«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 8 de agosto de 2017

Las presiones económico-políticas de los socialimperialistas chinos en Albania


«Nos preguntamos cómo desde 1978 y a día de hoy también, existe gente que se autodenomina marxista-leninista, y puede llegar a ver «supervivencias de socialismo» en China. Si las mistificaciones socializantes del «Pensamiento Mao Zedong» todavía podían seguir funcionando para China siendo un Estado de «nueva democracia», es decir, un Estado nacionalista-burgués económicamente débil, una vez se vieron abiertamente las ambiciones imperialistas de China, se volvió a demostrar que no podía existir la «tercera vía» sobre la base de producción de mercancías: al igual que en la sociedad burguesa se produce a cada instante la diferenciación social de los elementos pequeño burgueses, una minoría uniéndose a las filas de la gran burguesía, y una mayoría al proletariado, del mismo modo en la economía mundial de los países burgueses se produce una diferenciación, los países más débiles que llegan a proletarizar a su población, los más poderosos llegan a acumular y tomar su lugar entre los explotadores.

Una señal irrefutable del triunfo de la burguesía imperialista china, fueron los cambios que se operaron en el carácter de las relaciones entre Pekín y Tirana.

De la misma manera que los revisionistas titoistas y jruschovistas habían previsto hacer de Albania un país dependiente, cuya economía estaría basada en la agricultura y cuya industria estaría limitada a la producción de materias primas y bienes de consumo, del mismo modo los revisionistas chinos no iban a tardar en demostrar que no pretendían ayudar a un país socialista hermano, sino someter a Albania, o por lo menos impedir su desarrollo económico independiente:

«Los líderes chinos en su intención de dejar a Albania privada de una industria pesada y hacer de ella un país económicamente dependiente del suyo, se obstinaban en sostener la idea de que la República Popular de Albania no se hallaba en situación de construir ni de poner en funcionamiento las nuevas unidades industriales que China le abastecía. Es por eso que la creación de instituciones de la industria pesada en Albania con el apoyo de China se reunieron con muchas dificultades que fueron superadas gracias a los esfuerzos incansables de los trabajadores y especialistas albaneses». (Partido del Trabajo de Albania; Historia de la construcción socialista en Albania, 1988)

A finales de los años 60 cuando la construcción de unidades enteras de las industrias albanesas de producción de medios de producción se convirtieron en noticia, los revisionistas chinos trataron de persuadir a los líderes albaneses de no construir ciertas obras industriales en el dominio de la energía, la metalurgia ferrosa y no ferrosa así como de las construcciones mecánicas. Estas obras debían formar la columna vertebral de la industria pesada albanesa.

Tras el fracaso de sus presiones, los revisionistas chinos establecieron un bloqueo económico contra la Albania socialista de manera fragante durante 1971-1975, primero no cumpliendo con los acuerdos comerciales acordados, y a continuación, retrasando el envío de equipos para la construcción de estas obras claves, y finalmente recurriendo al sabotaje a través de sus expertos. 

[Vincent Gouysse nos manda a las anotaciones a la siguiente cita: Las presiones iban encaminadas, no sólo a transformar a Albania en una semicolonia económicamente, sino obviamente a aceptar políticamente la política exterior china de la teoría de los tres mundos, es decir, el apoyo en el imperialismo estadounidense y aliados para combatir al socialimperialismo soviético: 

«En el curso de los años 1971-1975 los revisionistas chinos establecieron un bloqueo económico contra la República Popular de Albania con el fin de someterla. Redujeron al mínimo su comercio con Albania. En 1975 las importaciones albanesas procedentes de China registraron un déficit de 40 millones de yens fuera del importe previsto mientras que las exportaciones a China fueron plenamente completadas. Sobre 35 establecimientos que debían ser construidos en el curso del Quinto Plan Quinquenal con parte de la colaboración china, sólo fueron completados 15 con dicho auxilio, el resto serían acabados en el Sexto Plan Quinquenal. En 1975, mientras que el Sexto Plan Quinquenal estaba en discusión, China concedió a Albania sólo el 25 % del crédito solicitado. Los Chinos habían incluido en este crédito las demandas de carácter militar así como los 20 establecimientos no realizados a título de los acuerdos anteriores». (Partido del Trabajo de Albania». (Partido del Trabajo de Albania; Historia de la construcción socialista en Albania, 1988) 

Era claro que esta injerencia que nos denunciaron los albaneses de los imperialistas chinos, tenía la intención de adaptar a Albania a las políticas exteriores de la dirección china, y a su vez al amoldamiento de teorías capitalistas-revisionistas económicas, que precisamente limitaban su soberanía en favor de la dependencia de China. Esto se ve más compresible viendo además las intenciones no solo bilaterales entre los dos países, sino en las relaciones con otros países que China quería que adoptara Albania en cuanto a la política exterior: 

«Los chinos se hacen amigos de cualquier Estado, cualquier persona, incluso sea trotskista, titoista, o un hombre Chiang Kai-shek mientras que está diga: «yo estoy en contra de los soviéticos». Estamos en contra de este principio. Nosotros sabemos perfectamente cómo profundizar las contradicciones entre los enemigos del socialismo, y profundizaremos tanto como podamos en esta labor, pero lo primero de todo respeto a nuestros principios inquebrantables. Siempre hemos llamado a las cosas por su nombre. Está claro que los chinos no les gustan esto y otras cosas nuestras, porque saben que mientras hacemos esto estamos derribando sus disfraces, sus ropajes con los que se adornan como marxista-leninistas, por lo tanto, ahora se ha llegado a un punto en el que están ejerciendo presión sobre nosotros. Esta presión es económica, ya que políticamente e ideológicamente saben que a diferencia de ellos nunca nadie nos podrá hacer ceder en lo más mínimo. Ahora hemos presenciado el comienzo de un poderoso bloqueo económico que se nos impone. Pero fallaran en este sentido, también. Nunca debemos rendir pleitesía a nadie, ya sea a los chinos u otros. Está claro que este soporte de su lado es parte de una gran parcela que comparten imperialistas y revisionistas, desde la que los chinos han tramado contra el Partido del Trabajo de Albania y Albania socialista. Este acto reciente de los chinos no pueden considerarse por separado de la gran presión política, ideológica, propagandística, económica y militar ejercida sobre nosotros por los Estados Unidos de América, la Unión Soviética y los llamados satélites de estos, incluidos los estados de la «tercer mundo», donde los chinos incluyen a Rumanía y Yugoslavia. Su presión no es imaginaria, sino que se concretó en el complot militar y económico encabezado por Beqir Balluku, Petrit Dume, Hito Cako, Abdyl Këllezi, Koço Theodhosi, Lipe Nashi, etc». (Enver Hoxha; La fuerte presión económica de los chinos ha comenzado, pero no servirá de mucho; Reflexiones sobre China, Tomo, II, 17 de junio de 1975) 

En cuanto a la introducción de teorías económicas y militares en concordancia con la política exterior china –de crear una pretendida alianza sino-rumana-albanesa– y las teorías económicas de los revisionistas chinos, se intentó influir para conseguir esto a través de los propios cuadros albaneses:  

«Está muy claro, y creo que este tipo de gestos hostiles contra nosotros aumentarán porque los chinos no están de acuerdo con la línea de nuestro Partido, están profundamente disgustados al saber que nosotros no seguiremos su línea liberal, proestadounidense y prooccidental. Obviamente estaban disgustados al saber que hemos descubierto y atacado a los militares traidores de Beqir Balluku y sus hombres, con los cuales tenían el directo asesoramiento sobre la «defensa» que Chou En-lai les había dado. Por otro lado también les hemos causado molestia a los dirigentes chinos con el golpe que dimos a los enemigos Abdyl Këllezi, Koço Theodhosi, etc., no porque Abdyl Këllezi fuera el presidente de la Asociación de Amistad sino-albanesa, sino porque él estaba de acuerdo con las ideas políticas y económicas de su «querido amigo» Chou En-lai, esta hostilidad no surge por otras cosas que no sean estas. La descentralización de la economía, la evolución hacia «autogestión», el sabotaje en la industria petrolera, la inflación de la burocracia y otros males de Abdyl Këllezi y compañía eran muy del agrado de Chou En-lai, de hecho fue Chou En-lai mismo quien les sugirió a ellos que introdujeran todas estas cosas. Chou y su gente sospechan que descubrimos todo lo que estaban haciendo a nuestras espaldas, y tienen toda la razón, porque nosotros no nos expresamos sobre ello excepto en base a los hechos que ellos mismos nos han dado».  (Enver Hoxha; La actitud de los chinos hacia nosotros va a peor; Reflexiones sobre China, Tomo II, 5 de agosto de 1975) 

Estas citas demuestran claramente lo que los marxista-leninistas albaneses denunciaron en su día y lo que Vincent Gouysse nos rescató tiempo después para que no cayera en el olvido como los revisionistas chinos desearían - Anotación de Bitácora (M-L)]

Los revisionistas chinos mostraron entonces a plena luz su perfil imperialista, y que todos sus eslóganes «internacionalistas» y «amistosos» no se podían camuflar por más tiempo.

En 1976, en la tribuna del VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania –al cual ninguna delegación china asistió, los revisionistas chinos de hecho se negaban desde 1974 a mandar delegaciones o recibir a las delegaciones albanesas para discutir las diferencias políticas que se gestaron desde 1971–, Enver Hoxha denunció la teoría de los «tres mundos» como similar  en su esencia a la teoría de los «países no alineados» al hacer el juego al imperialismo. Los revisionistas chinos se ofendieron con este ataque y en una respuesta chovinista intensificaron su bloque económico para tratar de doblegar a los dirigentes albaneses, hasta romper las relaciones diplomáticas con la Albania socialista en 1978. Enver Hoxha denunciaría estos actos:

«Como una acto reaccionario hecho desde posiciones de gran poder, como un acto que renueva, por su contenido y forma, los feroces métodos chovinistas de Tito, Jruschov y Brézhnev, a los que China denunció hace poco». (Carta del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania y el gobierno albanés al Comité Central del Partido Comunista de China y gobierno chino; 29 de julio de 1978)

Contrariamente a los marxista-leninistas albaneses que publicaron en su prensa la carta a los chinos, la burguesía imperialista china se mantuvo en silencio y escondió a los trabajadores chinos los motivos reales de la ruptura entre Pekín y Tirana. Además, los observadores burgueses conscientemente remarcaron que:

«No hubo polémica sino-albanesa, ya que Pekín jamás respondió a Tirana». (Jean Bertolino; Albania, la centinela de Stalin, 1979)

Para ellos, también era evidente que existía una diferencia de principios entre Albania y China a finales de los años 70, sobre todo cuando ésta última había dado un giro reaccionario incontestable, lo cual era antimarxista calificarlo de simple «error»:

«Incontestablemente, Enver Hoxha se muestra mucho más consecuente que los dirigentes chinos en la política exterior. Él no está coqueteando en general ni con las dictaduras feudales o fascistas o con las potencias occidentales; no trata de complacer ni tranquilizar a toda costa a los Estados capitalistas burgueses y se niega practicar una diplomacia oportunista, de cambiar cada discurso con cada interlocutor. En un cierto sentido, esta firmeza intelectual tiene algo admirable». (Jean Bertolino; Albania, la centinela de Stalin, 1979)

Esta «firmeza intelectual» admirable de cara al exterior evidentemente fue conferida por la situación interior económica y social de Albania, fundamentalmente diferente de la de China.

Evidentemente sería falso afirmar que los actos de los imperialistas chinos no tuvieron ninguna repercusión sobre la economía albanesa que estaba lejos de ser tan poderosa y diversificada como la economía de Unión Soviética de tiempos de Stalin.

Pero así como subrayaban los marxista-leninistas albaneses, las circunstancias exteriores favorables o desfavorables pueden acelerar o disminuir el desarrollo socialista, pero no detenerlo, pues es el factor interior el factor determinante incluso en el caso de un país socialista económicamente atrasado. La prueba la tenemos en como se refleja en las siguientes cifras:


La disminución en el ritmo del crecimiento industrial durante el Segundo Plan Quinquenal y el Tercer Plan Quinquenal fue el resultado de las acciones hostiles y la ruptura con los revisionistas soviéticos, mientras que la bajada del resultado del Quinto Plan Quinquenal y el Sexto Plan Quinquenal eran resultado de las acciones hostiles y consiguiente ruptura con los revisionistas chinos. Era necesario reorganizar todo el comercio exterior y terminar las obras empezadas contando exclusivamente con sus propias fuerzas, tarea que prosiguió durante el Séptimo Plan Quinquenal donde se realizaron importantes inversiones para construir las bases de la industria pesada albanesa, aunque debían traducirse momentáneamente en menores tasas de crecimiento durante un corto periodo de tiempo. Para el primer año del Octavo Plan Quinquenal se mostró que las dificultades causadas por la ruptura con Pekín efectivamente se habían superado y que la continuidad hacia adelante de los ritmos fue asegurado en paralelo con un levantamiento de la tasa industrial: la Albania socialista se había comprometido en la edificación de importantes obras industriales apoyándose exclusivamente en sus fuerzas.

En 1986, la producción industrial albanesa había progresado un 6,4% con relación al año precedente [véase la obra de Thomas Schreiber: «La Unión Soviética y Europa del Este, notas y estudios documentados» de 1987 - Anotación de V. G.], y este aumento no resultaba ni siquiera de una reorganización de aparato productivo sino de su extensión, como lo demuestra la construcción del segundo alto horno combinado metalúrgico de Elbasan, así como la puesta en funcionamiento de las dos primeras turbinas de la central hidroeléctrica de Koman, la más grande del país, con una capacidad de 0,6 megavatios, la construcción se llevó a cabo en los años 80, después de la ruptura con Pekín.

La construcción de esta central hidroeléctrica representaba una inversión productiva titánica. La potencia de la central de Koman era superior a la central hidroeléctrica soviética de Dniéper durante el Primer Plan Quinquenal del 1928 a 1932. Hasta comparado con la presa más grande actualmente en el mundo contemporáneo, la presa de Tres Gargantas de China, la central hidroeléctrica de Koman estaba lejos de ser ridícula. ¡Aunque 30 veces menos potente, fue edificada en un país 400 veces menos poblado! ¡Es como si en China se hubiera construido 13 presas como las de Tres Gargantas en menos de una década!



Este incremento fue notable, sobre todo si tenemos en cuenta las condiciones externas hostiles, y demuestra que con una línea correcta no sólo es posible para un país pequeño resistir al cerco imperialista-revisionista, sino también progresar, cuando precisamente en esa época los países del Consejo de Ayuda Económica Mutua –CAME– estaban pisoteados y hundidos en una grave crisis económica y social.

Cuando se estudia las causas objetivas y subjetivas de la restauración del capitalismo en Albania, no hay que perder de vista una cosa esencial: la dificultad principal y suplementaria –con relación a la experiencia soviética– que debían vencer los comunistas albaneses para estar seguros de quebrantar el cerco capitalista-revisionista como era poder asegurar la producción de medios de producción en el país; es decir, realizar un ciclo industrial completo: desde la extracción de acero, hasta la fabricación de máquinas-herramientas y de establecimientos industriales completos. Los comunistas albaneses se comprometieron en esta vía pero todas las dificultades no había sido vencidas.

En la Unión Soviética, esta dificultad había sido vencida rápidamente gracias a la existencia de una base industrial bastante importante en 1917 y el efecto de escala: 120 millones de habitantes vivían en la Unión Soviética, 1 millón de habitantes en Albania en el momento de la liberación. En 1927, la Unión Soviética importo un tercio de máquinas y equipos necesarios para su economía, el 13% en 1932 y menos del 1% en 1937. A finales de los 70, los albaneses eran capaces de producir su propio acero, producir sus propios tractores, de otro modo, su camino hubiera sido mucho más difícil tras su ruptura con Pekín en 1977, aunque lo cierto es que esta ruptura creó muchos nuevos desafíos para desarrollar rápidamente la industria del acero y el sector de construcción de maquinaria, sin embargo los expertos burgueses reconocían en 1986 que «la política furiosa de sustitución de las importaciones» de los comunistas albaneses «habían marcado nuevos puntos en estos dominios». Véase la obra de Thomas Schreiber: «La Unión Soviética y Europa del Este, notas y estudios documentados» de 1987.

Lo que es seguro, es que a finales de los años 80 aparecieron males en los funcionamientos en la economía albanesa. La reforma de los precios al por mayor de 1986, se parecía como dos gotas de agua a la reforma de Nikita Jruschov durante el periodo inmediatamente posterior al golpe de Estado revisionista, medidas que únicamente apuntaban a «atraerse la simpatía y el apoyo de los campesinos» sin «considerar el conjunto del mecanismo social». Véase la obra de Henri Barbusse: «Stalin, un mundo nuevo visto a través de un hombre» de 1935 para comparar las medidas de introducción de precios al por mayor en Albania con la misma tentativa derechista de la oposición trotskista en el XVº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética de 1927.

Durante el período 1987-1990, el gasto en los hogares había aumentado de 59 al 64% del PIB, mientras que la participación de la formación bruta de capital se redujo correspondientemente. Por lo tanto, la tasa de acumulación había disminuido. Hubo problemas de dilapidación de la riqueza social y sabotaje: las importantes reservas creadas bajo Enver Hoxha –en caso de conflicto– existían, pero no fueron utilizadas. Con la caída de los países de Europa del Este en 1989, con algunos de los cuales Albania todavía tenía relaciones comerciales, el bloqueo económico se vio fortalecido, lo que facilitó la penetración del espíritu de capitulación y proporcionó una base ampliado para el oportunismo –traición de Ramiz Alia, Fatos Nano, etc–.

Los comunistas albaneses que vivieron la catástrofe de 1989 la veían como inevitable. Ellos vacilaron en llamar a la guerra civil durante el momento de la contrarrevolución. También se debe examinar en qué medida las herramientas de producción –particularmente de acero y las construcciones mecánicas– estaban operacionales y cuidadas. Los albaneses se quejaron tras la ruptura con China de haber sido abastecido en sus intercambios económicos de material usado y descuidado. ¿En qué medidas pudo afectar esto a la economía albanesa? Tal estudio debe ser realizado por los marxista-leninistas albaneses». (Vincent Gouysse; El socialismo de características china: ¿socialismo o nacionalismo burgués, 2007)

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