«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 18 de febrero de 2015

Desmontando el supuesto giro y renuncia a los principios del VIIº Congreso de la Komintern de 1935


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En el curso de toda su existencia de 24 años, en la Komintern se observó una actitud leninista, consecuente, neta y cortante respecto a los partidos socialdemócratas, consideró siempre al socialdemocratismo como una variante de la ideología burguesa y a los partidos socialdemócratas como los partidos obreros burgueses, como el apoyo principal del capital monopolista para mantener a las masas trabajadoras bajo su yugo. Por lo tanto bajo las enseñanzas de Lenin y la experiencia del movimiento obrero internacional, la Komintern puso en evidencia claramente los objetivos políticos de la socialdemocracia como portadora de la influencia burguesa en el seno del movimiento obrero, objetivos que pretendían desviar al proletariado de su lucha revolucionaria, saboteando la revolución proletaria e impidiendo costara lo que costase la instauración de la dictadura del proletariado. Desde el principio hasta el final de su actividad, en la Komintern se puede valorar en ella un espíritu consecutivo en su justa línea marxista-leninista. Hasta cuando han sido contempladas las acciones conjuntas con los partidos socialdemócratas sobre diversos problemas, en diferentes periodos, no se ha tratado jamás de negar esta línea fundamental, sino de trabajo en su marco con el solo fin de encontrar los medios y vías adecuadas para evitar la escisión del movimiento obrero, y esto sin pisotear los principios, sino defendiéndolos hasta el fin. No se trataba de rehabilitar pues ideológica y políticamente a la socialdemocracia, como los revisionistas quieren hacernos creer y como hacen actualmente ellos mismos en la práctica. Así es como fue planteada la cuestión en el VIIº Congreso de la Komintern de 1935 también. Su llamada a llevar acciones conjuntas con los partidos socialdemócratas en la lucha contra el fascismo, contra la ofensiva del capital y el peligro de guerra imperialista no significaba de ninguna manera la rehabilitación ideológica y política de la socialdemocracia, era allí sólo una acción táctica, condicionada por ciertas circunstancias históricas creadas, que debía ir en beneficio del fortalecimiento de la unidad del movimiento obrero, sin sacrificar de ninguna manera los principios leninistas revolucionarios ni apartarse de estos ni un poco [1]:

«No se debe perder de vista que la táctica del frente único es un método para persuadir palpablemente a los obreros socialdemócratas de la justeza de la política comunista y de la falsedad de la política reformista, y no una reconciliación con la ideología y la práctica socialdemócratas». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Los diversos revisionistas, togliattistas, titoistas, soviéticos y eurocomunistas, consideran esta actitud leninista consecuente y resuelta de la Komintern con respecto a la socialdemocracia como uno de sus errores más graves, y esto es, según ellos porque «esta actitud dogmática» (sic) ha afectado seriamente a la unidad del movimiento obrero a escala nacional e internacional. Sobre esta cuestión estos renegados comparten totalmente la misma opinión que los socialdemócratas, que siempre se esforzaron por cargar sobre la Komintern la responsabilidad de la escisión en el seno del movimiento obrero en el periodo comprendido entre ambas guerras mundiales, cuando fueron ellos y solo ellos los culpables de tal suceso.

Los revisionistas modernos, eurocomunistas o soviéticos, procuran justificar con ello, entre otras cosas su política de amplia colaboración no sólo con los partidos socialdemócratas y socialistas quienes actualmente y más que nunca se muestran como los principales apoyos del capital monopolista, sino también con los partidos burgueses para salvaguardar las libertades democrático-burguesas y realizar objetivos estratégicos a largo plazo, para ello utilizan comparaciones y buscan paralelismos en las directivas que supuestamente habría dado el VIIº Congreso de la Komintern de 1935. ¡Así, por ejemplo, que los revisionistas se esfuerzan por demostrar que la idea del pluralismo político, la idea de que uno puede pasar al socialismo sin la dirección de un partido único de la clase obrera, se remonta según ellos, a las decisiones del VIIº Congreso de la Komintern de 1935!

Lo mismo ocurre con el informe de Georgi Dimitrov [se refiere al del 2 de agosto de 1935 - Anotación de Bitácora (M-L)] como con la resolución correspondiente adoptada en el VIIº Congreso de la Komintern sobre su informe [del 20 de agosto de 1935 - Anotación de Bitácora (M-L)], no deja a lugar a equívoco sobre la idea del pluralismo político. El VIIº Congreso de la Komintern de 1935 no puso en cuestión ni dudó sobre la idea leninista del rol dirigente del proletariado y su partido comunista marxista-leninista en la revolución y la edificación del socialismo. Al contrario, subrayó con fuerza que el paso del capitalismo al socialismo no podía ser realizado en alianza con las capas de la burguesía y sus partidos políticos, incluyendo los socialdemócratas, sino que se debía elevar la lucha contra su ideología y actividad política, hasta la liquidación definitiva de sus planos políticos, organizativos y estatales. Este paso no podía ser realizado sin que fueran derribados de la cima del poder todos los partidos burgueses declarados, radicales o socialdemócratas, a través de la revolución proletaria violenta y la instauración de la dictadura del proletariado [2]:

«Se debe exponer a los trabajadores la imposibilidad de pasar al socialismo en tanto que el poder permanezca en las manos de la burguesía». (Komintern; Resolución adoptada por el VIIº Congreso de la Komintern sobre el informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de 1935)

También la aserción de los revisionistas según la cual el VIIº Congreso de la Komintern de 1935 resuelve la cuestión de la colaboración de los partidos comunistas y de la Komintern con los partidos socialdemócratas y socialistas, formulándose ésta, como nueva estrategia global del comunismo internacional, es un engaño y una especulación. La coordinación de las acciones conjuntas contra el fascismo y el peligro de guerra imperialista, al cual el VIIº Congreso llamaba a los partidos socialdemócratas, se situaba exclusivamente sobre el plan táctico, y como ya lo evocamos, la Komintern sabía muy bien que esta coordinación de acciones conjuntas jamás se harían la base de las tareas estratégicas del movimiento comunista internacional. Esta coordinación no trajo ni podía traer ninguna contribución válida a la lucha de los obreros. La Komintern jamás se había ilusionado a este respecto. Esto se demuestra en los documentos y valor de los programas aprobados por sus instancias supremas, es lo que atestigua toda su actividad práctica. Pero esta táctica era importante para que los obreros, que todavía permanecían bajo letargo de las influencias socialdemócratas, fueran conscientes de la práctica de lucha política de cada día de artimañas antiobreras y pro burguesas de los dirigentes socialdemócratas». (Shyqri Ballvora; La importancia histórica de la Komintern en la denuncia y exposición de los revisionistas y su papel y lugar en la historia, 1984)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[1] Por supuesto como ya ha dicho Shyqri Ballvora, las acciones conjuntas con los partidos socialdemócratas, socialdemócratas en la lucha contra el fascismo, contra la ofensiva del capital y el peligro de guerra imperialista, no significaban la rehabilitación ideológica del socialdemocratismo como ideología, ni aminorar su crítica. Tras debatir los partidos comunistas y sus miembros el informe de Dimitrov del 2 de agosto durante días, se llegó a adoptar una resolución que decía lo siguiente respecto a la cuestión de las acciones conjuntas con los socialdemócratas:

«Las acciones conjuntas con los partidos y las organizaciones socialdemócratas no sólo no excluyen, sino que, por el contrario, hacen aún más necesaria la crítica seria y razonada del reformismo, del socialdemocratismo, como ideología y como práctica de la colaboración de clase, con la burguesía y la explicación paciente a los obreros socialdemócratas acerca de los principios del programa del comunismo». (Komintern; Resolución final emitida por el VIIº Congreso de la Komintern respecto al informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de agosto de 1935)

[2] El VIIº Congreso de la Komintern de 1935, prestó especial atención a que las masas populares no se dejaran engañar por las ilusiones de los supuestos «planes socialistas» que vociferaban los jefes socialdemócratas como eran el Plan de Man en Bélgica bajo el marco de la democracia burguesa –que es expresión de su dictadura de clase–. La Komintern dejó claro que no era posible el real tránsito al socialismo sin arrebatar el poder a la burguesía. En consecuencia advertía que no habría socialismo real, ni democracia real, sin la toma del poder por el proletariado que fuera resguardada con la dictadura del proletariado, y creara la democracia proletaria y a partir de ello el socialismo:

«En cualquier sitio los líderes socialdemócratas, en sus esfuerzos por desviar a los obreros de la lucha defensa de sus intereses diarios y en orden de frustrar el frente único, presentan y ampliamente anuncian proyectos «socialistas» –como el Plan de Man, etc.–, la naturaleza demagógica de estos proyectos debe ser expuestos, y se debe exponer a los trabajadores la imposibilidad de pasar al socialismo en tanto que el poder permanezca en las manos de la burguesía». (Komintern; Resolución adoptada por el VIIº Congreso de la Komintern sobre el informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de 1935) 

Por otro lado se señalaba que la lucha contra el fascismo, contra la guerra, o por los derechos de los trabajadores, debían de ser luchas que se interconectaran e impulsaran el objetivo máximo del partido comunista: dicha toma de poder por el proletariado y establecimiento de su dictadura de clase:

«En la lucha por defenderse contra el fascismo las libertades democrático-burguesas y los derechos de los trabajadores, en la lucha contra el derrocamiento de la dictadura fascista, el proletariado revolucionario prepara sus fuerzas, fortalece y lucha en contacto con sus aliados y dirigirá la lucha hacia la meta del establecimiento de la democracia real para los trabajadores; el poder soviético. (...) El mundo capitalista está entrando en un periodo de agudización de lucha de clases como resultado de la acentuación de las contradicciones internas y externas del capitalismo. (...) Sólo la unidad del proletariado en un único ejército político de masas puede asegurar su victoria en la lucha contra el fascismo y el poder del capitalista, para lograr la dictadura del proletariado y el poder soviético». (Komintern; Resolución adoptada por el VIIº Congreso de la Komintern sobre el informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de 1935) 

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