«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 24 de diciembre de 2015

La crítica de la rumana Anna Pauker a las desviaciones franco-italianas de los años 40

Anna Pauker en una escena de los años 40

«El siguiente miembro en pronunciarse en la séptima sesión fue Anna Pauker en representación del Partido Comunista Rumano. Se procedió a un informe de similar naturaleza al que había realizado el yugoslavo Milovan Đilas: análisis más profundos sobre temas concretos donde esta figura creía que debían darse un serio repaso a las actividades y posiciones que mantenía el Partido Comunista Francés.

La delegada rumana empezó relatando donde veía las razones del vigoroso crecimiento de los partidos comunistas durante la Segunda Guerra Mundial y al término de ella:

«La influencia que los comunistas han ganado en muchos países se debe a que los pueblos ven en los comunistas a personas que dicen la verdad, incluso si esta verdad es amarga. El Partido Comunista Francés es un ejemplo. En el momento de los Acuerdos de Múnich de 1938, fueron los únicos que expusieron tal acuerdo. Cuando los socialdemócratas de ciertos países maliciosamente calumniaron a la Unión Soviética, los partidos comunistas, incluso en países donde reinaba el terror, explicaron con valentía a sus pueblos que la Unión Soviética era su verdadera amiga. Otra razón de porqué la influencia de los partidos comunistas se ha fortalecido es su lucha contra los ocupantes y los colaboracionistas, su fe en las fuerzas populares. Y, finalmente, los partidos comunistas se han hecho más fuertes porque son hermanos del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, el partido que conduce el país donde se está construyendo el socialismo y ha salvado a la humanidad de la esclavitud hitleriana. Todos estos factores trabajan en favor no solo de partidos como el Partido Comunista de Yugoslavia sino también de los partidos comunistas como el de Francia, Italia y otros países». (Anna Pauker; Informe en la Iº Conferencia de la Kominform, 25 de septiembre de 1947)

Se enjuició que el Partido Comunista Francés (PCF) no aprovechara las lecciones que el mismo pueblo había aprendido sobre las amenazas de su libertad, para denunciar los planes del imperialismo estadounidense y sus sirvientes franceses. De igual modo señalaba que los franceses practicaban las tácticas de frente poniendo ilusiones en lo que hicieran o dijeran sus dirigentes sobradamente conocidos por sus traiciones y no en el trabajo con la militancia de base. Del mismo modo expresó que los comunistas franceses e italianos parecían no querer ver lo que ya habían entendido sus enemigos nacionales e internacionales, esto era: que el avance al socialismo en toda Europa hacía que la cuestión de los comunistas en se tomara como una cuestión seria en la que utilizarían todo tipo de herramientas para impedir que tomaran el poder e incluso ilegalizar sus formaciones:

«Las grandes masas de estos países se han reunido en torno a los partidos comunistas porque esperaban que la lucha del pueblo dirigida por los comunistas ayudaría a los pueblos a evitar los horrores de otra guerra. Los pueblos han aprendido a odiar a sus agresores. Y el rostro agresivo del imperialismo estadounidense ahora es claramente evidente. El Partido Comunista Francés tenía la posibilidad de elevar a todo el pueblo contra el imperialismo estadounidense. Tenía la posibilidad de demostrar que Paul Ramadier era un colaboracionista de los Estados Unidos. ¿Era realmente necesario esperar a unas cuantas elecciones más para demostrar esto? El camarada Jacques Duclos quiso animarnos diciendo que el socialista Guy Mollet repitió alguna de las propuestas del PCF en un discurso suyo. Era necesario mostrar al pueblo, a los militantes de base socialdemócratas, que los Guy Mollet, León Blum, se oponen a los intereses del pueblo. Entonces la mayoría de personas, incluyendo a muchos socialdemócratas, habrían visto el verdadero rostro de Mollet, y luego tal vez, Mollet se habría visto obligado a usar un lenguaje diferente. Jacques Duclos dijo que Charles De Gaulle está preparando grupos armados con el fin de llevar a cabo provocaciones contra los comunistas. Me parece que los imperialistas estadounidenses y el mismo De Gaulle han analizado mejor el curso de los acontecimientos que algunos de nuestros camaradas. Los imperialistas estadounidenses ven que en el Este hay un movimiento hacia el socialismo y que en Francia, también, podría tomarse ese camino. Esto significa que el asunto es más grave que una disputa sobre unos sillones ministeriales, y los imperialistas y De Gaulle entienden esto muy bien. También vemos que en Italia el asunto no se limita a la expulsión de los comunistas del gobierno, sino que están tratando de sofocar al partido en dicho país. En tal situación, no podemos quedarnos atrás con la excusa de que no queremos aislarlos de las masas. Los camaradas franceses se llaman a sí mismos «un partido de gobierno». ¡Pero lo cierto es que un partido comunista no puede seguir formando parte de un gobierno bajo cualquier condición!». (Anna Pauker; Informe en la Iº Conferencia de la Kominform, 25 de septiembre de 1947)

Enver Hoxha, al examinar la historia del movimiento marxista-leninista, registró qué partidos comunistas comprendieron realmente las directivas del VIIº Congreso de la Komintern de 1935 sobre las tácticas de frente antifascista, los posibles gobiernos de frente antifascista que surgirían y que servirían como puente para la lucha por el socialismo, o la cuestión de la creación de los Estados de democracia popular y las tareas de los partidos, así mismo señaló qué partidos se durmieron en los laureles o simplemente no comprendieron o no quisieron comprender las directivas de la Komintern para el periodo de la Segunda Guerra Mundial y la posguerra:

«En los países de la Europa Oriental, los partidos comunistas supieron ligar las tareas de la lucha por la independencia y la democracia a la lucha por el socialismo. Elaboraron y aplicaron una política que condujo a la instauración de los regímenes de democracia popular. En cambio, los partidos comunistas de Europa Occidental no se mostraron capaces de aprovechar las situaciones favorables que habían creado la Segunda Guerra Mundial y la victoria sobre el fascismo. Esto demostraba que no habían comprendido ni aplicado debidamente las orientaciones del VIIº Congreso de la Komintern –Internacional Comunista–, el congreso fue sostenido del 25 de julio al 21 de agosto de 1935. Este congreso sustentaba que, al oponerse y combatir al fascismo, se irían creando en condiciones determinadas también las posibilidades de formar gobiernos de frente único, totalmente diferentes de los gobiernos socialdemócratas. Aquéllos debían servir para pasar de la etapa de la guerra contra el fascismo a la etapa de la lucha por la democracia y el socialismo. Pero en Francia y en Italia la guerra contra el fascismo no condujo a la creación de gobiernos del tipo que propugnaba la Komintern. Acabada la guerra, en esos países asumieron el poder gobiernos de tipo burgués. La participación de los comunistas en los mismos no cambió su carácter. Tampoco el Partido Comunista Francés –que en general hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial siguió una línea correcta–, logró corregir y superar los errores, deficiencias y desviaciones que se habían manifestado acerca de determinados problemas, y que entre otros motivos surgían por falta de análisis realistas de las situaciones internas y externas». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Los errores de los partidos comunistas en Francia e Italia tuvieron para lecciones para cada bando antagónico conforme avanzaban los meses y años en la posguerra. Viéndolo desde el lado del proletariado, las lecciones a extraer eran muchas y la autocrítica necesaria. Para los partidos comunistas del Este de Europa, como Anna Pauker relataba, las maniobras de las burguesías nacionales en concubinato con el imperialismo estadounidense, en  países como Francia e Italia, eran una prueba inequívoca de que o se movilizaba al pueblo contra el imperialismo estadounidense, su injerencia, y la de sus agentes, o los comunistas serían echados en breve del poder en aquellos países y que las republicas de democracia popular elaboradas a precio de sangre y sacrifico desde la guerra tornarían a repúblicas ordinarias democrático-burguesas, y sus conquistas revolucionarias tiradas por el barranco. Las propias jornadas en Hungría de 1947 contra los partidos reaccionarios evidenciaban que la mala praxis francesa e italiana y sus resultados servía de estímulo a otros partidos comunistas. Anna Pauker señalaba además la actitud cínica de los franceses e italianos tras su expulsión del gobierno, como expulsiones incluso de mutuo acuerdo, cuando la realidad era que la reacción y sus partidos les había atacado por sorpresa a exigencia de los imperialistas estadounidenses, y ellos en cambio no habían reaccionado movilizando a la militancia y a las masas como deberían, como si hicieron otros partidos como el griego cuando vieron las maniobras de la burguesía nacional a instancias de la injerencia estadounidense:

«Hemos percibido los acontecimientos en Francia e Italia como una señal de alarma. Que la reacción que ayer alcanzó a Francia e Italia, está tratando de alcanzar hoy a Hungría, que mañana se tratará de alcanzar igualmente a Checoslovaquia y el día siguiente a Rumanía. Esta señal de alarma nos ha obligado a movilizar a todas las fuerzas para resistir los ataques de la reacción. Pero en Francia e Italia, todo el pueblo no se elevó de sus pies cuando los comunistas fueron expulsados del gobierno. Por otra parte, nuestros camaradas, en una especie de sensación de falsa dignidad, afirman que dejaron voluntariamente tal gobierno momentáneamente». (Anna Pauker; Informe en la Iº Conferencia de la Kominform, 25 de septiembre de 1947)

Tanto el PCF como el PCI creían que sus países necesitaban para restaurar la economía destruida de la «guerra», la «ayuda» estadounidense, por supuesto no parecían ser conscientes de lo que suponía para la soberanía nacional francesa e italiana el plegarse a esta «ayuda» estadounidense de préstamos, créditos, y demás. Anna Pauker les reclamó que dichos partidos ni siquiera habían considerado la posibilidad de restaurar su economía a los niveles anteriores de guerra basándose en sus propias fuerzas, e incluso apoyándose en el resto de países del campo socialista, añadiendo que parecía que tales partidos olvidaban la experiencia de la Unión Soviética de la época de Lenin y luego de Stalin respecto a la restauración de la economía sin necesidad de hipotecar su soberanía, e incluso ignoraban la lección contemporánea de muchos países de democracia popular, o la lucha de los partidos comunistas fuera del poder como el Partido Comunista de Grecia, que frente a la actitud de los monarco-fascistas de dejar neocolonizar y manejar el país por los imperialistas anglo-estadounidenses ellos respondían dándole la «bienvenida» con las armas en la mano:

«En su propaganda el Partido Comunista Francés parte de la idea de que necesita los créditos estadounidenses. Nos enteramos de que el camarada Luigi Longo también hace lo mismo, aunque él hable de defender más firmemente la soberanía nacional. ¿Es correcto que los comunistas admitan una necesidad de ayuda estadounidense? El pueblo entonces dirá: incluso los valientes comunistas admiten que necesitamos la ayuda de los Estados Unidos. Y ya que no podemos arreglarnos sin los créditos, tendremos que prescindir de la soberanía. Ni el PCF ni el PCI han planteado la cuestión de si es posible vivir sin los créditos estadounidenses, si sería posible restaurar el país, basándose en primer lugar, con las propias fuerzas. ¿Por qué estos partidos han olvidado el heroico ejemplo de la Unión Soviética, que restauró su economía en las condiciones de bloqueo y cerco hostil, donde nadie le respaldaba? ¡Sin embargo, a día de hoy los pueblos si cuentan con la Unión Soviética a su lado! ¿Por qué no seguir el ejemplo de Grecia? Grecia recibe la «ayuda» estadounidense, pero el Partido Comunista de Grecia lucha contra esta ayuda, ha procedido con la movilización de los pueblos contra el imperialismo estadounidense. Hay otros países que no estaban recibiendo la «ayuda» estadounidense. Ellos están tensando cada nervio para restaurar sus economías sin la «ayuda» estadounidense. Esto, es lo que los camaradas franceses deberían haber dicho a su pueblo. Deberían haber demostrado que, aunque se trata de un camino largo y difícil, es un camino que el pueblo francés también puede tomar». (Anna Pauker; Informe en la Iº Conferencia de la Kominform, 25 de septiembre de 1947)

La crítica de Anna Pauker, y de muchísimos marxista-leninistas, a la sumisión de algunos cuadros de los partidos comunistas a la llamada «ayuda» de los imperialismos para restaurar la economía nacional, fue un estímulo para corregir estas posiciones oportunistas dentro de los partidos comunistas de todo el mundo. El hecho más claro está los líderes chinos bajo el liderazgo de Mao Zedong y Liu Shao-chi quienes habían proclamado en los informes al VIIº Congreso del PCCh de 1945 que China debería promover la propiedad privada de las clases explotadoras nacionales sumado al hecho de recibir grandes créditos de los países capitalistas desarrollados como Estados Unidos para restaurar la economía y para industrializarse:

«La lucha por la democracia en china requiere de un prolongado periodo. Sin una nueva democracia, un Estado unido, sin un desarrollo de la nación democrática, sin un libre desarrollo de la economía privada capitalista y la economía cooperativa, sin un desarrollo nacional, científica y popular cultura de nueva democracia, sin la emancipación y desarrollo de miles de millones de personas, en breve tiempo, sin ser cuidadosos con la nueva revolución democrático-burguesa, el tratar de construir una sociedad socialista sobre las ruinas del orden colonial, semicolonial y semifeudal sería un sueño utópico. (...) Se necesitan grandes cantidades de capital para el desarrollo de nuestras industrias. Ellos vendrán principalmente de la riqueza acumulada por el pueblo chino, y al mismo tiempo de la asistencia extranjera. Damos la bienvenida a las inversiones extranjeras si tales son beneficiosos para la economía de China y se realizan de acuerdo con las leyes de China. Se pueden expandir rápidamente y a gran escala empresas rentables tanto para el pueblo chino como para los extranjeros, siendo la industria pesada y la modernización de la agricultura, una realidad cuando lo que hay es una firme e interna paz internacional, y cuando dichas reformas políticas y agrarias se realizan a fondo. Sobre esta base, hemos de ser capaces de absorber grandes cantidades de inversiones extranjeras. Una política regresiva y económicamente empobrecida para China no será rentable ni para el pueblo chino ni para los extranjeros». (Mao Zedong; La lucha por una nueva China; Informe en el VIIº Congreso del Partido Comunista de China, 24 de abril de 1945)

El peligro de propagar con éxito esta tesis oportunista se doblaba si cabe en los países coloniales y semicoloniales donde los partidos comunistas estaban tomando el poder, ya que algunos de sus líderes redoblaban la tesis bajo la pobre argumentación de que se trataban de países atrasados y que tras la guerra la Unión Soviética no podría proporcionar a China lo que esta demandaba. Estas tesis estaban en plena consonancia con las teorías del líder del Partido Comunista de los Estados Unidos Earl Browder quién escribiría varios libros en los años 40 y 50 alabando la visión de los revisionistas chinos sobre la propiedad privada nacional y extranjera, y recomendó al gobierno estadounidense buscar nuevos mercados en Asia y en China. Earl Browder sería desenmascarado en esos años como revisionista por seguir manteniendo estas y otras posiciones imperialistas cuando fueron criticadas por los marxista-leninistas de todo el mundo, Mao Zedong en cambio fue más inteligente y viendo el destino de su amigo Browder, y poco después el descubrimiento del revisionismo yugoslavo en 1948 –que era otro revisionismo que abogaba la posibilidad de construir el socialismo en base a cantidades ingentes de créditos y préstamos imperialistas–, más la propia Guerra de Corea de 1950, retiró oficialmente del Partido Comunista de China tal programa, y lo guardo hasta la muerte de Iósif Stalin en 1953 cuando ya con la restauración de las relaciones sino-estadounidenses, y sin peligro de ser acusado de browderista y titoista como algo negativo, pudo sacar a flote de nuevo tal programa y ponerlo en práctica en los 70. La política de apoyarse principalmente en los créditos de los países imperialistas y sus organismos como hizo Yugoslavia y China se haría común en varios de los países ex coloniales que habían obtenido su independencia, pero también en las ex democracias populares donde sus líderes revisionistas les llevaron a acarrear enormes deudas con organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), como sería el caso de Polonia o la propia Rumanía, causando incluso el propio colapso económico y político del sistema revisionista-capitalista.

Con esto vemos la importancia teórica para los marxista-leninistas actuales de las críticas de la Kominform sobre el Plan Marshall, demostrándose el peligro para la soberanía nacional que suponía la exportación de capitales de la potencia imperialista no solo hacia los países dependientes y atrasados como podrían ser algunos de Europa o Asia, sino inclusive para países desarrollados e imperialistas en decadencia como Francia que terminaron por aceptar la marshalización de sus economías, un lazo económico con el imperialismo estadounidense que marcaría el panorama económico-político del imperialismo francés en las décadas siguientes en que Francia quedó encuadrada en los grupos económicos, políticos, militares y culturales de Estados Unidos.

Anna Pauker no daba crédito a uno de los eslóganes del Partido Comunista Francés durante la posguerra, pues veía que los franceses no solo negaban el cambio de situación en Europa y en la propia Francia, sino que negaban el propio transcurso de la Segunda Guerra Mundial y la posición de cada uno de los aliados de la coalición antifascista. Se instaba a recordar las especulaciones de los círculos imperialistas británicos de incluir a Francia dentro de su órbita tras el fin de la ocupación del imperialismo alemán nazi, y de cómo Stalin jamás jugó con la independencia de Francia, y el papel determinante que jugó el Ejército Rojo Soviético en la liberación de Francia de los ejércitos nazis. Se instaba a recordar que como en la guerra, la Unión Soviética y los nuevos países de democracia popular como Hungría, Albania o Checoslovaquia, darían todo el respaldo posible al pueblo francés en la lucha por sus intereses nacionales y sociales:

«El camarada Duclos habló de uno de los eslóganes del PCF: «Amistad no solo con Gran Bretaña y los Estados Unidos, sino con todos los aliados». Uno no puede poner en el mismo plano a la Unión Soviética con los «otros aliados». Uno debe mostrar que, en el pasado también, los «otros aliados» no fueron genuinos aliados de Francia. Las personas deben recordar Dunkerque y el Ruhr. Los franceses necesitan verdaderos amigos, y esos amigos los tienen. Cuando, durante la guerra, los imperialistas británicos proponían incluir a Francia dentro del imperio británico, el camarada Stalin hablaba de una Francia fuerte y libre. La heroica lucha de la Unión Soviética desempeñó el papel decisivo en la liberación de Francia y los franceses lo saben. Que el pueblo francés se dé cuenta de que no está solo, que en la Unión Soviética tienen un aliado poderoso, que disfrutan de la amistad sincera de los países donde se han establecido nuevos regímenes democráticos. Las poblaciones de estos países suman 100 millones de personas, casi tres veces la población de Francia. Estos son unos aliados a no despreciar». (Anna Pauker; Informe en la Iº Conferencia de la Kominform, 25 de septiembre de 1947)

Por otro lado: otro de los puntos que señaló la delegada rumana iba dirigido a la falta de autocrítica en el informe de Jaques Duclos en la Conferencia de la Kominform, el cual según ella no contenía ninguna autocrítica de los errores del PCF que todos los delegados esperaban –sobre todo teniendo en cuenta los últimos acontecimientos de 1947–. Añadió que esta falta de autocrítica del Partido Comunista de Francés, que su aislacionismo del resto de partidos comunistas, no era algo actual, sino que ya tenía su tiempo. Arengaba a los franceses a que se acercara al resto de partidos hermanos y en especial al que mejor podría aconsejarle y asistirle: el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, del que como reconoce Anna Pauker los propios comunistas rumanos se habían beneficiado gracias a la amistad que se profesaban, y del contacto regular:

«Todos esperábamos que el informe del camarada Duclos tuviera un serio análisis de los errores del Partido Comunista Francés y mostrara el camino a la eliminación de las debilidades actuales del partido. Por desgracia, eso no fue visto en el informe de Duclos. Cierto es además que esta situación y actitud ha existido en el PCF desde hace ya tiempo. Nos resulta difícil entender como cualquier partido comunista rehusar a recurrir al valioso tipo de ayuda de la gigantesca experiencia, sabiduría y conocimiento que posee el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética. Incluso si hipotéticamente alguien nos forzara a rechazar tal ayuda nosotros aún así deberíamos esforzarnos por tener la posibilidad de conseguirla. Es incomprensible que el PCF no haya procurado aprovechar el consejo del PC (b) de la URSS. Para nosotros, cuando empezamos a transformar nuestro país después de la clandestinidad, albergando una pobre experiencia, el consejo del PC (b) de la URSS fue incalculable tanto para nosotros, como para otros partidos comunistas que asistió. ¿Cómo podría uno de los partidos comunistas no hacer uso del consejo y ayuda del PC (b) de la URSS y del intercambio de experiencia con otros partidos comunistas?». (Anna Pauker; Informe en la Iº Conferencia de la Kominform, 25 de septiembre de 1947)

La falta de contacto entre el Partido Comunista Francés y el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética referido por Anna Pauker se puede demostrar con la carta en que Zhdánov comenta a Thorez que: lejos de lo que cree la reacción de su país, el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética no tenía constancia de la situación en Francia ni del PCF y sus movimientos en verano de 1947:

«Mucha gente cree que los comunistas franceses consultan sus acciones con el Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética. Vosotros sabéis que eso no es cierto, que en cuanto a lo que se refiere al Comité Central del PC (b) de la URSS vuestros pasos nos han tomado totalmente desprevenidos. Las fuentes que el Comité Central del PC (b) de la URSS tuvo a su disposición se limitaron a artículos en la prensa francesa, y estos eran evidentemente insuficientes para comprender la nueva situación que se había creado en Francia y en el propio Partido Comunista Francés». (Andréi Zhdánov; Carta en nombre del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética a Maurice Thorez, 2 de junio de 1947) (Equipo de Bitácora (M-L)La crítica al revisionismo en la Iº Conferencia de la Kominform de 1947, 13 de agosto de 2015)

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