sábado, 31 de agosto de 2019

El nacionalismo, única ideología de ETA; PCE (m-l), 1987


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Con la muerte de Txomin Iturbe Abasolo, considerado máximo dirigente de ETA (militar), se ha vuelto a poner de actualidad, por enésima vez, la especulación sobre las dos supuestas tendencias presentes en dicha organización: la nacionalista y la marxista-leninista.

La primera, a la que pertenecería el fallecido, estaría más inclinada al diálogo y a la negociación y en la segunda estarían los «más malos», los que sólo desearían seguir pegando tiros.

De entrada, el planteamiento es claramente manipulador al querer situar a los presuntos marxista-leninistas como fanáticos amigos del gatillo y de la goma-2 y, de paso, descalificar la ideología de la clase obrera.

Pero las cosas no son así. Por supuesto que en Euskadi Ta Askatasuna (ETA) puede haber diversos matices y tendencias; de hecho, su historial de escisiones así lo demuestra, pero decir que entre esas tendencias existe la marxista-leninista es francamente excesivo.

Está claro que desde su V Asamblea –diciembre de 1966-marzo de 1967– la organización fue haciéndose, de manera confusa y francamente mal digeridas, con algunas tesis marxistas y con un vocabulario tomado de prestado de las mismas.  Posteriormente, ya bajo la monarquía, tanto ETA como Herri Batasuna (HB) y sobre todo Herri Alderdi Sozialista Iraultzailea (HASI), han cultivado un discurso que, siendo básicamente nacionalista, aparece entreverado de posiciones y argumentaciones en las que se mezclan de manera oportunista tesis socialdemócratas y tesis marxistas.

Pero insistimos, las ideas, la actividad y los objetivos de ETA y de las diversas organizaciones del bloque KAS o de HB, nunca han superado los rígidos y estrechos límites del nacionalismo, de la ideología nacionalista que les une, como un cordón umbilical, a las fuerzas más tradicionales, clericales y reaccionarias de la gran burguesía vasca, léase el Partido Nacionalista Vasco (PNV).

Acerca de la línea política incorrecta del Politburó del CC del Partido Comunista de Yugoslavia en relación a la cuestión de la lucha de clases en Yugoslavia; PCUS, 1948


«En nuestra carta expresamos que la esencia de la política en torno a la lucha de clases no se comprende en el Partido Comunista de Yugoslavia (PCY), que los elementos capitalistas están fortaleciéndose en las ciudades y en el campo y que los líderes del Partido no están tomando ninguna medida para mantener en jaque a estos elementos capitalistas. Los camaradas Tito y Kardelj niegan todo esto y creen que nuestras consideraciones, que se refieren a un asunto de principios, son insultos hacia el PCY, evitando responder de ninguna manera a la cuestión fundamental. Sus pruebas se sustentan únicamente sobre el hecho de que «se están llevando a cabo reformas sociales consistentes en Yugoslavia». Sin embargo, este hecho carece de importancia. La reticencia de estos camaradas a ver que el fortalecimiento de los elementos capitalistas y, en conexión con ello, la agudización de la lucha de clases en el campo en las condiciones contemporáneas de Yugoslavia, deriva de una opinión oportunista de que, contrariamente a las enseñanzas del marxismo-leninismo, durante el período de transición del capitalismo al socialismo, la lucha de clases no se agudiza sino que se extingue, como ya expresaron otros oportunistas de la talla de Bujarin, que postuló una teoría decadente de la absorción pacífica de los elementos capitalistas en el seno de la estructura socialista.

Nadie podrá negar que las reformas sociales que tuvieron lugar en la URSS después de la Revolución de Octubre tuvieron un éxito general y una consistencia clara con nuestras enseñanzas. Sin embargo, esto no hizo al Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) concluir que la lucha de clases en nuestro país se estaba debilitando, ni que ya no existiese el peligro del fortalecimiento de los elementos capitalistas. En 1920-1921 Lenin afirmó que «mientras vivamos en un país de pequeños propietarios existe una base económica más fuerte para el capitalismo en Rusia de lo que la hay para el comunismo», puesto que «la actividad agraria individual, a pequeña escala, engendra capitalismo y burguesía continuamente, cada día, cada hora, espontáneamente y a escala masiva». Se sabe que durante quince años tras la Revolución de Octubre la cuestión de las medidas a tomar para mantener en jaque a los elementos capitalistas y, más tarde, para proceder a la liquidación de los kulaks como la última clase capitalista que eran, nunca se desestimó ni se dejó en el tintero de la agenda de nuestro partido. Subestimar las experiencias del PCUS en cuestiones relativas al desarrollo del socialismo en Yugoslavia consiste un grave peligro, y no puede permitírsele a los marxistas, puesto que el socialismo no se puede desarrollar únicamente en las ciudades y en la industria, sino que también debe ser desarrollado en los pueblos y la agricultura.


No es ningún accidente que los líderes del PCY estén evitando la cuestión de la lucha de clases y de controlar a los elementos capitalistas del campo. Y lo que es más, en los discursos de los líderes yugoslavos no puede encontrarse mención alguna al problema de la diferenciación de clase en el campo. El campesinado se considera como un todo orgánico, homogéneo, y el partido no moviliza fuerza alguna ni hace ningún esfuerzo para superar las dificultades derivadas del desarrollo de los elementos explotadores en el campo.


Por el contrario, la situación política del campo no da motivos para la complacencia. Donde, como en Yugoslavia, no existe la nacionalización de la tierra, donde la propiedad privada de la tierra existe, se venden y compran constantemente sus distintas parcelas, donde grandes trozos de tierra están en manos de los kulaks, donde el trabajo asalariado es gratamente empleado, etc. el partido no puede educarse en el espíritu de camuflar la lucha de clases y de suavizar los conflictos de clase sin desarmarse así mismo en la lucha contra las dificultades de primer orden en el desarrollo del socialismo. Esto significa que el PCY está siendo adormecido por la teoría decadente y oportunista de la infiltración pacífica de los elementos capitalistas en el socialismo, teoría tomada de prestado de personajes como Bernstein, Völlmar y Bujarin.


Tampoco es ninguna casualidad que algunos de los líderes más prominentes del PCY se estén desviando de los principios del marxismo-leninismo en la cuestión del rol de vanguardia de la clase obrera. Mientras que el marxismo-leninismo comienza por reconocer este rol clave en el proceso de liquidación del capitalismo y del desarrollo del socialismo, los líderes del PCY son de una opinión radicalmente opuesta. No hace falta más que citar el siguiente discurso del camarada Tito en Zagreb el 2 de noviembre de 1946, publicado en «Borba»: «No le decimos a los campesinos que son el pilar más sólido de nuestro Estado para conseguir sus votos, sino porque sabemos que eso es lo que son y que deberían ser conscientes de lo que son».


Semejante actitud se encuentra en completa oposición con el marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo considera que en Europa y en los países de democracia popular es la clase obrera y no el campesinado la clase más progresista y la más revolucionaria. En tanto al campesinado, o, mejor dicho, en tanto a su mayoría –los campesinos pobres y medios– pueden encontrarse en unidad con la clase obrera, mientras que el rol de vanguardia de esta unión lo desempeñe la clase obrera. Por el contrario, el pasaje citado no solo niega que el rol de vanguardia le pertenece a la clase obrera sino que afirma que es el campesinado al completo, kulaks incluidos, la clase que representa el pilar más sólido en la nueva Yugoslavia. Como puede comprobarse, esta actitud es más típica de políticos pequeño burgueses que de marxistas-leninistas». (Carta del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética dirigida al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, 4 de mayo de 1948)


Anotación de Bitácora (M-L):

Para más información véase los siguientes documentos:


Carta del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia; Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 27 de marzo de 1948


Resolución: «Sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia»; Kominform, 1948


A dónde conduce el nacionalismo del grupo de Tito en Yugoslavia; Stalin, 1948

domingo, 25 de agosto de 2019

Vox, el origen de sus miembros y su exaltación del fascismo


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Ciertamente Vox cumple varios de los puntos clásicos del fascismo –como el racismo, chovinismo y la pretensión de iegalizar a los partidos no afines a los conceptos anteriores–, y en otros parece que está progresando hacia ese punto –como adoptar timida demagogia anticapitalista sobre los problemas de la gente y la opulencia de los ricos–. En otros todavía es pronto para saber si adoptará tal postura –como el usar la violencia para suprimir a los partidos tradicionales–.

Si uno analiza el programa de Vox para las elecciones del 28 de abril, ciertamente no es el programa de la antigua Falange de los años 30, ni siquiera el de Fuerza Nueva en los 70. Hay mayor moderación. ¿Pero que partido fascista tiene un calco de estos programas? Sería anacrónico hasta para la mente cuadriculada del fascista. Incluso en las declaraciones rutinarias en prensa encontramos mayor apego a conceptos como el «liberalismo» que a otros eslóganes propiamente fascistas –recordemos que en principio el fascismo se presenta como antagónico al liberalismo y como su superador entre él y el comunismo–. Pero quedarnos ahí sería un simplismo, ya que como hemos comentado en alguna ocasión, en España con el fin del franquismo, muchos de los elementos de las clases explotadoras que habían apoyado al franquismo tuvieron que resguardarse en distintas agrupaciones políticas como la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez, o la Alianza Popular (AP) de Manuel Fraga, transformando o moderando el discurso y su política para tener éxito en el nuevo régimen –bajo la monarquía parlamentaria–. Nadie negará el desempeño fascista de los ministros franquistas y fueros estos los que aceptaron y encarrilaron el restablecimiento de la monarquía-parlamentaria. Por eso decimos que es ridículo hablar de una burguesía e individuos meramente democrático-burgueses o fascistas, ya que estos viran en función del panorama político:

«La causa de estas pugnas violentas interburguesas que se suceden a veces en los gobiernos capitalistas no solo se deben al arribismo o al autoritarismo de los individuos, sino también a la lucha entre elementos de la burguesía que quieren pasar a formas más coercitivas versus otros que desean adoptar formas de dominación más relajadas o directamente liberalizar el regimen. Estas disputas no son discusiones académicas sobre la forma de gobernar, sino que son en algunos momentos discusiones muy serias, pues de tomar una decisión u otra puede depender de que el sistema burgués salga mejor o peor parado en cada ocasion. Y, aunque como en todas las ideologías, siempre hay exaltados y románticos, estas discusiones no se producen tanto por amor a unos ideales concretos como a la forma en que creen que defenderán sus intereses económicos. Salvo excepciones de sujetos fanáticos… la burguesía no puede ser calificada de fascista ni de democráta-burguesa por naturaleza, puesto que siempre preferirá defender su bolsillo y su patrimonio en detrimento de los intereses de su nación o de su ideología concreta que en ese momento profese». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

viernes, 23 de agosto de 2019

¿Los marxistas respetan y apoyan «cualquier tipo de lucha armada»?


«¿Cuál es la actitud de Pablo Hasél y demás seguidores o simpatizantes del PCE (r)/GRAPO sobre la lucha armada?

«Hasél: Yo respeto cualquier tipo de lucha, y nunca voy a condenar una acción armada que sea ahora mismo por ejemplo (sic), pero creo que primero hay que concienciar, pero si esa concienciación va acompañada de según qué acciones, yo personalmente la respeto». (Hasél y Valtonyc; Actuación En Gracia (Barcelona) + Entrevista, 2012)

Su amigo y compañero de profesión e ideológico Valtonyc sigue sus pasos:

«Según la sala, el rapero «justifica la violencia con menciones como «y mira, yo no tengo huevos a pillar una metralleta pero al menos no condeno al que se atreve y al que la lucha se aferra». (El Confidencial; La AN condena a tres años y medio al rapero Valtonyc por su canción sobre el Rey emérito, 22 de febrero de 2017)

Por supuesto alguien que apoya los métodos terroristas de la RAF, ETA y GRAPO es bastante normal que diga esto; que un anarco-comunista como Hasél lo sostenga también entra dentro de la lógica. ¿Pero acaso los marxistas apoyan cualquier tipo del uso de la violencia? El uso del terror indiscriminado, el uso del engaño o la corrupción serían fines lícitos si «Hacen avanzar al movimiento». Más bien esto es un planteamiento cercano al pensamiento nietzschano o al fascista, de que no hay moral que valga, no hay escrúpulos para conseguir el objetivo pretendido, similar a la postura que tanto criticó Marx de la mezquina máxima jesuítica del «Fin justifica los medios». Esta moralidad influye en todos los sentidos. De aquí se comprende porqué las organizaciones revisionistas se empecinan tanto en ocultar y justificar sus errores, creyendo que con eso hacen un servicio a la «causa».

Demos una clase rápida a Hasél y Valtonyc sobre la posición marxista en torno al tema de la violencia revolucionaria en la historia:

¿Resistir o abjurar de la revolución bajo presión?


«Todos los filisteos liberales han cobrado un respeto tan grande por nosotros que chillan en coro: Sí, si los socialdemócratas quieren situarse en una base legal y abjurar de la revolución, entonces estaremos en favor de la inmediata derogación de la Ley Antisocialista. Por ello no hay duda de que en el Reichstag se les formulará a ustedes de inmediato esta sugerencia. La respuesta que ustedes den es importante. No tanto para Alemania, donde nuestros valientes muchachos la han dado en ocasión de las elecciones, como para el extranjero. Una respuesta débil destruiría de inmediato la impresión colosal producida por las elecciones. En mi opinión, el caso se plantea así: A lo largo de toda Europa, la situación política vigente es producto de revoluciones. La base legal, el derecho histórico, la legitimidad, han sido acribillados en todas partes, o tirados por tierra. Pero, está en la naturaleza de todos los partidos o clases que han llegado al poder por medio de la revolución, el reclamar que la nueva base jurídica creada por esta sea reconocida incondicionalmente y considerada sagrada. El derecho a la revolución existió –de lo contrario los gobernantes actuales no serían legales– pero a partir de ahora no habrá de existir más. (...) Entretanto, las elecciones han demostrado que no tenemos nada que esperar de condescendencia, esto es, de concesiones a nuestros adversarios. Sólo por la resistencia desafiante hemos ganado respeto y nos hemos transformado en una potencia. Sólo el poder es respetado, y únicamente mientras seamos un poder seremos respetados por el filisteo. Cualquiera que le haga concesiones no podrá seguir siendo una potencia y será despreciado por él. La mano de hierro puede hacerse sentir en un guante de terciopelo, pero debe hacerse sentir. El proletariado alemán se ha convertido en un partido poderoso; que sus representantes sean dignos de él». (Friedrich Engels; Carta a August Bebel, 18 de noviembre de 1884)

martes, 20 de agosto de 2019

El PCE (m-l) y su tardanza a la hora de corregir los reflejos sectarios en su línea sindical; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«La postura «leninista» sobre la cuestión sindical el tema no deja dudas:

«Pero la lucha contra «la aristocracia obrera» la sostenemos en nombre de las masas obreras y para ponerlas de nuestra parte; la lucha contra los jefes oportunistas y socialchovinistas la sostenemos para ganarnos a la clase obrera. Sería estúpido olvidar esta verdad elementalísima y más que evidente. Pero tal es, precisamente, la estupidez en que incurren los comunistas alemanes «de izquierda», los cuales deducen del carácter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas sindicales la conclusión de que es preciso ¡salir de los sindicatos!, ¡renunciar a actuar en ellos!, ¡crear formas de organización obrera nuevas, inventadas! Una estupidez tan imperdonable que equivale al mejor servicio que los comunistas pueden prestar a la burguesía. (...) No actuar en los sindicatos reaccionarios significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía, de los obreros aristócratas u «obreros aburguesados». (...) Precisamente la absurda «teoría» de la no participación de los comunistas en los sindicatos reaccionarios prueba del modo más patente con qué irreflexión abordan estos comunistas «de izquierda» el problema de la influencia entre «las masas» y cómo abusan de su griterío acerca de éstas. Para saber ayudar a «las masas» y conquistar su simpatía, su adhesión y su apoyo no hay que temer las dificultades, las cicaterías, las zancadillas, los insultos y las persecuciones por «los jefes» –que, siendo oportunistas y socialchovinistas, están en la mayor parte de los casos relacionados directa o indirectamente con la burguesía y la policía– y se debe actuar sin falta allá donde estén las masas. Hay que saber hacer toda clase de sacrificios y vencer los mayores obstáculos para efectuar una propaganda y una agitación sistemáticas, tenaces, perseverantes y pacientes precisamente en las instituciones, sociedades y asociaciones, por reaccionarias que sean, donde haya masas proletarias o semiproletarias. Y los sindicatos y las cooperativas obreras –estas últimas, por lo menos, en algunos casos– son cabalmente las organizaciones donde están las masas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

La «stalinista» tampoco:

«En primer lugar, en el Occidente es imposible conquistar las masas de millones de obreros sin conquistar previamente los sindicatos, y, en segundo lugar, es imposible conquistar los sindicatos sin trabajar dentro de ellos y sin fortalecer allí la influencia propia. Por eso se debe conceder especial atención al trabajo de nuestros camaradas en los sindicatos. Por ahora, nada más. No se enfade conmigo por mi sinceridad y aspereza. Hoy vamos a ver, con qué facilidad el oportunismo trotskizante le encanta inventar todo tipo de chismes y hacer revaluaciones históricas basadas en el único fundamento que la mente calenturienta de sus autores». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta al camarada Me-rt, 28 de noviembre de 1925)


La historia de la Internacional Comunista –Komintern– dejó más que patente la necesidad de luchar contra esta desviación, subrayando la necesidad de acabar por una vez por toda con:

«La oportunista o sectaria, subestimación o descuido del tremendamente importante trabajo con los sindicatos reformistas». (Komintern; Extractos de las tesis del XIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Komintern sobre las tareas de las secciones de la Komintern, 1931)

Por ello instó siempre a:

«Una lucha decidida contra las desviaciones oportunistas de «izquierda» que se expresan en la «teoría» izquierdista de que los obreros organizados en los sindicatos reformistas representan una masa uniforme reaccionaria, contra la subestimación izquierdista-sectaria de la táctica del frente único, contra el establecimiento de la idea de que los sindicatos reformistas son «escuelas del capitalismo», contra la actitud sectaria al trabajo dentro de los sindicatos reformistas». (Komintern; Extractos de la resolución del XIIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Komintern, 1932)

¿Esto fue exclusivo de la «Komintern después de Lenin» y es una «alteración del leninismo» como podría alegar algún trotskista-maoísta? Ni mucho menos, estas directrices estaban inspiradas por la Komintern de la época de Lenin. En el IIº Congreso de la Komintern de 1920 se decía: 

«En lo que respecta a los sindicatos, «los comunistas deben ingresar en ellos para convertirlos en formaciones de combate contra el capitalismo y escuelas de comunistas». La salida de los comunistas de los sindicatos tendría como resultado que las masas quedasen en manos de los jefes oportunistas que colaboran con la burguesía». (Komintern; Tesis, manifiestos y resoluciones adoptados por los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, 1919-1923)

Pero no nos engañemos. La postura de contentarse con decir que los «sindicatos están en crisis» y quedarse de brazos cruzados porque su afiliación ha decaído, es un crimen imperdonable:

«Muchos de nuestros camaradas, pasando por alto la gravitación de los obreros hacia los sindicatos y ante las dificultades que ofrecía el trabajo de los sindicatos adheridos a Amsterdam, no se detenían en esta complicada tarea. Hablaban invariablemente de la crisis orgánica de los sindicatos de Amsterdam, de que los obreros abandonaban los sindicatos y perdían de vista cómo éstos, después de un cierto descenso al comienzo de la crisis económica mundial, empezaron a crecer de nuevo. (…) En los países, donde existen pequeños sindicatos rojos, les recomendamos que procuren ingresar en los grandes sindicatos reformistas, exigiendo la libertad para sostener sus opiniones propias, el ingreso de los miembros expulsados; y en los países, donde existen paralelamente grandes sindicatos rojos y reformistas, recomendamos que exijan la convocatoria de un Congreso de unificación sobre la plataforma de la lucha contra la ofensiva del capital y la salvaguardia de la democracia sindical. Hay que afirmar, del modo más categórico, que el obrero comunista, el obrero revolucionario, que no pertenece al sindicato de masas de su oficio, que no lucha por convertir este sindicato reformista en una verdadera organización sindical de clase, que no lucha por la unidad del movimiento sindical sobre la base de la lucha de clases, no cumple con su deber proletario primordial». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Desde sus inicios hubo un alarde de optimismo inusitado desde el Partido Comunista de España (marxista-leninista): en las publicaciones de los primeros años se había anunciado como superado el sindicalismo reformista de CC.OO. y anunciaba su próximo perecimiento por el empuje de las fuerzas revolucionarias:

«Las CC.OO. son hoy, pues, un cuerpo burocrático sin perspectivas y agonizante al que sólo infunde un soplo de vida en algunos sectores de la falta de organizaciones sindicales revolucionarias que encuadren a los obreros que se incorporan a la lucha, y la falta de visión y el oportunismo político de grupos de diverso matiz que, aterrorizados por la falta de confianza en sí mismos y en la clase obrera y sin poder concebir como va a continuar el movimiento obrero a la desaparición de las CC.OO., se aferran a ellas desesperadamente tratando de reanimarlas y repitiendo, obsesionados por el miedo, que son las más numerosas, la única forma de lucha, que es el reformismo es muy fuerte aún y demás desvaríos con los que lo único que se consigue es rendir a Carrillo y a la oligarquía un servicio de primer orden, confundir a la clase obrera y retrasar el desmoronamiento definitivo del reformismo. (…) El reformismo organizado ha sido ya ampliamente superado por la vanguardia del movimiento obrero español y ya sólo resta que las organizaciones de vanguardia, apoyadas por las masas, acabemos de derribarlo». («Emancipación»; Órgano de la Coordinadora Nacional de la O.S.O; Enterremos las agonizantes Comisiones Obreras; Extraído del documento: «Formas y variedades del revisionismo moderno en España: «Komunistak» (actualmente M.C.E.)», 1972)

Una declaración fantasmagórica. Que el PCE (m-l) se proclamase vanguardia del movimiento obrero era una ilusión cuando no había superado al revisionista Partido Comunista de España (PCE) en militantes ni en influencia; pero aún más absurdo era proclamar en lo sindical la muerte de las CC.OO y el ascenso del sindicato del partido: la Oposición Sindical Obrera (OSO). Los años no tardarían en demostrar que pese a la insistencia de la cúpula que repetiría este guión de forma infinita, esta debacle no iba a ocurrir y CC.OO. se consolidaba como un sindicato amarillista de influencia entre la clase obrera.

domingo, 18 de agosto de 2019

Nación popular, nación socialista, nación comunista; Joan Comorera, 1944


«Lenin nos ha dicho magistralmente:

«Cuando una gran empresa se convierte en gigantesca y organiza sistemáticamente, sobre la base de un cálculo exacto de múltiples datos, el abastecimiento en la proporción de los 2/3 o de los 3/4 de la materia prima de todo lo necesario para una población de varias decenas de millones; cuando se organiza sistemáticamente el transporte de dichas materias primas a los puntos de producción más cómodos, que se hallan a veces a una distancia de centenares y de miles de kilómetros uno de otro- cuando desde un centro se dirige la elaboración del material en todas sus diversas fases hasta la obtención de una serie de productos diversos terminados; cuando la distribución de dichos productos se efectúa según un solo plan entre decenas y centenares de millones de consumidores –venta de petróleo en América y en Alemania por el «Trust del Petróleo» americano–, aparece entonces con evidencia que nos hallamos ante una socialización de la producción y no ante un simple «entrelazamiento»; que las relaciones de economía y propiedad privadas constituyen una envoltura que no corresponde ya al contenido, que debe inevitablemente descomponerse si se aplaza artificialmente su supresión, que puede permanecer en estado de descomposición durante un período relativamente largo –en el peor de los casos, si la curación del tumor oportunista se prolonga demasiado–, pero que, sin embargo, será ineluctablemente suprimida». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo, 1916)

Hoy está claro para todos que el «tumor del oportunismo» ha prolongado la vida del capitalismo monopolista. También está claro que la antítesis revelada por Lenin, producción social y propiedad privada de los medios de producción, se debe resolver ahora. Y que lo debemos resolver, esencialmente, nosotros. Y ese «nosotros», quiere decir nuestros partidos de hoy, la clase obrera de hoy, la masa popular de hoy.

¿Y para sustituirlo con qué, compañeros? Si reaccionamos estrictamente como sectarios contestaremos: con el socialismo. Si reflexionamos que no somos la única fuerza que necesita contar con otras fuerzas populares, que junto con nosotros combaten a muerte contra el nazi-fascismo-falangismo, que junto con nosotros deben participar en la reconstrucción del mundo, después de la victoria, que no estamos en presencia de un fenómeno aislado, localizado, sino de un fenómeno universal, que estamos ante un cambio de civilización en escala mundial: nos guardaremos mucho y bastante de forjarnos una línea rígida de aplicación nacional.