lunes, 9 de mayo de 2022
Engels: «Para entender el cuadro general hay que estudiar las partes»
jueves, 28 de abril de 2022
La terrible disociación entre la teoría y la práctica y sus consecuencias; Equipo de Bitácora (M-L), 2022
[Editado originalmente en 2022. Reeditado en 2026]
Por cuestiones obvias, consideramos este capítulo uno de los más importantes de nuestro documento.
a) La «Línea de Reconstitución» y sus sofismas lukacsianos sobre la «praxis»;
b) La LR propone superar el eslogan «¡Estudiar, hacer propaganda, organizar!»;
c) ¿Por qué el revisionismo siempre termina infravalorando y despreciando la «teoría»?;
d) La cruzada contra el «teoricismo», o el señor Galindo luchando contra molinos de viento;
e) «¡La ignorancia nunca ha ayudado a nadie!»;
f) La interrelación entre teoría y práctica según el socialismo científico;
g) Aclaraciones finales sobre la unidad entre teoría y práctica.
La «Línea de Reconstitución» y sus sofismas lukacsianos sobre la «praxis»
Entiéndase que, entre medias, nos veremos obligados a clarificar conceptos variopintos como: «teoría», «abstracción», «práctica» o «praxis», entre otros; confirmándose, como vimos en entregas anteriores, que no se puede hacer un culto a las palabras (*). Esto demostrará que los sujetos, aun estando separados por otras épocas, distintas lenguas y diferentes culturas filosóficas, y aunque no manejen exactamente los mismos términos, esto muchas veces no les ha impedido entender y actuar de forma análoga.
Aquí de nuevo tomaremos a la «Línea de Reconstitución» (LR) por ser un buen representante de una o varias desviaciones típicas, lo cual nos servirá una vez más como hilo conductor para explicar las cosas. Ahora, el lector ha de tener en cuenta que, si se fija con detenimiento, sus concepciones nunca son originales, sino reproducciones de las que muchos grupos de la «izquierda» ya cometían antes de su misma existencia −se presentasen estos como más «radicales» y «revolucionarios», o más «moderados» y «académicos», que lo mismo da−; unos planteamientos que, por otra parte, también heredan hoy muchos de los competidores de la LR, lo que certifica que comparten raíces.
miércoles, 20 de abril de 2022
Labriola: «¿Y qué otra cosa es el pensamiento en el fondo, sino el consciente y sistemático complemento de la experiencia?»
«La mutación en las ideas, hasta la creación de nuevos métodos de concepción, ha venido reflejando paso a paso la experiencia de una nueva vida. Así como ésta, en las revoluciones de estos dos últimos siglos, se ha ido poco a poco despojando de las envolturas míticas, místicas y religiosas a medida que ha ido adquiriendo la conciencia práctica y precisa de sus condiciones inmediatas y directas, así también el pensamiento que resume y teoriza esta vida, se ha despojado á su vez de las presuposiciones teológicas y metafísicas, para encerrarse al fin en esta prosaica exigencia: en la interpretación de la historia es necesario restringirse a la coordinación objetiva de las condiciones determinantes y de los efectos determinados.
La concepción materialista señala el colmo de esta nueva dirección en el descubrimiento de las leyes histórico-sociales, en cuanto no es un caso particular de una genérica sociología o de una genérica filosofía del Estado, sino el resolvente de todas las dudas y de todas las incertidumbres que acompañan las demás formas de filosofar sobre las cosas humanas, y principio de la interpretación integral de éstas. Es, por consiguiente, cosa fácil, especialmente, como han hecho algunos vulgares criticastros, ir descubriendo los precursores de Marx y de Engels, que por primera vez precisaron los fundamentos de esta doctrina. Jamás se le ocurrió a ninguno de sus secuaces, ni siquiera á los de la observación más estrecha, hacer pasar ti aquellos dos pensadores por fabricantes de milagros. Antes bien, si hay que andar buscando las premisas de la creación doctrinal de Marx y de Engels, no bastará con detenerse en aquellos que llámense precursores del socialismo hasta Saint-Simón y más allá, ni en los filósofos, y especialmente en Hegel, ni en las economistas que declararon la anatomía de la sociedad que produce las mercancías; tendríamos que remontarnos a toda la formación de la sociedad moderna y declarar por último triunfalmente que la teoría es un plagio de las cosas que explica.
Porque, a decir verdad, los precursores efectivos de la nueva doctrina fueron los hechos de la historia moderna, que se ha vuelto perspicaz y reveladora de sí misma desde que se operó en Inglaterra la gran revolución industrial de a fines del siglo pasado, y desde que en Francia se produjo aquella gran laceración social que todos conocemos, cuyas cosas, mutatis mutandis, se han ido después reproduciendo, con diversas combinaciones y formas más benignas, en todo el mundo civilizado. ¿Y qué otra cosa es el pensamiento en el fondo, sino el consciente y sistemático complemento de la experiencia? ¿y qué es ésta, sino el reflejo y la elaboración mental de las cosas y de los procesos que nacen y se desarrollan o fuera de nuestra voluntad o por obra de nuestra actividad? ¿y qué otra cosa es el genio, sino la individuada y consiguiente y aguzada forma de aquel pensamiento que por sugestión de la experiencia surge en muchos hombres de la misma ápoca, pero que en la mayor parte de ellos permanece fragmentario, incompleto, incierto, oscilante y parcial?
Las ideas no caen del cielo, antes bien, como cualquier otro producto de la actividad humana se forman en dadas circunstancias, en tal precisa madurez de los tiempos, por la acción de determinadas necesidades y por las reiteradas tentativas de dar satisfacción a éstas, y con el descubrimiento de tales y cuales medios de prueba, que son como los instrumentos de su producción y elaboración. Las ideas suponen también un terreno de condiciones sociales y tienen su técnica, y el pensamiento es también una forma del trabajo. Apartar aquéllas y éste, ó sea las ideas y el pensamiento, de las condiciones y del ámbito de su propio nacimiento y desarrollo, es desfigurar su naturaleza y significado.
El tema de mi primer ensayo consistió en enseñar cómo la concepción materialista de la historia nació precisamente en dadas condiciones, es decir, no como personal y discutible opinión de dos escritores, sino como una nueva conquista del pensamiento por la inevitable sugestión de un nuevo mundo que ya se está engendrando, o sea la revolución proletaria. Lo que es como decir que una nueva situación histórica se ha completado con un congruo instrumento mental.
Imaginar ahora que esta producción intelectual podía confirmarse en cualquier tiempo y lugar, es como dar el absurdo por regla de las propias investigaciones. Transferir las ideas, a capricho, del terreno y de las condiciones históricas en que nacieron a cualquier otro terreno, es como si tornáramos por base del raciocinio el simple irracional». (Antonio Labriola; Del materialismo histórico, 1896)
jueves, 14 de abril de 2022
El republicanismo abstracto como bandera reconocible del oportunismo de nuestra época; Equipo de Bitácora (M-L), 2020
miércoles, 6 de abril de 2022
La Guerra Civil Española (1936-39) y su interpretación en clave anarco-trotskista; Equipo de Bitácora (M-L), 2022
¿Mantuvo el PCE una postura pequeño burguesa respecto a la colectivización de la tierra?
¿Qué es lo que nos ofrecen aquí los representantes de la «Línea de la Reconstitución» (LR) respecto al siempre polémico tema de la guerra civil? Una vez más la «lucha de dos líneas» entre los neomaoístas ha reservado para la historia muchas sorpresas y giros inesperados, y de nuevo no nos han decepcionado sus jugosas conclusiones. Poco a poco se fue larvando en la LR una nueva postura tendiente a reproducir los mitos de la historiografía trotskista del siglo pasado, especialmente aquella dirigida hacia el Partido Comunista de España (PCE) y el periodo de la Guerra Civil Española (1936-39). El «balance» de los «reconstitucionalistas» bien podría haber sido firmado por los mismísimos Kean Loach o George Orwell. Vean:
«El PCE sacrificó toda medida revolucionaria aunque fuera promovida por la iniciativa espontánea de las masas: bloqueó la colectivización de la tierra −que en muchos casos era un deseo sincero de los campesinos, dejando que el anarquismo monopolizara y capitalizara la defensa de una medida intrínseca al marxismo−». (Partido Comunista Revolucionario (Estado Español); La Forja; Nº9, 1996)
En la misma publicación los «reconstitucionalistas» se quejaban de que el PCE se hubiera prestado durante la guerra a:
«La defensa de la pequeña propiedad burguesa». (Partido Comunista Revolucionario (Estado Español); La Forja; Nº9, 1996)
¡Vaya! ¿Habrían leído alguno estos burros la literatura marxista clásica en torno a la cuestión de la propiedad agraria y las diferentes capas sociales, como, por ejemplo, la obra polémica de Engels «El problema campesino en Francia y Alemania» (1894) o el grueso tomo de Karl Kautsky «La cuestión agraria» (1899)? En la primera de las obras mencionadas se decía: «Es tan evidente que cuando estemos en posesión del poder del Estado, ni siquiera pensaremos en expropiar a la fuerza a los pequeños campesinos −con o sin compensación−, como tendremos que hacer en el caso de los grandes terratenientes», por ende, «nuestra tarea relativa al pequeño campesino consiste, en primer lugar, en efectuar un tránsito de su empresa privada y propiedad privada a cooperativas, no por la fuerza sino a fuerza de ejemplo y de la prestación de asistencia social para este fin».
viernes, 1 de abril de 2022
Vygotsky confrontando a los pedagogos partidarios de una «educación libre» para los niños
«Los ideales de la educación libre, esto es, la búsqueda de los actos desinhibidos del niño, produce objeciones desde dos puntos de vista. Primero, casi nunca es posible realizar en verdad la educación libre en su totalidad y, en consecuencia, siempre nos quedamos con solo un principio pedagógico que posee cierto grado de fuerza relativa dentro de límites muy estrechos. Los deseos del niño siempre van a abarcar mucho de peligroso y destructivo y, abandonado a su suerte, un niño puede causarse a sí mismo tanto daño que ningún maestro en su sano juicio se opondría a desalentarle de llevar a cabo este o aquel acto en el nombre de los principios de la educación libre.
Aún más, la completa libertad en educación significa rechazar toda previsión y toda adaptación social, en otras palabras, toda influencia educativa. Pero la educación denota una restricción y una limitación de la libertad desde el principio. A medida que la educación es un proceso inevitable en la vida del hombre, en esa medida la educación libre no denota un rechazo a las limitaciones en general, más bien significa impartir a esas limitaciones la fuerza elemental de la situación en que vive el niño. Si una persona rechaza la correcta educación, ella comienza a ser educada por la calle y por las cosas en general.
Así, la educación libre debe ser entendida exclusivamente como una educación que es tan libre como pueda dentro de las limitaciones de todo un programa educativo y dentro de las limitaciones del entorno social. Así es siempre y, de hecho, a menudo resulta que la conducta del niño está lejos de ser lo mismo que los intereses del grupo. Así el conflicto siempre surge sin forzar al niño a hacer cualquier cosa en particular, y le hará ver el valor de cambiar el modo como se comporta para estar de acuerdo con los intereses del grupo. La rutina de la escuela debería entonces organizarse de modo que el niño halle mejor seguir en la senda del grupo, tal como cuando juega; que cualquier desviación del grupo parece tan sin sentido como salir de un juego. Tal como jugar un juego, la vida demandaría un esfuerzo constante, una alegría constante en la actividad concertada.
A fin de cuentas, la teoría de la educación libre es la cara opuesta de la teoría de lo innato de la sensibilidad moral. Ambas reconocen que la intervención pedagógica es impotente e inútil para el desarrollo y crecimiento del niño, y ambas suponen que lo más importante de la respuesta moral del niño está presente desde el nacimiento. Así ambas llegan a la conclusión bastante natural que hay niños buenos y niños malos, niños que tienen moral y niños inmorales, desde que nacen y de forma natural». (Lev Vygotsky; Psicología pedagógica, 1926)
jueves, 17 de marzo de 2022
¿El marxismo debe utilizar categorías «no marxistas» o esto es un imposible?; Equipo de Bitácora (M-L), 2022
«El hombre tiene también «conciencia», pero, tampoco esta es desde un principio una conciencia «pura», el «espíritu» nace ya tratado con la maldición de estar «preñado» de materia, que aquí se manifiesta bajo la forma de capas de aire en movimiento, de sonidos, en una palabra, bajo la forma del lenguaje. El lenguaje es tan viejo como la conciencia: el lenguaje es la conciencia práctica, la conciencia real, que existe también para los otros hombres y que, por tanto, comienza a existir también para mí mismo; y el lenguaje nace, como la conciencia, de la necesidad, de los apremios de relación con los demás hombres. (...) La conciencia es, en principio, naturalmente, conciencia del mundo inmediato y sensorio que nos rodea y conciencia de los nexos limitados con otras personas y cosas, fuera del individuo consciente de sí mismo; y es, al mismo tiempo, conciencia de la naturaleza, que al principio se enfrenta al hombre como un poder absolutamente extraño, omnipotente e inexpugnable». (Karl Marx y Friedrich Engels; La ideología alemana, 1846)
En esta pequeña sección analizaremos cómo los seguidores de la «Línea de Reconstitución» (LR) suelen enredarse con el vocabulario y cómo en este campo vuelven a destilar todo su idealismo filosófico en torno a la cuestión de las palabras con comentarios que a priori pudieran parecer nimiedades. Aquí, una vez más, lo importante no será lo que diga esta gente, sino indagar en toda una cadena de equivocaciones que han sido comunes a la hora de lidiar con cotidianidades, como es en este caso el lenguaje y sus implicaciones. Dicho de otro modo, el valernos de los ejemplos de estos señores será una excusa para plantear otras cuestiones de mayor índole.
Antes que nada, deberíamos aclarar la terminología que vamos a utilizar de cara a los lectores noveles. Mark Rosental y Pavel Yudin en su obra «Diccionario filosófico» (1940), definieron a las «categorías» como: «Los conceptos lógicos fundamentales que reflejan los vínculos y las conexiones más generales y sustanciales de la realidad»; por ende, «las categorías −por ejemplo: la causalidad, la necesidad, el contenido, la forma, etcétera− se formaron en el proceso del desarrollo histórico del conocimiento apoyándose en la práctica productora material y social de los hombres». Por otro lado, por «conceptos» hemos de entender: «La forma del raciocinio humano, mediante la cual se expresan los caracteres generales de las cosas», es «el resultado de la síntesis de la masa de fenómenos singulares», por lo que «en el proceso de esta síntesis abstraemos las propiedades y momentos casuales y no esenciales de los fenómenos, y formamos conceptos que reflejan las conexiones y las propiedades esenciales, fundamentales, decisivas, de los fenómenos y de las cosas». ¿Cuál es el problema aquí? Muy sencillo: «En el proceso de la formulación de los conceptos se crea el peligro de su alejamiento de la realidad. Por ejemplo, el concepto de número nació mediante la abstracción de los números singulares, particulares, que señalan tal o cual cantidad de cosas concretas. Sin embargo, los idealistas siguen considerando hasta hoy que el concepto de número, como los demás conceptos matemáticos, son apriorísticos, que existen antes e independientemente de toda experiencia del hombre. La lógica formal, idealista, enseña que el concepto, como lo general, está completamente abstraído de todo lo particular y concreto».
Lenin ya dejó claro que las «categorías» podían usarse siempre que tuvieran relación con el continuo conocer, es decir, «el pensamiento que avanza de lo concreto a lo abstracto siempre que sea correcto no se aleja de la verdad, sino que se acerca a ella»:
«Es injusto olvidar que estas categorías «tienen su lugar y validez en la cognición», pero como «formas indiferentes» pueden ser «instrumentos del error y de la sofistería», no de la verdad». (...) De la percepción viva al pensamiento abstracto, y de éste a la práctica: tal es el camino dialéctico del conocimiento de la verdad». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Resumen del libro de Hegel «Ciencia de la lógica», 1914)
Mientras, volvió a dejar claro que tanto los «conceptos» como las «categorías» tienen su base en la realidad, pero estas no existen como «entes invisibles» ni de forma «eterna», ni significa que su esencia resida en «otra dimensión», sino que son una herramienta fruto del vocabulario que crea el ser humano para acercarse, reflejar y operar con el mundo exterior que tiene delante, el cual siempre está en continuo devenir:
«Si todo se desarrolla, ¿no rige eso también para los conceptos y categorías más generales del pensamiento? Si no es así, significa que el pensamiento no está vinculado con el ser. Si lo es, significa que hay una dialéctica de los conceptos y una dialéctica del conocer que tiene significación objetiva». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Resumen del libro de Hegel «Lecciones de la filosofía», 1915)
En otra ocasión, Antonio Labriola, siendo aún más tajante, declaró en su obra «Del materialismo histórico» (1896), que había que terminar con el llamado: «Mito y el culto de las palabras», porque «las cuestiones terminológicas no tienen ya más valor que el subordinado de una mera convención», ¿a qué se refería? A que había que superar el obstáculo de: «Las vicisitudes humanas, las pasiones y los intereses y los prejuicios de escuela, de secta, de clase, de religión, y después el abuso literario de los medios tradicionales de representación del pensamiento, y la escolástica, nunca vencida». A ese molesto «verbalismo» tendiente a encerrarse en definiciones puramente formales, el cual «lleva la mente hacia el error de creer que es cosa fácil reducir a términos y expresiones simples y palpables la intrincada y cruel complicación de la naturaleza de la historia». O para decirlo de otro modo, ese pensamiento simplón que «anula el sentido del problema porque no ve más que denominaciones».
En cuanto el tema lingüístico, Lenin anotó cómo se forman los conceptos en una forma que, aun hoy, sigue dejando mudos a los críticos del materialismo histórico cuando estos le acusan previamente de ser «árido», «sin vida» y «mecánico»:
«La aproximación del espíritu −humano− a una cosa particular, −el sacar una copia = un concepto de ella− no es un acto simple, inmediato, un reflejo muerto en un espejo, sino un acto complejo, dividido en dos, zigzagueante, que incluye en sí la posibilidad del vuelo de la fantasía fuera de la vida; más aún que eso: la posibilidad de la trasformación −además, una trasformación imperceptible, de la cual el hombre no es consciente− del concepto abstracto, de la idea, en una fantasía −en última instancia = Dios−. Porque incluso en la generalización más sencilla, en la idea general más elemental −«mesa» en general−, hay cierta partícula de fantasía. Y viceversa: sería estúpido negar el papel de la fantasía, incluso en la ciencia más estricta −ejemplo: Písarev sobre los sueños útiles, como un impulso para el trabajo, y sobre los ensueños vacíos−». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Resumen del libro Aristóteles «Metafísica», 1914)
En este caso, se deja claro que no hay una separación absoluta entre lo «material» e «ideal», que dicha diferencia se vuelve casi imperceptible en varios momentos. Entiéndase que cuando una persona aprende un concepto, a veces dicho foco de estudio no interactúa directamente con él −póngase aquí el concepto «tiburón» o «quimera», el cual un niño puede aprenderlo sin ver, degustar, oler o tocar jamás a ninguno de ellos; sino tan solo oyendo y tramitando en su mente lo que un tutor le describe que es dicho animal −real o mitológico−, el cual más tarde lo verá representado en dibujos o lo escuchará fugazmente en las narraciones de los cuentos−. Ergo, a priori basta con que a sus sentidos lleguen las «huellas» de tal objeto de estudio −real o ficticio, pasado o presente, folclórico o científico− que le ha legado la humanidad. El problema es que tal concepción no es muy fiable y con el tiempo debe de ser revisada. Centrándonos en los adultos, cada persona se ve forzada a reconstruir sus concepciones de forma continua. ¿Cómo? A partir de toda una serie de abstracciones, las cuales serán cada vez más refinadas si reconstruye todo críticamente, partiendo, o mejor dicho, acercándose a la fuente de su estudio; y solo entonces, el niño que pasa a adolescente verificará por qué un «tiburón» es real y la «quimera» solo lo es en tanto existe el concepto del monstruo de la mitología griega, un híbrido mitad león, cabra y serpiente −además, con el tiempo descubrirá muy seguramente que la riqueza del lenguaje es tal, que también existen otras concepciones de «quimera» como sinónimo de «utopía» o «imposible»−. Dicho lo cual, entendiendo que todo está en movimiento −no solo los organismos vivos, sino también todo el lenguaje con el que operamos−, es muy posible que tal idea inicial que uno se ha hecho en su cabeza sobre X cuestión no sea muy aproximada −auténtica−. Tampoco es descartable que en su día no lo fuese porque operásemos bajo un soporte defectuoso para su estudio −o que ese objeto o cualidad haya cambiado sustancialmente−. Esto ocurre en todos los eventos de la vida: cuando los descubrimientos de la ciencia nos enseñan mejor cómo opera un concepto de física; cuando notamos que una persona ha cambiado tanto que su personalidad ha pasado de ser por norma «apacible» a fácilmente «irascible»; o cuando una nueva regla gramatical nos obliga a habituarnos a una nueva forma de escritura. En todos estos casos, deberemos reformular nuestras pretensiones sobre aquello que caracterizaba a dicho concepto −aun hasta cuando fuese bastante aproximado y correcto−.







