lunes, 14 de agosto de 2017

El PCE (r) y su apoyo a la política interior y exterior de la URSS revisionista y socialimperialista; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«El Partido Comunista de España (reconstituido) pasó de ser en 1977 un fanático maoísta tercermundista que centraba toda su propaganda contra la URSS, a poco después ser a partir de 1978 un ferviente apologista del socialimperialismo soviético y su política exterior. Increíble pero cierto. De decir que este país jugaba el papel «pirata, chantajista y agresor» e incluso «principal peligro de la humanidad», a considerar a este país capitalista y su doctrina exterior socialimperialista como una corriente «revolucionaria» y «progresista». Así tal cual:

«Ante nosotros se nos ha presentado las siguientes alternativas: en primer lugar compartir la concepción de los «tres mundos» que vienen defendiendo otros partidos, lo cual nos llevaría de una forma u otra a participar junto al imperialismo y la burguesía en la cruzada contra la URSS y otros países. Está claro que esto no lo podíamos hacer, entre otras muchas razones porque no está probada la «agresividad» de la URSS y si, en cambio, su ayuda, el apoyo decidido a la lucha de liberación nacional de los pueblos. Para nosotros esto se inscribe dentro de la corriente revolucionaria y progresista mundial, independientemente de las ideas que puedan albergar algunas personas». (Partido Comunista de España (reconstituido); En la encrucijada, Número 33, marzo de 1978)

El PCE (r) en su fundación se presentaba como revolucionarios antijruschovistas, pero como ya expresamos, tanto la fundación de la OMLE en 1970 como el PCE (r) en 1975, denotaban que sus líderes llegaron muy tarde para posicionarse en la polémica contra el jruschovismo. Pese a todo, el PCE (r) proclamaba ser más antijruschovista que nadie en 1975, pero lo cierto es que no habían roto con sus raíces y se constituyeron estrictamente bajo otro revisionismo como era el maoísmo, por lo cual no estaban en condiciones de refutar al jruschovismo, por eso, al poco tiempo manifestaban una conciliación ideológica con su política.

En un abrir y cerrar de ojos se posicionó con las tesis clásicas de los partidos jruschovistas de todo el mundo. Podríamos citar a cualquier partido hispano: como el PCPE o el PCOE, pero elijamos como caso ejemplificativo este:

«El general Perón va a comprender lo que ha dicho Fidel Castro: Que no hay dos imperialismos, hay uno solo, enemigo del país. Y el otro, que él le llama imperialismo, es el gran amigo de todos los países del mundo: se llama Unión Soviética y mundo socialista». (Fernando Nadra; Un año de gobierno peronista, 1974)

A finales de los 70 el PCE (r) estaba de acuerdo en cuestiones de política exterior con los puntos de vista de un partido tan degenerando como el Partido Comunista de Argentina, aquel partido bien conocido por sus políticas ultraoportunistas y lacayunas respecto al Kremlin que llegaron incluso a plantear la idea de una «salida cívico-militar» al gobierno peronista de Cámpora, lo que les conduciría a apoyar el criminal golpe militar de 1976 bajo la creencia que Videla-Viola eran unos «patriotas progresistas», básicamente por sus buenas relaciones con la URSS socialimperialista. Unas relaciones que también se harían extensibles a la Cuba de Castro, cubriéndose mutuamente en la arena internacional, llegando al punto de que Castro invitara a Videla a la Conferencia de los No Alineados celebrada en la Habana en 1979.

«La política exterior es la prolongación de la política interior y las dos juntas la expresión concentrada de las relaciones económicas existentes en un país». No puede haber un país capitalista con una línea exterior progresista basada en el internacionalismo proletario, esto es algo incongruente a todas luces.

El proceso de restauración del capitalismo en la URSS con sus particularidades solamente podía dar una línea exterior socialimperialista:

«Mientras en la Yugoslavia de Tito al poco de tomar el poder y desenmascararse así mismo con la abierta promoción de sus políticas alejadas del marxismo, consiguió no solamente desviar a Yugoslavia de la construcción del socialismo, sino que impidió la industrialización del país, entonces más temprano que tarde como país no industrializado se condenó a una vida político-económica neocolonialista, a sufrir dependencia de los precios del mercado capitalista y a endeudarse con los créditos del exterior. En cambio la URSS que toma Jruschov es un país industrializado y la segunda potencia mundial del momento. Obviamente se ve que no fue el mismo caso de regresión y contrarrevolución el soviético que el yugoslavo –y aun así el caso soviético también acabó con que paulatinamente fuera subyugada económicamente a los imperialistas occidentales mucho antes de su caída–, es ahí el hecho de que diferencia a la URSS de Yugoslavia: en la URSS los revisionistas tomarían el poder e implantarían sus ideas burguesas con un nivel de las fuerzas productivas mayor y esto no dejaba otra consecuencia posible que transformar al país en un país socialimperialista. (...) El lector debe comprender en estos casos históricos todos los factores de forma dialéctica: analizando por supuesto el papel de las ideas –de los líderes y su voluntad– pero sin ignorar la base material –fuerzas productivas del país y los resultados a nivel económico de cada época–, si hace esto comprenderá fácilmente los desarrollos dados en estos países y no sólo su regresión, sino porque ocuparon uno u otro rol políticamente y económicamente. Así debe proceder también con los temas de actualidad, no solo de los países capitalistas imperialistas o dependientes, sino de los socialimperialistas o dependientes bajo teorizaciones revisionistas, de otra forma es imposible entender de forma científica la geopolítica». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 28 de agosto de 2016)

Las aberraciones teóricas de los ideólogos del revisionismo soviético en esta materia no eran casuales:

«Las teorías soviéticas de la «soberanía limitada», la «división internacional del trabajo», la «comunidad socialista», los «países de vía no capitalista de desarrollo y orientación socialista» y demás aberraciones antimarxistas en el campo político, económico y cultural no eran producto de una dirigencia inocente que errara en sus formulaciones, sino de unas ideas plasmadas muy conscientemente con el objetivo de servir a sus objetivos imperialistas. Esto se ve claramente cuando se profundiza en los resultados de la puesta en práctica: en la teoría político-militar la «soberanía limitada» y la «comunidad socialista» tenían el objetivo de justificar la intervención militar en los países neocolonializados por el revisionismo soviético como fue el caso de Checoslovaquia, la teoría económica de la «división socialista del trabajo» donde se niega la industrialización de los países dependientes y se les condena a la producción de monocultivos como es el caso de Cuba, la teoría de los «países de vía no capitalista de desarrollo y orientación socialista» tenía por objetivo aceptar a cualquier país dependiente como país «en vía al socialismo» siempre que esos países se integraran en el engranaje político, económico y militar de la URSS o al menos en uno de estos tres aspectos». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 28 de agosto de 2016)



-Pr. Hasan Banja y Lulëzim Hana: «La degeneración del COMECOM en una organización capitalista» de 1984

Jruschov, Brézhnev y sus sucesores aplicaron una política chovinista interna y externa, pero ese nacionalismo que se creía «superior» y con derecho de pisotear al resto de pueblos no evitó conducir a la URSS hacia la pérdida de su propia soberanía nacional. En un lapso breve de tiempo la integración de la URSS en el bloque capitalista mundial era un hecho, y en concreto se podía constatar una progresiva dependencia con el imperialismo estadounidense. Para 1991, cuando la URSS se desintegra formalmente como unión de repúblicas, se debía 81.000 millones. 

En el ámbito interno se promovió un auge cultural del chovinismo ruso acompañado de una asimilación forzosa. La idea de los revisionistas fue reestructurar la URSS y promover una división del trabajo en favor de Rusia y en detrimento de las repúblicas no rusas. Este programa acrecentó las diferencias entre regiones y como era normal afloraron los viejos rencores, explosionando el problema nacional a finales de los 80. Para estudiar la cuestión nacional internas del revisionismo soviético véase:

-Bujar Hoxha: «La cuestión nacional y el revisionismo» de 1974


Sin renunciar a su base maoísta, el PCE (r) se convirtió en un partido brezhnevista más de la escena revisionista.

Todo esto demuestra que las lisonjas que el PCE (r) da ahora mismo al imperialismo ruso son el reflejo de las que ya otorgaba al socialimperialismo soviético en su momento.

El patetismo ideológico del PCE (r) alcanzó su cenit cuando llegaron a apoyar a la Perestroika de Gorbachov:

«Como se sabe, nuestro partido ha saludado y viene apoyando la Perestroika, pero no podemos suscribir todos los planteamientos económicos, políticos e ideológicos que sirviéndose de ella, viene haciendo el revisionismo y la burguesía para destruir la obra revolucionaria y desacreditar al comunismo». (Manuel Pérez Martínez, «Arenas»; Informe en el Pleno del Comité Central, 1988)

Estos postulados coincidían con el de la mayoría de viejos partidos comunistas degenerados:

«Vivimos la época también signada hoy por la profunda transformación que se está realizando dentro de la revolución: la perestroika en la URSS. Al recuperar más cabalmente al leninismo en la construcción de la sociedad socialista, y al apuntar a superar enérgicamente retrasos e insuficiencias serias producidas por el stalinismo y el burocratismo, nos muestra al socialismo real con sus contradicciones tal como es. Es un ejemplo de vitalidad del marxismo-leninismo, y de la capacidad autocrítica de los revolucionarios soviéticos que apelan al pueblo y a su acción creadora para superar las dificultades. La Perestroika es más socialismo y más democracia. Es un proceso que vigoriza al movimiento comunista y revolucionario, impulsa la lucha de los pueblos y desarrolla el pensamiento marxista-leninista. Retoma del lado del socialismo la iniciativa histórica». (Partido Comunista de Argentina; Materiales del XI congreso de la FJC, 1988) 

Y con los gobiernos neocolonizados que dependían en lo político y económico de la URSS socialimperialista:

«Hay un tercer punto relacionado con esta visita a nuestro país y con la actividad del compañero Gorbachov. Me refiero a sus esfuerzos denodados por hacer avanzar el socialismo en su país, por impulsar, desarrollar y perfeccionar el socialismo en su país; aplicando el enorme potencial científico-técnico que ha acumulado la Unión Soviética, superando atrasos tecnológicos, superando dificultades en el campo económico». (Fidel Castro; Discurso con motivo de la visita de Gorbachov a Cuba, 4 de abril de 1989)

Si miramos una de las obras de la famosa trotskista procubana Marta Harnecker, veremos cómo describe que en los 80 la Perestroika fue apoyada sin discusión por la mayoría de partidos comunistas –revisionistas en realidad–, exceptuando una minoría «proalbanesa» que ella misma tildaba de «stalinista», «sectaria», «dogmática», los «únicos puros» en un intento de descalificar sus acertadas posiciones ideológicas. Que fácilmente repiten estos epítetos los revisionistas actuales, no han variado ni un ápice:

«Los primeros años de la Perestroika tuvieron como efecto positivo liberar la mente de muchos militantes de izquierda, obligarlos a pensar con cabeza propia. Se comienza a relegar al pasado los catecismos. (…) Por supuesto que la lectura de la Perestroika no fue la misma por parte de toda la izquierda: hubo unos –fundamentalmente algunos partidos marxista-leninista proalbaneses– que se aferraron más a sus concepciones dogmáticas, vanguardistas y sectarias: eran los únicos «puros» que iban quedando; otros dieron un vuelco». (Marta Harnecker; Haciendo posible lo imposible; La izquierda en el umbral del siglo XXI, 1999)

El apoyo del PCE (r) a Gorbachov no fue casual ni temporal, duró hasta el último segundo:

«Hacía falta replegarse y hacer concesiones, para poder reestructurarlo todo de nuevo, o correr el riesgo de enfrentamiento, en las peores condiciones, con el imperialismo. A tal fin, se necesitaba un hombre de las características de Gorbachov: «enérgico» y que diera una nueva imagen, pero particularmente con un batiburrillo de ideas «humanistas» y socialdemócratas en la cabeza que le permitiera simular la retirada y mitigara de algún modo sus efectos desestabilizadores. Esta es la función que está desempeñando actualmente el «centrismo» político dentro de la URSS. Evidentemente, existía y aún existe el peligro de que el centrismo sea utilizado como fórmula de transición hacia un régimen burgués, pero también puede ser que esté siendo utilizado para contener la avalancha contrarrevolucionaria y dar tiempo a que se reagrupen de nuevo las fuerzas comunistas sobre la base de un programa realmente revolucionario». (Gaceta Roja; Declaraciones, 1990)

En este texto se dice que «aún existe el peligro de que el centrismo sea utilizado como fórmula de transición hacia un régimen burgués». Y es que resulta que el PCE (r) defendía constantemente que en la URSS no había habido un retroceso hacía el capitalismo:

«Es falso que en la URSS se haya producido ese retroceso del que tanto han hablado». (Partido Comunista de España (reconstituido); Temas de formación marxista-leninista, 1989)

Estas citas vienen a demostrar una vez más que el PCE (r) no sólo ha estado hegemonizado por el revisionismo, sino que ha sido la punta de lanza de la contrarrevolución ideológica en muchas cuestiones. Su partido demostró que no tenían cuadros mínima mente decentes para ver un proceso de degeneración que era un secreto a voces desde hacía décadas:

«Todas las grandes y pequeñas reformas económicas a partir de 1953 estaban encaminadas a restaurar las leyes de producción capitalistas: todas las «nuevas» teorías económicas estaban encaminadas a hacer pasar como marxista-leninistas las teorías que años antes se combatieron en el mundo comunista. Es decir, por ejemplo: las tesis de Voznesensky o Yaroshenko basadas en la promoción de la «ley del valor» como rectora en todas las esferas de producción y distribución; basar los planes en torno a los caprichos espontáneos del mercado; la «descentralización económica»; la «autonomía y rentabilidad de las empresas»; la «predominancia del estímulo material al estímulo moral»; la «venta de los medios de producción en las cooperativas»; negar el carácter objetivo de las leyes de la economía política para satisfacer objetivos políticos subjetivos y un sinfín de tesis similares». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 28 de agosto de 2016)

Es más, los revisionistas e ignorantes en economía política pueden decir esto o aquello, pero los que tienen conocimientos saben perfectamente que las reformas de los jruschovistas no eran sino la puesta en práctica de las teorías que Stalin mismo había combatido años antes en la URSS:

«Stalin en su obra: «Problemas económicos del socialismo en la Unión Soviética» de 1952 se lanzaba en implacable lucha contra las tesis revisionistas del soviético Voznesensky en el interior, a la vez que era una lucha al exterior contra las teorizaciones de Tito en Yugoslavia; ya que ambos autores recuperaban las tesis de Bujarin en la economía, tesis que precisamente Stalin ya había refutado en los años 30. Vale decir además que Stalin criticó en varias reuniones de los años 50 el insuficiente nivel en general de formación de los cuadros comunistas incluyendo teóricos y economistas, y no solamente aludía esta situación a los países donde los comunistas no estaban en el poder y tenían poca influencia, sino que se refería en particular a los países donde los partidos comunistas ejercían el poder. (...) Es decir las tesis que Stalin combate en su libro de 1952: «Problemas económicos del socialismo en la Unión Soviética», ¡son las tesis que Jruschov y cía. introdujeron! La reforma de Kosygin de 1965 trajo nuevas teorías y prácticas o institucionalizó algunas que se habían venido practicando desde los años de Jruschov como plantear la rentabilidad por encima de todo, dar mayor autonomía a las empresas, o dar el poder a los directores de empresa de manejar los fondos a su antojo e incluso despedir trabajadores. De hecho, el lenguaje puramente capitalista a la hora de tratar la economía por parte de los revisionistas soviéticos sería el rasgo común en sus revistas, informes y demás. Por supuesto este lenguaje incluía una crítica burguesa a los conceptos económicos de 1917-1953 denominándolos como «obsoletos» y «dogmáticos». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 28 de agosto de 2016)

¿Pero qué fin tenía la tan cacareada Perestroika?:

«La «Perestroika» de Gorbachov apareció en la situación de dificultades y contradicciones, de estancamiento y crisis, a la que la Unión Soviética ha llegado la cual era producto de su línea antimarxista llevaba a cabo por sus direcciones revisionistas». (Vangjel Moisiu; La esencia antisocialista de la «perestroika» gorbachoviana analizada a la luz de las enseñanzas del camarada Enver Hoxha, 1988)

Al igual que Jruschov en su día, o que Brézhnev, las reformas de Gorbachov –claramente de inspiración capitalista y en contra de los intereses de las masas trabajadoras–, se presentaron no como un atentado a los intereses de los trabajadores soviéticos, sino como una «rectificación de errores en la construcción socialista», y se vendían como una «mejora del socialismo» y prometiendo una mejora en la situación de las masas trabajadoras, pero era un embuste:

«La «Perestroika», no asegura ni puede asegurar la «regeneración del socialismo». Es una tentativa de modificar y liberalizar el sistema actual fosilizado por el capitalismo monopolista de Estado, a fin de que sea más manejable y eficiente dando impulso a la libre iniciativa privada, la economía de mercado privado y el beneficio, como factores vigorizantes que contribuyan a superar las dificultades y sacar a la economía de su atraso por estos métodos, medios y vías capitalistas. En la actualidad, en la Unión Soviética se habla abiertamente del desarrollo del sector privado, se están creando allí empresas mixtas con capital extranjero, se práctica libremente transacciones en el comercio exterior, etc». (Vangjel Moisiu; La esencia antisocialista de la «perestroika» gorbachoviana analizada a la luz de las enseñanzas del camarada Enver Hoxha, 1988)

Efectivamente la Perestroika correspondía no a una reforma y mejora del socialismo como decían los revisionistas, sino a una reforma del capitalismo debido a su propia crisis económica:

«Respondiendo a la cuestión, la Perestroika no era sino la conclusión esperada a la que estaba avanzando el revisionismo soviético, la línea lógica según los resultados de las primeras reformas económicas de 1953 y sucesivas. (…) La reforma era la consecuencia del panorama de una economía estancada, una cada vez mayor dependencia del mercado capitalista mundial y endeudamiento progresivo, entre otros factores económicos». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 28 de agosto de 2016)

Y respondía también a las propias contradicciones entre las fracciones de la burguesía de la URSS:

«Por supuesto también en esta situación en que se fue encontrando la URSS –bajo problemas económicos y políticos– era normal e incluso inevitable ser testigos de la pugna entre distintas facciones de la burguesía. Para finales de los 80 pudimos ver por un lado las que no veían con buenos ojos las reformas del momento viéndolas como apresuradas creyendo que perderían respaldo político –jruschovistas y brezhnevistas– o viendo que podían poner en jaque sus intereses económicos, y por otro lado las corrientes que deseaban afianzar y acelerar estas reformas creyendo que así se agrandarían su poder político y económico –gorbachovistas y yeltsinistas; corrientes que además contaban en ese momento con un apoyo exterior de los imperialismos occidentales frente a las otras corrientes internas–. La variedad de problemas y situaciones hicieron que las pugnas en la URSS por el rumbo político y económico existieran y versaran sobre distintas cuestiones: diferentes facciones debido a los intereses distintas regiones territoriales y cuotas de poder –chovinismo ruso versus nacionalismos bálticos por ejemplo–, o diferentes facciones debido a los diferentes intereses de los sectores de la economía –directores de la industria armamentística versus directores de la agricultura–. Para que el lector entienda la formación de estas facciones y estas pugnas de poder: si los gorbachovistas declaraban «el fin de la Guerra Fría» y desmontaban gran parte del entramado de la industria armamentística como exigía los Estados Unidos, los directores del empresa apoyarían a los viejos jruschovistas-brezhnevistas que habían mantenido una gran inversión del PIB en la industria armamentística; si los gorbachovistas hablaban de la disolución de la URSS, y con ello también del CAME y el Pacto de Varsovia, los chovinistas rusos apoyarían a los viejos jruschovistas-brezhnevistas y su corriente en el partido que en su día sí mantuvieron a las repúblicas dentro de la URSS y que mantuvieron «en orden» al resto de países bajo la órbita de la URSS, y así sucesivamente. Estas pugnas se acabaron reflejando en grandes riñas entre jruschovistas y brezhnevistas en los 60, o entre los brezhnevistas y los «renovadores» –futuros gorbachovistas– a finales de los 70, entre los gorbachovistas y los instigadores del intento de golpe de Estado de 1991 –capitaneado por jruschovistas y brezhnevistas ahora en alianza–, y pasado un tiempo en la pugna del poder entre gorbachovistas y yeltsinistas». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 28 de agosto de 2016)

Cuando el PCE (r) hablaba de forma repetitiva que los líderes de la URSS revisaban el marxismo, pero pese a todo no «había habido un retroceso hacia el capitalismo», en realidad estaban siguiendo la vieja teoría del trotskismo de que puede haber un país socialista bajo una dirección política revisionista y burocratizada sin que altere su esencia:

«Durante largo trecho ha existido una teoría populizada entre los revisionistas prosoviéticos de que pese a todo: pese a una dirección infectada de revisionistas se mantenía o se profundizaba la construcción del socialismo en la Unión Soviética. E incluso que no apoyar a esa Unión Soviética era «hacerle el juego al imperialismo». Esa teoría no tiene ni pies ni cabeza. (...) La conquista del poder político por elementos revisionistas –y eso incluye una moral y visión económica aburguesada del mundo– no podía tener otro fin que sus manifestaciones en reformas económicas y por ende con extensión culturales». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 28 de agosto de 2016)

El PCE (r) al propagar todas estas ilusiones sobre el revisionismo cumplió un rol contrarrevolucionario que ha costado muy caro:

«Pero no nos quedemos solo ahí. ¿Que suponía para las masas trabajadoras apoyar la teoría de que «pese a todo la dirección soviética revisionista construía el socialismo»? Suponía que el proletariado internacional creyese que los defectos y fenómenos capitalista de la URSS de los revisionistas soviéticos, eran consecuencia del modelo político-económico del socialismo marxista-leninista, por lo que sí se transigía con aceptar a la URSS capitalista y socialimperialista como país de tipo socialista se estaba actuando como espantapájaros del verdadero socialismo delante de las masas trabajadoras que relacionarían y no verían diferencia entre la economía socialista y los males de la economía capitalista, ni la diferencia entre el internacionalismo proletario con el chovinismo y el imperialismo burgués. ¿Qué suponía crear ilusiones de que eran errores menores y que podían ser subsanados? Traía como consecuencia la confusión de los revolucionarios y las masas soviéticas sobre el carácter del Estado y el partido gobernante en la práctica económica. Además, el marcado carácter socialfascista podía arrastrar a trazar una estrategia errónea e ilusa de un mayor uso de tácticas pacifistas y legalistas como si se estuviera en una democracia burguesa, con lo que con ese descuido lo acabarían pagando más fácilmente con la cárcel o la muerte al intentar corregir los «fallos del sistema». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 28 de agosto de 2016)

Parece ser que el «internacionalismo proletario» del PCE (r) en esta época consistió en apoyar a los sepultureros de Stalin, a los que restauraron el capitalismo en la URSS, a una superpotencia socialimperialista que esquilmaba a decenas de países mientras manchaba el nombre del internacionalismo proletario, a dirigentes revisionistas que condenaban al ostracismo, al manicomio o a la muerte a los marxista-leninistas. ¡Bravo por vuestra inutilidad señores del PCE (r)! ¡Gran trabajo habéis hecho a la nomenclatura del revisionismo soviético durante esos años!». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

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