«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 24 de agosto de 2017

Apoyo del PCE(r) a la China socialimperialista de Deng Xiaoping; Equipo de Bitácora (M-L), 2017



«El apoyo y la publicidad del PCE (r) a la China revisionista-capitalista no ocurrieron solamente durante la época de Mao Zedong, sino también tras la llegada de Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping:

«Para nosotros China es un gran país socialista y su Partido Comunista un gran Partido revolucionario. No podemos aceptar que se haya producido un nuevo «retroceso» del socialismo, porque eso está en contra de la verdad histórica y de nuestros propios sentimientos y aspiraciones». (Manuel Pérez Martínez, «Arenas»; En la encrucijada, Publicado en Bandera Roja, 2ª época-año IV – nº 33, marzo de 1978)

Para este bastardo revisionista ni siquiera después de una década, cuando la alianza sino-estadounidense y el socialimperialismo de China eran aún más evidentes, era menester rectificar esta posición.

Poco más tarde, ya en los 80 y con una China consolidada en su posición socialimperialista en el mundo, se diría de las reformas de aquellos años:

«Visto desde este punto, los errores y desviaciones actuales chinas, a pesar de la gravedad que han alcanzado, han sido un mal menor, un riesgo calculado que corren conscientemente los chinos con el fin de evitar otros males mayores». (Partido Comunista de España (reconstituido); Temas de formación marxista-leninista, 1989)

Estas decadentes palabras del PCE (r) en apoyo a Deng Xiaoping nos recuerdan a la posición del famoso líder revisionista Ludo Martens del Partido del Trabajo de Bélgica (PTB). Que tras posicionarse a favor de China en la polémica sino-albanesa, más tarde abanderó el eclecticismo creando en 1995 la teoría de que los comunistas más allá de ser procubanos, proalbaneses, prochinos, prosoviéticos debían juntarse en un solo partidos olvidando sus divergencias. Publicitó a los regímenes capitalistas-revisionistas de Cuba, China y Corea del Norte entre otros. En los 90 todavía decía:

«Hoy, todavía existe el riesgo de que la agitación contrarrevolucionaria vuelva a empezar y todavía existe el peligro de que la línea revisionista y procapitalista se haga con la dirección del Partido Comunista de China». (Ludo Martens; De Tian'anmen a Timișoara, 1994)

Afirmar que China era socialista era una necedad en los 50 y lo era en los 90:

«¿Cómo podemos colocar la etiqueta de «socialista» a un país donde la explotación del proletariado –urbano y emigrante– alcanza grados extremos, un país donde en los campos el campesinado agravado de impuestos comete fraudes masivamente –a finales de los 80, cuando 95 millones de hectáreas fueron declaras cultivadas, un censo aéreo encontraba sin embargo 144 millones de hectáreas– un país donde la escuela es sólo gratuita para la población urbana, un país donde decenas de millones de inmigrantes rurales cuyas rentas son insuficientes son forzados a complementar su renta con la ayuda de empleos no agrícolas, ver la integración de las olas de éxodo rural sin que estos puedan estar acompañados de sus familias, un país donde el papel de usurero es jugado y potentado por el Partido Comunista de China? Aquí es incluso, más palpable los defectos persistente de la antigua sociedad». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Que pese a ciertas recetas económicas de dudosa esencia había que apoyar a China para curar las enfermedades del socialismo (sic):

«A veces, se nos objeta que el Partido Comunista chino ha cometido errores y fallos. Esto es una evidencia. Pero, ¿cuáles son las conclusiones que se sacan de esta constatación? Ponerse del lado de la contrarrevolución y del revisionismo, ¿es ésa la cura para las enfermedades del socialismo?». (Ludo Martens; Tian An Men 1989: de la deriva revisionista a la revuelta contrarrevolucionaria, 1991)

Esto también era una estupidez:

«¡No! Los revisionistas chinos no cometieron ningún «fallo», fueron fieles a sus concepciones revisionistas y chovinistas, las cuales simplemente adaptaron a la nueva situación internacional. Las «enfermedades del socialismo» que alude no son más que el producto del poder de los revisionistas. Por lo tanto apoyarlos, si es fusionarse con el imperialismo y el revisionismo. Ya que los revisionistas no van a mover un dedo por el socialismo ni van a curar las «enfermedades» que el país revisionista-burgués enfrenta». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Los revisionistas siempre utilizan la misma excusa para defender a sus admirados regímenes: «nosotros apoyamos a x para no hacerle el juego al imperialismo»; pero:

¿Y no se hace acaso el juego al revisionismo, a la burguesía de dicho país capitalista-revisionista? ¿No está dicho régimen ligado a ese mismo imperialismo o a otros? ¿No depende de sus créditos e inversiones? ¿No se traiciona al proletariado de esos países cuando se apoya a una dirección revisionista? ¿No se entorpece su emancipación de la explotación a la que son sometidos?

En nuestros días es todavía más criminal salir con estas excusas sobre China cuando es un país socialimperialista que ha iniciado guerras de castigo contra terceros, tiene constantes reivindicaciones territoriales con choques fronterizos, un discurso chovinista y expansionista, realiza contantes operaciones de chantaje y soborno a las camarillas de los países neocoloniales, tiene bases militares en el extranjero y es uno de los mayores inversores de capital del mundo, especialmente en los países africanos y latinoamericanos.

Los maoístas que en los 70 y actualmente intentan hacer una diferencia cualitativa entre Mao Zedong con Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping, son elementos que plantean este sofisma porque se resisten a admitir que las políticas del segundo y tercero son herencia del primero, y si lo hiciesen, tendrían que denunciar por coherencia al primero como el culpable de toda la línea revisionista del Partido Comunista de China (PCCh) desde 1935. A veces los dirigentes de los partidos prochinos efectivamente no tenían ninguna intención de investigar y conocer la verdad sobre el alcance de los errores de Mao, pero otros sabían de estos hechos a ciencia cierta y del nexo entre Mao y los sucesores a su muerte, pero prefirieron ignorarlo, algo normal según su lógica, ya que haber reconocido que Mao era culpable de la línea revisionista del PCCh mientras ellos mismos habían girado en torno a esas teorías, hubiera supuesto reconocer que todo o la mayoría de la línea del partido de los últimos años estaba equivocada, y ya sabemos que los antimarxistas no son muy amigos de la autocrítica.

Pero la verdad es tozuda. Cualquiera que eche un vistazo a las teorías de Hua-Deng, podrá ver sin mucho esfuerzo que son las mismas teorías de su mentor Mao, para ello véase nuestro documento: «Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping; adalides del legado del revisionismo chino» del 27 de abril de 2014». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

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