«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 18 de febrero de 2015

Desmontando el supuesto esquematismo, dogmatismo e izquierdismo del VIº Congreso de la Komintern de 1928 en cuanto a no tener en cuenta el desarrollo de cada país y sus tareas


«
Contrariamente a lo que pretenden los hombres de estudios revisionistas, la Komintern jamás se suscribió a la idea de que hay que quemar etapas, siempre planteó de forma clara, a sabiendas de que la definición de las tareas y objetivos estratégicos dependen de la situación concreta, del nivel de desarrollo económico, social y político de tal o cual país, tareas que la revolución debía resolver allí históricamente y objetivamente. La Komintern definió claramente las etapas de desarrollo de la revolución, y en consecuencia, fijó los objetivos estratégicos, haciendo distinción entre la etapa democrática y la etapa socialista.

Fiel a esta línea desde su fundación, la Komintern la siguió hasta el fin. Esta línea ha sido confirmada también en los programas de la Komintern en su VIº Congreso de 1928 así como en las decisiones de su VIIº Congreso de 1935.

El programa aprobado en el VIº Congreso de la Komintern de 1928 concebía el proceso revolucionario mundial como una combinación de diversos tipos de revoluciones, cada una de ellas teniendo que resolver sus propias tareas en países con un diferente nivel de desarrollo social, económico y político. Subrayaba que la diversidad de las condiciones económicas, sociales y políticas que seguían los diferentes países hacia históricamente indispensable que en algún número de Estados la revolución pasara por distintas etapas, las cuales debían en resumidas cuentas acabar en la instauración de la dictadura del proletariado. También las revoluciones en diversos países podían ser de diferentes tipos: revoluciones proletarias, revoluciones democrático-burguesas que se transformaban en revoluciones proletarias, luchas de liberación nacional, revoluciones coloniales [3].

Más lejos, el programa dividía los países y las zonas del mundo según el nivel de su desarrollo económico, social y político, y conforme a este nivel, señalaba las tareas que debían llevar a cabo la revolución así como las etapas que debía atravesar. La tarea fundamental definida en el programa revolucionario del proletariado de los países capitalistas desarrollados con el sistema político demócrata-burgués, era la instauración de la dictadura del proletariado. Mientras que para los países con un nivel de desarrollo capitalista medio, como España, Portugal, Polonia, Hungría, y los Estados de los Balcanes:

«Países con vestigios importantes de relaciones semifeudales en la economía agraria con un mínimo de elementos materiales necesarios para la edificación del socialismo, con un proceso de transformación democrática que se ha quedado a mitad de camino». (Komintern; Programa y estatutos de la Komintern; Adoptados en el VIº Congreso de la Komintern, 1 de septiembre de 1928)

La revolución iba a experimentar varias etapas, primera la etapa de la revolución democrático-burguesa, luego la etapa de la revolución proletaria. Este paso, como se acaba de decir, estaría condicionado por el nivel de desarrollo social, económico y político del país, el nivel de organización de la clase obrera y la capacidad de su partido de ponerse a la cabeza del movimiento revolucionario [4].

Los países coloniales y semicoloniales, como China, India, Argentina, Brasil, constituían el tercer grupo. Eran países que también se habían caracterizado por un desarrollo industrial reducido, por relaciones feudales medievales dominantes en su economía como en su superestructura política, así como por la concentración de las ramas de su economía y de sus finanzas [se refiere a empresas industriales, comerciales y bancarias, medios de transportes, latifundios y plantaciones - Anotación de Bitácora (M-L)] en manos de grupos imperialistas. En estos países:

«Adquiere una importancia central la lucha contra el feudalismo y las formas precapitalistas de explotación y el desarrollo consecuente de la revolución agraria por un lado y la lucha contra el imperialismo extranjero y por la independencia nacional por otro. La transición de la dictadura del proletariado es aquí posible, como regla general, solamente a través de una serie de etapas preparatorias, como resultado de todo un período de transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución socialista». (Komintern; Programa y estatutos de la Komintern; Adoptados en el VIº Congreso de la Komintern, 1 de septiembre de 1928)

En cuanto a los países muy atrasados [5], como los de algunas regiones de África, por ejemplo, donde la clase obrera era casi inexistente, donde la mayoría de la población vivía en el estado tribal y donde el imperialismo extranjero desempeñaba el papel de ocupante militar, su primera tarea a resolver era liberarse de la opresión y dominación imperialista». (Shyqri BallvoraLa importancia histórica de la Komintern en la denuncia y exposición de los revisionistas y su papel y lugar en la historia, 1984)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[3] Shyqri Ballvora nos envía al programa del VIº Congreso de 1928: 

«La revolución mundial del proletariado es el resultado de procesos de naturaleza diversa, que se efectúan en períodos distintos: revoluciones proletarias propiamente dichas; revoluciones de tipo democrático-burgués que se transforman en revoluciones proletarias; guerras nacionales de liberación; revoluciones coloniales. El proceso revolucionario sólo en su etapa final conduce a la dictadura mundial del proletariado. La desigualdad de la evolución capitalista, acentuada en su periodo imperialista, ha suscitado tipos diversos de capitalismo, ha dado lugar a gradaciones en su madurez en los distintos países y a condiciones específicas y diversas del proceso revolucionario. Estas circunstancias hacen históricamente  inevitable la diversidad de caminos y de ritmo de avance en la conquista del poder por el proletariado; crean la necesidad, en cierto número de países, de etapas intermedias para llegar a la dictadura del proletariado y, por fin, la diversidad de formas de edificación del socialismo según los países». (Komintern; Programa y estatutos de la Komintern; Adoptados en el VIº Congreso de la Komintern, 1 de septiembre de 1928)

[4] El programa de la Komintern de 1928, respecto a países como España, Hungría, Portugal o Polonia, consideraba la posibilidad en estos países de que se de la revolución proletariado y el establecimiento de la dictadura del proletariado, como de una revolución democrático-burguesa y la dictadura democrática del proletariado y el campesino avanzando paulatinamente hasta la dictadura del proletariado, en cualquier caso se hace énfasis en la atención al movimiento agrario, y la difícil cuestión de la construcción del socialismo en el campo en los países agro-industriales: 

«En algunos de estos países es posible la transformación más o menos rápida de la revolución democrático-burguesa en revolución socialista; en otros, un tipo de revoluciones proletarias con un gran contingente de objetivos de carácter democrático-burgués. En dichos países, por consiguiente, el advenimiento de la dictadura del proletariado puede no producirse momentáneamente, sino en el proceso de transición a la dictadura democrática del proletariado y de los campesinos a la dictadura socialista del proletariado; allí donde la revolución se desenvuelve de un modo inmediato como revolución proletaria, presupone la dirección por el proletariado de un vasto movimiento agrario; la revolución agraria desempeña en general un gran papel, a veces decisivo, en el proceso de expropiación de la gran propiedad agraria; una parte importante de las tierras confiscadas pasa a manos de los campesinos; el volumen de las relaciones de mercado, después de la victoria del proletariado, es considerable; la tarea de organizar cooperativamente a los campesinos y de unirlos después para la producción, ocupa un sitio enorme entre los demás objetivos de la edificación socialista. El ritmo de dicha edificación es relativamente lento». (Komintern; Programa y estatutos de la Komintern; Adoptados en el VIº Congreso de la Komintern, 1 de septiembre de 1928) 

[5] En 1928, para países coloniales y semicoloniales como China, India, Argentina o Brasil, la Komintern en su programa decía:

«En estos países la lucha por la emancipación nacional tiene una importancia central. La insurrección nacional y su triunfo pueden en este caso desbrozar el camino que conduce al desarrollo en sentido socialista, sin pasar en general por el estadio capitalista si, en efecto, los países de la dictadura del proletariado conceden su poderosa ayuda». (Komintern; Programa y estatutos de la Komintern; Adoptados en el VIº Congreso de la Komintern, 1 de septiembre de 1928) 

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