«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 21 de enero de 2015

La teoría y práctica de la revolución; Enver Hoxha, 1977

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«En la definición de la época actual y de la estrategia revolucionaria, los marxista-leninistas siempre han partido del análisis de las grandes contradicciones sociales que caracterizan dicha época. ¿Cuáles son estas contradicciones? Después del triunfo de la revolución socialista en Rusia, Lenin y Stalin se refirieron a cuatro de estas contradicciones:

–la contradicción entre dos sistemas opuestos –el socialista y el capitalista–;

–la contradicción entre el trabajo y el capital en los países capitalistas;

–la contradicción entre los pueblos y naciones oprimidas y el imperialismo;

–las contradicciones entre las potencias imperialistas.

Son estas contradicciones las que constituyen la base objetiva del desarrollo de los movimientos revolucionarios actuales, los que, en su totalidad, forman el gran proceso de la revolución mundial en nuestra época. Todo el actual desarrollo mundial confirma que, desde los tiempos de Lenin, estas, contradicciones, lejos de atenuarse y desaparecer, se han agudizado y son más evidentes que nunca. Por lo tanto el conocimiento y la aceptación de estas contradicciones constituyen la base para definir una estrategia revolucionaria acertada.

Por el contrario, negar y ocultar estas contradicciones, ignorar una u otra y deformar su verdadero contenido, como hacen los revisionistas y los oportunistas de toda especie, causa confusión y desorientación en el movimiento revolucionario y constituye la base para estructurar y predicar una estrategia y unas tácticas erróneas, pseudorevolucionarias». (Enver Hoxha; La teoría y la práctica de la revolución, 7 de julio de 1977) 


Introducción de «Bitácora (M-L)»

El siguiente artículo publicado en el periódico albanés «Zëri i Popullit» el 7 de julio de 1977. Fue un artículo de Enver Hoxha que se publicó de modo anónimo, aunque era de su propiedad, como lo reflejan a posteriori algunas publicaciones albanesas del mismo artículo. En la publicación de esta obra clásica de los marxista-leninistas albaneses contra las teorizaciones de todos los revisionistas y en especial de los revisionistas chinos, tenemos que hacer un inciso y detenernos en tres cuestiones: 1) El contexto de la publicación, la repercusión del artículo; 2) que era la teoría de los tres mundos desde una óptica marxista-leninista y 3) como se expone en el artículo y en qué orden y forma esta teoría y otras. Comencemos:

1) Esta era el contexto y la intención de su autor para su publicación:

La publicación de esta obra coincide con un periodo en que los marxistas-leninistas albaneses estaban extrayendo las últimas conclusiones respecto al revisionismo chino y su naturaleza real. El Comité Central del Partido del Trabajo de Albania enviaría sucesivas cartas al Comité Central del Partido Comunista de China: como la de 1962 –sobre el concepto oportunista de formar un frente antiimperialista con el revisionismo soviético–, la de 1964 –advirtiendo el error de presentar reivindicaciones territoriales en la lucha ideológica contra el revisionismo soviética–, la de 1971 –sobre la reconciliación del revisionismo chino con el imperialismo estadounidense– o la de 1978 –haciendo un resumen del desarrollo de las divergencias sino-albanesas y exponiendo los sabotajes económicos chinos desde inicio de los 70 a causa de la no aceptación de la política exterior china–. En todas estas cartas se ve como de modo camaraderil los albaneses van desbrozando el camino oportunista que los chinos estaban tomando, pero los revisionistas chinos jamás respondieron a las cartas y las críticas, y conforme a ello, y la continuación de políticas oportunistas, los marxista-leninistas fueron sacando conclusiones.

Enver Hoxha había precedido esta obra con otros documentos: el «Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania» del 1 de noviembre de 1971 –donde se atacaba la visión china sobre el imperialismo estadounidense–; el «Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania» del 1 de noviembre de 1976 –donde se oponían a la visión china de la teoría de los «tres mundos» y la desviación de tomar a los países del «tercer mundo» como «fuerza motriz de la época» y otros conceptos pequeño burgueses–. Pese a la poca información que los albaneses podían obtener sobre la situación interna china –ya que los revisionistas chinos tenían su mejor baza en el desconocimiento para el resto de marxista-leninistas de sus congresos, documentos, obras de sus figuras y demás–, existen varias críticas de los albaneses no sólo a las posturas chinas en el ámbito internacional, sino también de cara al ámbito interno de China. Muestra de ello es que en los años 60 a la llamada «Revolución Cultural» china, se le dedicaron fuertes críticas como muestra el informe de Enver Hoxha: «Algunas opiniones previas sobre la «revolución cultural proletaria» china», del Tomo IV de sus Obras Escogidas; esta obra consta precisamente de un informe de Enver Hoxha presentado ante el XVIIIº Pleno del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania el 14 de octubre de 1966 para estudiar y poner de preaviso al partido de los errores en la línea china y tomar precauciones para no cometer los mismos errores que los revisionistas chinos. Finalmente la publicación en 1977 del Tomo V de obras de Mao Zedong, ayudaría en gran medida a clarificar para los albaneses el porqué de las posiciones de los chinos durante los últimos años, y entender que estos errores no eran coyunturales, producto del difícil contexto, de un proceso de aprendizaje o de simple desconocimiento, sino que eran posiciones arraigadas en un pensamiento que claramente revisaba todos y cada uno de los axiomas del marxismo-leninismo y tenía unas raíces claramente incompatibles con el marxismo-leninismo. Precisamente gran parte de la evolución de las críticas de los marxista-leninistas albaneses a los revisionistas chinos, quedaría registrado en la obra de Enver Hoxha: «El imperialismo y la revolución» de 1978 donde tiene un capítulo entero para exponer al teoría de los «tres mundos». Por otro lado la obra: «Reflexiones sobre China», publicada en 1979, obra de dos Tomos que contienen reflexiones del albanés: el primero sobre 1962-1972 y el segundo sobre 1972-1977 expondría toda la evolución de la política interna y externa china, incluida también la teoría de los «tres mundos». Estas reflexiones respecto a China, incluían tanto posiciones de la dirigencia china de cara al interior como al exterior, y aunque se nota el carácter casual, en caliente e «informal» de muchos de los análisis, debe ser considerado como una de las mayores fuentes para estudiar el revisionismo chino durante esos años.

Enver Hoxha diría el mismo día de la publicación del artículo: «La teoría y la práctica de la revolución»:

«Creo que nuestro artículo «La teoría y la práctica de la revolución», que ha aparecido hoy en el periódico «Zëri i Popullit», producirá un gran impacto entre los marxista-leninistas del extranjero, pero también entre los pensadores burgueses progresistas, mientras que, sin lugar a dudas, los chinos y sus apéndices, contra los cuales, de hecho, está dirigido el artículo, se enfurecerán. Era necesario, incluso muy necesario e indispensable, que preparásemos y publicásemos este artículo, porque los revisionistas chinos estaban forzando la dosis, estaban intensificando su lucha contra el marxismo-leninismo y en particular contra el Partido del Trabajo de Albania. Como ya he dicho otras veces, esta lucha es llevada a cabo con disimulo, de manera astuta, hipócrita y no está en absoluto basada en los principios. Los chinos no se han tomado la más mínima molestia para defender sus tesis, porque de hecho sus nefastas tesis sobre la revolución son indefendibles, debido a que la división del mundo en tres y el encuadramiento de China en el «tercer mundo» no es más que una tentativa de estrangular la revolución proletaria y someter al proletariado al yugo de la burguesía capitalista de los países industrializados y del imperialismo estadounidense». (Enver Hoxha; Un artículo que desenmascara una gran intriga a costa de los pueblos; Reflexiones sobre China: Tomo II, 7 de julio de 1977)

Para fechas anteriores a que el propio Mao Zedong falleciera –en septiembre de 1976–, a esas alturas los albaneses no veían a la teoría de los «tres mundos» como una desviación casual más, ni como un error puntual o pasajero de Mao Zedong y sucesores, sino que demostraba la traición y daño que con sus ideas sus seguidores hacían a la revolución y los pueblos:

«La tesis de que «el tercer mundo es la fuerza más grande y más poderosa que lleva adelante la revolución», así como las que la acompañan, son tesis antimarxistas. (...) ¿Pero qué Estados forman parte del «tercer mundo»? Hasta hoy no se ha elaborado ninguna «lista», y seguramente es imposible hacerlo. Mao Zedong y sus adeptos sólo dicen que se trata de los Estados que no forman parte ni del «primer» ni del «segundo mundo». Determinan fácilmente el «primer mundo», formado por los Estados Unidos de América y la Unión Soviética; el «segundo mundo» está constituido por los «Estados desarrollados», pero sin embargo no se dice ni una sola palabra acerca de cuáles son estos Estados y por qué son definidos de esta manera; el resto es el «tercer mundo». ¡¡Esta división, desprovista de todo fundamento teórico, científico y de clase, parece ridícula!! Y en realidad lo es. (...) Mao Zedong formula de manera antimarxista la tesis del «tercer mundo» e integra a China en él para dominarlo. ¡Olvida que las camarillas de los shah, los reyes y los generales fascistas, que las camarillas de los jeques, los emires y de todas las castas dominantes de la India, Afganistán, Pakistán, etc., que oprimen ferozmente a los pueblos, están estrechamente ligadas a las potencias imperialistas y socialimperialistas! Si China ignora estos estrechos lazos, su objetivo y su desarrollo, sus dirigentes son antimarxistas. Y de hecho lo son. ¡¿Cómo es posible que los marxista-leninistas confundan a los países y a los pueblos que aspiran a liberarse del yugo del capital nacional e internacional, con las camarillas capitalistas que los dominan y los oprimen?! ¡¿Cómo es posible esperar ver a los pueblos liberarse y marchar hacia la revolución, si no se hace una distinción entre los oprimidos y los explotados por un lado, y los opresores y los explotadores, por el otro, y si no se impulsa a los primeros a combatir a los segundos?! Precisamente Mao Zedong, con su teoría de los «tres mundos», no sólo no hace esta distinción, sino que combate por suprimir, por extinguir, la lucha de clases en el plano nacional e internacional. La China de Mao Zedong, partiendo de posiciones anti-leninistas, incita a la guerra contra la Unión Soviética y busca atenuar la lucha contra los Estados Unidos. Esta política es completamente antimarxista, instiga la guerra imperialista mundial en lugar de debilitarla y neutralizarla, ya que son los pueblos quienes tienen que soportar todos los males y todos los sufrimientos, ya que son ellos quienes derraman su sangre. China instiga las guerras de rapiña y frena las guerras justas, revolucionarias». (Enver Hoxha; La teoría del «tercer mundo» ignora la lucha de clases; Reflexiones sobre China: Tomo II, 26 de enero de 1976)

Sino que la veían como una desviación antimarxista que confirmaba todo el carácter revisionista del «Pensamiento Mao Zedong», una teoría que servía como arma para escindir y desviar al movimiento comunista marxista-leninista como ya habían hecho otros revisionismos como el soviético con otras teorías sobre la situación internacional como fue en su día la polémica sobre la «coexistencia pacífica» al estilo jruschovista de los revisionistas soviéticos; razones todas justas por las que se clamaba por desenmascarar a esta variante de revisionismo sin contemplaciones ni piedad:

«El «Pensamiento Mao Zedong» es contrarrevolucionario, esquirol, ha asumido la tarea de escindir el movimiento revolucionario marxista-leninista que apareció y se consolidó en la lucha contra el moderno revisionismo jruschovista y los otros partidos revisionistas, y trabaja activamente por conseguirlo. Las divergencias entre los jruschovistas y los maoístas no son de principios; ambas corrientes son antimarxistas, revisionistas. Las divergencias que tienen su raíz en estos puntos de vista, se basan en las rivalidades entre dos grandes potencias imperialistas, una formada y la otra en ascenso. De la misma forma que desenmascaramos a los revisionistas jruschovistas, debemos desenmascarar a los maoístas». (Enver Hoxha; La teoría del «tercer mundo» ignora la lucha de clases; Reflexiones sobre China: Tomo II, 26 de enero de 1976)

Es consecuencia, el objetivo del artículo no es otro que como dice Enver Hoxha que desenmascarar las «teorías» entonces tan de moda sobre la división de los países y sus contradicciones, eso incluía tanto a teoría de los «tres mundos» y otras teorías de aquellos días propagadas por diversos gobernantes e ideólogos pro imperialistas. Unas teorías, que recordemos, algunas de ellas que de hecho aún persisten en el discurso actual de los dirigentes de algunos países y siguen causando un por tanto gran daño a los pueblos como es el caso de la teoría de los países «no alineados» institucionalizada en la agrupación de países del Movimiento de los Países No Alineados. 

Pero por encima de todo, como se ve en el artículo, los albaneses resaltaban las ganas de confrontar las teorizaciones de los oportunistas chinos y el ataque que  la dirigencia china estaban haciendo a sus espaldas de cara a otros nuevos partidos de los 70, atacando la línea marxista-leninista del VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de diciembre de 1976:

«El Partido Comunista de China ha abierto una sucia polémica a espaldas de nuestro partido, sin plantear con antelación las divergencias y las contradicciones que tiene con él. Habiendo preparado un documento estándar, invita a Pekín a los representantes de todos los partidos marxista-leninistas que puede y les expone sus tesis. Este material, en general, está elaborado contra la línea marxista-leninista de nuestro partido y en particular contra su VIIº Congreso de 1976. (...) China, a pesar de que está «por las relaciones bilaterales y por las conversaciones a este mismo nivel», teme confrontar sus ideas con nosotros. China «acepta» las conversaciones bilaterales, siempre y cuando le sirvan para informarse y luego, allí donde se le presenta la ocasión da directrices a los demás». (Enver Hoxha; Los revisionistas chinos atacan por la espalda al Partido del Trabajo de Albania; Reflexiones sobre China: Tomo II, 8 de enero de 1977)

La tímida respuesta oficial china a las tesis internacionales de los albaneses fue la publicación de un artículo:

«Hace dos o tres días que los chinos, seguramente para atacar nuestra justa tesis ideológica y política contra el «tercer mundo» planteada en el VIIº Congreso de 1976, publicaron un largo artículo, supuestamente teórico, dividido en capítulos. El mencionado artículo, no sólo no es teórico en absoluto, sino que además, por la forma de plantear el problema, es erróneo. El objetivo de este escrito es evidente: «demostrar» que la división del mundo en «tres» es una «invención genial de Mao Zedong». (Enver Hoxha; La dirección china se desliza cada vez más hacia el abismo; Reflexiones sobre China: Tomo II, 5 de enero de 1977)

Además de una nota anónima mandada a los albaneses donde se denunciaba la línea albanesa. El reciente enojo de la dirección china encabezada entonces por Hua Kuo-feng venía porque en el VIIº Congreso de 1976 se proclamaba la lucha contra las dos superpotencias por igual, tanto contra la OTAN y el Mercado Común Europeo como contra el Pacto de Varsovia y el CAME, tesis que iban en contra de la teoría de los «tres mundos», a la cual también se atacaba directamente en dicho congreso:

«Nos acusan de que no hacemos, supuestamente «un análisis marxista-leninista de la situación internacional y de las contradicciones existentes entre las dos superpotencias»; y que por eso, no seguimos el camino de los chinos de llamar a la «Europa Unida», al Mercado Común Europeo». (Enver Hoxha; Los revisionistas chinos atacan por la espalda al Partido del Trabajo de Albania; Reflexiones sobre China: Tomo II, 8 de enero de 1977)

Es decir se atacó a Albania y su línea porque efectivamente las tesis del VIIº Congreso de 1976 estaban en contradicción con la política exterior pro estadounidense de China y encontró un gran respaldo de los marxista-leninistas de todos los rincones del mundo:

«Se celebró el VIIº Congreso de nuestro partido de 1976, en el que participaron más de 40 partidos enviando sus delegaciones o mensajes de respaldo. Es seguro que los chinos consideraron esta solidaridad internacionalista como un desafío y un fracaso para ellos, porque muchas cosas iban en contra de sus tesis. Nuestra actitud de principios hizo que aumentase la autoridad del Partido del Trabajo de Albania en el movimiento comunista internacional y en el mundo». (Enver Hoxha; Los revisionistas chinos atacan por la espalda al Partido del Trabajo de Albania; Reflexiones sobre Chin: Tomo II, 8 de enero de 1977)

Pero esto no era nada nuevo en la línea albanesa, no era nuevo ir a contracorriente de los chinos y sus posiciones, por ejemplo en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1971, y sus tesis sobre que el imperialismo estadounidense no era una «superpotencia venida a menos», ni que «había cambiado su carácter», ni que «deseaba el status quo de la situación mundial»,  y que por tanto lejos de «combatir en primer lugar al socialimperialismo soviético» como decían los chinos, los albanés lo contraponían a que había que combatir por igual a las dos superpotencias, lo que entraban en contradicción con las teorías y sobre todos prácticas de la dirigencia china que desde hace tiempo se había reconciliando con el imperialismo estadounidense y llevaba apoyando a todo partido o régimen estadounidense desde inicios de los 70. Precisamente la dirección china de inicios de los 70 de Mao Zedong y Chou En-lai en aquel entonces no atacó de ninguna forma la línea de los albaneses, se contentó con no mandar una delegación al VIº Congreso del PTA de 1971 y dedicarle una simple felicitación en nombre del Comité Central del partido Comunista de China –guardándose de publicar en sus periódicos las tesis centrales sobre el imperialismo estadounidense del congreso albanés–. Enver Hoxha veía clara la diferencia entre una y otra dirigencia china: mientras Mao Zedong y Chou En-lai nunca se atrevieron a responder ni atacaron las tesis albanesas las cuales estaban en franca oposición a las suyas –como quedaron expuestas en las cartas y delegaciones sino-albanesas, como en los propios plenos y congresos albaneses–, la nueva dirección encabezada por Hua Kuo-feng, en cambio, cometió la estúpida osadía de iniciar una polémica que de antemano tenía perdida:

«Hicimos nuestro VIIº Congreso de 1976 y el Partido del Trabajo de Albania expresó sus puntos de vista tal como pensaba, en tanto que la dirección china se picó y cometió el trágico error de atacar a nuestro Congreso de manera condenable, en oposición a las normas que regulan las relaciones entre los partidos marxista-leninistas. Mientras Mao Zedong y Chou En-lai estuvieron en vida, tuvimos contradicciones internas, pero ellos rehusaron discutirlas, o sea, que se mantuvieron en sus opiniones, y nosotros, al no tener otra posibilidad, nos mantuvimos en las nuestras. Se trataba, por su parte, de una táctica oportunista, pero en aquel entonces los dirigentes chinos no cometieron el error antimarxista que han cometido ahora». (Enver Hoxha; Los revisionistas chinos atacan por la espalda al Partido del Trabajo de Albania; Reflexiones sobre Chin: Tomo II, 8 de enero de 1977)

Las razones de esta «precipitación» de Hua Kuo-feng en iniciar los ataques directos e indirectos tan sonados contra la línea albanesa, sólo pueden explicarse en su inexperiencia como estadista, no calculando las consecuencias políticas de iniciar una táctica ofensiva intentado contraponer las tesis independientes que desde hace años los albaneses venían realizando, y que a diferencia de la línea china, evidenciaban una línea recta y constante tanto en política interior como exterior, mientras la línea china fue conocida en su tiempo por sus cambios de opiniones y la subida y bajada de diferentes grupos fraccionalistas en su partido, no dejándole credibilidad alguna ante la opinión mundial ni los pueblos. Era absurda una nueva actitud realmente enigmática y realmente perjudicial para los propios intereses de los líderes revisionistas y como decimos se diferenciaba de sus predecesores como Mao Zedong y Chou En-lai, que siempre mantuvieron una táctica la defensiva ignorando las críticas que los albaneses les presentaban sobre temas de política interior o exterior, limitándose en caso no estar de acuerdo a contestar sus críticas o bien manifestar también su descontento a base de sabotajes y presiones económicas o declarando que no mandarían representantes a los congresos albaneses o rehuyendo la reunión con delegaciones albaneses para tratar las divergencias, a lo máximo atacando por medio de terceros, pero jamás respondiendo de frente ni presentando una contracrítica en primera persona. La otra razón posible para esta nueva maniobra china en la forma de tratar las tesis de los albaneses, es que Hua Kuo-feng pudo pensar que explotando la polémica en ese momento contra los albaneses y llevándola hasta la ruptura ideológica oficial, todavía pudiera retener de su parte a varios partidos que no habían sido puestos al tanto de la polémica sino-albanesa y la larga historia que tenía ella a sus espaldas desde los 60. Para mala suerte de Hua Kuo-feng y compañía, los albaneses a partir de entonces no tendrían piedad en destapar todo el bagaje oportunista histórico de los chinos tanto con ellos como con todo el movimiento comunista internacional, tanto el oportunismo pasado como el presente: como quedaría reflejado en la carta del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania al Comité del Partido Comunista de China de 1978 y otros documentos donde se hacían un repaso histórico del oportunismo chino. 

Enver Hoxha registró cuales podían ser las posibles reacciones que los medios de comunicación de los revisionistas chinos, sus seguidores y simpatizantes a nivel mundial, así como todos los medios pros estadounidenses que se beneficiaban de la «teoría de los tres mundos»:

«Existe la posibilidad de que este artículo sea puesto de relieve por la prensa y las radios burguesas, pero también es posible que se tienda un cerco de silencio en torno a él. Existen ambas posibilidades. Naturalmente, los que desean defender a China a fin de que ella continúe con sus mentiras y se meta profundamente bajo su dependencia, lo silenciarán; mientras que los otros, los más realistas, que desaprueban esta vía de China, hablarán de él». (Enver Hoxha; Un artículo que desenmascara una gran intriga a costa de los pueblos; Reflexiones sobre China: Tomo II, 7 de julio de 1977)

Así fueron las diferentes reacciones al famoso artículo en China:

«Ha pasado casi un mes desde que se publicó nuestro artículo «La teoría y la práctica de la revolución» y su eco continúa siendo muy grande. Ahora no sólo es difundido por todas las agencias de prensa del mundo y comentado en diversos medios, sino que se habla bastante de él en los grandes periódicos mundiales, y los comentarios nos son favorables. China calla, o mejor dicho Ye Chien-ying, en un discurso que pronunció con motivo del aniversario de la fundación del ejército chino, declaró únicamente que China sostendrá al «tercer mundo». De inmediato la agencia Tanjug consideró esto como una «réplica enérgica» a nuestro artículo. ¿Por qué? Porque lo ha dicho Ye Chien-ying». (Enver Hoxha; El eco de nuestro artículo: «La teoría y la práctica de la revolución»; Reflexiones sobre China: Tomo II, 3 de agosto de 1977)

Y en los partidos pseudomarxista-leninistas afines a China:

«Entretanto los pretendidos partidos comunistas marxista-leninistas, apéndices de China, se continúa observando diferentes actitudes respecto a nuestro artículo del 7 de julio. Algunos de ellos lo ignoran por completo en su prensa. El artículo, naturalmente, no lo han publicado, pero además no hacen ningún comentario, salvo que los miembros de estos partidos hablan, aquí y allá, utilizando varios argumentos infundados, tomados de prestado de los chinos De esta manera, en lugar de defenderse se desenmascaran. Esta es la actitud de una parte de estos partidos. El resto defiende abiertamente las tesis chinas. Así, por ejemplo, un partido maoísta griego [se refiere al Movimiento Comunista Revolucionario de Grecia - Anotación de Bitácora (M-L)], que en otra ocasión ya he remarcado que es revisionista, ha hecho un amplio comentario en un artículo, pero utilizando esos mismos «argumentos» infundados. Su artículo defiende a China, defiende a Hua Kuo-feng, defiende a Deng Xiaoping, etc., e indirectamente ataca nuestro artículo. Lo mismo ha hecho, si no me equivoco, un «hongo» e que apareció últimamente, organizado por los chinos. Idéntica actitud han mantenido uno o dos partidos más. El partido pro chino de Bélgica [El Partido de los Trabajadores de Bélgica de Ludo Martens] y otros partidos de la misma naturaleza han enviado mensajes de felicitación al Comité Central del Partido Comunista de China por esa «gran perla» que ha sido la reunión del Pleno del Comité Central del Partido, en el que, entre otras cosas, Hua Kuo-feng ha sido proclamado presidente y Deng Xiaoping vicepresidente. En estos mensajes evocan y exaltan la política interior y exterior de China, y el «tercer mundo». Otros partidos, que son muy vacilantes y oportunistas, permanecen sentados en dos sillas: guardan silencio, no hablan ni a favor ni en contra de nuestro artículo, y al mismo tiempo han cesado, por el momento, de tener una actitud abiertamente pro china». (Enver Hoxha; El eco de nuestro artículo: «La teoría y la práctica de la revolución»; Reflexiones sobre China: Tomo II, 3 de agosto de 1977)

Lo que ponía la confirmación final que una vez más que los gobernantes chinos como venía siendo habitual a lo largo de sus relaciones con Albania, bien podían ignorar las críticas, contestarlas a través de terceros, «contestar »por medio de presiones y sabotajes económicos o atreverse a tratar contestar con pseudoargumentos cargados de sentimentalismo como hacían últimamente con Hua Kuo-feng, pero jamás mantener un debate serio ni justificar teóricamente la teoría de los «tres mundos» bajo argumentos teóricos suyos o de los clásicos del marxismo-leninismo, lo que evidenciaba lo lejos que estaba China y su dirigentes de tener alguna posibilidad de triunfar ideológicamente en la pugna con Albania y su dirigencia, experimentada ya en mil debates contra revisionistas de todo pelaje.

2) Es muy importante entender que significó la contrarrevolucionaria teoría de los «tres mundos» en el desarrollo del siglo XX si se quiere comprender la alianza estratégica entre China y los Estados Unidos, el apoyo de China a la Comunidad Económica Europea –actual Unión Europea–, la OTAN, los partidos y Estados revisionistas, los regímenes pro estadounidenses de África, Asía y América, etc. desde la época de Mao Zedong. Hay que recordar que el fin de esta teoría de los «tres mundos» era el de satisfacer la estrategia de convertir a China en una superpotencia, todo eso suponía inevitablemente la ampliación de China y sus relaciones exteriores. En este caso se pretendía lograr tal fin hegemonista apoyando al bloque imperialista abanderado por los Estados Unidos contra el bloque imperialista abanderado por la Unión Soviética revisionista –bajo la excusa de «aprovechar las contradicciones interimperialistas»–, no por otra razón se intentaba desde el lado chino atraer a los países del bloque estadounidense y a los países del bloque revisionista soviético –países del «segundo mundo» según esta teoría–, más los heterogéneos países del «tercer mundo» para conformar un frente común antisoviético:

«Ahora con esta línea, avanza la detente y las relaciones con el imperialismo estadounidense y los otros países capitalistas. (...) También en lo que respecta a los partidos revisionistas, el Partido Comunista de China está cambiando de estrategia y de tácticas para agrupar a los partidos revisionistas que tienen contradicciones con los soviéticos, al igual que hará esfuerzos por ganarse al «tercer mundo». La línea china, montada y establecida de común acuerdo con Ceaușescu y Carrillo, confirma una vez más, nuestros puntos de vista y previsiones. China avanza rápida y gradualmente hacia su conversión en una gran potencia revisionista». (Enver Hoxha; Los chinos luchan por arrebatar a los soviéticos la hegemonía en el campo revisionista; Reflexiones sobre China: Volumen II, 25 de febrero de 1972)

Es por ello por ejemplo, que la teoría de los «tres mundos» era saludada por la teoría de los países «no alineados» desde Yugoslavia, y la teoría de los países «no alineados» era saludada por la teoría de los «tres mundos» desde China y recomendadas desde ambos estadios a los demás países, se promocionaban la una a la otra porque ambas reportaban un beneficio reciproco en su estrategia internacional de alianza con el bloque estadounidense.

Hay que poner sobre la mesa otro punto importantísimo: cuando los revisionistas chinos y coreanos decían que ¡los países del tercer mundo son «la fuerza motriz de la revolución mundial»!, lo afirmaban sin analizar las tareas de los procesos revolucionarios en dichos países –que bien podían ser simples revoluciones anticoloniales–, ni el carácter de quién lideraba dichos movimientos –que muchas veces provenían de la burguesía nacional o de la pequeña burguesía–, ni la dependencia que tenían esos gobiernos frente a los imperialismos –que la mayoría de veces dependían económicamente de las viejas metrópolis imperialistas o de las superpotencias, incluso cambiando de bando de una a otra–, sin contar a los regímenes claramente fascistas que también se incluían en el saco de países del «tercer mundo» por su carácter pro estadounidense. Enver Hoxha se tomó la libertad de explicar al proletariado mundial los peligros de esta desviación tercermundista:

Primero; dicha teoría niega la hegemonía del proletariado tanto en la revolución antifeudal, antiimperialista, anticolonial, antifascista, como en la revolución socialista:

«Mientras que los revisionistas chinos, oponiéndose a esta tesis de Lenin, se afanan en presentar el «tercer mundo» como la «gran fuerza motriz que hace avanzar la rueda de la historia». Declarar semejante cosa significa dar en la teoría y en la práctica una definición errónea de la fuerza motriz. ¿Cómo es posible que en la época de la actual evolución social, en la época que tiene en su centro a la clase más revolucionaria, el proletariado, se califique de fuerza motriz a una agrupación de Estados dominados en su abrumadora mayoría por la burguesía y los feudales, incluso por reaccionarios y fascistas declarados? Se trata de una burda deformación de la teoría de Marx. (...) La tesis sobre el papel hegemónico del campesinado en la revolución ha sido preconizada por Mao Zedong también como la vía de la revolución mundial. De aquí parte la concepción antimarxista que considera el llamado tercer mundo, que en la literatura política china se denomina entre otras cosas el «campo mundial», como «la fuerza motriz principal para la transformación de la sociedad contemporánea». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Segundo; Dicha teoría ignora la composición social de estos países y el carácter de clase de sus gobernantes:

«La dirección china no tiene presente que en el «tercer mundo» hay oprimidos y opresores, que existen el proletariado y el campesinado esclavizado, pobre y mísero, por un lado, y los capitalistas y los terratenientes, que explotan y esquilman al pueblo, por el otro. Pasar por alto esta situación de clase en el llamado tercer mundo, pasar por alto los antagonismos existentes, significa revisar el marxismo-leninismo y defender el capitalismo. En general, en los países del llamado tercer mundo es la burguesía capitalista quien está en el poder. Esta burguesía explota al país, explota y oprime al pueblo pobre en interés de su propia clase, para asegurarse los mayores beneficios posibles y mantenerlo continuamente en la esclavitud y la miseria». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

3) Tercero; teoría ignora la dependencia hacia los imperialismos de los gobiernos de estos países:

«La burguesía, que es quien detenta el poder en estos países, protege precisamente esa sociedad capitalista que el proletariado, en alianza con las capas pobres del campo y de la ciudad, busca derrotar. Constituye esa clase alta que, en aras de sus mezquinos intereses, está dispuesta, en cualquier momento y ante cualquier contingencia, a entregar al capitalismo extranjero las riquezas del país, del suelo y del subsuelo, a endeudar la libertad, la independencia y la soberanía de la patria. Esta clase, allí donde está en el poder, se opone a la lucha y a las aspiraciones del proletariado y de sus aliados, las clases y las capas oprimidas. Muchos de los Estados, que la dirección china engloba en el «tercer mundo», no están en contra del imperialismo norteamericano y del socialimperialismo soviético. Calificar estos Estados de «fuerza motriz principal de la revolución y de la lucha contra el imperialismo», como predica Mao Zedong, es un error tan grande como el Himalaya. (...) La mayoría de los Estados, que supuestamente forman el «tercer mundo» o el «mundo no alineado», dependen del capital financiero extranjero, que es tan fuerte, tan vasto, que ejerce un peso decisivo en toda la vida de los mismos. Estos Estados no gozan de una independencia plena, por el contrario, dependen de ese gran capital financiero que es quien hace una política y difunde una ideología que justifica la explotación de los pueblos». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Por esta razón los marxista-leninistas albaneses concluyeron con toda razón que apoyar este tipo de teorías como la teoría de los «tres mundos» era poco menos que criminal para la lucha de clases a nivel internacional.

3) Profundizando en el contenido de la obra y como está ordenado debemos exponer:

En el primer capítulo se hace un repaso de la etapa en la que se encuentra la humanidad para finales de los años 70, que no es otra que el imperialismo, última fase del capitalismo, la cual tiene como desembocadura la revolución proletaria para todos los países –sabiendo que algunos de ellos tienen que resolver antes tareas antiimperialistas, anticoloniales, antifascistas, antifeudales, etc.–, siendo tal destino ineludible para todos. Se plasmó igualmente –acorde a la época– la misión histórica del proletariado como clase social debe liderar este proceso que conduzca a la conquista del poder político y a la –resolución de las tareas pendientes seguido de la– edificación económica y cultural que sustituya el viejo sistema capitalista en su estructura y superestructura. También se deja claro que de las diferentes contradicciones de la época –pugna entre sistema capitalista y socialista, entre trabajo y capital en los países capitalistas, países oprimidos y sus opresores y contradicciones en el seno de los países imperialistas–, y el hecho de borrar alguna de ellas, o basar los análisis sólo en una de ella, daría lugar a que los partidos marxista-leninistas establecieran futuras estrategias erradas, unilaterales, sesgadas. 

Estas contradicciones que expone el marxismo-leninismo, entender y respetar su carácter objetivo, será determinante para comprender en el segundo capítulo de la obra, para saber el porqué las diferentes teorías burguesas y pequeño burguesas antes citadas –como la teoría de los «tres mundos» o la teoría de los países «no alineados»– son falsas, ya que precisamente borran estos axiomas básicos del marxismo-leninismo, no se atienden a ellas o se basan solamente en una de ellas. Es por ello que el Partido del Trabajo de Albania declaraba:

«Una correcta comprensión de la naturaleza y el contenido de nuestra época y de sus fuerzas motrices, constituye una condición básica para cada partido marxista-leninista a la hora de elaborar la correcta línea política ideológica, así como sus estrategias y tácticas revolucionarias». (Nexhmije Hoxha; Algunas cuestiones fundamentales de la política revolucionaria el Partido del Trabajo de Albania sobre el desarrollo de la lucha de clases,  27 de junio de 1977)

En el segundo y tercer capítulo se profundiza en sí sobre todo en la teoría de los  «tres mundos», y los puntos flacos que de ella sobresalen y que acabamos de ver en la presente introducción, por lo que no añadiremos más.

Notas

[1] Lectura Online AQUÍ ó Descarga en PDF AQUÍ.

[2] Todos los documentos de Enver Hoxha editados por el equipo de este Blog AQUÍ.

[3] Todos los documentos editados por el equipo del Blog en el apartado BIBLIOTECA.

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