miércoles, 9 de mayo de 2018

Sobre la nueva corriente maoísta de moda: los «reconstitucionalistas»; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«Nos resulta especialmente graciosa esta nueva moda maoísta de los «reconstitucionalistas». ¿Qué es este movimiento que se presenta como superador de los errores del Partido Comunista de España (reconstituido)? Una unión de diferentes grupos con inclinaciones maoístas que va desde la escisión que sufrió el propio PCE (r) en los años 90 hasta los disidentes maoístas del brezhnevista Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE). Estos grupos se manifestaron online, como Nueva Praxis, Revolución o Barbarie y el Movimiento Antiimperialista Internacional (MAI), hasta que decidieron fundirse en un solo órgano teórico, «Línea Proletaria», y formar parte conjunta del presunto órgano político «Comité por la Reconstitución». Parece que la «lucha de dos líneas» maoísta no ha tardado en hacer efecto, pues ya han empezado a escindirse y disgregarse rápidamente. ¿Qué sorpresa, verdad?

Los reconstitucionalistas se ganaron a otras organizaciones maoístas en el momento de su decadencia mediante obviedades como que las limitaciones del PCE (r) se encuentran en su economicismo, espontaneísmo, terrorismo y falta de ligazón con las masas. Y, efectivamente, aquí no les falta razón, pero fracasan en en su diagnóstico sobre el origen de estas desviaciones. En su fanatismo maoísta lo achacan todo a «las limitaciones del ciclo de Octubre» –que iría desde 1917 hasta hoy–. Para los reconstitucionalistas, en realidad, todo grupo está poco maoizado, elevándose ellos por encima de estos presuntos fallos históricos de los «marxistas, leninistas, stalinistas, dimitrovistas y hoxhistas», incluso presentándose a ratos no como maoístas, sino también como superadores de los errores del maoísmo. Esto, evidentemente, es una broma de mal gusto. Como mucho, y si así lo prefieren, los podemos calificar como «maoístas disfrazados», ya que todas las experiencias y figuras que tienen como referencia y panacea para su desviada idea de revolución lo son. En nuestra firme opinión, el problema en grupos como el PCE (r) reside, más bien, en no haber asimilado nada del «ciclo de Octubre abierto en 1917», del que si alguien pudo haber asimilado los axiomas del marxismo-leninismo ellos no fueron, desde luego, los maoístas. Dicho de otro modo, un maoísta no puede ser comunista. 

¿Qué propone esta corriente que rompa los viejos esquemas? Realmente nada. 

Es más, recuerdan a una escisión de los eseristas con los que Lenin bromeó por prometer una notable «revisión de los errores del movimiento revolucionario» para acabar repitiéndolos:

«En realidad, no se trata, ni puede tratarse, de ninguna revisión de la teoría, pues el nuevo periódico no muestra concepción teórica alguna. Lo único que hace es repetir en mil tonos distintos las exhortaciones al terrorismo y adaptar de una manera torpe, inhábil e ingenua sus opiniones sobre la revolución, sobre el movimiento de masas, sobre la significación de los partidos en general, etc., a este método, supuestamente nuevo, pero en realidad viejo, viejísimo. La sorprendente pobreza de ese bagaje «teórico» salta a la vista cuando se lo compara con las grandilocuentes promesas de revisión, crítica y creación». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Algunos rasgos de la disgregación actual, 1908)

Esta corriente quizás sea la más caricaturesca del maoísmo. Se podría decir algo así como que son la personificación real de aquellos jóvenes ficticios que protagonizaban la película de Jean-Luc Godard: «La Chinoise», lanzada en 1967, los cuales creían en Mao a base de fe ciega, sin pararse a analizar nada en lo más mínimo, achacando a sus adversarios los mismos defectos que ellos profesaban. Sí, aquellos jóvenes que aprendían como loros las citas arregladas y poéticas del Libro Rojo de Mao como si del Oráculo de Delfos se tratase. Aquellos que repetían constantemente aquello de «superar el dogmatismo de la época de Stalin», uno que solo habían conocido a través de la propaganda aprendida de la «Revolución Cultural». Unos jovencitos acomodados que charlaban a menudo entre ellos de la necesidad de cometer atentados terroristas en las universidades o contra los representantes del imperialismo, que hablaban en un lenguaje indescifrable para las masas como si esto fuera el summum de lo revolucionario. Para desgracia nuestra, los maoístas modernos de esta rama llamada reconstitucionalista no son personajes de humor, sino gente de carne y hueso.

No nos extenderemos en refutar cada una de sus características, pues las hemos venido desgranando en detalle durante el documento. Sin embargo, para el lector despistado y para aquel que ha hincado el diente en este capítulo sin leer los demás, adjuntamos los enlaces correspondientes. En especial remitimos al lector a obras que sintetizan brevemente el carácter del maoísmo:



Marx ya denunció a aquellos tipejos que asoman la cabeza de tanto en tanto y, como predicadores que anuncian en un lenguaje rimbombante para aparentar sapiencia, intentan propalar ideas peregrinas:

«Quiero denunciar al señor Grun, de Paris. Pretende haber aclarado los axiomas más importantes de la ciencia alemana. (…) Este hombre más que un caballero de industria literaria, es una especie de charlatán que quiere hacer comercio con las ideas modernas. Pretende ocultar su ignorancia con frases pomposas y arrogantes, pero no ha conseguido más que ponerse en ridículo con su galimatías». (Karl Marx; Carta a Proudhon, 5 de mayo de 1846)

El desarrollo de los reconstitucionalistas es análogo a muchos personajes históricos que pasaron a mejor vida –políticamente hablando–:

«Weitling se trasladó a Bruselas a comienzos del año 1846. Cuando su campaña de agitación en Suiza se paralizó, por efecto de sus contradicciones internas y de la brutal represión de la que luego fue objeto, buscó refugio en Londres, donde no pudo llegar a entenderse con los integrantes de la Liga de los Justicieros. Fue presa de su cruel destino precisamente por querer huir de él acogiéndose a un antojo de profeta. En vez de lanzarse de lleno al movimiento obrero inglés, en una época en la que la agitación cartista alcanzaba una gran altura, se puso a trabajar en la construcción de una gramática y una lógica fantásticas, preocupado por crear una lengua universal, que en lo sucesivo habría de ser su quimera preferida. Se arrojó precipitadamente a empresas para las que no poseía capacidad ni conocimientos de ninguna especie, y así fue cayendo en un aislamiento espiritual que lo separaba cada vez más de la verdadera fuente y raíz de su fuerza: la vida de su clase. (…) El tribuno del pueblo, semanario publicado por Kriege en Nueva York, promovía, en términos infantiles y pomposos, un fanatismo fantástico y sentimental que nada tenía que ver con los principios comunistas y que solo podía contribuir a desmoralizar en el más alto grado a la clase obrera». (Franz Mehring; Karl Marx. La historia de su vida, 1918)

Y aún así, ubicándolo en su contexto concreto, es una afrenta para la memoria de Weitling el que lo compararemos con estos maoístas de poca monta, ya que este personaje, al menos durante sus inicios, se proligó en un abnegado trabajo de masas y propagó escritos de interés e importancia para la incipiente concienciación del proletariado. Pero, desde luego, lo que queda claro es que ambos comparten un mismo error: ser incapaces de extraer las lecciones de la historia, para acabar quedando rezagados y, a base a insistir en sus opiniones subjetivas, perder todo rédito político.

Pero démosles una oportunidad a nuestros amigos reconstitucionalistas, redentores de los errores del movimiento proletario. Veamos qué novísimos postulados nos pueden ofrecer. 

La pedantería del lenguaje

La exposición teórica de estos «marxistas e intelectuales del pueblo» guarda muchas similitudes con aquella de autores como Juan Ramón Jiménez o Heidegger, característicos por su lenguaje «propio» inventado, solo asequible para la flor y nata de la «aristocracia» intelectual. Este lenguaje rocambolesco, recargado e incomprensible es un clamor entre los reconstitucionalistas: 

«Ex nihilo nihil fit: lo nuevo nace de lo viejo y sólo en la creciente ruptura con sus puntos de partida puede desarrollarse. He aquí gran parte del meollo de la cuestión, pues el marxismo es la única concepción del mundo cuyos presupuestos ontológicos –es decir, su dimensión praxeológica– permiten su revolucionarización». (Comité por la Reconstitución; Ciencia, positivismo y marxismo: notas sobre la historia de la conciencia moderna, 2018)

Estamos seguros que los trabajadores de Amazon, Zara, Repsol o Glovo, se mirarán entre sí y se encogerán de hombros al leer este tipo de textos. También estamos seguros que una persona graduada en una amplia gama de carreras –siempre que, claro, esta no sea filosofía– encontrará dificultades para comprender semejante aberración. ¿Qué demonios se puede pretender con esta forma de expresarse? Utilizar palabras en desuso, tecnicismos o palabrejas inventadas no hace a uno más inteligente, sino más estúpido. La capacidad que el receptor medio puede tener para comprender este mensaje es nula –o escasa–, y esto ocurre no porque sea idiota, sino por el palurdismo del emisor, que se expresa de forma retorcida en extremo. Estos elementos defienden que este lenguaje «eleva a las masas» y que no se puede «rebajar la forma hasta distorsionar su esencia». Hasta lo más complejo se puede expresar de forma sencilla sin caer en la mediocridad. Es aquí donde reside la verdadera eficiencia, la verdadera inteligencia, en saber adaptar el mensaje al registro adecuado sin socavar su contenido, por extenso o complejo que este pueda resultar. Y, en caso que no exista forma de hacerlo, qué menos de intentar hacer entender el mensaje mediante el desarrollo de los conceptos y fórmulas empleadas. Pero no, las fórmulas literarias obtusas no enaltecen el mensaje, sino que lo aguan, pues no son más que una mascarada formalista que maquilla el deficiente contenido. De esta forma caen en la mediocridad tan copada por la intelectualidad burguesa radicalizada, la del formalismo pedante y la del contenido revisionista. 

Puesto que intentan vender mercancía desviacionista, al menos podrían esmerarse por hacer que esta sea comprensible para sus compradores.

«Debemos tener en cuenta que imposible que las amplias masas comprenderán nuestras resoluciones sino aprendemos a hablar su propio lenguaje. No siempre, ni mucho menos, sabemos hablar de un modo sencillo, concreto, con conceptos familiares y comprensibles para ellas. Todavía no sabemos renunciar a las fórmulas abstractas, aprendidas de memoria. En efecto, fíjense en nuestros manifiestos, periódicos, resoluciones y tesis, y verán que están escritos muy a menudo en un lenguaje y en una redacción tan pesados, que su comprensión resulta inclusive difícil para los militantes responsables de nuestros partidos, y no digamos para nuestros militantes de fila. Si pensamos camaradas, que en los países fascistas los obreros, que difunden y leen estas hojas, se juegan la vida, salta a la vista con toda claridad la necesidad de escribir para las masas en un lenguaje comprensible para ellas, a fin de que también los sacrificios que se realicen no sean estériles. (...) ¡Cuando escribas o hables, piensa siempre en el obrero sencillo que tiene que entenderte, creer tus llamamientos y estar dispuesto a seguirte! ¡Piensa en aquellos para quienes escribes o a quienes hablas!». (Georgi Dimitrov, Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo; Discurso de resumen en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 13 de agosto de 1935)

¿Otra vez la «lucha de dos líneas» como modelo de partido?

Nos preguntamos dónde quedan esas «reflexiones de una década» –la que va entre 1994 y 2003, para ser más exactos– cuando proponen que: 

«La recomposición de su discurso teórico revolucionario y desde su desarrollo y aplicación a través del debate y la lucha de dos líneas en el seno de la vanguardia». (Partido Comunista Revolucionario; La nueva orientación en el camino de la Reconstitución del Partido Comunista, 2005)

«La lucha de dos líneas es el verdadero motor que dinamiza el desarrollo de la vanguardia revolucionaria, esta meta desempeñaba –¡y desempeña aún!– el papel de checkpoint por el que es menester cruzar en el arduo camino de la Reconstitución». (Comité por la Reconstitución, Editorial, diciembre de 2016)

Décadas, centurias o milenios de reflexión, eso da igual, porque parece que nada les es suficiente para llegar a la obvia conclusión de que su teoría de la «lucha de dos o varias líneas en el seno del partido» significa perder la guerra antes de empezarla. Esta «teoría» maoísta no ha sido más que un modelo fraccionalista de tipo trotskista-socialdemócrata, y así lo han sufrido en sus carnes todos los partidos que lo han adoptado, como el propio PCE (r) que incurrió en el seguidismo al adoptar este modelo organizativo menchevique. Véase: «Adopción de la lucha de dos o varías líneas en el partido» de 2017.

«Precisamente en 2015, el joven Movimiento por la Reconstitución lanzaba, orgulloso pero consciente de su inmadurez, comunicados unitarios firmados por todas las organizaciones que, por ese entonces, componían nuestro Movimiento. En otras palabras: todos los destacamentos se coordinaban para exponer ante la vanguardia y el conjunto de la clase la misma propaganda y la misma agitación, es decir, el mismo discurso ideológico y político. Pero ya entrado el año 2016 podemos percibir algunos cambios sustanciales y de importancia notoria. El Primero de Mayo, señalado día del proletariado internacional, hacen acto de presencia dos novedades que trastocan por completo la forma que presenta la Línea de Reconstitución: aparece –auspiciado y promocionado por la práctica totalidad de aquellos viejos círculos– el sitio web de Línea Proletaria y, además, se reparte a lo largo y ancho de las fronteras del Estado la misma octavilla firmada por el Comité por la Reconstitución, y no ya por la suma de los destacamentos de vanguardia adheridos a la LR. Estos pequeños pero significativos hitos marcan, así como 2014 y 2015 están jalonados por conquistas aún menores pero también importantes, el cambio material que este agónico año –y no sólo porque esté terminando; obsérvense los movimientos tectónicos en la lucha de clases interburguesa que vaticinan el seísmo venidero– representa frente a los anteriores: de la coordinación política de antaño transitamos hacia la completa unidad política. Esta circunstancia –que al lector despistado o al adversario malicioso le parecerá un mero cambio de palabras– expresa toda una diferencia de contenido en las relaciones internas de la vanguardia marxista-leninista, además de prefigurar la dirección de su deseable desenvolvimiento ulterior». (Comité por la Reconstitución, Editorial, diciembre de 2016)

Insistimos, nótese el tono, a medio camino entre el lenguaje poético de Mao y las ínfulas de grandeza de Trotski. No sabemos qué es más patético, si el lenguaje rocambolesco o las ridiculeces que se sueltan con él. Dan a entender que la creación de una web y el reparto de unas octavillas suponen «cambios sustanciales y de importancia notoria». ¡Enhorabuena! Habéis conseguido el mismo «hito» que unas quinientas organizaciones más. Pero, para estos señores, esta nimiedad, este «temblor» que apenas se ha sentido en el planeta revisionista, creen que es constitutivo de algo realmente transcendente, que «expresa toda una diferencia de contenido en las relaciones internas de la vanguardia marxista-leninista». Huelga comentar nada más. ¿Se diferencian algo de los mundos de fantasía en que vivían los líderes PCE (r) o RC? En absoluto. Puro patetismo «revolucionario». Véase el capítulo: «El voluntarismo y el subjetivismo a ultranza» de 2017.

En la cuestión armada, la «alternativa» que nos proponen es la llamada Guerra Popular Prolongada (GPP) 

«Finalmente, su mejor discípulo, el proletariado peruano, asumiendo esa experiencia tal y como viene dada y encarnado inicialmente en «un puñado de comunistas» nos da, tal vez, el mejor ejemplo contemporáneo de lo que la subjetividad revolucionaria, asentada sobre el creciente conocimiento de las leyes históricas de la lucha de clases, puede desencadenar: aquí es la vanguardia la que por mediación de la Guerra Popular». (Línea proletaria; Nº, 2016)

¡Qué casualidad! Nadie lo esperaba. Los reconstitucionalistas, en multitud de documentos, presentan como una panacea los problemas del PCE (r), las tesis del «Presidente Gonzalo» y Sendero Luminoso (SL). ¿Este es el mejor paradigma de estrategia militar, un grupo que ni siquiera llegó a tomar el poder? Parece un chiste, pero les aseguramos que es totalmente serio.

Sí, señores, aunque parezca increíble, nos recomiendan como modelo a aquellos maoístas que se hicieron famosos por colocar coches-bomba en las calles de Lima, por cometer asesinatos selectivos al estilo anarquista y creer que estaban «haciendo la revolución», aquellos que alcanzaron notoriedad en el país andino por acometer matanzas indiscriminadas de trabajadores como «represalias». Es debido, precisamente, a su incapacidad para persuadir a los campesinos para su causa, que estos últimos acabaron formando las famosas «rondas» de campesinos armados contra Sendero Luminoso. El Movimiento por la Reconstitución toma como referencia al «Presidente Gonzalo», ese líder todopoderoso que lleva años y años pidiendo una «solución política» basada en la «amnistía general» y la «reconciliación nacional», como se ha demostrado en mil documentos salidos a la luz y que los reconstitucionalistas se niegan a reconocer. Ese líder de estoica resistencia contra el poder que acabó dedicándole tan bellas cartas al Presidente Fujimori sobre sus esfuerzos políticos por Perú. Ese líder que ha dado la directiva de aceptar la constitución peruana y confluir con los movimientos reformistas y parroquiales. ¿Pretenden alzar como profeta de la revolución a este patán que ya ha sido desmontando tanto por sus propias confesiones como por las de su círculo cercano?

Curiosamente, los reconstitucionalistas proponen tomar la línea seguida por Sendero Luminoso, que ha cometido los mismos errores e, incluso, otros de mayor envergadura, como modelo a seguir para superar las fallas del PCE (r).  Es decir, proponen salir de Guatemala para ir a Guatepeor. ¡Genial! ¿¡Tantos «cuidadosos análisis» dilatados durante años de reflexión para acabar promoviendo al zoquete de Gonzalo!? ¿En serio? ¿A este «revolucionario» que pasó de aventurero terrorista a reformista socialdemócrata? ¿Eso es todo lo que se os ocurre como nueva mercancía revisionista? Qué triste decepción nos produce oír tal simpleza. Véase el capítulo: «El desenlace del Presidente Gonzalo y de Sendero Luminoso; otro mito maoísta que toca fondo» de 2017.

Nadie en su sano juicio valorará como referencia universal la estrategia llevada a cabo por el PCCh para tomar el poder en 1949. Victoria que, claro está, no hubiera sido posible sin el consejo político-militar de la URSS, su apoyo financiero, armamentístico y material desde mucho antes que Mao Zedong obtuviese la dirección del PCCh en 1935, algo que los chinos reconocerían en sus publicaciones una vez tomado el poder, por mucho que, posteriormente, sus integrantes antistalinistas se esforzaran por suprimir esta verdad histórica. Sobra comentar el trascendente papel de la URSS con su irrupción en el Frente Oriental en 1945 frente a Japón, requisito sin el cual las guerrillas de Mao Zedong solo hubieran podido jugar a atacar y replegarse una y otra vez tras la frontera soviético-mongola. De ahí las reiteradas advertencias de Stalin a los comunistas asiáticos de no sobrestimar la vía armada china, dado que sin estas condiciones concretas –el apoyo soviético–, el movimiento guerrillero chino hubiera perecido. Véase el capítulo: «Adopción de la Guerra Popular Prolongada (GPP) como método de toma de poder» de 2017.

Como línea exterior a seguir, los reconstitucionalistas proponen el viejo tercermundismo

«Algunos niegan la relevancia del monopolio y de la división del mundo en países opresores y países oprimidos, cayendo irremisiblemente en una negación de la contradicción, que hoy es principal, entre los países imperialistas y los países oprimidos». (Movimiento Antiimperialista Internacional, Nuevo manifiesto, 2004)

Es decir, han pasado por un arduo proceso de reflexión para acabar proclamando lo mismo que el maoísmo clásico: que el tercermundismo es el modelo a seguir:

«Las contradicciones fundamentales del mundo actual. Primera contradicción: entre naciones oprimidas, por una parte, y superpotencias y potencias imperialistas, por otra». (V Encuentro de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninista-Maoístas de América Latina, 2016)

¿Y de dónde sacan esto? Como no podría ser de otra forma, de su «Presidente Gonzalo», líder de los senderistas derrotados:

«Los hechos muestran la contradicción principal: naciones oprimidas-imperialismo». (Abimael Guzman Reinoso; De puño y letra, 2009)

No, señores, la principal contradicción de nuestro tiempo es la contradicción capital-trabajo en cada país, es decir, el enfrentamiento entre la burguesía y el proletariado. Que sean incapaces de dilucidar cuál es la contradicción principal les lleva a emitir tesis erróneas, pues es esta la contradicción que condiciona el resto.

Otros proclaman que la principal contradicción reside en las pugnas interimperialistas, algo que bien podría firmar cualquier líder tercermundista:

«Tal es hoy día la principal contradicción y la principal tendencia de la política global: la que enfrenta a las diferentes potencias imperialistas y sus maniobras de posicionamiento para afrontar en las mejores condiciones la eventualidad de otro pulso definitivo… al menos, si la especie humana no se extingue por el camino, hasta el próximo reparto…». (Comité por la Reconstitución; Reconstituir el futuro en medio de la crisis del presente, 2017)

Una vez comprendido esto, no debemos olvidar, como hacen los tercermundistas, que «las discrepancias entre las potencias no eliminan en absoluto ni relega a segundo plano las contradicciones entre el trabajo y el capital en los países capitalistas», ni que «las contradicciones entre los pueblos oprimidos y sus opresores imperialistas». Por eso «el aprovechamiento de las contradicciones interimperialistas o entre los Estados capitalistas y revisionistas sólo tenga sentido cuando sirve para crear las condiciones lo más favorables posible para el poderoso desarrollo del movimiento revolucionario». Está claro, pues, que «estas contradicciones deben ser explotadas sin crear ilusiones sobre el imperialismo y la burguesía». De esto se extrae que «a los trabajadores y a los pueblos hay que hacerles conscientes de que sólo una actitud intransigente hacia los opresores y los explotadores, de que sólo la lucha resuelta contra el imperialismo y la burguesía», de que «sólo la revolución, les asegurará la verdadera liberación social y nacional». En consecuencia, podemos deducir que «la explotación de las contradicciones entre los enemigos no puede constituir la tarea fundamental de la revolución ni puede ser contrapuesta a la lucha por derrocar a la burguesía». Véase la obra de Enver Hoxha: «Imperialismo y revolución» de 1978.

Estas equivocaciones no pueden ser tomadas como un mero desliz, pues sabemos perfectamente a dónde llevaron, en el siglo XX, las distorsiones de los grupos tercermundistas sobre la contradicción fundamental de la época, acabando en muchos casos a las órdenes de la burguesía local para defender el esquema internacional chino de los «tres mundos». Véase nuestra obra: «Un rápido repaso histórico a las posiciones ultraoportunistas de Jacques Jurquet y el PCF-ML» de 2015.

En pleno siglo XXI todavía siguen existiendo elementos que niegan la implicación y responsabilidad de Mao en las políticas tercermundistas del partido y el gobierno chino. Este tipo de declaraciones son suficientes para evidenciar el fuerte influjo tercermundista de las organizaciones maoístas. Véase: «La teoría de los tres mundos y la política exterior contrarrevolucionaria de Mao» de 2017.

En cualquier caso, a día de hoy todo el mundo puede acceder a las obras originales o retocadas de Mao Zedong, a los periódicos y revistas del partido chino de la época. Al hacerlo, verá el apoyo expreso a la CEE y la OTAN, las frecuentes reuniones –y amistad– de los maoístas con revisionistas como Carrillo, dictadores militares como Mobutu, la financiación de fascistas como Pinochet o los negocios con famosos banqueros, como Rockefeller. Gran parte de ello fue revelado en las actas de las reuniones con Ford, Kissinger y Nixon, en los documentos desclasificados de la CIA al respecto y en la misma documentación china. Véase: «El fallecimiento de Rockefeller y la «desmemoria» de los jruschovistas y maoístas» de 2017.

El tercermundismo no solo no ha muerto, sino que ya no reside solamente en el maoísmo, siendo que, a día de hoy, es la columna vertebral de los partidos y gobiernos del «socialismo del siglo XXI». Véase la obra: «Algunas reflexiones sobre los discursos en la VII Cumbre de las Américas» de 2015.

¿Es la ruinosa Revolución Cultural maoísta la solución a la falta de organización e ideología?

Los reconstitucionalistas consideran el estudio de la «Revolución Cultural» de China (1966-1976) una materia de vital importancia. Uno de los grupos reconstitucionalistas, Revolución o Barbarie, publicaba:

«Efectivamente, en este año, se cumple el 50 aniversario del inicio de lo que constituyó la cumbre más alta alcanzada por el movimiento comunista en el sendero hacia la emancipación de la humanidad, la Gran Revolución Cultural Proletaria». (Elementos en torno a la construcción del comunismo durante el Ciclo de Octubre – Colectivo Conciencia e Transformación, 2016)

«No concebimos mejor forma de cerrar el presente curso, en el que se cumple el centenario de la Insurrección de Pascua, el cincuentenario de la Gran Revolución Cultural Proletaria y ¿por qué no reivindicarlo con orgullo?». (Comité por la Reconstitución, Editorial, diciembre de 2016)

Como pudimos comprobar con el apoyo seguidista del PCE (r) a la misma, la época de la «Revolución Cultural» en China fue un gran fraude cuyos eslóganes, métodos de estudio y fórmulas organizativas siguen produciendo vergüenza. Este fenómeno, siempre promocionado como el «gran triunfo de los revolucionarios chinos contra el revisionismo», no hizo sino ahondar en las desviaciones antiguas del revisionismo chino, además de crear otras nuevas. Véase el capítulo: «Seguidismo a la Revolución Cultural» de 2017.

Como extensión de su seguidismo a la «Revolución Cultural», se apoya sin discusión la política económica China de este periodo que, como sabemos, está profundamente marcada por tesis revisionistas que nada tienen que envidiar al jruschovismo o el titoísmo. Véase el capítulo: «Seguidismo a las políticas económicas del maoísmo» de 2017.

Recomendamos uno de los documentos que, sin duda, mejor exponen la esencia económica del maoísmo en este periodo. Véase la obra de Rafael Martínez: «Sobre el manual de economía política de Shanghái» de 2006. 

Por supuesto, lo mismo cabe decir de la filosofía. Véase el capítulo: «Apoyo a la base idealista y metafísica de la filosofía maoísta» de 2017.

La recuperación de las figuras del tercermundismo

Nuestros caricaturescos maoístas de la línea de reconstitución proclamaban hace años:

«Sólo el camino hacia la emancipación y el socialismo, es capaz de hacer hombres y mujeres revolucionarios como el Ché. ¡Siempre contigo, comandante!». (La Forja; Nº4, 1995)

Nos parece que están un poco desactualizados. Aparentemente, han quedado estancados en los mitos de los años 60. Véase el capítulo: «¿Por qué no puede considerarse al «Che» Guevara como marxista-leninista?» de 2017.

En otra publicación plagada de fechas y formalidades extraídas de los artículos senderistas, rendían pleitesía a José Carlos Mariátegui (1894-1930):

«El Partido Comunista del Perú define tres etapas en el desarrollo del Partido (5). La primera fue la de la constitución del Partido en 1928, bajo la dirección de J. C. Mariátegui, cuando se sientan las bases ideológicas, orgánicas y programáticas. (...) ¡Su ideología era el Marxismo-Leninismo, asumiendo el leninismo como etapa superior y actual del marxismo!». (La Forja; Nº5, 1995)

Recientemente, a tenor del debate sobre el feminismo de nuestros días, comentaban de nuevo:

«Mariátegui, seguramente el único marxista de cierta importancia que habló en alguna ocasión de feminismo proletario». (Línea de reconstitución; Nº5, 2020)

Bueno... quizás y solo quizás Mariátegui hablaba de feminismo proletario, confundiendo feminismo y marxismo, porque él tampoco sabía muy bien distinguir marxismo de populismo, marxismo de nacionalismo, marxismo de etnicismo...

Sea como sea, parece ser que estos maoístas coinciden con la apreciación de los líderes del trotskismo actual:

«Los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana son, sin dudas, el primer gran trabajo de investigación y teorización producido en el interior de la tradición marxista en América Latina y por un autor latinoamericano, lo que le ha conferido a Mariátegui justísima fama como uno de los mayores pensadores de Nuestra América a lo largo de todo el siglo X. (...) Es que su obra se despliega en los años posteriores a la muerte de Lenin, cuando la Tercera Internacional acentúa su sectarismo y su dogmatismo bajo la fórmula del «marxismo-leninismo» ad usum Stalin. En ese contexto las heterodoxas ideas de Mariátegui cayeron rápidamente en desgracia. El VIº Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en 1928, consagró el predominio indiscutido del estalinismo, la derrota del trotskismo». Los 7 ensayos de Mariátegui: hito fundacional del marxismo latinoamericano, 2009)

Les recordamos a estos tercermundistas que el mariateguismo fue condenado por la Internacional Comunista (IC) en no pocas ocasiones dada su incapacidad para superar su premarxismo, cosa que generaba una honda confusión entre las masas:

«El mariateguismo es una confusión de ideas procedentes de las más diversas fuentes. No hay casi tendencia que no esté representada en él. Antes de haber bebido de la fuente del marxismo y particularmente del leninismo, Mariátegui había conocido del movimiento revolucionario a través de las más diversas tendencias no proletarias. Tuvo grandes errores no sólo teóricos sino también prácticos. Son en realidad muy pocos los puntos de contacto entre el leninismo y el mariateguismo y estos contactos son más bien incidentales. El mariateguismo confunde el problema nacional con el problema agrario; atribuye al imperialismo y al capitalismo en el Perú una función progresista; sustituye la táctica y la estrategia revolucionarias por el debate y la discusión, etc. Nuestra posición frente al mariateguismo es y tiene que ser de combate implacable e irreconciliable». (Partido Comunista del Perú, Sección Peruana de la Internacional Comunista; ¡Bajo la bandera de Lenin!, 1934)

Aunque más allá de quien lo condenase o no lo que deberíamos valorar es la obra en sí de Mariátegui y, en todo caso, valorar las críticas por su propio valor.

Entre dicho daño producido por Mariátegui podríamos citar sus análisis sobre el fenómeno del trotskismo. Aunque en los debates internacionales apoyo a Stalin y sus seguidores frente a Trotsky, al igual que Gramsci, nunca llegó a estudiar y comprender la esencia del trotskismo ni a nivel histórico ni en su tiempo, siendo sumamente condescendiente con sus defectos más evidentes. Véase el capítulo: «La falsa visión histórica trotskista de la Revolución de Octubre de 1917 y sus figuras» de 2016.

En otras ocasiones directamente aceptó reproducir la propaganda trotskista de que Trotsky y Lenin eran compatibles, sinónimos:

«Si entre Lenin y Trotsky pudo borrarse casi toda distancia, entre Trotsky y el partido mismo la identificación no pudo ser igualmente completa. (...) La opinión trotskista tiene una función útil en la política soviética. Representa, si se quiere definirla en dos palabras, la ortodoxia marxista. (...) Pero, hasta este momento, los hechos no dan la razón al trotskismo desde el punto de vista de su aptitud para reemplazar a Stalin en el poder, con mayor capacidad objetiva de realización del programa marxista». (José Carlos Mariátegui; El exilio de Trotsky, 1928)

¿Cuál era para el autor peruano la fuente de la revitalización del marxismo en el siglo XX según Mariátegui? Atentos porque no tiene desperdicio:

«Georges Sorel, tan influyente en la formación espiritual de Lenin, ilustró el movimiento revolucionario socialista –con un talento que Henri de Man seguramente ignora, aunque en su volumen omita toda cita del autor de Reflexiones sobre la violencia– a la luz de la filosofía bergsoniana, continuando a Marx». (...) Vitalismo, activismo, pragmatismo, relativismo, ninguna de estas corrientes filosóficas, en lo que podían aportar a la Revolución, han quedado al margen del movimiento intelectual marxista». (José Carlos Mariátegui; En defensa del marxismo, 1928)

Mariátegui, ignoraba u ocultaba que Sorel, ideólogo precursor del movimiento fascista, fue calificado por Lenin como un charlatán:

«Se equivoca usted, señor Poincaré: sus obras prueban que hay personas que no pueden pensar más que contrasentidos. Una de ellas es George Sorel, confusionista bien conocido». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1908)

Pero para el señor Mariátegui, fueron Sorel y el resto de escuelas idealistas irracionales... ¡quienes revitalizaron el marxismo y al propio Lenin!

Estas citas bastan para echar abajo el carácter científico de estos gurús que acostumbran a reverenciar en la filosofía burguesa contemporánea. Estas líneas se parecen como dos gotas de agua a los postulados pretensiosos del posmodernismo acerca de «superar los moldes de sociedad y filosofía moderna», comprendida para ellos entre los siglos XVIII-XX. Pero lo cierto es que estos autores no hicieron nada diferente que no fuese volver una y otra vez a toda la filosofía previa, rescatando de ella el romanticismo, el misticismo, el agnosticismo, el relativismo, el nihilismo, el irracionalismo, el subjetivismo, el misticismo y la religión, [y en el caso de Mariátegui queriendo mezclarla con el marxismo]. Queda corroborado que autores como Lacan, Derrida o Focault no tendrían nada de «novedosos», eran una mera adaptación de autores previos la sociedad e inquietudes de su tiempo. 

«La fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia; está en su fe, en su pasión, en su voluntad. Es una fuerza religiosa, mística, espiritual. Es la fuerza del Mito. La emoción revolucionaria, como escribí en un artículo sobre Gandhi, es una emoción religiosa. Los motivos religiosos se han desplazado del cielo a la tierra. No son divinos, son humanos, son sociales». (José Carlos Mariátegui; El hombre y el mito, 1925)

«Don Miguel de Unamuno, que predicaba «un retorno al quijotismo, una vuelta al romanticismo» y cuya concepción agónica de la vida como combate permanente contiene, en su opinión, «más espíritu revolucionario que muchas toneladas de literatura socialista». (José Carlos Mariátegui; «La agonía del cristianismo» de Don Miguel de Unamuno, 1926)

Insistimos... este puede ser la brújula para un peronista, un anarquista, un fascista o un maoísta, no para un marxista, un hombre de ciencia.

Estas palabras tienen muy poco de marxista y mucho de estafador de tres al cuarto. O, si se quiere otro ejemplo, recuerdan demasiado a los ilustrados del siglo XVIII, a los románticos del siglo XIX o a los positivistas del siglo XX [que Mariátegui tanto aborrecía por su extrema candidez]. Todos ellos albergaban una fe ciega en el progreso, ignorando los obstáculos y esfuerzos que tienen que sortear primero para llevar a término su presunto proyecto transformador. A través de unos análisis simplistas de la situación general de su época y con recetas utópicas para la solución a sus problemas, estos pensadores vivían en una burbuja, abrazados en todo momento a un cándido optimismo que flaco favor hacía a las luchas revolucionarias. Venían a proclamar que los avances en las ciencias naturales o el desarrollo de las fuerzas productivas marcaban el «paso inexorable del progreso», el augurio de la «destrucción del viejo orden establecido» y la «redención de la humanidad». Lo que ocurría en realidad era que exageraban ilusamente los logros positivos de su causa, mientras a la vez se menospreciaban temerariamente los rasgos negativos que detectaban a su paso. Eran espíritus exaltados que, lejos de calibrar qué podían hacer y qué no con las limitaciones impuestas por el tiempo y los recursos, ligaban sus deseos a la realidad, y no la realidad a sus deseos. Así, mediante el voluntarismo, forzaban a poner en marcha una empresa tan heroica como estúpida, destinada al fracaso de antemano, una que muchas veces acompañaban de justificaciones filosóficas bañadas en la idealización de la libertad, el progreso y la ciencia, a veces con tonos casi religiosos, donde se hablaba de la «ineluctable victoria de las fuerzas del bien sobre las del mal», lo que paradójicamente producía entre muchos de sus oyentes una espera pasiva o la autosatisfacción. Nuestros jefes revisionistas son fieles discípulos de estos pensadores, por eso no han avanzado de la neblina de confusión, activismo sin reflexión y chascos que causan crisis existenciales.

Marx también tuvo que enfrentar en su momento a «comunistas» de este tipo como Weitling, rufianes que hablaban día y noche con discursos populistas y semireligiosos a las masas, idealistas que pregonaba que el sistema era débil y que solo debían extender su mano para recoger los frutos de la revolución. Aparte de este exceso de optimismo, eran personas que no tenían ni la más mínima idea del proyecto que iban a llevar a cabo salvo un par de conceptos manidos entre los socialistas utópicos.

La heterodoxia de Mariátegui le llevó hasta el punto de proclamar que el marxismo creaba doctrinas morales para tener un móvil político, no que reflejase realmente la realidad:

«El «materialismo histórico» es mucho menos materialista de lo que comúnmente se piensa. Un filósofo liberal, un filósofo idealista, Benedetto Croce, le hace a este respecto plena justicia. «Es evidente –escribe Croce– que la idealidad o el absolutismo de la moral, en el sentido filosófico de tales palabras, es premisa necesaria del socialismo. El interés que nos mueve a construir un concepto de la plusvalía. ¿no es acaso un interés moral o social, como se quiera llamarlo? En pura economía, ¿se puede hablar de plusvalía? ¿No vende el proletario su fuerza de trabajo propia por lo que vale, dada su situación en la presente sociedad?». (José Carlos Mariátegui; «La agonía del cristianismo» de Don Miguel de Unamuno, 1926)

Pocas confesiones más antimarxistas que esta existen... 

«El Sr. Heinzen se imagina que el comunismo es una doctrina que procede de un principio teórico central y saca conclusiones a partir de aquí. El Sr. Heinzen está muy equivocado. El comunismo no es una doctrina, sino un movimiento; no procede de principios, sino de hechos. Los comunistas no parten de tal o cual filosofía, sino de todo el curso de la historia anterior y particularmente de los resultados reales a los que se ha llegado actualmente. (...) El comunismo, como teoría, es la expresión teórica de la posición del proletariado en esta lucha y la síntesis teórica de las condiciones para la liberación del proletariado». (Friedrich Engels; Los comunistas y Karl Heizen, 1847)

«Desde el punto de vista del materialismo moderno, es decir, del marxismo, son históricamente condicionales los límites de la aproximación de nuestros conocimientos a la verdad objetiva, absoluta, pero es incondicional la existencia de esta verdad, es una cosa incondicional que nos aproximamos a ella. Son históricamente condicionales los contornos del cuadro, pero es una cosa incondicional que este cuadro representa un modelo objetivamente existente. Es históricamente condicional cuándo y en qué condiciones hemos progresado en nuestro conocimiento de la esencia de las cosas hasta descubrir la alizarina en el alquitrán de hulla o hasta descubrir los electrones en el átomo, pero es incondicional el que cada uno de estos descubrimientos es un progreso del «conocimiento incondicionalmente objetivo». En una palabra, toda ideología es históricamente condicional, pero es incondicional que a toda ideología científica –a diferencia, por ejemplo, de la ideología religiosa– corresponde una verdad objetiva, una naturaleza absoluta. (...) Es lo bastante «precisa» para deslindar los campos del modo más resuelto e irrevocable entre nosotros y el fideísmo, el agnosticismo, el idealismo filosófico y la sofística de los adeptos de Hume y de Kant Hay aquí un límite que no habéis notado, y no habiéndolo notado, habéis caído en el fango de la filosofía reaccionaria. Es el límite entre el materialismo dialéctico y el relativismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1908)

El intelectual peruano estaba años luz de comprender la médula espinal del materialismo histórico y dialéctico del marxismo.

No resulta extraño tampoco que contrariamente a lo que consideraba la mayoría del marxismo en ese momento, Mariátegui saludó como positivo e incluso sumamente compatibles las diversas corrientes artísticas de moda en los círculos bohemios de su época:

«Y el suprarrealismo es lo que no puede ser el dadaísmo: un movimiento y una doctrina. Por su antirracionalismo se emparenta con la filosofía y psicología contemporáneas. Por su espíritu y por su acción, se presenta como un nuevo romanticismo. Por su repudio revolucionario del pensamiento y la sociedad capitalistas, coincide históricamente con el comunismo, en el plano político. André Breton, uno de sus líderes, define así al suprarrealismo: «Automatismo psíquico puro, por el cual nos proponemos ex­presar sea verbalmente, sea por escrito, sea de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento, en ausen­cia de todo control ejercitado por la razón, fue­ra de toda preocupación estética o moral». (José Carlos Mariátegui; El grupo surrealista y «Clarté», 1926)

¿Pero qué era realmente esta corriente? Sería una enorme pérdida de tiempo detenernos a explicar en profundidad por qué estas corrientes eran un absurdo y no tenían relación alguna con las luchas del proletariado y su tiempo, pero en resumidas cuentas:

«El surrealismo de autores como André Bretón o Salvador Dalí tiene que decirse que parte como evolución del dadaísmo. Las técnicas del surrealismo están íntimamente conectadas con la corriente del psicoanálisis y recurre a los «automatismos psíquicos puros» del inconsciente, exponiendo así en sus obras los sueños y las situaciones más insospechadas del pensamiento humano, creyendo que así se «revela su verdadero ser». Al igual que el dadaísmo, recurre también a técnicas freudianas como la «asociación libre», es decir, plasmar en la obra lo primero que venga a la mente sin reflexionar sobre ello como ejemplo de presunta «liberación del hombre de sus ataduras represivas». Como se ve en su primer manifiesto consideran pues la actitud realista como «hostil a todo género de elevación intelectual y moral» como «resultado de la mediocridad». (Equipo de Bitácora (M-L)Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2020)

Recomendamos pues leer la obra anterior para quien quiera detenerse en comprender la multitud de escuelas que dominaron y todavía dominan este arte antipopoular que tanto atrae aún a los pseudorevolucionarios.

¿Pero por qué rescatan todos los pseudorevolucionarios a esta figura?:

«Dijo Mariátegui, cuando abordó los temas de la construcción de una sociedad nueva, los temas de la construcción de lo que él llamó el socialismo indoamericano, dijo que el socialismo indoamericano no debe ser calco ni copia, sino creación heroica, así ha sido el ALBA, no ha sido calco ni copia de lo que existía, ni de lo que existió, ha sido creación heroica de nuestros pueblos». (Nicolás Maduro; Discurso, 14 de diciembre de 2014)

En efecto, si en algo destacó Mariátegui fue en la insistencia en la «vía específica nacional» como pretexto para negar los axiomas básicos del marxismo mientras decía «defenderlo»  y aplicarlo de «manera creadora» , esto fue algo en lo que él fue pionero, al menos en América:

«Codovilla: El pensamiento de Mariátegui respecto a la necesidad del partido del proletariado, o sea del partido comunista, es todavía bastante confuso. Hago notar que Mariátegui, igual que Haya de la Torre, habla siempre de que no se pueden trasplantar sistemas europeos para aplicarlos a América latina, por la carta enviada por Mariátegui a Haya de la Torre, cuya copia nos envía el primero, se nota que no tiene todavía una concepción clara de lo que debe ser el partido y declara que es necesario constituir una organización de frente único de todas las fuerzas antes que un partido. En ese frente único podrían colaborar tanto los socialistas como las capas de la burguesía liberal dispuestas a luchar contra el imperialismo. Cree que para América latina debe constituirse un socialismo indo-americano. Si tomamos el número 17 de la revista «Amauta» donde Mariátegui, a través de un artículo, explica su evolución del aprismo al comunismo, insiste excesivamente sobre la necesidad de tener en cuenta «la realidad peruana», y en el fondo aboga por un partido socialista «amplio», pretextando una situación ambiental distinta de la de los otros países. Vemos, entonces, que nuestros compañeros peruanos no tienen todavía una conformación ideológica comunista». (Acta estenográfica de la plática de los delegados de la Internacional Comunista con la delegación peruana en vísperas de la inauguración de la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, 30 mayo de 1929)

Esto es totalmente cierto y se nota es su relato ficticio sobre las comunidades precolombinas:

«Al comunismo inkaico –que no puede ser negado ni disminuido por haberse desenvuelto bajo el régimen autocrático de los Inkas–, se le designa por esto como comunismo agrario. Los caracteres fundamentales de la economía inkaica –según César Ugarte, que define en general los rasgos de nuestro proceso con suma ponderación–, eran los siguientes: «Propiedad colectiva de la tierra cultivable por el «ayllu» o conjunto de familias emparentadas, aunque dividida en lotes individuales intransferibles; propiedad colectiva de las aguas, tierras de pasto y bosques por la marca o tribu, o sea la federación de ayllus establecidos alrededor de una misma aldea; cooperación común en el trabajo; apropiación individual de las cosechas y frutos». (José Carlos Mariátegui; Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, de 1928)

Mariátegui podría haber comenzado leyendo la obra de Lenin «El desarrollo del capitalismo en Rusia» de 1899, para darse cuenta de la falta de rigor económico-histórico de sus afirmaciones. Si es una majadería afirmar –como hoy todavía repiten los chovinistas– que el modelo colonial impuesto por Castilla fue cuidadoso con los indígenas y beneficioso para ellos, al mismo nivel está considerar el sistema inca como «comunismo agrario». Esto sería como decir que las ciudades sumerias, el imperio egipcio o acadio era un «comunismo» por el grado de cooperativización alcanzado para la construcción de edificios o el reparto de comida para los trabajadores. ¡¿Y la estratificación social, la esclavitud, el patriarcado?! Misma necedad sería calificar a los señoríos de la Edad Media como «comunismo» porque parte de los bosques, molinos o prados fuesen colectivos para la comunidad de siervos atados a esa tierra. Véase la obra: «Epítome histórico sobre la cuestión nacional en España y sus consecuencias en el movimiento obrero» de 2020.

Y un alegato más cercano a un hippie que a un marxista, nos aseguraba:

«Debemos al esclavizamiento del hombre por la maquina y a la destrucción de los oficios por el industrialismo, la deformación del trabajo en sus fines y en su esencia. La requisitoria de los reformadores, desde John Ruskin hasta Rabindranath Tagore, reprocha vehementemente al capitalismo, el empleo embrutecedor de la maquina. El maquinismo, y sobre todo el taylorismo, han hecho odioso el trabajo». (José Carlos Mariátegui; Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, de 1928)

¿Son el problema las máquinas o su uso, su propiedad? ¡¿Leyó acaso algo de la obra de Marx El Capital de 1867 este hombre?! 

Sus seguidores suelen ocultar, que como luego mantendría el Che Guevara, que Mariátegui sostuvo teorías racistas hacia colectivos asiáticos o africanos del Perú:

«El chino, en cambio, parece haber inoculado en su descendencia, el fatalismo, la apatía, las taras del Oriente decrépito. (...) El aporte del negro, venido comoesclavo, casi como mercadería, aparece más nulo y negativo aún. El negro trajo su sensualidad, su superstición, su primitivismo. No estaba en condiciones de contribuir a la creación de una cultura, sino más bien de estorbarla con el crudo y viviente influjo de su barbarie. (...) El chino y el negro complican el mestizaje costeño. Ninguno de estos dos elementos ha aportado aún a la formación de la nacionalidad valores culturales ni energías progresivas». (José Carlos Mariátegui; Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, de 1928)

Esto para Mariátegui era la «realidad peruana». Ahora entendemos por qué el maoísmo recupera el misticismo y vitalismo idealista de Mariátegui, su nacionalismo, su idea romántica de la raza indígena y su utopismo en lo referente al rol del campesinado en cuanto a  socialismo y comunismo. No podemos tampoco olvidar, claro está, su admiración hacia autores como Unamuno u Ortega y Gasset, justo como hoy hace en España partidos nostálgicos del falangismo como Vox. Véase el capítulo: «El viejo chovinismo: la Escuela de Gustavo Bueno» de 2020.

¿Cómo es posible que los reconstitucionalistas reivindiquen a este tipo de figuras y luego vayan presumiendo de dar cátedra de «marxismo»? 

Fueron los elementos de dudosa fiabilidad, como Eudocio Ravines –que pasó de un desviacionismo derechista a militar en las filas del liberalismo más anticomunista–, fueron los personajes encargados de rehabilitar a Mariátegui:

«La bolchevización de los partidos peruano y chileno incluía la campaña contra el «mariateguismo» y el «recabarrenismo». Ravines era uno de los primeros en el aparato de la IC en hacer un llamado para revisar esta línea: «Los obreros aprecian mucho a Mariátegui. Los obreros no quieren luchar contra el mariateguismo (…) Es cierto que Mariátegui sobreestimó el rol de la burguesía, apoyándose en las palabras de Marx sobre Alemania del siglo XIX, pero luego él mismo reconoció sus errores». (…) Ravines propuso revisar parcialmente las críticas comunistas a las ideas de Mariátegui sobre la cuestión agraria en los países andinos: «¿Cual es la base de la revolución? Para Mariátegui era la comunidad. La comunidad es base de la revolución democrático-burguesa en el campo, y no puede ser la base de la revolución socialista. Mariátegui no contempló el paso de la comunidad y de todo el campesinado a la revolución socialista, desarrollando la lucha de clases en el agro, lo que es inevitable en el paso a la revolución socialista» (69). Ravines subrayó que la crisis venidera tenía rasgos especiales, ya que en varios sectores disminuía el desempleo y el proletariado no iba a participar de las luchas revolucionarias. De este modo, el campo se convertiría en el centro de la revolución, mientras que el mayor problema de los comunistas era su frágil influencia entre los campesinos. (…) Destacó el informe de Ravines quien defendió la idea de incluir en el frente a todos los campesinos, incluyendo a los acomodados o, en términos de la IC y de la realidad rusa, de los kulaks, lo que era una herejía increíble después de la derrota de los bujarinistas en la URSS». (Andrey Schelchkov; El difícil cambio hacia el Frente Popular: la Tercera Conferencia de Partidos Comunistas Latinoamericanos en Moscú (1934), 2018)

El propio Codovilla, que con los años se destaparía como un famoso oportunista, participó en este giro de los acontecimientos, infravalorando los errores de Mariátegui que él mismo había denunciado bajo apelaciones sentimentales, afirmando que, pese a todo, gozaba del amor de las masas:

«La línea de nuestro partido, como puede verse a través de los informes adjuntos, ha sido una línea de colismo, de pasividad. Sin embargo la simpatía hacia la URSS y hacia el comunismo en el Perú es muy grande y lo demuestra el hecho de que el partido, a pesar de ser ilegal, recibió 21000 votos en las elecciones pasadas. El partido tiene cierta tradición y arraigo, por gozar de las simpatías de la obra de Mariátegui, que pese a sus errores, se orientaban honradamente hacia el marxismo-leninismo y en defensa de la URSS y de la I.C». (Informe de Victor Codovilla sobre la situación del PC en América Latina, 26 de octubre de 1940)

Pero a los revisionistas, ya se sabe, en palabras de su ídolo, Mao: ¡qué importan que este o aquel sean desviacionistas o no, si en definitiva son famosos y queridos por las masas!

«PRESIDENTE GONZALO: En síntesis, Mariátegui era marxista-leninista; más aún, en él, en Mariátegui, en el fundador del Partido, encontramos tesis similares a las que el Presidente Mao ha establecido a nivel universal. En consecuencia, para mí concretamente, Mariátegui sería hoy marxista-leninista-maoísta; y esto no es especulación, es simplemente producto de la compresión de la vida y obra de José Carlos Mariátegui». (Abimael Guzman; Entrevista al Presidente Gonzalo, 1988)

¡Por una vez estaremos de acuerdo con este excéntrico individuo!

Los reconstitucionalistas traen a la palestra las tesis anarcoides y luxemburguistas más ultraizquierdistas

«Otro de los errores graves que cometió el PCE, fruto de la política seguida por la Comintern desde el VIIº Congreso de 1935, fue el de establecer una oposición entre democracia y fascismo, en lugar de hacerlo entre dictadura burguesa y dictadura proletaria». (Revolución o Barbarie; El fascismo y el papel de la Internacional Comunista y el PCE durante la Guerra Civil española, 2013)

Esto bastaría para ver que estamos ante semianarquistas.

En ocasiones, para combatir el desviacionismo e incluso el abierto derechismo que muchos de los partidos comunistas sufrieron durante 1917-1953, abrazan el sectarismo y el ultraizquierdismo que también profesaron estos mismos grupos durante otras etapas. Así, llegan a dar el visto bueno a que, por ejemplo, en los países amenazados por el fascismo, la lucha se dirigiese principalmente contra los socialdemócratas, a los cuales se calificaba de forma indiscriminada como «socialfascistas»:

«La lógica de la «lucha contra el socialfascismo» como tarea principal, que no es producto ni de la ceguera ni del sectarismo comunista, sino de la consecuencia granítica con sus propias premisas revolucionarias». (Línea Proletaria; Nº4, 2019)

Es curioso que los mismos que justifican esperpentos como la «nueva democracia», la «contradicción no antagónica con la burguesía nacional», el «multipartidismo en el socialismo», la «campaña de las cien flores y cien escuelas de pensamiento», la «lucha de varias líneas» en el partido y tantas otras teorías liberales del maoísmo, se presenten a la vez como revolucionarios intransigentes bajo estas tesis ultraizquierdistas.

Su idolatrado Thälmann también fue partidario de que «el primer golpe debía concentrarse contra la socialdemocracia». Ahora bien, considerar que la socialdemocracia era siempre y en cualquier lugar el baluarte de la burguesía, incluso en países donde existía un peligro fascista, era una clara muestra del pensamiento metafísico que atrofiaba la línea del partido, y nos remitimos a los resultados. El líder del partido comunista alemán proclamaría: «Nada sería más fatal y oportunista que la sobreestimación del hitlerismo». ¡Este visionario es su modelo a seguir! Si anteriormente mostramos que el PCE (r) hizo suyas las doctrinas más sectarias y ultraizquierdistas de Thälmann, los reconstitucionalistas hacen lo propio. Véase el capítulo: «Quien adopta el mito de Thälmann acepta el destino al que conducen sus errores» de 2017.

Parece que los afables reconstitucionalistas no han aprendido nada de las reflexiones que Dimitrov y Stalin hicieron sobre las erradas tesis de la Internacional Comunista durante ese periodo –como puede verse en el intercambio de cartas y reuniones durante 1934-1935–. Véase el documento de la Yale University Press: «Dimitrov and Stalin, 1934-1943; Letters from Soviet Archives» de 2000.

En lo relativo a la cuestión sindical afirman sin miedo ni vergüenza alguna:

«El sindicato sólo genera conciencia de clase burguesa; y sólo es posible combatirlo desde la conciencia comunista y desde el Partido Comunista. (...) El comunismo es la única expresión revolucionaria y la única forma de conciencia verdaderamente proletaria, contraria a la forma burguesa que el obrero reproduce espontáneamente. El proletariado, o se incorpora a la revolución con el Partido Comunista, o se incorpora a la reacción desde alguno de sus organismos de masas, como el sindicato. (...) Es en estos términos que rechazamos la línea de masas sindicalista, la consigna de ir inmediatamente a los sindicatos para ganar a las masas frente al oportunismo de sus direcciones. (...) Por los motivos expuestos, que se encierran en las tres conclusiones siguientes: primero, porque la presente etapa de construcción del movimiento comunista requiere conquistar a la vanguardia y todavía no a las masas; segundo, porque el sindicato se ha convertido en un órgano más de encuadramiento de masas por parte del Estado capitalista, y en esto –algo fundamental desde el punto de vista de la línea de masas comunista– no se diferencia en absoluto de otros organismos, desde las ONGs hasta las asociaciones de vecinos, pasando –¿por qué no?– por las peñas futbolísticas, que deberán en el futuro ser objeto por igual de esa línea de masas –y que, sin embargo, hoy quedan fuera del trabajo de los comunistas sindicalistas, que han encontrado en el sindicato el templo donde rendir su culto al obrero domesticado–; y tercero, porque la tendencia a privilegiar el sindicato como objeto del trabajo de masas comunista supone otorgar un estatuto especial a la esfera laboral desde la cual se articula, supone centrar ese trabajo en la esfera de la producción, precisamente la esfera desde la que el capital sobredetermina la organización y la existencia de la clase obrera, subordinándola a las necesidades de su ciclo económico». (Partido Comunista Revolucionario; El sindicalismo que viene, 2006)

¡¿Se han enterado de una vez?! Para el obrero, el sindicalismo hoy vendría a ser lo mismo que una peña futbolística. Este es el nivel de análisis que se nos ofrece. El fragmento ya demuestra la poca seriedad que puede tener esta gente, que choca frontalmente contra el marxismo-leninismo. 

No volveremos a explayarnos, pues en cuestiones como la del sindicalismo o la participación en las elecciones ya hemos comprobado que los reconstitucionalistas no mantienen posiciones diferentes a la del PCE (r), ambas opuestas a la esencia del marxismo-leninismo. Véase el capítulo: «Los grupos semianarquistas y el nulo aprovechamiento de las luchas electorales y sindicales» de 2017.

Más que repasar a Mao y a sus discípulos, como Gonzalo, les instamos a volver a Marx, Engels, Lenin y Stalin y, a partir de ahí, cuando hayan adquirido un conocimiento mínimo, pueden probar a ampliar su horizonte. Si realmente tienen suficiente honestidad huirán despavoridos ante la pantomima maoísta. 

Los movimientos reconstitucionalistas y thälmannianos, como el de Wolfgang Eggers en Alemania, comparten –por fortuna– un mismo rasgo: sus proclamas no pasan de ser arengas de «partidos» fantasma sin presencia ni influencia entre las masas. Sus ideas están de capa caída frente a la evidencia histórica y la abundante información que refuta sus idioteces que, dicho sea de paso, les conduce al estancamiento. Ello no quita que estas ideas deban ser combatidas para que no enraícen de nuevo entre los revolucionarios más avanzados. 

La distorsión de la historia como tarea predilecta

Los reconstitucionalistas son personajes análogos a otros líderes históricos del revisionismo. Su práctica histórica es reminiscente a la del ya mencionado thälmanniano alemán Wolfgang Eggers, o al dengxiaopista australiano Edward Hill, verdaderos calumniadores y distorsionadores profesionales de la historia. Una actitud que hacen convencidos, pues creen que desprestigiando sin pruebas a otros refuerzan su propia línea. Una maniobra megalómana digna del peor de los trotskistas, sin duda. 

Todo esto es comprensible, viendo el desarrollo del maoísmo. Las obras originales de Mao, como así también en muchas de las versiones autocensuradas, suponen un atentado teórico contra el marxismo-leninismo. Pero, en especial, recogen los epítetos más infames contra Stalin. Véase la obra: «Mentiras y calumnias de la historiografía burguesa-revisionista de Mao Zedong y el revisionismo chino sobre Stalin» de 2014.

Es normal que los maoístas se comporten así, ya que Stalin fue muy crítico con los primeros intentos solapados de Mao de establecer y propagar las desviaciones de su doctrina revisionista. 




Véase el documento: «Informe de Kovalev a Stalin [sobre China]» de 1949.


La prueba de que estos tipos no tienen los pies en la tierra son las teorías fantasmagóricas de grupos como Nueva Praxis. En su propio esquema mental, muy alejado de la realidad, llegaron a configurar la idea de que los éxitos del Partido del Trabajo de Albania (PTA) se habrían dado por cuestiones que, hasta ahora, eran ignoradas: porque, desde 1941, los comunistas albaneses habrían seguido consciente o inconscientemente las ideas del «Pensamiento Mao Zedong». Véase la obra de Nuexa Praxis: «El Partido del Trabajo de Albania y la revolución: una mirada retrospectiva» de 2015.

¡Vaya! Esto demostraría lo infalible que es el maoísmo, o peor, que realmente cualquiera puede ser maoísta de forma espontánea, pues los principios de esta corriente no están muy definidos. Esto sí nos cuadra más. ¿De verdad quieren convencernos de que los comunistas albaneses de los años 40 habían leído y sintetizado el pensamiento de Mao Zedong, que apenas era conocido en el mundo comunista? ¿O se nos quiere presentar un relato providencial del maoísmo, como si su fuerza penetrase en todos los revolucionarios, incluso cuando estos desconocían su existencia? Esto nos recuerda a los cristianos de la Edad Media, que buscaban en los autores paganos de la antigüedad conatos de protocristianismo, guiños que demostrasen la influencia de su Dios todopoderoso sobre los genios de los siglos anteriores. Un anacronismo total que es todavía más ridículo cuando nos damos cuenta que es el cristianismo quien bebe de religiones como la egipcia, el judaísmo o el zoroastrismo, de la filosofía pagana, como el neoplatonismo, el aristotelismo o el estoicismo, así como del folclore local de cada una de las zonas que configuraban el imperio romano. 

Graciosamente, nuestros maoístas son tan impostores como lo eran los primeros cristianos, atribuyéndole poderes mágicos y sobrenaturales a su falso mesías. He aquí la razón por la que el maoísmo es sinónimo de un subjetivismo a ultranza cuando se trata de abordar la historia. Una postura que impide que uno se lo tome en serio. 

Es bastante obvio que el PTA, tanto durante la guerra de liberación nacional en 1941-1944 –que no podía tener acceso a las pocas obras existentes de Mao–como después –que solo pudo tener acceso a parte de ellas y muy retocadas–, rechazaba, de facto, las principales teorías del maoísmo en materia política, económica, cultural y militar. Véase la obra de Jim Washington: «El socialismo no puede construirse en alianza con la burguesía» de 1980.

No obstante, si tenemos que hablar de influencias de Mao en los partidos comunistas europeos, deberíamos hablar del gran interés que causaron los escritos y prácticas de Mao entre los revisionistas españoles. Este fue el caso del Partido Comunista de España (PCE) con el artículo de Santiago Carrillo: «Sobre la burguesía nacional en China» de 1957, o su otro artículo: «Sobre una singularidad de la revolución china: la alianza de los capitalistas nacionales con el proletariado» de 1957.

Curiosamente, el periódico del Partido Comunista de España «Nuestra Bandera», dirigido por Santiago Carrillo, en su edición Nº 17 de septiembre de 1957, publicaba como artículo la obra de Mao Zedong: «Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo» del 27 de febrero de 1957. Un clásico, sin duda, del revisionismo chino donde los haya, y no sólo en su versión original, sino también en su versión «retocada» y liberada para las Obras Escogidas del Tomo V de Mao Zedong, en 1977.

Parece ser que los grupúsculos maoístas «reconstitucionalistas» de España no se enteraron que Carrillo afirmaba, ya en 1957, fijarse en Mao para constituir su proyecto de «socialismo multipartidista» en «alianza con la burguesía como parte del pueblo» y «bajo un tránsito pacífico» de «reeducación paulatina de los elementos burgueses». Véase el capítulo: «Una breve glosa sobre la influencia del revisionismo chino en la conformación del revisionismo eurocomunista» de 2017.

¿Sabrán de esto? Seguro que no. Otros, cuando sepan de ello, buscarán cualquier excusa para salvar a su ídolo de barro. He ahí lo que diferencia a un marxista-leninista de un oportunista a la hora de aplicar la llamada crítica y autocrítica. El revisionismo bebe y se alimenta del mito, el marxista busca defenestrar y criticar todo lo erróneo de su pasado.

El definirse «reconstitucionalista», o de cualquier otra rama maoísta, ya no tiene excusa. En los años 60 se podía ser maoísta bajo la excusa de falta de información y documentación, pero hoy en día no es posible, pues la disponibilidad de documentación de la época y a la repercusión de los actos históricos contrarrevolucionarios del maoísmo con las luchas de los pueblos es completa.

***

Repetimos: esta es la receta de los reconstitucionalistas, su solución definitiva para «superar el momento de reflujo del movimiento comunista». ¡Cómicas soluciones, cuanto menos! ¿Cómo era el dicho? Es peor el remedio que la enfermedad. Han tenido «duros años» de charlas y reflexiones en las cafeterías de las universidades y en los salones para traernos, de nuevo, esta bazofia ya refutada por la historia: el maoísmo. 

El problema no se encuentra tanto en los «límites del ciclo de Octubre» como en los límites de la herencia premarxista y antimarxista en el llamado «pensamiento de Mao Zedong». Es más, dichos «límites del ciclo de Octubre» jamás podrán ser superados desde tal doctrina revisionista.

El mito del maoísmo hace tiempo que falleció. De él solo permanecen revisionistas empecinados en pasear su cadáver ideológico, que apesta a oportunismo, y que todo revolucionario sabe que seguir cargando con él es sinónimo de fracasar»(Equipo de Bitácora (M-L)Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

4 comentarios:

  1. "Por otro lado los reconstitucionalistas nos traen a la palestra las tesis anarcoides y luxemburguistas de Ernst Thälmann, vamos, que no han aprendido nada de las reflexiones que Dimitrov y Stalin hicieron a las tesis erradas de la Komintern durante ese periodo –como puede verse en el intercambio de cartas de 1934-1948–."

    ¿Dónde están esas cartas?

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  2. https://books.google.es/books/about/Dimitrov_and_Stalin.html?id=qFmn6gdMlsUC&redir_esc=y

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  3. Gracias por el trabajo, no sabía que ya habían hecho una investigación sobre esta corriente en aquella lectura (sobre el PCE(r)). Saludos.

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  4. Si me pudieran decir de qué obras o donde puedo sacar todo esto que se afirma aquí os lo agradecería:"En pleno siglo XXI solo los más simples y seguidistas pueden continuar en la senda maoísta, pues como hemos visto las obras originales y retocadas de Mao Zedong son un atentado teórico contra el marxismo-leninismo, recogen los epítetos más infames contra Stalin, se da apoyo expreso a la CEE y la OTAN, además, eran frecuentes las reuniones y las amistades de los maoístas con revisionistas como Carrillo, dictadores militares como Mobutu, financiando a fascistas como Pinochet, haciendo negocios con banqueros como Rockefeller, todo ello revelado en las actas de las reuniones con Ford, Kissinger y Nixon, más los documentos chinos y los desclasificados de la CIA al respecto"

    No sé mucho y necesito datos para formarme una opinión sobre el maoísmo completa, de vuestros trabajos anteriores he podido leer un poco y la verdad no había leído a Mao antes pero tesis como la "nueva democracia" no las trago, aún así procuraré leer lo que más pueda para poder constatar y armarme con argumentos potentes sobre la cuestión.

    Por si os interesa hay un autor soviético leninista del cual he oído poco hablar pero he leído algún trabajo suyo y critica la dialéctica maoista a parte de encargarse de algunas cuestiones teóricas varias, lo veo bastante interesante e igual os sirve en vuestra cruzada contra el maoísmo, se llama: Évald Vasílievich Iliénkov

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