«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 4 de diciembre de 2015

¿Partidos obreros o «partidos burgueses de la clase obrera»?; Enver Hoxha, 1964



«Los partidos socialdemócratas, ¿son realmente partidos de la clase obrera?

Para poder juzgar si un partido es partido de la clase obrera, no debemos fijarnos en el nombre que ha adoptado. ¡También el partido de Hitler se denominaba nacional«socialista»! El único criterio justo al respecto es si defiende y expresa los intereses de la clase obrera, si lucha por su causa. Y para dilucidar esta cuestión hay que ver en interés de quién obra la ideología, la política y toda la actividad práctica de este o aquel partido. Lenin nos enseña:

«No hagan caso de las palabras, ¡Fíjense mejor a quién beneficia»! (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿A quién beneficia?, 1913)

Y si esta cuestión la miramos a través de este prisma, desde el punto de vista, de clase, que es el único criterio correcto, marxista-leninista, todo verdadero comunista podrá ver con claridad que los partidos socialdemócratas no son partidos de la clase obrera, sino tal como Lenin los ha caracterizado, «partidos burgueses de la clase obrera». Más arriba hemos demostrado con numerosos hechos que la actual socialdemocracia, tanto desde el punto de vista ideológico  como político, y también en toda su actividad, no es más que, como decía Lenin, «un destacamento político de la burguesía», «propagador de su influencia», «verdadera agencia de la burguesía en el movimiento obrero».

Pero también desde el punto de vista de su composición de clase, en los partidos socialdemócratas se han operado y se están operando visibles cambios. El número de obreros disminuye cada vez más en sus filas y aumentan los elementos pequeño burgueses y la burocracia obrera. Los actuales reformistas han difundido la consigna de la «desproletarización» de los partidos socialdemócratas [5]. Y esto ha encontrado su expresión en los nuevos programas de numerosos partidos socialdemócratas. Así por ejemplo, en el programa del Partido Socialista Suizo, se dice:

«En un principio el socialismo era una causa solamente de la clase obrera, que era explotada por el capitalismo. Hoy el socialismo es la causa de toda la humanidad. Es la causa de cualquier persona que tiene sentido de responsabilidad por el bienestar de la sociedad». (Partido Socialista Suizo; Programa, 1959)

Esto en lo que concierne a la base de los partidos socialdemócratas, mientras que en lo referente a los cuadros dirigentes a medida que se asciende en la escala jerárquica de estos partidos, tanto menos obreros se encuentran. En efecto, muchos cabecillas socialdemócratas se han transformado, desde hace tiempo, en verdaderos capitalistas, muchos de ellos participan en los consejos de administración de los bancos más importantes y poseen sólidos paquetes de acciones, obteniendo cada año millones y millones de ingresos. Así por ejemplo, según algunos datos de los últimos años, 410 funcionarios principales del Partido Socialdemócrata de Alemania ocupaban 929 cargos, percibiendo sueldos muy elevados, en los bancos y en las grandes sociedades de Alemania Occidental, 62 personalidades socialdemócratas eran directores en los consorcios Manesmann, Klekner, Kiupp, Flick, etc. Una situación similar se da en los demás partidos socialdemócratas de los países de Occidente, como en Francia, Inglaterra, Bélgica, países escandinavos, etc.

¡He aquí qué «clase obrera» representan los partidos socialdemócratas! Y esta es la razón de que los revisionistas modernos, que no son sino traidores a la clase obrera, se denominan «partidos obreros» y llegan a poner esta etiqueta no ya sólo a los socialdemócratas, sino también a cualquier partido conservador burgués, si esto lo dicta el plan de su actividad antimarxista, contrarrevolucionaria.

Así pues, resulta claro que la afirmación de los revisionistas modernos de que los partidos socialdemócratas son partidos de la clase obrera, es enteramente falsa. Por consiguiente, también su consigna sobre la «necesidad de la unidad de la clase obrera» es una consigna demagógica, un pretexto para justificar la unión con los «partidos burgueses de la clase obrera».

Casi en todos los países capitalistas desarrollados el movimiento obrero se encuentra desunido. Pero ¿quién es el responsable de esta escisión? ¿Quién obstaculiza la unidad de acción en el movimiento obrero? En la Declaración de Moscú de 1960 se subraya que los responsables y los continuadores de la escisión a escala nacional e internacional, son «las clases dominantes, los dirigentes de derecha de la socialdemocracia y los líderes reaccionarios de los sindicatos». En estas condiciones, los marxistas-leninistas revolucionarios, para poder realizar la unidad de acción en el movimiento obrero, tienen presente: a) que la unidad de acción se puede conseguir solamente luchando contra los escisionistas, y por eso, desarrollan una lucha de principios, implacable y consecuente contra los escisionistas, los cabecillas traidores socialdemócratas; b) que es necesario concentrar todas las fuerzas para poder conseguir la unidad de acción de la clase obrera en la base, con las masas obreras de los partidos socialistas, que la consigna de los marxistas-leninistas sobre la unidad de la clase obrera puede y debe ser: apoyarse en la base, aliarse con la izquierda, luchar intransigentemente contra los cabecillas de derecha, traidores y escisionistas, para su desenmascaramiento y aislamiento; c) que, buscando la unidad de acción con los socialistas, los partidos comunistas deben considerar este paso no como una colaboración entre dos partidos políticos de la clase obrera, sino como colaboración entre el partido proletario con un partido no proletario, para conseguir algunos objetivos determinados. En este caso se deben tener siempre presente y se deben aplicar rigurosamente las enseñanzas de Lenin, el cual ha subrayado más de una vez que es indispensable que el partido revolucionario de la clase obrera, al entrar en alianza y acuerdo con los demás movimientos, sobre esta o aquella cuestión o sobre tal o cual objetivo, conserve en cualquier momento o situación su independencia política y se separe netamente en el plano ideológico y político de todas las demás clases y los demás partidos, para que no olvide, en ningún momento los intereses fundamentales de la clase obrera y la lucha por conseguir su objetivo final: el triunfo del socialismo y del comunismo.

Cualquier alejamiento de estas posiciones marxistas-leninistas trae como consecuencia el alejamiento de la clase obrera del camino revolucionario y su deslizamiento a la charca del oportunismo. Tal es la actitud de los marxista-leninistas con relación a la cuestión de la unidad del movimiento obrero.

Pero, ¿cuál es la actitud que mantienen con respecto a esta cuestión los revisionistas modernos? Ellos no solamente han renunciado a la lucha contra los escisionistas del movimiento obrero, los cabecillas derechistas socialdemócratas, sino que además están por la unidad «a toda costa» y «a cualquier precio» con estos escisionistas y traidores. Los revisionistas se lanzan asimismo contra todos los que combaten a los cabecillas derechistas socialdemócratas y desenmascaran su traición considerando esta lucha como actitud «sectaria» y «dogmática», como «insultos», «ofensas» y «ataques dañinos», etc.

Pero ya todos saben que los cabecillas socialdemócratas como Spaak, Mollet y otros, con los que Jruschov y sus adeptos desarrollan «cordiales conversaciones» y buscan llegar a la unidad «a todo costa», son lacayos y agentes de la burguesía, que en numerosos países capitalistas han llegado a estar y siguen estando a la cabeza de los gobiernos burgueses. Así la unidad con estos traidores no es ni remotamente la unidad, del movimiento obrero, sino una tentativa para conseguir la «unidad» de la clase obrera con la burguesía, para someter la clase obrera a la burguesía, para lograr la unidad y colaboración con los gobiernos reaccionarios burgueses, pretendidamente «socialistas».

Antes, cuando todavía no habían mostrado tan abiertamente su catadura traidora, los revisionistas modernos decían que estaban contra los cabecillas socialdemócratas de derecha, que con ellos no podía haber unidad alguna, etc.; incluso han llegado a decir una que otra cosa contra ellos. Fue precisamente Jruschov quien declaró en el XXIº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, que la unidad de la clase obrera la obstaculizan:

«La reacción imperialista y sus lacayos en el movimiento obrero, como es el caso de los líderes anticomunistas de la socialdemocracia, Guy Mollet y Paul-Henri Spaak. A estos cabecillas del anticomunismo los conocemos todos por su nombre y cuando hablamos sobre la unidad de acción de la clase obrera no contamos para nada con ellos». (Nikita Jruschov; Informe al XXIº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, 1961)

Mas ahora, es precisamente el mismo Jruschov el que «conversa cordialmente» y solicita de tales líderes anticomunistas, como Guy Mollet, Paul-Henri Spaak, Harold Wilson y otros, ¡la colaboración y la «unidad de la clase obrera»! Una de dos: ¡o Guy Mollet, Paul-Henri Spaak y compañía han dejado de ser anticomunistas, o bien Nikita Jruschov ha dejado de ser comunista y hace causa común con los cabecillas del anticomunismo, con los lacayos de la reacción imperialista! Hasta ahora no existe nada que prueba la primera hipótesis, mientras que para la segunda existen todas las pruebas.

Independientemente de las consignas demagógicas que emplean para engañar a las masas, los revisionistas modernos están, en efecto, no sólo por la «unidad a toda costa» con los socialdemócratas, incluyendo también a sus cabecillas traidores, sino que han ido más lejos al expresarse por la unidad y la colaboración con aquéllos «sobre cualquier base». Así, en un artículo de la revista «Komunist» del Partido Comunista de la Unión Soviética, se dice:

«Con los reformistas, aún con los más fanáticos, la unidad de acción sobre estas o aquellas cuestiones, es siempre factible, si ellos hacen verdaderamente todo lo posible para conseguir cualquier reforma, por pequeña que sea, en favor de la clase obrera, de los trabajadores». (Revista «Komunist»; Nº3, 1960)

Por otra parte la dirección del Partido Comunista Francés, en base a la decisión del Pleno del Comité Central con fechas 27-28 de septiembre de 1961, relativa a la cuestión de la colaboración con el Partido Socialista Francés y con los demás partidos, ha declarado:

«Nosotros, por nuestra parte, estamos dispuestos a colaborar sobre cualquier base». (Revista «Komunist», N° 3, 1962)

Así pues, los revisionistas, especulando con la consigna de la «unidad», sacrifican los principios, borran la diferencia entre los comunistas y los socialdemócratas, pisotean y sacrifican los intereses vitales de la clase obrera. Se trata de una unidad falsa, una unidad en favor de la burguesía y de su agencia en el movimiento obrero, una unidad que tiende a someter enteramente el movimiento obrero a la influencia burguesa y reformista, a liquidar el espíritu revolucionario y el partido revolucionario de la clase obrera. Esta es una gran traición a la causa de la clase obrera y del socialismo.


De todo esto se extrae la importe conclusión de que la verdadera unidad, sobre sólidas bases, del movimiento obrero puede ser y será realizada sobre una dura lucha no sólo contra los cabecillas de derecha socialdemócratas, sino también contra los revisionistas modernos, contra sus peligrosos intentos de someter totalmente al movimiento obrero a la influencia venenosa y contrarrevolucionaria de la socialdemocracia y de sus traidores capitostes de derecha». (Enver HoxhaLos revisionistas modernos en el camino de la degeneración socialdemócrata y su fusión con la socialdemocracia, 1964)


Anotaciones de Bitácora (M-L):

[5] La práctica de la desproletarización de los partidos comunistas es la técnica más eficaz del revisionismo para combatir el noble espíritu revolucionario del partido, pues con dicha estrategia se introduce la ideología y los hábitos de las clases menos concienciadas e incluso de las clases explotadoras. Tomemos el ejemplo del revisionismo chino, he aquí como Georgi Dimitrov, en calidad de presidente de la Komintern, reprende a Mao Zedong y al resto del partido chino por sus desviaciones:

«Hacemos mención especial que la línea correcta en la creación del frente unido antijaponés significa el fortalecimiento general del partido y el ejército rojo. Por lo tanto, estamos muy preocupados por su decisión de que todo el que desee puede ser aceptado en el partido, sin ninguna consideración de su origen social, que el partido no tema que algunos arribistas busquen su camino en el partido, así como de su mensaje sobre las intenciones de aceptar incluso a Zhang Xueliang en el partido. En la actualidad, más que en cualquier otro momento, es necesario para mantener la pureza de las filas y el carácter monolítico del partido. Mientras conducimos el alistamiento sistemático de personas en el partido y así lo reforzamos, especialmente en el territorio del Kuomintang, es necesario que al mismo tiempo evitemos la inscripción masiva en el partido, aceptemos sólo a las mejores y probadas personas de entre los obreros, campesinos y estudiantes». (Georgi Dimitrov; Telegrama de la Secretaria del Comité Ejecutivo de la Komintern al Secretariado del Partido Comunista de China, 15 de agosto de 1936)

Para ver una contrapartida a estos errados conceptos, vemos como el propio Georgi Dimitrov, años después, ya como líder de la República Popular de Bulgaria, animaría al partido a mejorar el partido, tanto en composición social, como en sus deberes ideológicos, establecimiento un recordatorio y reforzamiento de las reglas marxista-leninistas para evitar las desviaciones que hemos visto en otros revisionismos:

«Para continua y firmemente reforzar nuestro partido, debemos hacer lo siguiente:

1) Purgar nuestras organizaciones de partido de todos los elementos hostiles, arribistas y en general que accidentalmente se haya infiltrado en nuestras filas.

2) Hacer una estricta selección entre los nuevos miembros y candidatos que desean entrar en el partido y regular su composición social por la adhesión estricta a las reglas e ir sistemáticamente aumentando la composición de obreros.

3) Desarrollar la democracia interna en el partido venciendo los viejos vestigios de liderazgo. Hablar y decidir problemas de partido en conjunto con los líderes de partido y organizaciones. Confiar a cada miembro de partido una tarea concreta y observar su cumplimiento. Animar la crítica sana y la autocrítica en el partido, aumentar la actividad general de sus miembros, apretar la disciplina de partido y la unidad en sus organizaciones.

4) Organizar la educación sistemática marxista-leninista colectiva e individual de cada miembro de partido y de los candidatos de base a integrarlo. Un miembro que no quiere aprender, educarse y avanzar no es y no puede ser un verdadero miembro de nuestro partido». (Georgi Dimitrov; Informe al Vº Congreso del Partido Obrero (Comunista) Búlgaro, 1948)

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