«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 31 de enero de 2014

Anexo II: Un nuevo libro de Vandervelde sobre el estado; Lenin, 1918

«Un marxista debería aclarar que sólo traidores al socialismo podrían actualmente eludir el explicar que es imprescindible la revolución proletaria —del tipo de la Comuna, del tipo de los Soviets o, supongamos, de un tercer tipo—, que es imprescindible prepararse para ella, hacer entre las masas propaganda para la revolución, rebatir los prejuicios pequeñoburgueses contra ella, etc». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)


Sólo después de haber leído el libro de Kautsky ha llegado a mis manos el de Vandervelde: «El socialismo contra el Estado» —París, 1918—, Aun sin quererlo, se impone la comparación de ambos libros. Kautsky es el guía ideológico de la II Internacional (11:89-1914). Vandervelde, su representante oficial, como presidente que es del Buró Socialista Internacional. Los dos simbolizan la plena bancarrota de la II Internacional, los dos encubren «hábilmente» con palabrejas marxistas, con toda la destreza de duchos periodistas, esa bancarrota, su propio fracaso y su paso al lado de la burguesía. Uno nos muestra con particular evidencia lo típico del oportunismo alemán que, pesado y teorizante, falsifica burdamente el marxismo, amputándole todo lo que la burguesía no puede aceptar. El segundo es una figura típica de la variedad latina —hasta cierto punto podría decirse euroccidental; es decir, de la Europa situada al oeste de Alemania— del oportunismo dominante, variedad más flexible, menos pesada, que falsifica el marxismo de un modo más sutil, sirviéndose del mismo procedimiento esencial.

Los dos tergiversan de raíz tanto la doctrina de Marx sobre el Estado como la de la dictadura del proletariado, dedicándose Vandervelde más bien al primer problema, y Kautsky al segundo. Los dos velan el nexo estrechísimo e indisoluble que liga ambos problemas. Los dos son revolucionarios y marxistas de palabra, y renegados que hacen todo lo posible por desentenderse de la revolución en la práctica. Ni uno ni otro tienen ni sombra de lo que impregna todas las obras de Marx y Engels, de lo que distingue al socialismo verdadero de su caricatura burguesa: el aclarar las tareas de la revolución, diferenciándolas de las tareas de la reforma, diferenciando la táctica revolucionaria de la táctica reformista, diferenciando el papel del proletariado en la destrucción del sistema, orden de cosas o régimen de la esclavitud asalariada, del papel del proletariado de las «grandes» potencias que comparte con la burguesía una pequeña porción de sus superganancias y superbotín imperialistas.

Veamos unos cuantos argumentos de los más esenciales de Vandervelde para respaldar el aserto.

Vandervelde cita a Marx y Engels con extraordinario celo, como Kautsky. Y como Kautsky, cita de Marx y Engels todo lo que se quiera menos lo que la burguesía en modo alguno puede aceptar, lo que distingue al revolucionario del reformista. Todo lo que se quiera de la conquista del poder político por el proletariado, porque eso lo ha circunscrito ya la práctica a un marco exclusivamente parlamentario. Pero ni una palabra de que Marx y Engels, después de la experiencia de la Comuna, creyeron necesario completar el Manifiesto Comunista, parcialmente anticuado, explicando una verdad: ¡la clase obrera no puede adueñarse simplemente de la máquina estatal existente, tiene que destruirla! Vandervelde, lo mismo que Kautsky, como si se hubieran puesto de acuerdo, guarda completo silencio acerca de lo más esencial de la experiencia de la revolución proletaria, lo que distingue a la revolución del proletariado de las reformas de la burguesía.

Lo mismo que Kautsky, Vandervelde habla de la dictadura del proletariado para desentenderse de ella. Kautsky lo hace, valiéndose de burdas falsificaciones. Vandervelde hace lo mismo con más sutilidad. En el apartado respectivo, el 4, La conquista del poder político por el proletariado, dedica el punto «b» al problema de la «dictadura colectiva del proletariado», «cita» a Marx y Engels —repito que omitiendo lo más importante, lo que se refiere a la destrucción de la vieja máquina estatal democrática burguesa— y concluye:

Anexo I: Tesis acerca de la Asamblea Constituyente, Lenin; 1918

«Para la transición del régimen burgués al socialista, para la dictadura del proletariado, la República de los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos no es sólo una forma de tipo más elevado de instituciones democráticas —comparándola con la república burguesa ordinaria, coronada por una Asamblea Constituyente—, sino la única forma capaz de asegurar el tránsito menos doloroso al socialismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)


1. Era completamente justo que la socialdemocracia revolucionaria incluyera en su programa la reivindicación de la convocatoria de la Asamblea Constituyente, porque en una república burguesa la Asamblea Constituyente es la forma superior de democracia y porque al instituir el parlamento la república imperialista, con Kerenski a la cabeza, preparaba una falsificación de las elecciones y numerosas infracciones de la democracia.

2. La socialdemocracia revolucionaria, que reclamaba la convocatoria de la Asamblea Constituyente, desde los primeros días de la Revolución de 1917 subrayó más de una vez que la República de los Soviets es una forma de democracia superior a la república burguesa ordinaria, con su Asamblea Constituyente.

3. Para la transición del régimen burgués al socialista, para la dictadura del proletariado, la República de los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos no es sólo una forma de tipo más elevado de instituciones democráticas —comparándola con la república burguesa ordinaria, coronada por una Asamblea Constituyente—, sino la única forma capaz de asegurar el tránsito menos doloroso al socialismo.

4. En nuestra revolución la Asamblea Constituyente se reúne con arreglo a listas presentadas a mediados de octubre de 1917, en condiciones que imposibilitan que las elecciones a esa Asamblea Constituyente sean una expresión exacta de la voluntad del pueblo en general y de las masas trabajadoras en particular.

5. En primer término, la representación proporcional no expresa fielmente la voluntad del pueblo sino cuando las listas presentadas por los partidos responden a la división real del pueblo en grupos políticos que sean realmente los mismos que los que se reflejan en las listas. Y es sabido que en nuestro país, el partido que entre mayo y octubre tenía más adeptos en el pueblo y sobre todo entre los campesinos, el partido socialista-revolucionario, que presentó listas únicas a la Asamblea Constituyente a mediados de octubre de 1917, se ha escindido después de las elecciones a la Asamblea Constituyente y antes de que ésta se hubiese reunido. Por eso, incluso desde el punto de vista formal, la composición de los elegidos a la Asamblea Constituyente no responde ni puede responder a la voluntad de la masa de los electores.

Ucrania y el fascismo: Una amenaza en todo el continente europeo

No nos equivoquemos, lo que ocurre en Ucrania es parte de ese fenómeno por el que el fascismo —mucho tiempo sepultado en las cloacas de la vieja Europa gracias al heroísmo soviético— ha emergido y se ha convertido en una fuerza que amenaza al continente, entre otras cosas debido a la crisis económica que ha dado lugar al hundimiento de ese espejismo al que llamaban «estado de bienestar»; además de la desorganización y casi inexistencia de una auténtica fuerzas marxistas-leninistas en una realidad en donde el revisionismo, el tradeunionismo sindical y la socialdemocracia embrutecen y ciegan a amplias masas. Todo resultante de la política desarrollada por los revisionistas desde el asenso de Jruschov.

Estamos asistiendo pues a la transición de democracia burguesa a fascismo bajo una condicionalidad que le es propicia. Más nos vale luchar, pues con el asenso de las fuerzas fascistas la guerra interimperialista está a la vuelta.

El documento:


Paramilitares fascistas en Maidan; Ucrania

La violencia en las calles de Ucrania es mucho más que una expresión de cólera popular contra un gobierno. En realidad, es solo el último ejemplo del aumento de la forma más insidiosa de fascismo que Europa haya visto desde la caída del Tercer Reich.

En los últimos meses ha habido protestas regulares de la oposición política ucraniana y sus partidarios –protestas que han tenido lugar ostensiblemente como reacción ante la negativa del presidente ucraniano Yanukovich de firmar un acuerdo comercial con la Unión Europea que fue visto por muchos observadores políticos como el primer paso hacia la integración europea. Las manifestaciones siguieron siendo relativamente pacíficas hasta el 17 de enero cuando algunos manifestantes armados de garrotes, cascos y bombas improvisadas desencadenaron una violencia brutal contra la policía, atacaron edificios gubernamentales, golpearon a todo el que sospecharan de simpatías hacia el Gobierno, y en general causaron estragos en las calles de Kiev. ¿Pero quiénes son estos violentos extremistas y cuál es su ideología?

La formación política conocida como “Pravy Sektor” es esencialmente una organización que representa a una serie de grupos derechistas (léase fascistas) ultranacionalistas que incluyen partidarios del partido “Svoboda” (Libertad), “Patriotas de Ucrania, Asamblea Nacional Ucraniana – Autodefensa Nacional Ucraniana (UNA-UNOS) y “Trizub”. Todas estas organizaciones comparten una ideología común que es vehementemente antirrusa, antiinmigrantes, y antijudía, entre otras cosas. Además comparten una reverencia común hacia la denominada “Organización de Nacionalistas Ucranianos” dirigida por Stepan Bandera, los infames colaboracionistas nazis que combatieron activamente contra la Unión Soviética y participaron en algunas de las peores atrocidades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial.

Mientras las fuerzas políticas ucranianas, oposición y Gobierno, siguen negociando, una batalla muy diferente tiene lugar en las calles. Utilizando la intimidación y la fuerza bruta más típicas de los “camisas pardas” de Hitler o los “camisas negras” de Mussolini que de un movimiento político contemporáneo, esos grupos han logrado convertir un conflicto por la política económica y la orientación política del país en una lucha existencial por la supervivencia misma de la nación que esos “nacionalistas” pretenden amar entrañablemente. Las imágenes de Kiev ardiendo, de calles de Lviv repletas de matones y otros ejemplos escalofriantes del caos en el país, ilustran más allá de toda duda que la negociación política con la oposición en la Maidan (la plaza central de Kiev y centro de las protestas) ya no es el tema central. Más bien, es el problema del fascismo ucraniano y de si debe apoyarse o rechazarse.

Por su parte, EE.UU. se ha puesto fuertemente de parte de la oposición, sin preocuparse de su carácter político. A principios de diciembre algunos miembros del establishment estadounidense como John McCain y Victoria Nuland aparecieron en la Maidan apoyando a los manifestantes. Sin embargo, a medida que el carácter de la oposición se hizo obvio en los últimos días, la clase gobernante en EE.UU. y Occidente y su maquinaria mediática han hecho poco para condenar el brote fascista. En su lugar, sus representantes se han reunido con los de Pravy Sektor y consideraron que no “constituían una amenaza”. En otras palabras, EE.UU. y sus aliados han dado su aprobación tácita a la continuación y proliferación de la violencia en nombre de su objetivo final: el cambio de régimen.

¿Qué opinión tiene de la reunión de la CELAC —Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños— en La Habana, Cuba?

Algunos puntos a considerar:

1. En efecto, la CELAC responde a una estrategia general de la región sin ninguna definición ideológica, pues en ellas convergen enfrentados intereses económico-políticos, en ese sentido cualquier estrategia específica —la reducción de la pobreza, la desmilitarización, etc.— estará encaminada al fracaso, pues en ninguno de los países integrantes —con estrategias político-económicas específicas— tiene la autonomía necesaria que les permita definir una estrategia plenamente independiente de los intereses de los poderes suprasoberanos, incluidos los imperialismo. En ese sentido toda lo declarado tiene exclusivamente ese valor.

2. La «centroizquierda» que menciona Petras no es tal, sencillamente se trata de la ya conocida «izquierda burguesa» capitalista, o progresía nacionalista; y es esa y no los pueblos las que está representada. Del otro lado está la otra expresión de la burguesía.

3. La CELAC no es más que una expresión de la burguesía regional, independientemente del signo político que diga defender, muy a pesar de la presencia de Cuba.

4. Solo observo una posible importancia; se trata de que el organismo puede servir de base para el desarrollo de la «democracia burguesa» a su máxima expresión en la región —y la verdad es que no está en agenda—. Si esto ocurriera, la misma serviría de base para la organización de los explotados en torno a una verdadera vanguardia marxista-leninista que pretenda la revolución socialista.

El documento:


CELAC es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, que buscan integrar la política económica y coordinar sus medidas externas. En un nivel muy general, por ejemplo, en temas como la oposición a los golpes de Estado, la oposición a la intervención norteamericana, la promoción del comercio interno entre los varios países, tiene un consenso. Pero más allá de eso, cada bloque de poder, como pueden ser los países abiertamente neoliberales como México, Perú, Chile, están buscando sus propias relaciones externas, particularmente en el 'libre mercado'. Por otro lado, los países con gobiernos de centro izquierda, están buscando profundizar más lo que están haciendo en relación con el consumo doméstico.

Al final de cuentas, entonces, no hay un consenso generalizado, más allá de estar en contra del bloque a Cuba y de la intervención norteamericana en Venezuela; hay poco en lo que puedan acordar, en el sentido que las estrategias económicas son bastante diferentes.

Lo que pasa en este momento es que los países principales de la CELAC enfrentan problemas económicos internos, entrando en crisis. Por ejemplo Argentina, con inflación, devaluación y la posibilidad de mayores restricciones sobre el acceso al financiamiento. Mientras tanto, Brasil está estancado y Dilma Rousseff estaba en Davos buscando capitales extranjeros. Podríamos hablar de otro caso, Venezuela, que tiene también una inflación galopante y no está cumpliendo con sus pagos por ejemplo, a las aerolíneas externas que buscan las retribuciones económicas.

Enfrentamos una situación donde la CELAC debe tomar determinaciones más profundas sobre la integración en el continente, pero con muchas dificultades por la división entre gobiernos neoliberales, gobiernos más nacionalistas y gobiernos totalmente entreguistas. Por ejemplo México integra CELAC y en este momento está entregando toda la industria petrolera. Rousseff está pidiendo más capitales en Davos. O sea, estamos con una CELAC en situación de crisis pese a ser independiente de Washington.

Y más allá de eso, en esta reunión en Cuba, Estados Unidos busca provocar incidentes con los mal llamados disidentes, con manifestaciones montando escándalos. Pero las autoridades cubanas están arrestando, encarcelando a algunos de ellos, para evitar provocaciones.


Entrevista a James Petras
CX36, Radio Centenario
Extracto

Prohíben huelgas en sector minero sudafricano del oro

Siguen lloviendo «perlas» en la Sudáfrica de la democracia burguesa; esa en donde las transnacionales «occidentales» se alimentan de vidas de obreros. Vale decir que esa realidad es una herencia directa de la administración Mandela que traicionó a las masas explotadas de esa nación. Y es que alcanzado el poder se suele olvidar aquello de la emancipación de los pueblos.

El documento:

Agosto de 2012. La policía sudafricana asesina a mineros en huelga.

Empresas productoras de oro, la Cámara de Minas de Sudáfrica y el Juzgado de lo Social de Johannesburgo confirmaron hoy que cualquier huelga en el sector aurífero estaría sin protección legal.

La resolución significa un revés parcial para la Asociación de Mineros y Sindicatos de la Construcción (AMCU), gremio que informó que seguirá luchando por un salario básico digno en la industria del platino.

AMCU explicó además que el 14 de marzo próximo apelará la medida de las compañías del oro ante el Tribunal del Trabajo, dirigido por el juez Hamilton Cele.

El secretario general de la Asociación de Mineros, Jeffrey Mphahlele, comentó que el veredicto del Juzgado de Johannesburgo representa un revés temporal.

Unos 70 mil mineros afiliados a AMCU en las provincias de North West y Limpopo iniciaron el jueves de la semana anterior una huelga que ya ha costado al sector metalúrgico y las empresas casi 18 millones de dólares diarios.

El gremio sindical indicó que este viernes proseguirá con el análisis de una oferta de aumento de salarios para sus afiliados de un nueve por ciento, como solución para detener la protesta laboral.

Directivos de las firmas Anglo American Platinum (Amplats), Impala Platinum (Implats) y Lonmin, que constituyen el 70 por ciento de la capacidad nacional productiva de platino, presentaron la opción a los sindicatos en el séptimo día de negociaciones.

La idea es responder a las demandas de los trabajadores pero de manera paulatina durante tres años para que el proceso sea asequible y sostenible en las finanzas de la industrias, explicaron las patronales.

Trascendió que la propuesta será rechazada por AMCU luego que numerosos dirigentes sindicales manifestaron una fría recepción a la idea del nueve por ciento en sesiones informativas ante los mineros huelguistas.


Diario Octubre

Los enemigos del marxismo; Pavel Yudin, 1949

A partir del rechazo generalizado en el movimiento marxista-leninista del revisionismo titoista, los teóricos de esta rama del revisionismo moderno se sintieron con menos presión para expresar sus concepciones sobre el ejército, la cultura, el Estado, el partido, el frente, etc.

Precisamente una de las curiosidades de este artículo, es que el teórico soviético Pavel Yudin polemiza frente al teórico yugoslavo Edvard Kardelj sobre la democracia popular y su carácter, y más concretamente, sobre el concepto marxista-leninista de la dictadura del proletariado y el papel hegemónico de la clase obrera. Recomendamos especial atención en ese punto.

Pavel Yudin regaña no sin razón, las teorizaciones desviacionistas yugoslavas sobre que la dictadura del proletariado y la violencia revolucionaria no era parte intrínseca de la democracia popular; o sea de los regímenes de los países surgidos después de la Segunda Guerra Mundial que tenían deberes iguales –leyes en el establecimiento de la dictadura del proletariado y la construcción del socialismo inalterables– pero que se aplicaron de diferentes formas a la hora de desenvolverse; hablamos que existían ciertas características específicas como el camino en la toma de poder o la aplicación de las medidas que todos tarde o temprano tenían que implantar que se diferenciaban –inclusive entre ellos– respecto a la experiencia soviética en cuanto al ritmo, ya que no existía la misma resistencia por parte de las clases explotadoras, la misma influencia del partido comunista en las masas –incluso en la clase obrera, o las condiciones socio-económicas en cada país. Esto ya lo señalamos al comentar por ejemplo, el desarrollo de la democracia popular en Polonia, comparándola con la experiencia soviética o albanesa, analizando la toma de poder proletario del partido comunista en Polonia:

«Por ejemplo al implantarse la hegemonía política ya vemos una diferencia palpable si lo comparamos con la revolución albanesa, ya que en Polonia existían varios partidos burgueses y pequeño burgueses con mayor influencia en algunos aspectos que el Partido obrero Polaco al término de la guerra, a diferencia del Partido Comunista de Albania que gracias en parte a su gran labor de unión con las masas, tuvo un sendero más directo y fácil al haber eliminado a los pocos y traicioneros partidos burgueses que quisieron emergen, contando en la posguerra con una reacción mucho más desorganizada». (Intro de Bitácora de un Nicaragüense del post: Los «demonios» fuera de control; el ascenso de Gomulka al poder, 2013)

Para que se entienda mejor, los marxista-leninistas de entonces entendían de esta forma esto que decimos; la evaluación de las características nacionales específicas sin caer en el oportunismo nacionalista y desviacionista en cuanto a aplicar el marxismo-leninismo y sus leyes sobre la construcción del socialismo:

«Como se ha señalado, dicha tendencia a pasar por alto o a aminorar el camino polaco hacia el socialismo pretende trafican con la verdad, que es la siguiente; a pesar de ciertas características específicas, nuestro proceso no es algo cualitativamente diferente de la trayectoria general de desarrollo hacia el socialismo, el cual sólo difiere en la forma de la trayectoria general de desarrollo, una diferencia que de por sí surge precisamente por la victoria previa del socialismo en la Unión Soviética, una diferencia que se puede basar en la experiencia previa de la construcción socialista en la Unión Soviética, teniendo en cuenta las posibilidades que ofrece el nuevo período histórico y de las condiciones específicas de la evolución histórica de Polonia». (Bolesław Bierut, Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas: discurso en el Pleno del Comité Central del Partido Obrero Polaco de septiembre, 1948)

Otro ejemplo lo tenemos en las aclaraciones de Georgi Dimitrov a estas concepciones titoistas en su partido:

«Algunos camaradas que en la discusión mencionaron el problema de la democracia popular, pusieron o estaban inclinados a poner el acento ante todo sobre las diferencias entre el régimen de democracia popular y el régimen soviético, cosa que puede llevar a conclusiones injustas y nocivas. De acuerdo con el planteamiento marxista-leninista el régimen soviético y el de democracia popular son dos formas de un mismo poder: el de la clase obrera en alianza y al frente de los trabajadores de la cuidad y campo. Se trata de dos formas de la dictadura del proletariado. La forma específica de la transición del capitalismo al socialismo en nuestro país no deroga ni puede derogar las leyes naturales, fundamentales, del período de transición del capitalismo al socialismo, comunes para todos los países. El paso al socialismo no puede efectuarse sin la dictadura del proletariado contra los elementos capitalistas y sin la organización de la economía socialista». (Georgi Dimitrov, Informe al Vº Congreso del Partido Obrero (comunista) Búlgaro, 1948)

Aprovechando estas diferencias históricas más que normales, ya que no hay dos experiencias calcadas, los revisionistas yugoslavos revisaron la teoría del marxismo-leninismo; tomaban al campesinado pequeñoburgués por su elevado número –como hacían los socialrevolucionarios en Rusia– como clase hegemónica del proceso, diluían al partido, su papel y funciones en el frente para no asustar a las clases explotadoras –como pretendieron en más de una ocasión los mencheviques–, sus relaciones con los países imperialistas se ponían bajo el mismo nivel que sus relaciones con la Unión Soviética y los países de democracia popular bajo la excusa de «conservar la vieja alianza antifascista» y las «nuevas condiciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial» –tomando prestadas teorías de Mao y Browder–, lo que acabaría por poner la economía yugoslava a merced de los monopolios de los países capitalistas. Se intentaba crear la noción que el hecho de dirigir un ejército –sobre todo en lucha contra el imperialismo extranjero te convierte automaticamente en dominador de la teoría marxista, y en un acto que te daba crédito para el futuro. Y sobre todo, se aminoraba la lucha de clases queriendo presentar un «tránsito pacífico» al socialismo sin tocar las bases económicas e ideológicas del capitalismo  –algo ya visto en Kautsky, Bernstein o Bujarin–. 

Todo esto y mucho más, era algo ya comentado hacía tiempo por la Kominform, como mostraba su resolución del 28 de junio de 1948 donde se condenaron los puntos de vista desviacionistas de la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia.

El documento:



Pavel Yudin, Los enemigos del marxismo –artículo publicado en el nº 12 del órgano de la Kominform; «Por una paz duradera, por una democracia popular»–, 1949

Dentro de la camarilla titoista de nacionalistas burgueses, Edvard Kardelj es reputado como un teórico patentado. 

El 28 de mayo del presente año, Edvard Kardelj pronunció en la Asamblea nacional yugoslava un discurso sobre los comités populares en Yugoslavia. 

Lo primero que salta a la vista es la fanfarronería pequeñoburguesa con la que declaró que ellos, es decir, Kardelj, Tito y sus adláteres, no se han equivocado jamás en su apreciación sobre el carácter de la democracia popular, que han sido los primeros en hacer un análisis marxista de los nuevos fenómenos del desarrollo del régimen de democracia popular, etc., etc. Acusando falsamente, al modo trotskista, al Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética y a los otros partidos comunistas, de confusión política e ideológica, Edvard Kardelj dijo: 

«En nuestro país, en la literatura y en la política de nuestro partido, no encontraréis en ninguna parte semejantes teorías y fenómenos». (1) (Edvard Kardelj, Discurso pronunciado en la Asamblea Nacional durante el 28 de mayo de 1949)

Nadie ha pensado nunca en considerar a Tito, Kardelj, Rankovitch, Djilas como marxistas. Ningún mérito suyo en marxismo aparece en la historia del movimiento comunista internacional  ni en la historia del movimiento comunista de Yugoslavia.

La banda titiosta que pretende tan ardientemente que su papel internacional ha consistido en: «desarrollar el marxismo», exclama; corrientemente, adjudicándose con desvergüenza los méritos del pueblo yugoslavo: ¡hemos organizado el movimiento guerrillero en Yugoslavia, hemos librado una guerra de liberación nacional y somos, por consiguiente marxistas! Pero nadie se atrevería a afirmar seriamente que un jefe de destacamento guerrillero es marxista por el mero hecho de que es comandante de guerrilleros. La camarilla titoista en su conjunto, no tiene muchas más razones que el aludido jefe de destacamento guerrillero para invocar el título de teóricos del marxismo. 

¿Quién puede considerar seriamente como marxista a Tito que decía que el programa del frente popular es también el programa del Partido Comunista de Yugoslavia? De esta afirmación se deduce que el frente popular, cuya composición social es tan diversa y comprende incluso kulaks y especuladores, dicta el programa al Partido Comunista de Yugoslavia. Edvard Kardelj se vanagloria de que los titoistas no han caído nunca en la confusión teórica en la apreciación de la democracia popular. Pues bien, he aquí lo que decía Tito en Zagreb en 1946 a propósito de la naturaleza de la democracia popular: 

«Decimos a los campesinos que son la base más sólida de nuestro Estado, no porque queramos ganar sus votos, sino porque lo son de hecho». (2) (Tito, Discurso pronunciado en Zagreb, 1946)

Todo eso es pura charlatanería socialista-revolucionaria, kulak, que excluye al proletariado en general como fuerza principal, dirigente, del régimen de democracia popular. En 1947, Milovan Đilas pretendía demostrar que:

«Es absolutamente erróneo e insensato convocar reuniones sindicales a parte de las reuniones del frente popular. Es preciso reunirlos de una sola vez porque el sindicato se encuentra también en el frente popular». (3) (Milovan Đilas discurso pronunciado en 1947)

Milovan Đilas rebaja de tal modo el papel de la clase obrera que encuentra inaceptables las reuniones separadas de obreros sindicados y que envía a éstos a las reuniones del frente popular donde se encuentran diseminados en la masa general de la población inscrita en el frente popular, masa que comprende incluso a kulaks y especuladores. En 1948, Moša Pijade, teórico en quiebra, afirmaba en el periódico «Borba» que en Yugoslavia los sindicatos, es decir la clase obrera, no habían desempeñado ningún papel en la lucha liberadora y que era esa la razón por la cual no constituían la fuerza principal en el sistema del régimen estatal de Yugoslavia. 

Edvard Kardelj, en su discurso de la Asamblea nacional, generaliza la negación del papel dirigente de la clase obrera en los Estados de democracia popular y dice que:

«Para la dictadura de la clase obrera no es la violencia lo esencial como lo creen los pequeños burgueses». (4) (Edvard  Kardelj, Discurso pronunciado en la Asamblea nacional durante el 28 de mayo de 1949)

Por consiguiente, según Kardelj, solamente los pequeños burgueses piensan que la violencia es la característica esencial de la dictadura, del proletariado; según Kardelj la violencia no es obligada para la dictadura del proletariado. Así pues, ¡dictadura del proletariado sin violencia contra la burguesía! nuestro Edvard Kardelj, el nacionalista burgués, se desenmascara. Y todo eso lo presentan los oscurantistas de la camarilla de Tito como el «desarrollo del marxismo en las condiciones yugoslavas». 

Lenin hablaba de un señor del tipo de Kardelj cuando escribía: 

«En su definición de la dictadura, Kautsky se  ha esforzado por ocultar al lector la principal característica de ésta noción, a saber, la violencia revolucionaria». (5) (Lenin, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

jueves, 30 de enero de 2014

Servilismo ante la burguesía disfrazado de «análisis económico», Lenin; 1918

«La marcha de la revolución ha confirmado la certidumbre de nuestro razonamiento. Al principio, del brazo de «todos» los campesinos contra la monarquía, contra los terratenientes, contra lo medieval —y en este sentido, la revolución sigue siendo burguesa, democrática burguesa—. Después, del brazo de los campesinos pobres, del brazo del semiproletariado, del brazo de todos los explotados, contra el capitalismo, incluidos los ricachos del campo, los kulaks y los especuladores, y, en este sentido, la revolución se convierte en socialista. Querer levantar una muralla china artificial entre ambas revoluciones, separar la una de la otra por algo que no sea el grado de preparación del proletariado y el grado de su unión con los campesinos pobres es la mayor tergiversación del marxismo, es vulgarizarlo, remplazarlo por el liberalismo. Sería hacer pasar de contrabando, mediante citas seudocientíficas sobre el carácter progresivo de la burguesía en comparación con lo medieval, una defensa reaccionaria de la burguesía frente al proletariado socialista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)


Como ya hemos dicho, si el título del libro de Kautsky correspondiera al contenido, no debería llamarse «La dictadura del proletariado», sino «Paráfrasis de las invectivas burguesas a los bolcheviques».

Nuestro teórico vuelve a dar pábulo a las viejas «teorías» de los mencheviques sobre el carácter burgués de la revolución rusa, es decir, la antigua deformación que del marxismo hacían los mencheviques —¡y que Kautsky rechazó en 1905!—. Por fastidiosa que sea esta cuestión para los marxistas rusos, tendremos que detenernos en ella.

La revolución rusa es una revolución burguesa, decían todos los marxistas de Rusia antes de 1905. Los mencheviques, sustituyendo el marxismo por el liberalismo, deducían de ahí: por tanto, el proletariado no debe ir más allá de lo aceptable para la burguesía, debe seguir una política de conciliación con ella. Los bolcheviques decían que esto era una teoría liberal burguesa. La burguesía tiende a transformar el Estado al modo burgués, reformista, no revolucionario, conservando en lo posible la monarquía, la propiedad de los terratenientes, etc. El proletariado debe llevar a término la revolución democrática burguesa, sin permitir que lo «ate» el reformismo de la burguesía. Los bolcheviques formulaban del modo siguiente la correlación de fuerzas de las diversas clases en la revolución burguesa: el proletariado se gana a los campesinos, neutraliza a la burguesía liberal y suprime totalmente la monarquía, las instituciones medievales y la gran propiedad terrateniente.

El carácter burgués de la revolución lo revela la alianza del proletariado con los campesinos en general, porque los campesinos, en su conjunto, son pequeños productores que tienen por base la producción mercantil. Además, añadían ya entonces los bolcheviques, al ganarse a todo el semiproletariado —a todos los trabajadores y explotados—, el proletariado neutraliza a los campesinos medios y derroca a la burguesía: en esto consiste la revolución socialista, la diferencia de la revolución democrática burguesa —véase mi folleto de 1905 «Dos tácticas», reimpreso en la recopilación «En doce años», San Petersburgo, 1907).

Kautsky tomó indirectamente parte en esta discusión en 1905 [56], cuando, consultado por Plejánov, entonces menchevique, se pronunció en el fondo contra él, lo que originó entonces singulares burlas de la prensa bolchevique. Ahora no dice Kautsky ni una palabra de los antiguos debates —¡teme que lo desenmascaren sus propias declaraciones!—. Y así deja al lector alemán absolutamente imposibilitado para comprender el fondo del problema. El señor Kautsky no podía decir a los obreros alemanes en 1918 que en 1905 él era partidario de la alianza de los obreros con los campesinos, y no con la burguesía liberal, no podía decirles en qué condiciones propugnaba esta alianza, ni el programa que él proyectaba para esta alianza.

martes, 28 de enero de 2014

Del abandono del «stalinismo» al abandono del «leninismo», y de éste, al abandono del «marxismo» –evolución convencional del revisionismo–



«A día de hoy nadie excepto los enemigos se han atrevido a oponer Lenin a Stalin. Estas insinuaciones son hechas en intenciones hostiles, pero el movimiento internacional comunista y obrero está ya acostumbrado a las maniobras de los revisionistas; recordemos que antes se enmascaraban declarando que eran marxistas-leninistas pero no «stalinistas», mientras que ahora procuran oponer Lenin a Marx y discuten sobre la cuestión de saber si deben ser solamente «marxistas» o bien también «leninistas». Y pronto, completamente desenmascarados los traidores, dirán seguramente que también se oponen a Marx. Inventarán también para esto «teorías» adecuadas, que serán cualquier cosa, pero seguramente no comunistas, ni proletarias».  (Enver HoxhaLa autogestión yugoslava; teoría y práctica capitalista, 1978)

lunes, 27 de enero de 2014

¿Qué es el internacionalismo?

«El proletariado lucha para derribar a la burguesía imperialista mediante la revolución; la pequeña burguesía propugna el «perfeccionamiento» reformista del imperialismo, la adaptación a él, sometiéndose a él». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)


Kautsky se cree y proclama internacionalista con la mayor convicción. Califica de «socialistas gubernamentales» a los Scheidemann. En la defensa que hace de los mencheviques —él no dice francamente que se solidariza con ellos, pero aplica todas sus ideas—, Kautsky ha demostrado con extraordinaria evidencia la calidad de su «internacionalismo». Y como Kautsky no está solo, sino que representa una corriente [48] nacida inexorablemente en el ambiente de la II Internacional —Longuet en Francia, Turati en Italia, Nobs, Grimm, Graber y Naine en Suiza, Ramsa y MacDonald en Inglaterra, etc—, es instructivo detenerse en el «internacionalismo» de Kautsky.

Después de subrayar que los mencheviques estuvieron también en Zimmerwald [49] —diploma, sin duda, pero... un poco deteriorado—, Kautsky traza el siguiente cuadro de las ideas de los mencheviques, con los cuales se muestra de acuerdo:

«... Los mencheviques deseaban la paz universal. Querían que todos los beligerantes aceptasen la consigna de «sin anexiones ni contribuciones». Mientras esto no se consiguiera, el ejército ruso, según ellos, debía mantenerse en disposición de combate. En cambio, los bolcheviques exigían la paz inmediata a toda costa, estaban dispuestos a concertar una paz por separado en caso de necesidad; procuraban imponerla por la fuerza, aumentando la desorganización del ejército, que ya de por sí era grande» (pág.27). Según Kautsky, los bolcheviques no debieron tomar el poder, sino contentarse con la Constituyente.

Así pues, el internacionalismo de Kautsky y de los mencheviques consiste en lo siguiente: exigir reformas del gobierno burgués imperialista, pero continuar sosteniéndolo, continuar sosteniendo la guerra dirigida por este gobierno hasta que todos los beligerantes hayan aceptado la consigna de «sin anexiones ni contribuciones». Esta idea la han expresado muchas veces Turati, los kautskianos —Haase y otros— y Longuet y Cía., los cuales manifestaron que estaban por la «defensa de la patria».

Desde el punto de vista teórico, eso supone total incapacidad de separarse de los socialchovinistas y un completo embrollo en el problema de la defensa de la patria. Desde el punto de vista político, sustituir el internacionalismo por un nacionalismo pequeñoburgués y pasarse al lado del reformismo, renegar de la revolución.

CELAC, cita en La Habana

Como es predecible, el argentino Atilo Boron no se sale de su guión de propagandista burgués-revisionista algo que es normal al «socialismo» del siglo XXI y evita en sus líneas analizar en profundidad el verdadero carácter de la CELAC, sobre todo lo referente a sus posibilidades como organización multiclasista que en su seno guarda a una amplísima expresión de la burguesía regional, en su formato «progresista» y también en el retardatario. Considerando además que esta organización guarda un enorme paralelismo con otras estructuras precedentes de índole internacional que a su interior contaban con ese carácter antisocialista, o lo que era lo mismo y sigue siguiendo igual; organizaciones en las que priman un profundo carácter ecléctico  en lo ideológico –o sea, una mezcla de ideologías entre las que destacan «lo no alineados» estimulado por el viejo revisionismo yugoslavo, o los «tercermundistas» salidos de la revisión maoísta etc.; cuyas más que dudosas teorías «honrarían» al movimiento comunista con la actual desorientación ideológica a la hora de analizar la geopolítica y este tipo de instituciones. Como hace años Enver Hoxha dijo:

«Todas estas denominaciones, que se refieren a las diversas fuerzas políticas que hoy actúan en el mundo, lejos de poner en evidencia; encubren el carácter de clase de estas fuerzas, las contradicciones fundamentales de nuestra época, el problema clave, que actualmente predomina a escala nacional e internacional, la implacable lucha que se desarrolla entre el mundo burgués imperialista por una parte, y el socialismo, el proletariado mundial y sus aliados naturales, por la otra. (...) Las denominaciones «tercer mundo», «países no alineados» o «en vías de desarrollo» crean entre las amplias masas que luchan por la liberación nacional y social, la ilusión de que se ha encontrado un abrigo donde protegerse de la amenaza de las superpotencias. Ocultan la situación real de la mayoría de estos países, los cuales, de una u otro forma, están vinculados tanto a las superpotencias como a las antiguas metrópolis coloniales y dependen política, ideológica y económicamente de ellas». (Enver Hoxha, Informe al VIIº Congreso del PTA, 1976)

Más allá de la caracterización que el autor hace sobre la organización, este no llega a vislumbrar que al interior de la CELAC, ya sea como institución o como foro o como se quiera, no es más que un club de países cuya totalidad salvo honrosa excepción están al servicio de un interese imperialista extra-regional, lo que por si deposita cualquier pretensión al interior de esa organización en manos de esos intereses: ¿Acaso Colombia no ha pretendido entrar en la OTAN? ¿Acaso México, Costa Rica, Chile, Honduras no está al servicio de EEUU con «cooperación» militar incluida? ¿Acaso Brasil no tiene pretensiones hegemónica imperialistas en la región? ¿Acaso Argentina no tiene una estrecha relación económica con corporaciones imperialistas como MONSANTO? ¿Acaso Perú no tienen una estrecha relación económica con el nazi-sionismo israelí? ¿Y el caso de la captación prosternación en realidad de capital chino por Nicaragua, Bolivia, Venezuela, etc? ¿Acaso buena parte de los integrantes no forma parte de la Alianza del Pacífico? ¿Acaso el primer socio comercial de la región no es el imperialismo estadounidense seguido de cerca por el europeo y el chino? Obsérvese que el mismo Atilo Boron se contesta cuando acepta que la unanimidad es la funcionalidad esencial de la organización, lo que de por si deja en manos de la influencia extranjera toda capacidad de acción y reacción de la organización como así quedó corroborado tras la retención del avión presidencial boliviano en suelo europeo.

Ver posibilidades de emancipación en un organización que guarda ese carácter solo tiene dos explicaciones: o se es un ingenuo de campeonato, o bien se pretende mantener en la inopia al lectora.

El documento:


Quién habría podido imaginar que el sueño bolivariano de Hugo Chávez de un organismo regional sin la presencia de EEUU y Canadá rendiría sus frutos?

No es un milagro, pero casi. Contra todos los pronósticos la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) se va consolidando como institución “nuestroamericana” y está a punto de celebrar en La Habana su Segunda Cumbre de Presidentes. Decimos “milagro” porque ¿quién habría podido imaginar, hace apenas cinco años, que el sueño bolivariano de Hugo Chávez –sueño fundado en un impecable diagnóstico de la geopolítica mundial- por construir un organismo regional sin la presencia de Estados Unidos y Canadá rendiría sus frutos?

Para ello Chávez y quienes lo acompañaron en esta empresa patriótica tuvieron que vencer toda clase de obstáculos: la resignación de algunos gobiernos, la claudicación de otros, el escepticismo de los de más allá y la sistemática oposición de Washington, dato nada menor en la política de nuestros países. Eppur si muove, diría Galileo al contemplar la concreción de este proyecto bolivariano que por primera vez en la historia nuclea a todas las naciones de América Latina y el Caribe con la sola excepción-¡por ahora!- de Puerto Rico. Sin dudas, el fortalecimiento de la CELAC -como el de la UNASUR en el plano sudamericano- son muy buenas noticias para la causa de la emancipación de la Patria Grande.

La Casa Blanca intentó primero impedir el lanzamiento de la CELAC, realizado en Caracas en Diciembre del 2011 con la presencia de su incansable promotor y mentor, ya atacado por el cáncer que le costaría la vida. Al fracasar en su intento el imperio movilizó a sus aliados regionales para abortar –o por lo menos, posponer para un futuro indefinido- la iniciativa. Tampoco resultó. La siguiente estrategia consistió en utilizar algunos de sus incondicionales peones en la región como caballos de Troya, para malograr desde adentro el proyecto. No avanzó demasiado, pero consiguió que el primer gobierno que ejerció la presidencia pro témpore de la CELAC durante el 2012, el Chile de Sebastián Piñera, declarase por boca de Alfredo Moreno, su canciller, que “la CELAC será un foro y no una organización, que no tendrá sede, secretariado, burocracia ni nada de eso”.

¿Quién va a representar a la oposición en Ginebra 2?

La cuestión de la representación de la oposición siria en la conferencia Ginebra 2 puede parecer fuera de lugar después de la apertura de ese encuentro en Montreux. Se trata, por el contrario, de una cuestión fundamental. La Coalición Nacional que se expresó ante las cámaras se ha visto abandonada por casi todos sus componentes y no dispone de representatividad alguna dentro de Siria. Su presencia ante las cámaras no tuvo otro objetivo que complacer a Arabia Saudita y rápidamente tendrá que ceder lugar a otros grupos.

El documento:


La apertura de Ginebra 2 no tuvo mucho que ver con una conferencia diplomática. Fue más bien un gran show transmitido por televisión al mundo entero. En realidad, cada orador se dirigió a una fracción de la opinión pública, generalmente a la de su propio país o a la de algunos aliados, sin preocuparse necesariamente por lo que vendría después. Lo que cada cual recordará de ese momento será además completamente diferente, según la perspectiva que adopte el analista, en términos de relaciones públicas o de búsqueda de la paz.

Aparentemente, la delegación siria se extendió demasiado al hacer uso de la palabra y la de la oposición exigió la dimisión de Assad, con el marcado respaldo de la delegación estadounidense. Cualquiera creería que Damasco estaba a punto de abdicar.

Sin embargo, la prensa occidental no se dejó engañar por el espejismo. Mientras Kerry afirmaba solemnemente que nadie podía imaginarse a Bachar al-Assad encabezando un gobierno de transición, varios miembros de su equipo se presentaban en la sala de prensa para explicar a los periodistas que una Siria sin Assad sería peor que con él. Y retomaban la argumentación ya presentada en el New York Times por el embajador Ryan C. Crocker. Todos comprendieron, a partir de ese momento, que el discurso del secretario de Estado estaba destinado únicamente a calmar a sus aliados sauditas.

domingo, 26 de enero de 2014

¿Qué opinaba Edvard Kardelj –representante teórico del revisionismo yugoslavo– del eurocomunismo? Que constituía una «poderosa fuerza de acción del movimiento obrero mundial»; Equipo de Bitácora (M-L), 2014

El siguiente esbozo de cuatro, citas, pertenece al libro: «Direcciones del desarrollo del sistema político socialista de autogestión», también llamado fuera de Yugoslavia como: «Democracia y socialismo», una obra de 1977 del conocido teórico revisionista yugoslavo Edvard Kardelj. Estas citas fueron publicadas a modo de agradecimiento en el órgano del Partido Comunista de España: «Nuestra Bandera», en su Nº9 de marzo de 1977. Lo que se pretende demostrar con estas citas es la complicidad de entonces entre el revisionismo yugoslavo y el revisionismo eurocomunista, este último el cual recordemos estaba en auge y estas declaraciones de simpatía por parte de los yugoslavos suponían que podían anidar y ascender en influencia dentro del movimiento obrero bajo la bendición de Yugoslavia.

Hemos seleccionado sólo las citas que corresponden a la afirmación por parte del teórico yugoslavo de que el eurocomunismo es en sí; «la aplicación correcta de la doctrina de Marx, Engels y Lenin», y que su estrategia reformista de la «transición al socialismo por la vía democrática» es «acorde a la realidad de los países de Occidente».

Debemos recordar el simple porqué de la unión de la por entonces nueva corriente eurocomunista con el revisionismo yugoslavo:

«Los partidos revisionistas de Europa, como los de Italia, Francia y España, y tras ellos todos los demás partidos revisionistas de Occidente, niegan el leninismo, la lucha de clases, la revolución y la dictadura del proletariado. Todos se han metido en el camino del compromiso con la burguesía capitalista. Han bautizado esta línea antimarxista con el nombre de «eurocomunismo». (…) Los «eurocomunistas» pueden unirse a quienquiera que sea, a excepción de aquellos que luchan por el triunfo de la revolución y por la pureza de la ideología marxista-leninista». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

En cuanto a porqué ambas corrientes revisionistas realizan una simbiosis en cuanto al pretendido tránsito pacífico, señalamos:

«Kardelj necesita estas falsificaciones con el fin de echar una mano a los «eurocomunistas», con los que está en completo acuerdo. Los partidos revisionistas de Italia, Francia y España han declarado que van a alcanzar el socialismo a través del desarrollo de la democracia burguesa y la libertad, a través de la fuerza del voto en las elecciones parlamentarias. De acuerdo con los «eurocomunistas» la capacidad de la clase obrera se expresa en la cuestión de en qué medida se va a ganar los puestos clave en la estructura de la sociedad capitalista y el Estado, así como en el funcionamiento de la sociedad. De esta manera, dicen, la transformación del carácter de las relaciones capitalistas de producción a las relaciones «autogestionadas» o «socialistas» de producción se harán posibles. Es precisamente en esta cuestión que la teoría titoista y la teoría del «eurocomunista» están en plena concordancia. Los «eurocomunistas» son obligados a aceptar el pluralismo político burgués europeo y la unidad entre los partidos burgueses, para llegar, supuestamente a través de reformas a poder adquirir los numerosos derechos de la clase obrera y, por esta vía, hasta incluso pasar a la sociedad «socialista». Kardelj llama a estos esfuerzos de sus amigos «cambios estructurales» llamados a promover infaliblemente el desarrollo de este proceso y a modificar la posición y el papel del mismo parlamento. Por lo tanto la teoría de Kardelj demanda que los partidos «comunistas» de Europa Occidental en las condiciones de la crisis del sistema capitalista deben conservar el sistema parlamentario cuyos logros democráticos –como él dice– no pueden ser negados, que se tiene que encontrar una forma adecuada para asegurar una alianza con las más amplias fuerzas «democráticas» de la clase obrera. A través de este tipo de alianza, acorde a la lógica revisionista, una situación favorable «democrática» puede ser creada en el sistema parlamentario, y a largo plazo este mimo sistema parlamentario –quién sabe cómo– será «transformado» en una potencia decisiva del pueblo. Este es el curso que el titoismo establece para los otros partidos revisionistas para llegar al poder de forma pacífica. En los Estados burgueses, sin embargo, son los capitalistas, las empresas nacionales, los carteles nacionales y las sociedades multinacionales los que tienen bien amarrado el poder. Estas fuerzas del capital detentan las llaves principales de la dirección de la economía y del Estado, dictan la ley y, a través de un proceso  democrático fraudulento, se designa un gobierno que estará a sus órdenes y actuará como un administrador oficial de la riqueza. La burguesía no salvaguarda su poder para entregarlo a los «eurocomunistas» sino para proteger sus intereses de clase, incluso con derramamiento de sangre si es necesario. Para dejar de ver esta realidad que la vida atestigua cada día necesitaríamos cerrar los ojos y disfrutar soñando despierto. Si los «eurocomunistas» conociéndoles en efecto, tienen éxito en la obtención de una o más posiciones en el gobierno burgués, será que de hecho, que llegaran allí como representantes y gendarmes del capitalismo, al igual que los otros partidos políticos burgueses y no como representantes del proletariado ni defensores de sus derechos allí». (Enver Hoxha; La «autogestión» yugoslava; teoría y práctica capitalista, 1978)

Vemos necesaria esta aclaración ante los lectores, ya que como expresamos hace tiempo:

«Aminorar la exposición del  revisionismo moderno –que siempre hemos denunciado– como puede ser el browderismo, titoismo, jruschovismo, maoísmo, eurocomunismo, el actual socialismo del siglo XXI, o cualquier reformismo o autor del socialismo utópico de los cuales estos revisionismos beben,  es lo mismo que perpetuar lo que Lenin llamaba: «la discordancia y la confusión ideológica» en el movimiento comunista». (Bitácora (M-L); Diferencias entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o simpatizantes de dicha doctrina, 2013)

Sin más, vemos el apoyo explícito de Edvard Kardelj a la corriente del eurocomunismo.

El documento:

Saludo entre Tito y Enrico Berlinguer, en la visita de este último a Yugoslavia el 1 de octubre de 1978

(1) «Los partidos comunistas de Europa occidental, cuya política se designa ahora con el vocablo inadecuado de «eurocomunismo», tienen, pues, incontestablemente razón de centrar su lucha política por el socialismo, en la defensa de la institución del pluralismo de las fuerzas políticas. En la situación que reina actualmente en los países de Europa occidental es, en efecto, el único medio realista de unir las fuerzas de la clase obrera y de asegurar su unión con las demás fuerzas democráticas del pueblo. Esta es, a su vez, la única manera de reforzar fundamentalmente las posiciones sociales y políticas de la clase obrera, de hacerla más apta para transformar la sociedad, y no solamente para criticarla». (1) (Edvard Kardelj; Democracia y socialismo, 1977)

(2) «Se discute mucho sobre el tema de si el término «eurocomunismo» es bueno o malo. Si no traduce, desde luego, la naturaleza profunda de este movimiento, expresa correctamente las condiciones históricas que lo determinan. En efecto, es un fenómeno propio de la Europa occidental y de algunos otros países, cuya estructura social y posición internacional son similares. No concierne a la idea de comunismo, sino a una vía específica que lleva a su realización. La política del «eurocomunismo» no es únicamente una cuestión de ideología, de teoría social y de política, aunque lo sea en cierta medida. Es, igualmente, una necesidad práctica para los partidos comunistas de Europa occidental». (2) (Edvard Kardelj; Democracia y socialismo, 1977)

(3) «Las divergencias que surgen entre los partidos comunistas y que son muy a menudo el reflejo de condiciones concretas, objetivas y subjetivas, en las que luchan, no deben, pues, impedirnos desentrañar la significación histórica general de ciertos fenómenos y movimientos. Por otra parte, es por esto por lo que no podemos considerar los nuevos enfoques en Europa occidental más que como parte integrante de los procesos sociales y progresistas en general y de la lucha por el socialismo. En el contexto global de estos procesos progresistas y socialistas, la política conocida ahora por el vocablo «eurocomunismo» constituye una poderosa fuerza de acción del movimiento obrero mundial». (3) (Edvard Kardelj; Democracia y socialismo, 1977)

(4) «En otras palabras, es evidente que la política de lo que se llama «eurocomunismo» es un producto específico de la situación que reina actualmente en Europa occidental, y que no podría ser tomada como una política universal, aplicable a todos los países del mundo. Por el contrario, en Europa occidental y en los países que tengan unas estructuras sociales y una posición internacional similares, no sólo está justificada, sino que incluso es de una importancia decisiva para reforzar las posiciones sociales de la clase obrera en las condiciones específicas de esta parte de nuestro continente. No hay duda de que la lucha por el socialismo continuará desarrollándose en un conjunto entrelazado de transformaciones revolucionarias radicales y de combates políticos librados con medios pacíficos, democráticos». (4) (Edvard Kardelj; Democracia y socialismo, 1977)



jueves, 23 de enero de 2014

La Constitución Soviética (1918)

«Vosotros, explotadores e hipócritas, habláis de democracia y, al mismo tiempo, levantáis a cada paso millares de obstáculos para impedir que las masas oprimidas participen en la vida política. Os tomamos la palabra y exigimos, en beneficio de estas masas, que ampliéis vuestra democracia burguesa, a fin de preparar a las masas para la revolución que os derribará a vosotros, los explotadores. Y si vosotros, los explotadores, intentáis hacer frente a nuestra revolución proletaria, os aplastaremos implacablemente». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)


Como ya he señalado, la privación del derecho de sufragio a la burguesía no constituye un rasgo obligatorio e indispensable de la dictadura del proletariado. Los bolcheviques de Rusia, que habían proclamado la consigna de tal dictadura mucho antes de Octubre, tampoco hablaban de privar de derechos electorales a los explotadores. Este rasgo de la dictadura no procede «del plan» de ningún partido, sino que ha surgido por sí mismo en el curso de la lucha. El historiador Kautsky, claro, no lo ha notado. No comprende que la burguesía, cuando en los Soviets dominaban aún los mencheviques —partidarios de la conciliación con la burguesía—, se había apartado por propia iniciativa de los Soviets, los boicoteaba, se oponía a ellos he intrigaba contra ellos. Los Soviets surgieron sin Constitución alguna y subsistieron más de un año —desde la primavera de 1917 hasta el verano de 1918— sin Constitución alguna. El enfurecimiento de la burguesía contra la organización de los oprimidos, organización independiente y omnipotente —pues abarca a todos—, la lucha más desvergonzada, más egoísta y más vil de la burguesía contra los Soviets y, en fin, la complicidad manifiesta de la burguesía —desde los demócratas constitucionalistas hasta los eseristas de derecha, desde Miliukov hasta Kerenski— en la korniloviada [37] fue lo que preparó la exclusión formal de la burguesía del seno de los Soviets.

Kautsky ha oído hablar del complot de Kornílov, pero tiene un desprecio olímpico por los hechos históricos y el curso y las formas de la lucha, que determinan las formas de la dictadura: ¿qué tienen que ver, en efecto, los hechos si se trata de la democracia «pura»? Debido a esto, la «crítica» de Kautsky, dirigida contra la privación de derechos electorales a la burguesía, se distingue por una... melosa ingenuidad que sería enternecedora en un niño, pero que produce náuseas, tratándose de un hombre a quien todavía no se ha declarado oficialmente cretino.

«... Si, con el sufragio universal, los capitalistas hubieran quedado reducidos a una minoría insignificante, les habría costado menos resignarse con su suerte» (pág.33)... ¿Verdad que es encantador? El inteligente Kautsky ha visto muchas veces en la historia, y por experiencia de la vida cotidiana los conoce muy bien, a terratenientes y capitalistas que conceden beligerancia a la voluntad de la mayoría de los oprimidos. El inteligente Kautsky se mantiene firme en el punto de vista de la «oposición», es decir, en el punto de vista de la lucha parlamentaria. Así lo dice textualmente, «oposición» (pág.34 y otras muchas).

¡Oh, sabio historiador y político! Sepa usted que «oposición» es un concepto de lucha pacífica y exclusivamente parlamentaria, es decir, una noción que responde a una situación no revolucionaria, a la ausencia de revolución. En la revolución nos encontramos con un enemigo que es implacable en la guerra civil; ninguna jeremiada reaccionaria de pequeño burgués, temeroso de esa guerra, como lo es también Kautsky, hará cambiar en nada este hecho. Es ridículo enfocar desde el punto de vista de la «oposición» los problemas de una guerra civil implacable cuando la burguesía está dispuesta a cometer todos los crímenes —el ejemplo de los versalleses [38] y sus tratos con Bismarck dicen bastante a todo el que no vea la historia como el Petrushka de Gógol [39]—, cuando la burguesía llama en su auxilio a Estados extranjeros e intriga con ellos contra la revolución. Lo mismo que Kautsky, «consejero del embrollo», el proletariado revolucionario debe encasquetarse el gorro de dormir y conceptuar de simple «oposición» legal a esta burguesía que organiza revueltas contrarrevolucionarias como las de Dútov, Krasnov y los checoslovacos [40] y prodiga millones a los saboteadores. ¡Qué profundidad de pensamiento!

Lo único que a Kautsky le interesa es el aspecto formal y jurídico del asunto, de modo que al leer sus razonamientos sobre la Constitución soviética no podemos menos de recordar las palabras de Bebel de que los jurisconsultos son gente reaccionaria hasta la médula. «En realidad -escribe Kautsky- no se puede privar de derechos únicamente a los capitalistas. ¿Qué es el capitalista en sentido jurídico? ¿Un hombre que posee bienes? Incluso en un país tan adelantado en el terreno económico, como Alemania, cuyo proletariado es tan numeroso, la instauración de una república soviética privaría de derechos políticos a grandes masas. En 1907, el número de personas —comprendidas sus familias— ocupadas en los tres grandes grupos —agricultura, industria y comercio— ascendía en el Imperio alemán a unos 35 millones de empleados y obreros asalariados y 17 millones de productores independientes. Por tanto, el partido puede muy bien ser mayoría entre los obreros asalariados, pero minoría en la población» (pág.33).