxista-leninista debe llevar a cabo en su formación ideológica, mas cuando aún a día de hoy este Movimiento de los Países No Alineados  y cada uno de sus países siguen propagando su verborrea en sus conferencias sobre su neutralidad, independencia y soberanía de los imperialismos.

De hecho este era el lema de los programas «antiimperialistas» eurocomunistas:

«Momento fundamental de la lucha por la paz, por la cooperación internacional y por una política de coexistencia pacífica es cada vez más el esfuerzo por la construcción de un nuevo sistema y orden internacional, también en el campo económico». (Partido Comunista Italiano; La política y organización de los comunistas italianos; tesis y estatutos aprobados en el XVº Congreso del Partido Comunista Italiano, 1979)

Así se explica la relación del revisionismo eurocomunista con la demanda de «un nuevo reparto económico de las riquezas», un «nuevo sistema económico beneficioso para todos», la «profundización de la coexistencia pacífica entre países», y el «no alineamiento:

«La idea de la reconciliación de clases y del sometimiento a la dominación extranjera que penetra toda la línea política e ideológica de los eurocomunistas queda patente también en la actitud que adoptan hacia los movimientos revolucionarios, de liberación nacional y antiimperialistas. Al no estar por la revolución en su propio país, tampoco están por la revolución en los otros países. No buscan debilitar a la burguesía imperialista y neocolonialista de sus países, por lo tanto jamás pueden considerar la revolución en los países oprimidos como una ayuda directa al desmoronamiento del sistema capitalista. Para ellos no existen el proceso único de la revolución, los vínculos naturales de sus diversas corrientes, la necesidad de la ayuda mutua. Alguna vez para salir del paso, con fines propagandísticos, hacen alguna que otra alusión a favor de los movimientos antiimperialistas. Pero esto se queda en frases vacías, sin un contenido concreto y sobre todo no va acompañado de acciones políticas. Su «respaldo» es fundamentalmente una pose en cierto modo «izquierdista», una manera de estar a la moda y hacerse pasar por progresistas, demócratas. En su actitud hacia el movimiento revolucionario y de liberación, los eurocomunistas, en su conjunto, han hecho suya la ideología del no alineamiento, la cual les viene al pelo para justificar la sumisión de los pueblos a la dominación de las potencias imperialistas y presentar el neocolonialismo como la vía que permite a los países ex-colonias salir de la pobreza y asegurar su desarrollo». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

En la ocasión número mil, se detectan fácilmente los paralelismos del revisionismo coreano con el revisionismo chino. Esta vez, si los revisionistas coreanos como hemos sido testigos se «arrejuntan» con los revisionistas yugoslavos y ambos recíprocamente aceptan y complementa sus teorías –las del «Chajusong» y la del «no alineamiento»– aunque tengan entre ambas teorías contradicciones y ambos liderazgos quieran liderar a países que han aceptado la teoría del otro y no la suya. Pero es que los revisionistas coreanos no estaban haciendo tampoco nada que no hubieran hecho mucho antes sus homólogos y paradigma a seguir como era el revisionismo chino y sus dirigentes. Los revisionistas chinos ya habían concluido una alianza con el revisionismo yugoslavo a inicios de los 70 como ya dijimos en líneas anteriores. Esta alianza sin principios respondía también a que cada rama revisionista aceptaba grandes beneficios una de la otra sin descartar por supuesto las ambiciones de capturar para sus propios intereses a la serie de países bajo cierta influencia ideológica del otro –bajo teorías como la de los «tres mundos» o el «no alineamiento»–:

«La comunidad de concepciones entre los revisionistas chinos y los revisionistas yugoslavos no les impide explotar la cordial amistad que existe entre ellos en función de los fines particulares de cada uno. Tito trata de aprovechar las declaraciones de Hua Kuo-feng sobre su fidelidad y la del partido yugoslavo al marxismo-leninismo, sobre el carácter socialista de la «autogestión», sobre la política interior y exterior «marxista-leninista» que siguen los titoistas, para demostrar que el desenmascaramiento de que ha sido objeto por sus desviaciones antimarxistas, por su política chovinista, reaccionaria y pro imperialista, por su revisionismo, no pasa de ser una calumnia de los stalinistas y, sobre esta base, trata de mejorar su reputación a escala internacional. Por su parte, Hua Kuo-feng aprovecha las relaciones con Yugoslavia para la llamada apertura de China hacia Europa. Los revisionistas chinos se esfuerzan también por utilizar la amistad con los titoistas, que se las dan de campeones del «no alineamiento», como un importante canal para poder introducirse en los países «no alineados» e imponerles su dominación. No fue por azar que Hua Kuo-feng, en el curso de su visita a Yugoslavia en agosto de 1977, pusiese por las nubes el movimiento de los «no alineados», calificándolo de «fuerza importantísima en la lucha de los pueblos del mundo contra el imperialismo, el colonialismo y el hegemonismo». Si cubrió de elogios a este movimiento y a Tito, es porque sueña con apoderarse de dicho movimiento y hacer que Pekín se convierta en su centro». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978) (Equipo de Bitácora (M-L)El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «Pensamiento Juche», 2015)

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