«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 30 de septiembre de 2017

Apoyo del PCE(r) al imperialismo ruso; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«Recomendamos dar un repaso con un poco de detenimiento a los documentos programáticos y demás materiales editados por nuestro partido que abordan esta cuestión. Comprobarán que no hay en ellos nada que se pueda prestar a esa torcida interpretación que habla de una vuelta atrás de Rusia a un pasado imperialista –ni siquiera en la forma moderna capitalista, monopolista». (Manuel Pérez Martínez, «Arenas»; ¿Sigue Actualmente Rusia una Política de Expansión Imperialista, 8 de agosto de 2014)

El PCE (r) clama que Rusia no es un país imperialista, y lo dicen sin sonrojarse. Quizás el proceso de monopolización no le parece suficiente o no es capaz de verlo con sus gafas revisionistas. Hagamos un repaso para que el lector pueda ponerse al día de lo que es la Rusia actual.

¿Cuál es el nivel de monopolización en Rusia?:

«En la lista Forbes de los monopolios más grandes del mundo 28 son rusos, entre los cuales destacan Gazprom, Lukoil, Rosneft y Sberbank. La economía rusa está altamente concentrada, en muchos sectores los niveles son más elevados que en los EE.UU. y Alemania. Por ejemplo, en 2006 la proporción que los 10 monopolios más grandes de Rusia aportaron al PIB fue del 28,9%, mientras que en los EE.UU. fue del 14,1%. La mayoría de los sectores de la economía como la energía, la ingeniería mecánica, el transporte y la producción de alimentos están monopolizados. En conclusión podemos decir que en Rusia lidiamos con un capitalismo monopolista, altamente concentrado, con una fuerte presencia del Estado. La fusión entre el capital financiero e industrial tuvo lugar con el paso del tiempo. Aunque el Sberbank es uno de los bancos más grandes del mundo, en la economía rusa también desempeñan un papel crucial el VTB-Bank, Alfa Bank y el Banco Raffeinse. En Rusia los grandes monopolios bancarios están estrechamente vinculados o pertenecen a los mismos monopolios industriales. Este es el caso de Gazprom Bank, Uralsib y el banco Promsvjas». (Mehmet İnce; Sobre el imperialismo ruso, 2015)

¿Cuál ha sido la tendencia de Rusia en torno a la exportación de capitales? ¿Le ha servido o no para aumentar su influencia geopolítica?

«A partir del año 2000, la Inversión Extranjera Directa (IED) de los monopolios rusos creció exponencialmente, llegando a unos $406,2 millardos en el 2012 –para 2001 fue de apenas $ 44,2 millardos–. (...) El crecimiento sostenido de la economía nacional y el fortalecimiento relativo de las principales empresas nacionales ha contribuido al rápido aumento en el volumen de inversión, convirtiendo a Rusia en uno de los principales inversionistas internacionales –sin lugar a dudas uno de los primeros entre los países «emergentes»–. A través de la adquisición de empresas en otros países, los consorcios rusos acceden a nuevas fuentes de recursos, tecnología y mercados, aumentando su competitividad internacional. Una expansión que refuerza la influencia geopolítica de Rusia y refuerza su posición en la economía global. Según datos de la UNCTAD –Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, por sus siglas en inglés–, en la primera mitad de la década del 2000, la inversión extranjera directa aumentó de 3 a 4 veces en comparación con la década anterior, superando los 10 millardos de dólares al año, incrementándose 3 veces respecto al periodo anterior al 2011, donde la participación de capital y las utilidades reinvertidas se elevaron a más de $ 67,2 millardos. En los últimos 3 años, las empresas rusas han sido capaces de duplicar el tamaño de sus activos en el extranjero, así como aumentar el tamaño de sus ingresos más de dos veces y media que sus propios activos. Las empresas rusas emplean a más de 150.000 trabajadores en el extranjero, más del doble que en el 2000. Como resultado, la expansión global acelerada de las principales empresas rusas les ha llevado a asumir las características intrínsecas de las multinacionales globalizadas». (Mehmet İnce; Sobre el imperialismo ruso, 2015)

Si a esto le añadimos algunos datos como el gasto militar de Rusia en años recientes:

«Según el SIPRI en 2015 Rusia aumentó su gasto en defensa un 7,5% y el presupuesto del Ministerio de Defensa alcanzó los 66.400 millones de dólares. (...) Si se tiene en cuenta el porcentaje del PIB, Rusia es uno de los países que más gasta en defensa. Supone el 3,5% del PIB en EE UU y en China, el 2,1%, mientras que en Rusia alcanza el 4,5%. El porcentaje de Rusia se sitúa detrás de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes, con un 10,4% y un 5,1%, respectivamente». (Rusia Beyond the Headlines; ¿Cuánto gasta Rusia en defensa y armamento?, 13 de abril de 2016)

Rusia ha abierto negociaciones en los últimos tiempos para abrir más bases militares:

«Rusia está negociando la suscripción de acuerdos sobre la instalación de sus bases militares en Cuba, Venezuela, Nicaragua, entre otros Estados, informó el ministro de Defensa ruso. De acuerdo con Serguéi Shoigú, el ministro de Defensa ruso, Rusia está negociando instalar sus bases militares con Cuba, Venezuela, Nicaragua, Seychelles, Singapur y otros Estados». (Actualidad Russia Today; Rusia puede abrir bases militares en Venezuela, Nicaragua y Cuba, 26 de febrero de 2014)

En cuanto al carácter injerencista y militarista del imperialismo ruso veamos algunas de las operaciones militares y económicas que ya tiene establecidas desde los últimos tiempos:

1) El caso Checheno es paradigmático en cuanto a la voluntad imperialista de Rusia, recordemos que conforme los principios básicos del marxismo-leninismo, las naciones tienen libre determinación soberana, así su integración o abandono del Estado en que se encuentran integrados está sujeto por completo a la voluntad del pueblo. No obstante, la Rusia de Yeltsin –mentor de Putin– abordó la independencia de Chechenia con la «Primera Guerra de Chechenia» de 1994-1996 basada en el desgaste, esta tenía como sustrato que esta república caucásica cuenta con importantes yacimientos petrolíferos, además de su excepcional localización geoestratégica. Vale decir que luego sería presentada como una guerra encuadrada en las religiones, pero lo cierto es que la radicalización religiosa surgió como efecto de la voluntad imperialista de Moscú. La «Segunda Guerra de Chechenia» 1999-2009, lanzada por Putin, tenía por objeto atar los cabos sueltos y «pacificar» de una vez por toda a la república. Vale decir que las fuerzas chechenas fueron fuertemente apoyadas por los imperialismos occidentales, lo que de hecho ubica este conflicto en una guerra de carácter interimperialista.

2) En el caso de Tayikistán tenemos otro caso clásico: aquí la lucha de dos facciones de la burguesía, atizadas por elementos étnico-religiosos, se sumaron y dieron lugar a la guerra civil. Rusia entonces apoyó a uno de los bandos con vistas a instalar a un gobierno títere alineado con su política imperialista que le permitiera mantener atada a sus intereses a la república ex soviética. País en el cual mantiene una base militar y pone las miras en la integración económica del mismo en los organismos económicos dominados por el imperialismo ruso como la Unión Económica Euroasiática (UEE):

«En primer lugar, en los tres casos, Rusia y sus socios abordaron problemas económicos y humanitarios, tanto en el marco de la Unión Económica Euroasiática (UEE), como a nivel bilateral con Tayikistán, que todavía no forma parte de la UEE pero que aspira a hacerlo. «Además, en todos los casos se abordaron asuntos de seguridad. En Tayikistán y Kirguistán hay bases militares rusas que desempeñan un papel fundamental a la hora de mantener la paz y la seguridad en toda la región centroasiática», afirma Rostisláv Ischenko». (Sputnik Mundo; Putin: la base rusa en Kirguistán garantiza la seguridad en Asia Central, 20 de junio de 2017)

3) Misma tácticas adoptadas con los gobiernos corruptos en Kirguizistán y en otros países de la zona: apoyar a uno u otro líder burgués cercano a Moscú, sacrificarlo cuanto haga falta, y pronunciar mientras tanto de él loas de hombre cabal y antiimperialista, Rusia de momento debe apoyar al impopular mandatario Almazbek Atambáev para garantizar la existencia de la base militar rusa:

«Hoy confirmamos el entendimiento de que la presencia de la base militar rusa en Kirguistán es un factor importante para garantizar la estabilidad y la seguridad en la región de Asia Central», dijo el líder ruso. Putin, al reunirse con Atambáev, destacó también que un componente clave de las relaciones entre Moscú y Biskek es la cooperación militar y técnico-militar. Por su parte, el presidente de Kirguistán, Almazbek Atambáev, agregó que el apoyo de Rusia a Kirguistán es de suma importancia y sin él es imposible el futuro de la república. «No me imagino el futuro de Kirguistán sin Rusia», dijo tras reunirse con el presidente ruso, Vladímir Putin. Señaló que esa opinión la comparten los representantes del Gobierno y de todas las facciones parlamentarias de la república». (Sputnik Mundo; El papel de Asia Central en la política internacional rusa, 3 de marzo de 2017)

De nuevo Rusia demuestra con estas declaraciones que juega como Estados Unidos o China a ser los guardianes de la seguridad de los pueblos. ¿Cuántas bases militares cree Putin que son suficientes en Asia Central para garantizar la seguridad de los pueblos o la seguridad en la lucha contra el terrorismo?

4) Los propios medios rusos ponen énfasis en que Rusia debe sacar partido a los países asiáticos y africanos más débiles, y reforzar allí sus posiciones sin arriesgarse a confrontar en zonas como Europa: 

«2.1.4 El Gran Oriente Medio y el Norte de África son regiones aún menos prometedoras económica y políticamente. Rusia no puede evitar ser arrastrada por las consecuencias de la primavera árabe, que ofrecen sólo beneficios pasajeros de política exterior. Occidente, que ha sido la principal fuente de crecimiento y modernización de Rusia, se estancará –a pesar de eso, seguirá siendo un socio económico y social clave de Rusia–, mientras que la situación en el sur de Rusia continuará deteriorándose. En estas condiciones, el Oriente puede y debe ser, tanto estratégica como tácticamente, la dirección central de la política de Rusia y el principal recurso exterior de su desarrollo en el futuro próximo. 2.1.5. Rusia debe aplicar una política más activa en Asia, con el fin de impulsar su desarrollo económico y adaptarse al mundo del siglo XXI, que está tomando forma ante nuestros propios ojos. Los mercados más prometedores se encuentran en Asia. En términos de seguridad, la falta de desarrollo de la zona de Trans-Baikal y el Lejano Oriente ruso y la fuga de población de esas regiones, inevitablemente –y al margen de las intenciones de actores internacionales– creará una sensación de que la región es vulnerable e incluso un vacío de seguridad. Esto también fomentará indirectamente la competencia por sus recursos, debilitando la posición internacional de Rusia y, potencialmente, su libertad de acción y soberanía real». (Valdai Discussion Club; De una potencia europea a un poder globalizado, 2012)

5) El conflicto actual de Ucrania viene de lejos por el modelo neocolonial que Ucrania sufría de Rusia y otros imperialismos, siendo la usura en los precios y la deuda una soga al cuello del país. El presidente del país eslavo Yanukóvich, que constantemente coqueteo con la Unión Europea (UE) acabó pidiendo su entrada a fin de buscar acuerdos más beneficiosos. Su negativa a última hora y su acercamiento de nuevo hacia Putin precipitó que toda la oposición tuviera un pretexto para echarse encima: ya que con ese gesto la crisis industrial vislumbraba el panorama de seguir con el mismo modelo dependiente e improductivo enfocado hacia Moscú, eso sumado a la crisis de producción industrial que en 2013 cayó un 1,8% y aumentaba el saldo negativo del comercio exterior puso el terreno muy fácil a la oposición:

«El entendimiento con Putin resulta fundamental para la ex república soviética de Ucrania, ya que hace dos semanas Yanukóvich renunció a la firma de un acuerdo de asociación con la Unión Europea debido a la dependencia que tiene el país de Rusia. El Gobierno ucraniano anunció que, en lugar de avanzar hacia Europa, va a esperar un tiempo para regularizar las relaciones comerciales con Rusia, que se habían deteriorado en los últimos meses debido al enfado de Moscú, que no ve con buenos ojos que un país de su antigua zona de influencia entre en la órbita de la UE. La situación económica de Ucrania es delicada. A día de hoy necesita 17.000 millones de dólares para refinanciar sus deudas y pagar las facturas del gas ruso. Según un acuerdo entre la ucraniana Naftogaz y la rusa Gazprom, el gas proporcionado este otoño se podrá pagar la próxima primavera. Los acuerdos firmados con China ayudarán al país en el futuro, pero no es probable que se puedan materializar a corto plazo. La decisión del Gobierno ucraniano de no firmar el acuerdo con la UE fue contestada inmediatamente por la oposición, que ha sacado a miles de sus seguidores a la calle. Unas 6.000 personas permanecen de forma permanente en la plaza central de Kíev, la Maidán. El pasado domingo se reunieron más de 100.000 manifestantes en la mayor protesta contra el poder desde la revolución naranja de 2004». (La Vanguardia; Yanukóvich visita a Putin para renegociar un acuerdo de colaboración, 6 de diciembre de 2013)

El resto es historia y bien conocido por todos el ascenso de los grupos prooccidentales y filofascistas al poder, y el inicio de una guerra con las regiones separatistas prorusas en Donbass. El uso de Rusia de fuerzas militares en operaciones encubiertas y el referéndum para formalizar la anexión rusa de Crimea:

«Todos los pueblos tienen derecho a decidir, de eso que no cabe ninguna duda, en ese sentido el referéndum es legal y legítimo. Lo cuestionable es que se desarrolla para ponerse bajo la órbita de uno de los imperialismos en pugna. La coyuntura está siendo aprovechada por Rusia para desarrollar su propio plan de acción, de hecho el referéndum no es para el nacimiento de una «Nación Crimea» –como ya comentamos–, sino para salir de la territorialidad soberana de Ucrania y entrar en la de Rusia, lo que a los ciudadanos de Crimea, o mejor dicho a sus trabajadores no va a suponer el fin de sus calamidades. Algo que no encuentra diferencia en otros casos de referéndums donde el territorio en cuestión acaba bajo la órbita de los imperialismos estadounidense y europeos». (Equipo de Bitácora (M-L); Crimea se «desgaja» de Ucrania [Recopilación Documental], 17 de marzo de 2014)

6) En Bielorrusia las tensiones económicas referidas a cuestiones petrolíferas y de gas con Moscú debido de nuevo a sus prácticas de usura en los precios y la consiguiente creencia de que Bielorrusia debe una sumisión política a Rusia a la hora de ratificar y apoyar internacionalmente las aventuras de Putin. Esto ha llevado a un empeoramiento progresivo de las relaciones con su viejo y fiel aliado Alexandr Lukashenko que se ha acercado a Occidente, aunque parece que la sangre no llegará al rio:

«Las relaciones entre Moscú y Minsk sufrieron un serio deterioro desde que Lukashenko decidió no reconocer la anexión de Crimea, se distanció de Putin en lo relativo al conflicto con Ucrania e inició un proceso de acercamiento a la UE que ha llevado ya a la supresión de los visados en visitas cortas. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, reconoció la semana pasada que «hay diferencias de matices respecto al proceso de integración eurasiática, y digamos que desacuerdos económicos en las relaciones bilaterales». El principal desacuerdo comercial son los precios de los carburantes, que Bielorrusia rechaza en redondo, de ahí la acumulación de deuda por impago. Minsk exige a Moscú un trato «preferente», ya que hay contrapartidas como la cooperación militar y la participación en una unión aduanera común. Precisamente por eso, Bielorrusia recrimina a su gran vecino el haber restablecido los controles fronterizos. Moscú a su vez defiende la medida como respuesta a la decisión de Minsk de no exigir visado a los ciudadanos de 80 países, entre ellos EE.UU. y todos los de la UE. Lukashenko considera que en el Kremlin hay «miedo» a que Bielorrusia «opte por Occidente». Pero el Gobierno ruso lo que más deplora es que Bielorrusia sea punto de tránsito de mercancías procedentes de Europa que están vetadas por las sanciones de respuesta de Moscú a Occidente. «Todas estas cosas deberían resolverse a un nivel inferior, sin que nosotros los presidentes tengamos que implicarnos», declaró este lunes Lukashenko». (ABC; El ataque de San Petersburgo propicia la reconciliación de Rusia y Bielorrusia, 3 de abril de 2017)

7) Sobre la actuación rusa en cuestiones como la de Libia y Mali en la ONU hacemos una pregunta a los apologistas del imperialismo ruso ¿la abstención en el «Consejo de Seguridad de la ONU» en el caso Libia no han supuesto la intervención imperialista con la permisión rusa? Este es un caso dramático y uno de los más revelador respecto a la credibilidad de Rusia que de hecho desmonta el discurso de los revisionistas como Manuel que quieren vender la idea de que esta es una garantía para los pueblos que luchan por su independencia de los imperialismo: resulta, como ya hemos afirmado en otros documentos, que el régimen militar, religioso y revisionista de la Jamahiriya famoso por estimular y defender esa presunta «tercera vía» y el «no alineamiento», fue amigo preferencial de Rusia cuyos lazos se extienden hasta la época de la URSS socialimperialista. El asunto es que Gadafi fue abandonado por completo por esa Rusia «amiga» y Libia fue reducida a cenizas y repartida entre las potencias imperialistas rivales como botín de guerra. Lo cierto es que con esta maniobra Moscú estaba mandando un mensaje a sus aliados, y no es otro que: «ya está reconstituida y quiere la sumisión plena y completa de cada país en su órbita, y ello implica la exclusividad si quieren su apoyo». Recordemos como hecho previo la Libia de Gadafi estaba desarrollando enormes esfuerzos para acercarse, y tranzar alianzas, con los imperialismo estadounidense y europeos desde el derrumbe del «socialimperialismo soviético» gestión que le valió un asiendo en la «Comisión de Derechos Humanos de la ONU»; pero claro, Gadafi no suponía una garantía para ellos, más cuando este tenía serios enfrentamientos con los sionistas israelíes que con subterfugios imponen su agenda en Oriente Medio, y a causa de esa desconfianza prefirieron derrocarlo. El caso Mali es otra muestra, en este caso Rusia, en el Consejo de Seguridad de la ONU, votó a favor de la intervención imperialista francesa en el país africano, a sabiendas que tal intervención no operaba a favor del pueblo de Mali sino de los intereses imperialistas franceses.

8) Sobre Siria, ya nos pronunciamos:

«El actual conflicto sirio, y la incursión de los dos bloques imperialistas –Estados Unidos y sus aliados-lacayos como Francia por un lado, y del otro Rusia e Irán; China de momento solo está dando apoyo nominal–, se origina en la negativa del gobierno sirio a que por sus suelo discurra el oleoducto trazado por Qatar-Exxon que partiría de ese país, y que pasaría por Arabia Saudí, Jordania, Altos del Golán y entraría al Mediterráneo a través de Siria, entre otras cosas debido al papel central de las «monarquías árabes fundamentalistas» en el refuerzo de los también fundamentalistas «Hermanos Musulmanes» en el Norte de África y Oriente Medio. No obstante, la idea de este oleoducto nace de acuerdos entre Francia y Qatar: el trasfondo del mismo, considerando que Bulgaria debido a las sanciones de los Estados Unidos y de la Unión Europea a Rusia rechazó la construcción del oleoducto ruso Burgas-Alexandrópolis que tomaba como puerta de entrada a Grecia para así superar los problemas de distribución que plantea el oleoducto actual a su paso por Ucrania, el objetivo del mismo es arrebatar a Rusia su principal herramienta a la hora de tratar los temas geopolíticos con los Estados Unidos y la Unión Europea, pues Rusia en este momento es la principal fuente de hidrocarburos de esta última; en tanto, el oleoducto se traduce en que EEUU y la Unión Europea se quedan con las manos libres para redibujar tanto el mapa geopolítico de Oriente Medio como el de Europa del Este. En otras palabras: es un proyecto que tiene como meta final el aislamiento de Rusia al tiempo que afectar su economía. (…) El imperialismo ruso, por el contrario, requiere que Bashar al-Asad mantenga el poder debido a que este es una garantía para seguir manteniendo el estatus actual, es decir, en Siria Rusia se juega el poder de negociación que posee en la actualidad, de perderlo ya no tendría un elemento económico disuasorio frente a la Unión Europea como lacayo de EEUU. Y es precisamente por esto que no ha intervenido militarmente en Ucrania –país que depende completamente de los combustibles fósiles ruso– y sí en Siria. Vale aclarar que Rusia ganó la «partida de Ucrania» –por llamarla de alguna manera– al quedarse con la joya ucraniana, Crimea; y lo hizo por ser esta una de las zonas de producción cerealera más importante del mundo, no por sus vínculos históricos, ni por la acción militar de las milicias gubernamentales y fascistas contra la población rusófona de Ucrania que aún sufre la embestida militar del nuevo gobierno de Kiev». (Bitácora (M-L); Breves apuntes sobre Siria y la intervención imperialista, 23 de noviembre de 2015)

Cualquiera que lea estos datos, no tendría la vergüenza de decir que Rusia no persigue una política imperialista, pues cumple con todos los rasgos de la teoría imperialista anunciada por Lenin. Pero Arenas intenta amedrentarnos con el truco de siempre sacado del arsenal revisionista:

«Identificar hoy a Rusia con un «imperio», y su política militar preventiva, defensiva, desarrollada en su propio territorio –y en territorios próximos a sus fronteras con mayoría de población rusa–, de política «agresiva» y «militarista», sólo puede servir a la propaganda imperialista de los EEUU y a su estrategia de dominación mundial». (Manuel Pérez Martínez, «Arenas»; ¿Sigue Actualmente Rusia una Política de Expansión Imperialista, 8 de agosto de 2014)

Anteriormente vimos como Arenas en 1977 ladraba que denunciar la política del imperialismo estadounidense era «hacerle el juego a los revisionistas soviéticos», en 1978 le vimos como cambiaba de parecer y anunciaba que denunciar la política socialimperialista era «hacerle el juego al imperialismo estadounidense», ahora nos viene en 2007 con el mismo cuento diciendo que denunciar la política imperialista de la Rusia de Putin es «hacer el juego al imperialismo». Lleva 40 años utilizando la misma estrategia para justificar sus cambios de parecer. El PCE (r) ni siquiera se esfuerza en buscar otro eslogan revisionista menos desgastado que ese que es utilizado por todos los oportunistas de la historia. En la propaganda de cualquier partido revisionista se vende que no apoyar a cualquier régimen revisionista es «hacerle el juego al imperialismo». ¿Analizan la política de ese gobierno respecto a las masas trabajadoras? ¿Analizan acaso los vínculos de ese gobierno con los imperialismos con quién dice estar enfrentado? En absoluto, por eso ese eslogan es un uso indiscriminado del miedo para justificar cualquier barrabasada política de dicho gobierno.

¡También desde el PCE (r) se nos vende a un Putin en contra de los oligarcas!:

«Putin ha iniciado una serie de cambios importantes, especialmente en el terreno económico. El 25 de julio Putin pidió al denominado «Club Stolypin» que preparara un plan de impulso económico porque para hacer frente a los imperialistas en todos los terrenos, hay que impulsar también el crecimiento económico y estrechar filas en el terreno político, lo cual no se puede hacer sin la depuración de los viejos cuadros y el nombramiento de nuevos equipos dirigentes. Lo mismo que Theresa May en Reino Unido, Putin quiere poner fin a las viejas políticas monetarias implementadas desde los ochenta, que nunca van más allá del corto plazo, la especulación, las burbujas y el enriquecimiento golfo de cuatro oligarcas. En Rusia estas políticas tienen un nombre, Alexei Kudrin, el antiguo ministro de Finanzas, ahora defenestrado». (Movimiento Político de Resistencia; Putin: La etapa de los compromisos internacionales ha pasado, 25 de septiembre de 2016)

Claro, claro, claro, las relaciones de amistad y trapicheos con oligarcas conocidos mundialmente como: el famoso oligarca del petróleo Roman Abramovich dueño de Sibneft hasta su venta a Gazprom en 2005, pero también reconocido por ser dueño del Chelsea F.C. y Gobernador en Chukotka durante 2000-2008 por elección directa de Putin; Deripaska es el propietario de Basic Element Company la mayor empresa de aluminio del mundo; Mikhail Prokhorov propietario de MMC Norilsk Nickel quién lidera el mercado mundial del níquel; Vagit Alekperov dueño de la mayor empresa Petrolera de Rusia llamada LUKoil. Putin lejos de ser un consciente antioligarca concienciado de los peligros que suponen para la nación y el pueblo estar dominados por estas sanguijuelas, impulsa el que se sigan enriqueciendo y tengan controlados los aparatos del poder político, económico y judicial ruso. El gobierno de Putin ni siquiera llega a las políticas de «redistribución de la riqueza» en el capitalismo de los socialdemócratas. Cualquiera que entienda un poco de geopolítica entenderá que las pugnas de Putin con algunos de los oligarcas rusos son las mismas que mantienen todos los presidentes del gobierno de cualquier país burgués, pugnas interburguesas, en las cuales da apoya a unos mientras se defenestran a otros.

Para mayor vergüenza de estos rusófilos aburguesados del PCE (r), el artículo como puede verse [aquí], es acompañado de un montaje de una foto de Stalin con la cara de Putin, dando a entender que Putin como fue en su día Stalin, lucha en favor de los trabajadores frente a la avaricia y abuso de los explotadores. ¿Puede haber mayor oprobio?

Pero las actuaciones de nuestro payaso Arenas y su circo no acaban aquí. Faltan sus malabares sobre el carácter de Putin. Sin duda pretende no dejar de hacernos reír, y lo conseguiría de no ser por lo serio del asunto:

«Por lo demás, calificar a un nacionalista burgués, como sin ninguna duda lo es Putin, de «déspota», «fascista» o simplemente de «reaccionario», no creemos que pueda contribuir a esclarecer la verdad sobre lo que está sucediendo realmente en Rusia. Un nacionalista cuyo origen es la clase obrera, que, según la misma prensa burguesa «tiene el corazón dividido entre la Rusia imperial y la extinta URSS»; que metió en la cárcel a los oligarcas mafiosos, próceres del capitalismo salvaje de los primeros años, tras hundirse la URSS; que llamaba «traidores» a quienes desertaron en la época soviética; que puso fin a la miseria generalizada en que estaba sumido el país cuando alcanzó la presidencia a primeros del año 2000; que en 2005 declaró ante el Parlamento ruso que la desaparición de la Unión Soviética fue «la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX». (...) En fin, no parece que este nacionalista pueda estar muy sujeto a los intereses oligárquicos ni pueda tener muy arraigadas las ideas y los sentimientos burgueses. (...) Como si no hubiera existido en Rusia más de 70 años de régimen socialista». (Manuel Pérez Martínez, «Arenas»; ¿Sigue Actualmente Rusia una Política de Expansión Imperialista, 8 de agosto de 2014)

¿Habrá tenido Arenas en cuenta los datos sobre la militarización de la economía, o la monopolización de los medios de producción para beneficio de la burguesía?

Suponemos que para Arenas y su círculo de aduladores la prueba definitiva del progresismo de Putin ha sido el reciente apoyo público y encubierto que dio al ultrarreacionario Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016 –nótese la ironía–. He ahí los últimos sonados casos que evidencian los vínculos entre el gobierno de Putin y los círculos de Trump para que este último ganase las elecciones. El director del FBI James Comey denunció estos contactos mientras anunciaba evidencias en su investigación en especial por los vínculos del ex asesor de seguridad nacional Michael Flynn con agentes rusos, por lo cual Trump decidió presionar a Comey para cerrar la investigación, y ante la negativa de este, se procedió a relevarlo del puesto. Pero los escándalos siguen, y hace poco Comey habló públicamente en el Senado sobre las conversaciones y presiones de Trump. Dentro de poco se sabrá más de los contactos entre estos dos imperialistas Putin y Trump, temporalmente amigos, y la influencia del primero en la llegada al poder del segundo. Recordemos que las mismas presiones de Nixon al FBI para tapar sus tramas en el caso Watergate supusieron a la postre, su final político.

No hablemos ya de la última ley introducida en Rusia por Putin en febrero de 2017 que legitima la violencia doméstica en casos en que «solo» sean una vez año y no dejen lesiones, bajo la asquerosa excusa burguesa y clerical de «proteger a la familia frente a su disgregación». Bajo esta ley el agresor solo puede ser condenado si reincide y si la víctima denuncia y demuestra estos hechos –lo que es bastante complicado cuando la víctima vive en un clima de terror y la justicia es profundamente machista–, de otra manera la justicia no actuará de oficio, y en caso de que el agresor sea condenado, la pena asciende a trabajos sociales y sanciones, cuando anteriormente se podía castigar al agresor con penas de cárcel. Así bajo la máxima de una vuelta a los «valores tradicionales» y con intención de mantener la familia patriarcal y creyente idealizada por Putin, la mujer rusa es condenada al desamparo legal. Todo ello en un país en donde las mujeres tienen un 2,5 más riesgo de ser asesinadas por sus parejas que las mujeres de Estados Unidos y hasta cinco veces más que una mujer de la Unión Europea. El hondo «progresismo» de Putin volvió a las páginas de todos los medios de comunicación del mundo cuando en la entrevista concedida a Oliver Stone, soltó la frase de que «yo no tengo días malos porque no soy mujer», un comentario a la altura del humor de los ministros del PP, y por supuesto comentarios que los medios del PCE (r) no recogieron para no hacer publicidad negativa de su ídolo imperialista, cuando siempre que pueden denuncian ese mismo machismo imperante que existen en las filas del PP; esa es la doble moral del individuo sentimentalista.

¿Sabrá Arenas, triste personaje proruso, que Putin ha hecho todo lo que ha estado a su alcance para reducir la presencia de la simbología comunista en todo lo concerniente a las celebraciones que conmemoran el Día de la Victoria sobre el nazi-fascismo, el 9 de mayo de 1945? Y es que recientemente se ha introducido de extranjis como condecoración de la Gran Guerra Patria la cinta de San Jorge de la época zarista en los retratos de Stalin o de Lenin, algo impensable sobre todo cuando las tropas de Krasnov del único General que desertó a los nazis llevaban en su uniforme dicha insignia mientras combatían al Ejército Rojo. Este año además por orden del gobierno se han empezado a sustituir en las celebraciones la orden de la «Gran Guerra Patria» por otra en la que aparece «San Jorge» dentro de la estrella roja, algo que elude todo sentido cuando durante aquellos sangrientos años de guerra el único grupo involucrado en el conflicto que llevaba tal insignia eran las «SS Sturmbrigade RONA», que para quién no lo sepa eran la unidades rusas colaboracionistas con los invasores en los territorios ocupados por el Ejército Nazi Alemán. Suponemos que para Arenas no es prueba suficiente para demostrar el sentimiento burgués y reaccionario de Putin.

Efectivamente Putin tiene el corazón partido, pero no entre la vieja URSS de Lenin y Stalin y la actual Rusia, sino entre la Rusia zarista y la URSS socialimperialista de Jruschov y Brézhnev. No hace mucho acusaba a Lenin con epítetos que parecían sacados de un zarista chovinista diciendo que Lenin traicionó Rusia por sacarla de la Primera Guerra Mundial y aportar el derecho de autodeterminación a los pueblos bajo el imperio zarista. Tanto cariño tiene al comunismo que en Rusia conocida es su parafernalia sobre Stalin con propaganda goebbeliana que tanto le gusta a los liberales occidentales, por no citar el bochornoso espectáculo de inaugurar junto a obispos y con dinero público, un monumento a las «víctimas del comunismo» en el monasterio de Sretinski, es decir un monumento a la calaña contrarrevolucionaria y parásita de todo tipo contra la que lucharon los bolcheviques, empezando por la propia iglesia ortodoxa a la cual Putin rinde pleitesía en todos estos juegos anticomunistas por la gran labor de idiotización que realizan.

Arenas, este nostálgico de los años brezhnevista de la URSS nos quiere convencer que en ella hubo socialismo durante 70 años, que no hubo ningún cambio cualitativo en los años 50 con la llegada de Jruschov, ni tampoco después con las reformas de Brézhnev. Para él poco menos que la «gran conciencia cultural» individualista, chovinista, militarista de la vieja URSS socialimperialista ha calado en los actuales dirigentes de Rusia y les hace mágicamente progresistas; algo aún más ridículos si hablamos de elementos como Putin, un ex agente del KGB, miembro y parte de la nomenclatura parásita del régimen decadente de aquel entonces.

Toda esta herencia de una idealizada URSS revisionista por Arenas hace que a su modo de ver Rusia presuntamente no sea un país dominado por los monopolios, un país imperialista, que Putin no sea reaccionario ni esté sujeto a los intereses de la oligarquía, ¡que sea un nacionalista pero «sin sentimientos burgueses»! (sic). Habíamos leído estupideces de los afines al imperialismo ruso, pero como estas ninguna. Sigamos, el show todavía no ha acabado:

«Por el contrario, en base a todo ello, habría que considerar hoy día a Rusia, no como el «eslabón débil», sino como el eslabón principal a partir del cual podría comenzar de nuevo a desarrollarse con fuerza el movimiento antiimperialista y revolucionario a nivel mundial». (Manuel Pérez Martínez, «Arenas»; ¿Sigue Actualmente Rusia una Política de Expansión Imperialista, 8 de agosto de 2014)

Ojo a la cita sobre Rusia que tiene miga, de ella dice que podría ser: «el eslabón principal a partir del cual podría comenzar de nuevo a desarrollarse con fuerza el movimiento antiimperialista y revolucionario a nivel mundial». ¿Quién iba a liderar ese movimiento: el socialimperialista Ziugánov o el imperialista Putin? Ciertamente desde el PCE (r) lo creen así, por eso piensan realmente que los gastos militares de Rusia, las intervenciones militares abiertas y encubiertos de Rusia cumplen un papel antiimperialista. De nuevo insistimos: ¡suponemos que la alianza Putin-Trump para el PCE (r) es todo un ejemplo de frente antiimperialista! Quizás si los admiradores de Putin como la ultraderechista de Le Pen o el derechista británico Nigel Farage llegan al poder, Putin pueda ampliar ese «frente antiimperialista» –nótese la ironía–. Salvo los castristas y chavistas pocos se habían atrevido a escribir algo tan lacayuno y servicial sobre Rusia. Las declaraciones de Arenas sobre Rusia las podría haber firmado cualquier partido revisionista de herencia brezhnevista, aunque ni siquiera el PCOE o el PCPE dicen actualmente esas barbaridades. Fuera de España el Partido Comunista de Cuba (PCC) o cualquier ideólogo revisionista en general como el economista Manuel Sutherland, formador de las juventudes del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) y del Partido Comunista de Venezuela (PCV) si podrían firmar las declaraciones de Arenas. ¡Véase como está el nivel del PCE (r), a la altura de los chavistas! Triste pero cierto:

«Los reaccionarios la utilizaron para calificar tanto a Marx, como a Lenin, de teóricos, sin tomar para nada en cuenta que sus utopías inspiraron a Rusia y a China, los dos países llamados a encabezar un mundo nuevo que permitiría la supervivencia humana si el imperialismo no desata antes una criminal y exterminadora guerra. (...) El aporte que Rusia y China pueden hacer en la ciencia, la tecnología y el desarrollo económico de Suramérica y el Caribe es decisivo». (Fidel Castro; Es hora de conocer un poco más la realidad, 21 de julio de 2014)

Cuando habla de la posibilidad de nuevas guerras, el dirigente cubano comenta que existen dos bloques más o menos diferenciados al que hace mención –Rusia y China de una parte, y Estados Unidos y la Unión Europea de la otra–, ambos con sus respectivos países lacayos y aliados, pero no es verdad lo que quiere hacernos creer que solo un bloque imperialista –el estadounidense– supone una amenaza contra los pueblos para su independencia estatal, para su soberanía económica y una amenaza para la paz mundial. Los países líderes de estos bloques no albergan contradicciones antagónicas entre un bloque imperialista y otro antiimperialista, sino que se trata de contradicciones interimperialistas entre bloques imperialistas competidores. Aunque como decimos tampoco es que el líder cubano haya mostrado alguna vez tener los conocimientos teóricos como para saber discernir tal cuestión. Fidel Castro en el siglo pasado fue el gramófono del socialimperialismo soviético al que estaba ligado económicamente cuando éste se encontraba en pugna contra el otro bloque imperialista liderado por los Estados Unidos; y ahora lo es de los países imperialistas a los que está atado igualmente, no deberíamos molestarnos en saber si Fidel Castro realmente se da cuenta o no del carácter imperialista de los países a los que hace propaganda, sino que nos basta con el hecho de que comete tal felonía. Además, el mensaje de los revisionistas cubanos significa una arenga al proletariado mundial a basar sus esperanzas de mantener la paz en la dirección de las clases burguesas de los países imperialistas competidores del imperialismo estadounidense, algo erróneo a todas luces que haya un paralelismo repugnante con las tesis de la «Segunda Internacional»:

«Sólo cuando hayamos derribado, cuando hayamos vencido y expropiado definitivamente a la burguesía en todo el mundo, y no sólo en un país, serán imposibles las guerras». (Vladimir Ilich Uliánov; El programa militar de la revolución proletaria, 1916)

Mientras tanto, todo país gobernado por los monopolios es un foco de guerra o posibles guerras, chantajes, sobornos, agresiones encubiertas, etc.

José Antonio Egido, licenciado en Ciencia Política y Sociología, es considerado en el mundo revisionista como un eminente politólogo, se le puede ver en diversos medios de China, Rusia, Venezuela, Cuba y demás; defendiendo y definiendo al bloque sino-ruso, y a los países que estos neocolonizan, como un bloque «antiimperialista». Recientemente nos decía:

«Quiero comentar el nuevo rol mundial que ejerce la Federación Rusa, a raíz de los conflictos y de las nuevas correlaciones que se están creando. Hay quién dice que Rusia es un nuevo imperialismo, que solo interviene en política internacional buscando sus intereses. No cabe duda que Rusia que no estamos ante la política exterior de la URSS que buscaba el triunfo mundial del socialismo. Pero es mentira que Rusia es un país imperialista, es un país que hoy cumple una función importantísima para equilibrar la política mundial, para frenar la expansión terrorista de los Estados Unidos y sus aliados, para abrir una solución pacífica a los conflictos. Sabiendo además que Rusia se siente agredida, acosada precisamente por la política imperialista, las autoridades rusas, hubieran querido otro tipo de relación con los EE.UU. (...) Rusia tiene el derecho legítimo de defenderse, y se defiende en varios escenarios, esa defensa es muy útil para los pueblos del mundo, como por ejemplo para el pueblo sirio, que sin la defensa activa de Rusia hoy estaría viviendo el mismo drama espantoso que Libia. (...) Hablamos la otra vez de la cuestión kurda, el otro día se ha celebrado en Moscú un importante congreso pankurdo, lo cual es significativo y positivo, muy positivo que no haya sido en EE.UU., porque sería una manifestación de la voluntad estadounidense de manipular a los kurdos contra los árabes, los turcos, los persas .(...) Rusia cumple, insisto una función positiva. (...) En Venezuela también Rusia cumple un papel positivo, siendo solidaria con el pueblo venezolano, atacado por los que quieren controlar omnímodamente el petróleo, el gas, el mineral de hierro, el oro, la bauxita del pueblo venezolano. Tiene que haber claridad en torno al rol geoestratégico progresista de Rusia, abandonar la teoría del interimperialismo, que acusa a Rusia de ser un nuevo imperialismo. Es sin duda un país capitalista que tiene la memoria muy fresca de 75 años de socialismo». (Annur TV; Entrevista a José Antonio Egido, 17 de febrero de 2017)

Como veremos, este discurso, no se diferencia en nada al que propone el PCE (r), que ha descendido hasta coincidir con los discursos de los chavistas sobre Rusia.

El concepto de Rusia del PCE (r) le ha hecho más recientemente cometer vergonzosos actos de seguidismo a la línea rusa en la cuestión de Crimea y Donbass. Esto ha sido la tónica de los revisionistas prorusos, donde se llega a apoyar a grupos fascistas rusos como antifascistas; a pasar en silencio sobre los revisionistas del Partido Comunista de Ucrania (PCU) en su nefasta política legalista y parlamentarista que ha condenado a sus militantes de base a los linchamientos; a saludar a cualquiera de los nacionalistas prorusos como «unos luchadores que quiere restaurar la URSS de Lenin y Stalin», aunque en la práctica luchan por restaurar la socialimperialista de Jruschov y Brézhnev. Si Reconstrucción Comunista (RC) ha llegado a decir que en Rojava se construía el socialismo, las declaraciones de la gente del PCE (r) sobre Donbass van por el mismo lado. En vez de analizar todas las fuerzas, se ha seguido la propaganda de terceros. Pero esta gente es así, prefiere perder el tiempo en otros menesteres que en analizar lo que van a apoyar. Total como acostumbra decir Olarieta: «¡¡¡¿Para qué?!!!». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

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