«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 22 de septiembre de 2015

La «cruzada nacional de alfabetización», la educación militarizada y la cultura general; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«Al respecto de las mejoras sociales y los programas de asistencia queremos hacer hincapié en la cuestión de la educación en general, y en particular sobre la alfabetización, ya que incluso en este tema se ha partido desde puntos alejados de toda coherencia científica. Recordemos que la educación es un importante vehículo de revolucionarización de las masas trabajadoras, y de hecho es esencial para la transformación de la superestructura en que se apoya el viejo orden, pero no solo eso, sino que en el nuevo Estado proletario, la lucha por la nueva cultura, la lucha en el campo ideológico es determinante para saber si el proceso se encamina hacia un Estado proletario y socialista, si avanza camino a la abolición del Estado capitalista y todas las clases, o si degenera y se restaura el Estado capitalista y burgués:

«La gran conclusión que extraen de la experiencia histórica es que las victorias de la revolución en los campos de la política y la economía no pueden ser consideradas garantizadas sin el triunfo también de la revolución en el campo ideológico. El librar con éxito esta lucha tiene una importancia decisiva, ya que, en última instancia, tiene que ver con la cuestión de si el socialismo y el comunismo se construirán y la restauración del capitalismo es evitada, o si las puertas se abren de golpe a la propagación de la ideología burguesa y revisionista y el retorno al capitalismo será permitido». (Jorgji Sota; Sobre la dictadura del proletariado y la lucha de clases en Albania; Informe presentado en la Conferencia científica sobre el pensamiento teórico del Partido del Trabajo de Albania y el Camarada Enver Hoxha, 1983)

Apuntemos que en marxismo-leninismo se comprende como «superestructura» a ese todo que conforman la «cultura y la tradicionalidad» que está determinada por la época histórica y las relaciones de producción pero que a su vez influye en la estructura material, de hecho: la superestructura, por esta característica, es uno de los factores de reproducción capitalista en una sociedad socialista:

«El resultado general al que llegué y que una vez obtenido sirvió de hilo conductor a mis estudios puede resumirse así: en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia». (Karl Marx; Prólogo a Contribución a la crítica de la Economía Política, 1859)

El albanés Enver Hoxha en alarde de una fina compresión del marxismo-leninismo, basándose en los estudios de las obras de Marx y Engels, explica así la predominancia de la base material y la economía como pilar que da como conclusión la superestructura y las ideas-cultura, dando con ello indirectamente un serio correctivo al idealismo y metafísica de toda estirpe de revisionistas modernos:

«Engels nos aclara que, en último análisis, el factor más importante, el factor decisivo en la historia es la «producción y la reproducción» de la vida real. Esto debe ser bien entendido, nos enseña, es decir, la economía es la base, pero no el único factor determinante, ya que existen asimismo otros elementos, como son las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las constituciones establecidas por las clases vencedoras, las formas jurídicas, las concepciones religiosas, las diversas teorías políticas, etc. Todo esto influencia con su acción y naturalmente deja huellas. Hay, pues –dice Engels–, acción y reacción de todos estos factores, pero entre ellos resalta, se destaca e influye el factor económico. Este es el factor más importante, el que a fin de cuentas se abre paso entre todos los demás factores. Si se estudia el proceso objetivo del desarrollo de nuestra sociedad se verá con claridad también sobre qué base se ha operado la transformación de la conciencia de nuestras gentes y cómo se han manifestado impetuosamente nuevas ideas, creadas por las nuevas condiciones sociales. Para comprender debidamente este proceso y no permitir conclusiones vulgares, todas las transformaciones que trae consigo el desarrollo de nuestra sociedad deben ser estudiadas de acuerdo con el método dialéctico, desde el momento en que nacen, cuando se desarrollan y progresan, cuando llegan a su caducidad y finalmente se transforman y son reemplazadas por otras nuevas». (Enver Hoxha; Estudiemos la teoría marxista-leninista en estrecho enlace con la práctica revolucionaria, 8 de noviembre de 1970)

Tras rememorar estos principios pasa a fustigar las desviaciones en este campo:

«Como nos enseñan los clásicos del marxismo-leninismo, no puede ser negado el papel de las ideas en el desarrollo social. Engels critica el «materialismo económico», que pretende que sólo el desarrollo de las fuerzas económicas tiene importancia. «Esto es materialismo vulgar», dice Engels. Sin embargo, es necesario tener siempre presente que las ideas no desempeñan el papel decisivo y esto Marx lo explica de manera brillante. Las propias ideas son el producto y el reflejo del desarrollo material de la sociedad. Al transformar las condiciones materiales de la sociedad, el hombre crea una nueva conciencia, y en el proceso del desarrollo social produce asimismo nuevos principios e ideas de acuerdo con las situaciones materiales creadas. Son pues los cambios en el desarrollo material de la sociedad los que están en la base, a partir de los que nacen nuevas ideas y se crea una nueva conciencia. Así como el materialismo en general explica la conciencia por el ser y no al hombre por las ideas, también la conciencia social debe ser explicada por el ser social. Nuestro partido, al combatir el peligro del subjetivismo idealista que ignora el papel decisivo del factor económico, valora al mismo tiempo de manera marxista-leninista el grande y activo papel de las ideas y de la superestructura en general, y desecha toda manifestación de fatalismo y de sumisión a la espontaneidad. El gran proceso de revolucionarización de toda la vida de nuestro país para hacer avanzar de forma constante la revolución socialista y para cerrar el paso al peligro del revisionismo y de retroceso al capitalismo, está relacionado en primer lugar y ante todo con la revolucionarización de la superestructura socialista, del Partido y del Estado de dictadura del proletariado, de la enseñanza y de la cultura, y principalmente de la conciencia de los trabajadores. Esto es aplicación práctica, concretización y desarrollo de las enseñanzas del marxismo-leninismo sobre el grande y activo papel del factor subjetivo en la historia». (Enver Hoxha; Estudiemos la teoría marxista-leninista en estrecho enlace con la práctica revolucionaria, 8 de noviembre de 1970)

Para los revisionistas: especialmente para el revisionismo cubano, incluyendo al guevarismo, el factor ideológico-educativo es el motor de la transformación socialista, es decir priman en tal pensamiento el voluntarismo, el mecanicismo. En resumen la subjetividad:

«El desarrollo económico en el socialismo y el desarrollo de la conciencia y la cultura socialista son dos fenómenos que van de la mano. Generalización sobre la base de la historia de la Unión Soviética que indica que la conciencia y la cultura socialista requieren una base material, sin la cual no se puede promover el desarrollo económico y el desarrollo de la conciencia. Sin embargo, de acuerdo a Guevara la conciencia y la educación socialista se supone que son los principales motores del desarrollo económico en el socialismo: «Las esperanzas en nuestro sistema van apuntadas hacia el futuro, hacia un desarrollo más acelerado de la conciencia y, a través de la conciencia, de las fuerzas productivas». (Ernesto «Che» Guevara; La planificación socialista, su significado, 1964) En el sistema de Guevara, el desarrollo económico socialista no es realmente el motor de la conciencia, sino a la inversa, la conciencia es la fuente de desarrollo económico socialista. El idealismo del «Che» Guevara se vuelve voluntarista. En este sentido, el idealismo del «Che» se puede comparar con los punto de vista idealistas de Mao Zedong en economía política, a pesar de que Guevara muestra una postura mucho más progresista con respecto a las relaciones monetario-mercantiles que el último». (Rafael Martínez; Che Guevara y la economía política del socialismo, 2005)

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) recogería esa bandera: la del revisionismo cubano, esto significó que el FSLN terminaría asumiendo que el motor fundamental del proceso al socialismo es la educación –aún hoy en día lo manifiestan–, que la educación es el factor decisivo de la revolución sobre el que se apoya la construcción socialista y con ello niega la base fundamental del «materialismo-dialéctico» que no es otra que «las relaciones de producción determinadas por el momento histórico y los modos productivos».

Pero asumamos por un momento que esa visión errónea –el de la educación como el factor revolucionario «sine qua non», propia del idealismo que quieren hacer pasar por materialismo– recogida por el FSLN es correcta. Aún en ese caso, el planteamiento de la alfabetización, y de la educación en general, respondía más a cuestiones de alcanzar objetivos que abultara un primer éxito. En realidad la alfabetización, sin desmerecer el mayúsculo esfuerzo humano nacional e internacional en el desarrollado, no aspiró a nada más que a enseñar a una inmensa masa de nicaragüenses una serie de símbolos en las que podían leer algunas frases, de alguna manera la alfabetización fue planteada para reducir en tiempo record el número de analfabetos absolutos del 50% al 13%, con lo cual el 37 % pasaron a ser analfabetos relativos por el hecho de que ya reconocían las letras y algunas palabras, pero en absoluto estaban en capacidad de comprender lo necesario de transformar la matriz económica por ejemplo, ya que no se desarrolló ningún esfuerzo en ese sentido.

Si lo vemos en su dimensión: «la alfabetización y la educación» desarrollada en la Nicaragua de los 80 ni siquiera consiguió cumplir con los objetivos de una revolución liberal en cuanto a lo educativo se refiere ¿Por qué? sencillamente una revolución liberal masifica la educación, la hace accesible a la población en general, porque de ello depende el suministro de «recursos humanos» a los procesos productivos industriales. Pero claro, en Nicaragua, en los 80, apenas se estaba conformando y amplificando la burguesía nacionalista, y la burguesía compradora-criolla siempre ha apostado por la agricultura, y en muy poca medida por la industria.

En cuanto a la educación, sobre todo la de primaria, sufrió una militarización injustificable, se adentró a los niños sutilmente en la cultura de la guerra; no aprendían a contar viendo dibujos de «gatitos o frutas», aprendían a contar con dibujos de fusiles AK-47, granadas, etc. Pero esto resulta anecdótico si consideramos las características del sistema educativo.

La educación también era un sector económico en el que operó libremente la propiedad priva, la empresa privada, que convertían al derecho a la educación en un fuente de lucro; y se mantuvo la enorme incidencia de las instituciones educativas religiosas –se mantuvo el «carácter curricular» de la religión en estas instituciones–. Que suponía; sencillamente la educación no tenía la misma calidad dependiendo de si la institución era privada o estatal. E incluso hubo experiencias en que se desarrolló segregación de los hijos de los dirigentes que eran educados en una institución educativa diseñada al fin, hemos de suponer que la educación que allí se les otorgaba era diferenciada en la misma medida.

Evidentemente que la educación gratuita y universal es un reclamo importante, pero más allá de la propaganda, la realidad es que en ella subyacía un carácter clasista indistinguible del existente en una sociedad burguesa, por tanto, no suponía ningún salto cualitativo ni un factor clave en la construcción de ese pretendido socialismo que nunca lo fue.

En cuanto a las artes o la literatura, como sus admirados cubanos, los revisionistas nicaragüenses rechazaron el realismo socialista y el partidismo proletario, dando pie a una libertad de estilos, formas y contenido que nadaba en un mar de corrientes burguesas y pequeño burguesas entonces tan comunes.

En Nicaragua como en cualquier otro país revisionista-capitalista, la cultura como parte de la superestructura solo reflejaba la base, que era una base burguesa. De ahí que veamos todos los siguientes fenómenos que Ernst Aust describía en la extinta República Democrática Alemana (RDA):

«La degeneración de la cultura, el arte y la literatura en los países revisionistas comenzó con el abandono del método y los principios básicos del realismo socialista, con la negación del principio básico del partidismo proletario, con la distorsión del espíritu heroico y la negación de los héroes comunistas, con los sermones sobre pacifismo y humanismo burgués, que inoculan el miedo a la guerra, incluso antes de cualquier guerra. (...) Siempre en boga, y en paralelo a la degeneración revisionista de sus países, el movimiento contrarrevolucionario en la literatura y el arte de los países revisionistas, acabó aliándose con el abierto chovinismo y el nacionalismo, con la promoción religiosa y el misticismo. Cada vez los revisionistas modernos abrieron más sus puertas a la entrada de la cultura burguesa degenerada del Oeste. Ellos la imitaron e intentaron difundirla entre los jóvenes, los intelectuales, y las masas en general. (...) En el mismo nivel negacionista de clase, está su teoría reaccionaria sobre la naturaleza humana. Ellos afirman que la naturaleza humana tanto de los opresores como de los oprimidos es igual, aunque cualquier marxista-leninista sabe, todo comunista conoce que la naturaleza humana tiene un carácter de clase, no que las clases están en mismo pie de igualdad en cuanto a naturaleza humana». (Ernst Aust; Inauguremos el frente cultural revolucionario; Unificar la agitación y la propaganda, septiembre de 1977)

¿Les suena la «musiquita»? Promoción del pacifismo burgués, la armonía de clases, la religión, el nacionalismo ramplón y las corrientes modernas decadentes en las artes y la literatura en detrimento y rechazo al realismo socialista y el partidismo proletario: a nada más y nada menos que a la cultura proletaria.

Es curiosa otra de las citas del alemán en lo concerniente a la cultura, presten atención:

«Los revisionistas modernos pregonan la filosofía de la supervivencia a toda costa y propagan abiertamente el capitulacionismo glorificando a traidores y difamando a los verdaderos héroes. Ellos predican en sus obras el sobrevivir y salvar su pellejo. Es indiferente si uno es un traidor, un agente o un lacayo. Sus escritores no hacen ninguna distinción entre guerras justas e injustas. En consecuencia proclaman que «la guerra es nuestro enemigo común» y escriben diversos poemas sobre la «armonía»: «!Para que todo el mundo no acabe bajo ruinas, abajo la guerra!». (Ernst Aust; Inauguremos el frente cultural revolucionario; Unificar la agitación y la propaganda, septiembre de 1977)

Aquí testamos una descripción de la cultura y propaganda de la vieja República Democrática Alemana (RDA) que perfectamente encaja en la de la Nicaragua gobernada por el FSLN, quién con las sucesivas negociaciones con la Contra y el imperialismo estadounidense a finales de los 80, la propaganda empezaría a enfatizar sobre todo el rasgo característico de promocionar «el fin de las guerras» y la «paz de la nación» a toda costa, el igualar la causa de un bando y otro, la amnistía para unos y otros. Todo esto sería la base de la llamada «reconciliación nacional» que se consolidaría en los 90, y que actualmente es la bandera que recoge el FSLN en sus discursos. El lema del FSLN se puede resumir así: «¡Que continúe la explotación asalariada! ¡Y qué nos importa mientras haya paz en la nación!». (Equipo de Bitácora (M-L)¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

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