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miércoles, 6 de noviembre de 2019

¡Democracia «para todos», no!


«Nosotros, camaradas, no podemos estar conformes con esa falsa concepción de la democracia que consiste en dejar a los enemigos del pueblo hacer lo que se les antoje. ¡Eso, no! Cuando la reacción y el fascismo estaban en el Poder, millares de los mejores camaradas nuestros estaban en las cárceles. Los periódicos obreros, y hasta algunos republicanos, suspendidos. ¿Acaso es democracia dejar que ellos, después de haber oprimido y ensangrentado al país, se paseen libremente por las calles? ¡No! Las celdas que ocuparon nuestros hermanos deben ser ocupadas ahora por los elementos reaccionarios, y hay que proceder con mano dura contra su prensa, que alienta el pistolerismo, que arma moral y materialmente el brazo de los que atentan contra la República.

Nosotros decimos que hay que acabar con esa falsa democracia, que deja organizarse a las fuerzas que más tarde han de luchar para estrangular a la República y a las libertades populares. (Aplausos)

Democracia sí, para nosotros, para los trabajadores, para el pueblo: pero no para los enemigos de los trabajadores y del pueblo. (Aplausos) No hay democracia para los verdugos de la democracia. Nada de tolerancia con los que bombardean a la República. ¡Amplias libertades para los trabajadores, para los obreros, y campesinos y para las fuerzas que han derramado su sangre por la República y por las libertades del pueblo!». (José Díaz; La lucha por la unidad en plena reacción; Discurso pronunciado en el Monumental Cinema de Madrid, el 2 de junio de 1935)

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domingo, 8 de septiembre de 2019

Un deslizamiento hacia las clásicas desviaciones basadas en un republicanismo pequeño burgués; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Ya que no nos gusta hablar por hablar, para demostrar el cambio significativo en la línea política del Partido Comunista de España (marxista-leninista), sobre todo, a partir de 1986, dejaremos una amplia documentación. 

En este apartado compararemos las ideas políticas de Joan Comorera, líder del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) durante 1936-1949 con el liderazgo de Elena Ódena en el Partido Comunista de España (marxista-leninista) durante 1964-1985, para comprobar una síntesis en muchas de las cuestiones.

Joan Comorera, esgrimiría tesis criticando a los autores de especulaciones ambiguas sobre la «república» y la «democracia», pedía una aclaración en torno a la dirección de las fuerzas que debía dirigir el nuevo régimen, así como sus bases político-económicas en lo programático:

miércoles, 6 de marzo de 2019

Lo que algunos comunistas de la actualidad parecen olvidar de la II República Española de 1931


«La monarquía española, que se ha conservado hasta el año 1931, apoyaba y defendía todo lo opresor, todo lo atrasado en la vida del país, es decir, que era una monarquía semiabsolutista o semifeudal, que ya se aliaba con la burguesía, o ya la admitía parcialmente en el poder; pero siempre conservando la preponderancia de los latifundistas, de la aristocracia, de los militares y del alto clero, de la iglesia, que ocupaba, sobre todo, una situación privilegiada.

De esta manera se pone de manifiesto el rasgo fundamental de la revolución española, la no terminación de la revolución democrático-burguesa, sobre todo de la revolución agraria. Esto significa que en España, en 1931, estaba en sazón la revolución democrático-burguesa, eminentemente agraria. Pero es absolutamente claro que esta revolución se desarrollaba en tales condiciones nacionales e internacionales, que definían el papel preponderante del proletariado en esta revolución, que tenía que llevarla a cabo, no sólo contra los latifundistas, sino también contra la burguesía contrarrevolucionaria, es decir, que la revolución democrático-burguesa tenía que ser realizada bajo la hegemonía del proletariado, con la perspectiva de su transformación rápida en revolución socialista.

Vino el 14 de abril, que trajo la caída de la monarquía y la instauración de una República burguesa, en cuyo gobierno, los puestos de Presidente y ministro de Gobernación, pertenecían a dos viejos monárquicos: Alcalá Zamora y Miguel Maura, los cuales, de completo acuerdo con el resto del Gobierno, incluso los socialistas, se plantearon como tarea principal la salvación del aparato del Estado y de la base social de la monarquía y la salvación de los latifundistas en general.

La burguesía ha creado una leyenda alrededor del 14 de abril, intentando presentarlo como un idilio de armonía de clases y de un cambio de régimen sin efusión de sangre y sin luchas, con un completo acuerdo de todos.

El Partido y los hechos desenmascaran esta leyenda burguesa. La caída de la monarquía del 14 de abril fue preparada por el empuje revolucionario de los obreros, de los campesinos y de una capa de la pequeña burguesía de la ciudad.

miércoles, 9 de enero de 2019

La idea de patria de los comunistas


«¿Está claro, pues, cuál es nuestro concepto de patria, en contraste con el de los «patriotas» de Alfonso XIII? Y este concepto de la patria, camaradas, puedo deciros que no es la primera vez que lo formula el Partido Comunista. Hay quien dice que la idea del amor por nuestro país, por el suelo en que hemos nacido, ha salido del VIIº Congreso de la Internacional Comunista de 1935 porque lo planteó allí el camarada Dimitrov. Cierto, Dimitrov ha dado una magnífica lección a los fascistas alemanes, a los verdugos del pueblo alemán, que querían hacer creer que el noble pueblo búlgaro era un pueblo de bandidos, y ha demostrado que los bandidos son los fascistas de todos los países. Pero, yo quiero leer aquí unos párrafos de un artículo del camarada Lenin, escrito a raíz de 1905, después de la derrota de la primera revolución rusa. Son palabras de Lenin, la inteligencia más clara que ha conocido la historia, el internacionalista más consecuente del movimiento proletario mundial.

«Amamos a nuestro país ¿Es que a nosotros, proletarios conscientes de la Gran Rusia, nos es extraño el orgullo nacional? ¡Claro que no! Nosotros amamos a nuestro idioma y a nuestro país. Nosotros trabajamos, sobre todo, para elevar a las masas trabajadoras de nuestro país –es decir, a las nueve décimas partes de su población– a la vida consciente de demócratas y socialistas. Nosotros sufrimos ante todo viendo y sintiendo las arbitrariedades, las humillaciones, el yugo que los verdugos imperialistas, los nobles y los capitalistas hacen sufrir a nuestra bella patria. Estamos orgullosos de que esas arbitrariedades hayan suscitado resistencias entre nosotros, los grandes rusos; estamos orgullosos de que nuestro pueblo haya dado hombres como Raditchev, los decembristas, los revolucionarios pequeño-burgueses de la década del 70; estamos orgullosos de que la clase obrera de la Gran Rusia haya creado en 1905 un potente partido revolucionario de masas, y que, al mismo tiempo, el campesinado de la Gran Rusia haya empezado a transformarse en demócrata y a libertarse moralmente del pope y del terrateniente». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre el orgullo nacional de los rusos, 1914)

Y, unas líneas más adelante, dice:

«Obreros grandes rusos, penetrados de un sentimiento de orgullo nacional, queremos a toda costa una gran Rusia libre e independiente, demócrata y republicana, que establezca sus relaciones con sus vecinos sobre el principio humano de la igualdad y no sobre el principio humillante del servilismo y el privilegio para una gran nación. Por eso decimos: en la Europa del siglo XX, no se puede «defender la patria» más que poniendo en movimiento las fuerzas revolucionarias contra los monárquicos, los terratenientes y los capitalistas de «su» patria, es decir, contra los peores enemigos de nuestra patria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre el orgullo nacional de los rusos, 1914)

(Aplausos)

Esto es lo que decía Lenin después de 1905. ¡Qué bien se puede aplicar esto a los «patriotas» de nuestros días!». (José Díaz; La España Revolucionaria; Discurso pronunciado en el Salón Guerrero, de Madrid, el 9 de febrero de 1936)

miércoles, 12 de diciembre de 2018

José Díaz; ¿Qué queremos hacer nosotros de España?


«Vosotros, monárquicos, fascistas, que os decís amantes de España, ¿qué habéis hecho de ella? Recordad los miles y miles de jóvenes que habéis hecho sucumbir en los campos de Marruecos. Eran la flor de España, la juventud que tiene, que tenía que modelar y embellecer a España. La habéis enterrado en Marruecos para conquistar no sé qué, pero esclavizando a otro pueblo; y habéis inmolado para eso a nuestros hermanos. ¿Y eso, para qué? Para enriquecer a algunos hombres, para extender los dominios de la España feudal y de las compañías imperialistas extranjeras. A los que os decís «defensores de la patria», podemos demostraros que en España las empresas más importantes están en manos del capitalismo extranjero. Si vosotros entregáis tan importantes empresas, que son parte integrante de la riqueza de España, al capitalismo extranjero, ¿con qué derecho os llamáis amantes de la patria? ¿Qué hacéis, qué habéis hecho de España? Da miedo pensar en el número tan enorme de analfabetos que hay en España, una España de oscurantismo, dominada por los frailes y los curas, una España en la que a los obreros se les enseña solamente a deletrear y a garrapatear una carta, y en que a los campesinos se les mantiene en pleno analfabetismo.

¿Qué habéis hecho del suelo de España, que por su clima podría ser un vergel? ¿Es que no os dais cuenta del hambre que hay en España, de que nuestra raza famélica está pereciendo, de que las madres, exhaustas por el hambre, dan a sus hijos una leche que no es nutritiva, que no tiene la cantidad necesaria de alimento para que el crío sea hoy un niño robusto y mañana un hombre fuerte? ¿Es que no sabéis, mercaderes del patriotismo, que los trabajadores no comemos? ¿Es que no sabéis que mientras vosotros celebráis grandes orgías en dorados salones, entre plata y oro, chocando las copas del champagne, preparando la guerra y la miseria del gran pueblo, nosotros pagamos vuestros festines, nosotros estamos sufriendo hambre y miseria? ¿No lo sabéis? ¡Pues bien, eso se va a acabar! Toda España, la España del trabajo, a pesar de la represión, a pesar del terror, alza un solo grito: ¡Basta ya de miseria y de hambre! Y las masas, unidas en poderoso Frente Único, en este Bloque Popular que agrupa a la inmensa mayoría de la población, quieren impedir, y lo impedirán, que sus hijos continúen siendo famélicos, y saben que, para que sean robustos, tienen que buscar el bienestar general, y sólo lo pueden conseguir dominando, sometiendo del modo que sea –ellas que representan el noventa por ciento de la población– al diez por ciento restante, que la oprime y la mata de hambre. Esto sólo puede hacerse, camaradas, organizando la lucha, y con la lucha organizada venceremos al enemigo. El camino está bien señalado y todos lo conocéis. Yo solamente puedo aseguraros que de ese diez por ciento de parásitos que ha sembrado el hambre, la miseria y el terror en nuestro país, al que no le dé tiempo a salir de España, se quedará entre nosotros. (Fuertes aplausos)

«¡Votad por España!» «¡Votad por la patria!», dicen los monárquicos y fascistas. ¿Qué patria? ¡Pero si habéis hecho de toda España una cárcel!

Hablan en sus carteles de amnistía para los obreros honrados pero no para los dirigentes. ¿Es que ignoran que todos vosotros sois dirigentes y los que están en la cárcel los mejores de los mejores? (Prolongados aplausos)

¡Treinta mil presos en las cárceles y presidios de España! ¡Y en qué condiciones! En la situación más inhumana que se puede dar a los presos. Nosotros, señores monárquicos, señores fascistas, señores reaccionarios, queremos a nuestros presos, y los vamos a libertar, con o sin vuestra amnistía, porque nos pertenecen, porque no queremos continuar como hasta aquí bajo el dominio de un puñado de hombres, de grandes banqueros, de terratenientes, de gran burguesía. No queremos seguir en esta situación, y el camino está emprendido: organizaremos nuestras fuerzas, y no cejaremos hasta conseguir nuestros objetivos. (Aplausos)

¿Qué España queremos nosotros? Ya he hablado de la España que quieren nuestros enemigos; ahora hablaré de la que nosotros queremos. Ya he dicho que nosotros somos los continuadores de aquellos hombres que dieron su vida por la libertad de España. Todo lo que hay de progresista en la historia de España, lo reivindicamos para nosotros, para el pueblo; todo lo que hay de retrógrado, de criminal, les pertenece a ellos, a Calvo Sotelo, a Gil Robles, el «jefe» que no se equivoca nunca... (Risas) Para esa caterva queda el lastre que arrastra la España feudal desde hace siglos; para nosotros, la verdadera tradición de la España de la libertad y del trabajo. (Una voz: «Y también hablan de los tuberculosos. Hay que preguntarles quién ha traído la tuberculosis»).

Camaradas, recojo la interrupción del compañero, hecha con mucha justeza. Somos uno de los países donde el analfabetismo es más pronunciado, y hoy tenemos, además –eso, en la España que hoy padecemos–, el mayor contingente de tuberculosis. Es la consecuencia de nuestra hambre; es la consecuencia de pasar por delante de las carnicerías llenas de ternera, de toda clase de carne, y no poder comprar ni lo más mínimo para poder alimentarnos; es la consecuencia de que, mirando desde el punto de vista general, mientras en España van millares y millares de obreros en alpargatas, hay millares y millones de cómodos zapatos en los grandes escaparates que no tienen salida. ¡Con eso es con lo que queremos terminar! No queremos que los campesinos sigan comiendo hierba, sino que coman lo que el campo produce y cambien lo que sobra con los obreros de la ciudad, que les darán los productos manufacturados.

Queremos una España culta, queremos una España donde los intelectuales, los médicos, los hombres de ciencia y los artistas estén al servicio del pueblo, no al servicio de unos cuantos explotadores; queremos que se abran las Universidades para el proletariado, para el pueblo, en el que hay grandes capacidades que no se aprovechan; queremos que los hombres se eleven no por recomendaciones de un Cruz Conde, no por recomendaciones de nobles y por recomendaciones de ministros, sino que lleguen al lugar que les corresponde para poner al servicio del pueblo su inteligencia, su ciencia, su talento y su capacidad. Queremos que los médicos traten a los obreros y al pueblo en general como se trata a los enfermos. No queremos que haya dos clases de enfermos: unos, a los que los médicos dedican toda clase de cuidados, sentándose a su cabecera durante meses enteros si es necesario, y otros a los que no se puede asistir porque no disponen de tiempo para ir a una barriada a escuchar las quejas de un proletario al que se le muere un niño, al que se le muere su mujer por falta de alimentos, más que por falta de... (Estruendosos aplausos impiden oír el final del párrafo).

Queremos una España en la que no sean posibles los crímenes y las atrocidades que se han cometido con nuestros hermanos de Asturias, culpables sólo de querer, como nosotros, una España justa, una España en que haya pan, trabajo y libertad.

Diremos, en fin –para que lo sepan todos, amigos y enemigos–, lo que queremos hacer de España: limpiarla de nuestros enemigos, limpiarla de una vez de los enemigos del pueblo, de todo aquello que representa la España negra y feudal». (José Díaz; La España Revolucionaria; Discurso pronunciado en el Salón Guerrero, de Madrid, el 9 de febrero de 1936)