El texto de a continuación sirve para mostrar lecciones claras a todos los marxista-leninistas sobre el carácter inmutable de las clases reaccionarias nacionales y extrajeras frente a los movimientos comunistas durante la etapa de liberación nacional. El Partido Comunista de Albania desde su estado embrionario, supo medir correctamente la situación durante la ocupación fascista, por ello, propuso que la consigna a llevar a cabo en esa etapa era la de:
«Combatir por la independencia nacional del pueblo albanés y por un gobierno popular democrático en una Albania libre del fascismo». (Resolución de la Reunión de los Grupos Comunistas. Documentos Principales del PTA)
Por ello el discurso frente a las masas sería el de:
«Unir a todos los elementos honrados y antifascistas, sin distinción de religión, de grupo o corriente política». (Zeri i popullit, primera edición, 25 de agosto de 1942)
La actitud como decimos del partido, fue la de ganarse a todo verdadero patriota para luchar contra los invasores extranjeros, no vendiendo en este camino, los logros conseguidos por el partido durante la lucha de liberación nacional, bajo esta presión se condenaron acuerdos conciliadores como el de Mukje:
«El acuerdo de Mukje hacía aparecer al «Balli Kombëtar» que había saboteado la Lucha de Liberación Nacional y ayudado de diversas maneras a los ocupantes, como una organización que había combatido el fascismo, igual que el Frente de Liberación Nacional. En lugar de exigir que el «Balli» se empeñase en la lucha contra los invasores, Ymer Dishnica y Mustafa Gjinishi accedieron a la demanda demagógica del «Balli» sobre la «proclamación de la independencia» y el derrocamiento de la «asamblea fascista del 12 de abril», en la cual habían tomado parte casi todos los cabecillas del «Balli» y que el pueblo jamás había reconocido. Aceptaron la consigna falaz de «la Albania étnica» que el fascismo y la reacción blandían como un arma para embaucar al pueblo albanés, hacerlo olvidar el principal enemigo del momento y enemistarlo con los pueblos vecinos. Admitieron la propuesta de la reacción sobre la creación de un «Comité por la Salvación de Albania», compuesto por igual número de representantes del «Balli Kombëtar» y del Frente de Liberación Nacional, y que debía investirse de las atribuciones de un gobierno provisional. (...) La decisión del Consejo General, de julio de 1943, de entablar conversaciones con los cabecillas ballistas era una última tentativa por apartar al «Balli» del camino de la traición y atraerlo a la lucha contra los ocupantes. Este esfuerzo se había hecho en interés de la patria y de la Lucha de Liberación Nacional. Pero, el acuerdo concluido en Mukje atentaba contra los intereses del pueblo y de la patria. Desorientaba a la población, apartaba su atención de la lucha contra los ocupantes y propiciaba la idea de una falsa unidad, edificada sobre la base de regateos desde arriba. El acuerdo de Mukje destruía las grandes victorias obtenidas en la lucha antifascista bajo la dirección del Partido Comunista y, lo peor era que abría el camino para que el Poder político pasara a manos de la burguesía reaccionaria, que no había disparado ni un solo tiro y no luchaba contra los opresores extranjeros, sino al contrario, había colaborado y colaboraba todavía con ellos. (...) En consecuencia acuerdo semejante constituía una traición al pueblo y la revolución. Por esta razón, y por iniciativa del camarada Enver Hoxha, el Comité Central y todo el Partido rechazaron inmediatamente y sin vacilación el acuerdo de Mukje». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1982)
La traición abierta hacia la liberación nacional por parte de las fuerzas burguesa-feudales albanesas no tardó en suceder:
«En septiembre de 1943, 50.000 tropas alemanas entraron en Albania para sustituir a los italianos. Los nuevos ocupantes establecieron un gobierno títere con los «patriotas» del «Balli Kombëtar» cooperando para oponerse al Frente de Liberación Nacional. Mientras tanto, un sector del Frente de Liberación Nacional, a instancias de los imperialistas británicos, se separó y formó la organización «Legaliteti», dedicado a la restauración de la monarquía albanesa. El Frente de Liberación Nacional se vio obligado a emprender la lucha armada no sólo contra las tropas de ocupación alemanas, sino también contra el «Balli Kombëtar», que había optado por aliarse con los alemanes y también contra los integrantes del Partido «Legaliteti», que ahora eran la elección británica y estadounidense para ser los nuevos gobernantes de Albania». (Jim Washinton, El socialismo no se puede construir en alianza con la burguesía, 1980)
Gracias a estas perfectas maniobras:
«En noviembre de 1944 Albania se convirtió en la primera de las naciones orientales Europeas en triunfar sobre los invasores alemanes, y, junto con Yugoslavia, el único en hacerlo sin la ayuda del ejército rojo soviético. El nuevo poder estatal que fue organizado por el PCA era una democracia popular basada en la alianza del proletariado y el campesinado pobre. El Partido Comunista de Albania fue el único partido de Europa del Este que no estableció una forma de gobierno de coalición con la burguesía tras la liberación. El nuevo Gobierno albanés representa sólo a las clases explotadas y oprimidas, excluyendo en la formación del gobierno a todas las clases explotadoras». (Jim Washinton, El socialismo no se puede construir en alianza con la burguesía, 1980)
No hace falta comentar el papel de la Unión Soviética antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial para el pueblo albanés, así como el papel de zapa y pro ballista-legalitetista de los aliados anglo-estadounidenses de la coalición antifascista.
Por supuesto hay que destacar también la creación del ejército popular, el nuevo poder político, como métodos que derribaban la superestructura burguesa. Ahí, la razón entonces, del estudio de la revolución albanesa para todo marxista-leninista, que poco a poco recuperaremos con más material.
El documento:

La guerra de liberación del pueblo albanés contra el invasor fascista
Albania fue una de las primeras víctimas de la agresión fascista. Ya en enero de 1939, el gobierno fascista italiano había tomado medidas definidas preparando su agresión contra Albania. Había concentrado tropas y fuerzas navales en los puertos del sur de Italia. Tan pronto como supo de esas preparaciones para una agresión fascista, nuestro pueblo se levantó en protesta y ya desde el 1 de abril demandó de su gobierno que le diera armas para defender su Patria. Pero Zogu y su gobierno que habían capitulado a la presión de Italia, hicieron caso omiso de las demandas del pueblo. Entonces los patriotas mismos tomaron la iniciativa de organizar la defensa de la Patria. Establecieron centros de reclutamiento de voluntarios en varios ciudades y pueblos del país, recolectaron armas y municiones y proporcionaron lugares de entrenamientos para los voluntarios. Las fuerzas armadas de Italia lanzaron su ataque contra Albania el 7 de abril de 1939. El rey Zogu y su pandilla traicionaron la Patria y huyeron a Grecia. Pero el pueblo albanés ofreció resistencia armada contra los fascistas italianos, que sólo después de repetidos intentos pudieron desembarcar en tierra albanesa. Por eso, los albaneses fueron los primeros en oponer la resistencia armada a la agresión fascista en Europa.
Aunque la opinión pública progresista del mundo denunció esta agresión fascista contra Albania, los círculos gobernantes de las potencias occidentales guardaron silencio absoluto sobre ella. La Liga de Naciones, de la que Albania era miembro, no dijo nada sobre la ocupación de ese país. Pero esta actitud de la Liga de Naciones era el resultado directo de la política seguida por las potencias occidentales que dirigían los asuntos de la Liga en aquel tiempo. Chamberlain, el Primer Ministro inglés, declaró en la Cámara de Comunes, el 6 de abril, que Inglaterra no tenía intereses especiales en Albania. Así, él endorsó en realidad la agresión fascista contra Albania, a pesar de que esto constituía una violación directa del acuerdo que él mismo había concluido con Mussolini solamente un año antes, el 16 de abril de 1938, según el cual las partes se habían comprometido a conservar el statu quo en la región del Mediterráneo.
Los estados vecinos tuvieron también una actitud de indiferencia, aunque la agresión italiana contra Albania marcó la etapa inicial de una amplia agresión fascista italiana en los Balcanes, Krishich, el embajador de Yugoslavia en Roma, en su conversación con Ciano el 29 de marzo, declaró que Yugoslavia no tenía objeción a la acción italiana en Albania «con tal de que Albania no tenga funciones antiyugoslavas». El gobierno griego de Metaxás también dio su aprobación silenciosa a la ocupación de Albania. Solamente la Unión Soviética denunció públicamente la ocupación italiana de Albania. La prensa soviética de ese tiempo llamó la ocupación de Albania «un nuevo acto de agresión en Europa» y «una ampliación de la agresión fascista en los Balcanes». Y en 1940, con su declaración en el Soviet Supremo de la URSS, el gobierno soviético denunció la agresión fascista contra Albania y la política de «apaciguamiento» de las potencias occidentales. A través de su ocupación de Albania, los fascistas italianos trataron, por una parte, de saquear todo lo posible los recursos naturales de nuestro país, y explotar y desnacionalizar al pueblo albanés, y por otra parte, de convertir a nuestro país en una base para una agresión ulterior contra los pueblos balcánicos.