«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 1 de enero de 2016

No ha habido ni puede haber un sistema que combine dos régimenes sociales opuestos y que viva en paz

Cartel anunciando el Iº Congreso del Partido Obrero Unificado Polaco el 15 de diciembre de 1948

«Pasemos a una cuestión básica: ¿se puede concebir a la democracia popular como una combinación de dos regímenes sociales opuestos, como una mezcla permanente y estática de elementos capitalistas y socialistas que viven pacíficamente los unos al lado de los otros? 
Es evidente que esta representación de los problemas de la democracia popular es enteramente errónea. La coexistencia de dos regímenes sin fricción entre ellos es algo que no ha sido conocido en la historia del desarrollo social.

Dentro del marco de un régimen social es posible que exista 
–y aveces sucede, que haya diversas formas de producción, como parte de un Estado social específico. Por ejemplo, en un sistema capitalista junto a la amplia producción capitalista, podemos encontrar la pequeña producción, como la de los campesinos y artesanos. Pero, en primer lugar, la forma más desarrollada de todas es la que influye en el carácter social de un Estado social. En segundo lugar, en este proceso es innato el desplazamiento de las viejas piezas del Estado –sustituyéndose por las nuevas formas de producción–.

Para nosotros, la forma básica de producción es la industria estatal nacionalizada, la industria socialista. Esta industria está creciendo rápidamente gracias a la inversión programada del Estado. Gracias a eso, este gran ingreso –que solía ser embolsado por los capitalistas– ahora se gasta en la construcción de nuevas fábricas, en la modernización de las viejas plantas, en la compra de máquinas modernas y aparatos que incrementan la productividad.

¿Que afecta eso a la naturaleza y el carácter de nuestra democracia popular? El hecho de que las viejas clases dominantes 
–los grandes capitalistas y terratenientes– hayan sido totalmente eliminadas a la hora de influir en los intereses del Estado, y el hecho de que sus fábricas y haciendas se hayan convertido en propiedad de toda la nación. Ahora la tierra antiguamente perteneciente a los terratenientes se ha convertido en propiedad de los campesinos y los bancos han sido nacionalizados. Todo esto es lo que define el carácter de nuestro régimen de democracia popular. Esto ha significado que todas las posiciones económicas y políticas de los grandes capitalistas y terratenientes hayan sido de una vez y para siempre descompuestas». (Bolesław Bierut; El rol y carácter de la democracia popular; Discurso en el Iº Congreso del Partido Obrero Unificado Polaco, 15 de diciembre de 1948)

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