viernes, 23 de enero de 2015

AntiNietzsche, antiHeidegger...; Mehmet Ali İnce, 2015

Queríamos brindar este excelente artículo de un colaborador y camarada turco. En nuestro medio ya hemos propagado información similar. Véase:

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Acerca de la filosofía y la poesía del capitalismo; Franz Mehring, 1891



El documento:


«Veo que algunos camaradas citan filósofos como Martín Heidegger y Nietzsche.

Les propongo que no lo hagamos.

Ninguna filosofía puede ser superior a la lucha de clases. Nietzsche y Heidegger son los filósofos de una cierta clase. ¿De que clase son? Ellos son los filósofos de la burguesía, en vísperas de la época imperialista.

Los soldados alemanes en el inicio del siglo y durante La Primera Guerra Mundial teniendo la Biblia en un bolsillo, y la obra de Nietzsche «Así habló Zaratustrar» de 1885 en la otra.

Según ellos, todo que promueva una vida llena de ambición al poder es verdad. Especialmente para Nietzsche es sinónimo los intereses y la voluntad. Para él, lo mas sagrado es o debería ser la voluntad de poder. ¿Qué significa esto para la sociedad?

El responde a esta pregunta en su teoría de «Moral de los señores y Moral de los esclavos». Aquí habla de dos realidades de vida, dos tipos de éticas. En su filosofía su tendencia es indiscutible. El defiende la concepción de ética del hombre superior que es un elemento del orden capitalista de la víspera del imperialismo, del sistema burgués. La comprensión de hombre superior es la realidad! La razón de esto según el, es que la percepción del hombre superior y su concepción moral promueve la potencia de los más potentes. Según Nietzsche, la realidad del hombre superior encarna el poder contra los esclavos. La realidad y el poder son sinónimos. La esencia reaccionaria de la teoría de Nietzsche se surge aqui: Según Nietzsche el hecho de que el «esclavo» puede llegar al poder, es algo imposible. Esto jamas pero jamas puede ser. Aquí se expone su miedo del marxismo y el movimiento obrero en ascendencia: Nietzsche explica el ideal de la clase obrera de llegar al poder como ideales enemigos de la vida y tomando su lugar en las filas de las clases dominantes exclama que sus mentiras son para el, verdades. Esto es Nietzsche.

Nietzsche rechaza el objetivismo, defiende la relatividad y el escepticismo. Su escepticismo llega a dimensiones en él hasta aceptar la legitimidad de utilizar la mentira cuando la mentira sirve al poder. Es este sentido el es el precursor ideológico de pragmatismo fascista, la carencia de principios del fascismo, y, en última instancia, del estilo de propaganda de Goebels.

Como Nietzsche aprehende el esclavo y hombre superior como fenómenos biológicos, los ve como un fenómenos eternas de la vida. Para el los esclavos son una «sub-raza» débil, enfermo, la vida que colapsa. Eran los fascistas alemanes quienes, en nombre de la raza superior trataron a destruir estos «esclavos».

Nietzsche comprende la voluntad, la voluntad de poder, como un puro fenómeno psico-biológico y explica la esencia íntima de la vida como, como el impulso o instinto de poder. Pero no hace ninguna explicación del impulso de poder. El nunca relaciona el impulso y la esfuerza hacia el poder con la burguesia o más bien con la base económica y social de la burguesía imperialista. En la comprensión del impulso de poder el «por qué» no tiene cabida. Aquí, Nietzsche es un psicólogo y nada mas. A pesar de que el impulso de poder parece ser como la fuente de todo el poder, este impulso para Nietzsche es un impulso puro biológico. Nietzsche no reconoce que lucha entre las clases explotadores y explotados es debido a la necesidad económica, y que eso se llama la lucha de clases. Tampoco acepta que el poder bien sea político bien sea militar se basa en el poder económico. Nietzsche trata de ocultar que la opresión, la explotación y la el uso de la fuerza constituye la base del orden burgués. La doctrina de la voluntad de poder en su esencia esta basado en el uso real de la fuerza por la burguesía. Asi, el recurso a la violencia se muestra como algo natural.

Nietzsche con su teoría de poder, se desarrolla una teoría social biológica-psicológica con un color Darwinista. Su teoría, se llama la doctrina de Moral de los señores y Moral de los esclavos. Con esta doctrina de Nietzsche se justifica la sociedad de clases, la explotación y la opresión en esta sociedad. Porque según el estos –represión, la explotación, utilizar violencia– son naturales.

Nietzsche percibe sus ideas sobre el hombre superior, el hombre no superior –vulgar, común, primitivo– como un gran descubrimiento de sí mismo. Lo que entiende Nietzsche del hombre superior es una vida más saludable, creciente –en desarrollo– y tener una voluntad vivo para el poder. Solo el que tiene estas características puede ser el hombre superior. Es decir, solamente los que son nobles guerreros como los samuráis japoneses, griegos, romanos dueños de pueden ser personas superiores. Nietzsche pone a la categoría de los hombres superiores los artistas y científicos quienes niegan la larga tradición y la moral de los esclavos y preparan espiritualmente el dominio del poder del hombre superior.

Nietzsche también basa su enseñanza de los hombres superiores desde el punto de vista racial-biológico. Según este señor filósofo el hombre superior pertenece a la raza superior. Existen este tipo de gente en general entre los gérmenes de raza pura. En este sentido, Nietzsche define sus hombres superiores como «monstruo amarillo» –de pelo amarillo–. Nietzsche exige que este «monstruo amarillo» sea producido biológicamente, que se mantenga su «pureza». Aquí, Nietzsche, supera a Schopenhauer en términos de la eugenesia. Nietzsche es un eugenesista que combina la formación de la raza superior amarillo, con la enseñanza de la gente para este propósito. Tanto es así que el defiende la sistema de castas en la India, su estado de castas para que la raza superior amarilla no se «empobrece» es decir no sea hibrido mezclando con los hombres superiores.

Nietzsche critica a la sociedad burguesa de la época, con Alemania de Bismarck en su mente. El queja sobre concesiones a las masas, el mantenimiento del cristianismo como la religión oficial del estado, menciona que se ha sido demasiado liberal y democrático. Al mismo tiempo, habla de estancamiento de la sociedad capitalista, se refiere a carencia de espíritu. Protestando contra esta situación, Nietzsche, pone frente a esta sociedad, su concepto de una sociedad ideal. El ideal de la sociedad del futuro es la sociedad donde se defiende mejor intereses de Alemania que se pasa a la fase imperialista. Él defiende el super-imperialismo. El explica esta sociedad como la doctrina del hombre superior y de los «señores de la tierra». Nietzsche con esta doctrina defiende el dominio de toda la tierra por el hombre superior. Según él, los hombres superiores que pertenecen a los pueblos de la gran cultura son hermanos. Estos hombres superiores que vienen de los grandes pueblos de cultura trascienden las fronteras nacionales y son creadores, genios intrínsecamente relacionados.

Ellos van a reemplazar la obsoleta civilización liberal-democrática. Los «señores de la tierra», los «buenos Europeos» son los que van a destruir la decadencia nihilista del siglo XIX y y establecerán un nuevo orden jerárquico».

El dominio de las «Señores de la tierra» no solamente esta limitado con la eliminación del nihilismo», con el ideal de decadencia, es decir, «la reevaluación de todos los valores». Su realización es, al mismo tiempo, la esclavización, la destrucción de la clase obrero y las masas trabajadoras, su sometimiento a una gran represión.

El que dijo «nosotros mismos nos contamos entre los conquistadores, reflexionamos acerca de la necesidad de nuevos órdenes, así como de una nueva esclavitud pues a cada fortalecimiento y elevación del tipo «hombre» corresponde también una nueva forma de esclavizar» no era otro sino el propio Nietzsche. En «La Voluntad de Poder» de 1901 dice: «Yo escribo para esa especie de hombres que no existen todavía a los que podríamos llamar «señores de la tierra».

El significado político y social de la doctrina de los señores de la tierra es bastante clara: Nietzsche al decir que los pueblos de gran cultura, los «buenos europeos», son «hermanos» y al definirlos como «los señores de la tierra» estaba oponiendo a la nacionalidad en el nombre de sus relaciones internacionales. Nietzsche defendia el dominio de los hombres superiores, su cooperación internacional en nombre de una orden nueva. En la zona de la cultura estaba a favor de una cultura «europeo» cosmopolita. En ese momento el capitalismo estaba pasando a su fase imperialista. Países como Alemania, EE.UU., Francia, Reino Unido, Italia habían compartido el mundo entre ellos dentro de la competencia internacional. Nietzsche, estaba hablando del dominio mundial de los países imperialistas. En este bloque, por supuesto, imperialismo alemán debería haber sido el líder. Según Nietzsche para el establecimiento de tal orden mundial la clase obrera y las masas trabajadoras, los pueblos llamados atrasados deberían estar sometido bajo presión. Nietzsche, al exigir la aniquilación y destrucción de «las malas razas», de los pueblos y razas «pútridas» estaba haciendo el preestudio ideológico para el colonialismo en Asia y Africa y después para el imperialismo del fascismo alemán en Europa. Su comprensión de la teoría de la eugenesia y la raza le mostró el camino al fascismo alemán. En este sentido, el padre ideológico del fascismo, su precursor es Nietzsche.

La sociedad ideal del futuro que Nietzsche trató de definir se expresó en la Alemania nazi, y ahora el nuevo orden mundial del imperialismo norteamericano, el imperialismo estadounidense, su dominación del mundo. La dominación cultural de Occidente sobre otras culturas, el «choque de culturas» que se esta tratando a instigar, la democracia y la libertad que se trata a exportar, todo esto se esta haciendo en nombre de la sociedad ideal del futuro. al futuro de siempre se hace en el nombre de la sociedad ideal.

Nos encontramos teorías como la «multitud», como un nuevo orden mundial, y la innecesidad de luchar contra esta orden. Aquí la desesperanza, el individualismo, la desorganización, la capitulación se está procesando. La ocupación de los países y las regiones que tienen importancia estratégica y materias primas bajo el nombre de la lucha contra las dictaduras, las «armas de destrucción masiva» y basando en la cultura occidental, es decir, sobre la base de la cultura imperialista a través de la teoría «choque de culturas». Se defiende la dominación de los «Señores de la Tierra». Ahora, se añadió a los «buenos europeos» de Nietzsche los «buenos americanos». Ellos juntos están luchando por la dominación del mundo. Y Heiddeger es peor.

Después de años de trabajo en Marburg el ya era bien conocido, sobre todo después de la publicación en 1927 del tratado «Ser y Tiempo». A este período también se incluyen obras como «Kant y el problema de la metafísica», «¿Qué es la metafísica», «De la esencia de la base». En 1928, regresó a Friburgo y ocupa la cátedra de la Husserl se retiró.

21 de abril 1933, después de que los nazis llegaran al poder, Heidegger se convirtió en rector de la Universidad de Friburgo, y el 1 de mayo de ese año, entrando en el partido nazi, participo en actividades políticas. Hizo discursos, para integrar la Universidad del Estado nazi y el uso activo de la retórica nazi. Sigo siendo un miembro del partido nazi hasta el final de la Segunda Guerra Mundial». (Mehmet Ali İnce; AntiNietzsche, antiHeidegger..., 2015)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

«El más inmediato antecesor ideológico del fascismo fue el filósofo alemán Nietzsche. En las obras de Nietzsche se mantiene la más repugnante actitud, una actitud despreciativo-señorial, esclavista-capitalista, ante el pueblo. Según este filósofo, «la humanidad es, indudablemente, más bien un medio que un fin, la humanidad es, simplemente, un material de experimentación, la escoria de un gigantesco fracaso, un campo de escombros». Nietzsche se refiere con desprecio a la masa trabajadora, a los que él llama «los demasiados», y considera como natural, normal y justificada la situación de esclavitud que les está reservada en las condiciones del capitalismo. La fantasía demencial de este filósofo le hizo concebir el ideal del «superhombre», de la bestia humana, situada «más allá del bien y del mal», que conculcaba la moral de la mayoría y marchaba derecha hacia su meta egoísta, hacia el poder por entre incendios y ríos de sangre. El principio fundamental del «superhombre» era la voluntad de poder, y a la luz de él todo se hallaba justificado. Esta fanática y cruel «filosofía» nietzscheana, unida a su teoría racista, fue elevada al rango de ideología oficial del Estado por Hitler y sus secuaces.

La teoría racista del fascismo y la idea fascista del «Führer» se hallan íntimamente relacionadas entre sí y se complementan mutuamente. La teoría racista, sin que pueda apoyarse para ello en fundamento alguno, divide a los pueblos en «superiores» e «inferiores» y afirma que la mayoría de los pueblos sólo son aptos para abonar el «suelo de la civilización» y se hallan incapacitados para una obra de creación histórica propia e independiente, para la creación de valores culturales. Al mismo tiempo, los racistas dividen, a su vez, la raza «superior» inventada por ellos en representantes de primera clase, «de pura sangre», de la raza, en la «élite» y en representantes «de menor cuantía», «inferiores», entre los que ellos cuentan las masas populares. La «élite» la encabeza el Führer, dotado de poderes ilimitados para decidir acerca de la suerte de los pueblos. Esta ideología basada en el odio a la humanidad sirvió al hitlerismo de guía y justificación de su barbarie y de sus bestialidades, de su política de exterminio de millones de seres y de destrucción de miles de aldeas y ciudades». (Academia de las Ciencias de la Unión Soviética; Materialismo histórico, 1950)

La versión de 1950 de este documento soviético tiene ciertas diferencias cuando se compara con su reedición de 1954, bajo la excusa de hacerlo más breve y reformular mejor algunas expresiones, censuran algunos párrafos enteros, pero en otras ocasiones algunos axiomas marxistas se mantienen mientras coexisten con declaraciones antagónicas añadidas para la nueva versión. Esto demuestra que los manuales soviéticos efectivamente sufrieron una remodelación  que en algunos puntos hace cualitativamente sustancial la diferencia entre sus versiones «stalinistas» y sus reediciones posteriores a 1953.

He aquí unas citas del propio autor Nietzsche para los escépticos sobre la justa conclusión de los soviéticos, donde se pondrá de manifiesto que promovió tomo una visión misantrópica del ser humano en especial contra las clases bajas, se posicionó de forma aristócrata en la lucha de clases, fue un férreo defensor del irracionalismo, del pragmatismo, del voluntarismo y del subjetivismo, exclamó odas al belicismo, a la misoginia, al genocidio, al caudillismo y a la eugenesia, valores hechos propios por el fascismo sin lugar a dudas:

«Nosotros mismos nos contamos entre los conquistadores, reflexionamos acerca de la necesidad de nuevos órdenes, así como de una nueva esclavitud, pues a cada fortalecimiento y elevación del tipo «hombre» corresponde también una nueva forma de esclavizar; ¿no es verdad?». (Friedrich Nietzsche; La gaya ciencia, 1882)

 «Los alemanes somos hegelianos, aunque Hegel no hubiera existido nunca, en la medida en que –en contra de todos los latinos– atribuimos instintivamente al desarrollo y a la evolución un significado más profundo,   un   valor   más   rico   que   a   lo   que   «es»   –por   eso   apenas   creemos   en   la legitimidad de la noción de «ser»–». (Friedrich Nietzsche; La gaya ciencia, 1882)

«Todo en la mujer es un enigma, y todo en la mujer tiene una única solución: se llama embarazo. El varón es para la mujer un medio: la finalidad es siempre el hijo. ¿Pero qué es la mujer para el varón? Dos cosas quiere el varón auténtico: peligro y juego. Por ello quiere él a la mujer, que es el más peligroso de los juguetes. El varón debe ser educado para la guerra, y la mujer, para la recreación del guerrero: todo lo demás es tontería». (Friedrich Nietzsche; Así habló Zaratustra, 1885)

«Debéis ser de aquellos cuyos ojos buscan constantemente un enemigo, su enemigo. Y en algunos se descubre el odio a primera vista. Debéis buscar vuestro enemigo, debéis hacer vuestra guerra, y hacerla por vuestros pensamientos. Y si vuestro pensamiento sucumbe, vuestra honradez debe cantar victoria por ello.  Debéis amar la paz como medio para nuevas guerras, y la paz breve mejor que la larga.  No os aconsejo el trabajo, sino la lucha. No os aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Sea vuestro trabajo una lucha, sea vuestra paz una victoria! Solamente se puede callar o descansar cuando se dispone de una flecha y de un arco. En caso contrario no se hace sino charlar y disputar. ¡Sea vuestra paz una victoria!  ¿Cómo es que decís que una buena causa santifica incluso una guerra? Yo os digo: ¡la buena guerra santifica toda causa!  La guerra y el valor han hecho cosas más espléndidas que el amor al prójimo. No vuestra piedad, sino vuestra valentía es lo que ha salvado hasta ahora a los náufragos periclitantes». (Friedrich Nietzsche; Así habló Zaratustra, 1885)

«Habría que excluir a Descartes, padre del racionalismo –y en consecuencia abuelo de la Revolución–, que reconoció autoridad únicamente a la razón: pero ésta no es más que un instrumento». (Friedrich Nietzsche; Más allá del bien y del mal, 1886)

«La corrupción, según en la forma de vida que se muestra, es algo muy distinto. Si, por ejemplo, una aristocracia como la de Francia al inicio de la revolución se deshace de sus privilegios con un asco sublime, y se sacrifica a sí misma en un libertinaje del sentimiento moral, eso es corrupción. Lo esencial de una aristocracia buena y sana es que puede aceptar, con la conciencia tranquila, el sacrificio de un sinfín de personas que se tienen que rebajar y reducir a humanos incompletos, a esclavos, a herramientas». (Friedrich Nietzsche; Más allá del bien y del mal, 1886)

«La «explotación» no forma parte de una sociedad corrompida o imperfecta y primitiva: forma parte de la esencia de lo vivo, como función orgánica fundamental, es una consecuencia de la auténtica voluntad de poder, la cual es cabalmente la voluntad propia de la vida. Suponiendo que como teoría esto sea una innovación, como realidad es el hecho primordial de toda historia: ¡seamos, pues, honestos con nosotros mismos hasta este punto!». (Friedrich Nietzsche; Más allá del bien y del mal, 1886)

«Lo esencial en una aristocracia buena y sana es, sin embargo, que no se sienta a sí misma como función –ya de la realeza, ya de la comunidad–, sino como sentido y como suprema justificación de éstas, que acepte, por lo tanto, con buena conciencia el sacrificio de un sinnúmero de hombres, los cuales, por causa de ella, tienen que ser rebajados y disminuidos hasta convertirse en hombres incompletos, en esclavos, en instrumentos». (Friedrich Nietzsche; Más allá del bien y del mal, 1886)

«A riesgo de descontentar a oídos inocentes yo afirmo esto: de la esencia del alma aristocrática forma parte el egoísmo, quiero decir, aquella creencia inamovible de que a un ser como «nosotros lo somos» tienen que estarle sometidos por naturaleza otros seres y tienen que sacrificarse a él. El alma aristocrática acepta este hecho de su egoísmo sin ningún signo de interrogación y sin sentimiento alguno de dureza, coacción, arbitrariedad, antes bien como algo que seguramente está fundado en la ley primordial de las cosas». (Friedrich Nietzsche; Más allá del bien y del mal, 1886)

«Los débiles y los fracasados deben perecer; ésta es la primera proposición de nuestro amor a los hombres. Y hay que ayudarlos a perecer». (Friedrich Nietzsche; El Anticristo, 1888)

«Hay días en que anida en mi en sentimiento más negro que la más negra melancolía: el desprecio de los hombres. Y para que no quede duda sobre lo que yo desprecio y a quién desprecio, diré que desprecio al hombre moderno, al hombre del cual yo soy desgraciadamente contemporáneo. El hombre de hoy. Su impura respiración me ahoga». (Friedrich Nietzsche; El Anticristo, 1888) 

«¿No habéis oído mi respuesta de cómo se cura a una mujer, de cómo se salva? Haciéndole un hijo. La mujer necesita tener hijos, y el hombre no es más que le medio para ese fin. Así hablaba Zaratustra. Emancipación de la mujer es el nombre que toma el odio instintivo de la mujer fracasada, es decir de la incapaz de maternidad, contra la mujer que posee esa cualidad. La lucha contra el hombre no es más que un medio, un pretexto, una simple táctica». (Friedrich Nietzsche; Ecce homo, 1888)

«Lo primero que me pregunto al escrutar a la persona que tengo delante, es si posee el sentimiento de la distancia, si ve en todo el rango, los grados, las jerarquías de hombre a hombre, si sabe distinguir, en fin. Si posee todo eso es gentilhombre. Pero si no, pertenece irremisiblemente a la categoría tan vasta, tan bonachona de la canalla». (Friedrich Nietzsche; Ecce homo, 1888)

«Un nuevo partido de la vida, asume en sus manos como máximo objetivo la suprema cría de la humanidad, incluyendo la aniquilación despiadada de todos los impedidos y parásitos, hará que ese exceso de vida se haga posible de nuevo sobre la tierra, y sobre el que surgirá de nuevo la situación dionisiaca. Vaticino una época trágica: renecerá el arte supremo en afirmar la vida, la tragedia, cuando la humanidad deje tras de sí la conciencia de las guerras más duras y necesarias sin sufrir por ello». (Friedrich Nietzsche; Ecce homo, 1888)

«Moral para médicos. El enfermo es un parásito de la sociedad. Es indecoroso seguir viviendo cuando se llega a cierto estado. Seguir vegetando, dependiendo cobardemente de médicos y medicinas, una vez perdido el sentido de la vida, el derecho a vivir, debiera ser algo que produjese un hondo desprecio a la sociedad. Los médicos, a su vez, deberían ser los intermediarios de ese desprecio: dejar a un lado las recetas y experimentar cada día una nueva dosis de asco ante sus pacientes. Hay que crear en el médico una nueva responsabilidad ante todos aquellos en que el interés supremo de la vida ascendente exija que se aplaste y que se elimine sin contemplaciones la vida degenerante; por ejemplo, en lo relativo al derecho a engendrar, a nacer, a vivir». (Friedrich Nietzsche; El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa a martillazos, 1889)

«Mi concepto del genio. Al igual que las grandes épocas los seres superiores son materias explosivas en las que se encuentran acumuladas una fuerza extraordinaria; su condición histórica y fisiológica previa es que durante muchísimo tiempo se haya estado reuniendo, amontonando, ahorrando y acumulando hasta llegar a unos seres así, sin que durante todo ese dilatado proceso se haya producido ninguna explosión. Cuando la tensión existente en la masa ha llegado a ser demasiado grande, basta el estímulo más accidental para hacer que aparezca el «genio», la «acción», el gran destino. ¿Qué importan entonces el medio ambiente, la época, el «espíritu del siglo», la «opinión pública»? Tomemos el caso de Napoleón. La Francia de la Revolución, y sobre todo la Francia de la época anterior a ésta, había engendrado el tipo opuesto al de Napoleón, como de hecho lo engendró. Pero como Napoleón era diferente y había heredado una civilización más fuerte, más duradera y más antigua que la que estaba desapareciendo y desintegrándose en Francia, se convirtió en el único amo. (...) El genio se derrama, se desborda, se gasta, no se ahorra, y ello de una manera fatal, irremediable, involuntaria, al igual que un río que se desborda y se sale de su cauce. Ahora bien, como es tanto lo que se les debe a estos seres explosivos, se les ha concedido también mucho a cambio: por ejemplo, una especie de moral superior». (Friedrich Nietzsche; El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa a martillazos, 1889)

«Examinemos ahora el otro caso de lo que llaman moral: el de la cría de una raza y especie determinada. El ejemplo más grandioso nos lo ofrece la moral hindú, sancionada como religión en la «Ley de Manú». Aquí se plantea la tarea de criar a un mismo tiempo nada menos que cuatro razas: una sacerdotal, otra guerrera, otra de comerciantes y labradores, y otra de siervos –los sudras–. (...) El tercer edicto, por ejemplo (Avadana-Sastra 1), el de «las legumbres impuras», dispone que el único alimento permitido a los chandalas sean ajos y cebollas, puesto que la Escritura Sagrada prohíbe darles cereales o frutos que contengan granos, al igual que agua o fuego. El mismo edicto prescribe que el agua que precisen no la podrán tomar ni de ríos, ni de fuentes, ni de estanques, sino sólo de las vías de acceso a las charcas y de los hoyos hechos por las pisadas de los animales. De igual modo se les prohíbe lavar sus ropas y lavarse a sí mismos ya que el agua que misericordiosamente se les concede sólo la pueden usar para calmar su sed. Por último de prohíbe a las mujeres sudras que asistan en el parto a las chandalas, e, igualmente se prohíbe a éstas últimas que se asistan mutuamente en dicho trance. (...) Estas disposiciones resultan sumamente instructivas: en ellas vemos, ante todo, la humanidad aria completamente pura y completamente originaria y comprobamos que el concepto de «pureza de sangre» dista mucho de ser una idea banal». (Friedrich Nietzsche; El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa a martillazos, 1889)

«Entre los alemanes no basta hoy ya tener ingenio: hay que tomarlo, apropiárselo. Tal vez yo conozca a los alemanes y sea precisamente quien pueda decirles unas cuantas verdades. La nueva Alemania representa una gran suma de capacidades heredadas y adquiridas, de modo que, durante un cierto tiempo, pueda gastar incluso con prodigalidad su tesoro de fuerzas acumulado. No ha llegado a imponer una cultura elevada, y menos aún un gusto refinado, una aristocrática «belleza de los instintos», pero sí unas virtudes más viriles que las que podría mostrar cualquier otro país de Europa. (...) Antaño se decía que los alemanes eran un pueblo de pensadores: ¿siguen siéndolo aún? A los alemanes les aburre hoy la inteligencia y el ingenio, recelan de éstos; la política absorbe toda seriedad e impide que se haga uso de ella para cosas verdaderamente intelectuales e ingeniosas. (...)  La aparición del Reich en el horizonte de la historia y de la cultura europea significa, principalmente, un desplazamiento del centro de gravedad. (...)  Se requieren educadores que estén a su vez educados, espíritus superiores, aristocráticos. (...) ¿Qué es lo que determina el declive de la cultura alemana? El hecho de que la «educación superior» no sea ya un privilegio, el democratismo de la «cultura general», que se ha vuelto común y vulgar». (Friedrich Nietzsche; El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa a martillazos, 1889)

«El problema obrero. La estupidez, que, en la última instancia, no es más que la degeneración de los instintos, y que hoy es la causa de todas las demás estupideces, consiste en el hecho de que haya un problema obrero. El primer imperativo del instinto es que hay ciertas cosas que no se cuestionan. Yo no logro entender qué es lo que se pretende hacer con el obrero europeo, después de haber hecho de él un problema. Ese obrero se encuentra demasiado bien para no ir cuestionando cada vez más cosas, para no cuestionar cada vez de una forma más descarada. En último término, cuenta con el gran número. (...)  ¿Qué es lo que se ha hecho? Todo lo necesario para eliminar de raíz hasta la condición previa para ello. Con la falta de reflexión más irresponsable, se han aniquilado los instintos en virtud de los cuales los obreros pueden convertirse en un estamento, pueden llegar a ser ellos mismos. Se ha declarado al obrero apto para el servicio militar, se le ha otorgado el derecho de asociación, se le ha dado el derecho al voto en el terreno político. ¿Cómo nos puede extrañar entonces, que el obrero esté empezando ya a considerar su existencia como una situación miserable, como una injusticia, por decirlo con un término moral. Pero, ¿qué es lo que se quiere?, volveremos a preguntar. Si se quiere un fin, hay que querer también los medios. Si se quieren esclavos, es de idiotas educarlos para amos. (...)  En una época como la nuestra, abandonarse a los propios instintos representa una fatalidad más. (...) Una forma razonable de educar consistiría en paralizar con mano de hierro uno de esos sistemas de instintos al menos, para permitir que otro sistema diferente cobre energías, se haga fuerte y domine. Hoy en día, para hacer posible al individuo, es decir, para conseguir que fuera completo habría que empezar por castrarle. Sin embrago, se hace lo contrario. Quienes con mayor ardor exigen independencia y desarrollo libre son precisamente aquellos para los que ningún freno sería demasiado severo. Esto vale en el terreno político y en el   arte. Y esto es un síntoma de decadencia: nuestro concepto de «libertad» constituye una prueba más de la degeneración de los instintos». (Friedrich Nietzsche; El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa a martillazos, 1889)

«La rebelión de los esclavos en la moral empieza cuando el resentimiento se torna él mismo creador y da luz a valores: el resentimiento de los seres a los que les está negada la autentica reacción. de las obras y que solamente pueden compensar ese déficit con una venganza». (Friedrich Nietzsche; Voluntad de poder, 1910)

«Yo escribo para esa especie de hombres que no existen todavía a los que podríamos llamar «señores de la tierra». (...) Se impoga el deber de educar a una raza de dominadores, los futuros «señores de la tierra»; una nueva aristocracia». (Friedrich Nietzsche; Voluntad de poder, 1910)

«Hay muchas especies de ojos. Nadie ignora que la esfinge tiene ojos; y, por tanto, existen varias verdades y, por consiguiente, ninguna verdad». (Friedrich Nietzsche; Voluntad de poder, 1910)

Por supuesto sobra decir que en la actualidad quién se considera marxista y nietzscheano simultáneamente, seguramente será un fascista disfrazado, o un idiota sin más.

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