jueves, 13 de enero de 2022

¿Se puede considerar al trap como un «realismo» consecuente?; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

«Ernesto Castro: La tesis hegeliana de que todo lo real es racional para mí va a misa». (Relatos Sonoros; Con Javier Blánquez y Ernesto Castro: Trap, música y filosofía en tiempos de crisis, 2020)

Actualmente, se teme la crítica hacia el trap, hay un pésimo intento de justificarlo bajo la premisa: «Si ha triunfado, es que algo bueno tiene y trae». Un reduccionismo tan simple que en política sería como decir: «Si Hitler llegó al poder es que algo bueno tenía y traía al pueblo alemán». ¿Pero qué podemos decir sobre esto? En el sentido más estrictamente funcional y pragmático, en efecto, Hitler hizo las cosas lo suficientemente bien como para llegar al poder: un poco de demagogia anticapitalista, mezclado con carisma, buena oratoria y agresividad contra la oposición, pero, ¿se puede decir que «traía cosas buenas al pueblo alemán»? Del trap se dice que su mejor virtud es que «refleja la esencia del barrio». ¿No es esto insultar a la gente del propio barrio? Los periódicos del extranjero comentaban la súbita subida al poder de Hitler con la idea de que éste supo «captar la esencia del pueblo alemán mejor que nadie». ¿Qué se pretendía decir con eso? ¡¿Qué el pueblo alemán era imperialista, racista, antisemita e irracional por naturaleza?! Como se ve, a veces, sin quererlo, las alabanzas son crueles. 

Recapitulando, ¿qué temas ocupan primordialmente los traperos? Recordemos: machismo, prostitución, proxenetismo, lucha de bandas callejeras, alcoholismo, tráfico de drogas o atracos de bancos −y todo esto no para criticarlo, sino acogiéndolo con orgullo−. Para estos músicos, estos «cuasi intelectuales», estos son los «problemas de la calle» de los que hay que hablar −como si estos se limitasen solo a los problemas de los «bajos fondos», al mundo de los lumpens−. La cuestión para nosotros es, en esta «mala película»… ¿ellos son parte del problema o de la solución de todos estos conflictos? Observando su lirismo, no queda lugar a duda que no hacen nada por remediarlos, se ríen y se vanaglorian de tales fenómenos. ¿Dónde están los temas que hablan sobre las causas y posibles soluciones para temas como la vivienda, educación, sanidad, desempleo, ludopatía, prostitución y demás? ¿Cómo enfrentan corrientes y movimientos sociales de moda como el ecologismo o el feminismo? ¿Qué opinan sobre la problemática nacional en España? ¿Nada? Parece que cuando la cosa se sale de hablar de gramos, putas, marcas de zapatillas y bates de beisbol, todo se complica, ¿verdad? Es común que los jefes del «rap kinki», como Jarfaiter, pongan el foco en los peores defectos de las gentes que habitan en la sociedad, pero no se planteen por qué sucede esto o aquello; tampoco intentan llegar a las capas más honestas del pueblo para superar dicho escenario que les agobia. Nada de eso, lo que suelen hacer es hablar de los comportamientos mezquinos que abundan entre la población y usarlos como pretexto para comportarse exactamente igual. La secuencia sería tal que así: el autor parte de la clásica actitud «descriptivista» ante un aspecto concreto y muy crudo de la realidad, pero una vez hecho tal «ejercicio artístico» no va más allá −porque no le interesa o no se siente con fuerzas− y termina reproduciendo todo aquello que a ratos parece que quisiera denunciar. Un recurso artístico tan recurrente como aburrido.

Aclaraciones necesarias sobre el «realismo»

Según la RAE el realismo» es una: «Forma de ver las cosas sin idealizarlas». El trap está muy lejos de ser «realista» en este sentido. Se caracteriza por hacer una fotografía de la podredumbre actual, o peor, de alabar lo peor del género humano bajo todo tipo de baratijas filosóficas. Esto es lo que algunos llaman «realismo sucio». Pero no sabe ni el origen ni el porvenir que puede haber en ese «mundo sucio». Sus expresiones de indignación son inofensivas para los pilares sobre los cuales se sustentan las cosas. ¿Es esto nuevo? En absoluto, ya en su día Gueorgui Plejánov se esforzó por recordarnos que esto es algo muy recurrente:

«Los parnasianos y los primeros realistas franceses −los Goncourt, Flaubert y otros− también sentían un desprecio infinito por la sociedad burguesa que les rodeaba. También ellos lanzaban constantemente improperios contra los odiados «burgueses». Y si publicaban sus obras, no era, según decían, para un público vasto, sino tan sólo para unos cuantos elegidos, «para amigos ignorados», como decía Flaubert en una de sus cartas. Según ellos, sólo un escritor de mediano talento podía agradar al gran público. Leconte de Lisle creía que el gran éxito de un escritor era un signo de su inferioridad intelectual. Huelga decir que los parnasianos, al igual que los románticos, eran partidarios incondicionales de la teoría del arte por el arte». (Gueorgui Plejánov; El arte y la vida social, 1913)

Además de lo dicho hasta aquí, asumimos que desde una óptica revolucionaria:

«El arte realista es arte combativo. Lucha contra visiones erróneas de la realidad e impulsos que se oponen a los intereses reales de la humanidad. Hace posibles formas correctas de pensar y potencia los impulsos productivos». (Bertolt Brecht; Sobre el socialismo, 1954; Extraído del libro de Juan José Gómez; Crítica, tendencia y propaganda; Textos sobre arte y comunismo, 1917-1954, 2004)

Un criterio que, por supuesto, no siguen los traperos, que tienen poco de combativos, y que no luchan para nada contra los impulsos que se oponen a los intereses de la humanidad −más bien los fomentan−. En realidad, el «realismo sucio» del trap recuerda demasiado al naturalismo de los intelectuales del siglo XIX:

«El naturalismo se había metido en un callejón sin salida y que lo único que le quedaba por hacer era contar una vez más los amores de la tendera con el tabernero de la esquina. [Haciendo que] se perdiese todo interés y se hiciese aburrida y hasta repelente. (…) Todo podía llegar a ser objeto de su estudio, hasta la sífilis, como decía Huysmans. Sin embargo, el movimiento obrero contemporáneo era inaccesible para él. (…) Pero esa falta de simpatía por los objetos observados y representados, ocasionó muy pronto, como no podía por menos de suceder, una pérdida de interés por esa existencia». (Gueorgui Plejánov; El arte y la vida social, 1913)

En arte el «formalismo» lo podemos definir como el afán de darle suma importancia a la técnica a la hora de escribir en un lenguaje bonito o sobrecargado, realizar escalas instrumentales muy virtuosas o pintar haciendo que el color y la luz destaquen por encima del resto. ¿Es esto incompatible con una obra buena? En absoluto, pero cuando acaba teniendo más protagonismo que la esencia a transmitir de la obra, que la narración y mensaje, se invierte la importancia entre contenido y forma. A veces se piensa que el formalismo solo acontece en este aspecto, pero no es así, también ocurre al revés. Mismamente, en una canción de música, también se puede cometer formalismo cuando el artista, una vez tiene la intención de hacer una obra de compromiso social, finalmente acaba contentándose con darle un aspecto «revolucionario» en lo superficial, en cambio se despreocupa precisamente de otorgarle una forma digna a esa letra que acompaña esa canción, de rimar bien y de ligar con sentido la historia que está queriendo contar, cuando cree, que por decir palabras altisonantes y «ultrarrevolucionarias» ya ha cumplido con el «contenido» ideológico de la pieza. Aquí de nuevo el auto incurre en la equivocación de importarle más la exterioridad que la esencia contenida en dicha lírica.

sábado, 1 de enero de 2022

Sobre la nueva corriente maoísta de moda: los «reconstitucionalistas»; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Si bien es cierto que, a diferencia del siglo XIX, en el que las jornadas laborales superaban las doce horas, en la actualidad el tiempo de trabajo se ha reducido a las ocho horas −siempre sobre el papel, está claro, a lo que debemos sumar toda la serie de tareas y preocupaciones que se generan tanto en el hogar como en el círculo social. La evolución del trabajo en la etapa de los grandes monopolios y las grandes cadenas de montaje derivó, como sabemos, en un sinfín de trabajos cada vez más sencillos, pero a cada cual más tediosamente mecánico. En tiempos de «precarización laboral», al trabajador se le obliga a imbuirse en el maravilloso mundo de los empleos temporales y a la media jornada, al pluriempleo; bien como complemento para su trabajo fijo de 8h o como concatenación de varios pequeños trabajos para sumar un sustento que le permita la subsistencia. (...) Todo esto convierte al trabajador manual en un ser de gran penumbra espiritual, falto de ánimo y autoestima, que debe abstraerse y contentarse pensando que debe «aguantar» en pos de un fin mayor: pagar la hipoteca de la casa, la comida y la vestimenta familiar; en suma, sobrevivir. (...) Pensar tal y como hacen los «reconstitucionalistas», que todo esto no tiene demasiada importancia porque vivimos en plena era digital donde podemos optar a un acceso a la información cien veces mayor, que se han conquistado una serie de derechos o hay acceso a un nivel cultural mayor que hace siglos, es poco menos que una broma, la constatación de la estulticia de su pensamiento, del maremágnum de ignorancia que portan. La mayoría de asalariados que vuelven a casa exhaustos del trabajo no van a decidir espontáneamente indagar sobre qué es eso del marxismo, y los que tienen tal inquietud apenas tienen el tiempo y la vitalidad que quisieran para dedicarle a su formación; el cansancio agota su cuerpo y apaga su espíritu. Por otra parte, el sistema capitalista se ha encargado también de que tengan a su acceso múltiples distracciones banales, actividades de ocio que alejan aún más al trabajador promedio de la teoría revolucionaria. Pensar lo contrario es vivir en una realidad paralela, la cual indica o bien que nunca han experimentado tal sensación o bien que simplemente no saben distinguir entre su mundo subjetivo y el de millones de personas». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre la nueva corriente maoísta de moda: los «reconstitucionalistas», 2022)


[Obra editada originalmente en 2017, reeditada en 2022]

Preámbulo

«En estos apuntes me he propuesto como tarea indagar qué es lo que ha hecho desvariar a esas gentes que predican, bajo el nombre de marxismo, algo increíblemente caótico, confuso y reaccionario». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1908)

Esta tendencia, que llamamos «reconstitucionalista», quizás sea la más caricaturesca del maoísmo. Se podría decir que son algo así como la personificación real de aquellos jóvenes ficticios que protagonizaban la película de Jean-Luc Godard: «La Chinoise» (1967), quienes causaban la mofa a diestro y siniestro achacando a sus adversarios los mismos defectos que ellos profesaban. Estos creían ciegamente en Mao Zedong sin pararse a analizar nada en lo más mínimo, dedicaban sus tardes a aprenderse y recitar las poéticas citas arregladas del Libro Rojo de Mao como si de profetisas del Oráculo de Delfos se tratasen. Insistían sobre la necesidad de «superar el dogmatismo de la época de Stalin», sentencia a la cual habían llegado no en base a material de primera mano y estudios propios, sino a través de repetir mecánicamente la propaganda de la «Revolución Cultural» y los intelectuales del «Mayo del 68». Hablamos de unos muchachos acomodados que a menudo charlaban entre ellos sobre la idea de cometer atentados terroristas contra los representantes de la universidad o contra los dirigentes del imperialismo, que se comunicaban en un lenguaje indescifrable para las masas… como si todo esto fuera el súmmum de ser revolucionario. Para desgracia nuestra, los maoístas modernos de esta rama llamada «reconstitucionalista» no son personajes ficticios, sino gente de carne y hueso. 

Nos resulta especialmente graciosa esta nueva moda neomaoísta. ¿Qué es este movimiento que se presentó en su día como superador de los errores del Partido Comunista de España (reconstituido)? Una unión de diferentes grupos con inclinaciones maoístas que emergió desde varios afluentes: desde la disidencia maoísta dentro del prorruso Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) hasta pasar por la escisión que sufrió el propio PCE (r) en los años 90 (La Forja, Nº21, 2001). Varias de estas tendencias descontentas se agruparon entre 1994-06 en el Partido Comunista Revolucionario (PCR) y su órgano de expresión «La Forja». Aunque su proyecto de «reconstitución del partido» fracasó estrepitosamente, desafortunadamente no desaparecieron de la escena. Aunque más fragmentada, esta tendencia se empezó a reagrupar y volvió a publicar bajo expresiones varias: Nueva Praxis (NP), Revolución o Barbarie (RyB), y el Movimiento Anti-Imperialista (MAI). Más tarde, decidieron repetir la historia fundiéndose en un órgano teórico de expresión, «Línea Proletaria» (LR), formando en conjunto el órgano político «Comité por la Reconstitución» (CxR). Pero parece que la «lucha de dos líneas» maoísta no tardó en hacer efecto y hubo varias escisiones como la de Unión Proletaria (UP), cuya notoriedad ha sido y es, también, nula. ¿Qué sorpresa, verdad? 

El lector no debe aterrorizarse si generalmente se pierde con las teorías y expresiones de esta gente, le garantizamos que durante el presente documento recordaremos una y otra vez lo que supone esta sopa de siglas y aclararemos las expresiones barrocas que acostumbran a utilizar para marear la perdiz. Comenzando por el plato fuerte: ¿qué proponen para revertir la deplorable situación en la que estamos? De forma idealista achacan toda equivocación o mal resultado histórico al «agotamiento del Ciclo de Octubre» −coletilla que usarán hasta en la sopa, a modo de cabeza de turco−. A decir verdad, estos señores han venido sufriendo una miopía severa durante décadas a causa de empecinarse en portar unas lentes filosóficas mal graduadas, lo que a la hora de analizar los procesos históricos se ha visto reflejado en un estudio confuso, borroso, deviniendo, por lo tanto, en especulaciones sobre lo que se tiene delante. Esta y no otra es la razón por la que siempre tratan de salvar la situación trayendo a colación machaconamente este eslogan sobre las «limitaciones» del «Ciclo de Octubre», su «Deus ex maquina» preferido, como si con ello se explicasen los interrogantes o equivocaciones de las experiencias desde 1917 hasta hoy; como si esto bastase para sustituir el estudio pormenorizado a base de datos, argumentos y pruebas factuales. Para ellos, en realidad, todo grupo político estuvo y está «poco maoizado», y junto a esto, ninguno ha comprendido ni sabido aplicar los «grandes aportes» del gran «Presidente Gonzalo»; de esta forma dan carpetazo al asunto, prometiendo, eso sí, «futuros estudios» sobre el tema particular, estudios que, como es obvio, jamás llegan. 

domingo, 26 de diciembre de 2021

¿Por qué Bertolt Brecht pensaba que había que superar el heroísmo y la tragedia del teatro clásico?


«Para Schopenhauer, el poder de la tragedia y su catarsis consiste en persuadir al espectador acerca de la necesidad de resignarse ante un mundo dominado por fuerzas irracionales −la voluntad− y aceptar el sufrimiento, porque se halla en la naturaleza del universo −el reconocimiento de que ni el mundo ni la vida nos pueden satisfacer por completo, y que por consiguiente no vale la pena comprometernos−. A partir de allí, aconseja una aceptación del mundo tal como es. La vida es una tragedia. (...) Para Hegel, la «resolución trágica» implica el hecho de que «la justicia eterna es operativa... de una forma según la cual se restablece la sustancia ética y la unidad en y junto a la perdición del individuo que interrumpe su reposo». Una vez más, la «racionalidad del destino» se hace presente. La razón eterna de Hegel triunfa, ya que «el Destino retrotrae la personalidad hasta sus límites y la quiebra por completo cuando ha crecido con arrogancia». Las contradicciones son «anuladas»; el carácter trágico despierta nuestro «temor» cuando contemplamos «el poder de la moral violentada», y nuestra «compasión» cuando contemplamos las consecuencias de su propio accionar. Una vez más, las emociones del espectador se reconcilian con el «orden mundial racional y justo». (...) Sobre los héroes y el heroísmo Brecht tiene cosas importantes que decir. El heroísmo se encuentra donde se lo busque y según se lo mire. Desde admitirse que desde su posición estratégica −como materialista dialéctico− la tragedia desaparece, mejor dicho: la tragedia existe, pero no los temas trágicos. Al ver al mundo en un proceso de constante cambio, donde el hombre interviene para moldearlo en un sentido social constructivo, no puede considerarlo como algo definitivamente trágico. Para la tragedia, el hombre se encuentra en una lucha ineluctable contra fuerzas transcendentes. Por lo general, son consideradas irracionales e inalterables, y terminan por destruir los esfuerzos y objetivos del hombre, aunque a menudo sirvan para desplegar su grandeza. Estas fuerzas presumiblemente castigan la hubris del hombre, su excesivo orgullo frente a un universo justo. O simplemente lo castigan por «existir», una existencia que se ha convertido en un pecado original o en algún tipo de violación a la ley natural o al orden divino. Al ser esta la naturaleza de la tragedia, Brecht sostiene que no puede describir adecuadamente al mundo tal como es en la actualidad. Podemos redefinir la tragedia y su representación de la «visión trágica de la vida» como la forma de arte dramático que muestra la búsqueda frustrada de la libertad en un mundo que no es libre. Para el marxismo, se trata de un mundo de transición; y la tragedia también representa formas y actitudes de transición relacionadas con el periodo particular en el cual se produce o expresa. Al ser los conflictos esenciales a la vida, la tragedia permite comprender mejor los grandes valores de la naturaleza y el heroísmo del hombre. Pero a medida que este va desvelando la naturaleza de aquellos poderes que supuestamente lo frustran y lo destruyen, y en la medida en que convierte a los dioses inmortales en fuerzas naturales para posteriormente controlarlas, la tragedia como tal desaparece, aunque no suceda lo mismo con las situaciones trágicas. En una época como la nuestra, en la que el viejo combate contra lo nuevo, seguirán existiendo desilusiones, derrotas y desastres». (Frederic Ewen; Bertolt Brecht: su vida, su obra, su época, 1967)

miércoles, 22 de diciembre de 2021

El trap, un narcótico más para los nihilistas de siempre; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Como era de esperar el aumento de fenómenos como el pluriempleo, la precarización o el desempleo −y con estos, el de la alienación sobre el pueblo y especialmente entre la juventud− han facilitado que muchos individuos se identifiquen fácilmente con sentimientos de desesperanza sobre su situación personal. Una reacción no sorprendente han sido las clásicas actitudes que pueden ser calificadas como evasivas o individualistas, pesimistas o descorazonadoras. En este caso, dentro de la «música urbana», el trap lejos de ser una manifestación artística que cause la «revolucionarización» del oyente, parece haber venido para aplastar con su apatía toda perspectiva de futuro al grito de «¡Tonto el último!». En plena consecuencia con su extremo pragmatismo, se recomienda al sujeto que para sobrellevar el infausto viaje de la nada hacia la nada, lo mejor es dejarse llevar en una vorágine de excesos y confusión, un espectáculo tan dantesco como peligroso. En una de sus variantes, el trap triunfante lo único que ofrece es el canto del nuevo rico, aquel que presume de haber salido del pozo mientras se ríe de los que se quedaron a medio camino. Aquí mostraremos muy brevemente los conceptos y hábitos de amistad, sexo, amor o consumo, los cuales no son ni mucho menos originales, sino una especie de prestamismos culturales de todos los movimientos previos. Véase el capítulo: «¿Es el movimiento trap una innovación espiritual o estética?» de 2021.

¿Qué referencias tiene el trapero promedio y a qué aspira?

Para entender el pensamiento del trapero común, lo mejor será observar cuáles son sus iconos de referencia, y para ello no podemos sino recurrir a PXXR GVNG, la banda icónica que ha popularizado el género en España:

«Scarface, Carlito, Casino pirris / Moviendo nieve for real, perico pirris / Hablan de putas, de carros, en barrios pirris. (...) Crecí pobre like a Chapo, o-o-oh / Gané rango like a capo, o-o-oh / Tengo al pueblo como Pablo, o-o-oh (...) Solo quiero cosas que coloquen / Me suda la polla, voy a morir joven». (PXXR GVNG; La Familia, 2015)

¿A qué aspira entonces el «trapero vulgaris»? Pues, aunque no sea muy novedoso, a intentar emular las biografías de gánsteres, narcos y kinkis −reales o ficticios−, ¿la razón? En muchísimos casos pueden contener escenas muy similares a vivencias de los artistas. Esperan hacer carrera para intentar ser el próximo Pablo Escobar y engatusar al pueblo presentándose como el «nuevo salvador», ese noble hombre que «regalaba» al barrio un campo de fútbol a cambio de atracos, matones a sueldo, soplones y coches-bomba cada semana, a la par que arruinaba a toda una generación con la droga. Un trato justo, ¿no? Bien, ¿y qué ocurre si esto nunca llega a culminarse? Bueno, si las ambiciones del trapero no pueden ser completadas y no se convierte en el próximo capo, lo que quedará entonces, según sus palabras, es «vivir rápido y morir joven», a ser posible por sobredosis en un bar de estriptis. ¡Un final también muy inesperado!

martes, 14 de diciembre de 2021

Engels sobre los jóvenes hegelianos y cómo creían «destruir» la política con su filosofía

«Antes de hablar del propio libro de Stirner, ya mencionado, deberemos trasladarnos al «viejo país romántico» y a los tiempos olvidados en que este libro vio la luz. Mientras que la burguesía prusiana, aprovechándose de las dificultades financieras del gobierno, empezaba a conquistar el poder político, en ese mismo momento, al lado del movimiento constitucional burgués, fue ampliándose de día en día el movimiento comunista entre el proletariado. Los elementos burgueses de la sociedad, que necesitaban aún el apoyo del proletariado para lograr sus propios fines, se vieron obligados en todas partes a hacerse pasar por partidarios de cualquier variedad del socialismo; el partido conservador y feudal tuvo también que hacer promesas al proletariado. A la par con la lucha del burgués y del campesino contra la nobleza feudal y la burocracia, la lucha de los proletarios contra el burgués; y, entre ellos, toda una serie de grupos socialistas intermedios que abarcan todas las variedades de socialismo: el socialismo reaccionario, el socialismo pequeñoburgués, el socialismo burgués. Y toda esta lucha, todas estas aspiraciones, se veían aplastadas, no podían manifestarse por la opresión de la violencia reinante, la censura, la prohibición de asociaciones y de reuniones. Tal era la situación de los partidos cuando la filosofía alemana festejaba sus mezquinos triunfos postreros. La censura obligó desde el primer momento a todos los elementos un tanto indeseables a elegir el modo de expresión más abstracto posible; este modo de expresión lo proporcionaba la tradición filosófica alemana, que había llegado precisamente entonces a la completa descomposición de la escuela hegeliana. La lucha contra la religión continuaba todavía. Cuanto más difícil resultaba sostener en prensa la lucha política contra el poder existente, con tan mayor celo se hacía bajo la forma de lucha religiosa y filosófica. La filosofía alemana, en su aspecto más diluido pasó a ser patrimonio común de los «instruidos», y cuanto más se convertía en patrimonio común, tanto más desleídas, incoherentes e insípidas se hacían las opiniones de los filósofos y tanto mayor era el prestigio que esta confusión insipidez les creaban entre el público «instruido».

El embrollo existente en las cabezas de los «instruidos» era espantoso y cada día mayor. Se trataba de una verdadera mezcolanza de ideas de origen alemán, francés, inglés, antiguo, medieval y moderno. La confusión era tanto mayor por cuanto todas las ideas se tomaban sólo de segunda, tercera y cuarta mano, debido a lo cual circulaban tan desfiguradas que era imposible reconocerlas. Compartían esta suerte no sólo los pensamientos de los liberales y socialistas franceses e ingleses, sino incluso las ideas de los alemanes como Hegel, por ejemplo. Toda la literatura de aquellos tiempos −en particular, como vemos, el libro de Stirner brinda innumerables testimonios de ello−, y la literatura alemana contemporánea padece hasta ahora fuertemente consecuencias de todo eso. 

Con esta confusión, las ficticias batallas filosóficas pasaban por un reflejo de batallas verdaderas. Cada «nuevo viraje» en filosofía atraía la atención general de los «instruidos», que en Alemania se componen de incontables cabezas ociosas, candidatos a cargos de jueces y profesor, teólogos frustrados, médicos y literatos dedicados a otros menesteres etc. Para esa gente cada «nuevo viraje» significaba la superación y la liquidación definitiva de un peldaño determinado del desarrollo histórico. Bastaba, por ejemplo, con que un filósofo hiciera cualquier crítica del liberalismo burgués para que este último fuese considerado ya muerto, suprimido del desarrollo histórico y destruido también en la práctica. Lo mismo ocurría con el republicanismo, el socialismo, etc. Hasta qué punto habían sido efectivamente «destruidos», «superados» y «liquidados» estos peldaños del desarrollo se descubrió más tarde, durante la revolución, cuando pasaron a desempeñar el papel principal, mientras que se dio ya al olvido a sus destructores filosóficos.

La confusión de las formas y del contenido, la vulgaridad altanera y el absurdo grandilocuente, la trivialidad indescriptible y la miseria dialéctica, peculiares de esta filosofía alemana en su última fase, superan todo lo aparecido en cualquier momento en este terreno. Só1o puede compararse con ello la credulidad de la gente que toma en serio todo eso y lo considera la última novedad, «algo nunca visto». (Friedrich Engels; La consigna de abolición del estado y los «amigos de la anarquía» alemanes, 1850)

viernes, 3 de diciembre de 2021

¿Es el trap el nuevo punk?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«Algunos también han lanzado la sugerente pregunta: ¿será que con el trap asistimos a un nuevo «punk» o al menos un descendiente que herede su espíritu de rebeldía?

«Entrevistador: Con frecuencia hablas de newpunk. Explícanos por favor qué significa este concepto, cuál es el paralelismo entre la escena trap y el punk.

Kaixo: El newpunk es la forma que tengo de definir mi forma de ver la música en este momento, pero desde un punto de vista casi ideológico. El newpunk representa todos los paralelismos que existen en mi música, como ser socialmente activo y a la vez un nihilista de mierda, que no es capaz de ver un futuro a medio plazo al mundo, tal y como hoy lo conocemos. (…) También su formato es muy parecido al trap: barato, rápido y hacia adelante, al igual que como se está desarrollando en España, en salas pequeñas, todo «self-made», cobrando a entrada, sin intermediarios, etc. Creo aun así que ahora está cambiando, porque también se está normalizando: quizá el trap ahora se parezca más al nuevo pop, o el nuevo rock ‘n roll. Cosa que no me parece mal». (Jnsp; Kaixo: «El #newpunk es ser socialmente activo y a la vez un nihilista de mierda», 5 de abril de 2017)

Entre dos géneros musicales relativamente cercanos en el tiempo lo difícil es que no haya similitudes. Eso que vaya por delante. Si somos astutos podríamos defender con argumentos que el punk ha tenido muchos hijos naturales y bastardos, pero por motivos de extensión solo nos centraremos en su comparativa respecto al trap. ¿Qué ofrece el movimiento punk en cuanto a lirismo?: a) cuenta con canciones que contienen una temática de descripción o crítica social que, cuanto menos, resultan interesantes dentro del círculo de banalidades que se suelen cantar; b) otras, tienen cierto tono político pero que, por lo general, se quedan en nada porque destilan el clásico anarquismo estéril; c) las hay que relatan de forma humorística ciertas escenas cotidianas causando la risa del oyente, pero sin mayor profundidad; d) también es frecuente encontrar alegatos donde se antepone el estilo sobre la sustancia, creyendo que mientras sean provocadoras todo vale; e) por último, y no menos importante, existen cantos desesperanzadores, que son rechazables y no queda más remedio que, en el mejor de los casos, compadecerse del autor pese a no compartir su visión pesimista, autodestructora o nihilista. No hablamos en pasado porque este género sigue teniendo vida, aunque no con la notoriedad de los 70 y 80.

Y bien, de todas estas posibilidades del viejo punk, ¿cuál rescata el trap y géneros parecidos? Pues bien, preminentemente toma como modelo las dos últimas tendencias, por no decir casi en exclusividad. ¿Es eso motivo de orgullo? Para algunos resulta que sí. Sin ir más lejos, Jarfaiter, representante madrileño del «rap kinki», siempre ha estado cercano a este nuevo género trap, hasta el punto de confundirse. ¿Pero cuáles son sus referencias musicales fuera del ámbito hip hopero? Él en sus entrevistas siempre se ha considerado heredero de la música punk de los 80, de Eskorbuto o Cicatriz. Bien, pondremos un resumen sobre qué se basaban estos grupos, para que quien no esté familiarizado pueda entendernos mejor.

a) Misantropía y apoliticismo:

«No hay amigos, ni enemigos / Lucha necia, todos contra todos». (Eskorbuto; Antitodo, 1986)

b) Machismo:

«Voy a entrar en vuestras casas / Destrozando las ventanas / Pa joder a vuestras furcias / A mordiscos y a patadas». (Cicatriz; Fuck furcias, 1986)

c) Pesimismo:

«Perdida la esperanza, perdida la ilusión / Los problemas continúan, sin hallarse solución / El pasado ha pasado y por él nada hay que hacer / El presente es un fracaso y el futuro no se ve». (Eskorbuto; Cerebros destruidos, 1986)

Y más pesimismo:

«Esperando a que crezcamos / Para hablarnos del futuro / Yo no creo en el futuro / Vete a tomar por el culo». (Cicatriz; Fuck furcias, 1986)

sábado, 27 de noviembre de 2021

Engels reflexionando en 1882 sobre las luchas partidistas en Francia y Alemania

«A pesar de los consejos bien intencionados de los belgas ha sucedido lo inevitable, los elementos irreconciliables se han separado. [1] Y eso es bueno. Al principio, cuando se fundó el Partido Obrero, había que admitir a todos los elementos que aceptaban el programa, si lo hacían con secretas reservas que seguramente se manifestarían más adelante. Aquí nunca nos equivocamos acerca de Malon y Brousse [2]. Ambos habían sido entrenados en la escuela de intrigas bakuninistas. Malon fue incluso cómplice de Bakunin en la creación de la «Alianza» secreta –fue uno de los 17 miembros fundadores. Pero, después de todo, había que darles la oportunidad de demostrar si habían abandonado la práctica bakuninista junto con la teoría bakuninista. El curso de los acontecimientos ha demostrado que adoptaron el programa y lo adulteraron; Malon introdujo varios cambios que lo empeoraron con la secreta intención de interrumpirlo. Lo que se inició en Reims y París se ha completado en Saint-Étienne. El carácter proletario del programa ha sido eliminado. Los considerandos comunistas de 1880 han sido ahora reemplazados por las Reglas de la Internacional de 1866, las cuales tuvieron que ser expresadas en términos tan elásticos precisamente porque los proudhonistas franceses se habían quedado tan rezagados, pero no podían ser dejados fuera. Las demandas positivas del programa han sido neutralizadas en que cada localidad podría, cuando así lo desee, formular un programa individual para cada ocasión individual. No sólo el partido de Saint-Étienne no es un partido obrero, es que no es un partido, porque de hecho no tiene un programa: a lo más es un partido de Malon-Brousse. (...) Parecería que cualquier partido obrero en un país grande sólo puede desarrollarse a través de la lucha interna, como se ha establecido generalmente en las leyes dialécticas del desarrollo. El partido alemán ha llegado a ser lo que es a través de la lucha entre los Eisenachers y Lassalleanos. La unificación sólo se hizo posible cuando la pandilla de sinvergüenzas deliberadamente cultivada como una herramienta por Lassalle había perdido su eficacia, e incluso entonces fuimos demasiado aprisa al realizar esa unificación. En Francia, las personas que han renunciado a la teoría bakuninista, pero siguen haciendo uso de las armas bakuninistas y al mismo tiempo tratan de sacrificar el carácter de clase del movimiento a sus fines particulares, también tendrán que perder su eficacia antes de que la unificación vuelva a ser factible. Siendo así, sería pura locura abogar por la unificación. Las homilías morales no sirven para combatir los problemas iniciales que, siendo las circunstancias como son hoy en día, constituyen cuestiones que deben ser experimentadas». (Friedrich Engels; Carta a Eduard Bernstein, 20 de octubre de 1882)

Anotaciones de la edición:

[1] El Partido Obrero Francés se dividió en dos facciones en el Congreso de Saint-Étienne el 25 de septiembre de 1882. La minoría liderada por Guesde y Lafargue se retiró y celebró su propio congreso en Roanne. La mayoría oportunista encabezada por Malon y Brousse formó un partido separado, los llamados «posibilistas». El partido adquirió este nombre porque sus líderes, que se oponían a la lucha revolucionaria, declararon que solo estaban tratando de lograr lo que era posible.

[2] Benôit Malon (1841-1893) - Socialista francés, miembro de la Primera Internacional y de la Comuna de París, después de su derrota se refugió en Italia y luego en Suiza, donde se acercó a los anarquistas, ideólogo y líder de los «posibilistas».

Paul Brousse (1854-1912) - Socialista pequeño burgués francés, participó en la Comuna de París, después de su supresión vivió en la emigración, se unió a los anarquistas. A su regreso a Francia a principios de la década de 1880 se unió al 
Partido Obrero donde se opuso con vehemencia a la corriente marxista, ideólogo y líder de los «posibilistas»