«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 15 de septiembre de 2015

El deber de los revolucionarios es no agachar la cabeza cuando los revisionistas se han adueñado del partido


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¿Quién realiza trabajo fraccional? Los miembros cooptados del ex-Secretariado hablan como si fuesen el partido desde su origen y ungidos por una especie de derecho divino, cuando no son otra cosa que una autoridad de hecho. Se han apoderado por la violencia del apartado del partido y pretenden imponer su autoridad ilegal al partido. Franco se apoderó por la violencia del Estado español y detiene, procesa, tortura y asesina como responsables de la «rebelión militar» a los patriotas que hemos defendido y defendemos la legalidad republicana. El traidor de Tito se ha apoderado por la violencia del Estado y del apartado del Partido Comunista de Yugoslavia y detiene, procesa, tortura y asesina a los heroicos militantes comunistas que luchan por reorganizar al verdadero Partido Comunista de Yugoslavia y por liberar Yugoslavia del dominio terrorista de la trepa titoista y reincorporación al campo antiimperialista, de la democracia y del socialismo: al campo de la paz dirigido por la Unión Soviética. Cuando una situación de hecho, criminal, es impuesta a la masa nacional o a la masa del partido, los verdaderos patriotas, los verdaderos revolucionarios, los verdaderos comunistas, no se plantean un problema de mayorías y minorías, no se plantean la tarea de dilucidar dónde se encuentra el «conducto regular»: se lanzan a la acción, a la batalla, con la voluntad inquebrantable de salvar la Patria de los tiranos y al partido de todo tipo de liquidadores. ¿O es que los miembros cooptados del ex-Secretariado podían esperar que el Secretario General del partido obedecería ordenes facciosas y se resignara a ser espectador y a lamentar la destrucción de una obra que es el honor y el orgullo de la clase obrera y de los trabajadores de Cataluña, que es la vanguardia dirigente de las luchas de hoy contra el franco-falangismo y que será mañana, conjuntamente con el Partido Comunista de España, la suprema garantía de una democracia auténtica en marcha hacia el socialismo? Si el Secretario General hubiera hecho eso, se habría deshonrado para siempre, habría merecido el reproche, el menosprecio de los obreros, de los trabajadores, de todo nuestro pueblo». (Joan Comorera; Declaración de Joan Comorera: Secretario General del Partido Socialista Unificado de Cataluña, 14 de noviembre de 1949)

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